Hola, hola, aquí Luna de Acero reportándose. Supongo que sigo hablándole a… nadie, pero bueno, cuando me comprometo con algo lo sigo hasta el final, de manera que aunque no tenga reviews, ni seguidores ni nada, voy a continuar con la historia. Así que bien por mi (se va a llorar un rincón). En la próxima entrega hay lemon. Espero sea de… ¿mi agrado? Aaah… en fin…
Disclaimer: Los personajes le pertenecen al sádico de Hajime Isayama, claro, si me pertenecieran a mí todo sería yaoi hard.
Advertencia: Es un relato yaoi, y la cosa empieza a ponerse muy complicada, de manera que si no eres mayor no leas, no me hago responsable de nada.
Capítulo 4: Alcohol que aviva infiernos
Estaba asqueado, se había lavado la boca al menos unas cinco veces y todavía podía sentir la saliva del mocoso deslizándose por su garganta. Realmente no podía soportarlo, no porque fuera Eren, que tenía su encanto, había que admitirlo, sino porque era un hombre, y peor que eso llevaba dentro de su cuerpo la sangre del demonio rubio que lo había torturado años atrás.
Si tanto lo detestaba, ¿cómo había logrado besarlo? Simple, la cerveza, si no se hubiera intoxicado un poco con la bebida, no habría podido siquiera aguantar media hora de charla con el idiota ese de ojos verdes. Tenía que admitir que no estaba con todas sus facultades lúcidas al momento en que lo atacó, de hecho era como si su cuerpo hubiera reaccionado por sí mismo. Como sea, iba por buen camino, el estúpido crío no sólo no lo había rechazado, sino que además le había correspondido. Justo al recordar eso, su lengua tibia, sus dedos apretando su nuca, tuvo que volver a ponerle crema dental a su cepillo de dientes para lavarse otra vez…
La realidad de Eren era completamente diferente. Apenas si había dormido unas tres o cuatro horas. Dejó a Levi en su departamento cerca de las dos de la madrugada y media hora después llego a su residencia, pero hasta las cinco o seis no pudo pegar un ojo. Había puesto a reproducir un par de temas de soft rock en su ipod de última generación, y se había quedado mirando el techo de su habitación como si estuviera bajo la influencia de una fuerte droga. Todos sus prejuicios, sus temores a qué podría decir su familia si se enteraban de sus andanzas, a la paliza que le daría Mikasa, a que lo señalarían en todas partes, todo eso… le importaba menos que un rábano… menos que una uña quebrada… menos que… nada. Estaba en blanco, simplemente en su mente se reproducían una y otra vez esos calientes roces, y realmente agradecía que hubieran estado prácticamente en la obscuridad de la noche, o Levi hubiera visto toda su cara bañada de un furioso carmesí. No recordaba haberse sentido tan tímido en toda su puta vida, jamás su corazón se había desbocado de esa manera.
Después de dormir un poco y desayunar solo, ya que sus padres estaban en sus actividades que jamás lo incluían, trató de pensar más en frío. Normalmente no desayunaba, pero se había despertado con un hambre de los mil demonios. Se terminó convenciendo que tal vez era morbo, sí, ese placer de hacer algo prohibido lo que lo había perturbado un poco. Era imposible que él se enamorara de otro hombre, absolutamente ridículo.
