PAWNS: PEONES
Author: velvet
mace
Traducción:
arence
Rating:
PG-13, supongo
Pairing: Roy Mustang x Edward Elric,
Alphonse Elric x Winry Rockbell ((nooo))
Status:
4/36+1
Disclaimer: No me pertenecen ni Full Metal
Alchemist, ni este fic.
N/A: Si, soy mala. Soy
horrible. Y tengo a unos tipos MUY malos dirigiendo el ejercito.
Trato de que sean los malos inteligentes con un propósito más
grande, en lugar del mal egoista, estúpido e inefectivo. El
bien gana al final, pero el mal definitivamente tiene casi todas las
cartas antes de eso. ADVERTENCIA: Coerción y temas ásperos.
El cap. 5 se aligera un poco.
N/T: ¿Y el capítulo
anterior era malvado? jajaja, claro...
PAWNS: PEONES VAGÓN DEL
GANADO
Capítulo cuatro
El teniente Heyes apresuro a los nuevos reclutas en el tren. "Anden, anden, anden, ¡Muévanse y siéntense!" Vio los pantalones y la camisa amarilla de uno de ellos, y estiró la mano para jalarlo. "Tu, primera fila."
El alquimista. Demonios, como odiaba cuando le dejaban uno, nunca podías estar seguro si estaban totalmente desarmados. Quien sabe de lo que fueran capaces. Tal vez solo arreglar un florero roto, tal vez explotar un edificio al otro lado de la calle.
Este se veía inofensivo, con cara de bebé, inocente y afeminado, pero nunca se sabe. De hecho, Heyes estaba seguro de que este daría más problemas, por que sus superiores estaban muy complacidos con su reclutamiento. Al menos solo era uno esta vez.
El alquimista se sentó en la primera banca y pronto se le unió una tipa bonita y joven con largo cabello rubio y un vestido rosa asomándose debajo de su parka de invierno. Se acurrucaron juntos, rodeándose con los brazos.
Aw, pensó Heyes. El alquimista tiene novia. Que adorable. Se le quedaron viendo, ella con una mirada de desprecio claro, y el con un una calmada indiferencia de 'no puedes tocarme'.
El resto de los reclutas se sentó, llenando todo el carro. Cuarenta y dos reclutas frescos listos para el molino. Había de todo, desde adolescentes de narices mocosas hasta treintañeros de apariencia joven, hombres y mujeres mezclados en el mismo número. Heyes esperó hasta que todos se habían sentado antes de aplaudir para llamar su atención.
"Escuchen reclutas." La poca plática que había seso. "Me llamo Teniente Heyes, y estoy aquí para darles la bienvenida al Ejército. En este momento no son más que conscriptos. No sé sus nombres, no QUIERO saberlos. No me interesa. Cuando lleguen al centro de selección se GANARAN el derecho de volver a tener un nombre, pero por ahora, tan solo son carne."
"No estoy aquí para cuidarlos. No estoy aquí para sostener sus manos en la oscuridad. No me interesa si su tía tiene que ordeñar a la vaca en la mañana ó si su hermanita los esta esperando cuando vuelvan a casa. O si su esposa esta a punto de dar a luz. No me importa. Llenan mi cuota. Eso es todo lo que me interesa. Si me desagradan a mí o a mi gente de cualquier forma, les DISPARARÁN, y en la siguiente parada simplemente tomamos a alguien más de las calles para reemplazarlos.
"¿ENTENDIERON?"
Los reclutas lo miraban con los ojos muy abierto. Hubo unas respuestas aisladas, pero casi todos lucían simplemente asustados.
"Soy su DIOS en este viaje. Les diré cuando comer, cuando dormir. Si les digo que se van a mear por la ventana lo harán." La última línea no era una amenaza, una puerta se había atorado una vez y eso fue exactamente lo que los reclutas habían hecho. Fue divertido, sobre todo ver a las mujeres intentarlo.
