Aquí traigo el capítulo 4, últimamente he estado muy activa escribiendo, actualizando y hasta tiempo para dibujar (y para mi novia xD) tengo, ahora sólo necesito más tiempo para leer Fics.
Aquí empiezan los verdaderos problemas, espero les guste éste capítulo. Muchísimas gracias por sus comentarios.
Guest – Muchas gracias, que bueno que te gusta :D
ariam18- Pues sí, todo está muy extraño, Zim oculta algo, o trama algo… quizá ambos. Aquí dejo la continuación, espero te guste.
ADVERTENCIA: Contenido Sexual
CAPÍTULO 4. El Juicio Final
Cuando al fin divisó su casa, suspiró aliviado, el frío de la noche ya le había calado los huesos, y sólo podía pensar en sentarse con su hermana a comer la pizza con papas que traía consigo. Agitó un poco su pantalón y escuchó atento el sonar de sus llaves, cuando identificó de donde provenía el sonido, abrió el tercer cierre en su muslo izquierdo y tomó el llavero con forma de OVNI.
Insertó la llave y entró a la casa, lo primero que vio fue el cabello purpura de su hermana con contornos azulados, reflejando la luz del televisor que por cierto, era la única luz en la casa. Se escurrió hasta la cocina y encendió la luz de ahí, sobre la mesa arrojó sus llaves y depositó la cena, luego de eso regresó a la sala con paso cansado, colocó la caja que contenía el regalo de Zim en la mesa de centro, y se dejó caer junto a su hermana que hasta ese momento había estado atenta al televisor viendo 1000 maneras de morir.
La chica se sentó de lado y lo escudriñó con cuidado, esperando que por lo menos le faltara alguna extremidad o su cuerpo mostrara alguna señal de pelea. Finalmente, encontró lo que buscaba, el brazo de su hermano presentaba varias lesiones, algunas de las largas heridas estaban hinchadas y rojas, otras ya estaban haciendo costra en las orillas, pero aún sangraban.
—Y… ¿Qué te pasó? —preguntó sonriente, picando apropósito una de las heridas sangrantes con una larga uña negra.
—¡Auch!... no hay necrosis sabes, todavía siento —respondió con sarcasmo, alejando su brazo herido de su hermana—. Zim trató de matarme.
—En pocas palabras, fuiste rechazado… Aun no puedo creer que tuvieras la brillante idea de pedirle que fuera tu novio, imagino que ahora todo volverá a la… normalidad —dijo lo último haciendo entre comillas con los dedos.
—Estás equivocada —respondió, sin poder evitar que una sonrisa se plasmara en su rostro.
—¿Cómo? —preguntó con curiosidad, alzando una ceja—. Acabas de decir que trató de matarte.
—Sí, pero todo fue un mal entendido… en realidad no me rechazó, todo lo contrario. Dijo que aceptaría mis sentimientos si le escribía un poema.
La habitación se quedó en silencio por un largo instante, Gaz lo miraba con los ojos bien abiertos, una leve sonrisa apareció en su rostro y acto seguido, una carcajada estruendosa rompió aquel silencio. Dib brincó del susto, de por sí era extraño que Gaz sonriera, ahora escucharla reír de esa forma le congeló la sangre. Finalmente, así como fue de repentina la explosiva risa, se detuvo.
—Entonces… —la sonrisa amenazó con volver a su rostro, pero se contuvo manteniendo su expresión usual—. ¿Vas a escribirle un poema a Zim?
—Oye esto es serio, claro que lo haré, si no lo hago el futuro de la Tierra estará en juego —respondió el chico en tono dramático, alzando su brazo de igual forma, pero en cuanto el dolor agudo viajó por sus nervios, soltó un quejido.
—Llorón —dijo la chica mientras se ponía en pie, y jalaba a su hermano del brazo bueno para que hiciera lo mismo—. Vamos a la cocina a curar tus heridas, y en todo caso espero cumplieras tu palabra, quiero ver una pizza esperando en esa mesa o lo pagarás.
—Por supuesto, ahí hay una pizza esperando por nosotros —respondió algo molesto, dejándose jalar hacia la cocina.
