Summary: Los clanes Cullen y Hale se llevan una gran sorpresa cuando conocen la existencia de una raza de vampiros más fuerte que la de ellos y más aún cuando algunos de su familia son parte de está. ¿Cómo se lo tomarán?

Disclaimer: todo lo que reconoscan es de Stephenie Meyer y lo que no es es de mi loca imaginacion


capitulo 3

Primer encuentro de Bella y Edward

Pov Bella
Después que Eduardo nos dijo que clases teníamos juntos, nos fuimos a nuestra primera clase que era literatura.

Al llegar todos se nos quedaron viendo incluso el profesor lo que era incomodo, le entregamos nuestros comprobantes y nos presentamos, luego nos sentamos al final de la clase, pero de alguna manera seguían viéndonos "disimuladamente".

Al finalizar la clase se nos acercó un chico de pelo negro y grasoso con apariencia de alguien que va a un club de ajedrez, nos quiso acompañar a nuestra próxima clase pero por suerte nos libramos del él.
Nos fuimos a la próxima clase que era matemáticas, nos presentamos y nos volvimos a sentar al final del salón, al terminar la clase Aless y yo nos despedimos, llegue a la última clase antes del receso que era trigonometría, el señor Barne, a quién habría odiado de todos modos por la materia que enseñaba, me "obligo" a presentarme ante toda la clase y cuando digo que me obligo es que me arrastro al frente de la clase. Balbucee, me sonroje y tropecé con mis propios pies al volver a mi pupitre. "Ay Aless ahora que te necesito, no estás" pensé. (N/a: esa frase significa que sin Aless se vuelve un poco torpe y tímida).

Al finalizar la clase , una chica que físicamente era más baja que yo, pero su cabello le daba unos cm más de altura, me comenzó a hablar

-Hola, me llamo Jessica Stanley y tú eres Isabella Swan ¿verdad?- se presentó la chica

-Bella, y hola Jessica un placer conocerte- dije por ser amable, esta chica me daba mala espina.

-Oye, te acompaño a la cafetería- dijo Jessica

-Claro; pero primero tengo que esperar a mi hermana- dije mientras
salíamos del salón y caminábamos hacia la cafetería; nos encontramos con Ales en el camino:
-Hola hermana, mira te presento a Jessica Stanley.

-Un placer- respondió Ales; entramos a la cafetería y nos despedimos de Jessica.
Eduardo ya estaba sentado en una mesa alejada de los humanos. Él ya había comprado nuestros almuerzos.

-Hola hermanitas- dijo cuando nos sentamos.
-Hola hermanito- dijimos Ales y yo; en ese momento fue cuando los vi por primera vez.

Se sentaban en un rincón de la cafetería, al otro extremo de donde nos encontramos. Eran seis, no platicaban ni comían pese a que todos tenían delante una charola de comida. No nos miraban de forma estúpida como casi todos los demás, por lo que no había peligro; podía estudiarlos sin temor a encontrarme con un par de ojos curiosos. Pero no fue eso lo que atrajo mi atención.

No se parecían a lo más mínimo a ningún otro estudiante. De los cuatros chicos, uno era fuerte, tan musculoso que parecía un verdadero levantador de pesas, y de pelo oscuro y rizado. Otro, más alto y delgado era igualmente musculoso y tenía el cabello color miel. El otro era alto pero no tan alto que el rubio, era un poco menos musculoso que los dos anteriores tenía el cabello oscuro y lizo, el último era desgarbado; menos corpulento, y su pelo castaño dorado que era del mismo tono de los reflejos de Ales, lo tenía despeinado. Tenía un aspecto más juvenil que los otros tres que podrían estar en la universidad o incluso ser profesores aquí en vez de estudiantes.

Las chicas eran dos polos opuestos. La más alta era escultural. Tenía una figura preciosa, del tipo que se ve en la portada del número dedicado a trajes de baño de la revista Sports Illustrated, y con el que todas las chicas pierden buena parte de su autoestima solo por estar cerca. Su pelo rubio caía en cascada hasta la mitad de la espalda. La chica baja tenía aspecto de duendecillo de facciones finas, un fideo. Su pelo corto era rebelde, con cada punta señalando en una dirección distinta, y de un negro intenso.

