Otro capi nuevo, espero les guste... ¡Disculpen que lo haya subido con tantos días de atraso! la verdad la inspiración viene y va de a ratos, y si les soy sincera he intentado que se quede, pero no quiere...

Les prometo el proximo capítulo para el viernes que viene a más tardar, y no se preocupen, voy a cumplir esta vez... :D

¡espero les guste, dejenme lindos reviews! ¡ah y muchas gracias a todos los que me han puesto favoritos, alertas de autor, reviews y que se tomaron el tiempo de leer mis fics!

Muchísimas gracias, insisto.

¡Saludos, Rosie!

Disclaimer: los personajes, nombres y lugares de SCC pertenecen al grupo CLAMP.


Emma PDV

La ira se apoderaba de mí, había acertado en espiar a Shaoran Li, y la suerte me había sonreído cuando Kinomoto se olvidó de cerrar la puerta, y yo pude entrar, sigilosamente.

¡Le había propuesto matrimonio!

Tenía que saberlo, saber que lo buscábamos que lo estábamos presionando. ¿Con que descubriendo la clave de su cuenta nuevamente…?

¡Esto no podía ser! ¡No gasté casi diez años de mi vida haciéndole buena cara a ese hombre para que me deje sin nada!

Esa mujer… tenía que desaparecer del camino. Los ojos se me llenaron de lágrimas de rabia.

¡Ella no lo merecía…! ¡Se quedaría con todos esos millones…!

La haría desaparecer. Basta de manos de terceros en el camino. Me encargaría yo mismade que Sakura Kinomoto tuviera su último aliento.

Y la venganza contra Shaoran Li sería todavía más fuerte.

Estaba decidido. Le quitaría todo. Su dinero, su amor, todo. Quería verlo sufrir. Por haberme humillado así, por jamás quererme.

—¡No te lo permitiré, Shaoran Li! ¡NO puedes humillarme así! ¡Jamás quererme como quise…!—grité, de camino al auto

Escuché, una voz, a mis espaldas, suave y fría, de mujer.

—¿Cómo puedes sentirte traicionada cuando nunca jamás nada pasó?

Cuando me di vuelta, ya no había nadie.

Pero no me importa si estoy loca, a mí nadie me quita a un lado.

Tomoyo PDV

Luego de que Shaoran activara su cuenta nuevamente, me relajé un poco, mi amigo tendría lo suyo… en 20 días.

Era el plazo que nosotros tomábamos para asegurar una administración eficaz de los bienes.

La cabeza me dolía, y mucho. Me tomé una aspirina sin más problema. Faltaban dos días para la fiesta, sí hoy es jueves, y tengo que tener todo listo para impresionar a accionistas y a la prensa.

Tenía que cambiarme ese molesto traje de oficina por algo más informal… o mejor dicho, menos de oficina y más arreglado. Estaría por los mejores hoteles, y visitaría a uno de los mejores costureros para darle los últimos detalles a mi vestido.

Todo esto requería una guardia de cinco custodias mujeres, y varios guardaespaldas más que estarían de civil.

Oh como amaría que nadie me reconociera por una vez… al menos, los que quisieran el rescate por mi cabeza.

Extraño poder pasear tranquila en las noches de verano. Elegir mi ropa sin nadie más que mi madre o mis amigas y yo.

Mi asistente hizo pasar a una visita inesperada, una que me hizo irritar bastante. ¡No tenía tiempo para otra entrevista de una revista de economía haciendo comentarios machistas por que fuese mujer!

—Hooola— saludó la visita

—¿Hiraguisawa?— me sorprendí, irguiéndome en la silla, dado que estaba bastante despatarrada

—Sí, vine a visitarla, Daidoji, quizás pudiésemos pasar algún tiempo juntos antes de la fiesta.

—Le agradezco que se haya molestado en venir, pero tengo mucho que hacer hoy.

—¿Puedo ir con usted?— preguntó, con una sonrisa socarrona en los labios— Y también le pediría que nos tratemos de tú si le parece...

Asentí sonriendo.

—Sólo tengo que cambiarme, espera en la sala— le pedí— pero vamos a tener que caminar mucho, ver muchas tiendas, elegir muchas decoraciones…— advertí

—¡Perfecto!— comentó— ¡hoy acerté al ponerme zapatos cómodos!

Volví a reír e hice que saliera por la puerta para poder cambiarme.

Aquella tarde de organizar los últimos detalles de la fiesta me resultó relajante con Hiraguisawa, a contrapartida con lo que pensé que sería aquella hazaña.

