Hermione Granger despertó bajo unas condiciones extrañas. De lo primero que se dio cuenta fue de que bajo su cuerpo no había una superficie dura y fría, sino algo acolchado… se sentía como si estuviera en las nubes, hacía muchísimo tiempo que no sentía algo tan suave bajo su espalda. Luego se percató de que el lugar donde estaba tenía una tenue iluminación, y se permitió abrir los ojos para contemplarla. No, tal y como le había parecido, no estaba en la enfermería ni en la prisión. ¿Pero dónde estaba? No reconocía el lugar, que era una pequeña habitación con aquel suave colchón y lo que parecía una sola pared repleta de estanterías con libros. Libros; hacia tantos años que no ponía sus manos sobre un libro, libre de poder abrir las páginas y leer sólo por diversión…

Hermione intentó olvidar rápidamente aquel sentimiento, de nada le servía recordar viejos tiempos. Ni pasatiempos. No, debía concentrarse en el problema a mano: ¿Dónde estaba? Aunque su vista era algo borrosa, podía ver que estaba sola. La pequeña habitación además tenía dos espejos enfrentados, uno en cada pared. Ambos espejos reflejaban una ventana; Hermione supuso que eran dos espejos mágicos puesto que no había ninguna ventana que pudieran reflejar. Cuando Hermione intentó levantarse, un agudo dolor le recorrió toda la espina dorsal, y notó que no sólo su espalda dolía más de lo normal, sino que tenía un hombro dislocado. No había forma de que pudiera colocárselo bien, no tenía ni el ángulo ni las fuerzas. Así que se dejó caer en la cama, aún llena de preguntas.

Al encontrarse acostada otra vez, intentó aprovechar ese momento en que sus adoloridos huesos tocaban la delicada suavidad acolchada de la cama, y se quiso sumir en ese sentimiento, intentando olvidar todo lo demás, puesto que no podía hacer nada por el dolor. Al abrir los ojos otra vez, notó que al lado de su cabeza, a menos de 40 centímetros, tenía lo que parecía una cantimplora. Hermione se preguntó si tendría agua o veneno. ¿Habría sido alguien lo suficientemente misericordioso como para dejarla a solas con una botella de veneno? La cama ya era de agradecer, la soledad también—Hermione apenas se había percatado del bello silencio que dominaba el lugar.

Con la mano que menos peor tenía, Hermione se esforzó por tomar la botella, abrió la tapa con dificultad, y se apresuró a intentar beber el líquido que tenía dentro. Era agua. Instintivamente estaba agradecida, pero también algo decepcionada porque aún no podía morir.

Hermione estaba a punto de quedarse dormida otra vez cuando escuchó pasos, y su piel se heló. ¿Ya vendrían a por ella? Era un pensamiento un tanto ridículo, porque no había puertas allí. Pero las costumbres arraigadas difícilmente se olvidan. Hermione cerró los ojos con fuerza, esperando ser atacada de alguna forma, pero una vez que los pasos se detuvieron, Hermione sólo escuchó un par de voces.

"Toda el ala oeste ha sido verificada. No está allí." Dijo una voz masculina, presa del pánico.

"Auguste Morrison ha sido apresado; niega todo." Dijo otra voz masculina.

"¡Nos van a matar!"

"¡No! Nosotros no tuvimos nada que ver."

"¿Importa?"

Hermione Granger estaba confundida. ¿Cómo era que no la veían? ¿Cómo era posible que no se dieran cuenta de que estaba allí? ¿Y de qué demonios estaban hablando? Lentamente, Hermione entreabrió un solo ojo para intentar verlos, y lo que vio la dejó asombrada. Allí estaban, reflejados en los espejos. Se veía como una pantalla de televisión: dos mortífagos hablando, aterrados por algo. En ningún momento la vieron a ella.

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Eran las cinco de la mañana cuando tocaron a la puerta del dormitorio de Draco Malfoy. Ambos ocupantes abrieron los ojos para presenciar cómo se abría la puerta repentinamente y entraban dos mortífagos adultos. Uno alto y relleno, con el cabello negro en una cabeza redonda. Otro pálido con el cabello castaño, brillantes ojos verdes y una gran mandíbula protuberante; no era tan alto como el otro, pero sí era más intimidante.

"Malfoy." Dijo uno de ellos, el más alto. "Venimos a inspeccionar tu cuarto."

