—Capítulo 3—

Löwen


He dejado de cuestionarme sobre qué es lo que me hace deprimir, me cansé de buscarle una explicación a este sentimiento de culpa que se arraiga a mi pecho todos los días. ¿No lo satisfago? Ayer hizo lo mismo, me colocó dentro de mi cuarto junto con otros dos chicos.

Estimo que sean de mi misma edad. Puedo sentirlo.

Uno tiene el cabello plateado, parecido a la ceniza. Tenía un aspecto criminal, en su rostro se apreciaba una cicatriz en la mejilla derecha. Creo que estaba sedado, no articuló ninguna oración coherente la hora y media que compartí con él mi espacio.

Mi terreno

Mi devoción

Mi amo El otro era de cabello castaño, de una cara bonita, inocente. Un peinado tonto, temblaba mucho para solo estar sentado en un rincón de mi casa. Lo odié más que al otro.

—Yo no quiero estar aquí, sáquenme de esta celda por favor —susurraba con un hilo de voz.

¿Celda? Malagradecido

No es una celda, es mi casa. El hogar que me asignó mi amo. Entre sus barrotes pasa la luz en las mañanas. En la noche, con una manta la tapa para que no pase frío ¿Es eso una prisión? No lo creo, incluso mi amo me dejó decorarla a mi gusto. En el piso, he dibujado con tiza un cuchillo, para recordar siempre que ese será mi castigo si desobedezco.

Con ellos ahí no pude explayarme a mi libertad. Abracé mis piernas apoyando mi mentón sobre las rodillas. Pensé, me torturé con mis ideas de abandono. No quiero volver a sentirme un inútil, ahí en el mando de mi amo me siento liberado. Soy yo. No finjo estar en una sociedad que rechaza todo lo que le parece ajeno, extraño a lo habitual.

Mi amo sabe todos mis placeres sexuales, mis debilidades, mis límites ¿Entonces por qué? ¿Me quiere remplazar? ¿Soy muy restringido? Yo soy obediente, nunca le he fallado. Ni una sola vez ¿Por qué me hace esto? Estas dos últimas semanas están siendo un infierno.

Compartir con desconocidos.

Ver que a ellos los saca y a mí me deja de lado.

No lo soporto, quiero volver a tener su atención. Por eso, he tratado de complacerlo en todo, me he esforzado más de lo que resiste mi propio cuerpo. He caído desvalido varias noches sobre mi cama con las piernas entumecidas y los brazos acalambrados. No me gusta que me aten, pero lo estoy permitiendo.

Ese es mi castigo, mentirle. No debo hacerlo, no después de lo considerado que ha sido conmigo. Me entiende de una forma especial, que nadie más podría comprender. Cuida de mí como nadie lo ha hecho, cuando me tiene que proteger de otros lo hace.

Le he tomado un cariño especial. Siento que me gusta estar a su lado, verlo feliz. No importa mucho si el dolor traspasa ya mi propio placer, ver en su rostro una sonrisa es suficiente para mí. Es atractivo. Muy atractivo. La palabra perfección le asienta muy bien.

Tiene el cabello negro, negro como el carbón, adorna su rostro. Pasa un poco más de las mejillas, antes de caer a los hombros, unos centímetros menos. Se lo cuida mucho. A veces me ha permitido tocar esas hebras, frotarlas con champú las ocasiones en que me permite bañarme con él.

Es un poco más alto que yo. Pero su presencia no se puede comparar a la mía. No puedo examinarme con los mismos ojos, yo no soy igual. Es mi superior.

De tez blanca.

Manos fuertes. Me gustan mucho sus manos. Es mi pequeño fetiche, él lo sabe. Sentir sobre mi piel esas palmadas es mi forma de excitarme. Me pica, sus manos pican.