Reí mucho, me ayudó en la elección de las decoraciones e incluso llegó a comentar el "combinar su traje al color de mi vestido".

Al llegar a la oficina me despedí de él, con ciertas ganas de volverlo a ver.

Suspiré, con cierta molestia al notar que tenía una cita con los Linée. Vaya momento para encontrarme con Emma…

Entré, luego de ponerme aquel traje de oficina lavado una vez más.

—Buenas tardes, señores, un gusto volver a verlos— mentí con mi mejor cara de poker— estoy segura disculparán mi retraso…

—Pero que no vuelva a suceder, señorita, es muy poco profesional— comentó Jennifer Linée.

Una mujer de pelo castaño claro casi rubio, y los ojos miel, su cara siempre estaba contraída, producto de las operaciones anti-arrugas en repetidas ocasiones, además de que su ego hacía que pareciese que estuviera oliendo algo desagradable todo el día.

Poco profesional tu vestimenta pensé, intentando controlar mi rostro.

—¿Qué los trae por aquí…? Cancelar su deuda, espero— dije, seria

El padre de Emma, Jasper Linée, se puso colorado de repente, ante el disgusto de aquella mención.

—Tienen un mes para pagar, o embargaremos su mansión…— comenté, mirando su expediente.

—Venimos a presentarle el certificado de defunción del padre de Hien Li, Kenshi Li, como verá, luego de su mujer soy heredero directo por el testamento…— comenzó a explicar

—Hasta que no aparezca ese papel, lo lamento— me regodeé en la expresión de disgusto de Emma

—Pero queremos asegurarnos de obtener nuestra mitad correspondiente a la muerte de Hien Li… como se establece en el papel.

Me adelanté en el escritorio, mirándolos fijamente.

—Hasta que no aparezca el certificado de defunción de Hien Li, usted recibirá sólo lo estipulado por el señor Kenshi Li— articulé las palabras

Me miraron, los tres con esa cara de perro que poseen.

—En cuanto a cómo saldarán esa deuda, los dejaré tranquilos, discutan su plan de pagos y me confirman.

Jasper Lineé asintió y salí de la habitación.

Fui hasta el baño, entré y aflojé esa sonrisa forzada con demasiado alivio… me miré en el espejo y fruncí el ceño.

Tenían que venir los Linée a arruinar este día…pensé.

Suspiré y comencé a desenredar mi cabello con los dedos, algo que siempre me relajaba, luego de atármelo nuevamente en un semi-recogido, me di un masaje en las sienes, respiré hondo y caminé hacia la oficina nuevamente.

Al llegar, noté que la puerta no estaba totalmente cerrada, pero como nadie andaba por el piso no me preocupó que se sintieran invadidos.

Cuando me acerqué más, un instinto profundo, casi como un sexto sentido, hizo que me detuviese, muy cerca de la puerta.

—No podemos pagar esa deuda, estamos en bancarrota— se quejaba Jennifer Linée— y no hay otras fuentes, nos ahogamos en cheques a pagar, necesitamos esa fortuna del testamento.

—Tengo un plan para llevar a Shaoran Li hacia el altar…— la sonrisa malévola de Emma Linée se traslucía en su voz

—Ese hombre no te va a dar el sí ni en un millón de años…— escupió Jasper Linée— tiene a la tal Kinomoto

—Oh ese es el blanco más importante de mi plan, Kinomoto va a quedar fuera— una risa se le escapó ante la mención de aquel suceso.

Me congelé en mi lugar, mis ojos se llenaron de lágrimas. ¡Justo hoy tenían que averiarse las cámaras! De todas formas, no podía acusarlos, porque la buscarían igual. Tenía que ser todo discreto. Literalmente, Sakura y Shaoran tenían que desaparecer. Un ruido a mis espaldas mi puso la piel de gallina, un ruido de tacones.

Me di vuelta rápidamente, pero ya nadie estaba allí. Me compuse como pude.

—¿Han decidido?- entré, intentando ser ruidosa

—Sí—dictaminó Jasper Linée— le entregaremos este pago inicial— me extendió un cheque— y optamos por los pagos de la carpeta número tres que nos mandó.

—Bien, entonces el mes que viene deben presentar la mitad de la deuda, podemos volver a charlar si lo desean…

—No será necesario, nos vamos— Jasper sonaba nervioso

Y los observé irse, en especial a Emma, con su paso altivo y egocéntrico, odioso.

Marqué un número en el teléfono, con el pulso tembloroso.

—Eriol, necesito tu ayuda.

