Disclaimer: El mundo de Naruto y todo su blah no me pertenecen.

- o - o - o -

La Forma Que Toma El Amor.

Capítulo 4. – Atracción

- 2 años atrás. -

Demonios, ¿Como había comenzado esto?

Las bromas y el coqueteo habían estado ahí siempre, la ironía había sido una excusa. Y flirtear no estaba mal. Pero esto era demasiado…

Ella solía pensar que había alcanzado un punto de madurez. De hecho, la última vez que se dijeron adiós se había mostrado amistosa, reservada, madura, y tranquila, como cualquier vecina o compañera de trabajo. ¿Por qué? Por que se había dado cuenta de que pensaba en él demasiado. Lo miraba demasiado. Y había decidido acabar con aquel coqueteo, por que, sin duda alguna, era una estupidez sentirse…atraída (Oh, cuanto le había costado siquiera pensar la palabra..) por Nara Shikamaru. Por que él era un niño (no sólo respecto a su edad, si no a esa manera estúpidamente pasiva de ver la vida) y ella ya no lo era. Por que era un idiota, un pesado, aunque fuera también irresistiblemente sexy.

…Vale, eso último no debería haberlo pensado nunca.

Ni siquiera en esa ocasión ya lejana, cuando él se había aparecido de improviso a una hora absurdamente temprana (temprano para él, claro), para seguir "cumpliendo con sus funciones" de guía de la embajadora,.A pesar de que el corazón le dio un inmenso salto cuando lo vio ahí, apoyado en una pared, esperándola. Había logrado mantener su actitud sólo gracias a todo su dominio.

Y menos aún debería haber pensado en él como "sexy", cuando volvió a Konoha con sus hermanos después de un largo tiempo, y el se encontraba "por casualidad" conversando con los guardias. Y después, cuando de nuevo por casualidad, se lo encontró al salir de la oficina de la Hokage, y sin saber como, terminaron en un pequeño local, tomando unos tragos.
Y por supuesto, ante todo, no debería estarlo pensando ahora, al verlo dormido pacíficamente, con un mechón de pelo sobre los ojos. Desnudo, al lado de ella.
Ay, mierda.

- o - o - o -

Shikamaru tardó un par de minutos antes de abrir los ojos al despertar. La cabeza lo estaba matando. Y lo peor era que se sentía….condenadamente bien. No pudo reprimir una plácida sonrisa, que se convirtió en una cara de perplejidad al abrir los ojos, y encontrar el otro lado de la cama vacío. ¿Lo había soñado? No, no creía que hubiera sido un sueño. Se sonrojó. Había tenido esa clase de sueños en los que la protagonista era cierta rubia de ojos verdes que portaba un abanico (y la verdad sea dicha, en muchos de esos sueños, SÓLO llevaba eso, el abanico) pero ninguno como este.

Sintiéndose como un idiota, salió lentamente de entre las sábanas, y caminó hasta la puerta del baño. No, no estaba ahí. Silenciosamente, se deslizó hasta la otra habitación (una mezcla de cocina, comedor, y sala de estar), que también resultó estar vacía. La chica simplemente había..
- ... huido.- se dijo a si mismo, completamente pasmado.

- o - o - o -

Después de recoger su ropa (era increíble a donde habían ido a parar algunas prendas) en el más completo silencio, había abierto la ventana y salido por el tejado. Estuvo a punto de echarse a reír histéricamente al pensar lo que diría el anterior Kazekage si supiera en que estaba usando las habilidades aprendidas con toda una infancia de entrenamientos. Pero logró reprimirse, y llegar a casa sin que nadie más que uno o dos gatos, la vieran.

El agua de la ducha parecía no poder relajarla hoy. Estaba en tensión, alerta, con todos los músculos preparados para saltar…no como anoche. Una oleada de calor la recorrió al recordar. Dios, anoche…

Cerró los ojos, dejando que el agua directamente hacia su cara, y se permitió recordar.

Sí, había empezado cualquier otra de sus conversaciones. Ironías, genialidades, todo un duelo de mentes que los divertía a ambos. Pero el alcohol se les había subido a la cabeza. Primero habían comenzado con doble sentidos, después con desafíos. "Quizás en el campo de batalla estemos igualados, mujer, pero ya sabes, hay otra clase de cosas en la que soy bueno." "No podrías conmigo, Nara. Te haría pedazos en una noche."

