Hola a todos,

Me disculpo por haber tardado tanto en publicar un nuevo capitulo pero he estado un poco liada. De verdad lo siento, no se cuando será el siguiente pero intentaré que sea cuanto antes.

Espero que la espera haya valido la pena.

¿Como nadie había pensado en el pequeño Olaf? Pero por suerte Maikel había llegado justo a tiempo, justo antes de que todo el plan saliera a la luz, no obstante pequeñas chispas habían brillado en los ojos de Anna, y no iban a ser fáciles de extinguir.

-¿Se puede saber que hace este muñeco de nieve aquí? -preguntó Maikel más nervioso que enfadado.

-Eso no es asunto tuyo, fuera de mi habitación ahora mismo -dijo Anna enfadada por la intromisión del príncipe.

-Lo siento pero el doctor dijo que debías de guardar reposo -explicó Maikel sujetando a Anna y llevándola a la cama de nuevo.

-¡Suéltame! -gritó Anna apartando a Maikel de un manotazo. Fue junto con Olaf y se arrodilló a su lado -Vamos Olaf sigue contando, ¿Qué pasó luego?

-Luego cuando los guardias la tenían sujeta tú... -Maikel tapo la boca de Olaf para impedirle continuar hablando, Anna quiso ponerse en pie para ayudarlo y separar a Maikel de él, pero cuando miro al falso príncipe de nuevo su cuerpo no respondió a sus ordenes. Sus piernas se movieron por voluntad propia hasta posicionarse frente a Maikel, sintió una mano rodear su cintura y vio como él se inclinaba hasta que sus labios conectaron, después todo se volvió negro para. Maikel sujeto a la princesa inconsciente sin saber que hacer, si Hans se enteraba de lo que había pasado se iba a meter en un buen problema, no obstante no había sido su culpa, Hans tampoco había pensado en que Olaf podía arruinar todos los planes, aunque al menos ahora tenía la situación más o menos bajo control. Dejo libre al muñeco de nieve para poder sujetar bien a Anna y llevarla hasta la cama, no despertaría en unas horas y eso le daba tiempo para encargarse del no tan pequeño problema que se había presentado.

A Olaf le estaba costando entender toda la situación, primero veía a Anna despreciar a Elsa, condenarla a muerte, luego Anna le aseguraba que ella ama a su hermana y que nunca haría algo así, que no recuerda lo que había pasado esa triste noche y los últimos acontecimientos y finalmente la última acción de su mejor amiga, desconcertante sin duda, pero esa última acción basto para que todas las piezas encajaran. No sabía como, no entendía bien el por qué, pero Maikel estaba controlando a Anna y costara lo que costara lo iba a detener.

Justo cuando Maikel dejo a Anna recostada en su cama sintió unos pequeños brazos golpear sus piernas.

-¿Por qué estás haciendo esto? -preguntó Olaf aun golpeando a Maikel, este intentó controlar al muñeco de nieve pero sus poderes no tuvieron efecto en él, probablemente porque Olaf no era humano. Al ver que no iba a poder detenerlo de ese modo optó por inmovilizar las pequeñas ramas que tenía como brazos.

-Cálmate y todo saldrá bien -advirtió.

-Ahora mismo le voy a contar a Elsa lo que estas haciendo, le voy a decir que estas manipulando a Anna y ella va a terminar con tus planes, vas a desear no haber venido nunca a Arendel -dijo realmente enfadado.

-Nadie me va a detener, créeme tengo mis motivos y cuando quiero conseguir algo lo hago, sin importar a quien me tenga que llevar por delante -aclaró Maikel levantando a Olaf del suelo, salió de la habitación y puso rumbo al despacho de Elsa, allí estaría Hans y él sabría que debían hacer.

Maikel estaba a punto de tocar la puerta del estudio cuando escucho a Hans y Frack hablando y decidió esperar para ver que decían.

-¿Has visto la cara que ha puesto cuando me ha visto? -preguntó Hans entre carcajadas.

-Sí, aunque haya intentado ocultarlo esta muerta de miedo, es patética -afirmó Franck bebiendo de su copa de vino.

-Muy patética, aunque es una pena no poder disfrutar un poco de ella.

-Yo que tu no lo intentaría, quizá te la congela y eso no sería muy agradable – dijo Franck tapando dicha zona con sus manos.