Acercó a su hermano hasta el fregadero y sacó un botiquín de la alacena, de éste tomó unas vendas, unas pinzas, agua oxigenada, yodo, y prosiguió a curar el adolorido brazo sin mucha delicadeza; y sin importarle realmente si sus tratos le provocaban dolor a su hermano. No era la primera vez que lo ayudaba con sus heridas, algunas veces había llegado tan lastimado luego de una pelea con Zim, que se había desmayado en pleno suelo, mientras se estaba dando atención médica a sí mismo.
Mientras lavaba las heridas que parecían yagas, y separaba la piel para poder sacar los fragmentos de vidrio que habían quedado dentro, decidió continuar con la conversación, intentando hacerla un poco más… incómoda.
—No creo que sepas nada de poemas o detalles de ese tipo, jamás has tenido novia.
—Ya lo sé… auch… pero tengo todavía la mañana para pensar en algo, no puede ser tan difícil. Hhhng…Además, Tak le escribió un poema… deplorable y poco afectivo, aghh… y aun así, Zim estuvo satisfecho con esa basura.
—Y entonces, Zim será tu novio… ¡Deja de quejarte!... ¿Y luego? —preguntó con curiosidad, terminando de retirar el último fragmento de vidrio.
—Ehmm no lo sé, supongo que lo convenceré de que me deje bajar a su laboratorio, y averiguaré qué ha estado hablando con sus líderes— dijo convencido, a sabiendas que no podía fallar en esa misión.
—¿De verdad crees que será tan fácil?... Zim quizá sea un tonto, pero es tan paranoico como tú… tendrás que hacer un excelente trabajo en la cama para que te permita el acceso a lo que quieres.
Otra vez una sonrisa se formó en su cara cuando sintió a Dib tensarse, volteó a verlo para poder disfrutar de su vergüenza, la sangre se le había subido al rostro, su cara estaba completamente roja. Volvió su vista a su trabajo casi finalizado, ya casi terminaba de desinfectar las heridas, luego vendaría tres de ellas que se veían profundas, estaba segura que dejarían cicatriz, más cicatrices para la colección que el cabeza hueca de su hermano portaba.
—¡¿De qué estás hablando?! —dijo casi en un grito ante las palabras de su hermana—. ¿Cómo que excelente en la cama?
—Dices que serás novio de Zim, tendrás que abrazarlo, besarlo, y seguramente en cualquier momento Zim va a querer otro tipo de atención… ya sabes, en la que la ropa no interfiere, ¿de verdad no te parece extraño que Zim acepte tus "sentimientos"?
—Pfff… no digas tonterías Gaz, Zim es un alíen, además… además qué puede saber él sobre esas cosas —empezó a decir mientras su nerviosismo escalaba al nivel más alto.
—Exacto, Zim es un alíen, eso es otro punto a mi favor. Una vez dijo que había estado en batallas desde mucho antes que tú nacieras, ¿cuántos años te imaginas que tiene?, y lleva aquí en la Tierra ¿cuánto? ¿6 años?... quizá el mismo tiempo sin tener un compañero de juegos, pero ahora que te tendrá a ti…
—Eso no puedes saberlo, admito que sí es sospechoso que quiera… ehmm, pues una relación conmigo, pero no hay otra opción Gaz, necesito saber si está tramando algo, soy la única esperanza de la Tierra —se defendió sin poder hacer mucho, ya que su hermana terminaba de vendar sus heridas—. E insisto, conociendo a Zim, seguramente ni sabe lo que está haciendo al aceptar ser mi novio… y eso si por algún milagro aflora mi lado poético y acepta el poema.
—Eres tan terco y tonto —añadió la chica después de guardar el botiquín y tomar su lugar a la mesa—. Claro que Zim sabe lo que está haciendo, lleva 6 años aquí, ha visto suficiente televisión, y se ha encargado de investigar a nuestra especie todos estos años; además, después de las explícitas y vergonzosas clases de sexualidad de la Señorita Bitters… creo que es más que obvio que sabe lo necesario.
—Bueno, si lo pones así... pero ni siquiera sabemos si Zim tiene las herramientas necesarias, es un alíen ¿recuerdas?, a lo mejor no tiene con qué o por dónde hacerlo —dijo divertido al imaginar a Zim desnudo con la entrepierna al estilo muñeco Ken.
Por unos momentos se quedaron en completo silencio, comiendo su pizza, hasta que vio en la cara de Gaz formarse una sonrisa, y no una tranquilizadora precisamente. Pensó por unos instantes si debería preguntarle por qué sonreía de esa forma, aunque probablemente se arrepentiría si lo hacía, pero al final la curiosidad fue más grande.
