IV

De misiones y destinos


Luego de la larga charla que entabló con su hermano Taichi parecieron develarse muchas cosas, pequeños detalles que quizás nunca hubiera notado sin su ayuda. Aunque al principio dudó si debía hacer cómplice a su hermano de sus nuevos descubrimientos, al verlo completamente atento y sin un gramo de prejuicio al hacer un comentario o gesto, conforme avanzaba en su historia resultaba cada vez más fácil introducirlo a su mundo, como si ambos pertenecieran a él.

Tal vez fuera porque desde siempre su hermano se mostró dispuesto a apoyarla en lo que se le presentara, hasta el día en que ella decidió hacerlo a un lado, o por lo extremadamente confiable que era, característica natural de su personalidad, a pesar de lo descabellado del contexto era indudable la lealtad de la que podía ser capaz cuando de sus seres amados se trataba. Nunca debió permitirse alejarlo, de cualquier forma las faltas que hubiera cometido por eso se estaban redimiendo y ahora más que nunca necesitaría el apoyo de su hermano para lo que vendría.

A pesar del cansancio que sentía, el pasar tiempo con Taichi de esa forma le imprimió nueva energía. No fue hasta que llegó al tema de los hermanos Ishida que comenzó a sentir inquietud.

Esa noche al irse a acostar volvió a sentir que alguien le hacía compañía, pero parecía una presencia intermitente, en un momento estaba ahí y al otro ya no. Procuró no prestarle mucha importancia y se echó a dormir, no sin antes lanzar un rezo de protección por si sus intenciones no eran del todo amistosas. El sueño la envolvió en un instante.


Salían del templo, la ceremonia había terminado. Hikari irradiaba aquella luz tan peculiar, tomada de la mano por su padre se dirigían a la salida. Por su costado un pequeño corría al encuentro de sus padres y su hermano que le aguardaban fuera. Se detuvo a penas unos pasos delante de ella y se giró para contemplarla un instante.

¿Eres uno de ellos? — preguntó curioso abriendo sus pequeños ojos azules con anhelo, expectantes.

¿Un qué? — lanzó ella sorprendida por la pregunta.

Un ángel — respondió él con la misma expectación.

No — dijo al sentir arder sus mejillas.

¡Brillas cómo uno! — concluyó el pequeño rubio con la sonrisa mas radiante que ella jamás había visto.

¡TK, vamos, se hace tarde! — le apuró su madre. Sin interrumpir el contacto visual, el pequeño giró su cuerpo aún sonriente. Ella pudo contemplar en su mirada azul celeste algo que entonces no supo descifrar. Al fin él se giró por completo para retomar su carrera a la salida, ella le siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista. No recordaba haberlo visto antes o después.

— TK... — susurró entre sueños.

Sintió su cuerpo flotar, se trasladaba a otra parte. A lo lejos escuchó una voz, apagada por la distancia pero que cada vez se percibía con mayor claridad. Reconoció el cuarto de hospital donde se perdió.

¿TK? — decía una mujer.

— TK — repitió ella.

¡TK! — volvió a decir la mujer con urgencia en la voz. — ¡No, TK!

Los indicadores en los aparatos estaban en ceros.

¡A un lado! — ordenó el médico, entrando de golpe.

La mujer sostenía el cuerpo inerte del joven rubio agitándolo con desesperación. Los separaron por fin.

¡No, mi hijo! — gritaba mientras el llanto se abría paso. — ¡No!

Despejen — indicó el médico antes de iniciar con la reanimación. — ¡Sáquenla de aquí! — ordenó a las enfermeras.

¡No, por favor, Takeru! — Hikari se congeló al escuchar su nombre — ¡Mi hijo, no... otra vez, no!

Lloraba desconsolada. En seguida vió entrar a toda prisa a un hombre alto y ajado, tanto como recordaba el rostro de la mujer y un poco más. La envolvió en su abrazo en un intento por tranquilizarla, alejándola de ahí.

Estará bien, calma Natsuko... — le decía

Despertó, estaba despierto — balbuceó ella — ... y ya no... — se aferró a su camisa, enterrando el rostro surcado de lágrimas — ¡No puedo perderlo, no a él Hiroaki, no a Takeru! Ya no lo soportaría... — permitió que el llanto ahogara sus palabras.