A Draco, a diferencia de Ariana, no parecía molestarle su desnudez, y ni siquiera se molestó en cubrirse frente a sus colegas. Mientras Ariana se cubría casi por completo con las sábanas, Draco los observaba con fingida curiosidad.

"¿A qué se debe esto? Son las cinco de la mañana." Preguntó él tras un bostezo.

"Tenemos la aprobación del Señor Oscuro para estar juntos." Agregó Ariana con su rostro ruborizado.

"Eso no nos interesa. Ha desaparecido una prisionera, estamos buscando en toda la mansión."

"¡¿Cómo?" Preguntaron los dos residentes al unísono. Uno fingiendo sorpresa, la otra tan asombrada como podía estar.

Los mortífagos prendieron las velas de la habitación y, sin contestar, empezaron a explorar; abrían armarios, tiraban libros de las estanterías al piso, buscaban debajo de la cama, desordenaban el baño. No dejaron ni un centímetro del cuarto de Draco sin revisar. Incluso los dos ocupantes tuvieron que salir de la cama para que pudieran revisarla; Ariana se sonrojó más y se enrolló con las sábanas para salir.

"Nosotros hemos estado aquí toda la noche." Explicó Ariana con un tinte de enfado.

"¿Ariana Rumsfeld?" Preguntó uno de los mortífagos una vez que miró bien a la muchacha.

"Si." Contestó ella arqueando una ceja.

"La prisionera escapó de la facilidad que usted tiene a cargo. ¿Está dispuesta a beber verisaterum?"

"Po… por supuesto." Dijo ella con un leve tartamudeo, sus ojos bien abiertos. No podía creer lo que escuchaba. ¿La prisionera había escapado de su facilidad? ¿Cómo era posible? Miró a Draco, tenía una ceja arqueada y la miraba con preocupación.

"Vístase, la escoltaremos a la sala de interrogaciones."

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha. Rogaba silenciosamente que no la sometieran al mismo tipo de interrogación que sometían a los prisioneros. Draco sintió un poco de lástima por ella, pero era un sacrificio necesario. Era probable que la mataran cuando inspeccionaran su varita mágica, a excepción que se le ocurriera una buena escusa para justificar el hechizo paralizador.

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Hermione se había quedado dormida, despertándose de tanto en tanto al oír pasos apresurados en todas las direcciones. Aún no sabía dónde estaba, ni cómo había llegado allí. Tenía un vago recuerdo de un hombre desconocido sosteniéndola, hablándole con una familiaridad que no tenía sentido alguno. Pero lo cierto es que Hermione estaba demasiado desnutrida y adolorida como para poder preocuparse mucho por esas cuestiones, el sueño era su fiel compañero.

Y así la encontró Draco cuando llegó, muchas horas más tarde en un momento de la noche que tenía libre. Dormía de una forma muy pacífica, con la boca levemente abierta. Se veía en muy mal estado, pero al menos tenía sábanas para cubrirse del frío, al menos estaba a salvo. Draco sintió un extraño cosquilleo al pensar en que tenía que despertarla, como si hacerlo estuviera mal. Pero había cosas más importantes que hacer que dormir.

"Granger… Granger, ¡despierta!" Le ordenó en susurros, por temor a que alguien del otro lado escuchara. Granger no reaccionaba, estaba profundamente dormida. Entonces a él se le ocurrió utilizar un hechizo que aísla el ruido en la cámara. Luego de colocar el hechizo, habló con más fuerza y seguridad: "¡Granger!"

Hermione abrió los ojos de repente para encontrarse con aquellos profundos ojos grises pertenecientes a Draco Malfoy; ella lo observó detenidamente, despierta de repente, cuando comprendió quién era su captor, un temblor recorrió su cuerpo, pero no dijo nada, sólo volvió a cerrar los ojos con fuerza, esperando el golpe que nunca llegó.

"Por ahora estás a salvo, Granger, no hay necesidad de que me temas." Dijo Draco con su voz severa y un tono aburrido. Y es que en realidad no le gustaba del todo ser temido. "No más de lo necesario, eso es."

Ella volvió a abrir los ojos, insegura de lo que escuchaba, pero con una gran curiosidad. Su vista era borrosa, por lo que le costaba reconocer a Draco de inmediato. Aún así, aunque le dijera que estaba a salvo, ¿cómo podía confiar en él? ¿Y cómo podía estar a salvo? Voldemort había ganado la guerra… ella había sido capturada… jamás estaría a salvo.