Demetria PDV

Al tiempo que desaparecía de la vista de Tomoyo Daidoji, tomé mi celular y busqué en la agenda el número de la oficina de mi jefe.

—Demetria.

—Jefe— saludé, fría— le informo un cambio de 180º en nuestro panorama, Emma Linée tiene serios planes contra Kinomoto Sakura, esto implica obtener a Shaoran Li como esposo, déjeme decirle, señor, que los Linée han hablado de un testamento billonario para el padre de Shaoran Li, este hombre ha muerto hace unos días, pero no pueden encontrar el testamento esto parece ser la razón motora…—explicaba, fríamente, saliendo de aquel banco

—Averigua ya mismo qué exactamente planea Emma Linée, te daré la tarjeta Visa Dorada, ve, ve, ¡Ve ya!— el hombre pareció desesperarse por unos segundos para luego llegar al colapso

—Entendido, déjeme darle otro dato, Shaoran Li no tiene dinero a disposición en este momento, su cuenta estará cerrada unos veinte días más para incorporarla al sistema prolijamente, por lo que no tendrá problemas con que valla lejos…

Oí cómo, sonoramente, tragaba saliva.

—Entonces, ¿me dices que los Linée no poseen ese documento?

—El testamento, claro, parecen buscarlo…

—Como dijiste, un cambio de 180º…— musitó

—Exacto— asentí

—Bien, Demetria, ahora, quiero un dato más…—ordenó— para hoy mismo quiero que averigües si Sakura Kinomoto tiene pasaporte.

—Ese dato ya fue obtenido, lo tiene.

—Entonces te mandaré las instrucciones, Kinomoto y Shaoran desaparecerán.

Cortó sin más preámbulos, dejándome con las palabras en la boca, y las dudas en la mente.

Shaoran PDV

Era un viernes como cualquier otro… bueno, como cualquier otro con Sakura. Disfrutaba de la aparente paz que se respiraba en el aire mientras desayunábamos juntos, antes de que ella se fuera al trabajo, y yo me quedara patéticamente como un parásito aquí. Pero Daidoji me ofreció un puesto en su banco, eso era algo y tendría mi mente ocupada. Faltaban quince minutos para que Sakura se fuera, y mi mente a esa hora parecía no funcionar, quizás por el sueño, quizás fuera que era invierno. Atiné a abrazarla juguetonamente.

—¡No!— bromeé— hoy no te vas.

—¡Shaoran!— rió ella

—Soy Bowser y no te voy a dejar ir, Princesa Peach— le di un sonoro beso en el cuello, haciéndole cosquillas

—¿Y Mario no tendría que venir a rescatarme?

—Ah, no… bowser seer muy celosooo… — comencé a hacerle cosquillas

—¡Basta!—rió— ¡Shaaaaaaaoooooran! ¡Basta…!— no podía hablar entre las carcajadas.

—Bueno… pero hay que pagar rescate…— le guiñé un ojo

Me dio un beso y yo sonreí.

—¿Eso alcanza?— levantó las cejas en medio de una sonrisa

—Mmm por ahora— le di un beso en la mejilla

El teléfono sonó, y, de mala gana, atendí. Sakura tomó su maletín y se despidió saludándome con la mano.

—¿Shaoran Li?

—¿Daidoji?— pregunté

—Sí, Li, tienes que irte del país, toma a Sakura y vete, lo más pronto posible.

—¿Qué?— mi asombro era notorio

—Emma Linée planea algo contra Sakura, la escuché hablar ayer en la tarde cuando vino a la entrevista por la deuda, te quiere a ti en el altar y a ella fuera del camino.

—No puede ser…— el aliento me faltaba— ¡No puedo acceder a mi cuenta, Daidoji! ¿Cómo voy a salir de aquí?

—Pregúntale a Sakura, no sé, usa los fondos que te quedaron… si no yo te consigo el viaje, tengo amigos que me deben varios favores, hablamos de la vida de Sakura en riesgo— la voz de Tomoyo parecía temblorosa.

—Tienen contactos, me encontrarían en el momento en que pise la frontera sólo con la mención de mi nombre— pronuncié, iracundo, golpeando la mesada de la cocina.

Escuché un ruido de puerta, las llaves, ¡Sakura!

—Te hablo después— balbuceé rápidamente

Corrí, el trecho desde la cocina hasta la puerta, tomé a Sakura del brazo.

—Amor, llamó Alma, hoy se canceló tu primera cita, puedes ir más tarde.

