Hetalia no me pertenece, ni sus personajes... obviamente, esto ya lo sabéis todos.
Cellmate
Cap.4
Debía reconocer que aquello había sido menos horrible de lo que esperaba, incluso le alivió poder disfrutar de algo de paz, porque Xiang no era muy hablador y al estar ocupados limpiando Emil disfrutó de un rato de silencio, al menos si ignoramos los gritos de los psicópatas que había por ahí, insultos varios que flotaban por el aire y el miedo constante a que una esquizofrénica mujer rubia apareciera de repente y le clavara un cuchillo en la sien.
En una de las miradas fugaces que Emil le lanzó a Xiang, éste se la devolvió, y el albino se sintió estúpido por quedarse mirándole en vez de disimular un poquito, que habría sido lo menos vergonzoso. El asiático arqueó una ceja.
—¿Ocurre algo?
—¿Eh? No, solo veía a ver cómo ibas. —Se excusó torpemente.
—Ya. Pero no vas a ver mucho diferencia si me miras cada cinco segundos.
Mierda, le había pillado. Soltó una risita forzada, como creyendo que el otro bromeaba y no hablaba en serio, aunque sabía que sí. Xiang le observó, al parecer divertido al ver el leve sonrojo en el pálido rostro ajeno.
—¿Crees que se puede salir ya de aquí? Queda poco por limpiar y aquí no queda ni la mitad de la gente. —Claramente muchos se habían escaqueado a la mínima oportunidad y Emil empezaba a sentirse algo incómodo con el profundo silencio entre ambos.
—Si quieres que tengamos más intimidad solo tienes que decirlo. —Soltó Xiang, disfrutando con la reacción que causó en el menor, pero no de su acto: Emil le lanzó la esponja empapada, que no dio en su cara gracias a que la apartó, pero si que impactó en toda la camisa, empapándola. Emil maldijo que de arriba solo llevara puesta una fina camisa blanca porque, joder, esa zona no tardó en pegarse al torso del moreno, que apartó la esponja con desinterés. —Ahora tendremos que ir a que me cambie.
—Espera, ¿tendremos? Yo no... —El islandés se preparó para usar alguna excusa, pero Xiang asintió enseguida y se levantó, sin dudar antes de atrapar una de las muñecas de Emil y llevárselo consigo, éste solo soltó un gruñido por lo bajo y le dejó, si total, aunque se negara estaba seguro de que iba a acabar yendo con él de todas formas.
—Estás demasiado nervioso. Ni que fuera a violarte contra la pared. Yo sería más delicado.
—... ¿Qué?
—Nada. —Xiang entró en su celda al llegar. —Vuelves a parecer un tomate.
El menor masculló algo en voz baja que no debía ser un halago precisamente. Xiang rodó los ojos y le empujó suavemente hacia el interior.
—Debería volver a la mía... —Murmuró Emil.
—No creo.
—... Ya. ¿No tienes compañero?
Xiang negó con la cabeza.
—Estoy yo solo, y es mucho mejor así.
Acto seguido se encogió de hombros y agarró los extremos de su camisa para sacársela sin más, Emil se tapó la cara al instante y le dio la espalda, bastante sonrojado.
—¡Avisa antes de hacer eso! —Exclamó, apartando las manos de sus ojos, sin llegar a girarse.
—Lo siento.
Emil inspiró aire lentamente, tranquilizándose, sin entender el motivo por el que ese condenado hongkonés le ponía tan terriblemente nervioso.
—¿Cuánto tiempo te queda para salir de este lugar? —Habló de cualquier tema para distraerse
—Menos del que debería, realmente. —Murmuró Xiang. —Mi familia es muy adinerada, mi padre no se lo pensó antes de influir en el juicio, afortunadamente para mi el juez no se hizo de rogar, el dinero es muy útil en estas cosas. Si no fuera por eso, no saldría de aquí en mi vida... y, además, no causé ninguna muerte en el incendio, solo heridos.
