CAPÍTULO 4: Posible imposible.
[Clarke]
Octavia me sacó de la concentración que tenía puesta en el móvil. Estaba de pie detrás del sofá, detrás de mí, con la barbilla apoyada en mi hombro mirando la pantalla de mi móvil.
-¿Con quién hablas, eh? ¿Ya te has echado otro ligue?
-¿Marcus? Ugh, no. Qué dices. Está bastante bien con mi madre, vamos a dejarle ahí.
Octavia empezó a reír. Luego dirigió su mirada hacia mí.
-Venga Clarke, si te van los maduritos me lo puedes decir, no pasa nada.
Estiré el brazo para coger el cojín que tenía a mi lado y le di en la cara con él.
-Qué insufrible es esta mujer. ¡Que alguien se la lleve de aquí por favor!- supliqué mirando al techo.
-A poder ser alguien que esté bueno o buena, por favor.- dijo Octavia mirando al techo también.
-Y que le eche un buen polvo a ver si así deja de ser tan pesada, por favor y gracias.- añadí antes de empezar a reírme.
Ahora fue ella la que tiró el cojín hacia mi cara.
-Clarke, cariño, sabes que eso último lo puedes solucionar tú, pero como no quieres, te jodes con lo que te toca.- dicho esto recorrió mis hombros de uno al otro con una de sus manos y se fue a la cocina.
-Si tan solo no te viera como una hermana, O.
Poco después volvía de la cocina con dos cervezas en las manos.
-Si tan solo dejaras de poner excusas y te dejaras llevar, Clarke.
Me tendió una cerveza y se sentó a mi lado en el sofá.
Me quedé mirándola fijamente. La verdad es que, ¿por qué no? Desde que la conocía siempre había habido un poco de tensión sexual entre las dos, incluso antes de que Octavia se diera cuenta de que también le gustaban las mujeres aparte de los hombres.
-¿Así que Kane vendrá luego? ¿Has hablado con tu madre también?- dijo, pero estaba tan embobada pensando en ese "¿por qué no?" que ni escuché bien lo que dijo.
-¿Por qué no?- susurré.
-¿Qué?
Octavia me miró confusa. Sin pensarlo mucho más, porque si lo hacía no lo haría, me acerqué a ella y la besé. Fue un beso corto. Me aparté para mirarla; para anticiparme y prepararme para el "¿Qué haces, Clarke?" que podría salir de su boca en los próximos segundos, pero se limitó a mirarme con la boca entreabierta y la respiración algo agitada.
De su boca solo entraba y salía aire, no palabras. Con la mano que tenía libre cogió mi cara y me acercó a ella. Me besó con ganas, con todas esas ganas que en el fondo tenía.
No quería separar sus labios de los míos, ni yo los míos de los suyos, y sin hacerlo, quitó su mano de mi cara, cogió mi cerveza y puso ambas botellas, la mía y la suya, encima de la mesita.
Con nuestros labios aún pegados los unos a los de la otra me cogió de la cintura para tumbarme bien en el sofá. Estaba encima de mí; empezó a besarme por el cuello y yo cerré los ojos disfrutando de aquella sensación, suspirando de placer.
Me levanté ligeramente para quitarle la camiseta, sonreí al ver que no llevaba el sujetador puesto.
Empecé a besar su cuello, dejando pequeños mordiscos en él, cosa que no dejó a Octavia indiferente ya que clavaba sus uñas en mi espalda, tirando de mi camiseta.
Bajé desde el cuello hasta llegar a sus pechos con los que jugué a mi antojo.
Octavia gemía.
Buscó el borde de mi camiseta y lo cogió para levantarla, sonrió al ver que yo tampoco llevaba sujetador.
-Menos ropa que quitar.- dijo con la respiración alterada.
Busqué su boca de nuevo y la tiré hacia atrás, quedándome yo encima. Regresé a sus pechos.
Bajé mi mano a su muslo elevando su pierna haciendo que rodeara mi cintura.
Conduje mis labios desde la boca de su estómago hasta abajo, hasta el borde de su pantalón, y llevé mis manos a los lados de su cintura para empezar a bajarlos arrastrando también su ropa interior. Tiré la ropa a un lado.
Intentó tirarme hacia atrás para quitarme los pantalones, pero se lo negué y le volví a dirigir a su posición anterior, me lancé hacia ella haciéndome con el control.
Posé mis manos en sus rodillas y le separé las piernas. Acerqué mis labios al último lugar de su piel que había tocado; seguí bajando mis labios hasta llegar a su sexo. Mi lengua fue directa a su clítoris y comenzó a moverse: de arriba a abajo, de izquierda a derecha, y en círculos.