-Cierto amigo mio, por eso quiero que su vida llegue a su fin, un monstruo como ella no merece vivir, en realidad también me gustaría prolongar más su agonía pero no quiero arriesgarme. ¿Qué tienes pensado para mañana?

-Fuego -contestó con una sonrisa torcida.

-Excelente -sonrió Hans disfrutando del vino real.

Como despreciaba Maikel a esos dos sujetos, pero más se despreciaba a él por ayudarlos, aunque no tenía otra opción, Hans y Franck tenían bien controlada la situación, si no hacía lo que ellos querían su hermana sufriría las consecuencias y desde luego su hermana iba muy por delante que la reina y la princesa de Arendel.

Olaf al escuchar lo que decían esos dos hombres se alarmó y comenzó a forcejear para soltarse del agarre de Maikel, pero lo único que consiguió fue que una de sus patitas cayera al suelo. Maikel aun sujetando a Olaf se arrodillo y puso de nuevo la nieve en el lugar que correspondía, suspiró hondo y toco la puerta, al instante escucho la voz de Hans dándole paso para entrar.

Cuando Hans vio a Olaf en brazos de Maikel no entendía absolutamente nada, se levanto de la silla en la que estaba sentado y se acercó a ellos.

-¿Sé puede saber que es esto? -dijo señalando a Olaf.

-Verá señor he encontrado a este muñeco de nieve contándole a Anna todo lo que ella no debe recordar -explicó Maikel con cautela. Hans ladeo la cabeza y miro de nuevo a Olaf.

-Esto es una de las abominaciones de Elsa, ¿verdad? -Olaf al escuchar la palabra "abominación" sintió su enfado crecer, mordió la mano que tapaba su boca y de ese modo pudo hablar.

-No soy ninguna abominación, soy el hijo de Elsa y no voy a dejar que le sigáis haciendo daño -Hans y Franck se miraron dos segundos antes de estallar en carcajadas.

-¿Y que piensas hacer? -se burlo Franck.

-Voy a conseguir liberarla y luego todos vais a pagar lo que habéis echo.

-Permiteme que lo dude -dijo Hans, miro a Maikel y preguntó -¿Qué sabe Anna?

-No estoy muy seguro, pero más de la cuenta, he llegado antes de que le contara los detalles pero tiene una idea general de lo que ha pasado.

-Maldición -susurró Hans para si mismo, este era un gran problema, sabía lo persistente que Anna podía ser y sin duda eso iba a ser un autentico quebradero de cabeza -¿Está dormida? -preguntó.

-Sí señor, en cuento he entrado en la habitación de ella y he visto lo que sucedía la he dejado inconsciente para que decida que debemos hacer.

-Buen trabajo -Hans camino de un lado al otro de la habitación ¿qué podía hacer para evitar que la princesa montara un escándalo antes de la ejecución? -Quiero que la mantengas dormida hasta pasado mañana, el día de la ejecución en cuanto se despierte quiero que controles todos y cada uno de sus movimientos hasta que la ejecución llegue a su fin, después yo me encargaré de ella.

-Como usted diga señor, ¿Qué hago con él? -preguntó señalando a Olaf.

-Llévalo a las mazmorras, eso sí, que este lo más alejado de Elsa, no quiero que le diga nada, quiero que Elsa muera creyendo que su querida hermana la odia.

-Sí señor.

No había más que decir de modo que Maikel salió del estudio y llevó a Olaf a la celda más alejada de la reina.

Mientras tanto, y como segundo día consecutivo, Greda bajo a las mazmorras para alimentar y atender las lesiones de la reina. Al verla de nuevo su corazón se encogió, esta vez estaba tumbada de lado, abrazada a si misma, el estado de su cuerpo era mucho peor que el día anterior, los cortes, contusiones y rastros de sangre adornaban cada centímetro de su cuerpo, creando una imagen demasiado macara para ser real, pero desgraciadamente era cierta.

-¿Mi reina? -preguntó con la voz quebrada, aterrorizada por que Elsa no respirara. Ese terror incremento al no recibir respuesta, ni un suspiro, ni un movimiento... nada -¿Elsa? -dijo acercándose, pero aun no recibió ningún tipo de respuesta, cuando estuvo junto a ella se arrodillo y apartó unos mechones sucios de su cara, vio que tenía los ojos abiertos y la mirada perdida en algún punto de la celda -Elsa... -volvió a decir con la voz temblorosa, rezando por conseguir una reacción esta vez.