El islandés se giró a mirarle perplejo, no entendía como podía decir eso con tanta naturalidad. Él mismo ni siquiera había hecho algo mal y se sentía como la peor de las miserias estando en una cárcel.
—Oh. —Dijo simplemente, prefería no seguir por ese tema. —¿Podemos irnos ya? No quiero meterme en líos y ya no se escucha a nadie fuera, seguro que todos han regresado a sus celdas.
—¿Quieres volver? —Xiang apenó levemente su tono, pero acabó suspirando y se puso una camisa limpia, esta de color rojo. —Está bien, ya va siendo hora, aunque a mi me parece más agradable que te quedes aquí.
Emil negó con la cabeza y bufó por lo bajo, girándose para salir de allí sin esperarle. No le escuchó seguirle ni detenerle, así que se las arregló para regresar a su celda, donde Lukas le miró desde la cama distraídamente, más concentrado en el libro que estaba leyendo.
—¿Dónde te metes?
—No es culpa mía si os largáis sin más y me dejáis solo.
Lukas no contestó, lo que bien podía ser como darle la razón o que simplemente no le tomaba en serio, a saber. Emil se sentó en la cama y subió en ésta tras quitarse las zapatillas. No perdieron tiempo charlando, se tumbó de espaldas al noruego y cerró los ojos, intentando dormirse cuanto antes, prefería que el tiempo pasara rápido allí.
El sonido de unos fuertes golpes en la puerta de la celda le hicieron despertarse sobresaltado, el hermano de Lily Vogel paseaba rápidamente por los pasillos, golpeando las barras con una especie de porra, gritando cosas poco agradables para que se despertaran.
Vio a Lukas ya levantado junto a su propia cama, y se obligó a sí mismo a desperezarse y levantarse rápidamente. Tampoco le hizo falta vestirse, porque se había acostado tal y como estaba.
—Oye. —Le llamó Lukas. —Voy a estar ocupado un rato, tampoco esperes que aparezca hasta por la tarde, así que tú, puedes distraerte como quieras. Sabes que Tino y Berwald están para lo que necesites, no tengas miedo de aprovecharte de Tino, tampoco es algo nuevo, él se deja. Y no te metas en líos, luego iré a ver como estás.
—Hablas como si fueras mi madre.
—Soy tu hermano mayor, ahora. Así que me haces caso. —Emil abrió la boca para protestar. —Nada. Obedece.
Emil refunfuñó por lo bajo y se limitó a asentir, básicamente, para que le dejara en paz.
—Bien... y, Emil... —Lukas suavizó su voz, con un tono leve de preocupación en éste. —Ten cuidado con Xiang.
El islandés le miró algo nervioso, ¿qué sabía él? Creía que desconocía totalmente que hubiera estado con Xiang, pero por el tono que usó parecía bastante informado de todo. No le hacía mucha gracia que le controlara y le dijera qué hacer una persona que conocía de hacía un día, ni que fuera un niño pequeño, podía cuidarse solo. Bueno, más o menos.
Antes de poder preguntar la razón de esa advertencia, Lukas abrió la puerta de la celda y desapareció de allí. Emil suspiró, al menos esta vez avisó antes de irse. Se atrevió a asomarse un poco al pasillo, los demás estaban entretenidos en el mismo pasillo, en esos momentos no podían ir más allá hasta que abrieran el comedor para desayunar, así que esperaban. Pero no vio a Lukas por ningún lado.
—Voy a matarte un día de estos. —Murmuró el noruego mientras tocaba la espalda del danés con una mano para llamar su atención, frunciendo ligeramente el ceño cuando éste se giró hacia él con una amplia sonrisa. —Casi me descubren, ¿no crees que sería mejor quedar en otra hora en la que llame menos la atención? Y, además, no sé para qué tenemos que venir a las duchas a hablar...