"¿Qué…"—Hermione estaba insegura al hablar.—"¿qué quieres de mí?" Preguntó.

"¿Segura que quieres empezar por ahí? ¿No quieres saber cómo acabaste aquí? ¿Por qué te tengo aquí?" Inquirió Draco con leve asombro. Hermione Granger, quien siempre tenía preguntas y más preguntas en mente, en esta ocasión quería ir directo al grano.

Cuando Hermione volvió a abrir la boca para hablar, Draco notó que le costaba respirar, pues respiraba entrecortadamente por la boca. Entonces, antes de que pudiera decir algo, él sacó su varita mágica y la apuntó a la nariz de ella.

"Reacomodato." Dijo tranquilamente, mientras que Hermione sintió cómo los huesos de su nariz empezaban a acomodarse suavemente—lo cual era doloroso, pero en comparación con todo el dolor que sentía en todo su cuerpo, eso no era nada. Un minuto más tarde, Hermione podía respirar por la nariz otra vez.

Lo miró asombrada, y con incertidumbre dijo, "Gracias… no… no entiendo por qué lo has hecho, pero te lo agradezco."

Draco hizo caso omiso de su agradecimiento, en verdad no le importaba. Sólo necesitaba que se recuperara para poder utilizarla en su plan; de nada le servía una Granger inválida. Aún podía ver dolor en sus ojos. "Dime qué te duele más, intentaré arreglarlo."

Hermione se lo pensó un momento, no qué le dolía más, pues sabía qué… lo que no llegaba a entender era por qué Draco Malfoy, un mortífago, quería ayudarla. ¿Y la estaba ayudando realmente? Estaba tan cansada que apenas podía pensar claramente.

"Tengo un hombro dislocado." Dijo ella con un dejo de timidez en su voz.

No necesitaba magia para eso, así que él se acercó un poco más a ella, puso sus manos en el hombro que le señalaba, y las movió de forma que Hermione gritó de dolor, pero el dolor sólo duro unos pocos segundos, puesto que una vez que el hombro volvió a su lugar, allí casi no sintió más dolor. Ella empezó a jadear, y miraba a Draco con los ojos muy abiertos. No podía creer que acabara de arreglarle el hombro.

"¿Qué quieres de mí?" Preguntó ella de nuevo.

"Te explicaré."—Empezó él.—"Pero primero debes comer algo." Acto seguido, Draco le mostró una bandeja con comida que le había llevado; había estado detrás suyo, así que Hermione no la había visto. Ella no lograba ver muy bien, pero parecía haber pan y sopa, y algo más que no reconocía.

Hermione tenía hambre, de eso no había duda; pero no quería comer… puesto que comer implicaba querer vivir, y ella ya se había decidido a morir. No aceptaría, además, comida de un mortífago, ni pensaba ser parte de sus macabros planes. Nada bueno podía venir de Draco Malfoy; y ella no estaba dispuesta a mejorar su condición física para continuar sufriendo.

"No comeré, Malfoy."

"Si comerás." Dijo él tranquilamente. "Por las buenas o por las malas, lo harás." Acto seguido, apunto la varita mágica que tenía en una mano al cuello de su prisionera. "Puedes hacerlo por ti misma o tendré que hechizarte."

Hermione lo ponderó un momento, sólo un momento, y decidió que mantendría su postura, por más que la hechizaran. "No tengo… no tengo razón alguna para vivir, Malfoy; ¿no puedes dejarme morir en paz?" Preguntó ella en un tono suplicante.

"Por ahora te necesito viva."—Explicó él.—"Cuando ya no me seas de utilidad, dejaré que hagas lo que quieras con tu vida."

Hermione no replicó nada, sólo observó a su captor con ojos cansados. Parecía a punto de caer dormida otra vez. Draco sólo se limito a pronunciar una palabra: "Imperio." Y así, Hermione repentinamente dejó de sentir el dominio que tenía sobre su cuerpo, del que antes apenas se había percatado. Sintió como sus manos se movían contra su voluntad para apoyarse a ambos costados del colchón, y como su peso se depositaba en ellas para poder levantar la cabeza y el torso. El dolor sobre su columna y brazos era agonizante, pero no podía abrir la boca para gritar. Una vez sentada, Draco le colocó la bandeja con comida en la falda, y las manos de ella se movieron hacia el plato de sopa, el cual tomó con manos temblorosas y acercó a su boca que empezaba a abrirse. Hermione se sentía horrible, no especialmente por el dolor en su cuerpo, sino, más que nada, por no poder luchar contra el poder que la obligaba a hacer cosas contra su voluntad, como beber la sopa.

