Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 4-

No volví a la cafetería de Alice hasta el lunes siguiente. El jueves me inventé una excusa y le expliqué a Peter que había quedado con mi hermana para cenar. Para que no fuera una mentira me auto invité a su casa por la tarde y me quedé a cenar con ella y con mi cuñado Emmett. El viernes alegué que era mi noche de escarceo y que no iba a cambiar mi gran noche de la semana por él, así que me fui a uno de mis locales predilectos y seduje a una rubia altísima y de piernas interminables que no hablaba muy bien mi idioma. Pero ¿qué más daba? Para lo que yo tenía en mente no necesitaba hablar, así que pasamos una gran noche entre las sábanas de su cama de hotel y me fui de allí sobre las cinco de la madrugada; lo que fuera con tal de no tener que volver a aguantarla. Era demasiado… insistente y cargante.

No tenía nada en contra de acostarme con mujeres en mi propia cama, claro, aunque prefería hacerlo en cualquier otra parte. Pero si no había otro lugar y finalmente terminábamos en mi casa, las despertaba antes de que saliera el sol y les pedía amablemente que se marcharan. Jamás había sido descortés con ninguna mujer y las trataba como si fueran reinas, pues era muy generoso en el sexo. Pero una vez que la pasión sexual se difuminaba, no solía volver a querer saber nada más de ellas. Aquellas eran mis normas y ninguna de esas mujeres las iban a romper.

Pasé el sábado por la mañana en mi casa, recuperándome de la resaca. Por la tarde salí a correr por los alrededores para no quedarme todo el día encerrado, el domingo me fui a comer a casa de mis padres y pasé la tarde con ellos, haciéndoles compañía y charlando animadamente de temas triviales. Al final terminé regalándole el pañuelo a mi madre, que no pudo estar más sorprendida con aquel detalle, y me lo agradeció preparando de postre tarta de manzana, mi favorita desde que tenía uso de razón.

El lunes por la mañana fui a desayunar con Peter y también comimos juntos. Quedé en que por la tarde me pasaría por la cafetería de Alice ya que no lo había hecho desde el miércoles pasado, y le pedí por enésima vez que me acompañara. Volvió a negarse en rotundo, exasperándome, y llegué a amenazarle diciéndole que si no me acompañaba algún día de aquella semana, dejaría de ayudarle. Terminó prometiéndome que iríamos juntos el viernes, y a pesar de mis quejas porque los viernes eran mis días sagrados, ya que él había cedido, me dije que también podía ceder yo un poco. Al fin y al cabo, si conseguía que Peter venciera su timidez patológica y finalmente se ligaba a Alice, todo habría valido la pena.

Fui a la cafetería un poco más tarde, sobre las seis, y supe que fue una mala idea cuando vi todas las mesas llenas y me percaté de que solo quedaban un par de asientos libres en la barra. Caminé casi arrastrando los pies y me senté pesadamente tras quitarme la chaqueta y dejarla en mi regazo. Tamborileé con mis dedos en el mármol de la barra y por el rabillo del ojo pude ver a Alice acercándose, colocándose frente a mí.

—Hola, Jasper. Ya pensaba que no volverías —me saludó con su típica sonrisa, y de repente volvió a invadirme aquella puñetera sensación tan desconocida y tan extraña para mí que no había aparecido en esos cinco días que no la había visto. ¿Por qué?

—Hola… Eh, estuve muy liado la semana pasada. Con esto de la llegada de la primavera se hacen muchos actos culturales al aire libre… y… —no sabía qué coño le estaba contando y qué narices le importaba a ella, pero…

—Oh, ¿te ocupas de los actos culturales de la ciudad? —me preguntó Alice con los ojos muy abiertos.

—Bueno, trabajo en el Instituto de Cultura, así que sí. Mi padre es el director.

—Caray, tiene muy buena pinta. Y dime, ¿hay algún acto que valga la pena?

—Lo cierto es que sí. A partir de esta semana empezarán a haber conciertos de grupos amateurs al aire libre en los parques durante los fines de semana, y alguna noche harán espectáculos circenses por aquí y por allá… Hay mucha cosa. Ya te traeré un folleto, si quieres.

— ¡Sí! Te lo agradecería. Apenas salgo, así que me vendría bien para despejarme.

