Gracias por sus comentarios, me animan mucho a seguir escribiendo, este capítulo les va a gustar mucho... sobre todo el principio :P

Espero más reviews, quiero saber sus opiniones y reacciones! Un saludo :D


Capítulo 4. Sueños mojados.

-Bésame- dijo en un suspiro casi inaudible. Sus labios se rozaron, sus lenguas se encontraron, su respiración se agitaba. Cuerpo contra cuerpo, mordiscos, arañazos, gemidos… No era capaz de distinguir su cuerpo del de ella, eran sólo uno. El deseo no le permitía pensar, sólo le quedaba sucumbir al placer, a la pasión. La necesitaba como una extensión de su propio cuerpo. Más besos, más gemidos, más placer…

La morena se incorporó sobresaltada sobre la cama, su respiración estaba agitada y llevó una mano a su frente para limpiar el sudor. Miro a su lado y vio la cama vacía, estaba sola… estaba sola y muy excitada, la humedad que sentía en su entrepierna era notable. Se echó hacia atrás, apoyando de nuevo la espalda en el colchón, respiró profundamente intentando relajarse y olvidar el sueño que había tenido recientemente. Pero fue inútil, cerró los ojos y las imágenes de su sueño volvieron a su mente, la rubia sobre ella, sus cuerpos desnudos rozándose, sus rizos cayendo sobre su rostro… inconscientemente llevó su mano a su vientre y la metió debajo de su ropa interior. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo mojada que estaba, no recordaba la última vez que se sintió así. Sus dedos apenas rozaron su clítoris y sintió un escalofrío por todo el cuerpo, estaba hinchado y empezó a hacer círculos sobre él. Permitió que unos leves gemidos salieran de su boca. Llevó su otra mano por debajo de su camisón y masajeó uno de sus pechos, pellizcó su pezón notando que estaba duro por la excitación. Unos gemidos más fuertes se escuchaban en la habitación de la alcaldesa mientras jugaba sobre su sexo, pero necesitaba más. Dejó de moverse unos segundos para bajar con rapidez su lencería negra, y la dejó a un costado, ahora tenía mejor acceso. Se abrió mucho de piernas y espero unos segundos sin tocarse, disfrutó de la sensación, de su entrepierna palpitando, húmeda, caliente, rogando para ser atendida. Su mano se retorcía esperando el momento idóneo para acercarse de nuevo, pero Regina se permitió unos segundos más para alargar el momento hasta que no pudo soportarlo e hizo que dos de sus dedos se empaparan bien con su flujo y entraran dentro de ella. Gimió con fuerzas y empezó a moverlos en su interior, se imaginó a Emma, sintió que eran sus dedos los que estaban dentro y la notó besando su cuello y su boca para acallar esos gemidos que se habían convertido en gritos. Oleadas de placer recorrían cada parte de su ser, notaba que estaba muy cerca de alcanzar el orgasmo, pero no quería, no aún, necesitaba alargar ese momento. Sacó los dedos de su interior y se puso boca abajo con las rodillas apoyadas sobre el colchón, llevó la mano entre sus piernas y volvió a entrar hasta el fondo. Al movimiento de su mano le acompañaba sus caderas que subían y bajaban una y otra vez haciendo que la palma de su mano rozara su clítoris con cada embestida. La alcaldesa apretaba las sábanas con fuerza, ya no podía aguantar más, su cuerpo se movía con rapidez, montaba sus dedos como si fueran los de la sheriff y empezó a temblar recibiendo una oleada de placer que recorrió todo su cuerpo alcanzando el clímax. Se quedó inmóvil, unos segundos, con sus dedos aún dentro de ella, respiraba entrecortadamente, los sacó y se dejó caer sobre el colchón… En ese momento necesitó que realmente ella estuviera ahí para abrazarla, sentía un vacío muy grande en su vida, y lo seguiría sintiendo por más que tuviera a su hijo con ella.


Era el mediodía en casa de la familia Charming. David estaba experimentando en la cocina mientras preparaba una receta tomada de internet, se había vuelto todo un chef, ya que su mujer no tenía tiempo de preparar el almuerzo. Aún faltaba para que Henry y Mary Margaret volvieran de la escuela.

Emma decidió pasarse un momento por su casa para comer algo –Mmm qué bien huele! Espero que esta vez no se te queme…- dijo la rubia con una sonrisa en su rostro a su padre.

