Aquí tenéis el siguiente. Y este va por Val. Por sus más que valiosos consejos que siempre acaban mejorando el resultado final. Solo tú y yo sabemos lo duro que fue este inicio de la historia.

Aunque sabiendo lo que disfrutas tú del romanticismo, no sé yo si es el mejor capítulo para dedicarte...


Miró el reloj. Faltaba poco para el mediodía. Habrían pasado perfectamente un par de horas desde que Kate le dejó en la cabaña con la única compañía de un elegante cuaderno y muchas dudas sobre lo que era correcto hacer. En todo ese rato había avanzado muy poco. Ni tan siquiera había llegado a la segunda quincena de julio. Leía y releía cada entrada que ella había apuntado, intentando asimilarlo todo, sin perder detalle. Notando, sintiendo y lamentado la angustia y la desesperación de quién escribió esas páginas. "¿Tiene sentido seguir viviendo?", "Solo quiero dormir. Quiero dormir y no despertar jamás", "Media pulgada más a la izquierda y yo no estaría pasando por esto". Sin duda la herida que causó la bala fue mucho más profunda que la que quedaba a la vista. Volvió a rebuscar entre hojas pasadas, perdiéndose de nuevo en aquellos párrafos que casi se sabía de memoria. Aquellas líneas escritas de su puño y letra que hoy le quitaban la venda de los ojos, de un tirón, sin avisar. Viendo por fin la luz. Una claridad ansiada, anhelada pero que molestaba, le dolía por el tiempo que estuvo privado de ella. Que dolía por sí misma. Una verdad que le apenaba y le desesperaba a partes iguales. ¿Por qué, Kate?

2 de junio de 2011

Después de dos semanas estoy de nuevo en casa. Me han dado el alta. Eso significa que ya estoy mucho mejor y que ya puedo hacer cosas por mí misma. El Dr. Edison me ha asegurado que estoy muy bien. Y junto a ese "estás muy bien", una lista de recomendaciones que es para echarse a llorar. Qué debo comer, beber, qué debo evitar, la lista de pastillas... Y yo solo puedo pensar que con un poco de suerte me darán sueño y dormiré.

3 de junio de 2011

Tengo pánico de acercarme a las ventanas. Busco láseres rojos que den pistas del objetivo de un nuevo disparo. Sabrán dónde vivo y pueden volver a por mí en cualquier momento. Si duermo no pienso. Solo revivo la escena una y otra vez. Una y otra vez.

...

7 de junio de 2011

Hoy he estado hablando con papá de la recuperación. Ha pensado en alejarme un tiempo de Nueva York. Él me cuidará y me hará olvidar los malos momentos. Quizás deje de estar obsesionada porque me vuelvan a disparar. Me dice que he de reaccionar y dejar de estar llorando o durmiendo todo el día. Quizás así me recuperaré sin que el peso de lo cotidiano me asfixie, incluyendo todos los recuerdos. No sé si servirá de algo.

Pasaba de nuevo varias hojas a la vez, recorriéndolas erráticamente, como si de su historia particular con la detective se tratara. Avanzar un poco para retroceder mucho.

10 de junio de 2011

Cada noche la misma pesadilla. Cada día la misma angustia. Estar aquí no sirve de nada.

11 de junio de 2011

Hoy ha llovido. Y con el cambio de tiempo, la herida ha dolido como no recordaba. Me he enfadado con papá. No entiende nada.

Una gota que supuso lágrima emborronaba las últimas palabras.

15 de junio de 2011

Estoy mejor. Más animada. Hemos ido a dar una vuelta y a comer a la explanada. Me lo he pasado bien y he reído con las historias que contaba papá. He reído. Solo me queda esperar que las pesadillas remitan pronto.

...

23 de junio de 2011

He vuelto a soñar con el disparo. El frío, el dolor, la debilidad, el caos a mi alrededor y el pánico en su mirada que veo cada vez que intento dormir. Y yo solo puedo cerrar los ojos con más fuerza y taparme los oídos. Quiero olvidarlo todo.

Buscó otra vez el último texto que había leído. Había pedido la cuenta de las veces que lo había hecho intentando encontrar una coma que cambiara el significado, que hubiera malinterpretado una palabra. Algo, lo que fuera, que le hiciera sentir mejor. Que amainara la ira, la rabia que sentía hacia el mundo. El motor de un coche acercándose, estorbando la tranquilidad del lugar, reclamaba la atención que esas hojas se habían casi apropiado las últimas horas. Y de nuevo, quietud. Y su decepción. Su frustración. Desilusión. Ganas de irse de ahí, desaparecer y no volver a saber de ella jamás.

13 de julio de 2011

He empezado a correr de nuevo. Me he sentido bien, con ganas de subir el ritmo. Mi cuerpo empieza a ser el de siempre. Ahora tengo que centrarme en poner orden en mi cabeza. No me puedo dejar de pensar la muerte de mamá; no puedo imaginarme que alguien me pueda volver a disparar; no quiero recordar cómo Castle me dijo que me quería; no creo poder estar a su lado nunca más. No puedo explicarle la verdad.

-Hola. Sigues aquí. ¿No te has movido en todo este rato? -le decía apareciendo por el marco de la puerta de la cocina, mientras él cerraba el cuaderno.