Aun así todos se parecían muchísimo. Eran blancos como la cal, los estudiantes más pálidos antes de nosotros en cuantos vivían en aquel pueblo sin sol. Todos tenían ojos muy oscuros, como si tuvieran hambre, a pesar de las diferentes gamas de colores de los cabellos, y ojeras lilas similares al morado de los hematomas. Era como si todos parecieran de insomnio o de una fractura de nariz aunque sus narices, al igual que sus facciones, eran rectas, perfectas, y simétricas.

Pero nada de eso era el motivo por el que no conseguía apartar la mirada.

Se me hacían conocidos, a pesar de no a verlos visto jamás; lo que si era seguro que no se parecían a ningún humano, se me hacía difícil ver quién era más bello, tal vez la chica rubia perfecta o el chico de cabellos castaño dorado.

Los seis desviaban la mirada los unos de los otros; también del resto de los estudiantes y de cualquier otra cosa, hasta donde pude colegir. La chica más pequeña se levantó con la charola aun llena de comida y se alejó con un trote grácil, veloz, propio de un corcel desbocado, asombrada por sus pasos de ágil bailarina, contemple vaciar su charola y deslizarse por la puerta trasera a una velocidad superior a lo que habría considerado posible para un humano común. Mire rápidamente a los otros, que permanecían sentados, inmóviles.

-¿Quiénes son esos?-susurre
-Son los Cullen- respondió una chica que paso a nuestro lado; se le veía tímida,
- los Cullen?- le pregunte curiosa
-Son los hijos del doctor Cullen, llegaron de Alaska hace un par de años-me respondió
-Pero no se parecen muchos que digamos-dije
-Lo que pasa es que son adoptados, los dos rubios son Jasper y Rosalie Hale son gemelos y sobrinos de la Sra. Cullen viven con ellos desde los 8; los dos chicos pelinegros son Leopoldo y Emmett Cullen , la chica que salió casi danzando es Alice Cullen y el de cabellos cobrizos es Edward- dijo, cuando el chico que ella había dicho que se llamaba Edward volteó y posó la mirada en la chica para después posar la mirada en mí. Tenía los ojos de color negro, en su mirada se veía frustración, pero no había pasado por alto que voltio de forma involuntaria como si hubiera escuchado su nombre lo que era casi imposible debido a las distancias entre las mesas.
-Y... ¿cómo te llamas?- le pregunte a la chica
-Ángela Weber- respondió sonrojándose, se parecía un poco a mí en cuanto a timidez, bueno timidez que desaparece cuando Aless está presente. y hablando de Aless ella se veía que estaba en las nubes aunque su mirada también estaba en la mesa de los Cullen, en especial en ese chico que si recordaba bien lo que Ángela dijo que se llamaba Leopoldo, bueno hablaría después con ella.
-Un placer en conocerte Ángela mi nombre es Eduardo Swan, y disculpa a mis hermanas al parecer hoy se pusieron de acuerdo para viajar a la luna, son un poco raras- se presentó Eduardo ¡Ja! Como si él fuera normal.
-Claro hermanito, cómo tú eres tan normal, verdad Aless -dije sarcásticamente lo que me preocupo fue que Alessandra Mary Ortega Martinil nada más me respondió con un humm en forma afirmativa lo cual me llevaba a pensar que el apocalipsis se acercaba, porque jamás en todos los años que conozco a Aless, nunca y cuando digo nunca es nunca se ha comportado de esta manera; ella puede ser una chica tímida, tenaz, e hiperactiva pero nunca una chica que se pierde por horas en sus pensamientos. Al terminar el almuerzo me despedí de mis hermanos y fui con Ángela a nuestra próxima clase que era biología. Ángela es una chica tímida, con el cabello castaño y los ojos de color marrón claro; se veía en sus pensamientos que era una persona noble y eso era bueno veía en un futuro no muy lejano que íbamos a ser buenas amigas junto con Aless.