Después de una de esas frases que ahora la hacían ponerse furiosamente roja, el resto de sentido común que le quedaba había dado un grito de alarma, y le había ordenado que se levantara ("ahora mismo!") y se fuera a la casa que ocupaba con sus hermanos. Y le había hecho caso, lo mejor y más rápido que había podido, que la verdad, no era mucho, dado su estado de ebriedad. Shikamaru se había levantado también. El alcohol no parecía afectarle como a ella, por que mantenía su equilibrio. Y la verdad, tenía su acostumbrada expresión de hastío cuando le dijo "Vamos, te llevaré a casa, o Tsunade-sama me matará por dejar que tan ilustre visita se rompa la cabeza". Por ello, ella no se había imaginado…

- o - o - o - o -

Volvió a recostarse en la cama, hundiendo la cabeza en la almohada. En la habitación había una increíble mezcla de olores de muchos tipos, pero uno en especial había dejado su marca en esa exacta parte de la almohada. El de ella. Suave, pero dominante, e increíblemente, dulce. A pesar de que se sentía como un niñito tonto (o peor, como pre-adolescente enamorada), tenía que admitir que ese aroma le hacía sentir algo en el pecho.

Aún no podía creer que se hubiera atrevido a besarla. En algunas ocasiones había sentido un impulso…pero nunca había llegado a concretarse. Y la verdad, esta vez tampoco. No alcanzó siquiera a pensar. Por que cuando Temari se había apoyado de espaldas a una pared para recuperar el equilibrio, riendo, con las mejillas rojas y los ojos verdes chispeando, el simplemente se había acercado, acorralándola aún más contra la pared, y la había besado. Y ella le había correspondido el beso enseguida. Con pasión, con fuerza. Había pasado los brazos por encima de sus hombros, y había enlazado sus manos por detrás de su cuello, al principio de manera un poco vacilante, pero después apretándose contra él.

Ese primer beso había sido una batalla, tal como era su relación siempre. Gracias a dios, las calles estaban desiertas a esa hora. De modo contrario, alguien podría haber notado que el estratega de Konoha estaba "tratando de devorar" a la embajadora de Suna. Y viceversa.

Y luego….
Hundió la cabeza en la almohada, tratando de sofocar los recuerdos de la noche anterior. Sus manos en las piernas de la rubia, apartando fácilmente la yukata que ella traía puesta, la impaciencia, el calor...La ahogada frase: "…Tu casa", y el asentimiento, casi en un suspiro "..mi casa". Como habían llegado al lugar en cuestión, no recordaba. Un minuto estaban en el callejón, y otro minuto después en la puerta de la casa, sin encender las luces, sacándose la ropa a empujones.

- o - o - o -

No más recuerdos, no más recuerdos…se abanicó fuertemente con los papeles que sostenía, pero tenía la impresión de que aunque utilizara su abanico gigante para darse aire, no lograría quitarse el calor. Ni su cara roja, la que era al parecer muy evidente, por que casi se había desmayado cuando Kankuro había preguntado si se sentía bien.

En el despacho de la Hokage, con sus hermanos, apartó a su cabeza del asunto. Hasta que el asunto en sí entró por la puerta, y la hizo querer salir gritando como una loca de la habitación.

- Shikamaru, me alegro que nos honres con tu presencia.- rió Tsunade, al parecer de muy buen humor-

El chico sólo asintió levemente. Y luego se atrevió a ladear la cabeza para mirarla directamente. Y, mientras Tsunade-sama explicaba algo sobre un papeleo que, para peor, deberían organizar juntos, no le sacó los ojos de encima ni-un-segundo! Como se atrevía..!

Por fin, la Hokage los despidió quedándose a Kankuro y a Gaara. Mierda. Al salir al pasillo, intentó moverse lo más rápido posible, pero apenas se cerró la puerta, escuchó su voz.

- Así que …huiste.

Se dio la vuelta, indignada.

- No es cierto! Sólo… me fui en silencio. – susurró furiosamente, conciente de que sonaba como una niña pequeña.

- ¿Sin despedirte? – Maldición, ¿por que estaba sonriendo de esa manera, con esa sonrisa torcida que tanto le gustaba? ¿Que se creía este niño para hablarle así? Volvió a darse la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo. Un error, eso había sido. Y uno que no pensaba cometer otra vez.

- o - o - o - o - o -

- Tiempo presente -

- Quieres que me vaya – Pronunció la rubia, estupefacta.

Gaara se llevó una mano a la cabeza, masajeándose la frente.

- No es así, Temari. Por favor no te las des de reina del drama. No has sido ofrecida involuntariamente en matrimonio para alejarte de tu amado ni nada como eso.

A la chica, a pesar de la tensión del momento, se le escapó una carcajada, a la vez que miraba a su hermano con expresión interrogativa. Este, sonrojado, sólo murmuró algo que sonaba como "Matsuri" y "Telenovelas".

- Bueeno. No me has comprometido en matrimonio, pero me estás hablando de un "príncipe" de un pequeño poblado al que le gustaría que yo fuera su esposa. ¿Cierto?

- Cierto.

- Y, ¿Se puede saber por que a este ilustre príncipe le intereso yo como posible princesa?