Debería estar estudiando como siempre, pero no podía concentrarse, de manera que puso cerrojo a la puerta de su cuarto, corrió las cortinas, puso algo de dark metal y tomó otro de los mangas que había comprado. El título citaba "Piercing Hole" (Agujero de Perforación), y sus manos temblaron cuando lo abrió y descubrió el primer dibujo. En alguna retorcida parte del universo, sentía que el destino estaba haciéndole una jodida broma. La figura de un hombre esbelto y blanco, de delicada y fina nuca, donde reposa un piercing curvo que terminaba en dos brillantes bolas de metal… el mismo, el calco, la réplica exacta del piercing de Levi. Se estremeció de pies a cabeza, y a medida que devoraba las páginas con sus ojos, su cuerpo se ponía más y más caliente, como un animal que entra en celo, adentro de él se encendió algo tan fuerte y arrasador que era imposible de controlar. Sus manos se movieron solas, atacaron su parte baja, casi como si pertenecieran a otro cuerpo, friccionando con vigor, apretando y acariciando sin cesar. Se dejó llevar mientras gemía incontrolablemente, al punto que tuvo que morder su almohada para que no vinieran del piso de abajo a preguntarle si se estaba muriendo atragantado con algo. Se vino, no una, sino que tres veces en menos de una hora, dejando su remera y su ropa interior viscosa y pegajosa. No era posible que se masturbara una vez más o terminaría por arrancarse su propia virilidad. Y aun así, con la saliva escurriéndose por una de las comisuras de sus labios, se sintió insatisfecho, se sintió vacío, y se dió cuenta que no era suficiente. Que quería más, que quería todo, que quería morder donde estaba ese jodido piercing, que quería lamer su tatuaje en toda su extensión, que deseaba a otro hombre, igual que él, como jamás había deseado a otra persona…
-: Buenos días, Eren – saludó Levi mientras bostezaba no muy disimuladamente.
-: Ho-hola, Levi – tragó duro, hasta pronunciar su nombre se le hacía difícil.
-: Te recomiendo que busques un café – dijo el más bajo con su rasposa voz – Hoy tenemos un jodido comienzo de semana, odio los lunes…
Eren hizo caso, después de dejar su bolso en su puesto se dirigió a la cafetería. Compró dos cafés, el de Levi sin azúcar y templado, odiaba las cosas calientes. Se sorprendió de que lo tratara igual que siempre, como si absolutamente nada hubiera pasado. ¿Era mejor, no? Sino sería incómodo tenerlo cerca toda la jornada. No, no era mejor, ahora mismo deseaba tocarlo, volver a ver ese piercing maldito que lo estaba volviendo loco, de solo pensar en eso sentía que su entrepierna empezaba a reaccionar. No, debía calmarse, no podría trabajar de otra manera, pensar en algo que bajara su líbido, como por ejemplo Mikasa con esa rara ropa interior verde fluo que se había puesto una vez.
La semana transcurrió más o menos tranquila, no notó ningún acercamiento extraño de parte del mayor, y aunque por un lado estaba aliviado de que así fuera, otra parte, muy adentro de él, estaba algo decepcionada.
Cuando al fin llegó el preciado viernes, Eren estaba fulminado, entre el trabajo, las horas de estudio, la asistencia a la universidad, tener que soportar el mal humor de Mikasa, las sesiones casi brutales de masturbación que tenía últimamente, todo lo tenía estresado a más no poder.
-: Oi, Eren, no tienes buen semblante, ¿estás bien? – Levi se le acercó mucho por primera vez desde el tema de los ardientes besos. El joven estaba sentado frente a la pantalla de su PC, y el mayor apoyó ambas palmas en sus hombros y comenzó a masajearlos con precisión y lentitud, Eren se quedó estático, el masaje de esos dedos lo estaban provocando demasiado. ¿Cómo era que un pequeño ser como Levi le provocara esos indecentes pensamientos a poco más del mediodía?
-: Relájate, Eren… - susurró sobre su oído mientras el masaje se extendía a sus omoplatos y luego regresaba hasta por debajo de su nuca, Levi era jodidamente bueno para eso. El muchacho no pudo evitar cerrar los ojos y ladear la cabeza hacia un costado disfrutando ampliamente del roce - ¿Está bien así? ¿No estoy siendo demasiado rudo?
La voz grave y ardiente del mayor se filtraba por sus oídos y le hacía perder la noción del tiempo y el espacio, ya poco le importaba si estaban en el trabajo, expuestos a las miradas indiscretas de los otros empleados. Eren se dejaba arrastrar de nuevo, como un muñeco, como una maldita marioneta que era manipulada por el de ojos afilados. Levi sonrió internamente, esto estaba saliendo más que bien. Cuando percibió un suspiro pesado por parte del joven, a la vez que se mordía el labio inferior, supo que era suficiente, un buen cazador siempre deja a la presa con ganas de más, para que la misma se acerque por sí sola a la trampa.
