NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
¡Hola! em... etto.. ¿se acuerdan de mí?
¡NO era mi intención dejar este fic tan abandonado! ni ninguno de los otros, en realidad. Pero como he explicado a quienes me mandaron mensajes pidiendo actualizaciones, prefiero tardarme en escribirles algo bueno que subir cualquier cosa a lo tonto. Espero lo comprendan, porque nada me garantiza que pueda actualizar pronto. Mis exámenes y euforia repentina hacia ROTG me están quitando mucha imaginación y tiempo para estos fics de Avatar que, aún así, trataré de terminar lo más pronto posible.
Comentarios (que son Bastantes y me halagan hasta hacerme sonrojar ¡Gracias!)
jazmin benedetti: ¡Gracias!
Guest: ¡Mil gracias por opinar así de mi fanfic! espero poder actualizar Ciudad República, pero no puedo prometerte nada, lo siento.
Guest 1: Me halagas mucho =)
kenavanenit216: ¡Hola! primero que nada, gracias por leer y comentar. Me alegra haber conseguido ese enfoque de un romance más maduro entre Aang y Katara, precisamente esa era parte de mis intenciones con éste fic y que mi escritura te transmita tanto como dices me emocione. Nunca he ido a Isla Mujeres, pero si me dices que se parece entonces lo creeré xD ¡Gracias por leer!
sofia-kunzita: Debo decir que una de tus premoniciones acerca del trabajo de Katara es correcta, pero no diré cuál, ni tampoco quién le grita (por ahora) aunque eventualmente lo sabrás. Muchas gracias, a mí me alegra que me lean como tu lo haces. Saludos desde México!
fan-avatar: ¿Quién piensas que gritó?mmm estoy intrigada. Sé que me tarde mucho pero ¡aquí está el nuevo cap!
Nieve Taisho: jajaja, bueno, este Tokka siendo sinceras lo hice más que nada pensando en ti y espero poder desarrollarlo de una buena manera a lo largo del fanfic. Mil gracias por el apoyo =D
marcos96: discúlpame a mí por tardar horrores en actualizar. Lo sé, al principio puse que Toph era la hermana de Aang pero pensé que eso sería muy repetitivo y raro (puras parejas de hermanos) así que ahora ambos son primos. Lamento las confusiones.
GirlsBender: ¡Muchas gracias! espero que este capítulo también te guste.
flor: Y yo espero poder terminar el fic pronto, muchas gracias por leer =)
joseto1945: Primero que nada: ¡acertaste! pero no le digas a nadie xD Me alegra que te gusten tanto mis fics, y lo sé, el zutara se salió mucho de mi estilo, también prefiero por muchísimo al Kataang =D
kataang: bueno, no puedo responder del todo esa pregunta, aquí está el capítulo que te dirá un poco :)
Helenil: Nunca, jamás, me cansaré de escuchar/leer que les transmito emociones cuando leen mis historias, porque al menos para mí eso significa ser un escritor y me llena de emoción saber que cumplo con el deber ¡Muchas gracias! y espero que te guste el fic.
klan: aww... me enterneció tu comentario y lamento la increíble tardanza en la actualización. Espero que aún leas ésta historia.
Emilia-Romagna: ¡Holaaa! un montón de tiempo sin saber de ti y lo lamento porque mis actualizaciones tan lentas me han impedido mantener el contacto contigo... lo siento. Lo que me dices en este comentario, no hay problema, no soy prejuiciosa así que no pienso en nazis al leer Alemania. Pobre de tu abuelo, pero pasó a la historia como un héroe ¡espero que aún me leas! y que te siga gustando esta historia.
fanatico Z: ¡Hola! respondiendo a tus preguntas. 1.-Katara y Aang tendrán entre 26-29 años (nunca lo pensé mucho, pero más o menos andan en ese rango) 2.-Sí, es un misterio xD Se revelará todo de a poco 3.-Lo más seguro es que sí ¡pero todavía no es un hecho oficial! =)
Ddcake: ¡Muchas gracias! 3
Kabegami Amaterasu: ¡Hola! mil gracias por tus palabras, me animaron mucho saber que estaba haciendo un buen trabajo con la historia. Me ha llegado algo de inspiración y espero que me dure un tiempo=)
Nuharoo: Soy de las que creen "Una imagen vale más que mil palabras" xD ¡Muchísimas gracias! y si sigues leyendo espero que también te guste este capítulo.
