LIBRO 4:

EL CONFESIONARIO EN EL ESTABLO

"Querida princesa Celestia:

Hoy aprendí que los humanos no son tan estrambóticos como los sueños de mitología nos decían. En realidad son criaturas frágiles que dependen de muchos cuidados para sobrevivir. También aprendí que la ignorancia puede ser peligrosa… (no lo digo por mí, sino por Lyra, quien casi causa un accidente aunque debo aceptar que yo también cooperé).

Tu fiel alumna, Twilight Sparkle".

A la mañana siguiente, Twilight y Spike reaparecieron en la biblioteca, este último armado con un casco que, según dijo, era para fines de seguridad contra Lyra a pesar de la promesa de su acompañante que el incidente no volvería a ocurrir.

-Aún así –continuó mientras la puerta era abierta –no tengo ganas de salir volando por alguna ventana.

Adentro, por fortuna, sólo estaban Kirei y Flufflepuff; la poni lanuda se encontraba debajo de su cabeza, ronroneando en calma, como una suerte de almohada esponjosa. Apenas acercarse Twilight, la criatura abrió los ojos y se deslizó con cuidado lejos del humano.

-Bien… ¿lo despiertas tú o yo? –Twilight esperó una respuesta que nunca llegó; Spike, en precario equilibrio en lo alto de un estante, se dedicaba a contemplar. -¡Spike!

-Dicen que los mejores eventos se miran bien de lejos. –se redujo a contestar. La unicornio agitó la cabeza, indulgente, y se aproximó a Kirei tocándolo en una mejilla con la pezuña.

-Humano… humano… hey, humano…

De nuevo, Kirei se levantó aprisa y Twilight apenas se libró de salir volando por los aires gracias a un afortunado salto. Pese a la cena clandestina, el clérigo seguía sintiéndose mal, y se movía despacio torciendo el cuello y los brazos con gestos de dolor.

-Una cama… una cama sería mejor para… -gruñó, todavía dormido, hasta darse cuenta que Twilight lo miraba paciente. -¿Has venido a torturarme de nuevo, criatura pérfida?

La criatura violeta tomó aire; había estado pensando toda la noche el siguiente paso, y ahora iba a llevarlo a cabo pese a su duda.

-Te llevaré… llevaremos a Sweet Apple Acres. –agregó viendo de reojo a Spike, buscando apoyo moral. El dragón, estoico, levantó una garra en señal de aprobación.

Kirei ladeó la cabeza, enfurruñado. No tenía idea de qué era eso de Sweet Apple Acres ni mucho menos la conversación que había tenido lugar la noche anterior en éste, puesto que Twilight había renunciado a dormir en la biblioteca mientras el humano estuviera ahí…

-Orden, orden por favor… Pinkie, deja de una vez la lámpara… Rarity, no te exaltes, la tierra no arruinará tu capa… ¿alguien sabe dónde está Fluttershy?

Applejack, de pie junto a la puerta del establo, echaba vistazos al exterior con nerviosismo. Twilight dirigió entonces su atención a ella.

-No te preocupes, el humano no puede salir de la biblioteca, está sellada desde fuera.

-Eso a mí no me dice nada. –replicó la poni. –La criatura esa está tan grande que en cualquier momento levanta la biblioteca con las manos y se larga con ella encima.

-No será así… De todos modos es del humano de quien quiero hablarles. –repuso la de piel violeta volviéndose a las demás. –Sé que sólo ha pasado un día bajo nuestro régimen y considero preciso hacer un plan; una o dos de nosotras no podremos, pero si nos unimos las seis…

-Quisiera hacer notar… -le cortó Rainbow –que en este momento no somos seis.

Era cierto. Fluttershy seguía sin aparecer.

-¿Se habrá retrasado? –comentó Rarity.

-No lo creo, ella sabía bien la hora y el sitio de la reunión, aunque… -una sombra de duda pasó frente a los ojos de Twilight. Había visto cómo Fluttershy rescataba a Kirei y, sin embargo, no quería creer que la pegaso fuera a acercarse de nuevo tanto a él.

La única en ese momento que no parecía preocuparse era, naturalmente, Pinkie.

-¡No pongan esas caras! –les recriminó. -¡Vayamos a buscar a Fluttershy, será divertido! ¡Una excursión nocturna!

