Capitulo 4.- El Descubrimiento.
Era otro lunes por la mañana y en el departamento de Ussop reinaba el caos, Zoro no lo había despertado y el muchacho iba tarde para la primera clase del día, como pudo, trago su desayuno y salió corriendo, recordándole a Roronoa que quedaban dos semanas para los exámenes de admisión y que debía ponerse al día con los estudios.
El muchacho de cabellos verdes estaba al tanto, pero con las cosas que habían sucedido en los últimos días parecía no tener cabeza para eso, su mente se la pasaba divagando, y aunque solía ser siempre alrededor de su trabajo, al final terminaba en un análisis diario respecto a su patrón. Hablando de eso, tenía que apresurarse, debía ir a cobrar antes de presentarse en las clases.
El sábado por la noche, al dejarlo a escasos metros de su casa, Mihawk le pidió que pasara a su estudio en el dojo temprano. Recordar ese pequeño momento que compartió a solas con él, le trajo una sonrisa a la cara. Luego de ese viaje de escasos 20 minutos había aumentado su fijación en el hombre, se veía cansado pero su porte elegante no cambiaba en lo más mínimo, estaba tranquilo y con la expresión complacida de quien ah obtenido lo que quería.
Con un suspiro cerró la puerta tras de si al salir de la casa, el estudio de el señor Dracule era imponente, elegante y extrañamente cómodo, principalmente estaba su escritorio de madera oscura y tallada, con dos cómodos asientos para atender invitados, detrás había un ventanal que daba al jardín de su propia casa, al frente, pegado a la pared rodeado de libreros, estaba un amplio sofá de un sobrio color negro, a la derecha, estando parado frente al escritorio, había una cava de vinos, "interesante elección para un estudio", pensó Zoro, pero lo que principalmente llamaba su atención, era lo que había a su izquierda, dos sencillas puertas corredizas que ocupaban todo el muro, picaba su curiosidad enormemente, pero no se atrevía a preguntar al respecto, estando el dueño discutiendo por teléfono antes de atenderlo.
-No me interesa, no... -Una completa expresión de fastidio invadía su cara. -¿No tendrías que estar trabajando?... Eso no importa... No... No...
Harto, alejó el teléfono de su cara sin decir nada, Roronoa podía escuchar que la persona al otro lado de la línea seguía hablando, pero Mihawk colgó sin querer saber más, se tomó un par de segundos para sobarse las sienes frustrado y fijó sus ojos dorados en el muchacho.
-Disculpa, no creí que me llevaría tanto.
-N-no importa...
-Entonces... A lo que venimos... -Extendió un sobre amarillo y un papel azulado. -El sobre es el pago de tu semana de trabajo, y el cheque es el pago por la sesión del sábado, el miércoles nos entregaran una muestra del trabajo, y el lunes próximo comenzara a moverse la publicidad de la colección para la que posaste... Se te requerirá para pasarelas junto a Perona, ya que ambos son la imagen principal de la temporada... -Pausó un momento, viendo los crecientes nervios en su empleado. -No es una obligación, pero si quieres saber mi opinión, deberías aceptar, es un trabajo bien pagado y tienes la oportunidad de conocer muchos lugares.
-Uhmm, me gustaría pensarlo... -Balbuceó el muchacho, sintiéndose más cohibido por la mirada sobre el que por la noticia. -Quiero aplicar para la universidad...
-Me parece perfecto. -Lo interrumpió el otro, dedicándole una sonrisa que le provoco sonrojarse ligeramente. -Me agrada que no te quedes estancado por el trabajo.
-Gracias...
Con su primer sueldo, el de cabellos verdes pagó a Ussop por el alojo e invito a sus amigos a cenar, fue algo sencillo, poniéndole un límite a Luffy o habría terminado dejándolo con una deuda enorme al restaurante. Saliendo del lugar se dedicaron a vagar por la ciudad, de momentos, Zoro se quedaba atrás o no ponía atención a las conversaciones, suspiraba a ratos y pasaba de estar feliz a molesto en un momento. En algún punto los dos de cabello negro se adelantaron jugando y canturreando por la calle, dejando a los otros dos solos.