El líquido tibio se hizo paso de su boca a su garganta, y de allí Hermione pudo sentir como se llenaba su estómago, el cual tenía un tamaño más pequeño del normal por la falta de nutrición. Apenas había tomado unos pocos sorbos y ya estaba más que satisfecha, podía sentir como su estómago empezaba a quejarse por tener más alimento del que podía tolerar, pero Draco no le permitió detenerse hasta que hubo terminado todo. Y las cosas no se acabaron allí; él le sacó el plato de las manos, y luego la obligó con su magia a tomar el pan y untarlo con mantequilla, para luego tener que llevárselo a la boca otra vez. Hermione tuvo que masticar, con nada movimiento notaba que los dientes y la mandíbula le dolían, y habría llorado de tener lágrimas.

Una vez que acabó, pudo sentir el hechizo desvaneciéndose mientras ella recuperaba el control de su cuerpo lentamente. Se sentía con más fuerzas por haber comido, lo cual notó—a pesar de la indigestión—era algo agradable. Pero también sentía odio, odio por su captor que estaba arruinando sus planes deliberadamente. Miró a Malfoy a los ojos con disgusto, esperando que hiciera algo más, o que al menos diera explicaciones.

"Sabes, generalmente los prisioneros tienden a alegrarse una vez que son liberados." Comentó Draco con un leve tinte de ironía. No llegaba a comprender del todo la actitud de su prisionera, pero le resultaba interesante.

"No soy libre." Replicó Hermione con odio en su voz. Sus ojos aún se veían cansados, aunque con nuevas fuerzas; tenían un brillo que a Draco le recordaba de mejores tiempos. Este sonrió de forma pícara.

"Convengamos que al menos eres más libre que antes."

"¿Y de qué me sirve la libertad?"—Cuestionó ella con rencor.—"Incluso si fuera realmente libre… tendría que vivir luchando para sobrevivir."

"¿No es lo que hacemos todos, Granger? ¿Luchar para vivir? Tú pareces dispuesta a dejar la lucha, pero yo no, y te necesito para poder continuar."

Hermione lo observó detenidamente; parecía estar hablando en serio. Draco Malfoy era un mortífago, no podía confiarse en él por más que la haya rescatado—o al menos eso tenía entendido que había hecho. No podía confiar en él aunque pareciera querer que se mejorara de salud. Hermione estaba segura de que Malfoy era un hombre peligroso, no sería cauto ni sensato contradecirlo, lo mejor sería seguirle el juego… pero… ella ya estaba cansada de juegos, estaba harta de los mortífagos, estaba harta del dolor. No, no podía luchar, pero tampoco podía rendirse ante los deseos de un mortífago más.

"¿Por qué crees que te ayudaría?" Inquirió ella sin curiosidad, más bien era una pregunta retórica.

Sentado en el colchón a su lado, Draco Malfoy no sonrió. Ese punto no lo había tomado en cuenta; quizás se había imaginado que Granger colaboraría por el solo hecho de ser rescatada; después de todo era una rebelde, ¿acaso no aceptaría cualquier oportunidad de volver con los suyos? ¿Quién en su sano juicio no querría aferrarse a la oportunidad de sobrevivir? Sin dolor, sin angustias… Draco podía utilizar la fuerza bruta para obligarla, pero ella ya había sufrido tanto, y estaba tan deteriorada, que estaba seguro de que no había fuerza alguna que pudiera doblegar su voluntad. Su voluntad de vivir ya había sido destruida tiempo atrás, ahora la única voluntad que tenía era de morir, se notaba con facilidad.

"Te daré un motivo para vivir." Dijo él mientras se levantaba y se dirigía hacia la pared de las estanterías. Hermione lo observó con curiosidad, sin poder dilucidar exactamente qué estaba haciendo, podía ver sus borrosos brazos moviéndose, tomando algo de la estantería. Recién pudo ver qué había tomado cuando se dio vuelta y se volvió a acercar a ella: tenía lo que parecían un par de frascos con líquidos en las manos. Uno tenía líquido rojo, el otro amarillo.