-No se trata de eso, Pinkie… -Twilight le lanzó una mirada lacónica que no encontró reflejo en la poni rosada.

-No me digan, ¿les asusta la noche? Recuerden que… -y se echó a cantar: -El miedo me invadía al ver que el sol se iba a ocultar, lo oscuro y las sombras me ponían a temblar…

-Oooh, Pinkie… -Rainbow intentó acercarse, pero su amiga ya estaba dando tumbos por todo el establo.

-Mi almohada era un refugio de lo que imaginé, la abuela me dijo "debes saber tus miedos enfrentar"…

-Pinkie, por favor. –masculló Rarity cuando ésta pasó por su lado, levantando tierra.

-Dijo "Pinkie, de pie debes estar, miedo no tendrás, nadie daño te hará, sólo ríe y tus miedos se irán… JA-JA-JA".

-¡PINKIE! –gritaron todas al unísono. La aludida cayó sobre sus cuartos traseros, contrariada.

-Escuchen bien todas, si Fluttershy no aparece… -comenzó Twilight, pero su discurso se interrumpió, de nuevo, al oír el rechinar de la puerta. Todas a una se volvieron, alteradas, mirando aparecer una sombra tenue. Rainbow Dash desplegó sus alas, Twilight se puso en guardia…

Y entonces Fluttershy apareció, jadeando y con las crines alborotadas.

-Lo… siento mucho… -resopló. -¿Llegué… muy tarde?

Un suspiro de alivio recorrió el establo.

-Temíamos que te hubiera pasado algo. –se sinceró Rainbow acercándose a la recién llegada y escoltándola. –Ahora sí Twilight, dispara.

-Bien… Como les decía, el humano requiere de mayor atención. Dicho de otro modo, necesitamos que más de una se encargue de él a la vez y por lo tanto debemos diseñar una estrategia para tenerlo bajo control y reeducarlo. –comenzó Twilight, muy segura de sí misma. –Pues bien, ¿alguien tiene una idea de qué podríamos hacer con él?

Al silencio repentino le precedió la pezuña de Pinkie agitándose en el aire.

-¿Sí? –le concedió la unicornio violeta.

-¡Hagamos una fiesta! –exclamó. –Tendremos pasteles, juegos, música…

-Eso no creo que le guste al humano, se ve muy serio.

-Deberíamos empezar por cambiarle esas ropas… se ve muy anticuado y siniestro. –repuso entonces Rarity. –Yo recomendaría una hermosa capa de verano, similar a la mía, en un bello tono frambuesa y…

-Tampoco serviría cambiarlo de ropa. ¿Alguien más…?

-¡Hagamos una fiesta para humanos! Podremos hacer comida de humanos, juegos de humanos y…

-¿Qué tal si sencillamente lo echamos de aquí? –murmuró Rainbow. –Tú estás de acuerdo conmigo, ¿verdad, Fluttershy?

La pegaso se vio sorprendida por la pregunta.

-Yo… yo…

-Aunque quisiéramos hacerlo no fue lo que nos pidió la princesa. –contestó Twilight. -¿Alguien por favor querría…?

-¡Una excursión al campo! No es una fiesta pero sería igual de divertido.

-¡Pinkie, no!

-El campo es buena opción. –dijo entonces Applejack.

-¡No le des ideas! ¡Es peligroso! –exclamó Twilight. Empezaba a perder la paciencia.

-No, escuchen… creo que tengo una idea…

Fue así como, esa mañana, Kirei se vio arrastrado hasta Sweet Apple Acres donde ya lo esperaban Applejack, Big Macintosh y varias tinajas vacías. Sobre la espalda del semental se encontraba una de las potrillas con las que el clérigo se había encontrado la primera vez.

-¡Buen día, humano! –saludó Applejack. –Hoy será un gran día para todos y especialmente para ti. Dime, ¿qué saben en tu mundo sobre la recolección de manzanas?

La pregunta lo ofendía, pero sólo optó por gruñir en dirección a la yegua, desanimado. Applejack, sin embargo, no se amilanó.

-En fin… hoy nos ayudarás a hacer la recolección. Te quedarás ahí junto a las tinajas –señaló el espacio rodeado de árboles donde se acumulaban las ya mencionadas tinajas de madera –y te pondrás a separar las manzanas malas de las buenas. ¿Preguntas?