Miró al alquimista y a su chica. "Y esto tampoco es un crucero del amor. Si se pasan de listos los meto en el vagón de equipaje. Pueden darle un espectáculo a quien sea de mi gente que lo quiera ver. Espero que acepten peticiones."
Se separaron bruscamente y pusieron las manos sobre sus piernas.
Heyes miró al alquimista. "Alguien allá arriba te ama, pero eso no te va a servir de nada. Si tan siquiera PARECE que vas a dibujar un círculo alquímico, le disparo a ELLA." Señaló a la chica con la barbilla.
Por primera vez esa mirada en blanco se descompuso, y pudo ver un asomo de miedo. Bien.
Miró a los reclutas y solo vio terror en cada uno de ellos. Apoyándose sobre sus talones asintió, satisfecho. Lo difícil ya estaba. Iba a ser un buen viaje.
REGRESANDO A CASA
Ed supo que había algo mal aun antes de llegar a Risembool. Había una nube ceniza sobre el pacífico paisaje. El tren había pasado por varias fábricas rápidamente construidas. Por su apariencia, habían sido hechas al menos parcialmente con alquimia, como si alguien no tuviera tiempo para construirlas apropiadamente.
La estación en si se veía menos concurrida que de costumbre. No había trenes en Risembool muy seguido, y cuando los había, al menos había ALGUIEN que quisiera subir o bajar. Pero cuando se paró sobre la polvos plataforma, estaba solo.
Ed se pasó su mochila de libros enfrente del
pecho, levantó su maleta y se dirigió a casa. No había
esperado que Al lo fuera a recoger. Al no sabría que iba a
venir. Casi podía oír la voz suave de Al reclamándole
por no hablarle para avisarle que vendría.
Aun así,
su corazón se sentía ligero. Quería compartir
sus hallazgos, y después de una cómoda conversación
y una buena comida, dormirse en su propia cama.
Ed dobló la cuadra de la calle donde vivía, y sintió su corazón hundirse en sus zapatos. Las ventanas del frente de la tienda estaban rotas. Se empezó a mover de nuevo cuando oyó una voz detrás de él.
"¡Edward!"
Ed se dio la vuelta. Reconoció a uno de sus vecinos. "¡Regresaste!"
"Si, pero, ¿Que pasa?"
"No se donde empezar... donde has ESTADO? Al dijo que no ibas a regresar.
Oh Dios, ¿Acaso Al malentendió las cosas? ¿Trató de seguir a Ed hacia el oeste? "¿Donde esta Al?" Preguntó Ed, apretando el hombro del hombre un poco más fuerte de lo que pretendía.
Su vecino se soltó y retrocedió unos cuantos pasos. "Se fue. Los militares vinieron por el hace como una semana."
Se le enrojecio el rostro de ira. MALDITOS militares. Denegar la renuncia de Ed era una cosa, pero usar a Al de rehén para que cooperara era.. era.. ¡Simplemente BAJO! Ed se le informó a su vecino lo que pensaba en términos poco claros. Cuando recuperó la compostura su vecino había huido y varias ventanas se cerraron a su alrededor.
Con obscuros pensamientos Ed hurgo en sus bolsillos buscando la llave y entró en su propia tienda. El frente estaba intacto, pero el cuarta trasero era un desastre. Arriba era aun peor, aunque había señales de alguien que había tratado de poner las cosas en su lugar. Ed tiró algunas cosas al piso de nuevo, buscando algo que imaginaba no iba a encontrar. Tal como esperaba, los libros que había copiado y sus viejas notas de investigación habían desaparecido, junto con cualquier tipo de correspondencia que tuviera. Maldita sea, la carta de Mustang donde aceptaba su renuncia tampoco estaba ahí.
Ed se tambaleo y sus rodillas golpearon su cama. Se sentó, cuando la gravedad de la situación por fin lo alcanzó.