-: Bien, creo que con esto se relajarán tus músculos, estás muy…tenso, Eren… - el joven disfrutaba en demasía la forma inmoral en que Levi pronunciaba su nombre, con tanto… deseo.
El mayor se apartó abruptamente haciendo que Eren volviera de su viaje interestelar a la tierra de la contabilidad y los papeles. El joven carraspeó un poco para recobrar la compostura y por fin habló:
-: Gracias, Levi, eso estuvo… muy bien…
-: Ahora ayúdame con estas carpetas – dijo dejando tres pesadas cargas sobre el escritorio del menor, sabía que iba a tener que quedarse a hacer horas extras de nuevo. Pero de solo saber que el mayor iba a estar acompañándolo, ya no le parecía tan malo.
-: Bien, lo haré.
-: Te lo digo, amor, se están aprovechando de ti – le reclamó Mikasa de nuevo, mientras el joven suspiraba sonoramente por décima vez.
-: Es trabajo, Mika, es simple, es lo que yo elegí, demostrar que tengo la capacidad para mantenerme por mis medios, creo que ya hablamos sobre esto y tú estuviste de acuerdo.
-: Sí, amor, pero tu trabajo está interfiriendo en nuestro tiempo libre y eso no me gusta en absoluto, ya ni me acuerdo cuando fue la última vez que hicimos el amor... – dijo haciendo un puchero.
-: Fue el pasado miércoles Mikasa, ¿y qué pasa que andas tan obsesionada con hacerlo a cada momento? Es sólo hasta que pueda pulir mis habilidades y ponernos al día en la sección, dijiste que ibas a apoyarme, ¿ya lo olvidaste?
-: No, pero se supone que era para que tu padre te diera el lugar que mereces, ya hace tres meses que estás en ese trabajo de mierda y no ha pasado nada aún, por eso pienso que deberías dejarlo.
-: ¿Qué? De ninguna manera, yo di mi palabra, si dimito ahora le estaré dando la razón a mi padre, que soy un inútil mantenido que no puede resistir el ritmo de un trabajo normal. No, no lo haré.
Levi arremetió de nuevo contra el cuerpo de Annie, esa chica sí que tenía resistencia, y además después de sus fogosos encuentros se iba a su casa sin réplicas, hasta ahora había sido una de las mejores amantes que podría haber tenido.
Deslizaba su lengua por su cuello, mientras volvía a fundirse en su cuerpo, era placentero no lo iba a negar, pero no podía evitar que cuando se acercaba a la boca de la rubia se le vinieran a la cabeza decenas de imágenes con el mocoso resoplando excitado sobre su boca. Tuvo que apelar a toda su voluntad para lograr mantenerse erecto, en verdad que este crío le estaba afectando el coco.
Luego de darle placer tras placer a la blonda, pudo lograr encontrar la cúspide del clímax, sin que se le fuera de la mente las imágenes del joven y sus asquerosos besos. Definitivamente tenía que reanudar la terapia… No, sólo después de vengarse, se dijo.
Mientras el hombre reposaba al lado de la joven y fumaba con deleite un cigarro, ella habló.
-: ¿Qué pasa, Levi?, estás algo distraído hoy – dijo la rubia.
-: Nada en particular, tuve una semana complicada… Oi, ¿tú vas a la universidad K, cierto?
-: Sí, así es, ¿por qué?
-: ¿Estudias leyes, no? ¿Puede ser que tengas de compañera a una chica de nombre Mikasa?
-: Sí, pero no nos llevamos demasiado bien, es una engreída pedante, que se cree la gran cosa porque sale con un estúpido muchacho de mucho dinero.
-: ¿Qué sabes de ella?