Octavia se retorcía de placer, buscaba algún sitio en el sofá al que aferrar sus manos con fuerza. Le estaba volviendo loca. Sentí como enredaba una de sus manos en mi pelo y tiraba un poco de él, sabía que eso me ponía.
Separé mis labios de su sexo y me tomé un par de segundos para mirarla mientras llevaba mi mano, desde su rodilla, deslizándose por el interior de su muslo, alargando así la llegada a su sexo. Le acaricié de arriba abajo, sintiendo lo húmeda que estaba.
-No sabía que te ponía tanto, O.
-No lo sabes tú bien rubia...- dijo entre jadeos.
Entonces la penetré. Primero con un dedo, luego añadí otro.
La respiración de Octavia ahora era más fuerte, sus gemidos más notables y cada vez más altos a medida que aumentaba la velocidad.
Volví a llevar mi boca a su clítoris sin que mi mano parara.
Octavia gimió aún más.
-Sigue... sigue. Sí, Clarke... sí, sí.- susurraba mientras gemía aceleradamente.
Yo seguía, cada vez más rápido y más fuerte, hasta que el grito de Octavia me indicó que había llegado al clímax. Entonces reduje la velocidad progresivamente hasta que paré.
Horas después me estaba preparando para ir a trabajar, salía de la ducha y me disponía a vestirme. No podía dejar de pensar en lo que había pasado hace una hora. Octavia y yo lo habíamos hecho.
"No actúes de forma extraña después de esto, Clarke. Sé que solo somos amigas y que solo estábamos liberando tensiones, cumpliendo una fantasía que sé que ambas teníamos."
Eso fue lo que me dijo Octavia hace una hora, después de que hubiéramos pasado aquel rato largo recorriendo y saboreando el cuerpo de la otra: liberando tensión. Se me hacía extraño haberlo hecho con ella. Se me hacía extraño que algo que creía imposible de pasar, fuera posible, y hubiera pasado.
Lo habíamos pasado bien, no podía negarlo, y ambas tenemos claro que solo somos amigas. No debería darle más vueltas.
Salí de casa y me dirigí a Polaris, Octavia ya estaría allí.
La noche transcurría de forma animada, los clientes parecían estar divirtiéndose: cantaban las canciones que sonaban, bailaban, brindaban, charlaban... algunos iban más felices de la cuenta por el alcohol, pero no había ocurrido ningún tipo de incidente y eso era algo que siempre se agradecía.
Estaba sirviendo una copa a un cliente cuando Octavia se acerca por detrás de mí.
-Mira quien ha venido.- me dice al oído
Alcé la vista y vi a Marcus acompañado de otro hombre acercándose a la barra.
Marcus había venido con su compañero de trabajo Thelonious Jaha, algo dentro de mí me decía que Marcus había venido para hablar conmigo sobre "el tema" con mi madre, aunque en los veinte minutos que lleva aquí, aún no ha mencionado nada relacionado con ello.
Contaba como le habían ascendido a inspector y que había un chico nuevo en la comisaría que además era el hermano de Octavia.
-¿En serio? ¿Cómo no me había dicho nada? Siempre me entero de las cosas de este muchacho por otras personas, de verdad. Voy un momento a llamarle.- dijo Octavia entusiasmada y algo indignada porque su hermano mayor aún no le había dado la gran noticia.
Quedamos los tres; yo, Marcus y Jaha, aunque este último acababa de coger su móvil.
Marcus me miró y cambió su expresión, se puso serio.
Oh no... por favor no.
-¿Sabes que tu madre te echa de menos, no Clarke?
Y ahí estaba.
-Supongo.- contesté sin mirarle.
-Sabes que es verdad.- se tomó una pausa, al ver que no le miraba y no tenía intención de seguir dando cuerda a la conversación, después de un suspiro, siguió. -Sé que quizás no debería meterme tanto, pero sabes que tu madre me importa mucho... y tú también. No pretendo reemplazar a tu padre Clarke, lo sabes. Y solo te diré esto y no volveré a tocar más en el tema: habla con ella, ya ha pasado mucho tiempo y creo que por su parte ya lo ha entendido y sabe que cometió un error.
La mirada sincera y casi suplicante en los ojos de Marcus hizo que me quedara sin saber qué decir.
Si eso era verdad, y mi madre ya había asumido la decisión que yo había tomado y que quizás no debería de haber hecho lo que hizo, supongo que eso cambiaría un poco las cosas.
Aún le guardara cierto rencor por todo lo que había pasado, y tampoco es que estuviera preparada para perdonarla. No sin antes de oírla reconocer que no debió tratar a su hija de la forma en la que lo hizo.