-Esta vez saldrá perfecto, no te preocupes- la realidad era que seguro Emma era un desastre en la cocina por herencia de su padre –Como ha ido la cena con Regina?- le dijo en un tono serio, quería estar seguro de que la morena no le hubiera hecho daño.

-Fue bien, o sea… nada de otro mundo, solo una cena- la sheriff se quedó pensativa, esta mañana había estado ojeando el libro de cuentos de Henry pero no había encontrado nada sobre la vida pasa de Regina, antes de ser la Bruja Malvada. Lo único que había podido ver es que su padre se llamaba Henry, por lo que asumía que su hijo se llamaba así por esa razón, además había visto aquel nombre en la tumba del cementerio. Quizás su padre sabría algo de eso. Se hizo un poco la tonta para disimular, pues no quería dar a entender que le importaba realmente saber sobre Regina –Tengo una duda, es una estupidez, pero seguro tu sabes- hizo una pausa, su padre la miro y ella prosiguió –Por qué Henry se llama así? Digo… seguro lo eligió Regina a su nombre-

-No te equivocas. Ella lo debe haber elegido porque ese fue el nombre de su padre- David no le prestó mucha atención a la curiosidad de su hija, no le parecía nada relevante la pregunta.

La rubia puso cara de sorprendida, como si recién se enterara de eso –Oh vaya, qué interesante! Pensé que le había puesto el nombre de su prometido…- mintió para que su padre cayera en el juego.

David la miró levantando una ceja –No, su prometido se llamaba Daniel…-

Emma seguía con su jueguito de la ingenua –Ah… y ella era diferente con él? Me refiero a que, no siempre debe haber sido la Reina Malvada- la rubia apoyó sus codos sobre la pequeña barra ubicada en la cocina, observando muy intrigada a su padre, quería saber sobre Regina, necesitaba saber.

Su padre dejó el pollo dentro del horno y la miró –Por qué de golpe tanto interés en ella? Lo único que puedo decirte es que ella no siempre fue igual, o al menos eso dice tu madre. Pero si quieres saber más puedes preguntarle-

La rubia de alguna forma sabía que Regina no podía haber sido siempre malvada. Primero porque no era posible que hubiera nacido de esa forma, además de que en todos los cuentos de hadas los malos anteriormente eran buenos, y ella estaba segura que la alcaldesa tenía un motivo para haber cambiado, sólo necesitaba averiguar cuál era.


Esa misma tarde Regina estaba dispuesta a salir de su casa por fin. Había practicado lo suficiente como para decir que era tan poderosa como en épocas anteriores. Aunque la magia en Storybrooke era impredecible, se sentía con confianza en sí misma, nadie podría herirla, o al menos nadie lo intentaría cuando ella mostrara que su poder estaba de regreso. Decidió salir a dar un paseo, simplemente a pie, si salía en su auto seguramente llamaría menos la atención y la verían menos habitantes del pequeño pueblo.

La gente susurraba cosas cuando ella pasaba por su lado, pero ninguno se atrevería a desafiarla, después de todo, confiaban en la familia Charming y había quedado claro que ellos no tenían intención de ponerle fin a la vida de Regina cuando Emma la salvó aquella vez de Whale.

La única preocupación de la morena era Gold, era la única persona más poderosa que ella en el pueblo, pero él había estado de acuerdo con la maldición así que no tendría por qué querer lastimarla.

Luego de una caminata, se decidió por Grannys. No lo admitiría jamás, pero la comida del lugar era muy buena y deseaba volver a beber ese delicioso café con tortitas que siempre pedía. Entró en el local, todos voltearon para verla con sus ojos bien abiertos. Granny apenas la vio entrar cogió una de sus armas apuntándole –Tranquila, vengo en son de paz- una sonrisa irónica se dibujó en su rostro y se dirigió a su lugar habitual en la barra del lugar –Quiero lo de siempre, si no es mucha molestia- siguiendo con las ironías.

Ruby no estaba segura qué debía hacer, no se atrevía a echarla, y transformarse en lobo era muy arriesgado, aun no lo tenía bien controlado. Miro a su abuela haciéndole un gesto de asentimiento con su cabeza para que bajara el arma –No queremos problemas Regina-

-Y no los tendrán siempre y cuando me den mi pedido- ella sabía que su tono de voz intimidaba mucho a la chica lobo, por lo que no le llevaría la contra.