-: Mmm, dejame ver, bueno, es muy buena en deportes, es cinturón negro de karate, creo, tiene buenas calificaciones, cuerpo torneado y hermoso, pero se cree más de lo que es, ¿por qué lo preguntas? ¿Qué es lo que te interesa de esa pelinegra insulsa?
-: Me parece interesante, por lo visto no te cae muy bien.
-: Sí, es verdad, la aborrezco.
-: Pues dicen que lo que más aborrecemos se puede volver lo contrario en un abrir y cerrar de ojos.
-: ¿Insinúas que ella me gusta o algo así?
-: No lo sé, Annie – dijo apagando el cigarro y apretándola contra su cuerpo para susurrar en su oreja, Annie se sintió confundida, era muy extraño que Levi quisiera tener algún tipo de contacto físico después de que ya habían tenido sexo – Pero… tú me dijiste una vez que podrías seducir hasta una piedra fosilizada, ¿no es así?
-: ¿Qué es lo que quieres, Levi?
-: Quiero proponerte un trato, querida Annie – deslizó los pálidos dedos entre las sedosas hebras de color rubio y la joven soltó un diminuto gemido. El hombre sabía exactamente donde tocarla para provocarla por completo, incluso una caricia tan simple hacía estragos en su cuerpo - ¿estás necesitando un par de dólares, no? Y yo quiero saber… que tantas habilidades tienes…
Los celestes ojos de la rubia brillaron con codicia, Levi lo sabía, su punto débil… el dinero y el placer que sólo él le causaba conociendo cada centímetro de esa anatomía musculosa.
Eren miraba cada cinco minutos la pantalla de su celular, era sábado por la noche, y él todavía no se había contactado. ¿Por qué? ¿Tal vez debería resignarse a que nada había sucedido? Se mordía la uña del dedo gordo mientras miraba videos de música en youtube… A las 21 pm, ya no resistiendo más decidió mandar un mensaje:
"Hey, Levi… ¿Qué cuentas?"
Se sintió el más estúpido del planeta, y durante los 30 minutos siguientes quiso que se lo tragara la tierra, se estaba comportando como un adolescente estúpido. Pero su corazón se disparó en su pecho cuando recibió la respuesta.
"En casa, limpiando" – fue todo lo que obtuvo de Levi. Y continuó:
"¿Quieres que te ayude? Ja, ja, ja."
"Ya estoy terminando, luego iré por unas cervezas a Memorial"
Eren se quedó estático ante esa respuesta, ¿qué debería hacer? Tenía tantas ganas de verlo.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un mensaje de Mikasa:
"Hola amor, ¿noche de películas? Tengo unas muy interesantes…"
No tuvo ni que pensar mientras respondía:
"Lo siento, Mika, hoy no me siento muy bien del estómago, prefiero dormir"
Y la respuesta no se hizo esperar:
"Te voy a acompañar, tengo unas pastillas para aliviar el dolor…"
"No, gracias, en este momento ya estoy en pijama y acostado, nos vemos mañana ¿quieres? Podemos almorzar juntos, no va a haber nadie en casa, como siempre…"
"Realmente quería verte ahora abejita, además tengo muchas ganas de hacer el amor contigo…"
Eren rodó los ojos hastiado.
"No me siento bien, Mikasa, ¿lo puedes entender?
"Disculpa por querer ver a mi novio todo el tiempo, últimamente parece que la única que extraña pasar tiempo juntos soy yo…"
Eren suspiró pesado, ella tenía razón, pero no quería herirla, es decir, no se lo merecía. Era una novia excelente, o al menos eso es lo que la mayoría de los novios esperarían, pero no él… porque… ella… Ella no era Levi. Se quedó estático al descubrir esa verdad. Su teléfono empezó a sonar y atendió por inercia, listo para escuchar los chillidos de la chica.
-: Ya Mika, te dije que no me siento bien, ¿Cuántas veces tengo que-
-: ¿Eren? – La grave y carrasposa voz del otro lado lo dejó de piedra - ¿Estás enfermo o algo?