"¿Pociones? ¿Crees que una poción me dará un motivo para vivir?" Preguntó extrañada. No se le podía ocurrir una poción que pudiera hacer algo así; quizás una poción de la alegría tendría un efecto similar al deseado, ¿pero qué haría cuando se acabara el efecto de la poción? No podía vivir bebiendo pociones para poder vivir.

"Por supuesto que no, Granger."—Contestó Draco, empezaba a alterarse. Con un movimiento de su mano, hizo que Hermione fijara la vista en la botella con líquido amarillo.—"Esta poción sanará tus huesos rotos, si te la tomas toda, considerando la cantidad de huesos rotos y fisurados que tienes, me imagino que tardará dos días en funcionar por completo.

Acto seguido, antes de que ella pudiera reaccionar y decir algo, Draco le metió una mano en la boca para abrírsela de par en par, y con la otra mano vertió el contenido del frasco en su boca. Hermione casi se atraganta, pero Draco la sostenía con una fuerza tal que le impedía moverse. Tenía la cabeza contra la pared, la mano de él presionando hacia atrás para que no se moviera. En medio de su miseria, Hermione agradeció que al menos la poción no tuviera sabor.

Una vez que acabó de beber la poción para los huesos, Malfoy le mostró la roja, y habló: "Y esta es para que tus heridas cicatricen más rápido. Posiblemente para mañana sólo te queden algunas marcas."

Antes de que Draco pudiera obligarla a beber la poción otra vez, ella habló; jadeaba por efecto de la poción para los huesos, que lentamente iba acomodando cada astilla en su lugar: "Espera…"—Hermione tomó aire, una gran bocanada de aire, y luego continuó hablando: "Dime qué quieres de mí."

Draco pensó que un "por favor" habría decorado muy bien su frase, pero viniendo de Hermione Granger, en esa situación, probablemente era difícil. Demasiado orgullo. A Draco, por alguna razón, le gustaba esa actitud, así que se dignó a responder con una audaz sonrisa.

"Tú me enseñarás a vivir como muggle." Contestó él como si eso fuera explicación suficiente.

"¿Cómo dices?" Preguntó ella, como si no hubiera escuchado bien. Pero sí había escuchado bien—tenía un oído deficiente, pero escuchaba por el otro.—tan sólo no podía creer lo que había escuchado. ¿Acaso Draco Malfoy se había vuelto loco? Hermione siempre opinó que los mortífagos tenían que estar clínicamente enfermos para ser mortífagos, pero Draco Malfoy parecía haber ido incluso más allá. Esta idea se confirmó cuando él volvió a hablar.

"Verás, tengo pensado huir de aquí, pero al hacerlo ya no podré vivir en el mundo mágico, tendré que irme con los muggles. Obviamente mis colegas irán tras de mí, por lo cual tendré que ser un maestro del disfraz… ¿entiendes? No podré ocultarme y pasar desapercibido sin ayuda de alguien que sepa de muggles. Por eso necesito que te recuperes para que vengas conmigo. Estaremos juntos hasta que ya no te necesite, Granger; como recompensa te dejaré hacer lo que quieras con tu vida."

Hermione se quedó mirándolo con asombro, y sin poder creer por completo lo que escuchaba. "¿Hablas en serio?" Preguntó.

"Siempre hablo en serio, Granger." Contestó él sin vacilar. Sus ojos grises parecieron oscurecerse para combinar con el tono severo de su voz.

"Aunque tuviera las fuerzas, Malfoy, no veo razón para ayudarte."

Draco negó con la cabeza lentamente, y se levantó. "Por supuesto que no. Haz perdido las ganas de vivir, lo entiendo. Crees que todo está perdido, y posiblemente lo esté; pero mientras tenga la posibilidad… yo huiré, y tú vendrás conmigo, porque eres mi única posibilidad de sobrevivir, como yo soy la tuya, Granger."

Él se acercó a Hermione, y le puso en frente la poción para las cicatrices. "Ahora, tú eliges, o la bebes voluntariamente, o volvemos a lo mismo de antes."

