¡Buenas! Otra semana más os dejo un capítulo. Espero que os esté gustando porque la verdad es que me lo paso bastante bien escribiéndolos. Como siempre, tenéis los comentarios para dejar vuestro padecer acerca de la historia. ¡Gracias por leer!

En uno de los descansos Daisy llamó al dueño del apartamento para saber si seguía disponible pero no le cogió el teléfono, así que volvió a llamarle después de su turno de trabajo. Por fin la chica tenía buenas noticias, y es que el piso continuaba libre, así que quedó con el señor en una hora para ver bien el apartamento y, con suerte, para firmar los papeles del alquiler.

Llamó a Felicity para contarle la buena noticia y esta insistió en acompañarla a verlo, para ver si podía dar el visto bueno al apartamento de su amiga.

Felicity estaba esperando a Daisy en la puerta del edificio.

- ¡Hey! - Le sonrió Felicity.

- ¡Hola! - Ambas chicas se abrazaron. - Gracias por venir conmigo a ver el apartamento.

- No tienes por qué dármelas. - Contestó Felicity restándole importancia. - Lo que sea con tal de ayudarte. Y bueno, me encantan todas estas cosas. - Alzó las cejas divertidas.

- Sé que nos conocemos desde hace poco pero tengo la sensación de que puedo confiar en ti. - Le reconoció Daisy. - Tienes pinta de ser de las que dicen la verdad sin ningún problema.

- ¿Verdad? - Felicity giró la cara para mirarla. - A mí me pasa lo mismo contigo. Bueno, ¿vamos a ver tu nuevo apartamento?

- ¡Claro!

Ambas chicas entraron al edificio. Subieron hasta el tercer piso, donde la puerta del apartamento que estaban buscando estaba abierta.

- ¿Hola? - Daisy empujó la puerta y ambas pasaron a la casa.

- Adelante, adelante. - Se escuchó la voz de hombre mayor. Este se asomó y sonrió. - Supongo que debes de ser Skye, ¿no?

- Así es. - Daisy sonrió y le estrechó la mano.

- Yo soy Felicity. - La chica levantó la mano y se presentó.

- Encantado. - Contestó después de estrecharle también la mano. - Bueno, pues como hablamos por teléfono este es el piso. - Se dio la vuelta con los brazos abiertos, señalando el apartamento. - Tiene un salón luminoso, con una pequeña zona para comer que, como veis, está también junto a la cocina.

Les mostró la cocina americana que conectaba con el salón mediante una barra, la cual tenía un par de altos taburetes. Felicity le dio un ligero codazo a Daisy en el brazo y puso cara de aprobación. Se fueron moviendo por el piso hasta llegar al cuarto de baño.

- El baño está completamente reformado y equipado con todo. - Apagó la luz cuando salieron. - Y luego está la habitación. Con un armario empotrado y cama de matrimonio.

- La verdad es que para ser un edificio antiguo está muy bien. - Dijo Daisy asintiendo con la cabeza.

- Es que está todo cambiado. - El señor sonrió. - Y acabamos de poner ascensor también.

- Es pequeño pero muy mono. - Comentó Felicity.

- Yo creo que tiene el tamaño perfecto para una pareja como vosotras. - Añadió el hombre.

- Oh, no somos pareja. - Contestaron ambas mujeres a la vez.

Daisy y Felicity se miraron y rieron.

- Ah, vaya. - El hombre se rascó la nuca. - Y yo que iba a presumir de tener una pareja de chicas como inquilinas. - Se echó a reír.

Las mujeres se volvieron a mirar de reojo y se contagiaron por su risa.

- Bueno pues eso, que este es el apartamento. - Se giró para mirar a Daisy. - Os dejo para que le echéis un vistazo a gusto y os lo penséis.

El hombre se dio la vuelta y salió del apartamento para dejarles algo de intimidad.

- ¿Te lo quedas? - Preguntó Felicity con curiosidad.

- Yo creo que sí. La verdad es que me gusta mucho. - Asintió Daisy, echando un rápido vistazo.

- A ver, es pequeño pero como me dijiste, no necesitas mucho más para ti sola. - Felicity se acercó a la ventana y corrió la cortina. - Además estás en el centro, es una buena zona y no tardarías nada en llegar a Palmer Tech... - Dejó caer.

- Felicity... - Dijo con un tono que a la rubia le recordó mucho a Oliver.

- ¿Qué? - Se encogió de hombros. - Vamos a hacer una cosa... - Se llevó un dedo a la barbilla y se la quedó mirando. - Dime lo primero que se te pase por la mente, ¡ya!

- ¡Ordenador! - Contesto Daisy rápidamente. Luego se quedó pensando en lo que había dicho.

- ¿Estás segura que quieres pasar tu tiempo sirviendo cafés? - Dijo evidente.