-Greda... -contestó en un tono de voz que el ama de llaves nunca antes había escuchado. Una mezcla de dolor y la ira más pura.

-¿Esta bien? -preguntó acariciando si hombro.

-Tienes que sacar a Anna del castillo -dijo del mismo modo.

-¿Qué? -preguntó Greda confundida por la repentina orden de su reina.

-Que saques a Anna del castillo.

-¿Por qué?

-Porque Hans está aquí y va a hacer daño a Anna.

-Elsa... -suspiro Greda -Hans no esta en el castillo, lo habrá soñado o quizá con los golpes que ha recibido lo haya imaginado, es normal, a fin de cuentas Hans es la primera persona que le hizo daño -la rubia miro fijamente a los ojos de Greda con una mirada que aterrorizó a la mujer. Elsa utilizando todas sus fuerzas consiguió incorporarse para mirarla más de cerca.

-No he alucinado Greda y mucho menos lo he soñado, de modo que vas a sacar a Anna del castillo, es una orden -dijo tan firmemente como pudo.

-¿Como ha entrado al castillo sin ser visto por nadie?

-No lo sé, pero está aquí y no voy a permitir que le haga nada a Anna, así que ya sabes lo que debes hacer.

-Esta bien, sacaré a Anna del castillo, pero primero deja que cure sus heridas, por favor -pidió el ama de llaves.

-De acuerdo -cedió la reina, Hans aun no le iba a hacer nada a Anna así que al menos podía dejar que Greda le ayudara a aliviar un poco el dolor insoportable que sentía.

Mientras Greda curo y limpio cada herida Elsa se dedicó a pensar en un plan para detener a Hans y sus secuaces, pero ¿qué podía hacer? Estaba encerrada en esa celda, encadenada como un animal salvaje, totalmente indefensa a cualquier cosa que pudieran hacerle, necesitaba ayuda, pero no quería poner a nadie en peligro... solo tenía una opción, una que si salia mal sabía que iba a lamentar. También pensó en Anna... su Anna, ¿por qué le había hecho algo así?, su princesa la amaba, o eso le había asegurado cada día desde que gracias al amor que sentían entre ellas pudieron descongelar el reino... pero también había podido mentirle, decirle que la quería para que no sospechara y así poder llevar su traición sin problemas, aunque... ¿como podía mentir tan bien? No eran solo la palabra "Te quiero" no... era como la decía, como la miraba, los abrazos que compartían. No obstante la realidad le había golpeado con fuerza, los hechos hablaban por si solos, Anna no solo no la amaba, sino que la despreciaba, la odiaba, y eso dolía mucho más que cualquiera de los golpes que le habían dado o que le iban a dar, pues ese odio recién descubierto le decía que Anna nunca la iba a amar como ella deseaba en realidad.

Igual que la noche anterior Greda no pudo contener las lágrimas mientras curaba a la que bien se podía llamar su hija, le rompía el alma verla en ese estado, pero mucho más le dolía ver como aun después de todo lo que había hecho Anna, Elsa aun se preocupaba por ella. Cuando termino su trabajo, ya era bien entrada la madrugada, Elsa se había quedado dormida, beso su cabeza y salió despacio para no despertarla, subió las escaleras de piedra completamente perdida en sus pensamientos, cuando abrió la puerta que separaba las mazmorras del pasillo del servicio se encontró con dos sombras, una la reconoció al instante, esas patillas pelirrojas y los ojos verdes que nunca iba a olvidar, Elsa no había alucinado, la otra no pudo reconocerlo rápidamente pero si se le hacía extrañamente familiar, dos segundos más tarde lo reconoció como el hombre que había azotado a Elsa, su sangre se heló, su corazón bombeó con fuerza y sus extremidades temblaron, nadie del servicio podía estar por esa zona y la habían atrapado.

-¿Pero que tenemos aquí? -preguntó Hans tomando a greda del mentón.

-!No me toques sabandija¡ -gritó Greda empujando al pelirrojo. Franck la sujeto de los brazos y la puso frente a Hans.

-¿Sabandija? -dijo subiendo una ceja -será mejor que muestres más respetos por quien va a ser tu futuro rey.

-¿Rey? -preguntó perpleja.

-Anna se va a casar conmigo después de que la zorra de hielo muera.

-Pero el príncipe Franck... -balbuceo.

-Ese solo es un peón en mi plan y a ti lo que menos te debería de importar son mis planes... creo que has desobedecido las normas, los del servicio tenéis prohibido ir a las mazmorras y creo que la puerta por la que acabas de salir va en esa dirección, ¿me podrías explicar que hacías allí?

