4
Aparición
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Tap. Tap. Tap.
En lo más profundo de su mente, Ron escuchó el llamado, pero trató de ignorarlo.
Tap. Tap. Tap.
Se sentó en el suelo con sus rodillas apretadas firmemente contra su pecho, tratando de apartar aquel sonido de su mente.
TAP. TAP. TAP.
Ron limpió sus ojos al levantar la vista, y pudo ver al búho blanco como la nieve posarse sobre el alféizar de la ventana. Se levantó de un salto, enfurecido, agarró por los bordes a su cama —el colchón ya había sido descartado al suelo—, y lo levantó tomando una posición firme.
—«¡Déjame en paz, Harry! —pensó mientras arrastraba por el borde a la cama así elevada hacia la ventana— ¡Todo esto es tú culpa!».
Con un golpe ensordecedor, la cama golpeó contra la pared y con su respaldo rompió todos los cristales de la ventana. Con la cabecera ahora bloqueando la mayor parte de la abertura, Ron sabía que el búho no sería capaz de entrar. Al alcanzar su misión, Ron se volvió a tirar al suelo y colocó sus rodillas contra su pecho, abrazándose a sí mismo.
En lo más profundo de su mente, una voz diminuta le decía que estaba siendo injusto.
—«Harry no tiene la culpa. Si alguien aquí es culpable, soy yo. Yo estaba ahí. Yo debería haberla protegido. Si tan sólo no hubieramos discutido... Si tan sólo no la hubiera enviado directamente hacia las manos de Krum... Todo esto es mi culpa. ¡Mi culpa!».
Ron fue arrancado de aquellos sombríos pensamientos por un ruidoso ¡crack!, seguido inmediatamente por el sonido de alguien tropezando y cayendo entre los escombros que ensuciaban su cuarto.
—¡Largo! —rugió él, amenazante.
—¿R…Ron? —preguntó una débil voz, claramente dudando si estaba o no en el lugar correcto.
—¿Hermione? —contestó, avanzando lentamente hacia su voz. La halló unos segundos más tarde, pero sintió que encontrarla le había tomado una eternidad.
En el momento en que la tocó, un gran sollozo escapó de los labios de ella y arrojó sus brazos alrededor de Ron. Inmediatamente Ron la envolvió con sus propios brazos y la sujetó mientras ella comenzaba a llorar. Él pudo sentir como ella temblaba contra su cuerpo, por lo que estrechó aún más el abrazo.
Hermione sofocó un gemido y luego habló con un hilo de voz: —No tan fuerte..., me asfixio.
—Lo siento —contestó Ron, aflojando un poco el abrazo, pero rehusándose a dejar de sujetarla por completo. Ahora que ella se hallaba en sus brazos, no iba dejarla ir nunca más.
—Ron... —Hermione habló con un tono de voz grave, bañada en lágrimas—. Yo…
Él la silenció tiernamente y la abrazó aún más fuerte, descansando su mejilla sobre su cabeza a medida que cerraraba los ojos y agradecía silenciosamente a quien fuera que la había regresado a él sana y salva. En circunstancias diferentes, él se hubiera sentido incómodo conteniendo a una muchacha en llantos. Las lágrimas siempre lo ponían nervioso, nunca sabía qué decir. Pero de pronto descubrió que no era necesario decir algo. Bastaba simplemente con estar allí, presente, a su lado. Así que la sostuvo aún más cerca y la dejó llorar en su pecho, acariciando su espalda suavemente de una manera que no sólo la consolaba a ella, sino también a él. Rápidamente, sus lágrimas disminuyeron y él la sintió alejarse de su lado.
—Lo siento tanto —murmuró ella en la oscuridad. El no poder verlo le hacía más fácil disculparse.
—No lo sientas —replicó Ron al extender su mano y tocar su cara, limpiando las lágrimas de sus mejillas—. Creo que con un buen llanto es más que suficiente.
—No —dijo Hermione, su voz temblaba—. Lo siento, por lo de esta mañana... por llamarte...