Esta vez no le dio tiempo para responder, y enseguida le abrió la boca y vertió el líquido directo a su garganta, presionándola contra la pared en el proceso. El odio se hacía aún más intenso dentro de Hermione, que no tenía la más mínima fuerza para luchar contra él. A medida que tragaba el líquido, Hermione empezaba a sentir que la piel le ardía especialmente en aquellos lugares dónde tenía heridas, tanto abiertas como cerradas.

"Eso es todo." Dijo él, apartándose de ella con satisfacción en su rostro. Hermione no dijo nada, incluso apartó la mirada del rostro de él; cerró los ojos con fuerza y dejó que su torso cayera sobre el colchón. Cómo dolían sus huesos… ¿tendría que soportar ese dolor por dos días? Draco pareció leer la pregunta en su rostro, y le habló: "Puedo darte algo para el dolor, si quieres, sólo tienes que pedirlo."

Pero ella no dijo nada, sólo emitió un gemido de dolor y disgusto. Cerraba los ojos con mucha fuerza, arrugando los párpados mientras el dolor y el ardor se hacían aún más intensos.

"En fin, entenderás que no puedo venir muy seguido, pero haré lo posible por traerte comida para que te recuperes."—Dijo Draco, y, de forma pensativa, agregó: "Ya encontraré un motivo para que vivas."

Cuando Hermione abrió los ojos, vio con asombro cómo Draco Malfoy atravesaba uno de los espejos de la pared y desaparecía. Sólo se escucharon sus pasos alejándose, y ella se quedó sola en aquella habitación. Sola para ponderar lo que acababa de suceder.

Draco Malfoy, un mortífago, de alguna forma que desconocía—y tampoco le interesaba conocer—la había salvado de su sufrimiento en las mazmorras. Ya no había oscuridad, ya no había gritos ni gemidos de dolor y desesperación, y el dolor… el dolor empezaría a ceder también. Una vez que sus huesos terminaran de acomodarse y sus heridas de cicatrizar, se sentiría mejor, físicamente hablando. Ahora continuaba captiva, pero no ya de Lord Voldemort y sus mortífagos, sino de un solo mortífago que aparentemente ya no quería responder a nadie. Y estaba lo suficientemente loco como para querer huir. ¿Huir de dónde? Hermione suponía que aún estaba en la mansión Malfoy, la base de Voldemort, lo había supuesto por la cantidad de mortífagos que había visto pasar por la ventana-espejo. ¿Pero huir cómo? ¿y a dónde? ¿y por cuánto tiempo? ¿Malfoy tendría todos esos detalles planeados? Si los había planeado de la misma forma que había planeado que ella lo ayudaría, los dos estaban perdidos.

Considerando eso, técnicamente, nada había cambiado para Hermione. Estaba condenada de una forma u otra. Quizás, sin quererlo, Draco Malfoy justamente le daría la posibilidad de tener una muerte más rápida y menos dolorosa.

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Cuando regresó a su habitación, Draco se encontró con Ariana Rumsfeld. A primera vista, lucía normal, pero cuando uno se acercaba bien, se podían notar que estaba usando más maquillaje del habitual: era para cubrir moretones. Ella estaba sentada en la cama de Draco, esperándolo.

"..Ariana…" Parecía que le faltaba el aliento, sus ojos mostraban algo de lástima. Pero no era más que una actuación.

"Draco."—Ella le mostró una media sonrisa, su voz era firme y cariñosa al mismo tiempo. "¿Dónde has estado? Estuve esperándote por una hora entera."

¿Una hora? ¿Tanto había tardado? Granger ya empezaba a importunarlo sin siquiera tener la intención. Aunque él debería haber sido más previsor; debería haberse imaginado que Ariana querría verlo otra vez, al fin y al cabo, tenía una obsesión con él. El horario lo demostraba, eran las tres de la mañana.

"No podía dormir y salí a caminar." Contestó Draco, sin darle demasiada importancia al tema. "¿Tú qué haces aquí?"

"Vine a verte… quería pasar la noche contigo. Mi turno terminó hace dos horas."

"¿Tu turno? ¿Quieres decir que te mandaron a trabajar luego de una interrogación?" Preguntó él extrañado; no le parecía justo ni adecuado torturar a alguien, liberarlo y mandarlo a trabajar inmediatamente. Después de todo, Ariana no era una prisionera. Era posiblemente una de las mejores medimagas de la mansión.

