NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
¡Hola de nuevo! ¿Cómo han estado? creo que de verdad me pasé al tardarme en subir este capítulo. Y lo peor es que me faltaba solo el final y todos los días decía "mañana sin falta..." ¡Qué mañana ni que nada! jamás digan eso, jamás...
Revisión de Comentarios.
Liliana: créeme que nunca es mi intención tardarme en actualizar, lo lamento si doy esa impresión.
Mafalda Black: si te dieron lástima hice bien mi trabajo xD lo de Kya se me ocurrió y como este fic es de locuras, dije, "una locura más, una menos ¿qué mas da?"
leslimanya97: y a mi me encantan tus comentarios ^^
SammyKataangTwilight: gracias ¿sabes? es lo que más me cuestiono, si es que en este fic conservo de verdad sus personalidades. Tu comentario me calmó bastante.
Nikolas Sur: Si, pero en el próximo capítulo se revelará que Kya tendrá una participación activa en la historia. No había pensado realmente en Azula, pero considero que no son muy diferentes. Todas las villanas parecen conocerse.
Capitulo 4.
Los pequeños copos de nieve de un blanco inmaculado comenzaron a caer sobre la bella ciudad de la Tribu Agua del Sur. El pequeño palacio donde ahora vivía el Jefe Hakoda con su esposa tenía un lindo prado con fuentes cristalinas en la parte trasera que fungían como jardín, todo delimitado con una gruesa muralla.
Kya miró los copos de nieve y en una tentación infantil, se quitó uno de los finos guantes azules, regalo de su esposo, y dejó que su delicada mano tocase esa nieve. Miró los finos detalles del copito y la textura helada antes de que se derritiera. Luego, hundió la punta de sus dedos en la gélida agua de una fuente y el escalofrío le resultó agradable.
Se puso de nuevo el guante y entró al Palacio. Los guardias que protegían los accesos le saludaron con una ligera reverencia.
-No se molesten—dijo ella.
El nuevo protocolo traído de la Tribu Agua del Norte no terminaba de gustarle. Buscó a su esposo por todas las salas hasta encontrarlo en la Sala Principal, donde tenía una hermosa mesa circular de madera con el símbolo de la luna, regalo del Avatar Aang, y donde solía tratar todo asunto político, económico o social de la Tribu.
Realmente no estaba ocupado, solo terminaba de leer un documento cuando entró su esposa. Le sonrió a Kya dejando el pergamino sobre la mesa y se le acercó.
-Esposo, debo decirte algo—la voz de Kya era seria, su mirada igual y hablaba de lo más formal. Eso le inquietó.
-¿Algo malo?
-Depende la perspectiva.
Se paró de la mesa para quedar enfrente de su mujer.
-Dime ¿Qué pasa?
Ella le sonrió con nostalgia antes de retroceder un paso.
-Me debo marchar ya.
Abrió los ojos.
-¿Cómo? ¿Por qué?
-Por que no pertenezco a éste mundo.
Hakoda no comprendía nada, pero Kya lo calmó agarrándole la mano para sentarlo enfrente de ella, al lado de la mesa.
-Necesito…-comenzó a decir él.
-¿Explicaciones? Lo sé. Sé que podrás ayudarme.
-En lo que necesites.
Los ojos de Kya brillaron radiantes, como quien se consigue algo propuesto, y siguió hablando.
-Necesito ir a la Nación de Fuego.
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o-o
Tardó tres días y tres noches de vuelo llegar a la Nación de Fuego. Como de costumbre, Aang estaba jugando con la pequeña Usagui en el jardín trasero. Kumiko los observaba desde el balcón, muy molesta. Aang no le prestaba atención por culpa de esa niña y estaba planeando seriamente apartarla del camino.
Cuando vio al cuervo negro, ella lo recibió y con el ave en mano bajó al sótano sin que nadie la viera. En el sótano había una puerta oculta que conectaba a una recámara oscura, iluminada por veladoras, con algunas botellas de colores y contenidos dudosos. Sobre la mesa, un libro de cuero.
-Muéstrame pequeño—dijo al cuervo.—¿Qué noticias me traes?
El animal se paró encima de una bolita de cristal y en ésta aparecieron las imágenes de aquello que el cuervo miró en el Polo Sur. Katara y Sokka hablando con Kya, partiendo después hacia el Reino Tierra.
-¡NO!—gritó colérica, aventando la bola de cristal hacia el suelo donde rebotó sin romperse.—¡Imposible! ¡No deben existir!
Abrió el libro de cuero y buscó en él hasta detenerse en una página específica.
-"Todos los que estorben al propósito desaparecerán tras recitarse el juramento" ¡Y eso hice, maldito libro de segunda clase! ¿Por qué están entonces ellos aquí?—siguió leyendo—"Solo los protegidos por seres superiores serán incapaces de caer en conjuros medianos. Contra ellos, solo conjuros altos"
Kumiko se apartó del libro repasando esas palabras en su mente una y otra vez hasta encontrarles significado. Demoró en hacerlo.