Daisy se pasó una mano por la melena. Sabía que Felicity tenía razón, pero no sabía tampoco qué es lo que quería en ese momento.

- Además, no es por nada pero estoy segura de que más sueldo tendrías... - Felicity la miró de reojo.

- El dinero no es algo que me preocupe. - Dijo Daisy sinceramente.

- Lo sé. - Felicity asintió. - Pero vivirías con más libertad y haciendo algo que te gusta. Y, ¡qué narices! Estarías conmigo. - Le sonrió abiertamente.

- No me quieres soltar, ¿eh? - Bromeó Daisy.

- ¡Por supuesto que no! - Dijo firme. - He encontrado una buena amiga y no tengo ninguna intención de dejarla escapar tan fácilmente. - Se miró las uñas.

- Me lo pensaré, ¿vale? - Daisy sonrió.

- Si lo necesitas puedo hacerte una lista de pros. - Dijo aleteando las pestañas.

Daisy se rió, luego se quedó callada esperando a que continuase y le hizo un gesto con la mano para que procediese. Quería escuchar esa lista.

- Pros, trabajarías al lado de casa. - Felicity levantó un dedo, contando. - Tendrías más sueldo. Estarías haciendo algo que te gusta. - Con este marcó un tres con los dedos. - Podrías expresar tu creatividad creando nuevos programas y siendo partícipe de otros tantos. - Ya llevaba cuatro dedos levantados. - Estarías conmigo. - Le guiñó un ojo. - No tendrías un jefe demasiado exigente. - Movió las cejas, divertida. - Y como único contra el posible dolor de piernas por estar sentada, pero eso mismo te pasa en la cafetería por estar de pie.

- Ya tenías toda esa lista pensada antes de venir, ¿verdad? - Daisy se rió.

- ¿Tanto se nota? - Felicity la miró con inocencia.

- Sólo un poquito. - Daisy hizo como si cogiese algo muy pequeño con los dedos índice y pulgar.

Ambas mujeres se echaron a reír, pero se vieron interrumpidas por el regreso del dueño del piso.

- Bueno, ¿y bien? - Preguntó el hombre, ansioso por saber si al final alquilaría o no el piso.

- Me lo quedo. - Contestó Daisy con seguridad.

- ¡Bien! - Felicity dio unas palmadas, emocionada. - ¡Además viviremos casi al lado!

- ¡Perfecto! - Respondió el casero. - Pues mañana mismo traigo el contrato y podrás venirte nada más lo firmemos.

- ¡Genial! Muchas gracias. - Daisy le estrechó la mano al hombre y los tres salieron del piso.

Después de la visita al piso, Felicity y Daisy se fueron a tomar algo y a celebrar la nueva adquisición de esta última. Tras la cena Daisy volvió a la que sería su última noche en aquella habitación de hotel. Se dispuso a empaquetar las pocas cosas que había traído consigo y al cabo de poco rato ya había terminado. Es una de las ventajas de viajar ligera.

Se tumbó bocarriba en la cama y se puso a pensar en cómo había cambiado su vida en ese par de meses que ya llevaba en Star City. Notaba que las cosas estaban mejorando. Ella estaba mejorando y eso le animaba a seguir levantándose con una sonrisa cada mañana.

Echaba de menos al equipo, eran su familia y les quería. Suspiró y giró la cabeza hacia donde estaba la mesilla de noche y se quedó mirando fijamente al móvil. Estaba tentada de llamar a Coulson. Quería oír su voz. Alargó la mano y cogió el teléfono. Lo desbloqueó y se metió en la agenda, donde aparecía el nombre de Coulson junto con el número de su teléfono.

¿Llamar o no llamar? Se incorporó en la cama y apoyó la espalda en el cabecero de la cama, mientras miraba la pantalla del móvil, indecisa. Sabía que si le llamaba Coulson se alegraría de escuchar su voz, pero también tenía la certeza de que localizaría la llamada, y eso implicaba que al cabo de unas horas él y el equipo se presentasen en Star City para convencerla de que regresase.

Aunque lo que sí que podría hacer era mandarle un mail y asegurarse de que sus habilidades hackers no le fallasen, de tal forma que sólo alguien tan bueno como ella pudiese dar con su paradero. Tendría que pensar en ello, quizá cuando estuviese instalada en su nueva casa. Se mojó los labios, bloqueó el móvil y lo volvió a dejar sobre la mesilla de noche.

También tenía que pensar en la oferta que le había hecho Felicity. No sabía tampoco qué hacer con esto. Por un lado le encantaría volver a estar detrás de una pantalla, pero por otro lado tampoco estaba tan mal su trabajo en la cafetería... ¿no?

En momentos así le encantaría que Jemma estuviese con ella. Seguro que podría aconsejarle qué hacer.

Y hasta aquí el capítulo de esta semana. ¿Qué os está pareciendo esta ida de olla? ¿Os gusta? ¡Gracias por leer!