"Así es la vida." Explicó ella encogiéndose de hombros, parecía fingir no darle importancia al asunto, pero en realidad era lógico que le afectara. En vez de continuar con el tema, ella le dio unas palmadas a la cama cerca suyo, invitando a Draco a sentarse a su lado.

Draco reprimió un suspiro, estaba demasiado cansado para eso; pero si quería mantener su fachada, tendría que hacerlo igual. Así que él se acercó a ella, se sentó a su lado, y la miró expectante.

"¿Quieres hablar de ello?" Le preguntó él.

"No."—Contestó enseguida ella, negando con la cabeza. Parecía que el recuerdo le dolía más que sus heridas.—"Sólo quiero estar contigo."

Acto seguido, Ariana empezó a besarle el cuello delicadamente, centímetro a centímetro, de arriba hacia abajo. Draco decidió que sería mejor sacarle la ropa, ya que a ella le costaría hacerlo por la extensión de sus heridas, así que lentamente, mientras ella continuaba ocupada con su cuello, él se encargó de retirarle la túnica. Al hacerlo, pudo ver la cantidad de moretones que tenía en el cuerpo, la mayoría eran manchas oscuras de color morado, donde se notaba que la sangre se había acumulado dándoles ese color desagradable. También tenía una larga cicatriz en un brazo; Draco la trazó con un dedo con mucho cuidado, extrañamente interesado en esa marca.

Ariana tomó la mano que estaba tocando su cicatriz y la apartó, dejando repentinamente de besarle el cuello, se apartó un poco de él para mirarlo a los ojos con tristeza. "No me creyeron cuando tomé verisaterum."—Le explicó con un leve remordimiento.

Draco puso sus manos en los hombros de ella y la acostó en la cama. Estaba interesado en la información que tuviera Ariana; después de todo, había pasado casi un día entero desde la desaparición de Hermione Granger, y a él no lo habían ni considerado siquiera. Sólo habían explorado su dormitorio, pero habían hecho eso con cada habitación de la mansión Malfoy. Excepto por las secretas… Draco sonrió para sus adentros.

Ariana, acostada en la cama, levantó los brazos para intentar quitarle la túnica a Draco. Este se apartó de ella y se la quitó solo. Antes de que ella pudiera hablar, él se acostó a su lado y le acarició suavemente un costado de su rostro, retirándole el cabello de la cara.

"Creo que te hará bien hablar de ello." Comentó Draco.

Cuando ella vaciló, Draco pensó que su encanto había funcionado. Ariana abrió la boca, y luego de dudarlo un momento, empezó a hablar. "Aparentemente Thomas Lars, el mortífago que estaba de guardia cuando se llevaron a la prisionera, dijo que otro guardia se la había llevado, que había querido relevarlo, y ante su negativa, le lanzó un hechizo paralizador poco potente. El problema fue que cuando indagaron a ese guardia, él tenía un muy buena coartada… puesto que había estado de guardia toda la noche con un compañero al lado, en las puertas de la mansión. Y su varita mágica fue analizada y no había realizado ningún hechizo paralizador. Además de no tener dónde ocultar a la prisionera… en total, que haya desaparecido no tiene ningún sentido. En mi varita encontraron un hechizo paralizador… pero les dije que no tenía idea de cómo había llegado ahí, supuse que quizás lo había utilizado para paralizar a uno de los bebés para un experimento… pero sinceramente no tengo recuerdos de haberlo hecho últimamente…"

Ella continuó hablando y Draco hizo una pausa mental al escuchar aquello último. Bebés. Su primo segundo… Hermione Granger. Draco volvió a sonreír para sus adentros, parecía que las piezas del rompecabezas empezaban a encajar en su lugar. Ya sabía qué era lo que tenía que hacer para darle a Granger un motivo para vivir.

"…Igualmente mataron a Auguste Morrison… y a Thomas Lars también por no saber defenderse. El superior encargado de la investigación dijo que un mortífago no puede ser tal si cae ante un simple hechizo paralizador estando de guardia…"

Ella continuó hablando, pero Draco dejó de escucharla, a medida que iba planeando su nueva misión, empezó a besarle ferozmente el cuello a la mujer que tenía al lado. En respuesta esta dejó de hablar y se permitió fundirse con su acompañante.

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n/a: quedan dos capítulos más y me tomaré un descanso para continuar escribiendo tranquila, además se vienen los finales y voy a necesitar más tiempo; saludos y gracias por sus reviews!