Siempre creí que si tenía una historia terminada antes de empezar a subirla iba a actualizarla con regularidad. Error. Este es un claro ejemplo. La terminé de escribir el mismo cuatro de Julio de corrido, solo que las correcciones llevaron unos días, más, luego que estuve enferma y así. De verdad que no tengo arreglo.
Esta es la última parte. ¡Gracias por leer! Aunque no creo que vuelva a escribir algo tan hot como este fic otra vez. Fue un trauma permanente para mi mente infantil. :)
IV
Japón se despertó en medio de la noche. No era la primera vez que le sucedía, pero esta vez su presión no tenía nada que ver con ese insomnio. Se sentó en la cama y vio los cuerpos de América e Inglaterra durmiendo a su lado, en ese orden de cercanía a su cuerpo.
Inglaterra tenía todo lo que a él le faltaba. Todo lo que ella realmente necesitaba en un hombre. A su lado no era nada. No era tan varonil como él, no conocía el arte de la seducción como él lo hacía. América-san jamás se había doblegado a sus órdenes, pero él… hacía parecer que controlarla era un juego de niños. En cambio, él siempre acababa cediendo a la voluntad de ella. Algún día América se iba a cansar de su inexperiencia y de las diferencias que en un principio le habían parecido tan maravillosas entre ambos. Era cuestión de tiempo para que sucediera.
A veces, el mundo era un asco cuando era él.
Se vistió y retiró de la cama en busca de alguna ventana en la que pudiera contemplar la luna y el cielo nocturno. En su casa actos como ese lo relajaban en momentos así. El problema era que no estaba ahora en su casa y no sabía cómo tranquilizar su corazón.
Ella iba a dejarlo. Era lo único en lo que podía pensar. Eso y en que quería volver a encerrarse en su habitación para que nadie viera lo mal y humillado que estaba.
— ¿Japón? —América apareció de pronto cubierta con una frazada. En esos momentos no había pensado en que podía hacer frío—. Hice algo de café, ¿quieres un poco? —Le ofreció. Tampoco se había percatado de la humeante taza que tenía entre sus manos. Verla así de pequeña con esa apariencia le enternecía, pero como las muestras corporales de afecto no eran lo suyo ni siquiera pensó en que podría abrazarla.
—Gracias, pero estoy bien así, América-san. —No mentía completamente. El café nunca le había agradado como su té. El té era definitivamente mejor para él.
— ¡Oh! —Ella agachó la cabeza hacia el café, sorbiendo un poco. La atmosfera entre ambos estaba tan tensa que era imposible no notarla. Incluso ella podía decir que algo andaba mal ahí. Le dijo lo primero que le vino a la mente para calmar el ambiente depresivo—. Te quiero, Kiku.
Él sonrió tranquilamente con algo de tristeza. Ella lo quería, pero pronto dejaría de hacerlo.
—Pero parece que está confundida—dijo agachando la cabeza hacia sus propias manos. Estaban frías. Y temblaban. Su propia mandíbula tembló antes de continuar—. Quizás lo mejor sea que me vaya. —Se acercó a ella, pero dudó que darle un beso inocente en la mejilla fuera buena idea—. Llámeme cuando me extrañe. O cuando sepa qué hacer con sus sentimientos—Dio la vuelta hacia la puerta. Ya no había nada que tuviera que hacer ahí.
—Kiku…—Dejó la taza de café a un lado en la cocina estilo americano.
— ¿Sí?
— ¡Te extraño! —Ella lo abrazó desde atrás refregando su rostro contra su espalda. El abrazo era tan fuerte que Japón sintió que sus huesos crujían bajo su afectiva muestra de cariño—. ¡Y si piensas que no te amo estás tan equivocado!
— ¡Ah! —Fue lo más inteligente que pudo decir cuando ella le dijo tan claramente que seguía amándolo, en tanto que huesos se rompían a causa de su afecto.
—Y si piensas que he terminado contigo, baby, estás muy equivocado—se rió perversamente. Japón comenzó a estremecerse cuando ella comenzó a acosarlo sexualmente bajo su playera—. Ahora ven al sofá para que te demuestre lo mucho que te quiero y te deseo.
Japón jadeó ante esa perspectiva. Esta iba a ser una noche muy, muy larga.
FIN