—Seguro —fingí urdir algún plan maligno y me acerqué a ella, indicándole con la mano que hiciera lo mismo. Cuando su oreja quedó a escasos centímetros de mi boca, le dije en voz muy baja—: Si puedo, te traeré una entrada para alguna obra de teatro o algún musical que te interese y así no tendrás que pagar.

— ¿En serio? —preguntó con los ojos muy abiertos, girando el rostro hasta que nuestras narices estuvieron a punto de tocarse. ¿Y por qué tenía que oler tan bien?

—En serio.

Alice se echó a reír entre dientes y, emocionada, empezó a dar saltitos.

—Te lo agradezco. Hace tanto que no voy al teatro que ya ni me acuerdo —me explicó separándose de mí con rapidez, como si estuviera nerviosa—. Bueno, ¿te traigo un café?

—Sí, gracias.

Cuando se dio la vuelta para prepararlo me golpeé mentalmente. No sabía qué estaba haciendo ni por qué le había dicho que le conseguiría una entrada para algún espectáculo… Le estaba dando pie a que pensara cosas que no eran y…

—Aquí tienes —me dijo tras ponerme la taza de café delante—. Y a esto invita la casa —me explicó colocando en la barra un platito con unas cuantas galletas artesanales y cruasanes pequeños.

—Gracias —repetí como una cotorra, llevándome a la boca una galleta. Entonces recordé algo que tenía que decirle—: Por cierto, a mi madre le encantó el pañuelo.

— ¿Sí? Qué bien. La verdad es que era muy elegante.

—Sí, totalmente de su estilo… Eh… —Jasper, cállate la boca. Ciérratela con un candado y tira la maldita llave antes de que…—. ¿Hoy también te vas en autobús? —imbécil.

Alice parpadeó seguidamente, sorprendida por esa pregunta, y se frotó las manos con nerviosismo en el delantal que llevaba.

—Pues sí. Mi coche aún está en el mecánico, espero que como muy tarde lo tenga arreglado a finales de esta semana.

— ¿Quieres que te lleve a casa? —pero ¿por qué no podía callarme? ¿Qué diablos me estaba pasando?

Ella sacudió un poco la cabeza sin dejar de mirarme, como si no supiera qué responderme. Fácil, que dijera que no y se acabó: yo habría hecho mi buena obra del día.

—No es necesario, no hace falta que te molestes y tardes más en llegar a la tuya.

—No vivo tan lejos, en realidad. En coche tardé diez minutos desde tu piso al mío, así que… —y yo seguía insistiendo. Increíble. Pero era verdad que no vivíamos tan lejos, incluso el piso de Peter quedaba más alejado del mío que el de Alice.

—Pues entonces…

— ¡Alice! Te están llamando los de la mesa cinco —nos interrumpió su hermana con el ceño fruncido tras darle un golpecito en el brazo a Alice.

—Perdona, Cynthia. Ya voy —se excusó ella y, sin mirarme, salió de detrás de la barra como una exhalación.

Su hermana ocupó el puesto en el que antes había estado Alice y me dedicó una mirada fulminante.

—No suelo ser grosera con los clientes, pero ya que me he fijado en que usted viene mucho por aquí, le agradecería que no distrajera demasiado a Alice.

—No la distraigo, solo charlo con ella. Eso no es nada malo, ¿no? —me defendí, sin poder creer la bronca que acababa de caerme solo por hablar con Alice.

—No, no lo es, pero está trabajando, no charlando, y no puede ser que haya clientes que se pasen llamándola cinco minutos y ella no les haga ni caso. Así que, por favor, tómese el café y deje a mi hermana trabajar en paz.

—Perdone, pero yo la dejo trabajar en paz, y…

—Se han pasado hablando quince minutos, y eso sin comentar los secretitos en la oreja y las risitas tontas —me interrumpió cruzándose de brazos, y yo me quedé mudo ante sus palabras—. Si quiere ligar con mi hermana me parece muy bien, pero hágalo fuera de aquí, por favor.