-Eso no es asunto tuyo -contestó con firmeza.

-Lo es, ya que mis siervos deben de acatar mis normas.

-Yo no soy tu sierva, soy sierva de la reina Elsa.

-¿Reina Elsa? Creo que perdió su título y todo aquel que este con ese monstruo esta en contra de Arendell y yo soy la autoridad de Arendell, de modo que vas a tener que pagar por tu deslealtad. Ponla con el muñeco de nieve -dijo mirando a Franck. Y aunque Greda puso resistencia no pudo hacer nada para evitarlo.

A la mañana siguiente Merida despertó sumamente emocionada, tan solo quedaba un día para llegar a Arendell, al amanecer del siguiente día haría su sueño realidad, conocería en persona a la increíble reina del hielo. La mañana paso tranquila, amena, las dos princesas charlaron sobre temas sin importancia, fueron a cepillar a Angus y Merida enseño a Rapunzel a utilizar el arco. Pero por la tarde un pequeño bote se divisó en la lejanía, un bote que traía muy malas noticias, unas noticias que podían romper las esperanzas de la princesa pelirroja.

En cambio en Arendell la mañana fue algo diferente. Los siervos comenzaron a cuchichear sobre el paradero de la princesa Anna, era realmente extraño que no hubiera salido de su habitación en los últimos días, ni siquiera a comer, algo realmente raro, de todos era conocida la pasión por la comida de la princesa, no obstante ninguno se atrevió a decir nada, algunos lo comentaron entre ellos otros simplemente lo pensaron pero no dijeron nada, no querían arriesgarse a meterse en algún tipo de problema.

Maikel tal y como había prometido se paso el día con Anna, vigilando que no despertara, asegurándose de que el macabro plan del lunático de Hans fuera a la perfección.

Franck y Hans fueron a dar su última lección a Elsa. Bajaron a las mazmorras provistos de un par de antorchas y una vara de hierro que en su extremo formaba una "H". Cuando entraron a la celda donde debía de estar Elsa no la vieron por ningún lado, Franck fue el primero en entrar, pero en cuanto dio el primer paso algo realmente frio choco contra su cara, ese algo consiguió romperle la nariz y darle el tiempo suficiente a Elsa para intentar salir corriendo, pero los grilletes de sus pies le hacían ir demasiado lento, no consiguió alejarse un par de metros que Hans ya la había alcanzado y inmovilizado en el suelo.

-Ves como eres un animal -se burlo Hans jalándola del cabello.

-!Te vas a arrepentir de lo que has hecho zorra¡ -gritó Franck limpiándose la sangre de la cara, corrió hacia Elsa y la sujetó con fuerza del brazo y la arrastro de nuevo a la celda.

-Esto va a ser divertido -dijo Hans frotándose las manos.

-¿Hans me harías el favor de traerme un martillo? -preguntó Franck tirando a Elsa al suelo.

-Ahora mismo amigo mio -contestó sonriendo.

Mientras Hans fue a por el martillo Franck se dedicó a golpear a Elsa con todas sus fuerzas, pero aunque hubiera salido mal su plan no se lamentaba, al menos había dado algo de guerra, no se había dejado pisotear sin poner resistencia.

Afortunadamente, porque los golpes cesaron unos minutos, o desgraciadamente, porque lo que venía a continuación iba a ser mucho peor, Hans no tardo mucho en llegar con el martillo.

-¿Qué tienes pensado hacer con esto? -preguntó Hans.

-Como veo que aun tiene fuerzas para ponerse en pie voy a romperle las piernas -contestó mirando a Elsa. La reina sintió el miedo en cada poro de su cuerpo, sin duda golpear a Franck no había sido buena idea.

-Me encanta tu forma de pensar amigo mio -se carcajeo Hans.

-Sujetala -pidió Franck.

Hans sujeto los brazos de Elsa, presionando contra el frio suelo de piedra, ella intento liberarse pero pocas fuerzas le quedaban para seguir manteniendo guerra. Franck inmovilizo las piernas de Elsa con las suyas, alzo el martillo y utilizando toda la rabia que corría por sus venas en ese momento golpeo su rodilla izquierda, el sonido de la articulación al romperse fue silenciado por el grito desgarrador de Elsa, las lágrimas acumuladas en sus ojos le impedían reconocer que había a su alrededor, aunque tampoco quería ver las caras de esos dos dementes, lo único que quería era que la dejaran sola, por una vez realmente deseaba estar sola. Pocos segundos pasaron cuando pudo distinguir la sombra de Franck alzar de nuevo el martillo, su objetivo, la rodilla derecha.