-¿Acaso es una metáfora? –contestó, sarcástico. Sólo él entendió la referencia, el resto de los ponies permaneció en silencio varios incómodos segundos.

-En fin… ¡Adelante y buena suerte! –les deseó Twilight dejando a Kirei con los hermanos Apple.

-Pues entonces pezuñas a la obra. –les urgió Applejack. –Macintosh y yo iremos por las manzanas, y Applebloom se quedará aquí a ayudarte, ¿está claro?

Los ojos de Kirei se dirigieron a la potrilla. Era especialmente diminuta, apenas y alcanzaba su pantorrilla… le sería tan fácil encargarse de ella e irse, sin dejar rastro… Pero luego de pensarlo y de sonreír ansioso de sangre cayó en la cuenta que había algo raro en la actitud tan relajada de los ponies; estaban dejando a una infante a su merced sin protestas… entonces sospechó que alguien más lo vigilaba, tal vez alguien peor que sus actuales captores y entendió que no podría escabullirse rápido luego del crimen. Las últimas horas había sentido muy de cerca los circuitos mágicos de los que le rodeaban y comprendió que sin sus sellos negros estaba prácticamente indefenso.

Determinó usar entonces el mismo método que usó con Flufflepuff, y asintió dócilmente mientras los ponies mayores se desperdigaban por los árboles. A su lado, oyó un golpecito seco y descubrió que la potrilla se había sentado a su lado; sus grandes ojos límpidos lo observaban con reticencia, pero la sonrisita en su hocico le indicaba que le había perdido gran parte del miedo. Una lástima, pensó desilusionado.

La calma en Sweet Apple Acres era tal que podían escuchar el aleteo de las mariposas; el silencio sólo se cortó por un acceso de tos repentino que le sobrevino a Applebloom pero, como Kirei sospechó más tarde, había sido una excusa para llamar su atención.

-Bueno… -dijo por fin, eligiendo con cuidado las palabras. –Entonces tú eres…

-Soy Appleboom. –se presentó muy altiva, hinchando el pecho.

-Qué bien. –contestó, volviendo a sumirse en el silencio. Vio rodar hacia él unas cuantas manzanas y notó que a unos tres árboles de distancia Applejack se encargaba de la recolección.

-¿Tú cómo te llamas? –saltó de pronto Applebloom, apresurándose a tomar las manzanas y a oprimirlas con las pezuñas antes de, con sumo cuidado, sujetarlas con la boca y echarlas a su tinaja. La pregunta tomó desprevenido al humano.

-Soy Kotomine Kirei. –respondió apresurándose a tomar otra manzana y estrujarla con cuidado. No tenía idea de qué era eso de "probar" las manzanas para separarlas y se reducía a oprimirlas entre las dos manos, confuso.

De pronto notó una pezuña diminuta sobre su mano; Applebloom, a su lado, lo miraba indulgente.

-No sabes elegir manzanas, ¿no es así, humano?

Una sonrisa sardónica se dibujó en la cara de Kirei.

-Digamos que soy incapaz de diferenciar entre lo puro y lo putrefacto. –contestó solemne.

-Es común entre los novatos. Pero está bien porque podremos ayudarte. –repuso la potrilla, servicial.

La siguiente hora Kirei y Applebloom, codo a codo, separaban las manzanas mientras la potrilla parloteaba y parloteaba explicándole al humano todo lo que éste le preguntaba sobre Equestria. Al cabo de ese tiempo el humano se había convencido de que ése no era precisamente un limbo infernal sino una especie de Reallity Marble creado para quién sabe qué motivo y donde la realidad se había invertido dándole poder a aquello que en su propio mundo sólo existía en los sueños.

-¿Y qué me dices de las criaturas con cuernos y alas del día del juicio? –preguntó, echando a rodar otra manzana seca lejos de la tinaja rebosante del fruto jugoso.

-Son las princesas de Equestria, claro; su gran soberana, la princesa Celestia que es muy bonita, y su hermana menor la princesa Luna. Ellas son quienes en el principio del tiempo expulsaron a los enemigos que gobernaban estas tierras y también se dividieron el reino… así que la princesa Celestia se quedó a gobernar el día y la princesa Luna la noche.

-¿Me estás diciendo que son ellas quienes modifican el horario? –preguntó Kirei, incrédulo.