-Si no te conociera mejor diría que estas enamorado. –Habló el aspirante a chef mientras encendía un cigarrillo.
-¡Po-Por supuesto que no! –Gruñó en respuesta Roronoa, sonrojándose por la acusación. –Solo estoy distraído… Han pasado muchas cosas.
-Claro… -Dijo el rubio sin creerle en lo mas mínimo, pero sin deseos de discutir por ello. –Y… ¿Cómo va el trabajo?
-Normal, aunque Perona se apareció por allá, es algo… difícil de tratar…
Un golpe en la cabeza lo interrumpió.
-Perona es una dama adorable, no te atrevas a hablar mal de ella en mi presencia…
Los ojos oscuros del peliverde solo giraron con fastidio, mientras seguían su camino.
-Enamorado… -Repitió para si mismo en un susurro. -Bah, es una estupidez…
El miércoles llego rápidamente y la joven de cabellos rosas fue a sacarlo de la clase de arte técnicamente a rastras, para llevarlo al estudió de su padre, ahí, se encontraba el hombre en cuestión, junto al dueño de la marca y una bella mujer de cabellos negros, que Zoro pudo identificar por el recuerdo de algunas revistas, cómo la esposa de Mihawk.
Le apenaba verse a si mismo en imágenes tan grandes y vanidosas, pero debía admitir que el fotógrafo había hecho un magnifico trabajo. Se le entrego una copia de cada una de las imágenes al igual que a Perona, aunque las de esta última fueron arrebatadas por su madre.
-Mi hermosa hija, -balbuceaba en su lugar. –Se nota que eres mi hija…
-¿No te estas dando mucho crédito, Hancock? –Se burló Crocodile, ganándose una mirada llena de odio de parte de la mujer. El resto de la reunión transcurrió en relativa calma, aunque algo había dejado fuera de si al nuevo modelo. La pareja no se dirigió la palabra ni una sola vez, pero lo raro, fue que un rubio de vestimenta muy llamativa llego por Boa, besándola en los labios mientras se marchaban. Por cortesía se mantuvo callado, pero no pudo quitar su cara de desconcierto. Perona lo acompaño a tomar el autobús de regreso, estando al tanto del hilo de pensamientos que lo tenían distraído, decidió darle una explicación.
-Su matrimonio es una farsa… Yo soy lo único real de eso. –Ante la mirada sorprendida del joven se animo a continuar, cómo le gustaba ese muchacho. –No se divorcian por no darles un mal rato a mis abuelos, pero cada uno tiene su vida, sus cosas y sus amantes, solo "viven" en el mismo lugar, para mantener a los curiosos callados.
-Entonces ese hombre…
-Si, Doflamingo es el nuevo novio de mamá.
-¿No tienes problemas con eso? –Preguntó el de pelo verde, un tanto incomodo por el tema.
-Créeme, luego de ver como se llevan esos dos prefieres mantenerlos separados el mayor tiempo posible.
-Ohh… -Su curiosidad le pedía que preguntara sobre la "amante" de su padre, pero logro contenerse, no era de su incumbencia.
El resto de la semana termino rápidamente sin más por mayores. La joven modelo iba a buscarlo día a día para comer o solo charlar, aunque no se quedaba mucho, y su padre parecía más irritado de lo usual, su teléfono no dejaba de sonar durante las clases y un par de veces le escucho maldecir en voz alta, pidiendo que lo dejara en paz. Inconscientemente, Zoro buscaba quedarse más tiempo con su patrón, aprender más de el y buscar el momento preciso para inmiscuirse en el asunto de lo del deporte, pero con su frágil estabilidad por las insistentes llamadas, le fue imposible tener un acercamiento.
Un nuevo lunes llego y siguiendo la nueva rutina impuesta, se dirigió al dojo para cobrar su pago, aunque le informaron que el señor Dracule había salido un rato, decidió esperar en su estudio. Curioseó por el lugar, manteniéndose alerta a la puerta todo momento. Las puertas corredizas que normalmente estaban cerradas, ahora habían sido dejadas entreabiertas, tras un duelo consigo mismo Zoro decidió husmear, empujándolas suavemente para abrirlas apenas lo suficiente para poder pasar. Tras las puertecillas encontró un pequeño apartado repleto de espadas de casi todo tipo, en el centro de toda esa exhibición se encontraba una espada de ridículas proporciones con un hermoso filo negro, el acabado total era toda una obra de arte, a muchos les podría parecer solo un adorno de pared debido al enorme tamaño, pero el intruso que admiraba absorto cada detalle de esta sabía que era posible de usar, y sabía que en manos de su dueño era la cosa mas majestuosa y mortífera en el mundo.