-¡Basta por favor! -gritó Elsa y Franck se detuvo en seco.

-¿La orgullosa reina Elsa esta rogando por misericordia? -dijo Hans sonriendo de medio lado, no creía que que fuera a ser posible presenciar algo así.

-Por favor... no, no puedo más -contesto sin hacer ningún esfuerzo por detener su llanto.

-¿Qué opinas Franck? -Franck miro el grillete de la mano derecha de Elsa y vio su propia sangre en el, sin contestar a la pregunta golpeo la rodilla derecha de Elsa, dejándola en el mismo estado que su gemela. Franck se levanto y abandonó la celda sin decir nada más.

Hans se quedo unos instantes en silencio, no entendía porque Franck había salido de la celda, pero de todas maneras no lo necesitaba para lo que venía a continuación. Se puso en pie y preparó lo que realmente iban a hacer, puso el extremo de la vara en una de las antorchas y espero a que estuviera al rojo vivió, podía escuchar los lamentos de Elsa, y lo único que podía sentir era satisfacción, ni siquiera una pizca de compasión o piedad.

Cuando el hierro estuvo en el estado que él deseaba lo sujeto y se acerco a Elsa, esta estaba demasiado metida en su dolor como para darse cuenta de las intenciones de Hans, solo se percato de que algo más venia cuando sintió la mano de Hans en su cadera, entonces vio la vara y el rojo fuego del extremo, antes de que ella pudiera suplicar por que no lo hiciera, el pelirrojo presiono el artilugio contra el abdomen de la reina, dejando en su piel su marca, una "H" perfecta, para recordar quien fue el que consiguió atrapar a la abominable reina de las nieves. Se puso en pie y antes de salir informo a Elsa de su destino.

-Mañana al amanecer morirás, disfruta de lo que te queda de vida -Hans volteo para marcharse, pero la débil voz de Elsa lo hizo detenerse.

-Podría ver antes a Anna... -rogó.

-Claro -contestó sonriendo maliciosamente.

Hans fue a la habitación de la princesa, iba a ser realmente divertido ver el corazón de Elsa quebrarse de nuevo. Le explico a Maikel su plan y este muy a su pesar despertó a Anna y antes de que ella fuera consciente de que ya no dormía su cuerpo volvía a ser controlado, su mente tardo unos instantes en darse cuenta de que estaba despierta y sus pies la llevaban a las mazmorras del castillo, pero ¿Por qué?. La respuesta llegó cuando abrieron la puerta de la celda de su hermana... no podía ser cierto lo que sus ojos veían, eso... algo tan macabro, tan cruel... no podía ser cierto, la persona que había en esa celda no podía ser su hermana, no podía ser su Elsa pero nadie más poseía ese color de ojos. ... no quería creerlo, no había zona que no estuviera marcada por cortes, sangre o moratones.

Anna...-dijo Elsa con voz cansada.

-Elsa -contestó Anna en un tono frío, aunque ella realmente no quería contestar de ese modo, lo que realmente quería era correr hasta ella, abrazarla y prometerle que todo iba a salir bien, que nadie más le iba a hacer daño.

-Anna yo... -pero fue cortada antes de continuar.

-No quiero escucharte, he venido simplemente porque quería asegurarme de que habían hecho bien su trabajo, y la verdad lo han hecho excelente, lo único que lamento es no haber podido estar presente mientras te enseñaban que los monstruos no consiguen un final feliz y mucho menos el amor verdadero.

-¿Qué te he hecho? -preguntó desesperada.

-¿Hacerme? Que te parece ignorarme durante toda mi infancia, dejándome crecer sola porque eres tan inútil que no supiste controlar esa maldición, después de eso no solo huyes dejándome completamente sola de nuevo, sino que además intentaste matarme.

-Sabes... que yo no... no quería.

-Yo no quería, yo no quería...-repitió en tono de burla -Lo siento pero no puedo creer las palabras de un monstruo, en estos días has sentido todo el dolor que yo sentí durante toda mi infancia, cargo y abono mi querida hermana.