-¿Hablas del sol y de la luna? Siempre han estado ahí, desde que ellas llegaron… -contestó Applebloom. –Pero si lo que deseas saber es cómo tendrías que preguntar por los elementos de la… ah… lo olvidé de nuevo.

-¿Elementos? –ahora la pequeña tenía toda la atención del clérigo. La palabrería inocente de Applebloom le hizo sospechar algo nuevo: que ese Reality Marble estaba sostenido por algún poder superior, tal vez mucho más grande que el del propio grial si era capaz de mantenerse vigente del modo en que, hasta ahora, lo había visto.

Pero cuando la potrilla iba a hablarle de nuevo, notó un fuerte sonrojo debajo de su piel. Kirei tuvo que reprimir una risotada; estaba ocultándole la verdad… ¿y quién mejor que él, un sacerdote aunque sólo de nombre, para extraer de las almas las más terribles historias? Su mente funcionó rápido y notó el gran establo a espaldas de ello, y acentuó aún más su falsa sonrisa de complacencia.

-Dime, pequeña potrilla Applebloom, ¿qué hay en el establo?

-Sólo es nuestro almacén, ahí guardamos todo lo que recolectamos. –explicó llanamente. Un sitio oscuro, no muy enclaustrado… pero útil para su nuevo plan.

-Hija mía –le llamó con la benevolencia y pesadez de un clérigo que está a punto de soltar un sermón. -¿Sabes lo que es un confesionario?

-¿Es alguna especie de juego?

Justo lo que necesitaba, abusar de la inocencia de la potrilla.

-Digamos que es así, donde la trampa está prohibida y el perdedor sufre el peor de los castigos. –replicó. Applebloom estaba atónita, y Kirei pudo leer en sus ojos la única verdad: estaba ahora poniéndole toda su atención.

Acondicionar el establo no fue un problema, pues Kirei simplemente tenía que sentarse detrás de la puerta doble y colocar sobre ésta un mosquitero para simular la rendija del confesionario promedio. Applebloom fue su primera "penitente".

-Dime, hija mía, ¿qué cosas malas has hecho últimamente?

-¿Últimamente? Veamos… -la potrilla se quedó pensando un momento. –Bueno, le mentí a Scootaloo diciéndole que una tarde debía quedarme a limpiar las tinajas pero… no era así.

-¿Qué fue lo que hiciste en realidad?

-Yo… yo… me quedé a dormir. –de pronto la desesperación se apoderó de la voz de Applebloom. -¡No era por ser mala con Scootaloo, pero había pasado toda la mañana arrastrando tinajas y además él quería ir a jugar al despeñadero y…!

-Comprendo, comprendo, hija mía. –le tranquilizó Kirei. –Ahora como penitencia debes ir y… bueno, ¿qué acostumbran hacer aquí para los castigos?

-¡Hola, Applebloom! –los interrumpió otra voz. Sweetie Belle, la otra potrilla, acababa de llegar. -¿Qué haces hablando con el establo?

-El humano está adentro y jugamos al confesionario. –le explicó, señalando el mosquitero negro.

-¿Y cómo se juega eso? –preguntó la recién llegada, emocionándose por un nuevo juego.

-Tienes que contarle todas las cosas malas que has hecho sin mentirle.

-¿Y luego?

-Después de eso tendrás el eterno perdón y serás feliz otra vez. –contestó Kirei, asomándose por el mosquitero.

Lo que sucedió fue que durante los siguientes minutos la noticia de que el humano había inventado un "juego" nuevo que, de paso, le servía como válvula de escape a los ponies, se corrió como reguero de pólvora por todo Ponyville, y una fila de pequeños y adultos se iba formando en Sweet Apple Acres. Mientras tanto, Applejack y Macintosh habían vuelto agotados de su recolección y descubrieron la pila de manzanas revuelta junto a las tinajas en abandono total.

-¡¿Pero qué es esto?! ¿Dónde está el humano? –saltó la poni. La visión de la fila la alteró aún más. -¿Y porqué está medio Ponyville aquí afuera?

A los penitentes se les entregaba algo que Kirei llamó "indulto", y que según explicó era una especie de disculpa capital por sus errores; la imposibilidad de mandarlos a algún sitio a rezar lo llevó a usar uno de los métodos más viejos de la Inquisición y a varios ponies culpables de "delitos" moderados los mandó a reparar el daño, en tanto a aquéllos que deliberadamente le ocultaban cosas les imponía penas más severas.