Ruby fue a la cocina para dar la orden del pedido de la alcaldesa. En ese momento, una hambrienta Emma Swan entraba en Grannys, directo a recoger las seis rosquillas que pedía siempre los martes y jueves, los demás días iba variando con pasteles de diferentes sabores, era una fanática de las cosas de pastelería. Casi por inercia se sentó en el primer lugar que vio vacío en la barra, hasta que se dio cuenta que tenía a Regina a su lado. La morena tenía puesta una camisa blanca super ajustada con un chaleco a rayas encima, pantalones negros, y el maquillaje perfecto como siempre, sus labios color rojo intenso resaltaban mucho en su rostro –Hey… Regina- Aun no sabía cómo debía tratarla, pues la morena era impredecible.

Regina ya había notado la presencia de Emma desde el momento en el que entró en Grannys. Esa forma tan particular de caminar y el ruido de sus botas eran inconfundibles. La miró de reojo, estaba algo agitada, se notaba que la sheriff había estado ejerciendo sus tareas en el pueblo. Aunque renegara de que Emma se encargara de la seguridad del pueblo, sabía que hacía muy bien su trabajo. Pensó en ese momento que lo mejor que podía ser era ignorarla, y de esa forma, sus constantes sueños desaparecerían. Tenía lógica, mientras más veía a Emma, más soñaba con ella –Acaso no hay otros asientos disponibles?- dijo en tono despectivo, con la intención de que la sheriff se moviera a otro lugar.

La rubia resopló, pareciera que el agradable momento que habían pasado en la casa de la morena no había existido –En serio Regina?- rodó sus ojos, pero prefería seguirle el juego un poco más –Siempre me siento aquí-

La alcaldesa arqueó una ceja al ver que la sheriff no se levantaba del lugar, no le gustaba que no le hicieran caso –Este ha sido mi lugar desde hace 28 años atrás, y donde estás tú, el de Henry-

-Bueno, sólo lo estoy tomando prestado. O si no qué? Vas a hechizarme?- la miro con una sonrisa pero al mismo tiempo muy desafiante.

Regina se sentía confundida, le molestaba la insolencia de Emma pero al mismo tiempo no podía parar de pensar en el último sueño, y mucho menos en lo que había hecho luego pensando en ella –Podría hacerlo. Que tengas magia no quiere decir que sepas usarla-

Ruby apareció con el pedido de Regina y lo dejó sobre la barra. Miró a Emma, no hacía falta que le dijera nada, ya sabía qué debía traerle.

La sheriff tomó el tema como una broma, no quería pelear realmente, ya conocía a Regina –Henry quiere que cenemos este viernes de nuevo- se quedó esperando la reacción de la morena.

-Y cuando voy a poder cenar con él a solas?- Resopló y bebió un poco de su café. Todo el tiempo miraba al frente, intentando esquivar la mirada de la rubia.

Emma levantó una ceja, todo había ido bien, habían hablado los tres juntos, hecho bromas, y hasta luego ellas dos también habían tenido su momento –No parecía que lo estuvieras pasando tan mal el viernes pasado…- Ruby le acercó su caja con rosquillas y se llevó una a la boca.

Antes era un deporte para Regina despreciar y tratar mal a la sheriff, pero ahora le estaba siendo particularmente difícil –Nunca dije eso, pero quiero pasar tiempo a solas con mi hijo-

-Con nuestro hijo querrás decir- un poco de chocolate quedaba sobre la boca de la rubia, mientras ya estaba ojeando la caja buscando que otra rosquilla comerse.

-Sí claro, nuestro hijo. No es necesario aclararlo- Regina observó a los ojos a la sheriff, y no pudo evitar bajar la vista a sus labios. Vio el chocolate y varias ideas pasaron por su cabeza, quería que se lo limpiara rápido –Te has manchado el rostro con chocolate- se señaló en su propia cara el lugar –Justo aquí-

La rubia tan torpe como siempre se limpió del lado equivocado –Y ahora?-

Regina rodó sus ojos, evidentemente tendría que hacerlo ella misma, aunque en el fondo se moría por hacerlo. Se puso un poco de costado y llevó su mano al rostro de Emma, delicadamente con su dedo limpió el chocolate de la boca de la sheriff.

Emma se quedó mirándola sorprendida, y no pudo evitar sentir un escalofrío con el contacto con la morena. La miró por un momento, y reaccionó cuando Ruby apareció con su chocolate caliente –Gracias…-

Cuando vio la reacción de la rubia, Regina se dio cuenta de que quizás se había sobrepasado, pero simplemente no había podido evitarlo. Carraspeó un poco –bueno, claramente no voy a poder comer tranquila- se terminó de un sorbo el café que quedaba y se levantó –os espero el viernes, adiós- tomó su bolso, dejó el dinero sobre la mesa y se fue.