-: Oh, Le-levi, amm, no, yo no, emm… no, no tengo… es decir, me dolía un poco la cabeza pero ya me tomé una pastilla y eh… eh…
-: Estoy yendo a Memorial, ¿vienes?
-: ¡Sí! – se maldijo de inmediato por sonar tan patéticamente necesitado – Es decir, me doy una ducha y voy.
-: Te espero – y cortó.
"Siempre tan amable", se dijo el muchacho mientras no podía borrar la sonrisa que tenía en su cara. Se olvidó por completo de responderle a su novia y comenzó a buscar las mejores prendas que tenía para salir. En menos de 20 minutos estaba entrando al bar. Se había puesto su perfume favorito, y estaba extrañamente nervioso.
Lo encontró como la última vez, sentado en una mesa en una esquina, fumando tranquilamente. Y nuevamente quedó deslumbrado con su aspecto, esta vez una remera blanca que se pegaba casi indecentemente a su escultural figura, ¿de dónde tenía Levi tantos músculos?, la chaqueta de cuero, un collar de tiento negro que daba más la impresión de una delicada soga alrededor de ese inmaculado cuello, un par de pantalones de algo así como cuero muy obscuros y las botas cortas de la otra vez hiper lustradas. Se acercó tratando de mostrarse natural.
-: Hola – le dijo el muchacho amablemente, Levi ni siquiera se molestó en contestar, sólo chocó el puño con él como la otra vez. Eren se sentó y Levi le pidió una bebida.
Eren no lo sabía, pero el de menor estatura ya se había tomado tres porrones, necesitaba que el alcohol lo inundara, que le diera todo el coraje y la calentura posible para enfrentar la situación, de sólo ver los ojos llenos de ansiedad del muchachito sentía que se le revolvía el estómago.
Leví acercó su silla a la de Eren, quien tuvo un pre infarto ante ese movimiento, luego apagó la colilla del cigarro, apoyó la cabeza en el hombro del más joven y le dijo con voz lastimera:
-: Me acaban de rechazar… Consuélame, Eren…
-: ¿R-re-rechazar? ¿Qu-quién?
Levi se alejó y lo miró con fastidio.
-: ¿De pronto te volviste tartamudo o qué? – Suspiró fuerte y procedió a prender otro cigarrillo – Pues mi última amante, la muy estúpida quería una relación seria… ¿qué mierda les pasa?
Eren se quedó callado, ¿dijo "estúpida"?, oh, así que Levi tenía una amante mujer. ¿Por qué lo había besado la otra vez? Entonces creó entender, tal vez Levi sólo estaba borracho en ese momento, tal vez ni siquiera recordaba lo que había pasado entre ellos, ¿podría ser? Le dolió el pecho ante sus conclusiones, ¿se había ilusionado en vano? O tal vez… ¿Levi era bisexual? Es decir, él tampoco podía juzgarlo, después de todo había aceptado que le atraía… un poco. ¿Y ahora qué? ¿Él era una especie de premio consuelo, acaso? No importaba desde que ángulo lo analizara, todo era malo.
-: ¿Por qué te quedas callado? – le preguntó Levi mientras se sacaba la campera, y todos los pensamientos de Eren se fueron a la mierda cuando vio el piercing brillando victorioso.
-: ¿Qué se supone que tengo que hacer para consolarte? ¿Frotar tu cabeza y decirte "ya pasará"?
-: Estás muy agresivo, Eren… No, no espero que hagas nada como eso. Sólo bebe conmigo.
El joven empezaba a molestarse, a pesar de que tener a Levi a su lado le generaba cierta satisfacción, no podía imaginárselo con otra mujer, u otro hombre, él quería la atención completa de ese hombre, no solo míseras migajas.
-: Consíguete otro amante y ya… - le largó de una el chico.