Mathias soltó una carcajada.
—Así sabemos que no va a venir nadie, y no puedo esperarte en el pasillo, me verían. Además yo no decido a qué hora reunirnos.
—¿Y los demás? Tino y Berwald no vienen hoy, como ves.
—Da igual, ya les contaremos lo que sea importante.
—Vamos. —Lukas se dio la vuelta para salir.
—Jo, Noru... ¿no quieres que estemos un ratito a sola antes de ir con los demás? —Dijo Mathias mientras ampliaba su sonrisa, rodeando la cintura del noruego desde atrás, pegándolo un poco a sí mismo.
—Sigue soñando. —Lukas echó la cabeza hacia atrás para mirarle, momento que el mayor aprovechó para robarle un beso. Lukas soltó un pequeño gruñido, sonrojado, y se removió un poco para apartarse de él. —Math, no. Aquí no. —Entrecerró los ojos al ver los pucheros que hacía el danés. —Sabes que puedes pedir un vis a vis de esos. Y, bueno. Ya sabes. Yo puedo aceptarlo.
Mathias pareció satisfecho con esa respuesta. Era una especie de 'juego' del que podían disfrutar los presos: el vis a vis, si uno entregaba una nota a algún guardia, éste podía hacérselo llegar al preso al que fuera destinada, y si éste respondía con una afirmación, eso y eligiendo al guardia adecuado como 'mensajero'... bueno, dicha parejita tenía un rato libre en una sala exclusivamente para ellos sin que nadie les molestara, y podían hacer lo que quisieran. Claro que, solían limitarse a hacer una cosa en especial, para algo había allí una cama.
—Si, si. ~ —Mathias agarró una de las manos de Lukas y tiró un poco de él, llevándole por los pasillos, ambos llegaron a un sitio que ya conocían bien, sin problemas por el camino: la sala de calderas, una especie de sotanillo con una pequeña sala llena de máquinas, encargadas de la electricidad y calefacción, aunque eso no es lo que les interesaba. Entraron dentro, y todas las miradas se posaron unos instantes sobre ellos.
—¡Ya era hora! Ibamos a empezar sin vosotros. —Reclamó un chico albino, que estaba apoyado en la pared con expresión impaciente.
—Supongo que no vendrá nadie más, así que, empecemos. —Esa era Elizabetha, la joven castaña estaba sentada cerca del otro albino que acababa de hablar. —Supongo que nadie ha podido contactar con los demás, ¿o sí?
—En realidad. —Intervino un chico de gafas con entusiasmo infantil. —¡Solo tenemos que pedirlo amablemente!
—¿De qué demonios hablas, Alfred? —Interrogó Lovino algo molesto al pensar que bromeaba. —Espero que no sea alguna de tus ideas estúpidas.
—¡No lo es! —Se defendió éste. —¡Hablo en serio! Casi todos los guardias tienen ordenadores portátiles, e internet, con ellos es fácil hacer videollamadas, y ya está.
—Pues ve tú y pídeselo a uno, a ver qué te dice. —Refunfuñó el italiano.
—En realidad...
La puerta se abrió y todos ellos se quedaron helados mirando, una figura conocida entró por la puerta, y enseguida vieron a Lily Vogel entrando, ésta les observó unos segundos con expresión seria, tenía una pistola en la mano y una carpeta grande bajo el brazo. La chica enseguida esbozó una sonrisa dulce.
—¡Listo! De verdad que os deseo suerte. —Dijo la joven sorprendiéndoles a todos. Guardó la pistola en la funda de su cinturón y se arrodilló en el suelo, alguien cerró la puerta tras ella, Lily sacó un ordenador portátil de aquella carpeta y tecleó con rapidez. —Muchos de vosotros estáis aquí de manera injusta, muchas pruebas fueron manipuladas en los juicios, por eso os mandaron a ésta cárcel, en medio del mar no habrá muchas personas que os vayan a ayudar, pero todo eso ya lo sabéis.