Pandagirl: bueno, por un lado el problema de Katara es con su Jefe y sí, es algo incómodo como tu mencionas. Pero preferiría no decir mucho por ahora.
Kataang4324: ¡Muchas gracias! tus palabras me halagan. Y respondiendo a tu pregunta, espero que en dos capítulos más.
Lamento si mis respuestas son escuetas, es la 1:21 am y temo que no pueda decirles todo lo que quisiera por el cansancio.
NOTA.-En este fic (por si no lo había dicho antes) Toph NO es ciega.
Ahora sí ¡A leer!
Disfruten!
Capitulo 4
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Miércoles
—¡AHH!—gritó Katara.
—¡Demonios!—Zuko cerró apresuradamente la puerta de la primera habitación que encontró, ocultándose.—¿Pero quién rayos eres tú y qué haces en mi casa?—demandó saber.
Katara estaba en shock. Un momento caminaba tranquilamente por el pasillo de la posada y al otro un chico de más o menos su edad, alto y musculoso, con una minúscula toalla cubriéndole sus partes nobles pasaba caminando como si nada. Ella inmediatamente gritó por la sorpresa y el pudor.
—¡Lo lamento!—gritó Katara a la puerta, cuando el terror se le paso—No era mi intención, yo….
—¿Quién eres?—demandó saber.—¿Qué haces aquí?
Zuko estaba en el dormitorio de su madre, y bendijo eso debido a que por ahí debía de estar algo de ropa suya. No podía salir a hablar con esa muchacha desconocida si no estaba al menos vestido. Inmediatamente comenzó a buscar algo de sus ropas, sin dejar de escuchar a la morena.
—Y-y-yo…. Ay… s-soy….
—¡Katara!—Aang se le acercó corriendo con Ursa detrás—¿Pero qué ha pasado?
A Zuko esa voz se le hizo tremendamente conocida. Pero ¿Dónde la había oído?
—¿Aang?—su voz sonaba confundida y sorprendida al mismo tiempo—¿Ese eres tú?
Aang no sabía de dónde venía esa voz juvenil, y estaba preocupado por Katara. La morena tenía los ojos muy abiertos y marcada palidez en su piel. Ursa se asustó de verla así, como si hubiera visto a un fantasma.
—¡Niña!—dijo la mujer—¿Pero a ti que te ha pasado?
—Es que… yo… fue un… el…
—Me encontró en paños menores madre—dijo Zuko a través de la puerta.
Ursa se llevó una mano a la frente con un poco de enfado.
—¿Desde cuándo te paseas en ropa interior por toda la casa? ¡Esta es una posada, Zuko!—le gritó.—¿Y tu dónde estás?
—En tu cuarto—respondió—¿No tienes una de mis camisas por aquí?
—Sobre la cama—respondió.
—Ah… ya las vi. Ahorita salgo.
Katara agarró la mano de Aang y respiró hondo tres veces. Ursa la miró ahora con una sonrisa.
—Es mi hijo Zuko, el mayor. Le lleva dos años a Aang—señaló al chico.—¿Lo recuerdas?—preguntó.
Aang sonrió con esa mirada un poco melancólica que ya se estaba volviendo tan normal en él.
—Claro que me acuerdo—fue su respuesta—¿Zuzu? ¿Estás ahí?
—¡No puede ser!—se escuchó el reclamo. En ese momento se abrió la puerta. Zuko estaba descalzo, con unos pantalones de mezclilla que rozaban el suelo y camisa rojo carmín de manga corta. El cabello despeinado y negro goteaba en las puntas—¡No te veo en años y me dices ese estúpido apodo! ¡Ahora que no estaba Azula!
Aang parpadeó como quien recuerda algo importante.
—¡Es verdad!—dirigió su atención a Ursa.—¿Y Azula? No la he visto en mucho tiempo.
