CAPÍTULO 4: Felicidad
Después de lo ocurrido con Nana, Ness no le ha vuelto a hablar, lo cual me da puntos extra. Es más, ahora la considero mi rival.
Han pasado dos días, y en ambas noches esas ganas incontrolables de besar a Ness regresaron, aún más fuertes. El invierno está ya manifestándose, y en las noches hace más frío que en el día.
Esta noche Ness tiritaba antes de ir a dormir, lo cual no me sorprendía, siempre había dicho que era muy friolento.
—L- Luc -Lucas— sus dientes chasqueaban tanto, que se le dificultaba hablar — ¿P-puedes venir a-aquí?
—Claro—me decía que me sentara a su costado, idea que me gustaba mucho.
Al sentarme junto a él, puso sus manos heladas en mi cuello.
— ¡Mira qué tan frías están! — dijo
Cogí sus manos. Las presioné, cuidando de no hacerle daño.
— ¿Cómo lo haces? —preguntó
—Pues…— me sonrojé un poco
—Es decir, ¡tus manos están calientes! —sonrió
—Oh—por poco paso la vergüenza más grande del mundo—no lo sé, sólo son así
—Qué suerte tienes
—Gracias
Pasaron unos minutos
—…
—…
—eh…Lucas…—dijo ruborizándose
— ¿Si? —creo que yo también
—Ya… me puedes soltar.
Rayos.
— ¡Perdón! —dije soltándolo bruscamente.
Ness bajó la mirada, pero a la vez sonreía
— ¿Sabes algo, Lucas? —dijo, juntándose a mí— después de lo que pasó, hace dos días, bueno… yo quería agradecerte, por poner a Nana en su lugar.
— ¿Eh? No, no sólo me agradezcas a mí. Toon Link habló más que yo.
—Pero Nana cerró el pico cuando TÚ le hablaste, eso te da más crédito sobre él.
No me dejó responderle, enseguida me abrazó.
—De verdad, muchas gracias—me dijo al oído—Por ti, ahora sé que no vale la pena dejarse pisar por alguien, menos por una chica como ella.
Le correspondí el abrazo. Pasaron unos segundos y me soltó.
—Anda, ya es hora de dormir
Me dirigí a mi cama
— ¿No vas a apagar las luces? —me preguntó, ya medio adormilado
—Ehh, sí. Solo espera un momento
—Jajaja, está bien— se cubrió con la manta—buenas noches
—Buenas noches
Pasó lo de siempre, Ness se durmió rápido y me quedé mirándolo por un largo rato.
Fue en ese momento, en el que tomé mi decisión.
Me levanté, y fui hacia su cama. Me puse sobre él, como la vez anterior, cuidando de no poner mis rodillas sobre sus manos.
Me acerqué a él. Miré fijamente sus labios entreabiertos, que emitían leves y casi inexistentes ronquidos. Verlo así tan indefenso, me preguntaba qué hubiera sucedido si en vez de mí hubiera estado uno de sus enemigos o alguien que lo odiara con todo el corazón.
Entonces lo hice.
Tanto tiempo deseando hacerlo, que no pude más, y puse mis labios sobre los suyos. Fue la mejor sensación del mundo, sus labios eran tan suaves, con un sabor tan delicioso, tan dulces, tan… suyos, simplemente.
Cerré mis ojos, no quería despegarme de él. No podía negar que estábamos en una posición muy comprometedora.
Este, había sido mi primer beso, y fue con la persona indicada. Lástima que Ness no se dio por enterado, él siempre me repetía que cuando diera mi primer beso, sería a él a quien se lo contara. Aunque ¿Quién sabe? ¿Lo habría disfrutado tanto como yo lo hice? Si se hubiera dado cuenta de lo que acababa de hacer ¿Cuál hubiera sido su reacción? Todo esto pasaba por mi mente, mientras ese primer beso se prolongaba.
Me separé de él. Le acaricié el cabello. Sentía su respiración en mi cuello.
Me había sentido muy bien, no puse resistirme a besarlo de nuevo, era algo realmente hermoso.
Terminó ese segundo beso, entonces lo miré de nuevo, como si él fuera el único que existía conmigo en ese momento
—Te quiero, Ness— le susurré, y con esto, le di el tercer y último beso.
Podría haberlo besado más veces, ganas no me faltaban. Pero por respeto a Ness, no lo hice.
Apagué las luces, y me fui a dormir, pensando en los bellos e inolvidables últimos minutos del día. Con haberle cogido las manos, ya había sido bastante, pero al parecer, el destino me sonrió, e hizo que él me regalara uno de sus cálidos abrazos, pero sobretodo, me dio el valor de hacer lo que tanto deseaba.
