El Callejon Diagon.
Aine se había quedado profundamente dormida tras pasarse varias horas imaginando con qué clase de sorpresas se encontraría el día siguiente. La ventana había quedado semi abierta y una ligera briza traía consigo el dulzor de las flores que adornaban su balcón. El sol penetraba en la habitación, alumbrando cada rincón. Algún que otro pájaro se posaba en la baranda del balcón, otros más aventureros entraron en la habitación y volaban sobre su cama cantando armoniosamente. Aine abrió sus ojos lentamente admirando la bella escena en la que su cuarto estaba sometida, parecía una mañana cargada de perfección y serenidad. Un opuesto mágico a la situación en la que se encontraba su mente. No tardó en conectar todas las situaciones que había vivo hasta ese momento y como su vida cambió tan repentinamente de la noche a la mañana. Si no fuese por la habitación en la que estaba y por el paisaje que se veía desde la ventana podría jurar que todo fue un sueño.
La voz de su hermana no había vuelto a hacerse presente. Por mucho que intentase conectarla parecía imposible, como si ella no estuviese allí. Pero antes de que su cerebro empezara a formularse una infinidad de preguntas un suave golpeteo proveniente de la puerta llamó su atención. Cuando abrió un pequeño ser se anunció
Hola, soy Mina, una elfa. Es señor director me pidió que te trajera el desayuno. Cuando termine debe prepararse por que iremos en busca de su varita y sus libros, ya que el lunes comenzarán sus clases- dijo la ahora conocida como Mina. Aine no pudo distinguir ni una sola emoción en su rostro, pero aun así ella le dedico una sonrisa y la dejó pasar para que deje su desayuno.
¿Albus no vendrá?- pregunto esperando no sonar demasiado curiosa ni entrometida.
El señor director está ocupado ahora mismo. Me ha pedido que le sirva en todo lo que necesite.
Bien, ¿comerás conmigo?
No tenemos permitidos comer con los humanos.
Oh, bueno, no creo que el señor director se enoje y si lo hace, yo me hare responsable. No veo por qué no puedes desayunar conmigo. Además has traído mucha comida para mi sola. Vamos ven aquí, siéntate- dijo sentándose en el piso y mirándola.
Se lo agradezco.- contestó Mina.
La elfa parecía algo tímida y con temor de que alguien la viese allí. Así que Aine le aclaró
Ya que tendrás que servirme en lo que necesite; mi deseo, y es una orden que espero que entiendas y la lleves acabo, tu, Mina, comerás conmigo en todas las comidas y dejarás de tratarme de usted. ¿Fui clara?- habló con la sonrisa más cálida que le era posible y deseando que Albus no se enojase por aquello, ni mucho menos ella.
Mina solo logró asentir con la cabeza, estaba algo sorprendida por el trato de la joven, pero poco después comenzaron a hablar sobre la vida de cada una, Aine no tenía mucho para decir pero Mina tenia más años de los que aparentaba y el mundo mágico era mucho más interesante que el de los humanos.
Cuando acabaron Mina se llevó los platos y dejándole tiempo suficiente a la joven para que se preparase. Justo cuando ella había terminado de peinarse, la elfa estaba esperándola del otro lado de la puerta. Siguieron hablando hasta llegar al despacho del director. Aine sintió un poco de curiosidad, pero la elfa se adelantó y le aseguró que el director no se encontraba allí y les había dado permiso de que usaran la chimenea para llegar seguras a destino.
La verdad que estaba muy intrigada por lo que podría encontrar en el Callejón Diagon, todas las tiendas tenían como mínimo cinco artículos en vidriera que la llenaban de curiosidad, pero al mismo tiempo estaba tan emocionada con comenzar sus clases que lo único que le interesaba era comprar lo elementos que cada profesor pidió y volver rápidamente al castillo y enterrar la cara en algún nuevo libro y esperar pacientemente las clases. Sin mencionar que había tantas personas que se hacía casi imposible caminar y temía perderse.
Al primer lugar que al se dirigieron fue a hacia un edificio con una alta e impresionante fachada recubierta de mármol blanco, unas escaleras que conectaban a unas grandes puertas de bronce, con mundo exterior. Tras esas puertas está el vestíbulo, una sala pequeña que poseía otra puerta y cruzándolas, se entra a la sala principal. Era una cámara de mármol muy larga con más de cien duendes sentados taburetes altos tras largas mesas. Estos, por lo que Aine veía, contaban y pesaban monedas, escribían con la mayor reserva, examinaban monedas preciosas entre otras cosas. Había más puertas por las paredes. Los duendes iban y venían por el pasillo ignorando la presencia de la joven y su elfa. Cuando llegaron a un gran mostrador un duende malhumorado igual que los demás les pidió el número de bóveda, la llave correspondiente y darle una explicación de por qué nos interesaba abrirla. Aine estaba tan concentrada memorizando cada detalle que Mina tuvo que explicar quiénes eran, que hacían allí y darle el número de la bóveda y su llave. Luego de esto un duende los llevo hasta la puerta de salida. Detrás de estas había estrechos pasillos de piedra, iluminados con antorchas. Estos se inclinaban poco a poco hacia abajo hasta encontrarse con unos rieles en el suelo. Un duende se encargó de llamar con un silbato a un pequeño carro que las llevo demasiado rápido hasta su cámara. A pesar de la rapidez con la que se movían Aine pudo observar que se movían por una serie de tunes, los cuales se profundizaban en la tierra cientos de millas y el aire se volvía más y más frío a medida que avanzaban. Un duende los acompaño por todo el camino, este llevaba la llave. Cuando el carro se detuvo Aine estaba tan mareada que apenas pudo salir de este, pero se le pasó cuando el duende abrió la bóveda y quedo expuesto una cantidad enorme de dinero, ella pensó que jamás en su vida había visto tantas monedas juntas. Mina se dio cuenta del estado de la joven y decidió volver a tomar cartas en el asunto. Una vez tomadas las monedas necesarias, el duende cerró el lugar y los tres volvieron al carro, Aine lamentó que así fuese.
