Pansy presentó su tarea de Adivinación frente a la clase, su cuidadosa elaboración de una Carta Compuesta, que tituló "Relaciones personales inter-casas, el modelo Slytherin + Hufflepuff. ¿Futuro o no?"

―… y por lo anterior queda perfectamente comprobado -remató- que el señor Ives Cavendish y yo somos perfectamente compatibles, dadas 1) nuestras conjunciones planetarias, 2) dado que el sextil entre los luminares revela nuestra total armonía, 3) que el trígono revela nuestra predestinación a estar unidos y 4) que las oposiciones compuestas y las cuadraturas compuestas pronostican absoluta felicidad hasta el año 2090. ¿Algún compañero desea discutir mis conclusiones? -preguntó, haciendo cara ingenua.

Nadie quiso meterse con Pansy. De los Slytherin, Bulstrode y las Grengrass asentían para dar imagen de espíritu de cuerpo. Tracey estaba paralizada. Varios más se tragaban la indignación. Chicas de otras casas mostraban su pesar. Más de un Ravenclaw estaba pasmado por los conocimientos de Pansy. De los demás alumnos populares, Ron no entendió nada y Harry se veía pensativo.

Pansy había formulado una descripción estupenda. A poco de haber tomado esas lecciones se evidenciaba que la Slytherin tenía razón. Draco estaba bastante sorprendido. Hermione tomó unas notas y revisándolas, alzó una ceja, admirada. La base astrológica era sólida.

En cambio, Trelawney conocía bien de quiénes hablaba esa Carta Compuesta. Podría bajar muchos puntos a Slytherin por la maniobra, pero como el descuento pasaba por revelar que dos profesores de Hogwarts fueron novios (¡y se abrazaaban, y se besaaban!), resultaba peor el remedio que la enfermedad.

―¿Algún comentario? -preguntó Sybilla, decidida a ignorar a quien alzara la mano.

Ives lo hizo.

―¿Sí, señor Cavendish? -esperanzada que rebatiera a la Slytherin.

―Estoy de acuerdo con Pansy -dijo Ives, neutral-, hice la misma Carta, obteniendo los mismos resultados.

―Muy bien, señor Cavendish -asintió, deseosa de terminar el tema-. Felicitemos a su compañera.

La Slytherin volvió a su asiento entre aplausos, sonriendo satisfecha.

Al salir de clase, Ives la alcanzó.

―¿Cuál fue el truco?

―¡Ninguno… es la tarea más difícil que he hecho! -protestó ella.

―"La tarea más difícil que he hecho" -la remedó, tirándole de una oreja.

―Ay.

―Dime, lo merezco, al apoyarte he perdido varias simpatías.

―No, Ives -se quejó-, de veras.

―Señor Cavendish, ¿me concede unos minutos? -era Sybilla, que los seguía.

―Sin duda, profesora.

Pansy esperó unos pasos más allá, contemplando el paisaje. La profesora Trelawney ya no llevaba su atuendo rastafari, sino un uniforme blanco impecable, corbata negra, rematado por un casco sarakoff de cazador y una fusta de montar bajo el brazo. Al inclinarse a Ives, mirándolo a través de su monóculo graduación telescopio, sobre su bolsillo izquierdo brilló la placa Policía de Seguridad de Marruecos.

―Monsieur Ives… -dijo Sybilla- nuestgo Seggvicio de Inteligencia adviegte al gobiegno del Sultán, que usted tiené en su podeg, mategial confidencial del Consulado Alemán en la ciudad de Tánger… digo, Tánjeg.

Ives llevaba un traje de lino sin corbata, zapatos bicolores y sombrero Panamá.

―No tengo claro a qué se refiere, Madame le Inspecteur de la Police.

Inspectrice.

―Inspectgiz.

Trelawney se inclinó hacia él.

―Usted lo sabe sin dudá. Su cómplice Madame Pagkinsón en Le Tejon Rouge acaba de difundig, con nombges en clave cabalísticá, infogmació de una Cagta Compuestá secgeta, la ggevelación de que Dumbledog y MaGonagál fuegon novios allá por el 1950 y fósil. Un eggog, pego necesitamos de vuelta la Cagta oggiginal evitando con eso que se ponga celoso el actual enamoggado de…

Sin atender al final de la frase, Ives miró con discreción hacia los extremos de ese caluroso callejón de Tánger, buscando una vía de escape: uno estaba cerrado por alta pared de ladrillos, atiborrado de tendederos de ropa húmeda y el otro se abría al paso de marroquíes con gorros, mujeres con velo y puestos de comida del mercado callejero.