-Vamos, hija mía, ¿quieres acaso que tu alma arda eternamente en las llamas del averno por tu silencio? Cuéntame tus pecados.

Derpie ladeó la cabeza, temblando con la boca entreabierta. No hubo forma de sacarle una sola palabra y Kirei se dio por vencido.

-Está bien. –gruñó al fin. –Pasarás una semana de ayuno hasta que aprendas la importancia de la honestidad. –despidió a la pegaso gris con un gesto de la mano y a continuación vio aparecer una mata de crines rosas y felpudas. –Ave Maria… oh, eres tú. –masculló al reconocer a Flufflepuff. –Te daré un veniam ad solidarietatem, puedes ir en paz.

La poni lanuda dio un respingo y si no abrazó al humano fue porque el mosquitero se lo impidió. Hubo varios trompicones en la fila mientras Applejack se acercaba hasta el establo, todavía alterada.

-A un lado, ¡paso, paso! ¡Esta es mi casa, no interrumpan!

-Ave Maria Purissima… -contestó Kirei apenas Applejack se acercó al mosquitero. –Cuéntame tus pecados, hija mía.

-¡Quiero saber porqué te encerraste en el establo cuando deberías estar con Applebloom limpiando las manzanas! –exigió saber.

-El trabajo del inquisidor no te compete, criatura. Ahora cuéntame tus pecados. –le cortó Kirei sin inmutarse.

-¡No te pienso decir nada!

-Oh… ¿insinúas que te negarás a decir la verdad?

Fue sorprendente notar el horror más intenso en los ojos de Applejack. Apenas pronunciadas las palabras, la poni se estremeció como víctima de la fiebre y miró desconcertada el mosquitero; Kirei, dentro, sonreía.

-¿Y bien? –preguntó de nuevo; la sedosidad de su voz no hacía sino empeorarle el cuadro a la poni. -¿Te rehúsas a ser sincera? ¿Te entregarás aquí y ahora a la más grande perfidia del alma, a la mentira?

Applejack tragó con dificultad; sus patas apenas y podían sostenerla por sus temblores y un sudor frío le empapaba la frente. El clérigo sólo esperaba, en cualquier momento la criatura se rompería…

-Yo… yo… -musitó, presa de un dolor emocional indescriptible. No le agradaba mucho el humano, pero mentir era una cosa que no era capaz de hacer.

-Sólo tienes que contestar una sencilla pregunta, hija mía. –contestó Kirei, entrelazando los dedos. –Entonces te dejaré ir en paz.

-¿Qué… qué quieres saber, humano? –hesitó.

-¿Sabes cuáles son esos misteriosos elementos que sostienen tu mundo, hija mía?

-¿Los… elementos de la armonía? –contestó Applejack con un hilo de voz. –S… sí… son una le… leyenda muy conocida en Equestria…

-Dímelo todo sobre ellos. –le ordenó Kirei, cerrando los ojos y disfrutando del control que había logrado ejercer con tan poco esfuerzo en la poni.

-Pues… hace muchos, muchos años, la princesa Celestia usó esos elementos de la armonía para de… derrotar todo el mal de Equestria. Con él… expulsó a su hermana envidiosa a la luna y también el caos que reinaba en el mundo. Pero… ahora nadie sabe dónde están.

-Interesante… -contestó Kirei, sintiendo un escalofrío gustoso en el cuerpo. -¿Y qué clase de elementos eran?

-Bueno… creo que Twilight me dijo que eran… -Applejack se puso a trazar círculos en la tierra con sus pezuñas mientras contaba. –Bo… bondad, Lealtad, Honestidad, Generosidad, Risa y Magia.

-Magia… -saltó de pronto el humano. Los otros cinco le resultaron descartables, apenas y podían ser metáforas sin utilidad, pero la magia… la magia en cualquier sitio era vital; si tan sólo pudiera saber dónde estaban esos elementos…

La multitud de ponies que aún hacían fila se desperdigó al aparecer Twilight. Se encontró a una Applejack desanimada, echada boca abajo delante del establo al que Kirei ya comenzaba a retirarle el mosquitero.

-¡Applejack! –soltó acercándose rápidamente a ella. -¿Pero qué te ha pasado?