No QUERÍA regresar al Ejercito ahora. De ninguna manera, no con un Ejercito que parecía haberse vuelto tan malvada. La lujuria de poder del Fuhrer no parecía afectada ni por su propia conciencia ni por la oposición externa. No quería ser parte de la ambición de un loco. O peor, podrían apegarse a su amenaza y mandarlo a prisión. Dios, no quería ir a la cárcel.
Pero tampoco podía dejar a Al sufrir en sus manos. Ay demonios, Al, lo hice de nuevo. ¿Por que siempre pagas el precio de mis errores? Nunca quise que sufrieras. Ed se tapó la cara con su mano metálica, sintiendo la dureza de sus dedos a través de su guante. Nunca seré perdonado por mis pecados, pensó. Fue una tontería pensar que podría tener una vida feliz.
Ed se recostó en la colcha, con la mirada en blanco sobre el techo vació. ¿Cuanto más tendré que pagar? ¿Cuando será equivalente? ¿Eh, Dios? Cuando dirás, he hecho suficiente. Dejemos al tipo descansar.
Sonó el teléfono. Su corazón arremetió con fuerza dentro de su pecho. Ya sabían que estaba ahí. ¿Cómo podrían saberlo? ¿Quién se los habría dicho?
Sonó el teléfono. Ed siguió viendo el techo. ¿Que diría? Cinco años en prisión era la amenaza de la carta. Cinco estúpidos años desperdiciados. Cinco horribles y aburridos años. Tendría casi 23 cuando saliera. ¿Que haría Al durante todo ese tiempo? ¿Lo dejarían recibir visitas? ¿Lo dejarían escribirle? ¿O al menos le preemitirían tener su automail? ¿O sería un invalido todo ese tiempo?
Sonó el teléfono. Pero que harían con Al si no lo hacía. El país era tan grande, ¿Como podía esperar encontrarlo sin que lo atraparan?
Sonó el teléfono, y Ed se estiró para descolgarlo. "Aquí estoy," Dijo apagadamente.
"Ed, gracias a Dios chico." Era Pinako. "Oí que habías regresado... entonces lo sabes."
"Si, regresé. Los pendejos se llevaron a Al. No puedo creerlo."
"Se llevaron más que eso, Ed," dijo Pinako. "También se llevaron a Winry, y a una docena más."
Sus ojos se agrandaron y se le atoró la voz en la garganta. "¿Solo por mi?"
"No, son los militares... Ed." La voz de Pinako se suavizó. "Nunca pensé pedirte esto. Siempre has sido un niño tan fuerte. Necesitas hacer algo con el Fuhrer. Alguien tiene que detenerlo, regresar la coherencia a este mundo."
"¿Me estas pidiendo que cometa traición?"
Hubo un jadeo. "No... no.. estoy mal. Olvida lo que dije. Ed, ven a la casa. Te he extrañado. Esta tan solo aquí sin Winry."
"No puedo," Dijo Ed después de un momento. "Es bueno oír tu voz, tía. Tienes razón. Tengo que hacer algo. Creo que sé lo que tengo que hacer. Tal vez pase algún tiempo antes de que podamos hablar de nuevo.". Y colgó antes de que pudiera protestar.
Podían tener su cuerpo, pero no podían contener su espíritu. Le podían quitar su automail, pero no le podían quitar su mente. Aun en la cárcel, tal vez habría algo que pudiera hacer para rectificar esta situación. Si se quedaba en la cárcel. Claro, traten de retenerlo. Se había escapado de lugares peores.
Tal vez incluso vería a Mustang ahí. Era un pensamiento curiosamente reconfortante. Y Al sería libre. Y Winry también. Si, regresaría, pero no sería de a gratis. Si lo querían no sería sin pelear, y mas les valía aceptaran SUS condiciones.