—Ella se fue a Boston a terminar sus estudios. No la verás hasta que se gradúe—Ursa tenía un dejo de tristeza en su voz cuando habló de su hija menor—Al menos manda cartas muy seguido.
—¿Y tú, perdido?—Zuko le habló a Aang directamente con ese tono juguetón tan característico de los hombres. A Katara le recordaba la manera en que Sokka y Aang se hablaban—¡Años sin verte! Ya te ves como un hombre.
—Soy un hombre.
Los dos se dieron un abrazo, recordando los viejos tiempos. Duró poco y se separaron sin dejar de sonreír ¡había tantas cosas de las qué hablar!
—Zuko, ella es Katara, mi novia—dijo, agarrando la mano de la morena que estaba petrificada y viendo todo expectante—Aunque creo que ya la conociste y no de una forma precisamente…
—¿Convencional?—dijo Ursa.
—Eso.
Un rubor inmediatamente apareció en las mejillas de Zuko cuando miró a Katara. Ella no había reparado en su apariencia hasta ese momento. Tenía facciones bastante definidas, marcadas en unos pómulos no sobresalientes que le daban a su mandíbula algo cuadrada un aspecto muy varonil. Sus ojos eran de un curioso color, no era ámbar ni tampoco amarillo. Más bien tenía un tono dorado, casi brillante, que resaltaba mucho con sus cejas tupidas de un negro intenso así como su cabello. Era alto, casi igual que Aang, anchos hombros delataban su cuerpo tonificado.
—Lo siento—le dijo, tendiéndole la mano. Para ser una persona que vivía en la costa no era nada bronceado, al contrario, su piel era un poco pálida—Me llamo Zuko. Perdona por haberte asustado.
—Oh no, en dado caso la culpa es mía—le respondió, recuperando su voz y aceptando el gesto—Después de todo esta es tu casa.
—Pero es también una posada ¿Y si vienen visitas que no conocemos? ¡Nos llevarás a la bancarrota!—le riñó Ursa—Como sea ¿Puedes mostrarles sus habitaciones, ya que estás bañado?
—Claro, aunque creo que Aang sabe perfectamente donde están.
—Sé cortés.
—Si mamá—dijo la palabra con un cansancio fingido.
Ursa le sonrió con cariño maternal.
—Yo me iré a hacer la cena—miró a Aang y Katara—Si necesitan algo estaré en la cocina o pueden pedírselo a mi hijo.
—Gracias Ursa.—repuso Katara.
Ursa se dio la media vuelta y caminó por el pasillo, dejando a la pareja sola con Zuko.
—Aang ¿sabes cuál es tu habitación?—inquirió Zuko.
—Claro que sí.
—Bien porque quiero ir a mi cuarto a ponerme unos zapatos—señaló sus pies descalzos—Nos vemos en la cena ¿Te parece?
—Está bien Zuzu.
Hizo una mueca.
—De verdad ¡Odio ese apodo!—se fue dando la vuelta por el pasillo.
Katara sonreía. Había en los ojos de Aang un brillo que no recordaba haber visto desde hacia mucho tiempo.
—¿Quieres ver nuestra alcoba?
—Claro—le dijo, mientras ambos caminaban a lo largo del pasillo.
En el pasillo habían varias puertas, cuatro para ser exactos. La primera era la habitación de Ursa, donde Zuko se había encerrado. Le seguían dos puertas a prudente distancia y al fondo cerrando el pasillo estaba otra alcoba más. Desde el exterior nadie imaginaría lo bello y grande que era esa cabaña.
La habitación era amplia, con una cama matrimonial en medio cerrada por dos burós, un pequeño balcón en la pared izquierda y un tocador enorme en la pared derecha. Al fondo estaba el tocador, con una tina amplia y además el armario nada despreciable de tamaño. Una televisión de LSD colgaba desde la esquina que formaba un ángulo perfecto hacia la cama. Esa habitación parecía la de un hotel cinco estrellas, no la de una posada.
—¡Es hermosa!—dijo Katara, que jamás pensó encontrar tanta belleza en los muebles rústicos a comparación de la moderna televisión y otros artefactos. Viejo con lo nuevo—¿Cómo conocías un lugar así y nunca me dijiste nada?
