¿Sabes? Aun hay muchas cosas que no conoces de mi Yaku-san, y de seguro existen un sinfín de cosas que yo no sé de ti y me gustaría que algún día puedas llegara darme una oportunidad para conocernos mejor

Aquellas palabras resonaban fuerte y claras en la mente de libero, lo que alguna vez consideró como mera palabrería sin una verdadero sentido ahora las veía de una manera totalmente distinta.

Una diminuta sonrisa se escurrió de entre sus labios al contemplar esa fotografía polaroid que Lev había tomado hace algunos días, lo sabía porque aun mantenía su antigua corte de cabello, lo que no entendía y le incomodaba un poco era el motivo de porqué él la tomó.

—Espero que no le moleste, no puede evitar tomarla la otra vez, iba con mi hermana y lo vimos en el parque, se veía tan bien que no pude evitar sacar la fotografía a pesar de no tener su consentimiento, es que no quería interrumpir, lucia muy concentrado en su partida de Shogi—el menor murmuró avergonzado al ver el ligero disgusto de su senpai ante la polaroid que tenía entre sus manos.

—Es muy bonita Lev, no tenía la idea de que te gustará la fotógrafa, o que tuvieras tanto talento.—

—No es para tanto, solo es un pasatiempo, mi hermana me regaló una cámara hace algunos años y la mayoría de fotos suelen ser de gatos u otras cosas lindas. —

—Lo que no entiendo es el porqué de tomar una de mía. —

—Ya se lo dije Yaku-san, me gusta retratar las cosas bonitas, y usted es muy lindo— dice sin aparente rastro de vergüenza, ante ese comentario obtuvo un puñetazo en el hombro por parte del sonrojado Morisuke.

—No digas esas clases de cosas bochornosas así tan a la ligera tonto. —

—Pero es verdad Yaku-san, usted es muy lindo, y súper pequeño, lo que lo hace aun más adorable.

Otro puñetazo aun más fuerte fue lo que obtuvo como respuesta, esta vez justo en el estómago y con la típica rudeza del líbero, si había un tema sensible para él ese era su altura, y odiaba que gente tan alta como Lev se lo recordaba en cada oportunidad que se le presentaba.

Yaku sólo negó ante las múltiples disculpas y quejas del menor, mirando nuevamente la fotografía donde aparecía de perfil, con un cielo azul de fondo y una mueca de concentración en su rostro, y a pesar de la evidente distancia entre el camarógrafo y él aun se podía apreciar con claridad sus expresiones.

—¿A estas clases de cosas te refería cuando me dijiste que aun no te conocía? — preguntó con voz baja.

Estaban solo ellos dos, sentados en un banco apartado de la multitud de los transeúntes que iban de un lado para otro, separados por una bolsa con chucherías que Lev insistió en comprar.

Yaku no quería estar ahí, hubiera preferido poder irse a su casa, tomar el mismo camino de todos los días y evitar de esa manera pasar las tardes con el alto chico de primero que tantos dolores de cabezas le causaba.

Eso solía hacer a diario y le gustaba demasiado su rutina como para verse en la necesidad de romperla por los perversos capiruchos de Kuroo, quien insistía más que nunca en que ayudara en los recibimientos, cosa complicada pues a pesar de ser extremadamente malo en la mente de Lev solo se disfrutaba la dulzura de anotar un punto, despreciando ese tan importante momento donde lo salvaba.

Y aunque le resultaba difícil admitirlo para sí mismo, en todas las ocasiones que el medio ruso suplicaba que aceptara a comer algo como muestra de agradecimiento no podía evitar ceder, podría ser molesto, pero cuando no había un balón de por medio para salvar, ni comentarios de su altura, estar juntos resultaba agradable.

Lev era una linda persona y eso no se lo podía negar.

—No sólo por esto Yaku-san, sé que para ti soy sólo un molesto chico alto que no sabe cuando callar y por eso habla de más, pero era verdad la vez que te admití que quería conocerle mejor y que tu hicieras lo mismo conmigo— dice con una falsa tranquilidad, girando el caramelo entre sus manos por un buen tiempo sin siquiera dignarse a quitar la envoltura.