No será así, él... sigue aquí, no se irá... — la consoló él, sin creerse sus propias palabras.

La imagen se fue desvaneciendo dejándola a solas, rodeada solo de luz. Sin entender porque, la inquietud que le causó aquello último se disipó, se llenó de paz. Sintió un ligero aliento al costado de su cuello, cerca de su oído, seguido de una voz susurrante.

Lo encontrarás antes del atardecer, cerca de la plaza central. No llegues tarde, casi es hora de partir.


Abrió los ojos y permaneció tumbada en la cama. Nadie. Se quedó en la misma posición por largo rato analizando lo que su sueño podría significar. Estaba llena de dudas. Aunque era de madrugada ni siquiera intentó volver a dormir, sabía que no lo conseguiría.

"¡Mi hijo... otra vez,no

La frase hizo eco en su cabeza. Estaba segura que la voz de la mujer en el hospital era idéntica a la de la mujer del templo.

TK, aquella mujer. Su madre, ¿sus padres? ¿Qué tiempo llevarían velando por su salud? No parecía poco. Takeru. ¿Estaría bien? A penas unos días atrás se separó de ella, pero era idéntico. ¿Cómo podría entonces haber pasado todo ese tiempo con ella? Era posible que fuera...

Se levantó. No quería suponer más, necesitaba respuestas.


Jamás había hecho caso a las voces de inframundo que atormentaban su cabeza, pero esta vez era diferente, ahora el miedo la había abandonado. Decidió que no tenía alternativa, si quería aclarar todo de una vez por todas debía mantenerse alerta y obediente a las señales, jamás se había mostrado más receptiva.

Hikari corrió ansiosa, oscilando entre la angustia y el gozo. Por fin después de varios días de ausencia lo vería o eso le había informado su mensajero. No sabía que pensar, ni que encontraría, tampoco había querido ir sola, pero Taichi ya tenía planes con su madre para acompañarla a conseguir algunas chucherías para la casa, con la víspera y todo el animo reinando no podía negarse, prometió sin embargo alcanzarla en cuanto acabasen. Ella no dudó un momento en recurrir a él después de aquel sueño. Quiso preguntar pero no pudo al respecto de la familia de su amigo, algo le decía que la respuesta no era del todo lo que esperaba. Decidió que sería mejor esperar hasta la tarde, mejor que intentar sacar conclusiones.

Al fin llegó, algo agitada, echó un vistazo y ahí estaba, entero, sano y a salvo. Le dedico una sonrisa a la distancia. Sí, era él, su Takeru. Se lanzó hacia él, quien la recibió de lleno en sus brazos, podía sentirlo: su calor, su aliento, su palpitar. Reprimió las lágrimas que amenazaban con escapar, no quería echar a perder su reencuentro con tonterías. Por fin lo estrechaba, como había podido dudar si todo era tan real.

A Takeru le tomó por sorpresa aquella bienvenida, no obstante, la estrecho contra él tanto como ella lo hacía, vaya que extrañaba su esencia, su contacto, su calidez...

Ninguno sabía exactamente que esperar pero una vez hubo él instado a la chica a tomar asiento, estuvo claro que nada lo movería de ahí.

— ¡Hola hermosa! — logró articular finalmente Takeru, acariciando su mejilla.

— ¡Hola! — respondió ella envuelta en rubores. — ¿Qué tal tu viaje? — le preguntó sonriendo, intentando no pensar en sus dilemas sin resolver.

El chico lo pensó un momento e inhaló profundamente.

— Digamos que estuve cerca — dijo él con calma — pero, ea, he aprendido muchísimo de cosas y temas a los que jamás espere siquiera acercarme — Ella lo miró incrédula, él le sonrió — basta de mí, ¿cómo supiste que estaría aquí?

Hikari se removió en su lugar, a pesar de la dicha que le causó verle, la inquietud de la que era presa no la abandonó del todo.

— Digamos que me lo dijo un pajarito — se apresuró a responder con un dejo de picardía — o tal vez mi necesidad por sentirte a mi lado pudo más que mi simple deseo. — Concluyó seria, mirándole directo a los ojos sin perder el rubor, ¿podría acaso parecerle más linda?