Apenas entramos, Ángela fue a sentarse a una mesa con dos sillas y un tablero de laboratorio con la parte superior de color negro, exactamente iguales a las de Phoenix. Ya compartía la mesa con otro estudiante. De hecho, todas las mesas estaban ocupadas, salvo una. Por su cabello, tan parecido al de Aless, reconocí a Edward Cullen, que estaba sentado cerca del pasillo central junto a la única silla vacante.
Lo mire de manera furtiva mientras avanzaba por el pasillo para presentarme al profesor y que este me firmara el comprobante de asistencia. Entonces, justo cuando yo pasaba, se puso rígido en la silla. Volvió a mirarme fijamente y nuestras miradas se encontraron. La expresión de su rostro era de lo más extraña, hostil, airada. Pasmada, aparte la vista y me sonroje otra vez. Tropecé con un libro que había en el suelo y tuve que aferrarme al borde de una mesa. La chica que se sentaba allí soltó una risita.
"Qué chica tan torpe, no sé por qué los chicos la miran tanto" pensó la chica.
Como paso demasiado tiempo con Aless y Eduardo me vengue de la pobre humana hice que la botella de agua que tenía sobre la mesa se moviera y mojara su libro.
-Jaja jaja que malvada soy- pensó mi lado oscuro
-Ya basta Isabella compórtate como la dama Italiana que eres-pensó mi lado noble por así decirlo.
Volviendo a Edward me había dado cuenta de que tenía los ojos negros, negros como el carbón.
El señor Banner me firmo el comprobante y me entrego un libro, ahorrándose toda esa tontería de la presentación. Supe que íbamos a caernos bien. Por supuesto, no le quedaba otro remedio que mandarme a la única silla vacante en el centro del aula. Mantuve la mirada fija en otra cosa que no fuera la cara del chico mientras iba a sentarme junto a él, no iba a estar con la mirada agacha ya que no me educaron de esa forma.
No baje la vista cuando deposite el libro sobre la mesa y me senté. No sabía que me pasaba pero de alguna forma mi orgullo se activó y no iba apagarse pronto. Él se inclinó en la dirección opuesta, sentándose al borde de la silla. Aparto el rostro como si algo apestara. Obviamente no debía ser yo ya que olía a fresas a no ser que no le guste mi olor frutal, deje caer mi cabello sobre el hombro derecho para crear una pantalla oscura entre nosotros e intente prestar atención al profesor. Cosa que no pude, la clase ya la había visto y además me di cuenta de una cosa, cuando él se movió del asiento para sentarse lo más lejos de mí, mando una corriente de aire y me llego su olor. Olía bastante bien, a canela con solo aspirar un poco del aire el veneno me llego a la boca estaba sedienta cosa que nunca me pasaba, lo podía soportar ya que tenía un buen control.

Pero eso no quería decir que no podía echar una mirada al chico en vez en cuando. Éste no relajo aquella postura tiesa- sentado al borde de la silla, lo más lejos posible de mí. Durante toda la clase, cosa que agradecí. La mano izquierda, crispada en un puño, descansaba sobre el muslo. Se había arremangado la camisa hasta los codos. Debajo de su piel clara podía verle el antebrazo, sorprendentemente duro y musculoso. Podía notar sus venas bombear un líquido sagrado para mi raza. La sangre a pesar que no bombeaba como los demás humanos era lo que me atraía más a él.