-: Será difícil, ella era taaaan complaciente… - la voz de Levi era hipnótica, pero cada palabra estaba destrozándolo, como si lo apuñalara una y otra vez – Era tan flexible, podía hacer hasta las cosas más pervertidas que le pidieras…
-: Si tanto te gusta sólo accede a que sea tu maldita novia y ya – Eren estaba teniendo muy poco autocontrol, tan poco que se bajó la mitad de su vaso de un solo trago. Levi lo miraba de reojo, tenía tantas ganas de reírsele en la cara, verlo sufrir de celos era de lo más gracioso para él. El de ojos azules estaba confiado, de que lo tenía en la palma de la mano, de que podía dominarlo a su antojo, que podía llevarlo de la nariz hacia el lado que se le diera la gana.
-: Ya te lo dije, no soy de los que se enamoran, una novia simplemente es un fastidio. Tú tienes una, y perdona que me meta, pero no se te ve para nada a gusto.
Eren se sonrojó al máximo y miró con ira al de blanca piel.
-: ¿Qué mierda sabes tú?
-: Realmente, no sé casi nada, pero mentirle diciéndole que te dolía algo para evitar verla y venir a esta pocilga a beber con un simple compañero de trabajo, no es precisamente la imagen de una pareja feliz, ¿no crees?
-: ¿Para qué me llamaste, Levi? ¿Para burlarte de mí?
Levi echó a reírse con ganas y el joven quedó desconcertado.
-: Te lo dije, cachorro – dijo casi arrastrando las palabras – a veces puedo ser un total desgraciado, el que avisa no traiciona. Olvidemos esta fastidiosa charla, ¿quieres? Hablemos de algo más estimulante y sigamos bebiendo, aunque a ti se te terminó la cerveza.
Eren fue el que levantó la mano esta vez para llamar al mozo, y con señas de sus manos le dio a entender que querían otra ronda. Levi ya empezaba a sentir como su cuerpo se iba poniendo más y más blando, el alcohol, cuando abusaba, hacía que se pusiera muy cachondo, y aunque no fuera una mujer el que lo acompañaba, empezaba a sentir que podría lidiar con eso. Bendito alcohol… o tal vez maldito.
-: ¿De qué quieres hablar? – escupió el joven después de un rato y cuando sus vasos estaban llenos de nuevo.
-: Eren… ¿te caigo bien? ¿Disfrutas estar en mi compañía?
De pronto Levi estaba cambiando completamente la situación, aprovechándose de su posición.
-: La paso… bien… - fue todo lo que admitió el muchacho corriendo la vista.
-: Eres muy atractivo, debes tener miles de hermosas mujeres para elegir – ese elogio lo tomó desprevenido y miró a Levi con duda – Pero estás atascado aquí con este viejo retorcido que no puede mantener una relación normal… ¿Es acaso una ironía? Sabes, a veces, no quisiera tener… esperanzas…
-: ¿A-a que te re-refieres? – y ahí estaba de nuevo ese tartamudeo que lo delataba.
-: No soy muy bueno con las palabras… pero sí con las acciones – Levi disimuladamente colocó su mano más cercana sobre el muslo del más joven, apretando ligeramente y hundiendo sus falanges en la pierna. A Eren se le aceleró el pulso, pero no se movió, ni lo detuvo. El más bajo se empinaba el vaso con la mano libre y seguía acariciando cada vez con mayor presión el muslo. Acercó apenas su cabeza para susurrar - ¿Por qué no me detienes, Eren? ¿No deberías decir que esto es asqueroso y empujarme para huir de aquí? – el joven no contestaba, solo bajó un poco la cabeza y el cabello salvaje de su flequillo le cubrió un poco los ojos – No me des esperanzas, Eren… o no me detendré.
El joven agarró la pálida muñeca del más bajo y alejando la mano, le contestó con voz grave.
-: Levi… vamos a dar una vuelta en mi auto.
Pidieron la cuenta y esta vez Eren pagó, Levi levantó su campera y la cargó sobre su hombro de manera cool. Caminó delante del muchachito, sabía que le estaría mirando la nuca todo el trayecto, esto era tan fácil que hasta se volvía un poco aburrido.