Por otra parte, Marcus cada vez me caía mejor, aparte de Octavia, había sido la única persona que me había apoyado y ayudado.
Entre él y mi madre, él había sido el que lo entendió y estuvo de mi parte. Y sí, puede que no sea mi padre biológico, pero desde luego se comporta como un padre.
Le dediqué una pequeña sonrisa y asentí, me devolvió la sonrisa.
Después de esto, seguí con lo mío. Atendiendo clientes, sirviéndoles lo que quisieran tomar, cobrando, recogiendo vasos y botellas vacías que dejan sobre la barra, etcétera.
Marcus y su compañero me hicieron una señal para una segunda ronda de cervezas. Cuando, después de cobrar a un cliente, fui a retirar las botellas de cerveza vacías y a servirles otras dos nuevas, la volví a ver. Al lado de los dos hombres, hablando con ellos.
¿Tú...?
¿Cómo no la había visto antes?
[Lexa]
-¿Falta mucho?- dije con un tono de queja porque estaba ya harta de andar.
-Mujer de poca paciencia, es ya ahí.- dijo Lincoln señalando hacia el bar que estaba ya a tan solo unos pasos.
"Polaris" pone en una señal en lo alto de la entrada.
Después de que un hombre muy robusto nos abriera la puerta, entramos en el bar.
El bar tiene un ambiente muy agradable, con un estilo muy moderno y alternativo. Al igual que la música. Sonaba Friday I'm in love de The Cure.
I don't care if Monday's black
Tuesday, Wednesday heart attack
Thursday never looking back
It's Friday I'm in love
...
Esta canción me encanta, es una de esas canciones que te pone de muy buen humor cuando las escuchas.
Lincoln se dirigía hacia la barra que estaba delante de nosotros, a tan solo unos pasos, buscando con la mirada a su amigo. Murphy, el famoso amigo de Lincoln que aún no conocía y que trabajaba en este bar.
A medida que nos acercábamos a la barra pude ver a dos chicos que estaban detrás de ella, un chico y una chica, supuse que ese chico sería Murphy, cuando volví a mirar a la chica que hace unos segundos estaba de espaldas, me sorprendí al reconocer aquel rostro.
No es posible...
Nos acercamos a Murphy, y Lincoln y él chocaron los cinco.
-¡Hey! Lincoln, ¿qué tal? Por fin te dignas a aparecer por aquí.- dirigió su mirada hacia mí. -Bueno, os dignáis. Tú debes de ser la famosa Lexa, Lincoln me ha hablado mucho de ti. Encantado.- me tendió su puño para que chocara.
Le choqué el puño con una sonrisa.
-A saber qué te habrá contado este. Encantada Murphy.
-Nada malo, lo prometo.- dijo Lincoln.
Murphy se echó a reír.
-¿Qué queréis de beber?
-Yo una cerveza.- dijo Lincoln.
-Otra. Y dos chupitos de tequila.- pedí.
-Marchando.- dijo Murphy yéndose a por lo que habíamos pedido.
Lincoln me miró confundido.
-¿Qué? No me mires así que uno es para ti. Dijiste que íbamos a beber, pues vamos a beber.
Se rió negando con la cabeza.
-Eres lo peor, Lexa.
Cuando por fin tuve un momento miré hacia detrás de la barra, de un lado a otro, buscando la rubia. La amiga de Raven y, por lo visto, compañera de trabajo de Murphy.
Y ahí estaba, otra vez de espaldas a mí. Estaba en la caja cambiando dinero.
De un momento al otro volví a sentirme absurda. Quería que se diera la vuelta cuanto antes para poder ver su rostro más de cerca, y con suerte, resolver el misterio sobre el color de sus ojos.
Lincoln me sacó de mi embobamiento.
-Hay dos taburetes detrás de ti, ¿nos sentamos?- dijo señalando detrás de mí.
Le miré y seguidamente miré detrás de mí.
Habían dos taburetes libres y al otro lado estaban dos hombres charlando.
-Perdonad, ¿están ocupados?- les pregunté.
-No, creo que...- entonces miró al otro hombre. -¿No quieres sentarte, verdad Thelonious?
-No, no, podéis cogerlos.- dijo el otro.
-Muchas gracias.- dije con una sonrisa.
Nos sentamos en los taburetes y Murphy ya había llegado con las cervezas y estaba sirviendo los chupitos.
Lincoln y yo cogimos el chupito, brindamos y le echamos una mirada a Murphy quien nos decía salud. Bebimos el chupito y noté como el alcohol bajaba por mi garganta.