Posiblemente debería huir en el próximo vuelo clandestino a Lyon.

Quelle affaire! Si en la huida se topaba con el condenado verdugo Le Filch debería eliminarlo para evitar caer en manos del alcaide de la prisión de El Cairo, el curtido Le Blanc, abriéndose paso a tiros para no dejar a Madame Parkinson indefensa con el agente doble, el tenebroso Drachen Plaguefoy… Ives se palpó casualmente el saco, comprobando que llevaba el revólver.

―Su acento árabe-francés me confunde un poco, Madame le Inspectrice de la Police -comentó, para ganar tiempo; tenía los labios resecos, necesitaba un jugo de zanahoria-, pero tenga por seguro que elaboré la Carta junto con Madame Parkinson.

―Usted no elabogó nadá, Monsieur Ives. Usted no elaboga ni los pgonósticos de su bisabuelá, pego si me entgega la copia que la espía Pagkinsón usó y olvidamos el incidenté, tendgá el aggadecimiento del Sultán. Mesié.

Monsieur Cavendish introdujo la mano al saco.

―Considero que es posible resolverlo, Madame le Inspect...

―¿Cómo me llamó?

La profesora Trelawney lo observaba con curiosidad, ladeando la cabeza. Los alumnos cruzaban tras ella.

Sorprendido, vio que estaba en Hogwarts.

―Las lecciones de francés que tomo en casa me confunden, profesora, hoy se resolverá.

Sybilla fue a su siguiente clase e Ives volvió con Pansy.

―No sé por qué, creo que tus "deberes" fueron para espantar a las chicas que me saludan.

―¿Ya no te saludaron?

―Dime cuál fue el truco y te respondo.

Ella le sonrió, con ojos serios.

―¡Primero dime si ya no te saludaron!

―Las Gryffindor ya no me saludaron.

Pansy asintió y volvió a andar, escapándosele una sonrisita satisfecha; al bajar los ojos pareció que sus pestañas se alargaban. Ives ya no necesitaba su respuesta.

―¡Parkinson, eres una plaga! -rio Ives en voz baja, tomándola suavemente de los hombros, alejándola y acercándola a él.

Se detuvo, observándola con ojos nuevos. Al moverla se dio cuenta de lo… delicada que era. No débil, no frágil, era... flexible. Sintió sus articulaciones, la agradable complexión de sus brazos, la resistencia del cuello, el movimiento de su cabello… No la soltó, quedando ella con los hombros un poco comprimidos.

―¿Te gusta zarandearme? -lo miró comprensiva, alzando las cejas- Me puedo dejar zarandear.

La frase rebotó en la mente de Cavendish. La invitación de sacudirla como él quisiera era muy Slytherin, pero él captó el sentido y la soltó, volviendo a caminar, nervioso.

―¡No pienses que creo que te volviste dócil! Me dejaste sacudirte porque una sierpe se deja llevar de mano en mano, de brazo en brazo, pero porque ella quiere, es ella quien permanece, dejando que el otro se confíe esperando el momento de morderlo.

Pansy pastañeó lento, enfadada.

―Que no, aish...

―Ahora dime cómo lo lograste, impresionaste a varios.

Pansy se sonrió, astuta, viendo al frente. Aunque debiera devolver la Carta original se había salido con la suya. Por lo demás, quejas de los profesores la tenían sin cuidado. Admitió con orgullo:

―Tuve que trabajar mucho, amor mío. Me costó muchísimo ajustar nuestras fechas de nacimiento a las fechas de la Carta original y adaptarlas a los mismos resultados. Lo forcé un poco en la Luna Compuesta, porque haciendo la Carta real sale que tenemos problemas en la comunicación de nuestras emociones. Pienso que sólo la señorita Dientes podría descubrirlo, pero no se tomará el trabajo. Me di cuenta que, pese a lo serios que se ven, Dumbledore y McGongall de jóvenes se dieron unos...

―¡Suficiente, gracias! -casi se cubre las orejas.

―Es la última semana de clases antes de vacaciones -le recordó ella-, te esperaré en mi fiesta... ¿Ives?

Cavendish caminaba a su lado, con sonrisa indefinible, un poco ausente.

―¿Qué te pasa? -preguntó ella, intrigada- ¿Estás enojado?

―Enojado, no.

―¿Es por lo de clase?

―Sí.