—Bueno ya, dime ¿por qué esa sonrisa? —preguntó finalmente, dando una gran mordida a lo que quedaba de su rebanada de pizza.
—Quizá Zim no tiene miembro y parece una niña… o quizá tiene tentáculos que se mueven, o ventosas con pequeños dientes; ya sabes…algo que pueda hacerte daño… mucho daño —añadió con malicia, deleitándose con la palidez y expresión de horror en la cara de su hermano.
—Gracias… por la hermosa y perturbadora escena en mi mente Gaz —dijo con dificultad, tratando de terminar de tragar la pizza atorada en su esófago.
—De nada —respondió con indiferencia, mientras lo veía levantarse y salir de la cocina.
Pasó a la sala por el regalo que le había dado Zim y subió las escaleras con pesar, al entrar a su habitación cerró con llave la puerta, caminó hasta el clóset, y sacó su pijama que consistía en una camisa blanca sin magas y unos pantalones azules, con figuras de fantasmas y murciélagos como patrón. Miró el desorden en su recámara, y no pudo evitar sonreír cuando sus ojos encontraron en su escritorio la primera, segunda y tercera temporada de Misterios Misteriosos de los Misterios Extraños, ahí estaba sin falta como cada año, un regalo por parte de Gaz. Ojalá pudiera decir lo mismo de su padre.
Se dejó caer en la cama y descansó ahí por unos instantes, pero en cuanto cerró sus ojos, la imagen de Zim desnudo volvió a su mente; sin causarle una sensación desagradable como minutos antes.
Un escalofrío recorrió su espalda y se sentó de golpe en la cama, tratando de ahuyentar las diferentes imágenes de Zim que venían a su mente. No debería estar pensando en cómo se vería Zim desnudo, debería estar pensando en un poema para el Invasor. Se estiró un poco para alcanzar un cuaderno que estaba tirado en el piso junto a la cama, se estiró un poco más para alcanzar una pluma que no estaba tan lejos del cuaderno, y los colocó sobre sus piernas, dispuesto a escribir el poema del que dependía el futuro de la humanidad.
—Vamos Dib, eres un genio… no debe ser tan difícil —se animó a sí mismo, apoyando en la hoja en blanco, la punta de la pluma que sostenía su temblorosa mano—. ¡Cálmate ya!, es sólo un poema.
Estuvo observando la hoja durante media hora, quizá más tiempo, pero nada venía a su mente, ¿qué podía escribir?
Nuevo intento, trató de concentrarse esta vez en Zim, trataría de escribir algo referente a él, quizá eso sería más inspirador. Finalmente, se encontró escribiendo algunas líneas, pequeños textos sin rima, ritmos o recurrencia fónica.
Intento 1: Tus grandes y brillantes ojos que detienen como semáforos a mi corazón.
Intento 2: Tu piel verde, tan suave y tersa como la de Peepee
Intento 3: Tus delicadas antenas que rebotan con gracia sobre tu calva cabeza.
Intento 4: Tu irritante, ¡pero hermosa voz!, que llena mis oídos con… con…
—¡Aghhh! —gritó estresado al leer sus intentos—. De acuerdo, la Tierra está perdida.
Observó una vez más sus patéticos intentos de poesía. Había tantas cosas malas con lo que había escrito. En primer lugar, lo de los semáforos era estúpido, y demasiado cursi a la vez. En su segundo intento, comparar la piel de Zim con el pelambre del hámster mascota que había mutado, sonaba mucho peor; además, ni siquiera sabía qué clase de textura tenía la piel del irken, y cuando había tenido la oportunidad de averiguarlo durante sus peleas, no le había prestado atención, sobrevivir a los ataques de Zim, era la prioridad en esos momentos.
En su tercer intento… casi lo lograba, ese había estado cerca, pero conociendo a Zim, de seguro pensaría que se estaba burlando de sus antenas… o de su cabeza calva. No pudo evitar reír ante el pensamiento. Y del cuarto intento… ni hablar, ni siquiera había logrado finalizar la oración.