La lección parecía prolongarse mucho más que las otras. ¿Se debía a que las clases estaban a punto de acabar o porque estaba esperando a que el abriera el puño que cerraba con tanta fuerza? No lo abrió. Continuo sentado, tan inmóvil que parecía no respirar lo que era extraño ya que ningún humano podía aguantar tanto la respiración quizá no sea humano pero lo averiguare luego en casa ya que aquí no puedo pensar bien por su olor delicioso.
Me atreví a mirarlo a hurtadillas una vez más y me estaba mirando otra vez con esos ojos negros suyos llenos de repugnancia. El timbre sonó en ese momento, Edward Cullen abandono su asiento. Se levantó con garbo de espaldas a mí- era mucho más alto de lo que pensaba- y cruzo la puerta del aula antes de que nadie se hubiera levantado de su silla.
Me quede petrificada, contemplando con la mirada perdida como se iba. Recogí mis cosas y salí del salón y por fin pude respirar con libertad ya que su esencia se mezclaba un poco con las demás.
-Eres Isabella Swan, ¿no?- me pregunto una voz masculina.
Al alzar la vista me encontré con un chico que según las humanas era "guapo", de rostro aniñado y de pelo rubio cuidadosamente arreglado en punta con gel. Me dirigió una sonrisa amable.
Obviamente, él quería conocer y conquistar a unas de las hermanas Swan.
-Bella-le corregí con una sonrisa algo falsa aunque él en su punto de vista creía que me agradaba cosa que era mentira.
-Me llamo Mike.
-Hola, Mike.
-¿Necesitas que te ayude a encontrar la siguiente clase?
-Voy al gimnasio, y creo que puedo encontrarlo.
-Es también mi siguiente clase.
Parecía emocionado, pobre si él supiera que si quisiera algo de él, me lo llevaría al bosque y nadie sabría nada de él, mi raza no se enamora una y otra vez, somos como muy fríos cuando se habla de romance. Tenemos que permanecer puros para cuando nuestra pareja nos encuentre, las mujeres somos muy posesivas en cuestión a su pareja u descendencia; una de nosotras celosa causaría la tercera guerra mundial. Por eso para evitarlo está el ritual de la marca para que el olor de nuestras parejas se mezclen con el de nosotras así para marcar su territorio, los hombres también lo hace pero no son tan posesivos.
Fuimos juntos a la siguiente clase. Hablaba hasta los codos y acaparo casi toda la conversación, lo cual fue un alivio. Había vivido en California hasta los diez años y más cosas que no entendí muy bien. Mike seria la pareja perfecta con Jessica.
Pero cuando íbamos a entrar al gimnasio me pregunto:
-Oye ¿le clavaste un lápiz a Edward Cullen, o qué? Jamás lo había visto comportarse de ese modo.
"Bueno al parecer Cullen no está interesado en ella, lo que significa que tengo más chance con ella ya me la imagino en la cama..."
¡Asco! Salí inmediatamente de su mente que chico tan descarado, tiene suerte que me estoy controlando porque si no ya no tendría ni una sola gota de sangre por sus pensamientos. Decidí hacerme la tonta y no responderle.
Y me dirigí directo al vestidor, al entrar me encontré con Aless estaba un poco más animada pero aun no era normal.
El entrenador Clapp, el profesor de educación física, nos consiguió un uniforme, pero no nos obligó a usarlo para la clase de aquel día.
Contemplamos los cuatro partidillos de volibol que se jugaba en forma simultánea. Me dieron ganas de dormir estaba aburrida, quise hablar con Aless pero se había metido en sus pensamientos otra vez.
Al fin sonó el timbre que indicaba el final de las clases de hoy, la primera en salir fue Aless. Yo me tarde un poco por que estaba hablando con el profesor.
Después me dirigí lentamente a la oficina para entregar el comprobante con las firmas. Había dejado de llover, pero el viento era más frio y soplaba con fuerza. Contuve la respiración cuando entre en la cálida oficina. Edward Cullen se encontraba de pie, enfrente del escritorio. Lo reconocí de nuevo por el desgreñado pelo castaño dorado. Al parecer no me había oído entrar. Me recargue en la pared del fondo mientras esperaba que la recepcionista pudiera atenderme.
Estaba discutiendo con ella con voz profunda y agradable. Intentaba cambiar la clase de biología de la sexta hora, a cualquier hora.
Así que tenía problemas con mi presencia, y no quería estar cerca de mi ¡Ja! Lástima chico eso nunca va a cambiar. Por alguna razón no quiero que él logre cambiarse de clases, me parece interesante; así que sorry chico vas a ver esta hermosa cara hasta que nos graduemos jaja jaja. Por dios en verdad tengo que poner distancia entre los hermanos Martinil.

La puerta se abrió de nuevo y una súbita corriente de viento helado hizo susurrar los papeles que había sobre la mesa y me alboroto los cabellos sobre la cara. La recién llegada camino hasta el escritorio, deposito una nota en el cesto de papeles y salió, pero Edward Cullen se puso rígido y voltio- su agraciado rostro parecía ridículo- para traspasarme con sus ojos negros llenos de odio. La mirada no duro más de un segundo. Se giró hacia la recepcionista y rápidamente dijo con voz aterciopelada:
-Bueno no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.
Dio media vuelta sin mirarme y desapareció por la puerta.
Me dirigí hacia el escritorio y le entregue el comprobante de asistencia con todas las firmas.
-¿cómo te ha ido el primer día, cielo?- me pregunto en forma maternal.
-fue interesante- dije con una sonrisa, que se desvaneció cuando tuvo una visión donde el chico desaparecía por toda la semana. Estaba furiosa, las lágrimas estaban a punto de caer ya que cuando me enojaba Lloraba, algunas veces en las otras solo me vengaba.

Al salir del instituto me subí al auto de Aless, pero esta vez Eduardo manejaba ya que Aless y yo no estábamos en las mejores condiciones. Eduardo prendió la radio y empezó a sonar la canción de "Quiero que vuelvas" de Lasso y Sheryl Rubio. Aless empezó a cantar, lo hacía con tal sentimiento que Eduardo y yo nos sorprendimos mucho. Aless no cantaba así desde hace muchos años.