Aang se encogió de hombros. Había tenido planeado llevarla de visita a la Isla en la luna de miel pero… ella se adelantó a sus planes. Además, las cosas estaban un poco tensas. Aang estaba siendo optimista al máximo, pero de vez en cuando en las noches, pensaba que quizá esa boda llegaría muy tarde… si es que llegaba.
—No lo sé.—fue su única respuesta, mientras miraba a través de las enormes puertas-ventanas del balcón, donde el mar imponente de olas salvajes creaba paisajes dignos de admiración—¿Te gusta?
—Es divino.
Katara se volteó y presenció la mirada de Aang. Sus ojos grises estaban perdidos en algún punto de la playa, pero no veían en realidad nada. Ella conocía esa mirada, era la que tenía cuando recordaba algún evento de pasado. Por la pequeña sonrisa de sus labios supo que era un lindo recuerdo. Ella caminó a su lado y después de unos pocos segundos contemplando su semblante tranquilo, se animó a tocarle la mano.
Aang se sorprendió por el agarre y miró hacia abajo donde sus dedos se entrelazaban con la piel morena de su novia. Katara le dedicó una sonrisa antes de mirar ella misma el mar y suspirar de alegría.
—¿Me mostrarás el resto del pueblo?—inquirió, con una mirada coqueta y emocionada a la vez.
—Por supuesto que sí—le devolvió el mismo gesto—No te librarás de mí en estos días.
—Ésa era la intención.
Tímidamente, Aang se inclinó hacia ella y la besó con ternura. Katara sonrió a mitad del beso elevando ambas manos hacia el cuello del chico para profundizar más la caricia. No recordaba cuándo fue la última vez que tuvieron ese tipo de contacto. Besos y caricias tranquilos, mimosos, sin dejos de pasión o de otras intenciones. Simplemente ellos dos y el amor que compartían.
Dejó de pensar en eso para disfrutar el sabor a miel en los labios de Aang. Tendrían dos semanas para recuperar todo ese tiempo perdido. Y ella estaba lista para dejar fantasmas atrás. Y que él dejara los suyos.
Isla Ember tiene un poder mágico, se decía, porque las olas del mar volvían los bordes más filosos en suaves curvas de todas las rocas. Quizá, solamente quizá, los puntos filosos de su relación se volverían hermosas ondulaciones de variedad andante. Y quizá, lo más amargo de su vida se volvería lo más dulce.
-o-
Cuando el timbre sonó, Toph refunfuñó, Estaba recostada en el sillón, mirando al techo, sin ganas de hacer absolutamente nada más que llamar por una pizza de doble queso y tomar de la botella de tequila hasta bien entrada la noche, escuchando canciones de Paquita la del Barrio. Pararse y abrir la puerta estaba lejos de su itinerario.
—¡Lárguese!—gritó, Si era un vendedor se iría y si se trataba de un amigo lo comprendería. Se removió en el sillón agarrando uno de los cojines cuando el timbre sonó otra vez.
—Soy yo—se escuchó a través de la puerta—¿Puedo pasar? Dejé las llaves sobre la mesa.
Toph miró la mesa de la sala (enfrente de ella) y casi se cae a la alfombra cuando vio el juego de relucientes llaves plateada sobre la madera. Frunció el ceño de manera despectiva y se puso de pie. Agarró las llaves metiéndoselas en el bolso del pantalón. No perdió tiempo de echarse una mirada al espejo.
Suspiró, estaba fatal. Ojeras bajo sus ojos y despeinada a más no poder. Agarró una liga para el cabello y se hizo una coleta de forma rápida, pero unos mechones rebeldes de cabello negro cayeron alrededor de su rostro de porcelana. Se lavó la cara rápidamente para disminuir la visión de hinchazón en sus pómulos y después de eso se acomodó la blusa. Agarró nuevamente las llaves, caminado hacia la puerta de la entrada.
La abrió en un rápido movimiento. Sokka no estaba mucho mejor. Tenía ojeras también, pero se notaba a simple vista en su mirada azul la tristeza y la desesperación. Ella no se dejó engañar por esa mirada como antes, en vez de eso, le dedicó una expresión fría antes de lanzarle las llaves prácticamente a la cara. Sokka agarró el juego de llaves en el aire no sin recibir un pequeño golpe por parte de ellas y fruncir el ceño ante la sorpresa.