—¡Aaaagh! —volvió a gruñir, arrancando la hoja con coraje y haciéndola bolita de igual forma. La arrojó al bote de basura, y la maldita ingrata hasta se dio el lujo de caer fuera del cesto; los ojos dorados la miraron de forma fulminante, esperando que con un poco de suerte hiciera combustión en algún instante; claro que eso no pasó, así que su irritada mirada se encontró con otra hoja en blanco, dejándolo como en el principio… sin nada.
Sin querer, sus pensamientos vagaron de vuelta a Zim, o la desnudez de Zim más bien. Nuevamente, imaginó las posibilidades de lo que podría encontrar entre las piernas del Invasor, y en unos instantes su pluma comenzó a hacer bocetos para reflejar lo que veía en su mente. Aquello se vería realmente extraño y perturbador a los ojos de cualquiera, pero Dib comenzaba a pensar en ello de forma más natural… y morbosa.
Al final, habían dos dibujos de Zim a cuerpo completo, mostrado lo que él imaginaba podría haber entre sus piernas, había tres dibujos más que sólo mostraban su zona pélvica, haciendo hincapié en la parte privada del alíen.
Bostezó con pereza, y observó el reloj que marcaba 1:15 a.m. con grandes números brillantes y azules. Arrojó el cuaderno y la pluma al piso, sin importarle mucho dónde habían caído, y él mismo se dejó caer de espaldas en su cama, tomó una especie de control remoto de su mesa de noche y apagó las luces.
Trató de relajarse, debía dormir un poco, una vez más haciendo un intento sobre humano por quitar las imágenes de Zim de su cabeza, sin mucho éxito claro, pero el que persevera alcanza, y paulatinamente se quedó dormido.
2 horas después…
Yacía en profundo sueño, cuando una fría corriente de aire golpeó sus desnudos brazos, causándole un temblor, y que se hiciera ovillo (bolita) en su cama. Pasaron unos segundos más cuando otra corriente de aire; esta vez más helada que la anterior, lo envolvió por completo, logrando que abriera los ojos, mientras su cuerpo temblaba de frio.
Se enderezó con pereza buscando con sus manos su cobija, fue entonces cuando notó la ventana abierta, algo ilógico; pues rara vez abría las ventanas, en especial de noche. Se puso de píe para ir a cerrarla, y chocó de frente contra algo duro, esto provocó su caída de vuelta a la cama.
—Pero qué… —fue todo lo que alcanzó a decir cuando una mano se posó sobre su boca, una mano enguantada que presionaba su cabeza contra la almohada en el intento por silenciarlo.
Sus ojos se abrieron grandes de sorpresa al encontrarse con unos brillantes ojos rojos que lo miraban con detenimiento, y la mano abandonó su boca permitiéndole hablar de nuevo.
—¡Zim! —gritó asustado al ver al alienígena en su habitación, ¿acaso había venido a matarlo?, si era así, lo lograría, pues se encontraba completamente indefenso.
—¡Cállate!, vas a despertar a tu escalofriante hermana —regañó, volviendo a tapar su boca, pero esta vez con menos firmeza; acto seguido se subió en la cama, sobre él, con sus piernas apresando las caderas de Dib—. Shhh, sólo guarda silencio.
Dib asintió suavemente como un lindo niño regañado, y sólo entonces, Zim destapó su boca. En ese momento, el joven hizo todo lo posible por enderezarse en la cama, pegándose de espaldas completamente a la cabecera de la misma, donde podía encarar al irken que seguía sentado en su regazo.
—¿Qué haces aquí? Acaso…
—Me cansé de esperar ese poema —respondió, mirándolo de una manera que Dib jamás había visto, era una mirada ajena a Zim.
—Pero dijiste que tenía hasta la tarde de éste Domingo —dijo sin poder ocultar el tono de preocupación en su voz, no esperaba que Zim cambiara de opinión tan repentinamente; ahora sí estaba seguro de que pensaba asesinarlo.
—Sé lo que dije humano… —susurró con calma, deslizando su mano hasta su cuello—, olvida el poema…
Esto sólo consiguió que Dib se alarmara más, no dejaría que fuera tan fácil, daría pelea, se defendería con todo lo que tenía. Rápidamente sujetó a Zim por la muñeca, evitando que concluyera el agarre en su cuello, trató de apartar la mano con toda su fuerza; pero en ese momento un sonido metálico proveniente del PAK del extraterrestre, le hizo entender que aquello era una batalla perdida, sus manos ahora estaban atrapadas contra la pared, sobre su cabeza, por las extremidades biónicas de Zim.
