Declamier: Los personajes son de Stephenie Meyer, yo decidí montar esta historia con ellos por simple diversión.

¡Gracias por todos los que me leéis, de verdad! Me hacéis muy feliz.

Espero que os guste éste nuevo capítulo.

Gracias a mi hermana, ella es tan linda, me lee y me corrige lo que tengo mal escrito o algo que no tiene sentido.

Y ahora sin más….


Capítulo 4.

Me costó mucho trabajo dormirme por culpa de los besos y caricias de Edward. Quizá le debería haberle dejado tocarme, quizá ahora piense que soy una niña estúpida y sin experiencia. Gruñí, eso es lo que soy.

Después decidí que si le hubiera molestado eso no me habría enviado el mensaje. Todo esto era tan complejo para mí.

¿Y sí lo hubiera dejado tocarme? ¿Y sí le pareció absurdo presentarle a Angie? ¿Y sí no le gusta como beso? ¿Y sí no le gusto yo? Estaba harta de tantos ¿Y sí…?

Suspiré tontamente, él me gustaba y mucho.

Me gustaba su sonrisa, su pelo sexy y desordenado, sus hermosos ojos verdes, sus pasionales y demandantes besos, sus caricias indecentes, su olor, su voz, me gustaba todo de él.

No sé cuando quedé dormida, sólo recuerdo los estúpidos rayos de sol dándome en la cara y despertándome.

-Ugh –Gruñí girándome y tapándome la cara con la almohada.

-Venga Bella, que son las once y estoy aburrida –Dijo la voz de mi querida amiga dándome sacudidas en el hombro –Además me tienes que contar que tal con ese hombre sexy con sonrisa matadora.

-¡Ángela! –Me quejé gruñendo contra la almohada.

-Vamos, no te guardes esas cosas sucias para ti sola –Dijo –Yo también quiero disfrutar.

-No pasó nada –Le dije esta vez.

Me giré para encararla y vi sus ojos brillando de curiosidad y fascinación.

-Yo vi como te metía mano en varias ocasiones –Se quejó.

Yo suspiré avergonzada y dije:

-Yo le aparté.

Ella pegó un gritito.

-¿Por qué demonios hiciste eso? –Dijo incrédula.

-Angie, sabes que nunca he estado con un chico y me daba vergüenza que lo supiera o lo notase –Le dije avergonzada. Agaché mi cabeza sonrojada.

Ella suspiró.

-Bella, si quieres seguir con él, algún día lo va a saber –Dijo como si fuera obvio, realmente era obvio – Además te aseguro que una vez te sientas bien con el sexo, no querrás parar de hacerlo, lo digo por experiencia.

-Sé que tendrá que saberlo alguna vez –Dije apesumbrada-Sólo espero que no huya.

-¿Por qué demonios lo haría? –Dijo como si yo fuera estúpida.

-No lo sé, quizá quiera a chicas con experiencia y no a vírgenes que no saben comportarse en la cama –Dije asqueada por la conversación.

-Créeme, he visto como te mira y le va importar una mierda que seas virgen –Dijo segura.

-Dejemos de hablar de esto –Dije avergonzada.

Asintió con acuerdo.

Me contó sobre su noche con Ben, empezó a decir que él era perfecto para ella, compartían muchos gustos y habían quedado para ir al cine el lunes.

Yo gruñí, no me acordaba que tenía que ir a trabajar. Era un asco, pero era lo que había. En esta vida era lo que me tocaba, trabajar para no vivir en la casa de ese estúpido hombre-porque a ese estúpido hombre no se le podía llamar padre-. Necesitaba el dinero además esta semana ya iría a trasladarme al piso nuevo.

Le comenté a Ángela si me ayudaría a trasladarme y ella aceptó encantada, diciendo que era hora de que me fuera de ese lugar al que llamaba casa. Además, ella estaba emocionada por poder ayudarme con la decoración y esas cosas que tanto le gustaban a ella.