Tan perdido estaba en lo que veía, que no notó el momento en que se metió al pequeñísimo espacio que existía entre el muro y las puertas, al escuchar unas voces acercarse, se medio encerró en un acto de reflejo. Podía ver claramente a través de la pequeña abertura de las puertas y su estomago se anudo temiendo por su empleo cuando vio a su patrón entrar claramente irritado y la razón se mostró pocos segundos después, con forma de un pelirrojo quejumbroso.
-Una semana, ¡Una maldita semana aquí! y apenas me dejan en paz, ya necesitaba más que esos 20 minutos para poder llamarte… -Reclamaba la voz despreocupada.
-Te fuiste mucho tiempo, era obvio que tendrías que ponerte al tanto de los movimientos de tu empresa, y eran más de 20 minutos, ¿Sabes lo molesto qué puedes llegar a ser? –Dejó sus cosas sobre el amplio escritorio, su respuesta mordaz estaba llena de fastidio,
Zoro podía ver de frente a Mihawk y la culpa le carcomía, por lo que decidió delatarse antes de escuchar algo que no le incumbiera, pero se quedo congelado un paso antes de deslizar las puertas cuando la mano del pelirrojo apareció en su campo de visión, envolviendo el pecho de su maestro y recargando el mentón en su hombro tranquilamente.
-Fue un viaje largo…-Comentó con voz juguetona. –¿Me extrañaste?
-Idiota. –Contesto el de ojos dorados sin cambiar su expresión, dando un par de pasos más al frente, rompiendo el abrazo para buscar lo que parecía vino.
Ya lejos de la atención de Shanks se permitió una pequeña sonrisa, una que irritaba sobremanera al jovencito escondido, no sabía por que, pero le enfurecía esa sonrisa tan sincera, tan diferente a las llenas de arrogancia que solía esbozar para el resto del mundo.
-¿Quieres vino? –Ofreció el anfitrión comenzando a servir en una copa para el mismo, el otro se acerco y le arrebato la botella tomando directamente de ella un enorme trago, ganándose una mirada desaprobatoria.
-Nunca vas a cambiar. –Volvió a hablar el de ojos dorados, dejando de lado su copa tras un sorbo, le miro fijamente a los ojos para luego esbozar otra de esas sonrisas y acercarse a el lentamente. Enredó los dedos en el brillante cabello rojo, atrayendo su rostro para unir sus labios en un largo y sensual beso.
Mientras los dos mayores continuaban lo que parecía una lucha por dominar la boca del otro, el intruso quedo en shock retrocediendo instintivamente lo que causo un sonido casi imperceptible, pero qué Shanks pudo notar.
Por más excitante que fuera la idea de continuar y darle el show de su vida a quien fuera que estuviera ahí, el pelirrojo sabía perfectamente que Mihawk nunca se perdonaría y posiblemente lo culparía a el.
Lo empujó suavemente por el pecho, aprovechando para juguetear con la cruz dorada que colgaba de su cuello.
-Quiero una cama… -Demando en un tono de voz juguetón.
Ante la petición Mihawk levanto una ceja un tanto confundido, el loco de su compañero era quien lo había arrastrado al estudio, pero luego de unos segundos le resto importancia y con un gesto de resignación se dio la vuelta tomando sus cosas del escritorio para salir de la habitación.
Antes de seguir a su amante, Shanks miro a donde debía estar el espía y le dedico una sonrisa picara, para luego cerrar la puerta detrás de el.
El intruso empuño las manos, temblando de ira y decepción. ¿Qué demonios había sido eso? Y sobre todo… ¿Por qué lo había alterado tanto? Entonces, las palabras de Sanji resonaron en su cabeza.