—Te tengo —dijo su captor con una gran sonrisa, volviendo a deslizar ambas manos por su cuello, hasta que una de ellas se posó en su rostro.
En ese momento Dib intentó gritar, pero sus labios fueron atrapados por los de Zim. Se quedó estático, mientras la boca del alíen se movía sobre la suya. De verdad que eso era inesperado.
—Te necesito… —susurró Zim de forma sensual al romper el beso—. Dib… hmmm… Dib.
El calor se le subió a las mejillas, y viajó a la vez a su entrepierna; al escuchar la necesitada voz del irken decir su nombre de esa forma.
—¿E-estás bien? —preguntó incrédulo al Invasor, que ahora pasaba su lengua por su cuello con sensualidad.
—No, pero en cuanto me des lo que vine a buscar, lo estaré —dijo con erotismo a su oído, deslizando su larga lengua en el contorno de la oreja.
—Ahh —gimió ante el contacto, sin poder evitar arquearse de placer, provocando que su despierta hombría chocara contra la entrepierna del irken.
—Exacto —dijo Zim satisfecho ante la reacción del paranoico chico. Y sin inmutarse un poco, comenzó a rozar su miembro ya despierto contra Dib, provocando que varias corrientes eléctricas recorrieran a ambos.
—Ahhh…ahh… —gemía Dib ante los atrevidos y placenteros roces que ahora correpsondía—. Hmmm Zim.
Otra corriente de aire helado recorrió su cuerpo y… despertó.
Se quedó unos momentos recostado de lado, temblando mientras se corría, su cuerpo sacudiéndose levemente, mientras su miembro se descargaba entre espasmos placenteros. Cuando consiguió relajarse, trató de analizar lo que había sucedido, aun respirando agitadamente. En su piel, había una ligera capa de sudor, y entre sus piernas una almohada que apretaba con firmeza, se había estado masturbando contra ella, lo sabía porque podía sentir la humedad entre su cuerpo y ella.
Despacio se dio la vuelta y arrojó la almohada al piso, miró su entrepierna con la escasa luz del alumbrado público que entraba por la ventana, y pudo ver la humedad en su pantalón. Se sonrojó fuertemente al reconocer que había tenido un sueño húmedo, causado por Zim… o más bien, causado por su hermana, que le había metido todas esas tonterías sobre Zim en la cabeza.
Otra vez se estremeció de frio, para su sorpresa… la ventana sí estaba abierta. Miró con curiosidad la extraña coincidencia y se puso de píe, de cualquier forma no podía volver a la cama así de sucio, debía buscar otras ropas y darse una ducha. Caminó hacia la ventana arrastrando sus pasos.
—Agh —se quejó al tropezar con algo en el suelo. Afortunadamente, logró mantener el equilibrio. Se acercó a la pared y prendió la luz manualmente, quedando boquiabierto con lo que encontró en el piso.
Había una caja de buen tamaño, que estaba mal forrada en papel azul. La tomó del suelo y la puso en la cama para destaparla, miró el contenido con sorpresa, adentro había una gabardina negra con algunas correas con hebillas en las mangas, acompañada de una bolsa de "Taco-Loco" y una tarjeta que no dudo en leer.
"¡Estúpido Dib! Te fuiste muy rápido y Gir no te dio su regalo,
te lo quería dar mañana, pero él insistió en que debía de ser hoy…
, aunque técnicamente ya es mañana…
y lloriqueó y pataleó y yo grité ¡Cállate Gir! , pero seguía molestando,
así que vine a dártelo y estabas dormido y me fui.
Zim.
—¿Me fui muy rápido?... ¿o me corriste? Bueno… gracias Gir —dijo feliz, mientras dejaba su regalo en la cama, y sacó la bolsa con tacos ya fríos, para ponerla en el escritorio—. No puedo creer que Zim haya estado en mi habitación, ni me di cuenta, debería instalar una alarma o al…
Se quedó en silencio en cuanto procesó bien lo que había sucedido, Zim había estado en su habitación ¿A qué hora? ¿Cuánto tiempo? ¿Lo habría visto mientras "tenía relaciones" con su almohada? ¿Se había dado cuenta de que soñaba con él?
—Ay no puede ser —dijo preocupado y avergonzado a la vez, caminando de un lado a otro en su habitación como fiera enjaulada.