―Y piensas que actué mal. Estás equivocado, te explicaré.

Ella se le acercó, acariciándole la corbata con gesto grave. Ives notó perfectamente como su propia columna vertebral se estiraba y su corazón se aceleraba como si fuera corriendo tras alguna bola de quidditch, equipo del que era auxiliar.

―Aclaré que no se te pueden acercar, pero pacíficamente -aclaró ella mirando la corbata- ¿Notaste mi educación? Dije: "Ives y yo somos compatibles. ¿Algún compañero desea rebatir mis conclusiones?" ¿Qué más Hufflepuff puede haber que eso?

Ives la miró con detenimiento. A los Hufflepuff les encantan las cartas y regalos elaborados, con gran cantidad de colores alegres, cambios de letras, formas, recortes, diseños, dibujos, porque además de lo bello, el trabajo implica dedicación y eso significa interés en la persona. En cambio, Pansy había tratado de actuar como Hufflepuff con no pelear. Realmente creía que lo hizo.

Ella no se daba cuenta que fue un grado Hufflepuff de otra forma, que a Ives había causado una profunda impresión; por eso su apoyarla en clase y su sonrisa. Notar el trabajo que la Slytherin se tomó para aquel ardid lo movió. La energía que ella aplicó para su táctica de espantar a las que consideraba posibles rivales. Debió planificar con cuidado, conseguir la carta, trabajar muy arduamente para adaptarla, preparar la clase, sostener la idea ante el grupo y ante Trelawney, que sabía de quiénes se trataba realmente. Por ese esfuerzo la veía más bonita. Por el esmero se sentía atraído por ella. Con esto, Cavendish se sentía más trastornado que con lo anterior.

Mas no podía dejarse atrapar. Ya se daba cuenta que incluso hablar con la Slytherin era peligroso.

―¿Te refieres a que ser Hufflepuff es tomar una Carta sin permiso de no sé dónde y manipularl, para que se viera consistente?

Ella le alisó la corbata con una mano y volvió a verlo a los ojos:

―No pensé que estuviera mal para ti, me apoyaste.

―Me pareció mal si te dejaba afirmar aquello sola, aunque no tendría por qué haberlo hecho, en parte por mí y en otra porque creo que no lo necesitabas, te salió bien.

Como analizándolo a través de un microscopio, Pansy trataba de entender qué estuvo mal a los ojos de Ives, pero al pensar como Slytherin chasqueó los dedos, animándose.

―¡Ya sé: estás enojado porque alejé a tus enamoradas!

―No son mis enamoradas.

―¿Entonces en qué estás en desacuerdo?

―En la agresión hacia ellas.

―No he peleado con nadie.

―¿En serio crees que lo que acabas de hacer en Adivinación no fue pelear?

―¡No fue pelear! Ya entendí que como Hufflepuff eso te intranquiliza de nosotros. ¿Notas que tampoco molesto a los Gryffindor?

―Sospecho que alguien de tu Casa te convenció de eso último.

Volvieron a andar. Pansy se molestó un poco, añadiendo:

―Por eso digo, ya no buleo a nadie, y esta vez sin agredir hice ver que no quiero que se te acerquen.

―¿Por qué habrías de hacer eso? -anticipar la respuesta volvió a darle aquel vértigo entre placentero y desconcertante, que ignoraba cómo rebatir bien.

Se detuvieron de nuevo.

―Porque eres mi novio -ella se señaló-. Oye, yo no voy a permitir tener competidoras. Vas a cometer un error si tú los aceptas hacia mí.

Cavendish se limitó a los hechos.

―Prácticamente declaraste la guerra a la alumna que se me acercara.

―Y nadie estuvo en contra, me aplaudieron -insistió ella, un poco más molesta.

―Lo desagradable no se hace amable porque lo cantes con el Coro de Hogwarts. Cuenta mucho cómo se dicen las cosas. Alguna de ellas pudo estar en desacuerdo.

¿Quién? -los ojos de Pansy se encendieron- ¿Alguna te ha hablado en serio? ¿En quién estás pensando?

El Hufflepuff lo tomó literal. En quien pensaba y no, si le gustaba alguna.

―Pienso en Megan Jones. Si voy a tu fiesta llevaré a una Hufflepuff como pareja.

¿Qué? -preguntó, atónita- ¿Dijiste como pareja?

Cavendish preguntó con extrañeza:

―¿No me acabas de decir que sigo invitado a tu fiesta? Debo llevar una acompañante, ni modo que...