Sacudí ligeramente la cabeza, cogí la cerveza y le dí un trago. Al posar la bebida, mi mirada se quedó fija en la botella durante unos segundos y una palabra resonó en mi cabeza: rubia.
La rubia.
Ahora estaba cogiendo una botella de una estantería. Noté como se "elevaba mágicamente", se estaba poniendo de puntillas porque no conseguía llegar del todo bien a la botella.
De espaldas a mí.
Aún de espaldas a mí, presenciar esa escena me hizo pensar en lo adorable que estaba y no pude contener la pequeña sonrisa que se esbozaba por mis labios.
¿Por favor, pero qué me pasa...?
Sacudí ligeramente la cabeza y me puse a hablar con mi acompañante, al que, como tuviera que sacarme más veces de mi embobamiento, tendría que dar alguna que otra explicación.
Habían pasado unos quince minutos y ya casi me consideraba victoriosa por no haber vuelto a mirarla, pero tan pronto como se me pasó esa idea por la cabeza, unas enormes ganas de volver a hacerlo volvieron a surgir.
Volví a buscarla con la mirada y para mi sorpresa no estaba detrás de la barra con Murphy. Estaba a mi izquierda, justo donde hace unos minutos estaban los taburetes que cogimos Lincoln y yo. Estaba a mi lado, y estaba hablando con el hombre que al que le había preguntado por la disponibilidad de los asientos minutos atrás. Estaba a, más o menos, un metro de distancia de mí... y aún así estaba de espaldas y no podía ver su cara.
¿Cómo es posible que cada vez que la miro está de espaldas a mí?
Parece una broma. Una jodida broma.
Suspiro y miro de reojo hacia ella que sigue hablando con uno de ellos con mucha complicidad. ¿Serán conocidos? ¿Sus padres? ¿O al menos uno de ellos sería su padre?
Lincoln chasquea los dedos delante de mi cara, me había quedado embobada otra vez.
Dirigí mi atención hacia Lincoln, estaríamos ahí por lo menos un par de horas más, era imposible que no fuera a verle la cara.
"Mujer de poca paciencia" me había llamado Lincoln hace un rato, ¿verdad? Lo imposible ocurrió cerca de un minuto después, cuando la rubia estaba volviendo detrás de la barra apareciendo por una puerta.
Lincoln me estaba diciendo algo, pero ni de broma apartaría la mirada ahora. Todavía no.
Nada más abrirse la puerta que permitía a los camareros estar al otro lado de la barra, sus ojos fueron directos a mí. Y los míos directos a ella nada más ver que era la que traspasaba esa puerta.
Me está aguantando la mirada.
Me está mirando.
No pude más y parpadeé, parpadeé varias veces y ella apartó la mirada.
El misterio estaba resuelto, aún con la poca luz que había en el bar pude distinguir el color.
-Azul.- susurré
Miré a mi derecha en busca de Lincoln pero no estaba.
-¿Pero qué narices...?- me pregunté pensando en mi amigo.
Baño.
Había oído algo de baño. Habrá ido al baño.
Aproveché para volver a buscarla, y ahí estaba, hablando con un cliente.
La verdad es que era innegablemente guapa y con una mirada que me cautivaba.
Algo iba mal. Estaba como... seria, demasiado seria. Su cara mostraba un gesto de molestia, enfado. Miré al hombre al que atendía y supuse que sería la causa de ese gesto que mostraba su rostro. Entre la música y la distancia a la que se encontraban, ni de broma escucharía lo que decían.
Ella seguía hablando con él, y ahora se había puesto notablemente más imponente y un tanto alterada. Le señalaba al hombre la puerta y parecía que le gritaba.
Le estaba molestando. Tengo que hacer algo.
Me armé de valor. Iba a acercarme lo justo para oír la conversación e intervenir si realmente ese hombre la estaba molestando aunque era bastante evidente que sí.
Cuando empecé a andar hacia el hombre, Murphy se acercó a la rubia, le puso la mano en la cintura y le dijo algo. La expresión del chico cambió cuando la chica terminó de hablarle y parecía molesto, más aún que su compañera.
Sacó un walkie del bolsillo trasero de su pantalón y habló por este.
Segundos después, un hombre, el que antes estaba custodiando la puerta cuando entré, cogió del brazo a dicho hombre que, ahora claramente, le había estado molestando y se lo llevó fuera del bar.
Por suerte no había pasado nada y el hombre no puso demasiada resistencia al segurata.
Volví mis ojos a la rubia que le estaba dando un abrazo a Murphy, y al separarse, le dejó un beso en la mejilla.
Un sentimiento de celos y decepción, sin sentido alguno, invadió mi pecho. No es posible.
¿Por qué las guapas siempre son heteros y tienen novio?