—¿Ah?— ella me miró, confundida

Vi una sombra, fuera de la puerta, una mujer de pelo marrón, la vi por el vidrio.. Abrí la puerta con furia y eché a Sakura detrás de mí pero ya no había nadie. En el piso, un sobre blanco tenía escrito Shaoran Li.

Lo tomé del suelo y lo abrí.

Dentro había una dirección, boletos de avión, un comprobante de reserva y una nota.

La dirección de un aliado, Li, te sacará del país sin pasar por el control común, dos boletos a Suiza, reservaciones en el hotel Bristol de Ginebra. El vuelo es hoy, a las 7 pm.

—Pero Shaoran ¿Qué dices? ¡Tengo que irme!

No podía dejarla ir, la acorralé contra la pared, me hundí en sus ojos y tomando una buena bocanada de aire largué todo, mientras sentía muy juntos nuestros cuerpos.

—Nos tenemos que ir, y ya, Sakura— volví a suspirar— Tomoyo llamó, Emma planea algo contra ti, te quiere fuera del camino, no sé quién sería esa mujer, pero no tenemos alternativa, te buscan, me buscan, y en el momento en que pisemos un aeropuerto nos van a encontrar, no voy a dejar que te vayas, Eriol arreglará todo, ve, haz tus maletas, nos vamos ya.

Sakura me miró, asustada.

La besé por unos segundos, luego, le acaricié una mejilla. Seguía paralizada, me miraba enfocando distintos puntos de mi rostro, casi en shock, comenzó a lagrimear, al tiempo que me agarraba los dos brazos, desesperada.

—N-n-no puede ser, Shaoran, no…— su voz se quebraba— no… le hice nada…

Tan inocente, tan pura…

—Esa mujer no es lo que aparenta, Sakura, es una víbora de cascabel, tenemos que irnos, ve, yo llamaré a Eriol.

—Tengo miedo, Shaoran— ella se acurrucó contra mi pecho

En ese momento me di cuenta que Sakura era conciente de los bueyes con los que araba. Sabía lo que mi familia era capaz, la familia de Emma. La abracé con fuerza, intentando darle la seguridad que yo no tenía en ese momento.

Hubiera deseado ser un don nadie en ese momento, sólo para que pudiéramos seguir nuestras vidas en paz, sin la mafia rastreándonos.

La separé un poco, la miré a los ojos y le susurré, con seriedad

—Jamás dejaría que algo te sucediera, Sakura, jamás, aunque tuviera que dar mi vida por ello, ¿lo recuerdas? Te lo prometí y una promesa que yo te haga es sagrada, un juramento irrompible, por favor, ve, el tiempo corre.

Ella asintió y la dejé ir, cuando supe que no podría verme, llamé, desesperado, a Eriol.

—Mmm sí, ¿diga?— se notaba que la jornada de Eriol no empezaba hasta las diez

—Eriol, necesito tu ayuda, soy Shaoran, me voy del país, arregla todo para que no despidan del trabajo a Sakura.

—Ah, sí…eso —parecía despertarse— Daidoji me llamó, tomaré todos sus casos, terminé de resolver los míos ayer.

—Bien— susurré, aliviado

—Escucha, lobito, si tienes problemas, vete para Inglaterra a la casa de mis padres, hablaré con ellos.

—Los Linée están ahí, pero gracias, amigo.

—De nada, cuídate, Shaoran, y cuida mucho a Sakura también.

—Cuando vuelva, tú, casanova, te quiero ver en pareja con Daidoji— bromeé amargamente

—Que no te quepan dudas, lobito, y mucha, mucha suerte.

—Hasta luego, Eriol.

Corté. Y subí con rapidez, encontrado a Sakura que luchaba por meter la mayor cantidad de ropa en una maleta.

—Déjame que te ayude con eso— le sonreí, en ese momento me alegraba ser un noble mago

Empequeñecí todas las cosas, para que entraran en una sola maleta, las suyas en una, las mías en otra.

De todas formas nos las arreglamos para llevar algunos bolsos de mano y demás, sólo para aparentar normalidad.

En ese momento, sentí la horrible vida del fugitivo, del que escapa, del que no tiene un lugar…

Una persona perseguida.

En mi caso era peor, porque escapaba para proteger a la persona que más quería, por puro egoísmo, porque no podría dejarla ir, para que fuera feliz.

La necesitaba conmigo.

Necesitaba sentirme libre, y no iba a ceder ante esa patética junta de personas que se hacen llamar mi "familia".

Una familia es un grupo de personas que te aman, que te crían y cuidan lo mejor que pueden, siempre queriendo lo mejor para ti, no usándote y manipulándote como a un muñeco de trapo.