Tratando de ocupar su mente en otra cosa, colgó su nueva gabardina en el clóset, y guardó la caja bajo su cama. Cerró la ventana, y se quitó su pantalón, playera y ropa interior; para arrojarlos en la canasta de la ropa sucia. Caminó de vuelta a su cama para poner la almohada junto con la ropa, pero al levantarla del suelo, el horror fue mayor al toparse con el cuaderno que tenía los explícitos dibujos de Zim.
—¡Lo que me faltaba! —exclamó al aire, pateando el cuaderno en el proceso.
—¡Dib ya cállate! —gritó Gaz desde su habitación, golpeando la pared.
¿Y si Zim había visto los dibujos? Bueno, estaba oscuro, pero desconocía si el irken era capaz de ver en la oscuridad. Nuevamente, la ansiedad y la paranoia lo abordaron, era un manojo de nervios.
—Cálmate, si hubiera visto algo… seguramente te hubiera despertado a gritos para reclamarte, eso es lo que haría, ese alíen es ruidoso por naturaleza —se dijo a sí mismo en voz baja—. Aunque con Zim, nunca se sabe… ¡Por Mercurio! ¿Ahora qué?... bueno, para empezar, debería de dejar de hablar solo.
Tomó el cuaderno y arrancó la hoja, haciéndola añicos para tirarla en la basura. Tomó una toalla y la amarró a su cintura, un largo baño de agua fría era una excelente forma de empezar.
No supo cuánto tiempo estuvo en la regadera, pero para cuando se encontró ya vestido, sentado a la computadora, eran las 6:30 a.m. Golpeó su cabeza unas cuántas veces en el escritorio, todavía tenía un poema que escribir, pero eso ya lo había resuelto, escucharía algunas canciones, quizá encontraría alguna que dijera lo que necesitaba. Después de lo que había pasado en la madrugada, la simple idea de tener que ir a visitar a Zim le causaba pavor. Se dispuso a trabajar, mientras llevaba a su boca un taco frio.
La Hora Cero Casa de Zim a las 3:00 p.m.
Esta vez había llegado antes, no correría el riesgo de que su cara fuera derretida con una pistola por no estar donde debía a tiempo. Estaba nervioso y asustado, temiendo la reacción del irken al verlo, quizá Zim había estado esperando ese momento para recriminarle de frente lo que había visto durante la madrugada, quizá lo estaba esperando adentro para asesinarlo…si así era, la Tierra estaba pérdida. No se trataba sólo de un noviazgo absurdo, por calentura o pasiones ocultas, era más importante que eso… casi podría decirse que era el día del Juicio Final.
Tocó la puerta con decisión, decisión que no duró mucho, en cuanto escuchó ruido del otro lado, sus piernas estaban listas para correr al lado contrario si era necesario. La ventana se abrió y salió Gir a recibirlo.
—Hola amigo del amo… —saludó sacudiendo su mano repetidas veces—. Wooooo, te ves muy bien con la gabardina.
—Oh sí, muchas gracias Gir, no pensé que fueras a darme algo así ¿Cómo supiste que me gustaba éste estilo?, además le atinaste a mi talla.
—Es que yo quería regalarte un gran cerdo de goma, pero mi amo dijo que esto te gustaría más, así que él me ayudó a escogerla, mi amo es muy listo ¡Que bueno que te gustó Mary! ¡Pasaaaaa!
Dib se quedó boquiabierto ante la pequeña confesión del robot, nuevamente se trataba de otro detalle por parte de Zim, no pudo evitar sonreír bobamente. Cuando salió de su letargo se dio cuenta que Gir ya no estaba, entonces miró la ventana que seguía abierta, y supo lo que tenía que hacer.
Entró por la ventana, seguro de que eso era lo que esperaba Gir que hiciera cuando lo invitó a pasar, realmente no estaba sorprendido, el pequeño robot atolondrado no tenía remedio.
—¡Llegas a tiempo!... Mi poema ahora.
Dib quedó paralizado en cuanto escuchó la voz del Invasor, seguido del golpeteo impaciente de una bota contra el piso.
—Si claro, hola Zim, buenas tardes —saludó con sarcasmo, sin moverse de su lugar.
—Sí, sí, como sea… ¡Mi poema ahora! —recalcó cruzándose de brazos, sin dejar de golpear el piso con su bota.