- El te conoce – Temari frunció el ceño- Creo que te vio una vez, en algún viaje con el Kazekage. Por lo que el dijo, debías tener unos once o diez años. Dijo que le pareciste "interesante", y por lo que yo he dicho sobre ti, debes haberte convertido en una mujer excepcional.-

La rubia se dejó caer en una silla, aún con el ceño fruncido, e intentando dilucidar como alguien podría encontrar a su versión de 10 años interesante. "Desde luego, era aún más masculina de lo que soy ahora, mucho más odiosa, y sin duda demasiado violenta".

Pero de improviso, recordó algo mucho más importante.

- Gaara, por Kami! Aún pasando por alto el hecho de que no quiero casarme, y de que ni siquiera conozco al tipo, crees que alguien me tomaría como esposa.. ¿En este estado? – Se tomó la panza, que, aunque aún no se notaba, demostraba a lo que se refería.

Gaara miró a sus zapatos.

- Ya lo sabe.

-…..Co…¿Como dices?

- Digo que ya lo sabe….y lo acepta.

Temari, roja de indignación, miró a su hermano con los ojos entornados.

-¿Y como se supone que lo supo este perfecto desconocido?

Ahora ambos hermanos estaban rojos de vergüenza. El Kazekage miraba al suelo con obstinación, hasta que un "¡GAARA!" y una patada en el suelo por parte de Temari, lo obligaron a contestar.

- Yo estaba en su aldea, por asuntos diplomáticos. Me invitó unos tragos. No pude rechazar.

-….Ay, dios…Tu…bebiste!.Y le contaste toda tu vida..y la mía.

- No todo…simplemente hice algunos comentarios.

La enojada Kunoichi se esforzó en devolver a su cara una expresión serena (lo que quería decir que debía borrar unos ojos como platos y una boca abierta), y a hablar racionalmente.

- Bueno….¿Y por que este príncipe querría casarse con alguien con mi apariencia, mi carácter y más encima embarazada? ¿Es un viejo? ¿Está muriendo? ¿Es tan horrible que nadie más quiso casarse con él? ¿Es un pecador que quiere expiar sus culpas?

Gaara, con el rostro aún un poco colorado, enarcó las cejas.

- Hermana, creo que tienes problemas de autoestima. No eres fea. Muchos apreciarían tu carácter como un signo de fortaleza. Y el bebé, bueno…para el príncipe no parece ser un impedimento.

- Que hombre en su sano juicio…-comenzó a decir la chica, pero su hermano la interrumpió

- El parece ser…bueno. Una persona con buenas intenciones. Creo que vio la oportunidad de conectar con una aldea de Shinobis, con un matrimonio que no le fuera desagradable. Como ya te dije antes, en su pequeña aldea no hay shinobis. Existía cierta clase de guerreros, pero ya están casi en extinción. El parece tener la idea de resucitar aquellas viejas tradiciones, quizás potenciándolas con doctrinas como las nuestras. Ahí entrarías tú. Le he contado acerca de tus habilidades en el campo de batalla, tanto mentales como físicas. Eres una gran estratega.
"Un gran estratega"….Temari se esforzó al máximo en no pensar en la persona a la que le recordaba esa frase.

- Bueno hermanito, ahora dime. ¿Por que creíste que yo podría querer casarme, sea con este príncipe o con cualquier otro hombre?

Esta vez, Gaara la miró fijamente y con franqueza.

- ¿Has pensado en tu futura situación?

- ¿Situación? – La rubia frunció el ceño.
Su hermano suspiró.

- Temari, vas a ser una madre soltera. No es algo muy común en esta aldea. Aunque Kankuro y o te daríamos todo nuestro apoyo, la gente tiende a alienar a las personas diferentes – sonrisa irónica de parte del pelirrojo- Además, creo que un niño siempre necesita un padre. Uno bueno, no como…- carraspeo incómodo de parte de Gaara y ojos en blanco de parte de Temari- tú sabes, el nuestro.

- El mío no lo necesitará. Yo puedo hacer…
- Se que te crees invencible y eres muy orgullosa, hermana – una ligera sonrisa cruzó por los labios de Gaara- y también se que gracias a ese orgullo has podido sobrevivir. Pero te estoy diciendo la verdad. Si hay una buena oportunidad, deberías aprovecharla. Lejos de la aldea, y además siendo la esposa de un príncipe, nadie te cuestionará.

Al terminar Gaara la frase, Temari se levantó bruscamente.

- No quiero oír más. – Dijo, con los ojos entrecerrados. – Has dicho todo lo que tenías que decir, Kazekage, ahora me retiro. - Y salió del despacho enojadísima, sin fijarse a quien atropellaba en su camino.

Lo peor de todo, no era la propuesta de Gaara, ni lo que pensaba él sobre su futuro. Lo peor era que ella comenzaba a dudar de si misma…y a creer que el podría tener razón.

- o - o - o - o - o - o - o -

Hi people! Si, me he demorado miles (casi un año) en actualizar. Mil perdones para la gente que seguía el fic! Espero no tardar tanto para el próximo capítulo.
Favoriteos, alertas, y reviews son amados y bien recibidos. Abrazos! :D