-Me siento… muy nerviosa. –contestó. –Pero al menos dije la verdad.

-¿La verdad sobre qué?

-La verdad absoluta. –respondió Kirei, abriendo la puerta del establo. –He tenido una conversación infinita con todos los habitantes de la región y me entristece ver que la honestidad es, para muchos, sólo un juego.

La solemnidad de sus palabras sorprendió a las dos ponies, en especial Twilight que hasta el momento había estado renuente a creer que el humano pudiera reformarse.

-¿Honestidad? –preguntó, mirando ya a Applejack, ya a Kirei, antes de esbozar una sonrisa de triunfo. –Veo que aprendes rápido, humano, eso pondrá muy feliz a la princesa. Y Applejack, ¡gran trabajo! ¿Cómo conseguiste que aprendiera algo así en tan poco tiempo?

-Lo puse a recolectar manzanas. –musitó todavía cansada por su batalla interna.

-Ha de ser una metáfora. –repuso Twilight sin dirigirse a nadie en especial. –Felicitaciones, humano, hoy has dado un gran paso.

-No podemos decir lo mismo de las manzanas… -Applejack miraba con ojos desenfocados las tinajas que Macintosh y Applebloom buscaban llenar a toda prisa. Varias manzanas podridas salían volando a su alrededor por la prisa con que las descartaban, dejando el pasto y los árboles próximos cubiertos de su podrida pulpa.

-En fin, será un gran honor informarle a la princesa Celestia sobre estos grandes avances… -Twilight estaba demasiado sorprendida para atender a los quejidos de su amiga y a las manzanas que a cada momento volaban más cerca de ella. Con una seña, llamó a Kirei. –Vámonos, humano, por hoy has hecho suficiente.

Kirei asintió secamente, sonriendo. Aquélla batalla parecía comenzar a ganarse, controlar los sentimientos de los ponies le resultaba mucho más fácil de lo esperado, si sólo conocía sus debilidades tendría el camino abierto. Ahora su prioridad era saber más sobre aquéllos elementos de la armonía, fuente de un poder que sus ingenuos habitantes aún no comprendían y que, por tanto, le iban a resultar útiles para su… ¿escape? No, no se trataba de eso nada más… iba a darse un gusto, vería Equestria arder del mismo modo que Fuyuki ardió, del mismo modo que su propio espíritu atormentado ardía entre las llamas infernales.

Estaba tan ensimismado con sus ideas que no escuchó el grito de advertencia y de pronto se vio alcanzado por uno, dos, varios proyectiles que lo mandaron a tierra. Para cuando se dio cuenta, tenía restos de manzanas podridas y tierra negra pegada a sus ropas.

-¡Oh, no! –gimieron todos a la vez. Kirei, con dificultad, se puso de pie y se sacudió los restos de manzana aunque no así las manchas de pulpa en la ropa. Ahora tendría que ir por ahí apestando a fruta podrida, pensó.

-No… no hay que temer. –dijo Twilight rápidamente. –Po… podemos llevarlo con Rarity, ella sabrá arreglar esto. Vamos, humano, si te quedas demasiado tiempo al sol comenzará a fermentar.

Kirei y Twilight desfilaron de vuelta a Ponyville. Applebloom, discretamente, echó otro par de manzanas a la tinaja sin probarlas y fue al encuentro de su hermana, aún desvanecida en el piso.

-¿Qué te sucede?

-Siento –contestó Applejack, levantando a duras penas la testa en dirección a la potrilla –que he cargado más manzanas hoy de las que en toda mi vida cargaré.

Aquí el nuevo cap n.n me tardé un poco más que la otra vez pero al menos ya va tomando forma la historia. Ahora unas notas rápidas:

*Obviamente la canción de Pinkie es "ríete del miedo", de la primera temporada.

*El "veniam ad solidarietatem" no existe. Significa "indulto por solidaridad" y Kirei se lo impuso a Flufflepuff, básicamente, por servirle de almohada.

*El Reality Marble (para quienes no han visto la saga de Fate) es una especie de escenario dentro del cual un espíritu heroico guarda su leyenda y al que puede transportar a sus enemigos para derrotarlos con todo su poder.

Es todo por hoy, no olviden dejar sus comentarios, dudas y jitomatazos :3 ¡adiosito!

Próximo capítulo: Sentido del Deber.