—De acuerdo —respondió el chico con los nervios renovados, buscando en la bolsa trasera de su pantalón la hoja que había escrito y acomodando sus lentes.
En cuanto desdobló el papel, una de las antenas de Zim se alzó sobre su cráneo, mientras lo miraba con su típica expresión, un ojo abierto y el otro entrecerrado. Se veía lindo, debía admitirlo.
Aclaró su garganta, sus manos temblaban mientras sostenían el papel… si se suponía que todo era una actuación, que todo era parte de un ingenioso plan para desenmascarar a Zim… ¿Por qué estaba tan nervioso? ¿Por qué esa declaración se sentía tan real?, y lo más importante ¿Por qué tenía el deseo de realmente complacerlo?
—¿Listo? —preguntó con suavidad, sonriéndole amablemente al Invasor.
—¡Zim siempre está listo! —gritó—. Aunque no puedo decir lo mismo de ti.
—De acuerdo, aquí voy —volvió a aclarar su garganta antes de comenzar.
Yo puedo hacer, que los deshielos de mi alma no te mojen,
que las provincias de tu cuerpo se rindan; a mis versos,
y el arco iris te sorprenda en blanco y negro.
Yo puedo hacer, que tu camino sea igualito al mío,
que tus tristezas sean mis tristezas;
yo puedo hacer, que el cielo se traslade hasta tu puerta.
Yo puedo hacer, de cada día tuyo; un siglo mío,
de cada sueño tuyo un sueño mío
yo puedo hacer… que veas amanecer con un suspiro.
Al terminar, bajó sus temblorosas manos y miró a Zim, sus antenas estaban completamente amoldadas a su cráneo, sus ojos grandes y redondos, y su lengua salía ligeramente de su boca, se veía bobo… adorablemente bobo.
El poema que Tak le había escrito, no tenía nada que ver con lo que el humano acababa de leerle, por el contrario… era perfecto, claro que no esperaba menos, él merecía lo mejor, él era Zim después de todo. Claro que había cosas que no entendía, por ejemplo ¿Cómo iba a hacer que el cielo se trasladara hasta su puerta?, ni siquiera él podía hacer eso con toda su avanzada tecnología. Y era más fácil que de un día de Dib, él hiciera un siglo y no al revés, los humanos no vivían tanto; aun así lo que podía entender entre líneas le hizo sonreír ampliamente. Dib no tenía idea de todos los problemas que su hermoso escrito le causaría.
—¿Y bien? —preguntó impaciente, jugando con la hoja entre sus dedos.
—Zim está complacido…He decidido aceptar tus sentimientos por mí, espero que entiendas que es un privilegio que un Invasor te acepte como su Zar —habló con orgullo, poniendo sus manos tras su espalda.
—¿Tu Zar? —"¿Así es cómo nombran a los esclavos?", pensó.
—Mi pareja Dib-mono, un Zar es una pareja —respondió con seriedad, no muy convencido con la reacción del humano.
En cuanto Dib escuchó la palabra "pareja", no pudo evitar que su corazón se acelerara, estaba hecho, Zim lo había aceptado como pareja, como… Zar. Tragó saliva con nerviosismo, quizá Gaz tenía razón después de todo.
—Tu cara está roja —señaló Zim, al fin satisfecho con la reacción del humano.
—Es que es un honor poder ser tu Zar —respondió más rojo que antes, al recordar la noche anterior, nuevamente lleno de dudas.
—Sí, así debe de ser… Ahora largo —dijo señalando la puerta.
—¿Qué? —preguntó sorprendido ¿acaso lo estaba corriendo?... otra vez.
—Nuestros asuntos están hechos, no hay más de que hablar, tengo cosas que hacer.
—Y-yo… como quieras —se rindió. En ese momento entre más lejos estuviera de Zim era mejor, empezaba a sentir mucho calor en su cuerpo, un calor familiar al tener a Zim tan cerca.
—Nos vemos mañana en la escuela… Dib —le habló sin utilizar un apodo como era su costumbre, cosa que no pasó desapercibida por el mencionado, quien sonrió ampliamente,
—¡Toma! —le entregó la hoja con el poema en cuanto abrió la puerta.
Zim la tomó y miró con sorpresa los símbolos, el poema estaba escrito en irken. De verdad que el chico aprendía rápido, eso estaba bien, pues le haría las cosas más fáciles.