Emma miró hacia la puerta por donde acababa de salir la alcaldesa y luego se fijó en el plato, apenas había probado las tortitas. ¿Por qué estaba tan rara? Parecía que en cuanto mostraba un poco de amabilidad enseguida quería compensarlo con alguna mala contestación. La rubia recordó cómo había limpiado su boca hace tan solo unos minutos… por qué había tenido ese escalofrío?


Esa misma noche, después de cenar, Emma estaba sentada en la cocina mientras Mary Margaret limpiaba los platos. Era la hora de dormir de Henry y David le contaba historias en su cuarto dando a la rubia la mejor oportunidad para hablar con su madre a solas –el viernes volvemos a cenar en casa de Regina- dijo disimuladamente, intentando usar la misma estrategia que había usado con su padre esa misma mañana. No quería que ninguno de los dos pensara por un segundo que ella tenía un interés más allá del normal por la alcaldesa.

-Ah sí? Vaya… estás siendo muy comprensiva con ella, Henry me dijo el otro día que le gustaba que se llevaran bien. Pero ten cuidado con ella Emma- dijo de espaldas a su hija mientras enjabonaba un vaso-

-Sabes que no hay peligro, ella no haría nada que pudiera estropear la oportunidad de ver a Henry- Emma jugaba con un boli entre sus manos, un poco nerviosa porque no sabía cómo sacar el tema –David me dijo que cuando la conociste era muy distinta-

Mary Margaret se sorprendió un poco por el comentario de la rubia –sí, ya te dije que me salvó la vida y fue como una madre para mí al principio-

Emma trató de imaginar esa época, una joven Regina siendo cariñosa y amable con la pequeña Snow –podríamos decir que era buena y se hizo mala?- la curiosidad de la sheriff crecía a cada segundo.

La morena se giró mirando a su hija –sí, algo así… Emma, comprender lo que le pasó a Regina es muy difícil, ni siquiera yo que viví con ella tanto tiempo puedo decir cuándo dejó de ser buena para convertirse en… bueno, en la bruja malvada, la muerte de su prometido sólo fue el comienzo. Si lo que te preguntas es si siempre fue mala la respuesta es no, pero la persona en la que se convirtió después hizo cosas que jamás podrías imaginar- un escalofrío recorrió la espalda de Mary Margaret cuando pensó en muchas de las muertes que fueron llevadas a cabo por su ex madrastra.

-Quizás el problema es ese… nadie sabe la historia completa, nadie sabe su versión- pensando que en el libro de Henry no estaba todo lo que Regina había vivido. La mirada de Mary Margaret hizo ver a Emma que se había delatado con sus palabras. Acababa de despertar en su madre una alarma, le había hecho pensar que estaba empezando a ver más allá de la fachada de "La bruja malvada".

-Emma… tú no estabas ahí, tú no sabes todo lo que esa mujer es capaz de hacer- la morena se acercó a ella claramente afectada por la conversación.

-No te pongas así, sólo trato de conocer más a la persona que va a pasar tiempo con mi hijo- intentando arreglar la situación. Sonrió a su madre –no te preocupes, no es como si ahora vayamos a ser mejores amigas- se levantó y le dio un beso en la mejilla –me voy a dormir, buenas noches-

-Buenas noches- dijo Mary Margaret que todavía estaba de pie en la cocina, no quería darle vueltas al asunto, pero las palabras de Emma le habían dejado muy pensativa. Zarandeó la cabeza intentando borrar malos recuerdos y caminó hacia la cama donde ya le esperaba su marido.


Se giró mirando el reloj, eran las 3 de la mañana y no podía conciliar el sueño. Hoy había sido un día bastante movido, había sacado información de Regina a David y a Mary Margaret pero en vez de aclararse ahora tenía muchas más dudas. Lo que tenía claro era que la alcaldesa era una persona buena a la que le pasaron una serie de cosas que la cambiaron. No es eso lo que le pasa a todo el mundo? Emma no sería así si se hubiera criado junto a sus padres, seguramente Henry no hubiera nacido, y estaba convencida de que no tendría problemas para abrir su corazón con los hombres, ni tantas dificultades a la hora de amar. Pero esas circunstancias la hicieron así, igual que a Regina. Al fin y al cabo no eran tan distintas como pensaba.