Todo él es mi sueño, sueño que ahora ha sido roto sin saber por qué. Desperté por un chorro de agua fría que mojó todo mi rostro, abrí los ojos de sopetón y con las manos traté de retirar las gotas que resbalaban por mis párpados. Mi amo estaba en frente de mí.

Me miró como si hubiese hecho alguna violación a nuestro contrato. Me encadenó del cuello, desajustándome el bozal, que cayó al suelo. No lo recogió. Tiró de mí, me arrastró hacia la sala. Pude ver a los otros dos sujetos mirarme con lástima ¿Por qué lo hacían? Mi amo siempre me ha tratado así, me excita. Pero esa vez sentí que era distinto. En sus gestos leía una clara plática ¿Conversar? No necesito de palabras para que él sepa que yo le pertenezco.

Me dejó caer encima de la alfombra de piel de tigre. Quitó de mi correa, mis esposas. Las sogas que sujetaban mis caderas. Me despojó de todo amarre sobre mi cuerpo.

—Eres libre, ya encontré a quien buscaba. Ya no te necesito. Te doy dos opciones, irte a tu casa que tus padres, deben extrañarte o buscarte a otro amo a quien servir. —Me ofreció.

Ese día experimenté el terror al abandono otra vez. No contesté, no hablo si él no me lo pide.

—¿No lo entiendes? Ya no soy tu amo, habla si te da la gana. Si no lo haces simplemente te tiraré a la calle. Ya verás tú qué haces con tu vida.

Sus palabras perforaron mi pecho. Palabras frías ¿Por qué estaba siendo tan insensible? Yo no tolero el maltrato psicológico. No lo soporto, es una de mis condiciones.

—Ya que vas a quedarte mudo, no me dejas opción.

—No me bote. —Fue lo primero que pude decir, no pensaba en otra cosa que no sea permanecer en esa casa. Él es mi mundo—. Puedo servirle, prometo ser más flexible si gusta, amo. Yo-…

—No ¿No has entendido? Olvídalo, ya encontré a quien necesitaba. Ahora tú solo me estorbas, otro cuidará de ti, Kotarō.

Hace mucho tiempo que no escuchaba mi nombre. Me hizo recordar a mis padres. Mis ojos se inundaron de lágrimas. No quería. No quería apartarme de él.

—Quiero quedarme aquí, puede tener más esclavos, no me importa. Sé que mi contrato dice que no, pero ahora ya no me importa ¡Quiero quedarme aquí! ¡Quiero quedarme con usted!

—Esto está siendo… Mira, Kotarō, puedo enviarte con un amigo mío que sé y confío que cuidará muy bien de ti. Eres educado, leal, simpático. Te adaptarás.

—Me gusta estar aquí con usted, no quiero otro amo, yo me acostumbre a usted.

Le rogué. No iba a permitir que me saque de su vida de esa manera. No importa ser el plato de segunda mesa con tal de seguir con él.

Yo necesito de él, es mi vida. Pero no le importó, me cogió fuerte de la nuca y así desnudo me botó a la calle. A ese pasaje por el cual alguna vez pasé para comenzar mi nuevo tipo de vida. Un adiestramiento difícil, placentero y donde encontré otra forma de sentirme realmente amado.

Fui de nuevo a ese lugar que le llaman "hogar". Mi madre me recibió con los brazos abiertos, lloraba desconsolada por lo maltratado que estaba mi cuerpo. Había estado fuera por mucho tiempo, más de seis meses sin si quiera visitarla. Pensaba que estaba molesto con ella, porque no quería saber nada de mi familia. Pero eso fue por una orden de mi amo, no por mí.

Le pedí disculpas por haberla tratado mal el día que me fue a buscar a la universidad. Ella no respondió. Me abrazaba muy fuerte. Me preguntó tantas cosas. Si tenía hambre, si quería darme una ducha caliente, si estaba bien, si no tenía ningún dolor.

No hubo reclamos, ni un interrogatorio destinado a saber sobre mi antiguo paradero. Creo que comprendía mi dolor, ella siempre fue muy buena leyendo mis ojos, es mi mamá. Ella nunca me abandona así caiga muchas veces.