—Idiota insensible —terminó él por ella—. Tenías razón. Lo soy.
—No, no lo eres —protestó Hermione—. Bueno, está bien, algunas veces sí lo eres —se corrigió—, aunque en general no es así. Además... odiaría que aquellas fuesen las últimas palabras que te hubiera dicho...
Él escuchó cómo su voz se quebraba y una vez más, las lágrimas se deslizaron sobre su rostro.
—Ron, cuando ellos me atraparon... —comenzó a explicar, pero debió interrumpirse cuando sintió sus dedos sobre sus labios. Al ser callada nuevamente, Hermione cerró sus ojos y se rindió ante la sensación que aquellos dos dedos le brindaban.
—Ron...
—No —protestó él, con su propia voz llena de dolor—. No creo poder soportarlo.
—Tengo que decirte esto ahora, mientras tenga el valor para hacerlo —replicó Hermione al apartarle la mano de sus labios y ponerla en su regazo, donde ella enlazó sus dedos con los de él.
Ron no volvió a protestar, así que ella comenzó de nuevo.
—Cuando me atraparon... —Se detuvo. Necesitaba recobrar su valor—, habían tantas cosas que quería decirte. Cosas que tendría que haberte dicho años atrás, pero que no hice porque tenía miedo... miedo de perderte.
—Hermione, no tienes que... —interrumpió Ron, pero ella insistió.
—Si debo. Ahora cállate y déjame hablar.
Ron sonrió a pesar de sí mismo.
—«Después de todo por lo que ha pasado, sigue siendo tan fogosa como siempre».
Su determinación era una de las cosas que él más amaba en ella. Era valiente. Era testaruda. Era determinante. Cuando ella creía tener la razón, se quedaba firme en su convicción y se rehusaba a retroceder sin importar las consecuencias. Al igual que él, era orgullosa. A diferencia, tenía la fuerza suficiente como para no importarle lo que otros pensaban de ella. De hecho, las únicas opiniones que parecían importarle eran las de él y las de Harry, claro está.
—«Ella es... indomable. ¿Cuántas otras chicas serían capaces de mantener la cabeza en alto y salvarnos del Lazo del Diablo en nuestro primer año? ¿Cuántas otras chicas tendrían el coraje de patear a Sirius Black porque creían que él era un maniático homicida que quería matar a Harry? Bueno, probablemente Ginny lo haría, pero... ¿Cuántas otras chicas podrían ser secuestradas por los Mortífagos y escapar por su propia cuenta? La mayor parte de ésas chicas en Hogwarts se habrían acurrucado en algun rincón. Pero no Hermione. Podría buscar por el resto de mi vida y nunca encontraría otra chica parecida a ella»...
Ron sintió un apretón en su mano que lo devolvió a la realidad. La escuchó suspirar profundamente y recordó que ella estaba tratando de decirle algo importante.
—«Presta atención» —se dijo a sí mismo.
—Algunas veces de verdad que eres un insensible idiota —comenzó Hermione. Ron sintió como su corazón se hundía dentro de sí—. Me enfureces tanto que parece que jamás terminaré de enojarme...
—«Me odia» —gimió él, pensativo.
—... y por eso estoy perdidamente enamorada de ti —El corazón de Ron dejó de latir.
—«¡¡¿QUÉ?!!» —gritó en su mente, aunque le tomó más de un segundo expresar aquella pregunta. Estaba tan desconcertado por los dos comentarios dichos antes de su declaración, que temía haber escuchado mal.
—¿Qué?
—Te amo, Ron —susurró Hermione.
—Pero..., pero... Krum...
—No Viktor. Tú —replicó ella—. Siempre has sido tú, Ron.
Un silencio incómodo invadió el cuarto mientras Ron trataba de comprender y procesar en su cabeza la nueva información, y Hermione, decidida, trató de explicarse mejor.
—Viktor era sólo un amigo —comenzó a divagar—. Él sabía lo que yo sentía, se lo dije al final del cuarto año, cuando me llamó aparte para decirme "adiós" y me pidió nuevamente que lo visitara en el verano.