NEGOCIACIÓN
Los guardias metieron a Al en la oficina con un empujón no tan amable entre sus hombros. Trató de no tambalearse, deseando que pudiera usar sus manos para equilibrarse, pero estaban firmemente atadas, igual que sus piernas. Aunque su paciencia estaba a punto de acabarse y le ardía el estómago, mantenía su cara tranquila e inexpresiva. Miró rápidamente la habitación, notando las grandes ventanas cubiertas, la bandera en su larga hasta, la pluma puesta casualmente sobre el escritorio. Después sus ojos se posaron sobre los ojos grises y descoloridos del Teniente Coronel Avery Dunn.
"Elric, ¿Verdad?" Dijo Dunn. "El menor, el que solía usar una armadura. Te recuerdo."
Al recordaba miró al otro hombre, alto, ni delgado ni obeso, cabello café canoso, una apariencia muy común. "No lo recuerdo," Dijo simplemente.
"He subido de rango desde la última vez que me viste. Y admito que probablemente no destaco mucho."
"Sin embargo, tu si lo haces." Dunn puso un fólder grueso al centro del escritorio. Al vio su nombre en él. "De hecho, destacabas bastante. Solía preguntarme por que usabas la armadura. Después me encontré este archivo. Todo tiene sentido."
De repente, Dunn miró al guardia. "Puede irse. Espere afuera hasta que lo llame. Si oye cualquier tipo de percance entré."
El guardia se fue, y Dunn señaló con la barbilla la silla frente a su escritorio. "Siéntate." Con cuidado para no tropezar, Al llegó hasta la silla y se sentó. Mantenía su cara inexpresiva, pero se preguntaba que tramaba Dunn.
"Transmutación humana. Sabes la pena para eso."
"La muerte."
"Si. De hecho, hasta ahora era solo una amenaza. Nadie, nunca ha sido puesto en juicio por eso. El acto en si es su propio precio. En verdad, a veces lo que queda de los alquimistas debe ser sacrificado, pero eso es más piedad que castigo. Pero tu hermano y tu sobrevivieron... no solo una sino dos veces, y con sus mentes intactas, eso... no tiene precedentes. Y aquí estas. Ya no eres una armadura." Se acercó, mirando con atención las facciones de Al. "Así que es así como luces en realidad. Extraordinario." Al se movió incomodo bajo la atención.
"Esto representa algo como un acertijo para nosotros," Continuó Dunn. "¿Nos apegamos a la ley, o la hacemos a un lado. Personalmente creo que debemos ignorar leyes que no le sirven al Estado. ¿Que opinas?"
Al se sintió aliviado. Este tipo no lo quería muerto. "¿Que quieren? ¿Un rehén para asegurar la cooperación de mi hermano?"
"Bueno, debo admitir que eso haría mi vida más simple. ¿Crees que funcionaria? ¿Crees que te ame lo suficiente como para negociar por ti?"
Al estaba callado.
Dunn se rió. "No. Aunque eso sería un buen beneficio adicional, no es por eso por lo que estas aquí. Al... ¿Puedo llamarte así?"
"No puedo detenerlo."
"Al entonces, pasaste el examen escrito para Alquimista Nacional cuando tenías once años."
"¿Lo hice?"
"Ah si, con honores, lo hiciste aun mejor que tu hermano. También, eres parte igual de la transmutación humana que tu hermano."
"Pero yo no sobreviví."
"Eso es cuestionable. Y eras el compañero de tu hermano en la mayoría de sus misiones cuando estaba en el Ejercito. No oficial, pero compañero de todas formas. Tus habilidades de investigación están bien documentadas. Así como tu habilidad de pensar en una forma de salir de situaciones difíciles. Y usabas la alquimia tan bien ó aun mejor que la mayoría de los alquimistas. Como armadura."
Dunn movió la cabeza. "¿Que te hace pensar que el Ejercito solo estaría interesado en tu hermano? ¿Tanto te subestimas?"
Al dio un respiró cortado.
"Ya veo. De hecho, de los dos, tu tienes el mejor carácter. No es que rechazaría a Fullmetal si caminara por la puerta y se entregará. Pero yo no lo consideraría una gran perdida si se queda perdido en la nada."