-Lo siento -suspiro Elsa. Al ver tanto dolor en los ojos de Elsa, Maikel casi pierde el control de nuevo y decidió poner fin a la situación.

-Me da igual, disfruta de tus últimas horas.

Tras esas palabras las piernas de Anna caminaron por si solas hasta llegar de nuevo a su habitación, Maikel iba todo el rato tras ella, pero eso no le importo lo más mínimo, tan solo podía pensar en las palabras tan crueles que le acababa de decir a Elsa, el estado del cuerpo de su hermana, que tan solo podía definirse como la más pura miseria... No entendía nada, no entendía como podía estar pasando todo eso, como apenas podía recordar nada de lo que había pasado, como había podido decirle esas cosas tan horribles, no entendía las palabras que Olaf le había dicho, eso tan solo consiguió confundir más su mente... pero sobre todo no entendía como Elsa no la odiaba... y lo que más le dolía era saber que nunca iba a poder estar con Elsa como siempre había soñado. Intentaba encontrar una respuesta a toda esa locura, pero nada se le ocurría, de todas formas no tuvo mucho tiempo para pensar, ya que por tercer día consecutivo todo se volvió negro sin saber porqué.

Las palabras de Anna habían dolido, sí, pero de algún modo se las esperaba, siempre había pensado que en algún momento de su vida iba a pagar por abandonar a Anna durante tantos años y ahora ese pensamiento se había hecho una realidad y muy en el fondo de su mente... creía merecer cada uno de los golpes. Ahora tan solo le quedaba esperar... esperar a que Greda viniera a curar sus heridas y quizá así hacer un poco más levadera su agonía hasta la hora de su muerte, pero el ama de llaves esa noche no llegó y Elsa estaba demasiado agotada como para cuestionarse el porque de la ausencia de su fiel sierva, antes de darse cuenta se había quedado dormida.

Poco antes del amanecer un barco se divisó en la lejanía, aunque nadie le dio importancia, lo único que esa mañana importaba en Arendell era la ejecución de la ex reina Elsa. En dicho barco varías horas atrás había llegado un hombre alto y robusto, un hombre que no trajo muy buenas noticias para las princesas Rapunzel y Merida, dicho hombre llamado Kristoff les informo de los últimos acontecimientos sucedidos en Arendell. En el corazón de Rapunzel reinaba la tristeza, ella había conocido a las dos hermanas y le dolía demasiado escuchar la traición de Anna, en cambio en el corazón de Merida tan solo bombeaba la ira, no podía soportar saber que alguien le había hecho algo tan mezquino a la mujer que ella admiraba... Los tres tenían la esperanza de llegar a tiempo y poder salvar a Elsa de un daño completamente irreparable.

Cuando el primer rayo de sol hizo presencia en la ciudad todo estaba listo, la horca, los tronos reales para que los futuros reyes pudieran disfrutar del espectáculo y todo el pueblo había sido obligado a presenciarlo, tan solo quedaba la prisionera.

Anna se sentía clavada en aquel trono, sabía lo que iba a pasar y quería detenerlo, pero no podía, no podía moverse... tan solo esperar a ver a su hermana morir. A los pocos minutos Franck llego arrastrando a Elsa, ella intentaba mantenerse en pie pero le era imposible, cada paso era una agonía, todo su cuerpo dolía pero el dolor de sus piernas era insoportable, sentía que le ardían. Cuando por fin llegaron a la horca Franck no tardó mucho en poner la soga al rededor del cuello de la reina... se acabó, no había manera de cambiar su destino, iba a morir, pero quería hacerlo con la dignidad de una reina, intentó mantenerse lo más firme posible.

-Gente de Arendell, os agradezco que hayas venido a ver el último suspiro de este monstruo -dijo Anna -Se acabo Elsa, tu vida llega a su fin en este mismo instante, ha sido un placer conocerte -y de nuevo Elsa se dio cuenta de que los ojos de Anna eran negros, tan solo una pregunta cruzo su mente ¿Por qué? Entonces miro a Maikel y vio que los ojos de él poseían el color aqua característico de los ojos de su hermana... Maikel estaba controlando a Anna... por eso había dicho cosas tan horribles... ahora todo tenía sentido para Elsa, Anna no podía haberle hecho algo tan cruel.

Antes de que pudiera intentar decir o hacer algo para que todos supieran lo que estaba pasando Franck tiro de la manivela que abría la trampilla que había bajo sus pies, haciendo que la gravedad llevara a cabo la ejecución.