La tal Cynthia salió de la barra tras dejarme sin palabras y estupefacto. ¿Esa impresión daba? ¿La de querer ligar con Alice? Dios. Sin acabarme el café me puse en pie, me coloqué la chaqueta y, dejando unas monedas sobre la barra salí de la cafetería como alma que lleva el diablo. Ni siquiera me despedí de Alice, que me miró con los ojos muy abiertos. Pero tenía que irme a la de ya.

Me metí en mi coche y me hundí en el asiento todo lo que pude. ¿Qué estaba haciendo? ¿Desde cuándo "ligaba" con mujeres sin darme cuenta de que lo hacía? Solo esperaba que Alice no malinterpretara mis actos de buena fe para con ella y creyera lo que, claramente, no era. Yo no ligaba con ella porque simplemente no quería hacerlo. Porque si quisiera, solo tendría que hablarle al oído y hacerla reír… Joder. No podía ser cierto.

En aquel momento me golpeé la cabeza con la mano y respiré hondo, intentando calmarme. Estaba ayudando a un amigo, a Peter, a mi mejor colega. Era él el que estaba interesado en Alice, y el hecho de que ella me atrajera un poco quizá se debía a que no iba a ser para mí, ¿no? Tenía lógica. Los expertos suelen decir que siempre queremos lo que no podemos tener, y que cuando finalmente lo conseguimos ya no nos interesa. Pues eso me pasaba a mí, ¿cierto? Y ni siquiera había tenido que ir al médico para averiguarlo.

Pero la verdad es que Alice era como un soplo de aire fresco, alejada de todo lo que me rodeaba, representando algo más que el hecho de ir de casa al trabajo, del trabajo a cualquier local y de cualquier local a la cama de alguna desconocida. Ella era algo más, una persona interesante y alegre que… Jasper, cállate. Era una mujer, una mujer que trabajaba en una tienda de ropa y en una cafetería, y que también representaba todo lo que a mí no me interesaba en una mujer. Pero tenía un trasero bonito y un tatuaje justo encima que jamás descifraría porque nunca podría…

Cerré los ojos. Me estaba volviendo loco. Llamaría a Peter y le diría que dejaba el plan. Lo mejor sería ser sincero y decirle que algo me estaba sucediendo con Alice y que prefería dejarlo. Pero no podía decirle tal cosa. Joder, joder, ¿dónde estaba el Jasper ligón? ¿El Jasper que se vanagloriaba de no comprometerse nunca? Definitivo, tenía que alejarme de Alice antes de que me hundiera en la miseria sin ni siquiera ser consciente de ello.

Respirando hondo de nuevo introduje la llave del coche en la ranura y arranqué el vehículo, haciendo sonar el motor. Me marché de allí casi sin pensar en lo que hacía, por eso no me di cuenta de que estaba dando vueltas por el centro hasta que me encontré de lleno en otro atasco. Claro que sí, lo que me faltaba. Puse música pero lo único que conseguí fue ponerme más nervioso, así que apagué el reproductor e intenté acompasar mi respiración. En vez de acercarme a mi casa me estaba alejando cada vez más, pero necesitaba conducir y despejarme. Si me encerraba en mi piso solo conseguiría comerme más la cabeza, y eso era lo último que debía hacer.

Sobre las ocho y diez, de verdad que no era consciente de lo que hacía, pasé por delante de la parada del autobús que debía tomar Alice para llegar a su piso. Una parte de mí rezaba porque no estuviera allí, para que aquel día saliera de trabajar más tarde o para que ya hubiera pasado el transporte; pero otra, la muy cabrona, quería encontrarla. Y ganó esta segunda. Allí estaba Alice, de pie en la parada del autobús, mirando la carretera con gesto ausente. Me iba a estallar la cabeza, porque lo primero que hice fue parar el coche justo a su lado y bajar la ventanilla.

— ¿Te llevo a casa?

Cuando me miró, sorprendida al principio, y me sonrió cálidamente, supe que me iba a decir que sí.


¡Hola! Os dejo muy rapidito un capítulo nuevo que espero que os guste mucho. Ya veis que Jasper va cada vez de mal en peor... Pero no le echéis la culpa de todo, criaturita ;P Nada más comentar que las cosas se van a poner buenas próximamente (muahahaha).

Espero que os haya gustado mucho este capítulo y que me lo digáis con vuestros reviews. ¿Nos leemos el viernes?

XoXo