Takeru no supo en que momento sintió el calor apoderarse de su rostro, si es que aquello era posible. Todo ese tiempo lo había dedicado a ayudarle a desarrollar su poder oculto, tan inmerso se encontraba en buscar respuestas que pudieran desvelar el misterio que ella significaba, que había olvidado el mar de sensaciones que era capaz de provocar en él. Esa era la verdadera razón de su ausencia, independientemente de su misión.

— Hikari... — soltó mientras era absorbido por su mirada, cada vez más penetrante, anhelante.

Por esos ojos daría lo que le quedaba, esa anima a punto de extinguirse de ese plano la entregaría sin dudarlo un instante con tal de poder contemplar eternamente los hermosos ojos de la chica frente a él. Su Hikari, la luz que le trajo de vuelta a algo que parecía vida nueva. Pero si eso era lo que había salido a buscar, una nueva oportunidad, de vivir, de permanecer a su lado... ¡Diablos, pero tenía tan poco tiempo!

Contemplo su boca un segundo. Sin ser conciente de ello su cuerpo sitió la necesidad de estrechar la distancia entre esa y la suya, ni siquiera notó como ella enterraba los dedos en su ropa. La sintió temblar entreabriendo los labios, algo en ella parecía resplandecer. A punto de rozar su piel, percibió una vibración... y el tono de la llamada entrante le sacó de su ensoñación.

— ¡Demonios, Taichi! — maldijo ella en voz baja, pero antes de poder responder lo divisó corriendo justo detrás de su acompañante.

— ¡Perdona, Kari! — dijo al llegar a ellos, recuperando el aliento — Pero mamá enloqueció y aquello duró más de lo planeado — sonrío al recordar el suceso — ¡ya lo verás al llegar a casa!

Hikari le dedico una sonrisa dulce, sin embargo la incomodidad se apoderó de la atmósfera debido a lo que segundos antes estuvo a punto de pasar. Porque Takeru iba a besarla, ¿no? Ahora tendría dudas respecto a eso también. Y esa pequeña reflexión le hizo recordar su principal propósito. La inquietud volvió.

Taichi contempló al joven que frente a él se encontraba de espaldas y extrañamente le pareció familiar. Su hermana se levantó de un salto con intensión de disipar la tensión.

— Pues ya que has llegado oni chan, — decía una resignada Hikari — te presento a...

— ¿TK? — cuestionó Taichi sin prestar atención a su hermana.

El susodicho, cerró los ojos y tragó antes de levantarse para girarse hacia Taichi.

— Hola, Tai-kun, ha pasado tiempo, ¿eh? — se encogió de hombros con una sonrisa tímida, esperando su reacción y buscando a toda prisa las respuestas a las preguntas que, intuía, la cabeza de Tai formulada a toda velocidad.

Taichi abrió mucho los ojos antes de balbucear.

— Pe-pero tú estás... ¿en verdad, eres tú? — decía al tiempo que se acercaba para tocarlo — ¿es acaso una especie de broma?

— Se podría decir que estoy en tiempos extra... — ironizó Takeru. Ya no quedaba tiempo y sabía que ese momento llegaría tarde o temprano. Era hora de que la verdad fuera dicha.

Se volvió hacia Hikari, pudo notar su rostro ensombrecido a medida que un aura igualmente sombría se apoderaba de ella, se encontraba totalmente ausente.


Su cerebro se apagó, desde que su hermano había reconocido al rubio como TK, el mundo que le abría la puerta a la felicidad se esfumó de la manera en que se había formado.

Si el muchacho del hospital también era ese Takeru, el mismo TK que mencionó antes su hermano, ¿quién o qué era lo que tenía enfrente? Significaba entonces que todo lo que vivieron hasta entonces era una mentira. Su entrega, su devoción y su confianza las había depositado en ¿la nada? Cuantas veces imaginó que todo podría ser parte de un sueño, tan maravilloso como para volverse realidad...

La verdad no distaba de serlo.

¿Cómo pudo no darse cuenta? ¿Tan necesitada de amor había estado? ¿Cómo fue que tomó parte en esa farsa? Porque eso no podía ser verdadero, lo que creyera que él sintiera por ella era una locura ¡su propia locura! Porque él ya no existía, no en este plano, solo era... no, no podía ser posible, en qué momento permitió que esas malditas apariciones jugaran con ella de esa forma.