Subieron al Peugeot, Eren estaba bastante serio y el ojiazul se preguntó vagamente qué estaría pensando el crío en esos momentos. Esta vez tomó una ruta diferente, Levi se daba cuenta que estaba algo alegre por tanto alcohol que había bebido, pero todavía podía controlarse. Empezó a tocar el estero del auto para elegir canciones a su gusto.
-: Oye, tienes una selección muy interesante aquí – pero Eren parecía no escucharlo.
-: Voy a detenerme para comprar cerveza, ¿quieres que te compre algo?
-: Una caja de cigarrillos – dijo Levi mostrándole la caja casi vacía.
-: De acuerdo.
Eren estacionó, descendió y se demoró un poco. Mientras el hombre bajito pensaba qué haría esa noche, con seguridad un par de besos, y sin dudas tendría que tocarlo. Es decir, tocar le miembro de otro hombre. Sintió que se le erizaba un poco la piel, y no como una sensación agradable, más bien todo lo contrario. Sin dudas tendría que beber más… muchísimo más. Estaba tan confiado y pagado de sí mismo, pensando que Eren haría cualquier cosa que le pidiera, que lo manejaría a su antojo, que no supo ver a tiempo la bestia que había despertado en el joven.
Luego de la compra y mientras Levi seguía bebiendo y fumando (a sabiendas que Eren odiaba que su precioso auto quedara impregnado a tabaco), trató de conversar un poco con el joven, que solo respondía con evasivas o monosílabos.
-: ¿Estás molesto, Eren? – le preguntó divertido, mientras una sonrisa de burla se instalaba en su rostro de facciones delicadas.
-: Tal vez… un poco…
-: Oh – dijo como si estuviera sorprendido - ¿Y se puede saber por qué?
Eren no le respondió, pero estaba cabreado, ese maldito hombre estaba jugando con él, sabía los efectos que causaba en su persona, y aun así le embarraba en la cara que tenía una amante flexible y pervertida, y que ahora que la había perdido quería que lo consolara. Pues muy bien, iba a consolarlo si eso era lo que tanto buscaba.
Llegaron al descampado, Eren salió del auto cerrando con un portazo que casi hizo que Levi se arrojara la cerveza encima.
-: ¿Pero qué mierda? – Se dijo, cuando de improviso el otro le abrió la puerta del acompañante y lo jaló con brusquedad de la muñeca sacándolo para afuera - ¡Oi! – se quejó el más bajo al sentir los dedos calientes del de ojos verdes sujetarlo con excesiva fuerza y arrastrarlo para estampar su espalda contra el auto. No le dio tiempo ni de replicar cuando lo tuvo encima besándolo con una fiereza descomunal, lo había agarrado con la guardia muy baja, la lata cayó de sus manos y trató de empujarlo, ese Eren que estaba ahí no era ni remotamente similar al que él conocía, ese era… una bestia salvaje. Trató de golpearlo, pero el alcohol lo había debilitado un poco y no podía coordinar demasiado bien. El joven no solo era más alto, también tenía una gran cantidad de fuerza y ya le había capturado ambas manos, mientras a duras penas le dejaba un poco de espacio para respirar - ¡Oi, mal-mmhm, maldito! ¡Det-mmhmhmm, deten-memmamm, detente! ¡Aamm, mmhhgmm, E-mmamm, Eren!
Los dos respiraban agitados y el joven le dedicó una mirada enojada.
-: ¿Acaso no dijiste que querías que te consolara? ¿No fuiste tú el que me provocó en primer lugar? Tocándome con tanta libertad, ¿qué esperabas, Levi? ¿Qué te trajera a contemplar las estrellas? ¡Hazte responsable de tus actos! ¡Tú fuiste el que subió al auto! ¡Tú querías esto!
-: Tran-tranquilízate, mocoso de mierda – le dijo Levi bajando un poco la voz para lograr hacer entrar en razón a ese muchacho desbocado – No puedes atacar a alguien de esta manera…
Eren lo apretó con cuerpo y le habló al oído:
-: Levi… No te resistas… no hay casas a menos de cuatro o cinco kilómetros a la redonda… por más que grites, por más que supliques… no me detendré…
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