Ángela me convenció de quedarme a comer antes de irme, no tuve mucha opción. Sinceramente no quería llegar a casa y encontrarme con Jacob, tenía miedo de lo que podría hacer, además odiaría que Edward nos viera juntos por culpa de la insistencia de mi padre.

Después de comer con Ángela me dirigí a mi casa con el coche que había traído ayer.

Llegué y gracias a Dios no había nadie. Me dirigí a mi habitación y decidí darme una ducha para relajarme.

Estaba dudosa en si enviarle un mensaje a Edward o no. ¿Qué le iba a decir? ¿Te extraño? ¿Quiero estar en tus brazos? ¿Quiero volver a verte?

Era jodidamente difícil intentar controlar mis sentimientos y reacciones referentes a Edward. Pensé también en pedirle una cita, pero no estaba seguro de que aceptaría.

No sabía que haría el resto del día, está casa era como una jodida prisión sin poder hacer nada, además las cosas se complicaban con Jacob aquí. Le prometí a Edward que no me acercaría pero no podría hacer mucho si se acercaba él. Realmente esperaba que él no se me acercara a mí, no sólo por Edward, sino por mí también, ya que cada vez me daba más asco y nunca lo admitiría, pero a veces tenía un poco de temor de la mirada que me dirigía.

Intenté quedarme todo lo que pude encerrada en mi jodida habitación pero estaba demasiado asqueada siempre de estar escondiéndome. ¡Esto no era vida! Jodida la suerte mía.

Con un suspiro de resignación decidí ir a bajo a ver la tele.

Seguía sin haber nadie, mejor.

Estaban dando un programa bastante divertido sobre caídas y meteduras de patas. Me reí bastante, y pasé un rato agradable.

Al rato escuché que alguien llegaba a casa, supuse que era mi padre y los Black y en efecto, eran ellos.

-Isabella ¿Qué tal el trabajo? –Fue lo primero que me preguntó Charlie.

-Bien, mañana lo presentamos –Dije siguiendo con la mentira del principio.

-Espero que saques buenas notas –Gruñó antes de irse con Billy a su despacho.

-Hola Isabella –Dijo Jacob sentándose a mi lado.

-Hola –Susurré, intentando ignorarlo mientras veía la televisión.

-No entiendo porque no quieres intentarlo –Dijo cogiéndome el brazo.

Me solté de su agarre de forma brusca.

-Y yo no entiendo cómo no comprendes que no quiero nada contigo –Le dije rudamente.

Jacob maldijo.

-¿Sabes lo que pienso? –Me dijo con sorna.

Yo le miré interrogante.

-Te estás follando a otro –Yo lo miré con una ceja alzada –No me lo niegues, tienes un chupetón en el cuello.

Palidecí. ¡Mierda!

No me había dado cuenta, maldito Edward.

-Bueno ¿Y qué? –Pregunté a la defensiva.

Jacob se puso a reír mientras me daba una mirada maliciosa. Temblé, no me gustaría saber lo que pensaba en este momento.

-Tú padre está intentando que acabemos juntos para asegurar la estabilidad el pacto que ha hecho con mi padre –Me susurró en tono morboso –Yo no tengo en nada en contra de eso.

Su mano se dirigió a mi muslo donde apretó fuertemente.

Emití un gemido de protesta, me hacía daño. Su agarré no se aflojó en vez de eso fue subiendo un poco más.

-Yo estaría encantado de tener todo contigo –Finalizó.

Puse mi mano encima de la suya para que parase.

-Apártate –Gruñí intentando alejar su mano.

Jacob sonrió mientras se apartaba.

Me sentí impotente, quería alejarlo de mí para siempre pero no podía, él se volvería acercar una vez tras otra hasta conseguir lo que quisiese.

-No voy aceptar los caprichos de mi padre –Dije mientras me levantaba y me iba a mí cuarto.