En su búsqueda desesperada por alguna respuesta alzó la vista cristalina a la espera de que un milagro sucediera, pronto encontró ese par de ojos azul profundo que parecían penetrarla. De inmediato trajo a su mente la mirada anhelante que la madre de TK le dedicó el día en que ella ocupó su lugar, supo que no podría ser la misma aunque el parecido era asombroso, esta no iba cargada de dulzura si no más bien de una clara determinación.

Él se acercó a ella con paso firme. Finalmente la energía que había estado rondándola, su mensajero, se hizo presente.

— Yamato... — le reconoció Hikari.

Algo dentro de ella terminó por quebrarse y por fin dejó fluir las lágrimas que había estado reprimiendo. Ahora lo sabía, no cabía duda, su presencia no podía significar otra cosa.

— Creo que tú mejor que nadie sabe que hemos llegado al final. — Dijo él, monótonamente — Nuestra estancia se ha prolongado más de la cuenta, pero al parecer los pendientes ya han sido resueltos.

Hikari levantó el rostro, humedecido por las lágrimas, para encararlo. Sus ojos le penetraron con rabia, de haber podido lo habrían partido por la mitad, como años antes había deseado con cada "aparición" que se le ponía en frente.

— ¿Hasta cuándo? — Le espetó con la voz apagada — ¿Hasta cuándo, tú y los de tu clase dejarán de jugar conmigo? — repitió elevando el tono con cada palabra — No les ha bastado con atormentarme todos estos años, con verme cargar esta maldición, aprovecharse de ello, haber logrado que destrozara todo a mí alrededor, a mí misma, ¡ahora también han decidido divertirse con lo poca cosa que soy! — decía a gritos, sin quitarle los ojos de encima — Si todo lo que he sido capaz de sentir por UNO de ustedes les resulta tan entretenido y mis patéticos sentimientos pueden ser pisoteados por un montón de asquerosos seres carentes de vida ¿POR QUÉ DEMONIOS SIGO CONSERVANDO LA MÍA?

Gritaba con toda la energía que tenía contenida, con las lágrimas agolpándose en sus ojos cada vez más, lanzó hacia él la frustración que todo aquello le causaba y destapó tantos sentimientos que habían estado estancados, ocultos en lo más profundo de su ser. Hizo una pausa mientras sentía su cuerpo drenarse y su respiración volvía poco a poco a la normalidad. Aún sollozaba.

— Si no eres lo que pareces y acaso solo resultas ser una representación más de la Muerte — continuó en un tono mucho más afable, casi de súplica — te pido, te suplico que acabes de una vez por todas con lo que queda de mí.

Yamato permaneció impasible ante los reproches de la chica, sin embargo sus ojos se ensancharon al comprender sus últimas palabras, al punto de sacarlo de equilibrio. Inspiro hondo para volver a su actitud serena de antes y le contestó.

— Soy el que ves y lo que estoy pronto a dejar de ser. Lamento no poder ayudarte en lo que me pides — y antes de que ella pudiera reprocharle nuevamente continúo — Pero sería aún más lamentable perder un ser de luz tan magnífico como tú, además, no me perdonaría jamás el causarle de nuevo un dolor como ese a Taichi — La sorpresa en sus ojos no se hizo esperar, incluso pudo percibir un brillo en los de él. — Supongo que esta catarsis es consecuencia del proceso que Takeru inició contigo — le dijo con una media sonrisa.

Apretó los ojos aún rebosantes de lágrimas, oírle nombrarlo pareció la causa del espontaneo dolor que se situó en su pecho. Soltó un suspiro mientras sus rodillas cedían ante el peso de su cuerpo. Por un instante olvidó qué significaba la figura que tenía enfrente, no para ella, si no para su hermano; el dolor que le causó su pérdida, la entereza que mostró para sobreponerse a ello. Ella no había sido más que una egoísta, pero luego de enterarse de la verdad no pudo más que desquitarse con el primero que se le cruzara en frente. Permaneció así, derrotada, triste, aliviada luego de expulsar esa ráfaga de sensaciones que le hicieron pronunciar aquel discurso de odio y frustración. No recordaba una palabra. "Vaya la fortuna de Yamato", pensó negando con la cabeza con una irónica sonrisa.