En la mañana, me levanté temprano. Todos los días voy a la universidad a partir de las ocho. Si no tengo clases a esa hora, voy a la biblioteca a estudiar. A mi amo le gusta que me instruya. No le gustan los chicos brutos. Sé que yo ya no soy parte de su vida, pero siento que lo tengo que seguir obedeciendo, que me va a buscar para llevarme de nuevo con él.

Vi a un chico con una pita singular en la pierna en la universidad. Pensé que no había de mi tipo en la universidad. Lo dejé pasar. Él estaba en el primer piso hablando con un chico de mi facultad, y yo estaba en el tercer piso mirándolos.

No tenía ganas de entablar relación con otro como yo, los odio a todos. Uno de ellos me quitó a mi amo y voy a encontrar al responsable.

El club de oratoria va conmigo según mi profesor, soy bastante espontáneo. Eso dice, que me alegro con facilidad, me exalto. Muestro mis emociones con claridad. Soy de sangre-caliente. Eso me dijo. No sé si eso entre en mi definición, pero admito que es mi máscara. Tengo que comportarme de ese modo, mi amo me lo ha ordenado. Tengo que fingir ser un muchacho universitario expresivo y con buenas notas. No debo hablar con personas que me arrastren a la mediocridad ni tengo permitido hablar de mi amo con cualquier otra persona, incluso si sé que es de mi entorno. No puedo hacer algo como eso, es secreto.

Al salir me choqué con el tipo de la mañana, creí por un momento que era una coincidencia. Pero no era así, me habló. Se acercó a mí más de lo que podía tolerar a uno de mi rumbo. Él debía ser el amo, sino ese chico azabache no se le acercaría tanto. Ningún amo tolera que su sumiso se le insinúe a un extraño.

Sentí miedo. ¿Qué quería?

Me cohibí por unos minutos, lo escuché preguntarme sobre los cursos sin ni siquiera presentarse primero. Me habló especialmente sobre la monografía que dejaron como proyecto en el curso de Publicidad.

Me extraña, yo no estoy en su misma clase ¿Por qué me lo pide a mí?

¿Se habrá enterado de que soy un sumiso? Mi amo me castigaría si eso fuese así. Pero no tengo amo ¿Entonces por qué siento tanto miedo?

—No he hecho nada. —Mentí, me tiré una bofetada por hacerlo.

No debo mentir, no tengo permitido mentir, solo guardar silencio si no quiero decir la verdad o esquivarlo. Tengo que ser obediente.

—Oye ¿Qué fue ese, bastardo? —me preguntó, tiene un aire aterrador cuando se enoja— ¿Eres masoquista o qué? Sabía de los rumores de que eras un bicho raro, pero no pensé que tanto.

No le respondí. Quise esquivarlo, me pasé por su lado derecho. El izquierdo lo tengo prohibido. Traté de huir de ahí, pero sentí su mano apretar mi brazo.

—¡¿Qué estás haciendo?! —le grité aterrado.

Me tocó. Ese sujeto me tocó. Lo empujé lo suficientemente fuerte para que se aparte, eso no podía estar pasándome a mí. Estuve tanto tiempo siendo cauteloso. Tanto tiempo sin sentir el tacto de nadie sobre mi cuerpo, de nadie que no fuese él.

Mis cadenas ya no están. Pero no puedo, simplemente no puedo.

—Oye, lo siento, tío. No es para tanto —se disculpó—. Vamos, quita esa cara que no te voy a hacer nada malo… Hayama ¿Verdad? ¿Te acuerdas de mí? Miyaji Kiyoshi —Se presentó al fin, me extendió la misma mano. No se la recibí—. Llevamos unos cuantos cursos en común hace un par de ciclos ¿No lo recuerdas?

Sí lo recordaba, no soy un tonto.