Rápidamente me dirigí al cuarto de baño a mirarme el chupetón.

Jadeé cuando lo vi. Maldita sea, Edward.

Me deshice el moño que me había hecho y acomodé mi pelo de manera que se me tapase el chupetón del cuello.

Esa noche me excusé con un dolor de cabeza, me fui a dormir enseguida. Tendría que estar descansada, esa semana iba a estar ocupada con los estudios, trabajo y encima la mudanza.

Sinceramente estaba deseosa de mudarme ya, así me alejaría de mi padre y de los Black, ya que estos últimos se iban a quedar dos semanas más. Felizmente no iba a quedarme con ellos esas dos semanas.

No sé cuando me dormí pero me desperté con un dolor de cabeza tremendo. Gruñí.

Me di una ducha rápida y baje a desayunar.

Tuve suerte y no estaba nadie en la cocina, amablemente la cocinera me preparó tostadas y café.

Una vez desayunada me fui a lavarme los dientes, coger la mochila y me fui a clases.

En clases pude hablar un poco con Ángela. Hoy tenía su cita con su encantador Ben, por lo que me contó iban muy bien, hablaban todos los días ya fuera por teléfono o por Messenger.

Cuando acabaron las clases me fui a comer sola para después poder ir a trabajar. No es que me apasionara pero joder, prefería eso antes que llegar a casa y que me molestase, ya tanto Charlie como Jacob.

Cuando llegué al restaurante me dijeron que tenía que atender la mesa tres y ocho.

Me cambie de ropa en dos minutos y salí con una sonrisa y mi bloc de notas a la mesa tres.

-Buenos días. ¿Qué desean tomar para beber? –Dije amablemente.

Los señores de las mesa me sonrieron y me pidieron dos cervezas.

-En un minuto os las traigo –Dije andando hacía la barra para pedir las cervezas.

-Aquí tienes Bella –Dijo Sarah pasándome las cervezas.

Le agradecí y me fui a la mesa.

-Aquí tienen –Les sonreí -¿Ya han decidido que van a comer?

Ellos asintieron y me dijeron lo que querían, lo escribí en el bloc de notas.

-Enseguida os traigo la comida –Finalicé yendo hacia la cocina y entregándoles el pedido.

Fui a la mesa ocho.

Prácticamente hice lo mismo todo el tiempo, traerles la bebida y luego la comida.

Cuando los hombres de la mesa tres se fueron, me mandaron a la mesa siete y dos.

Suspiré mientras fingía una sonrisa amable.

Cuando acabé de atender las mesas que tenía me pusieron detrás de la barra y a Sarah le pusieron a atender unas pocas mesas.

Estaba sacando todas las bebidas que me iban pidiendo cuando noté de reojo que alguien se ponía detrás de la barra.

-Un momento –Dije a la persona que esperaba que le atendiese.

Acabé de dar todas bebidas que me pidieron cuando me giré hacía la persona que estaba detrás de la barra.

Abrí los ojos al encontrarme a Edward.

-¿Qué… qué haces aquí? –Dije sorprendida.

-Vaya… ¿Así atiendes a los clientes? Voy a tener que ponerte una queja –Dijo sonriendo.

Yo negué la cabeza.

-Disculpa –Dije un poco arrepentida- ¿Se le ofrece algo?

-Te he estado llamando durante toda la tarde –Me dijo -Supongo que no has podido escucharlo, no sabía que trabajabas.

Yo enarqué una ceja.

-Creía que quería que le atendiese señor –Le dije en tono de burla.

-Usted señorita es una impertinente –Me gruñó de broma.

Me reí tontamente.

-¿Cómo sabías que estaba aquí? –Le pregunté curiosa.

-Me encontré a Ángela cerca de la universidad –Dijo encogiéndose de hombros.

Yo fruncí el seño.

-Una cerveza, por favor –Me pidió.