—¿Vogel? —Murmuró Emma que se había mantenido en silencio, junto a su hermano Govert. —Oh, genial. ¡Eres un genio, Al!
Éste rió, divertido.
—¡Perfecto! ¡Así podemos hablar con ellos! —Yong exclamó alegremente, éste estaba sentado sobre una caja acompañado de su prima Lina, la vietnamita observaba todo sin pronunciar palabra.
—Veamos... —Murmuró Lily, mirándoles a todos. —Vaya, algunos realmente no me sorprende que estéis metidos en esto, reconozco que otros sí.
Entonces una imágen apareció en el ordenador, Lovino se acercó rápidamente.
—¡Déjame hablar con mi hermano, macho patatas! ¡Más te vale que esté en perfecto estado! —Exigió al hombre rubio que le observaba desde la pantalla del ordenador, éste simplemente suspiró. La cabeza de otro chico apareció en la pantalla, era casi idéntico a Lovino.
—Estaba preocupado. —Dijo Feliciano, con una sonrisa alegre.
Alfred apartó a Lovino para adueñarse del ordenador y mirando éste con expresión preocupada.
—¿¡Y Arthur!?
—Está bien. —Dijo Ludwig, en tono tranquilizador. —Todos están bien, no os preocupéis. ¿Cómo os va?
—¡Hermanito! —Gilbert se hizo su hueco delante de la pantalla. —Espero que te estés acostando temprano, recuerda lavarte las manos antes de comer y tener siempre, siempre a mano algunos condones.
Ludwig se sonrojó bruscamente y el albino soltó una carcajada, siendo apartado por Elizabeta, que les empujó a todos y se sentó frente al ordenador.
—Basta de tonterías. —Dijo la húngara. —Lud, no queda demasiado, el plan está casi completo. Llevamos tiempo planeándolo, no van a poder con este motin. ¡Vamos a escaparnos de ésta maldita cárcel!
—Tened cuidado. —Murmuró Ludwig. —Lamentamos no poder ayudaros desde aquí.
—Saber que todos estáis bien es suficiente para ayudarnos a seguir. —Dijo Alfred con ánimo. —Dile que le quiero. —Pidió esbozando una amplia sonrisa. Todos sabían que eso iba dirigido a Arthur, por eso nadie comentó nada.
Ludwig asintió, y al instante su imágen desapareció de la pantalla. Lily recogió rápidamente el ordenador y lo guardó.
Elizabetha suspiró suavemente y se levantó, girándose hacia los demás.
—¿Os ocupáis de informarles? —Dijo la muchacha dirigiéndose a Mathias y Lukas, el primero asintió enseguida.
No pasaron más que unos minutos hasta que todos empezaron a salir y dispersarse, cada uno a lo suyo. Yong y Lina se quedaron algo atrás, el coreano se giró en la puerta, mientras dejaba salir a la chica.
—¡Vamos! Tenemos que informar a Yao de esto. —Dijo con tono impaciente. —Xiang.
El hongkonés suspiró desde la esquina en la que se encontraba y se apartó de la pared, caminando hacia la puerta. Estaba demasiado ocupado dándole vueltas a una idea que tenía en la cabeza como para haber prestado realmente atención a aquella corta e improvisada reunión. Sacó un mechero de uno de sus bolsillos y se dedicó a prender la pequeña llama, observando ésta con expresión ausente.
—Vamos. —Lina le arrebató el encendedor de las manos y lo agitó delante de su rostro. —Podras quemar todo lo que quieras, pero no ahora.
Xiang la miró sin expresión, recuperando el mechero de manos de la chica. No tardó en estar caminando por el comedor, éste acababa de abrirse, pero había estado tan ocupado sumido en sus pensamientos como para haberse dado cuenta de nada, así que casi se sorprendió al llegar allí, como si de repente se hubiera teletransportado.