—¿Hermione...? —acotó Ron, pensativo—. «¿Acaba de decir cuarto año?».
—En ese momento le dije que sólo podíamos ser amigos porque..., bueno, porque mis sentimientos pertenecían a alguien más. No le dije a quién, pero él lo adivinó de todas formas. Era obvio, contigo siempre espiándonos...
—«Espera un minuto, ¿me veían?». ¿Hermione...?
—Todas esas cartas que le escribí delante tuyo... lo hice a propósito. Estaba tratando de ponerte celoso. Y sé que eso fue algo horrible, pero...
—¡¡Hermione!! ¿Te puedes callar para al menos dejarme decirte tres palabras?
El silencio se apoderó de la habitación.
—«Oh, fantástico, ahora me escucha».
Hermione esperaba a que Ron le hablara.
—«Bien, ahora el silencio se está tornando incómodo de nuevo. Escúpelo de una vez, cobarde» —se regañó a sí mismo. Su corazón estaba latiendo tan rápido y tan fuerte que estaba seguro de que ella podía oírlo—. Yo... yo... —tartamudeó.
Después de eso, abandonó su intento de hablar, extendió su mano libre y acarició el rostro de ella, inclinándose hacia delante. Él la sintió retroceder sorprendida en el instante en que sus labios rozaron los suyos, pero al darse cuenta de lo que era, ella se tranquilizó y lo dejó besarla. Sus manos hallaron el camino alrededor de su cuello justo cuando él apartó su boca para susurrarle.
—Yo también te amo.
—Esas son cuatro palabras, Ron —dijo Hermione, sonriendo en la oscuridad.
—Me rectifico —respondió él con una sonrisa y se inclinó para besarla de nuevo. Pudo sentir como su estómago burbujeaba intensamente al conectar sus labios por segunda vez. Una sensación cálida y un hormigueo recorrieron todo su cuerpo, y su respiración se aceleró. Esta vez Hermione no sólo lo dejó besarla, sino que respondió al beso. Ron sintió las suaves curvas de su cuerpo presionando en contra del suyo cuando ella lo acercó aún más. Hermione se aferró a él desesperadamente, como si se estuviera ahogando y él fuera su salvavidas. Ron sintió su boca abrirse ligeramente y él profundizó el beso. Cuando Hermione gimió suavemente en su boca, nuevas olas de placer atravezaron cada centímetro de su cuerpo.
Ron gimió decepcionado al sentir cómo los labios de ella se apartaban de los suyos.
—¿Cómo... cómo pudiste hacer eso? —jadeó Hermione, aún con sus brazos alrededor de su cuello.
—¿Hacer qué? —cuestionó Ron—. «¡Oh, no! ¿Tan mal lo hice?».
—¿Cómo pudiste hacerme sentir de esa forma? —preguntó Hermione seriamente—. Fue como si mi corazón se detuviera un instante y luego comenzara a acelerarse abruptamente y... y entonces mi estómago se retorció y sentí como si hubiera sido alcanzada por un rayo. Sentí un hormigueo viajar hasta la punta de mis pies —explicó ella, como si estuviera dando un informe y catalogaba los resultados de algún experimento—. Y luego se volvió realmente caliente, y sentía como si me estuviera sofocando, sólo que no fue desagradable. Fue maravilloso, de hecho. Hazlo de nuevo —insistió Hermione, moviendo sus manos dentro del pelo de Ron y atrayendo su cara hacia la suya. Pero antes de que sus labios se encontraran, fueron interrumpidos por una gran estrépito que logró dividir la atmósfera entre los dos.
Hermione gritó y Ron la soltó instantáneamente para situarse entre ella y el intruso inoportuno que había irrumpido en la habitación.
