Título: Dilo antes de que se te olvide.
Personajes: Gintoki Sakata, Tatsuma Sakamoto.
Cantidad de Palabras: 1.036
Tatsuma había llegado de repente, como un aguacero de verano. No lo esperaban, nada ni nadie lo había anunciado y sin embargo, allí estaba. Pronto se había establecido en el campamento, por las noches se paseaba alrededor de los heridos, vigilándolos. A veces, hablaba con ellos, algunos reían con él, otros lo ignoraban y se hacían los dormidos. El mismo Gintoki recordaba que alguna vez en medio de la inconsciencia había escuchado su voz. No sólo una, ni dos, ni tres veces, sino más de cuatro. Todas y cada una de las noches que permaneció en aquella improvisada cama, envuelto en vendajes, había pretendido estar dormido; pero Tatsuma insistía; quedándose allí casi toda la noche, contándole cosas sobre su vida antes de la guerra.
— ¿Y tú, que hacías antes de la guerra, Kintoki?—, le preguntó varias veces, al notar que estaba despierto. Gintoki sentía rabia, él no era "Kintoki", era "Gintoki", probablemente así se sentía Zura cuando lo llamaban así; pero el caso de Zura era diferente, porque mientras "Kintoki" podía tener connotaciones pervertidas, "Zura" era un apodo inocente e infantil, no tenía nada de pervertido.
De cualquier manera, no respondía la pregunta, hasta que Tatsuma la formulaba por segunda vez; entonces, Gintoki suspiraba, aguantando el dolor:
— Andaba por ahí—, entonces el dolor dejaba de ser físico y se adentraba en lo profundo de su alma, para resurgir después mezclado con todos esos recuerdos. Gintoki no cambiaba su expresión, pero Tatsuma parecía notar lo que sucedía y se quedaba callado.
— Bueno, Kintoki, es mejor que descanses—, le decía y luego se iba y Gintoki agradecía que, en medio de su idiotez, Tatsuma fuese increíblemente perceptivo.
Tiempo después, sin embargo, su perceptividad disminuyó. Gintoki lo encontraba cada vez más perdido en sus propios pensamientos. Solía hablar menos con las personas a su alrededor, y aunque no dejó de reír, todo lo que decía tenía cada vez menos sentido. Finalmente se había vuelto loco, Gintoki estaba seguro, no había ninguna otra razón, lo único que podía hacer la guerra con alguien como Tatsuma era eso.
Entonces, un día, de la nada, había dicho que quería ir al espacio. Primero había sido un comentario hecho al azar, como para tantear el terreno. Takasugi le había lanzado una mirada asesina:
— ¿Qué dijiste?
— Nada, nada—, le contestó Tatsuma, haciendo un gesto de inocencia—. No te preocupes, Bakasugi—. Y Takasugi había vuelto a lo que fuera que estuviese haciendo, murmurando entre dientes: "Bakasugi…", en tono de indignación y enojo.
La segunda vez se lo había dicho sólo a Gintoki:
— ¿Podrías decirle al resto?
— ¿Acaso tengo cara de mensajero? ¿Por qué no les dices tú?
— Está bien, está bien. Pero tú te encargas de Bakasugi.
— ¡Ah, no! ¡Eso no! ¿Por qué yo? Yo no soy el que se va. Además, si eres capaz de decirle "Bakasugi" en la cara, eres capaz de decirle cualquier otra cosa.
— Pero, Kintoki…
— ¡Nada de peros! No es como si fueses a confesarle tu amor a una chica… ¿O es que estás enamorado de "Bakasugi"? Dime ¿Estás enamorado de "Bakasugi"?—. Cuando sintió el puño de Tatsuma en su cara, se dio cuenta de que por primera vez, estaba enojado. Muy enojado.
Gintoki no sabía cómo demonios Takasugi se había enterado. Pero sabía que Tatsuma no se lo había dicho directamente, también estaba seguro que lo que sentía Tatsuma por Takasugi era algo más cercano al miedo que a cualquier otra cosa. Era de esperar, claro, Katsura y Gintoki eran los únicos capaces de enfrentarse a la furia del líder del Kiheitai; el resto, prefería dejarlo tranquilo y obedecer.
Finalmente, llegó el día de la partida de Sakamoto. Gintoki había enterrado en el fondo de su memoria partes de ese día, así como procuraba enterrar cualquier clase de recuerdo que le produjera una sensación de incomodidad y nostalgia. Tenía claro que aquel había sido un día claro, pero frío, quizás hubiese sido a finales del invierno. Ambos habían dicho muchas cosas sobre el espacio y la Tierra. Y cuando había llegado la hora del adiós definitivo, ambos habían dudado. "¿Volveremos a vernos?", era probable que sí, más no seguro. En esos días nada era seguro. Al fin, se estrecharon las manos; Tatsuma con una amplia sonrisa, Gintoki con algo parecido a una expresión satisfecha en su rostro.
Cuando Gintoki hizo trató de soltar su mano de la de su compañero, la de Tatsuma se cerró con más firmeza, Gintoki lo miró: Su sonrisa había desaparecido y ahora tenía una expresión seria.
— ¿Qué pasa, Tatsuma? ¿No te quieres ir? Yo creía que el espacio era lo que más querías en este mundo… Hey, Tatsuma ¿Me estás escuchando?—. El otro tenía una expresión extraña, como si quisiera pronunciar alguna palabra particularmente difícil.
Más no dijo nada.
— ¡Ah, sí! Jajajaja... ¡Lo siento, Kintoki!—, soltó al fin su mano y se rascó la cabeza—. Son los nervios, los nervios. En fin, nos vemos—, y se había ido, dejando a Gintoki con la impresión de que quería decir algo muy importante.
Por años se preguntó que era, y ahora que lo tenía al frente, había decidido preguntarle, no importaba mucho que estuviesen en un bar y él estuviese preguntando por una tal "Oryo-chan". No estaba seguro sobre cómo abordar el tema, pero después de darle varias vueltas en su cabeza, decidió hacerlo directamente:
— Oye, Tatsuma, ¿Te acuerdas del día en que te fuiste?
— ¿Porqué preguntas, Kintoki?
— Tú querías decir algo más ese día.
— Jajajaja… Kintoki, no lo recuerdo. No sé de qué hablas.
— ¡Querías decir algo!
— No.
— ¿No te acuerdas o no querías decir nada?
— No me acuerdo, Kintoki—, le respondió, con toda la tranquilidad del mundo, luego desvió la mirada hacia una chica que acababa de aparecer—. ¡Ahí estás Oryo-chan! ¡Cásate conmigo!—, de repente, desapareció de su lado. Gintoki lo vio otra vez persiguiendo a la chica por todo el bar.
¿Qué no se acordaba? Tatsuma tenía la memoria de un elefante y Gintoki estaba seguro que ésa era una de sus cualidades que no se había perdido. Sin embargo, por esta vez, se lo perdonaría, porque Gintoki también había querido decirle algo esa vez, pero tampoco se acordaba.
