Era la tercera vez que sentía como mi cuerpo se despedazaba, como si me arrancaran toda la piel y después me desmembraran. Tenía miedo de volver a sentir aquella sensación. Sin hablar con Flowey, volví a salir de allí, evitando a toda costa encontrarme con Toriel. Esta vez al salir tampoco me encontré a Sans. Sabía que no podía detenerme a hablar con ellos.
Estaban en el mismo sitio que la otra vez. Sans molestaba a Papyrus con chistes malos y este le gritaba. Pasé evitándolos como la otra vez, pero volvieron a notar mi presencia. El esqueleto más pequeño pareció otra vez sorprendido.
–Humana... Ven aquí. ¿No sabes cómo saludar a tus nuevos compañeros?
Evité verle a los ojos mientras decía eso y continúe hacia delante, corriendo. Papyrus comenzó a decir algo a mis espaldas. Acto seguido, una pared de hueso se alzó ante mí.
–No puedo dejarte escapar. Yo, el gran Papyrus, he de capturarte.
Evité la pared, agarrando fuertemente el palo que tenía en la mano. Si no podía hacerse por las buenas, debería hacerlo por las malas. Otra pared salió del suelo, con tan mala suerte de atravesarme las costillas, dejándome ensartada.
–¡Sans! ¡He matado al humano!
El menor comenzó a sollozar mientras Sans miraba incrédulo la situación. Pude ver como mi alma comenzaba a salir de mí. Cerré los ojos y me dejé morir.
Otra vez la misma cama de flores, otra vez los mismos sentimientos de frustración. Esa sensación por cada muerte iba en aumento haciendo que cuando vi a Flowey, simplemente la pisoteara sin compasión.
–Tú dijiste: es asesinar o ser asesinado.
En la casa de Toriel agarré un cuchillo de cocina y lo guardé, dispuesta a usarlo.
Al encontrarme a los hermanos, pude notar como Sans suspiraba aliviado. Me acerqué a Papyrus y puse la hoja afilada del cuchillo en su huesudo cuello.
–Sé que me atacará tarde o temprano, y necesito tiempo. Sans. Sé que puedes teletransportarte, sino te habría visto en mi viaje de Waterfall a Hotland. Quiero que me lleves a ver a Asgore, ahora mismo. Si no lo haces, lo mato.
Sans asintió, algo molesto.
–Calma esos humos, niña. Te llevaré.
Con una sacudida llegamos a lo que parecía ser Hotland. Me soltó a mí y a Papyrus, dejando que cayeramos a la lava, hasta que agarró a Papyrus con lo que parecía su poder.
Mientras caía a la lava pude ver como leventaba el dedo, molesto.
–Niños como tú deberían arder en el infierno.
Ese dato hizo que realmente estuviera molesta. Volví a despertarme en mi lecho de flores, volví a pisotear a Flowey, volví a coger un cuchillo. Me acerqué a los hermanos esqueleto. Sans parecía precavido, pero no pudo evitar que saltara sobre su hermano, hundiendo el filo del cuchillo de cocina en el pecho de este. Acto seguido, comencé a correr, siendo perseguida por el enfurecido Sans.
–¡No te vas a librar de esta!
Apareció a mi lado. Sus pupilas habían desaparecido, amenazador. No pudo evitar que le cortara con mi arma. Comenzó a sangrar un poco, dejando de seguirme. Sabía que no estaba muerto pero me dio igual. Ahora que me había librado de Papyrus podría ahorrar mucho más tiempo.
Cuando me encontré con Undyne realmente estaba enfurecida, así que supuse que era por haber matado a su amigo. Huí de la batalla de nuevo, temerosa de acabar siendo derrotada. Cuando llegamos a Hotland volvió a caer debido al calor. No le ofrecí el vaso de agua. Poco antes perdiera la oreja. Iba muy bien de tiempo.
Sabía que estaba perdiendo la humanidad poco a poco. Había asesinado a la flor, Papyrus, el muñeco y dejado que Undyne se deshidratada. Sonreí por dentro. No se sentía mal.
Entré en el laboratorio, donde la temerosa científica me esperaba. No parecía muy contenta, sino asustada.
–He de advertirte que cree un robot que al principio era para entretenimiento, pero después le añadí un par de modificaciones y ahora es un robot con sed de sangre humana.
Asentí, sin estar realmente asustada. Mettaton apareció y me hizo unas cuantas preguntas a las cuales tuve que responder. Por cada descarga eléctrica, el dolor del pecho y cuello comenzaba a notarse más. Las agujas invisibles comenzaron a atravesar mi piel, como todas aquellas veces. Cada pinchazo de dolor era más rabia en mi interior.
Mettaton finalmente se fue, dejándonos a Alphys y a mí.
–Déjame tu móvil para hacerle unas actualizaciones... Espera. No tienes móvil, ¿verdad?
Este mundo estaba programado para que actualizara el móvil que Toriel me entregó. Al no conocerla, no obtuve el teléfono.
–Pues eso va a ser un problema ya que así no podre ayudarte desde fuera. Intentaré igualmente ayudar en todo lo que pueda.
Me sonrió, nerviosa. Yo no le devolví la sonrisa.
Con un poco de ayuda de Alphys conseguí llegar al Core. Sentí como alguien me observaba desde lo lejos.
–Así que al final no te rematé. Es grato saberlo.
Sans trató de atacarme repentinamente, mas yo conseguí esquivar el ataque. Todos los clientes del hotel MTT salieron corriendo de ahí. Solos Sans y yo, mirándonos con odio. No sabía como habíamos llegado a eso.
–Sucia mata-hermanos. ¿Pensabas pasar hasta Asgore? Nunca permitiré que llegues a él.
Yo sonreí con sorna, saliendo de la habitación y siendo perseguida por él. El dolor de la nuca comenzó a hacerse notar. No tenía tiempo de enfrentarme a ese esqueleto.
Atravesé las salas donde monstruos esperaban atacarme, ignorándolos como si no estuvieran. Sans chocaba con ellos al intentar alcanzarme.
Conseguí activar el ascensor que llevaba hasta arriba malamente. En la persecución había sufrido varias pérdidas de mí propio ser. Había desaparecido parte de mi pierna, torso y brazo. Dentro de poco desaparecería complementamente el brazo izquierdo, dándome dos horas para llegar a Asgore.
Me sentía determinada al notar que Sans se rindiera.