"¿Que quieren?"
"Tu cooperación. Tu inteligencia. Tus habilidades. Puestas al servicio del Ejercito. Ya hay una tarea para cuando te asignen."
"¿Y que hay de mí?" Dijo Al. "Podría simplemente decidir no hacer investigación ó usar alquimia. No sirvo de mucho así."
"Bueno, no. Supongo que te podemos poner al frente como a cualquier otro. Te mandaremos a un campo de entrenamiento y te darán las dos semanas de iniciación. Te mostrarán como usar un arma y un cuchillo y te enseñarán el protocolo estándar. Te dirán lo más básico en combate y estrategia, nada que probablemente no supiera o pudieras haber descifrado por tu cuenta. Y después iras a pelear. Tal vez sobrevivirías el primer mes, de hecho, me atrevo a decir que tal vez destacarías ahí. Es posible que pudieras servir al Fuhrer de forma admirable en ese campo. Pero sería un completo desperdicio de tus habilidades. Una verdadera lástima."
"Yo decido si quiero desperdiciar mis habilidades." Dijo al en tono bajo. Miró la pluma puesta sobre el escritorio.
Dunn siguió su mirada pero no hizo nada. "Tal vez. O tal vez te ponga en prisión y la persona que mande al frente será otra." Sacó otro fólder y lo puso sobre el escritorio. Este era muy delgado, casi inexistente. Al vio el nombre "Rockbell, Winry."
No pudo evitar el ceño fruncido en su cara.
Dunn le ofreció una pequeña sonrisa. "La aprecias. Es una talentosa ingeniera de automail. Podría servir muy bien al Ejercito aquí en Cental. Hay un excelente hospital de rehabilitación a no más de seis cuadras de donde trabajarías. Imagino que podrían verse de vez en cuando, de acuerdo a sus horarios."
Al se negaba a dejarle ver algún signo de que sus palabras estaban funcionando, pero su mente no podía dejar de pensar en ver a Winry, aunque fuera solo unas horas por aquí ó allá. ¿Trabajar para el Ejercito sería tan diferente de trabajar en la tienda? Y con tanto hincapié en sus habilidades, no había duda de que el trabajo sería un reto de habilidad mental, cuando menos.
Dunn siguió. "O, tal vez le den esas dos semanas de entrenamiento y valla al frente. Tal vez sea una gran soldado. Esos brazos se ven fuertes, y he odio que es vigorosa también."
Le ardían los oídos. "Así que si acepto usar mis habilidades, la asignarán a un hospital cercano."
"Tenlo por seguro."
"¿Puedo confiar en eso?"
"Podrás confiar en tus propios ojos. Si aceptas esto, ese guardia puede quitarte tus ataduras y saldrás de aquí como cualquier otro voluntario."
"Muy bien," dijo Al con pesadumbre. "¿Y ahora que?"
Dunn le acercó otro papel. "Firmas estos papeles de enlistamiento por tu propia voluntad."
Lentamente, Al puso sus manos sobre el escritorio. Sus dedos encontraron la pluma que había estado ahí todo ese tiempo. Dunn lo miró y sus miradas se encontraron un momento, entendiendo el conflicto en la mente de Al.
Y Al firmo con su nombre sobre la línea.
N/T:
Wow, eso fue un tiempo decente, solo un día de retraso..
"¿Me estas pidiendo que cometa traición?" Este es totalmente literal. Si alguien sabe una forma mejor de traducir esto, los voy a besar.
Por cierto, no estoy segura de que la palabra "conscripto" exista, pero significa que te reclutan al ejercito en contra de tu voluntad.
Siete.. SIETE veces por PARRAFO me sale ese maldito mensaje de Word.. los conté! no puede hacerme esto! mazo gigante contra la pc
Si alguien sabe de donde puedo bajarme las listas de auto corrección de windows millenium de internet, igual los voy a besar, por que yo no las encuentro.