Pestañeó lentamente, viendo como Yong y Lina se alejaban hacia la mesa donde siempre se ponían el grupo de asiáticos que eran. Pero su atención se distrajo totalmente de ellos, estaba demasiado ocupado con lo que consideraba más importante. Xiang frunció levemente el ceño al ver a Tino entre toda la gente y no tardó en acercarse al finlandés, agarrándole del brazo de manera algo brusca y girándole, el rubio soltó una exclamación de sorpresa, pero no fue por eso por lo que Xiang le soltó, si no por la mirada homicida que Berwald le lanzó. Maldijo por lo bajo que el sueco soliera pasarse el día pegado al finés, aunque en ese momento le dio igual. Aunque estaba claro que debía ser más agradable con Tino si no quería acabar mal.
—¿Y Emil? —Dijo sin rodeos.
Tino dudó unos instantes, pero Xiang no tenía tiempo para eso y en ese momento su normalmente gran paciencia no existía; empujó bruscamente al finés para apartarle, pero antes de dar dos pasos notó una mano agarrándole por el hombro. Frunció el ceño y se giró rápidamente, lanzando un puñetazo a la cara de Berwald, pero éste atrapó enseguida su mano en el aire y le agarró del cuello de la camisa, empujando a Xiang, que soltó un gruñido al chocar contra la pared. Observó al sueco con el ceño fruncido.
—Si, si. Ya lo sé. —Murmuró, su tono volvía a ser calmado, como su expresión.
—No trates así... —Dijo Berwald con su voz de ultratumba.
—A tu esposa, ya. —Xiang alzó una ceja, no es como si fuera la primera vez que ocurría algo así.
—¡Su! —Exclamó alterado Tino, usando el apodo con el que llamaba al sueco; le agarró del brazo, algo temeroso de que pudiera empezar una pelea. —¡Déjalo!
Berwald gruñó por lo bajo y soltó al hongkonés, que simplemente se colocó la ropa. En ese momento se dieron cuenta de que todos les miraban, sin embargo enseguida lo olvidaron al ver que la acción acababa.
Xiang frunció un poco el ceño al ver que los otros dos se alejaban, pero al girarse en dirección contraria comprendió el motivo: ya no les necesitaba y ellos lo sabían, debían haberle visto antes que él. Y es que tuvo que frenar rápidamente para no chocar con Emil, que tenía clavados sus ojos amatistas en él y el ceño levemente fruncido.
—Menuda actuación. —Se mofó. —En serio, yo llegué ayer y ya sé perfectamente que no hay que molestar a Tino, tonto. —Suspiró un poco y negó con la cabeza.
Xiang le miró sin decir palabra, preguntándose desde cuando llevaba ahí.
—¿Hay algún motivo por el que desees morir? —Preguntó Emil con una leve sonrisa burlona. —¿O es que viste eso como un buen método de suicidio?
—Te buscaba.
—¿Mh? ¿A mi? —Emil dejó de sonreír y le miró arqueando una ceja, sin comprender por qué. —Pareces que me acosas, Xiang.
El hongkonés sonrió levemente, era la primera vez que escuchaba su nombre pronunciado por el islandés, y aunque fuera una cosa totalmente trivial, le gustaba. Xiang miró de reojo a Tino y Berwald que no estaban muy alejados, aunque les miraban de vez en cuando. No hizo caso de sus miradas de advertencia.
—Y tú disimulas muy bien cuánto te gusta. —Dijo tranquilamente, consiguiendo de nuevo que el menor se sonrojara un poco y le maldijera en voz baja.
Xiang ignoró sus palabras y se lo llevó un poco más lejos, escapando de las miradas vigilantes de los otros dos. Prefería hablar sin ellos cerca.
N/A:
Si, se organiza un motín, así de simple. xD En fin, nada más que decir.
Por cierto, Lina es Vietnam, no sé si lo dije.