No soy tan idiota como para creerme eso, nunca lo fui y es una herida que siempre tendré en mi corazón.

Algo que no quiero que se repita en un futuro, por eso lucharé con uñas y dientes para ganar esta batalla, darle el ultimátum a mi madre de que no voy a repetir sus errores, yo no me voy a dejar manipularcomo ella lo hizo.

Voy a formar mi vida, mi familia, lo mío. Y no un patrimonio Li.

Llamé a la empresa VISA para comprobar que esa tarjeta tuviera fondos y no fuera falsa, o las cosas se me pondrían peores.

Aparentemente, la persona que habilitó esa tarjeta no dio mucho nombre, simplemente la puso a mi nombre con una reserva de dinero suficiente para los gastos que pudiesen surgir.

Eso era raro, pero necesitaba irme, y lo más pronto posible.

Llamé un taxi.

En cuanto vino, hice que Sakura subiera y yo me metí después.

El taxi se detuvo en el aeropuerto, luego de pagar bajé, tomando todas las irritantes, aunque livianas, maletas.

Llevar eso a rastras no me ayudaba, pero tampoco me quedaba otra opción. Sentía el corazón aturdiendo mis oídos, a medida que el tiempo pasaba.

Al seguir las indicaciones del extraño papel que aquella desconocida nos dejó, llegué a un galpón, con olor a aceite quemado y marrón por donde se pudiese alcanzar a ver. Estaba justo enfrente de una pista de aterrizaje.

Entré, con la guardia y los sentidos en alto, manteniendo a Sakura cerca de mí.

—Buenos días…—llamé

—¡Shaoran Li!— una mujer de rulos marrón oscuro y ojos castaños gritó desde una avioneta a mi derecha— ¡Emily y Frederick Spree a su servicio!

A su lado vi a un hombre rubio, casi albino, con los ojos amarillos y una sonrisa demasiado alegre.

Los dos eran pálidos como muertos y daban la impresión de estar metido en medio de la fiesta del día de San Patricio.

El hombre era exageradamente alto, mucho. La chica era de estatura normal, aunque algo baja.

Aunque para el amigo, pareja, hermano o lo que significase para ella, que tenía acompañándola, hasta yo parecería bajo.

Sakura parecía extremadamente asustada. La pareja no daba como para aquello, pero siendo que tienes que salir de un país en menos de 24hs o te matarán, creo que hasta al encontrarte una monja sentirías cierto pánico.

Ambos se bajaron y nos estrecharon las manos amigablemente.

—Ella es mi prometida, Sakura Kinomoto— la presenté

—¡Ah sí, sí!— exclamó el hombre— Demetria nos habló de ustedes, encargo de su jefe… sanos y salvos fuera del país— asintió para sí mismo

—No se preocupen, los sacaremos de aquí sin problema— la mujer bajita sonreía —ya arreglamos todo.

—¿Y cómo nos sacarán de aquí?— preguntó Sakura

—¡Emily es piloto!— exclamó Frederik— ya nos trajeron el permiso y todo, iremos en el yet del jefe de Demi…

Mis ojos y los de Sakura se abrieron de par en par.

—¿E-e-es confiable?

—Perfectamente, revíselo si quiere…

Suspiré.

Caminamos atravesando la pista, llegando hasta un avión de proporciones pequeñas. Allí nos subimos con el corazón en la boca. Rogando por que el viaje terminara sin problemas, y no hubiese una bomba lista para explotar en cualquier segundo.

Aquella pareja de unos cincuenta años intentó hacernos la estancia más llevadera. Eran simpáticos, aunque su extraña alegría y ganas de fiesta no se me antojaba en ese momento.

Fueron largas horas encima de ese avión. Daidoji me llamó en cierto momento, dándome las noticias que pudieran acontecer.

—¿Averiguaste algo?— pregunté

—No, la verdad es que no, aunque según mis rastreos en los movimientos de Emma, parece haber comprado algunos calmantes de prescripción psiquiátrica…—rió

—Si tienes nuevas, me avisas— le pedí

—Claro, Li, si me entero que compra veneno…

Rodé los ojos.

—¿A que Eriol está contigo?

—Exacto.

—Me despido, voy a ver si puedo dormir un rato.

—Hasta luego, Li.

—Buenas noches, Daidoji, llamaremos cuando estemos en destino.

Abracé a Sakura, que estaba acostada en un asiento, e intenté concentrarme en el momento.

Veneno. Qué mala espina que me dio esa palabra.