—¿Por qué querías algo así? No he sido lo que se dice un compañero muy amable contigo Lev.—

—Para nada, usted me resulta muy interesante y lindo, quizás si lograra ser tu amigo ya no me odiarías como ahora e intentar ser algo más—

—Lev yo no te odio— se apresuró a decir el mayor, sin notar la declaración final, estaba tan sorprendido al enterarse que Haba pensaba que era odiado que lo demás pasó a segundo plano en su mente. —No te odio en lo más mínimo, eres un buen amigo para mi, puede que seas una molestia gran parte del tiempo, además de un boca floja, y que por apestas tanto recibiendo me tenga que quedar hasta tarde…—

—Lo siento— susurró, siendo brutalmente ignorado por Morisuke, que a pesar de oírlo no consideraba necesaria una disculpa en esos momentos.

—…Y la verdad es que podría seguir nombrando más cosas, pero a lo que quiere llegar, es que a pesar de todo eso, me agradas y no podría odiarte no nada similar, eres demasiado bueno para eso— admite con una sonrisa tierna y sincera—además, como te dije, para mi ya eres un amigo.—

Con los labios tembloroso, aguantando el sollozo de alegría por escuchar eso, el autoproclamado as no pudo evitar abalanzarse sobre el otro, atrapando con fuerza a Yaku entre sus brazos, y sin querer ante el repentino contacto estropeando la fotografía que el libero por accidente había encontrado en el bolso deportivo de Haiba.

—Ya, ya, Lev, calma, espacio personal— con dificultad dice, intentando alejar el pesado cuerpo del más alto, quien tras comprender su error no tardó en alejarse sonrojado y con una pequeña sonrisa como disculpa—Oh mira, la fotografía se ha arruinado.—

—No pasa nada Yaku-san, le puedo regalar otra si quiere—

—¿Tienes más fotos mías a caso? — a pesar de lo raro que aquello sonaba, más que como algo molesto no pudo evitar tomarlo como un alago, cosa que le sorprendió y asustó un poco.

—Oh no, por supuesto que no Yaku-san, no soy un psicópata que va fotografiando a la gente sin su permiso— hablar sin perder esa sonrisa gigantesca era algo que sólo él podía hacer—Pero si usted me deja le podría tomar alguna, ya sabe, es muy lindo y la cámara lo ama.

—¿Qué? —exclamó sorprendido, incapaz de creer esas palabras que salían sin ningún tapujo por parte del menor, incluso podía sentir como el calor se estaba extendiendo con rapidez y fuerza por todo su rostro, no tardaría en camuflarse con su chándal de Nekoma.

—Es únicamente una tonta propuesta, la puede ignorar y ya está, en verdad no…—

—Lo haré—con firmeza dice, interrumpiendo a Lev y de paso no darse tiempo a sí mismo de dudar—Digo, lo de conocernos mejor y eso.

El hecho de no poder conseguir retratar en polaroid era algo que apenaba un poco al joven as, pero solo saber del interés de mayor por él le llenaba de una cálida felicidad y amor.

Según su hermana él era muy puro y sentimental, lo que causaba que amara a todos con facilidad, cosa que atribuía como consecuencia directa de que en tan poco tiempo ya se viera a si mismo fantaseando con el amor del libero titular de su equipo.

Su hermana también aseguraba que era alguien demasiado persistente, tanto que a veces resultaba molesto para el resto, por lo cual le resultó imposible no intentar ganar de alguna u otra forma a Morisuke.

Todo lo que estaba ocurriendo ahora era solo un paso más cerca de poder, tal vez, entrar en el corazón de Yaku.

—Si quieres podemos ir ahora a mi casa, te enseñaré mis álbumes y te prestaré la cámara, puede que tenga suerte y te dejes tomar alguna foto. —

Yaku dudo algunos segundos, antes de suspirar y tomar su bolso deportivo.

-Está bien, vamos -masculla con fastidio, sin entender muy bien el porqué de sus acciones, ni las ganas de volver a ver ese brillo en los ojos de Haiba -Pero no permitiré que me tomes más fotos.

-Lo haré igual - murmura bajito, sin la intención de ser escuchado, tan feliz que no daba crédito a lo que estaba viviendo, atribuyendo todo a algún loco sueño.

-Lo sé.