Al llegar a la casa nos recibió, mi mamá. Aless se fue directamente a la sala de música que teníamos en la casa y yo me fui directo a mi habitación, después de cambiarme me dirigí hacia la biblioteca pero antes pase a la sala de música. Aless se encontraba con la guitarra en manos, estaba componiendo.
-Aless, ¿qué te pasa?- le pregunte sentándome al frente de ella.
-nada, solo que tengo clase de biología con uno de los Cullen hermana- respondió
-y eso ¿es un problema?-le pregunte
-no el problema es que siento que lo conozco de alguna parte, y no se-dijo
-Ales, no te preocupes muéstrame lo que compusiste- le dije para que se olvidara del tema.
-bien, ya la termine y se llama "soñar por ti" y tú me vas a ayudar a cantarla-dijo empezando a tocar la guitarra:
Bella:
solo pensar en mi mundo ideal,
me pierdo horas sin parar,
solo pienso, estar junto a ti.
Pero no puedo, no puedo.

Empecé a cantar, tenía el cuaderno donde estaba la canción en las manos.

Aless:
solo soñar en mi hombre ideal,
viene la imagen de alguien especial,
sueño despierta sin parar,
me pierdo en tus ojos al despertar.
Aless y bella:
solo al soñar en ti,
despierto en mi realidad,
sueño contigo en una caja de cristal aaa.

Suelo llorar por ti,
cuando me doy cuenta que fue solo
un sueño de la realidad,
nuestro amor ohh,
nuestro amor.

Bella:
solo esperar me hace llorar,
tu recuerdo me hace gritar,
sueño despierta para olvidar el amor por ti.

Aless:
solo el amor me hace reír,
aún sigo esperando por ti,
sigo soñando por este amor ohh.
Bella y Aless:
solo al soñar en ti,
despierto en mi realidad,
sueño contigo en una caja de cristal aaa.

Suelo llorar por ti,
cuando me doy cuenta que fue solo
un sueño de la realidad,
nuestro amor ohh,
nuestro amor.

Aless:
dame un minuto para olvidar,
tu recuerdo ya ya ya,
sueño despierta sin parar,
dame la hora de despertar.
Bella:
solo soñar por ti de hace olvidar,
mi realidaaaaad.
Bella y Aless:
solo al soñar en ti,
despierto en mi realidad,
sueño contigo en una caja de cristal aaa.

Suelo llorar por ti,
cuando me doy cuenta que fue solo
un sueño de la realidad,
nuestro amor ohh,
nuestro amor.
Sueño, sueño sueño ohh
sueño, sueño contigo mi amor ohh.

Solo al soñar en ti,
despierto en mi realidad,
sueño contigo en una caja de cristal aaa.

Suelo llorar por ti,
cuando me doy cuenta que fue solo
un sueño de la realidad,
nuestro amor ohh,
nuestro amor.
Solo al soñar por tiiiiii

terminamos de cantar, la canción era bellísima y solo tardo en escribirla no se unos ¿cinco minutos?

-Iss... su sangre me atrajo.
-¿qué?
-la sangre del Cullen me atrajo, olía como a vainilla- dijo
-a mí también me paso lo mismo, hermana-dije
-pero ¿por qué huelen tan delicioso?-pregunto
-no sé; lo iba buscar en la biblioteca, ¿vienes?-le pregunte
-claro- respondió.
Al llegar buscamos en varios libros pero en ninguno salía el porqué.
-¡lo conseguí!-grito Aless
el libro era viejo, estaba lleno de polvo. Pero lo que encontramos nos dejó sorprendidas.
Decía:

"La tua cantante"
Para los vampiros es una persona que posee una sangre que es extremadamente tentadora para un vampiro, como el vino más suculento, el manjar más exquisito. Le llaman "la tua cantante" por qué la sangre de tal persona "canta" para el vampiro a la que le es sumamente tentadora. Nuestra raza no considera a los humanos como posibles tuas cantantes, si no a los vampiros. Pero para nuestra raza no es solo una sangre apetitosa. Si no que resulta ser esa persona o vampiro en este caso, su compañero o compañera para toda la eternidad.


hola! se que me quieren mandar con los vulturis pero aquí les dejo el capitulo, ¡ah! por cierto la canción que sale en el capitulo soñar por ti es de mi autoría así quiero saber que les parece. ya saben que quiero saber sus opiniones sobre el fic a si que espero sus reviews. además esto esta beteado por JimeBellaCullenSalvatore.

¡MUCHAS GRACIAS Jime!

Alexandra Cullen Hale