—¡Ni una sola llamada!—gritó Toph—¿Tienes idea de lo preocupada que estaba? ¡Maldita sea, eres un desconsiderado!
Estaba a punto de cerrar la puerta cuando Sokka la detuvo y entró a la fuerza en el departamento. Toph caminó echa una furia hacia la cocina. Verdaderamente no tenía ánimos para una escena de ese tipo. Pero algo le decía que si quería arreglar las cosas, mejor momento no iba a encontrar.
Sokka por su parte estaba dispuesto para dos cosas: pedir perdonar y remediar su error. O cometía su prometido o cometía su prometido. Ésta vez no habría puntos medios. Así que miró fijamente la espalda de su esposa y contempló la bella silueta andar hacia la cocina antes de seguirla, forzándose a estar calmado.
—Lo siento—dijo, antes que nada y con una voz profunda llena de sinceridad—Soy un idiota.
Toph se paralizó ante esas palabras. Jamás pensaría que Sokka llegaría a decir eso. Volteó de forma lenta para contemplar a su marido, que tenía el alma colgándole de una mano y estaba ofreciéndola ciegamente. En mucho tiempo, Toph no había visto ese tipo de actitud por parte de él; pero se cruzó de brazos recargándose en la pared atrás de ella. Ésta vez estaba más vulnerable y herida que de costumbre, las cosas no serían tan fáciles.
—¿Por qué eres un idiota ahora? ¿Siquiera lo sabes?—el meollo de todo el asunto. La respuesta sería de valiosa información para ver quién tendría más posibilidad de ganar esa discusión.
Sokka llevó ventaja, dio con la respuesta correcta.
—Habíamos quedado de acuerdo en planear un festejo por nuestro aniversario y lo rompí—bajó la mirada—Lo siento, soy un torpe insensible.
No se crecía esa,
—¿Katara te lo dijo, verdad?—¡Esa metiche!
—No—y la expresión de Sokka era nuevamente sincera—Lo recordé por mí mismo ésta vez.
¡Vaya! Un avance en la relación. Quizá mínimo pero lo era. Toph desvió la mirada y ladeó la cabeza un poco, pensando. Él se había disculpado y más importante que eso: había reconocido cuál fue su error. Sólo que eso para ella no era suficiente.
—¿Y qué piensas hacer?
Pasado es pasado. El presente en cambio lo estaban viviendo. Sokka tenía en sus manos unas acciones que serían importantes para el futuro del matrimonio. Y una cosa era completamente segura: ninguno de los dos quería el divorcio.
—Pienso sentarnos a planear una velada excepcional y pasar los días más emocionantes de nuestras vidas antes de largarnos a descansar—sonaba sincero, con un dejo del tono comediante que siempre tenía—Tenemos que dedicarnos más tiempo a nosotros amor, por eso quisiera que en nuestro aniversario viajáramos a un lugar especial.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Y a dónde podría ser?—inquirió, de repente con curiosidad, el mal humor alejándose palabra por palabra.
—Eso lo decidirás tú—se acercó más a ella, con una enorme sonrisa—Haré lo que desees estos días. Seré como tu esclavo.
Toph lo miró fijamente antes de cerrar distancias; le había dado ya tantas oportunidades en esos tres años. Sentía que si le rompía el corazón nuevamente, entonces ya no se lo iba a poder perdonar. Pero estaba ahí él otra vez, frente a ella, sonriente y dispuesto a hacerla feliz. Siempre era lo mismo, siempre él volvía. Y de forma inconsciente Toph ya sabía que sin importar lo que pasara, él estaría ahí.
—Sacaré los grilletes—dijo ella con una sonrisa.
Y antes de que pudieran hacer algo, lo besó dulcemente; un beso que después se tornó en un remolino de pasiones y deseos sublimes que borró cualquier duda.
-o-
—Espero que te guste el pato asado—le dijo Ursa a Katara, sirviéndole un palto con el guisado ya mencionado—Lo preparo siempre que hay invitados especiales—dijo lo último con una enorme sonrisa de cordialidad.