—¿Qué quieres? Tengo prisa —le dije para que me deje en paz—. No te puedo dar información sobre mi monografía si es eso, haz la tuya solo. Es individual.

—Vamos, no seas malo. Sé que eres inteligente, un par de tutoría no me vendrían mal.

De nuevo trató de hacer contacto, lo esquivé. No iba a tocar mi hombro.

—Realmente eres bastante raro… No estoy contaminado ni tengo una enfermedad que se transmita, enano ¿Por qué tanto miedo? ¿Eres delicadito o qué?

—No tengo por qué dejarme hacer, toca al tuyo no al de otros —susurré. Pero fui bastante firme al decirlo—. A él no le gusta que me quieran llevar, mi respuesta es no.

Lo había oído en alguna oportunidad. Algunos trataban de romper el contrato, de llevarte con condiciones de mejores flexibilidades. Pero era mentira, conocía de un grupo que se hacían pasar por amos.

—¿No?... ¿De qué coña me estás hablando? —Parecía confundido—. Oye, mira, seré sincero. Si estoy hablándote es porque me lo han pedido así. No te puedo decir quién, porque no quiere que te lo diga. Pero-…

—¿Te lo pidió?

¿Él era el tipo del cual mi amo habló? Un pedazo de felicidad llenó mi pecho por unos cuantos segundos. No me abandonó, por lo menos no del todo. A pesar de sus palabras y las mías, me mandó a alguien para no quedar desprotegido. Sigo siendo para él parte de su responsabilidad, quizás mi amo le pedirá informes en un futuro.

Como una vía de seguir conmigo ¿Eso es?

Mi actitud cambió.

—Lo siento, debió comenzar por ahí —Hice una pequeña reverencia—. Fui un tonto, debe pensar que soy un altanero. Pero le aseguro que no es así, soy bastante obediente al contrato ¿Se firmará otro? ¿Le dio el mío?

—No, bueno… El contrato lo debe tener él…

Sus palabras parecían inseguras, estaba dudando ¿Por qué? No le estaba mostrando una buena imagen, había comenzado mal desde el principio.

—Soy Löwen, cinco años de experiencia. Si quiere puede hacerme una prueba —Le ofrecí, no voy a juegos sino a una relación de amo a sumiso— ¿Estaría bien?

—Pensé que… ¿Tú no te llamas Kotarō?

—¿Quiere llamarme así?

Es extraño que un amo te llame por tu nombre. Supongo que es su gusto, he conocido amigos que en su contrato está especificado una relación cordial fuera del cuarto de sumisión.

—Sí… Ese es tu nombre… ¿Y por qué ahora me hablas de usted?... Realmente eres más anormal de lo que pensé. —Suspiró—. En fin, tenemos que esperarlo, me dijo que ya-…

—¡¿Va a venir?!

Sentí tanta emoción. Pensé que todo había sido un castigo, un castigo por haber estado mintiéndole en los juegos, en haber sobre explotado mi cuerpo. Me senté en una de las bancas cerca a las áreas verdes junto con Miyaji-sama. Esperé tan expectante a que apareciera. Mientras que él me hablaba de nuevo de la monografía, le di algunos datos que el profesor de mi clase nos ha proporcionado. También un tríptico donde estaba la única estructura que se permitiría en el trabajo.

—Gracias, te pasaste, enano —Me dio un par de palmadas en la espalda—. Maldita sea, lo siento, no te tocaré de nuevo.

—No es nada, puedes hacerlo.

Enarcó una sola ceja. Me divierte, realmente no es un mal tipo. Parece ser un buen amo, con su sumiso lo es. O eso me parece a mí. No experimento en relación ajena. Le da bastantes libertades a lo que vi. Puede tocarlo sin pedir permiso, se juegan de manos y le permite reír.

Como una relación de pareja, nunca antes he visto de esos ¿Será igual de placentero?