Como una monótona le serví una cerveza.

-Esos no son modales señorita- se burló de mí otra vez -¿Dónde está mi beso?

-Estoy trabajando –Le advertí – Y no tengo intención de perder el trabajo por tu capricho.

Edward bufó frustrado.

-Odio que trabajes –Gruñó –Te quita tiempo que debería ser para mí.

Yo lo miré incrédula.

Sarah se acercó y me pidió tres coca-colas, dos fantas de naranja y una botella de agua.

Saqué todas las bebidas y se las pase.

Edward me estaba observando fijamente.

-¿Qué tal la cerveza? –Le pregunté al ver que apenas había bebido.

-Cuando antes me la beba antes me echarás –Dijo tranquilamente-Así que mejor me la bebo poco a poco.

Yo rodé los ojos.

-¿A qué hora terminas el turno? –Me preguntó.

Yo miré la hora, eran las seis.

-Aún me queda una hora –Le contesté.

Un hombre mayor se puso en la barra y me pidió un shot de tequila.

¿No era un poco pronto para emborracharse? Me encogí de hombros.

Le serví la bebida y me dio el dinero.

Cuando llegó la hora, le dije a Edward que me iba a cambiar que ya había acabado.

É l sonrió, me pagó y bebió más de la mitad cerveza que le quedaba de un trago.

Yo me reí tontamente mientras me dirigía a cambiarme.

Una vez me despedí de Sarah, Edward me rodeó la cintura y estampó sus labios contra los míos. Yo le respondí el beso sin dudarlo.

Nuestros labios se separaron pero nuestras frentes se ajuntaron.

-Hola –Dije tontamente.

Él rió.

-Bien –Me cogió de la mano y me arrastró fuera del restaurante -¿Tienes prisa para irte a casa?

-No –Le dije - ¿Tú no deberías estar trabajando?

Edward me miró como si fuera una loca.

-Acabo a las cuatro y media, no a las siete –Dijo como si fuera algo obvio –Además soy el jefe, siempre puedo salir antes.

Yo puse los ojos en blanco.

-Usted manda jefe –Tonteé un poco con él -¿A dónde tiene pensado llevarme?

-Si por mí fuera, estarías en mi cama nena –Me guiñó un ojo.

Yo me sonrojé.

-Edward-Le gruñí.

-No juegues si no sabes continuar el juego –Dijo engreídamente.

Me quedé parada. Oh no señor, eso no se queda así. Actúe más por el orgullo que por otra cosa.

Me puse delante de Edward y deslicé mis manos por todo su pecho hasta llegar a su paquete, donde le di un ligero apretón.

-¿Quién dice que no sé jugar? –Le susurré sensualmente en el oído.

Me separé y me fije que estaba muy sorprendido y quieto.

Sonreí orgullosamente, aunque luego me puse a pensar. Oh Dios mío, le había tocado el paquete. Mi pequeña zorra interior sonrió y lo afirmó.

Noté como Edward me cogió de la cintura y me arrastró hacia un coche, a pesar de mis quejas, mientras el gruñía algo así cómo "me encanta tu juego".


Tengo que decir que me encanta éste final y lo que viene después pero eso me lo aguardo para mi solita muajajaja.

No, enserio gracias por vuestros reviews, me encantan. ^^

Gracias por tu rewiew Melania, no sé si haré un Edward Pow, pero me lo pensaré y no, Edward no sabe quién es Bella, eso viene más adelante y con sorpresa muajaja, gracias por comentar me hace mucha ilusión los comentarios^^

Gracias por tu rewiew madeki, no me deja responderte a tu cuenta. Edward nos encanta *O* jajaja, subiré pronto, una vez por semana seguro.

Otra vez, gracias a mi hermana y mi amigo. A ver si me lees eh bonito. Jajaja

Nos vemos en la próxima actualización.

¡Buen día para todos y todas!