Katara se sintió ruborizar por un momento mientras asentía a forma de agradecimiento, agarrando el plato y colocándolo enfrente de ella en la mesa. Ursa la atendía de una manera increíblemente maternal y tierna, lo cual además de parecerle extraño y tierno la ponía en la disyuntiva de no saber cómo actuar de la forma correcta enfrente de ella.
—Y para ti, Aang—Ursa sacó otro plato lleno de verduras y frutas—Lo que el vegetariano desea: vegetales—le guiñó el ojo.
Aang agarró el plato con una enorme sonrisa.
—¡Mis favoritos!
Katara le sonrió de reojo, los dos estaban sentados de forma consecutiva. Ursa tomó asiento en la cabecera de la pequeña mesa dentro de la cocina. No tardó Zuko ni tres minutos en aparecer con unos tenis bien puestos, algo peinado y lleno de apetito.
—¡Huele delicioso!—dijo, tomando asiento rápidamente y tomando una porción generosa de pato y arroz—Gracias mamá.
—No hay de qué ¡Provecho!
El primer bocado fue suficiente para que Katara abriera los ojos por la sorpresa ¡La comida estaba deliciosa! Aang le dedicó una sonrisa después de ver su expresión, asintiendo para darle a entender que en verdad, Ursa era una excelente cocinera. Zuko se dio cuenta de eso y rio por lo bajo.
—Todos hacen lo mismo—le dijo el chico de ojos amatistas.
Ursa frunció el ceño.
—¿Hacen qué?—preguntó, sin entender nada del intercambio de gestos que acababa de ocurrir frente a ella.
—Nada mamá—Zuko se encogió de hombros—Es que a todos nos gusta tu comida.
—¡Absolutamente!—dijo Katara apenas se pasó el bocado.
Ursa se ruborizó ligeramente por el halago antes de tomar un trago de agua.
—Gracias.—les dijo en respuesta, mirando a Aang tras eso—¿Has pensado llevar a Katara a un lugar en particular, cariño?
Aang asintió, pasándose el bocado de verduras que tenía en la boca.
—Sí, nana. Quiero llevarla a conocer el viejo Ember—respondió viéndola en todo momento—Y de ahí a la playa del acantilado.
Los ojos de Ursa se iluminaron.
—¡Qué buena idea! Sé que a Katara le encantara—miró a la chica de forma casi soñadora—Pasarán un día estupendo, de eso no tengas dudas.
—Gracias, confío plenamente en las habilidades turísticas de Aang.
Zuko rio por lo bajo nuevamente.
—Un paseo un poco cursi ¿No lo crees?—le dijo a Aang, sin prestar atención a la conversación anterior—Quizá debas llevarla a las fiestas del nuevo Ember. Son muy divertidas.
Aang frunció el ceño.
—No por ahora.—dijo—Nunca he ido a ninguna y quisiera...
—¡Yo podría llevarlos!—se ofreció inmediatamente.
Ursa le reprendió.
—Zuzu, es el viaje de ellos, no el tuyo.
El chico frunció el ceño nuevamente por el apodo, volviendo a prestarle atención a su comida. Pero había dejado a Aang un poco pensativo.
—Podríamos ir a una de esas fiestas el fin de semana—dijo entonces—¿Te parece, Katara?
La miró fijo, ella se encogió de hombros.
—Iré a donde tu me lleves—fue su respuesta.
Y la confianza ciega depositada en su persona le hizo de un segundo al otro el hombre más feliz del mundo.
Continuaron cenando, arreglando unos pocos detalles más de la cita al día siguiente y disfrutando de una cena curiosamente familiar para estar con personas desconocidas. La amabilidad de esas personas era impresionante y Katara, entrelazando su mano con la de Aang, se sintió en paz.
¡Eso es todo por ahora! ¿Les gustó? ¿Valió la pena? espero que sí...
¡Muchísimas gracias por leer este fic tan olvidado! y ojalá pueda retomarlo con fluidez para terminarlo pronto. Dios dirá.
¡Nos leemos!
chao!