Mientras veía a Zim observar la hoja, no pudo evitar preguntarse qué debía hacer ahora, se suponía que eran pareja… ¿Debía abrazarlo? ¿Besarlo?, jamás había besado a alguien, quizá eso era muy apresurado y con un abrazo bastaba.
Cerró la puerta, y en cuanto el irken guardó el poema en su PAK, lo abrazó; esperando ésta vez no ser rechazado como el día de ayer. Zim se quedó inmóvil por unos instantes, sin responder el abrazo, pero tampoco alejándose de él.
La curiosidad era grande, y no pudo evitar que su mano se posara en la nuca de Zim, sintiendo por fin la textura de su piel; era increíblemente suave, como seda, o quizá más suave que la seda.
—¡No me toques! —gritó retirándolo de la misma forma, colocando su dedo índice sobre su frente, apartándolo con fuerza.
—¿No quieres que te toque?… pero somos novios, ¿es broma?, sólo es un estúpido abrazo Zim —reclamó, claramente confundido—. Esto… ¿tiene que ver con lo que pasó ésta madrugada? —listo, lo había dicho por fin, tenía que aclarar esa duda, y no había vuelta atrás.
—No, claro que no… los dibujos que hiciste de mí no me molestan… por cierto… no tengo ombligo y tampoco tentáculos, de verdad tienes una imaginación muy activa Dib-gusano —respondió acorralándolo contra la puerta, tomándolo del mentón con firmeza.
—Z-zim —susurró sin poder controlar su sonrojo, ese acercamiento le traía interesantes recuerdos.
—Tampoco me molesta que te dieras placer pensando en mí —le dijo en voz baja, pasando su lengua desde su pómulo hasta el mentón, sintiendo como Dib se estremecía ante su toque —. Ahora entiende una cosa, yo no soy tu Zar, tú eres el Zar de Zim, y eso es muy distinto, no te da derecho sobre mí, no si yo no quiero… no puedes tocarme cuando se te dé la gana, sólo cuando yo lo diga. No eres un irken… eres un humano, de una patética e inferior especie; afortunadamente para ti, eres lo mejor de ésta raza, por lo que ser mi Zar es lo mejor que puedo ofrecerte.
Dib trataba de concentrarse en las palabras de Zim, y aunque había escuchado todo lo que acababa de decir, no alcanzaba a razonarlo, su mente estaba perdida en el hecho de que el irken había visto sus dibujos; y peor aún, lo había visto en un momento muy privado, quizá lo había escuchado gemir su nombre mientras se masturbaba contra la almohada; no estaba seguro, pero eso era realmente incómodo, y no podía creer que Zim lo tomara con tanta calma, con tanta indiferencia. Salió de su letargo en cuanto sintió los dedos del Invasor clavarse en sus mejillas.
—¿Me entendiste Dib? —preguntó con fría calma, soltando su rostro en cuanto Dib asintió.
—Entendido —dijo con frialdad, sin intentar indagar más en el asunto.
—Entonces, te veo mañana en clases, tengo cosas importantes que hacer… Dib.
Abrió la puerta y salió de la casa, ni siquiera se molestó en voltear, no quería ver esos ojos indiferentes, no quería hacerlo. Lo que quería era regresar y golpearlo, quería herirlo, pero no podía hacerlo, al fin había logrado su objetivo, debía apegarse a su plan, estaba un paso más cerca de poder averiguar qué tramaba Zim, por qué tantas llamadas extrañas a sus Altos y repentinas cosas importantes que hacer. De momento era una victoria para la Tierra.
Atravesó el jardín de gnomos con los puños fuertemente apretados, sentía sus uñas clavarse en la tierna piel de sus palmas, pero no volteó. Estaba enojado, pero no con Zim, no con sus actos, si no consigo mismo; por dejar que todo eso lo afectara tanto, y a niveles más personales de lo que creía…si no tenía cuidado caería en su propia trampa, si es que no había caído ya.
CONTINUARÁ…
Y al fin ésta historia se ha ganado su título, ahora sí, Zim es su Novio Irken. Pero las cosas se están complicando ¿Gaz tendrá razón?... o quizá lo que quiere Zim es mucho más grande. Espero el capítulo fuera de su agrado, no olviden dejar sus comentarios
¡Saludos!
