No podía dejar de pensar en las palabras de aquella chica de ojos celestes. ¿Acaso él era tan predecible? ¿Era fácil deducir sus problemas? Jamás nadie le había dicho algo como aquello y era sorprendente que haya podido acertar sin conocerlo. Quizás era demasiado predecible pero no es que eso le importe mucho, no cambiaría su forma de ser porque alguien le haya dicho. Ahora que lo pensaba también esa chica había logrado que deje a la Princesa Flama de lado para poder pensar en lo que dijo ella. A decir verdad era atractiva pero su personalidad no era la mejor, aunque sabría que ella no sería la que termine siendo "alguien" en su vida. Simplemente esa chica era alguien que se había encontrado por casualidad, si, definitivamente era eso.
Hoy, por primera vez, iba a salir de su casa para salir a tomar aire fresco e ir a buscar un trabajo para dejar de pensar en la Princesa, aunque tampoco le vendría mal un poco de dinero para comprar nuevos muebles. Si, aún conservaba los muebles que rompió cuando se enteró que Flama y Canela tenían "algo".
Iba por la calle cuando algo le llamó la atención, un cártel que decía que necesitaban un dependiente y debajo la dirección de una tienda. La anotó en su celular y se dirigió a aquella tienda del cártel. Al llegar lo primero que notó fue un pequeño escaparate color anaranjado y un poco sucio, le recordaba a las tiendas de su viejo pueblo donde solía ir a comprar el pan para sus abuelos. Jamás iba a olvidar la pequeña casa que su abuelo había construido cuando se comprometió con su abuela.
Al entrar en la tienda divisó a un joven de cabello rosado del otro lado del mostrador, parecía aburrido ya que la tienda estaba desierta. Parecía de su edad pero algo le decía que el chico era un poco mayor que él. Dio unos cuantos pasos y llegó al mostrador, carraspeó su garganta y llamó la atención del chico.
-¿Puedo ayudarte en algo?-dijo dándole una sonrisa
-Vine por el puesto de dependiente-dijo Finn mientras observaba la tienda.
-¡Oh! Ven, te llevaré al despacho de Simon.- dijo el pelirosado mientras le señalaba una puerta.
Sin pensarlo dos veces se dirigió a la puerta y la abrió, cuando la abrió pudo ver a un señor viejo que estaba sentado en una silla giratoria.
-Simon, ha venido alguien por el puesto de dependiente-dijo el chico mientras se retiraba por la puerta.
-Dime,¿Tienes experiencia?-Dijo el señor
-No.
-¿Para qué quieres el trabajo?-dijo el señor examinándolo
-Necesito hacer algo productivo con mi vida y no me vendría mal el dinero-dijo el rubio mientras esperaba pacientemente.
Luego de la charla con el señor Simon, pudo obtener su preciado trabajo como dependiente.
Había conocido a Gumball, un chico de cabellos rosados, de 20 años, su mejor amiga e interés era Fionna y era friendzoneado. Él fue quien le regaló su pote de helado y le preguntó si era de su bando o pateaba para el otro. Era obvio que el no era de su bando, tuvo un amor fallido pero no era friendzoneado.
Hoy estaba decidido a salir a explorar el mundo en el que vivía, saldría a caminar con Jake e iría a comer helado porque un pote de un kilo de helado jamás llenarían todas sus penas en el amor.
Hoy sería un día que es de suma importancia ya que dejaría de vivir como fantasma en la sociedad. Trataría de olvidar a la Princesa Flama. Hoy sería un día realmente largo.
Se fue directamente al parque donde iba a quedar con Jake y estuvo esperando un total de media hora. Aunque era paciente no le gustaba esperar, sabía que Jake tendría que darle explicaciones a su familia de a donde iría y explicarles que no los podría llevar.
Hoy él reclamaría su titulo de mejor amigo, siendo como su psicólogo, hermano mayor y consejero. Era una de sus mejores cualidades dar buenos consejos aunque no fueran tan bien ejecutados como aquella vez que le recomendó que cuando besé a la Princesa Flama primero le tire agua en sus labios. Mala idea, Finn terminó con el dedo chamuscado y la Princesa enojada. Era bastante obvio que él odiaba a la princesa pero pretendía aceptarla porque Finn era su mejor amigo.
Con la salida de hermanos que tuvieron, pudieron volver aun más unidos de lo que eran y pudieron ponerse al día. Finn le contó sobre su nuevo trabajo, sobre la chica misteriosa y que tendría que comprar muebles nuevos. Jake por su parte seguía cumpliendo el papel de padre. Se encontraba muy orgulloso de sus hijos pero crecían demasiado rápido.
Luego de la medianoche pudieron despedirse para poder dormir. Hoy no había pensado en la Princesa Flama en todo el dia y eso le había sacado una sonrisa de oreja a oreja. Ya no sería una larga noche porque hoy realmente sentía que podría dormir en su cama. Hoy definitivamente fue un gran día.