— Hikari, — dijo él acercándose por fin y colocándose al mismo nivel — él aún vive, si tuviéramos algo más de tiempo para buscarle, quizás todo sería más sencillo y menos doloroso para ti… pero ya no lo hay. — Hikari levantó el rostro mientras rodaba los ojos — Creo saber la forma de hacerlo volver una vez que tengamos que partir, pero no puedo garantizar que luego de ello recuerde lo sucedido mientras estuvo ausente. — Encontró los ojos de ella, que le miraron con fastidio — Es posible que al despertar todo lo asocie a un sueño.

— Como si eso importara, — respondió ella intentando ignorar lo que claramente había escuchado — la farsa ya fue descubierta, Yamato, no tienes nada que explicar. — dijo incorporándose. — Ahora por favor lárguense y terminen con esto de una vez.

Yamato agachó la cabeza al tiempo que se incorporaba también, suspiro tomándose el tiempo para ello, aunque casi no tuviera. Al levantar la vista, se encontró con la Hikari que, si bien no se hubo nunca dado el tiempo para conocer durante su vida, se mostró ante él cuando Tai tuvo oportunidad de presentarlos. La reconoció de inmediato con su actitud hosca y retraída, sombría. No pudo más que esbozar una ligera sonrisa de compasión y aproximarse a ella para tocarle el hombro con la intensión de que le prestara toda su atención. Aquello funcionó, pues Hikari enarcó una ceja y le miro incrédula pero expectante, como intuyendo lo que vendría a continuación.

— Nosotros, — comenzó él — yo y los de "mi clase" — enfatizó con un ademán en los dedos — somos la esencia que, durante la vida, imprime a los seres humanos y en su caso, al resto de los seres vivos su autonomía, la capacidad de pensar y moverse con completa libertad. Esta esencia guarda el conjunto de características que destacan a una personalidad particular, lo que la hace única, como a cada ser humano. — la miró un momento y se alejó un poco cruzando por su costado, solo para comprobar que seguía interesada. La chica le siguió con la mirada girando sobre su eje. Él sonrió al notarlo — Siendo así y conociendo a mi hermano como sé que aún lo hago, tú te has cruzado con la esencia más fiel, auténtica y transparente con la cual yo tuve la fortuna de convivir. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que todo lo que has recibido por parte de él ha sido con la única intensión de procurarte lo mejor, por lo menos lo mejor que ha estado a su disposición. Jamás se atrevería a lastimar a nadie, en especial a alguien como TÚ. Lo sé — y al acercarse a ella apoyó su mano a la altura de la boca de su estómago, lo que ocasionó un "revoloteo" en su interior — y sé que tú también lo sabes.

Ella se ruborizó hasta la raíz del cabello, no entendía por qué, si era claro que lo único que ellos buscaban era burlarse de ella.

— ¿Por qué insistes en esto? — Intentó sonar confiada, molesta, pero no pudo ocultar su necesidad por creer en lo que había dicho. Sacudió la cabeza. — ¡Basta ya de burlas!

— ¿Recuerdas al pequeño en tu sueño, a la salida del templo? — de nuevo atrajó su atención Yamato, divertido — Resulta que él es tan especial como tú, lo que ha pasado entre ustedes no es producto de la casualidad. — le dijo mirándole con complicidad.

Su respuesta la dejó atónita, pero antes que pudiera preguntar nada más la figura que tenía ante ella pareció desvanecerse.

— Ya es hora... Si comprendes lo que esto significa entenderás que no hay nada más que hacer. Te pido que por favor no interfieras. — Ella asintió de manera casi imperceptible, ensimismada, cerró los ojos intentando apaciguar la sensación de ansiedad que se formaba en su interior, con la incertidumbre latente por lo que pasaría luego — Hikari... — le interrumpió Yamato por última vez — Gracias.

Acto seguido todo a su alrededor se desvaneció.


¡Muchas gracias por los RV's! Especialmente a HikariCaelum por su bella reseña, ¡me alegra mucho que lo disfrutaras!... espero que estas modificaciones no arruinen esa primera impresión. Disculpa por eso, pero era una necesidad personal entregar algo verdaderamente excepcional, ¡de verdad admiro tu escritura!

A ti Jacque, hermosa, por siempre estar pendiente, no solo de mí sino de todos, ¡amo tus RV's!

Y pues ya les debía está actualización, la aplacé muchísimo.

¡Gracias a ustedes, que leen esto! Ya no falta casi nada, lo prometo.

¡Abrazos hasta donde se encuentren!