Al salir del edificio Mina opinó que sería buena idea comprar la varita primero y así fue.
"Varitas Ollivanders"- dijo Aine leyendo atentamente el nombre de la tienda.
Todos compran sus varitas aquí, señorita.
Al entrar al lugar Aine estornudo por el ligero polvo que había y se asustó al ver aparecer abruptamente a un señor de cabello blanco y con unos ojos de color plata pálido, ella se asustó un poco por su aspecto pero como la elfa se acercó a él sin miedo alguno, ella hizo lo mismo y se anunció:
Hola, soy Aine Murray
Ahh! Pero dime, ¿no eres un poco grande para comprar tu varita? ¿Acaso se ha roto la que tenías? No recuerdo haberte visto por aquí.
Bueno, es una historia larga. Pero ya estoy aquí y realmente estoy muy entusiasmada por saber sobre las varitas.
Al señor Olivander le brillaron los ojos cuando escuchó hablar a la joven. Sin más preámbulos comenzó a buscar entre cajas y cajas, saco muchas, otras muchas las volvió a poner en su lugar antes de terminar de sacarlas. Aine y Mina podían escucharlo murmurar algo para sí mientras hacía esto, se miraron entre ellas y una risita nerviosa escapo de los labios de Aine. Al parecer el hombre no la había escuchado. Para cuando este terminó apoyó en el mostrador solo tres cajas abrió la primera y saco una varita se la dio a la muchacha y esta la tomo sin saber mucho que hacer, miro alternativamente al señor e imitando a su compañera hizo un ligero movimiento con la varita, pero nada ocurrió. Pasó lo mismo con la segunda, pero con la última Aine sintió, con solo tocarla, una sensación extremadamente cálida, como si un fuego recorriese su cuerpo. El señor Olivander y Mina pudieron ver como las mejillas de la muchacha se enrojecían, como nacía un brillo profundo en sus ojos y un fuerte olor a jazmines los invadió. El vendedor no necesito más, esa era la indicada.
Tenga cuidado señorita Murray las varitas de Beech funcionan muy débilmente para la mente estrecha e intolerante, pero cuando se combina adecuadamente es capaz de una sutileza y maestría pocas veces visto en cualquier otra madera, de ahí su reputación brillante. Además su varita tiene el tipo más raro de núcleo, pluma de Fénix, estas son capaces de la máxima gama de magia, a pesar de que puede tomar más tiempo que cualquiera de los núcleos de unicornio o dragón para revelar esto. Las varitas con estos núcleos son siempre los más delicados cuando se trata de propietarios potenciales. Tiene, señorita, una varita excepcional
Explico el hombre muy contento. En el rostro de Aine se dibujó una hermosa sonrisa y le agradeció. Tras pagar, salieron de nuevo a la ahora ajetreada calle y se dirigieron a comprar algunos libros, un caldero y un telescopio.
Aine estaba perdida en sus pensamientos y no se dio cuenta cuando Mina se detuvo en una tienda de animales, tuvo que retroceder sobre sus pasos para encontrar a su compañera. La vio salir de una tienda cargada con una jaula que parecía inmensa al lado del menudo cuerpo de la elfa, Aine la tomo y miró maravillada el gato siamés, con enormes ojos celestes que estaba acurrucado dentro. Con una amplia sonrisa miro a Mina quien le contó que Albus creyó que ella necesitaría una amiga para no sentirse tan sola en su habitación.
Aine estaba fascinada miraba al gato detenidamente hasta que preguntó
No tiene nombre- miro seriamente a su compañera- ¿Qué clase de nombre le pondremos?
¿"Pondremos"? – repitió la elfa algo confusa
Claro, eres parte de mi vida ahora. Quiero que seas mi amiga y como tal debes ayudarme a escoger un nombre para este hermoso animalito.
"Amiga"- repitió la elfa con ojos lagrimosos y una profunda emoción - ¿Qué tal Iris?
A Aine le gusto que sea un nombre de una diosa griega y la representación que esta tenia. Le pareció muy adecuado y con una sonrisa aún más grande y cálida repitió aquel nombre en forma de aceptación.
Así fue como ambas regresaron al castillo; una vez acomodado todo en la habitación de la joven Mina decidió retirarse y Aine se quedó tirada en el piso jugando con su nueva amiga Iris.