Por lo trastornada con la idea, lo señaló tan cerca que por poco le pica un ojo.

―Óyeme bien, nadie puede poner un pie en casa de los Sagrados Parkinson sin mi permiso, llevas acompañante y deberás cargarle su escoba para que vuelva a su casa porque no pasará de las escaleras. No puedes llevar compañía.

― "Los Sagrados Parkinson" -rio de buena gana-. ¡Qué pedante!

―Eso estará lleno de Slytherin, ¿cómo crees que reaccionarán? A ti te aceptan porque eres mi novio, pero no es tan fácil.

Ella se le acercó más y él dio un paso atrás. La Slytherin estaba indignada, primera vez que la veía en ese talante.

―Dime la verdad, Ives Cavendish, ¿te coquetean? Aunque no hay problema si no me dices; vi quiénes de las mestizas reaccionaron mal con mi presentación, las memoricé guiada por sus miradas, sus parpadeos, la forma de tomarse las manos, aun los gestos involuntarios venidos del subconsciente y los nacidos de la envidia extrema, tengo sus nombres anotados, casas, orígenes, direcciones y perfiles psicológicos.

Ives expresó la gran inseguridad que experimentaba con respecto a esa fiesta.

―Y, ¿qué quieres que haga, que esté aislado en una silla, sin hablar a nadie porque no conozco a nadie o temiendo que me muerda el cónclave de cobras?

¡Tú eres mi acompañante!

―¿Yo? -ahora él se señaló.

Pansy se cruzó de brazos, moviendo la cabeza y abriendo bastante los ojos.

―¡No, iré con Dumbledore, ya le avisé a mis papás, claro que tú, zopenco! ¿Por qué crees que te invité?

―Ah, no había entendido eso.

El Hufflepuff miró bajo, con una expresión dócil que hizo cruzar una expresión dulce por los ojos de Pansy. Mas recordando lo de la acompañante hipotética volvió a la carga.

―¿A ti te gusta otra, Ives?

―Digo que es poco probable que convencieras a toda la clase.

―No respondes. Me evades, como siempre.

Pansy se relajó, todavía cruzada de brazos.

Indiferente, miró a un lado, luego al otro; su cabello se removió artísticamente. Ives descubría que esos cuadros de ella le gustaban mucho.

―¿Miras que alguien venga a reclamarme? -le preguntó la Slytherin, apática.

―No -rio.

―A ver, ¿por qué ninguna de las que te saludaba, viene? ¿Por qué ninguna viene a decirme: "¡Estás loca, Parkinson, seguiré acercándome a Ives porque me interesa y pasaré sobre ti las veces que sea necesario!"?

―Nadie viene porque eres Pansy Parkinson, archiamiga de Draco Malfoy. Y yo no les gusto como para actuar de esa manera.

―¡Ah y lo niegas!

―Y no todas son Slytherin, ¿contará eso?

―Pero bueno... -exclamó lentamente, estupefacta.

Ella se indignó, soltando los brazos.

―¡Me exasperas! ¡Lo que haga está mal, hasta lo que soy! ¿Qué quieres que haga, me trasplanto a Megan Jones? ¿Vuelvo a primer año y soborno al Sombrero con una Sombrera para que me meta a tu Casa?

La amable sonrisa de él, la desconcertó.

―¿Te burlas? -preguntó, insegura.

―Nunca me burlo de nadie.

―¿Qué significa tu sonrisa?

El Huffepuff sonreía por haberse imaginado tomado de la mano con la Slytherin en Hogsmeade, viendo la puesta de sol.

Sonreía de pensar en que aunque no creía que le gustara y la parte que le creía le generaba incertidumbre, Ives había ido descubriendo en Pansy varios pequeños encantos. Cuando se ponía misteriosa lo intranquilizaba, pero le atraía. Cuando se exasperaba, insistía o hacía maniobras, encontraba un encanto en sus gestos, en su incapacidad de comprender que podían no existir dobles intenciones. Le gustaban sus dramatismos extraños, sus tácticas complicadas.

―No entenderías -sonrió y se alejó, un poco triste por lo difícil de hacer realidad aquel cuadro.

Pansy bufó, exasperada, yéndose airada en sentido contrario.

Para aumentar su desconcierto, al día siguiente Ives escuchó a Pansy hablando de él con sus amigas… sin que ellas se dieran cuenta, llevándose una gran sorpresa.

Anotaciones de los chicos en sus diarios, de este día:

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