—¿Por qué está todo tan oscuro aquí? —murmuró la voz de la Sra. Weasley al tropezar con algo debajo de sus pies—. Lumos —refunfuñó ella y su varita iluminó el cuarto entero. Tanto Ron como Hermione entrecerraron los ojos al recibir el potente haz de luz. Ron protegió sus ojos con sus manos justo a tiempo para ver a su madre lanzarse precipitadamente hacia ellos. Ella lo empujó fuera del camino y agarró a Hermione para abrazarla—. ¡Tú, muchacha brillante! —gritó feliz, arrodillándose al lado de ambos chicos—. ¡Absolutamente brillante! ¿Cómo pudiste aprender aparición a tu edad...? —continuó la Sra. Weasley y entonces se paró en seco al oír a Hermione gritar de dolor.
—Mis costillas... —jadeó Hermione—, creo que podrían estar rotas...
La Sra. Weasley soltó a la muchacha y la miró ansiosa. Recién después volteó a ver a su hijo—. No te quedes sentado ahí como un idiota —espetó bruscamente—. Ayúdame a llevarla abajo para poder verla mejor.
Inmediatamente Ron se levantó y se inclinó para ayudar a Hermione a levantarse.
—¿Cómo supo que estaba aquí? —preguntó Hermione al sostener las manos de Ron que la ayudaban a enderezarse.
—¿Qué...? —replicó la Sra. Weasley, arrastrando sus pensamientos hacia algún sitio lejano—. Oh, si..., llegó una carta a tu nombre de parte del Departamento de Transportación Mágica. Me temo que tienes una multa considerable esperando por ti en la cocina.
—¿Por qué? —inquirió Ron en un tono enfurecido.
—Por practicar aparición sin una licencia, supongo —contestó Hermione calmadamente.
—¡No te pueden multar por eso! —gritó Ron—. ¡Era una emergencia!
—La multa no me importa —indicó Hermione—. Siempre y cuando no sea expulsada de la escuela.
—No hay manera alguna de que ellos te expulsen a ti —le aseguró Ron.
—No te preocupes querida, Arthur se hará cargo de eso —dijo la Sra. Weasley confidentemente—. Esto no es como lo que le pasó a Harry. Te secuestraron a plena luz del día. Hay demasiados testigos y todos ellos testificarán. El Ministerio no puede ignorarlo. Kingsley tiene la mitad de los Aurores buscándote, sin mencionar la mitad de la Orden. Bajo estas circunstancias, estoy segura que ignorarán la multa. Ahora, ¿puedes caminar? —preguntó la Sra. Weasley, acercándose a Hermione para ofrecerle ayuda.
—Sí —replicó Hermione, dando unos pasos indecisos hacia la puerta. Ambos notaron sus muecas de dolor, aunque ella se esforzara por disimularlas.
—Yo la llevaré —le dijo Ron a su madre, tomando rápidamente a Hermione por detrás.
—¡No, no lo harás! —gritó ella como si la idea fuera insultante.
—Sólo hasta el piso inferior —replicó Ron, cargándola en sus brazos tan rápidamente que la tomó por sorpresa—. No tengo intenciones de verte rodar escaleras abajo —dijo él en una manera tan dominante que le dejó saber que hablaba en serio.
—Sólo hasta el final de las escaleras —asintió Hermione—. Pero si me llevas un paso más, yo...
—¿Tú qué? —se burló Ron mientras descendían al segundo piso.
—Yo... —meditó Hermione por unos minutos—. Bien, no sé que haría. Pero improvisaré algo. Y será perfectamente desagradable —añadió de último momento.
Ron se rió silenciosamente mientras llegaban el final de la escalera y la puso de pié.
—Sabes, casi valdría la pena ver lo que me harías —bromeó Ron y la dejó caminar el resto del camino hacia la cocina sola, pero se quedó cerca de ella, por si acaso su voluntad fuese más fuerte que su cuerpo.
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N/t: ¡¡Gracias a todas por los increíbles reviews!! El jueves subo el otro capítulo, ya lo traduje así que no va a haber problemas. ¡Saludos a todas! (gracias también a Andy por corregirme los errores de tipeo, jaja)