-Sigo aquí. -le dijo con seriedad. Sin mirarla. -No tenía muchas más opciones. Te llevaste el coche. Solo he ido a por esto. -Dejaba la libreta en la mesa y señalaba la lata de cola que tenía a su lado.

-He tardado un poco. -se sentaba en la silla vacía, pasando por alto el comentario que acababa de hacer Castle. -quería darte tiempo para leer. ¿Lo has acabado?

-No. Sólo lo he empezado.

-¿Hasta dónde has llegado? -sus gestos tensos, sus respuestas secas. Algo no iba bien.

-Hasta que reconoces haberme mentido sobre lo que te dije en el cementerio. Mediados de julio.

-Lo siento. No supe cómo manejar todo esto. Supongo que me superaron las circunstancias.

-Ya. A mí no. Es que no logro entenderlo, Kate ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Para empezar, no me siento nada bien invadiendo tu diario. Porque puedes llamarlo libreta, bloc o cuaderno, pero esto es un diario. ¿No puedes ser como una persona normal que dice a la cara lo que piensa o lo que siente? Tienes que hacerlo bien rebuscado. -negaba con la cabeza. Incapaz de entender nada de una historia que transcurría delante suyo sin que nada pudiera hacer. Sintiéndose un incómodo invitado de piedra. O peor aún, un voyeur consentido.

-Nosotros nunca hemos sido muy normales en este sentido, Castle. Ni tú ni yo.

-Eso es verdad.

Y el silencio, las ganas de decir cosas de Kate, de justificarse, las de salir corriendo de Rick, las de entender algo. Silencio que con los minutos se volvió tenso, extraño, pesado.

-¿Cómo estás? -Se decidió a hablar finalmente Beckett. Estiró su mano hasta alcanzar su antebrazo, que apoyaba en la mesa junto al libro.

-No sé cómo estoy. Podríamos empezar por decir que enfadado. -retiró su brazo, liberándose del contacto con la inspectora, enlazando sus manos sobre su regazo. -Muy enfadado. Me siento mal. Me has engañado, por si no eres todavía consciente de ello. ¿Qué esperabas? ¿Que ahora nos fuéramos a comer como si nada hubiera pasado? ¿Que te diera una palmadita en la espalda y te felicitara por haberme dejado preocupado, sin saber nada de ti durante meses? Supongo que incluso tú eres capaz de entenderlo. Además de que no es muy agradable enterarte de que te mienten quizás por pena, ¿fue por eso, Beckett? -giró la cara, mirándola con absoluta frialdad. -de tener la sensación de que has hecho el más grande de los ridículos con alguien por quien hubieras dado tu vida. Por amor, siempre por amor. Quiero que me conozcas tal como soy ahora y que valores si vale la pena lo que sea que puede venir cuando nos vayamos de aquí. Me había vuelvo a hacer ilusiones contigo, Kate. Pero ya no. No me quedan muchas más ganas de saber cómo eres. He leído suficiente. Y desde luego dudo que después de esto vaya a venir algo más. -empujó el cuaderno hacia ella antes de levantarse, coger su refresco y empezar a andar. -Quiero estar solo. Come tú. Esta tarde me gustaría volver a casa.

-Rick. -él siguió andando sin querer escuchar nada de lo que ella quisiera hablar. -Rick, por favor. -se levantó, cogiendo la libreta, corriendo tras él. Le alcanzó, situándose delante de él, cortándole el paso. -Sigue leyendo, por favor. No te quedes ahí. Te he mostrado esta mañana la foto de los dos. Te he dicho que mucho de lo que he escrito te lo contaba a ti. No te quedes con lo que puede sugerir una mala redacción. Por favor.

-No sé, Kate. Creo que prefería no haber sabido nada de todo esto. Era más esperanzador. Ahora... No sé, quizás me has hecho un favor. -No quería mirarla. Sabía que su propósito de pasar página cuanto antes volvería a quebrantarse si lo hacía. No quería saber nada más de ese exilio, no quería saber nada más de ella.

-Solo cógelo. Y sigue leyendo un poco más. -se lo acercó y él lo tomó en su mano, lamentando casi al instante su debilidad frente a la mujer que aún le anulaba la voluntad. -Iré a preparar la bolsa. Cuando quieras nos vamos.

Se apartó, dejando libre el camino a Castle, limpiándose las lágrimas que empezaron a rodar por sus mejillas con total libertad, aceptando que siguiera alejándose de ella, esta vez físicamente. Sabía lo que arriesgaba cuando lo trajo con ella a la cabaña, cuando decidió que leyera todo lo que había pensado y sentido durante el tiempo que estuvieron separados. Sabía que podía salir mal, que Rick podría no entenderlo. Pero nunca creyó realmente que aquello fuera a pasar. Abrió la puerta de casa y se dirigió a su habitación. Cogió la bolsa, la abrió y empezó a guardar las pocas cosas que había traído junto con las esperanzas de que aquello hubiera podido salir bien.


Nos leemos en el quinto. Mientras tanto, agradeceré vuestros comentarios.

Aprovecho la ocasión para comentaros que quería empezar a escribir una nueva historia. Sin embargo ando bastante escasa de ideas para desarrollar un argumento. Si alguien quiere compartir alguna propuesta conmigo vía PM os lo agradecería.

Isabel