—Puedo… ¿Puedo hacerle una pregunta? —No quería sonar maleducado.

Él asentó.

—¿Cuánto tiempo llevan? —No me entendió— El chico de la cinta negra en la pierna ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

—¿Qu- qué? —De nuevo lo saqué de sus casillas— ¡Estás demente, enano! ¡Yo no tengo nada que ver con él! ¡Nada fuera de una amistad, solo eso! ¡A-MIS-TAD!

¿Me equivoqué? ¿Entonces por qué hablaba con él?

Lo único que me queda pensar es que es un sumiso falso. No obedece o está en pleno tutorial. No recuerdo haberlo visto antes con un moño. Eso debe ser. Pero eso no quita que haya errado al adjuntarlo a un amo. Hubiera sido extraño para mí compartir un amo, es una cláusula en mi contrato. Ahora con él, sería igual si llegáramos a firmar uno.

—… Diablos, sabía que la gente pensaría eso si le permitía a ese cabro sus libertinajes —siguió hablando—. Simplemente no nos relaciones de esa forma, es solo mi mejor amigo ¿Queda claro?

Asenté, no volveré a mencionar algo de esa magnitud. Lo vi mandar mensajes, cada minuto se desesperaba más. Mi amo no se aparecía ¿Qué estaba pasando? Jugué con mis manos, no debo ser ansioso. Tengo que controlarme.

Estuvimos esperando por largo rato hasta que Miyaji-sama se paró encolerizado. Pateó el tacho regando toda la basura al suelo. Él estaba furioso; yo, deprimido. No se molestó en venir a verme, me ilusioné por las puras. No es la primera que me deja plantado. Lo debí suponer, lo hizo para hacer sufrirme. Siempre fue así, de personalidad cruel.

—No vendrá… solo lo hizo para darme una lección —murmuré, pero no me escuchó. Seguía echando chispas, mientras llamaba con insistencia.

—Me va a escuchar ese pejelagarto de mierda —oí, es bastante agresivo al expresarse—. Ya fue, que se vaya al demonio. Lo siento por hacerte perder el tiempo, nos-…

—¡No! —Lo cogí del brazo con ambas manos— Él es así, no se enoje conmigo, por favor. De todas maneras, yo quiero firmar un contrato con usted.

No quiero estar solo, me da pavor.

La soledad es la peor cuchillada.

Estar sentado en mi cama viendo alrededor, esas paredes frías sin tener a alguien con quién distraer la mente. Saber que nadie le importas lo suficiente como para que te llegase a adoptar. No pasaré de nuevo por la transición.

—Deme una oportunidad, Miyaji-sama.

—¿Sama? —De nuevo cuestionó mis palabras— Qué honor, pero quítaselo. Van a pensar otra cosa si te oyen decirme así, enano. Y por enésima vez no sé de qué coña me hablas.

—Podemos vernos en su casa, Miyaji-san —dije con un tono de duda, pero no replicó—. Hoy puedo ir en la noche ¿O prefiere antes? Estoy dispuesto, estoy sin correa.

—Lo que prefiero es…

Se fue corriendo, no me dio tiempo de poder retenerlo.

Me abracé para no volver a llorar ¿Por qué los decepciono?

Me comporté mal, por eso debe haber huido, porque fui grosero cuando se me acercó. La primera impresión es muy importante para un amo. Demasiado y yo me di el lujo de mostrarme como un imbécil.

Tengo que encontrar la manera de volver a hablar con él, es una ventaja para mí que estudiemos en la misma facultad. Sé que podré verlo mañana. Lo buscaré, lo buscaré y pediré una segunda oportunidad. También le daré un presente, a los amos les gusta sentirse alabados. Algo a mano estaría bien, tiene más valor que un objeto comprado. Le escribiré una carta con mi sangre, mostrándole mi respeto y gratitud.

Miyaji Kiyoshi, es un bonito nombre el que lleva mi futuro amo.


Gracias por leer~