-¿Sokka y Katara estarán protegidos por grandes espíritus?—pensó—Eso me parece demasiado extraño ¿Qué habrán hecho para merecer su protección?
Se inclinó para agarrar de nuevo la esfera de cristal y el cuervo se posó encima de ella otra vez. Las imágenes pasaron lentas y Kumiko puso toda su atención en las dos figuras. Encontró lo que buscaba después de un acercamiento muy profundo a sus fisonomías.
-Esos collares son sagrados—dijo en voz alta—¿Cómo maldita sea los consiguieron?
Kumiko miró a Kya y eso la puso a pensar más.
-Esa mujer estaba muerta, no entiendo cómo ha vuelto a la vida. Muchas cosas no las entiendo.
Se volvió al libro y releyó el texto. Buscó entonces entre páginas más cosas y se detuvo en algunos textos. De la información recabada se puso a pensar.
-Ciertamente Sokka y Katara arruinarían mi hechizo—tocó el dije negro que colgaba de su cuello—Aang la ama y ese amor no debe renacer. Si quiero que todo se mantenga como lo deseo, deberé deshacerme de ellos.
Suspiró mientras el cuervo se ponía en su hombro y ella le acariciaba dulcemente el pico.
-Un hechizo grande es peligroso de usar. Pero considerando mi poder en éste mundo, creo que podre ¿No crees, pequeño?
El cuervo emitió un sonido escalofriante mientras movía la cabeza de arriba hacia abajo, mirando con sus negros ojos los de Kumiko y volar hacia el estante más alto del cuartito, asomando la cabeza hacia un frasco pequeño de color azul.
-Exacto mi niño, exacto—elogió Kumiko al animal y subió al estante para agarrar el frasquito azul. Lo miró entre divertida y maligna.—Nadie se interpondrá en mi camino.
Kumiko volvió a consultar el libro y se quitó la piedra negra del cuello. Abrió el frasco azul y dejó caer una sola gota de su contenido, un líquido espeso, sobre la piedrita. Ésta brilló en color azulado y negro varios segundos antes de que un trueno se escuchara golpear la tierra. Kumiko miró la piedra y de nuevo se la puso, sonriente.
-¡Qué de energía!—exclamó feliz—Esto se pondrá bueno ¿Verdad mi pequeño?
El cuervo se puso encima de la mano extendida de Kumiko y ella se lo llevó hacia el balcón trasero del Palacio, en donde nadie los veía.
-Ahora ve y se mi ojo de águila.
Obedientemente, el cuervo se fue.
o-o
o-o
-¿Cómo que no vive aquí? No entiendo ¿Ninguna Suki, dice usted?—era la segunda vez que Sokka repetía los mismo.
El alcalde de la tribu en la Isla Kyoshi hizo un ademán de desesperación.
-No, ya le he dicho que en esta isla no vive ninguna guerrera llamada Suki.
-¿Ninguna?
-¡Ninguna!
-Sokka cálmate—le dijo Katara, antes de dirigirse al alcalde.—¿Alguna ama de casa, soltera que se llame así?
-Hace unos años vivió una niña llamada Suki—respondió el alcalde—Pero sus padres se fueron a Ba Sing Se y se la llevaron. Ahora que lo recuerdo, la pequeña quería ser una guerrera, pero no pudo serlo.
-¿Y no han sabido nada de ella?
-Jamás volvimos a verla, ni a sus padres.
Sokka recordaba que su esposa era huérfana, pues sus padres habían muerto en uno de los ataques de la Nación de Fuego; de ahí que ella decidiera ser una guerrera y proteger a todo su pueblo de ese dolor y desgracia cuando se pierde a un ser querido. Sokka le agradeció la información al alcalde y con Katara fueron a la costa para subirse a su bote.
Antes de subirse, Katara lo detuvo.
-No nos vayamos aún
-¿Por qué?
-¿No dijiste que querías meditar?
Sokka la entendió y los dos se fueron hacia un sendero que adentraba a las montañas de Kyoshi. Encontraron un lugar apartado de todas las personas donde pudieron sentarse y cerrar los ojos, relajándose.
Los dos talismanes brillaron intensamente mientras más se concentraban y, antes de que cayeran en la cuenta, sus almas se desprendieron de sus cuerpos cruzando al mundo de los espíritus en segundos. La sensación fue como siempre atemorizante, volar sin límites y lleno de adrenalina era algo a lo que no terminaban de acostumbrarse.
Ya cuando se vieron en el Mundo de los Espíritus, los esperaba Roku con su expresión tranquila.
-¡Roku! Pero ¿Qué…?—no la dejó terminar.
-Síganme y no hagan más preguntas.
Ellos recordaban muy bien el Mundo de los Espíritus, en los pocos viajes que habían realizado allí conocieron muchas cosas, no por eso terminaban de acostumbrarse a los misterios que aquella tierra presentaba a todos los que la pisaban. Sokka y Katara eran conscientes de ser privilegiados, pues eran los únicos aparte del Avatar que tenían el favor de los Grandes Espíritus para cruzar a su mundo, por tiempo corto, pero cruzarlo.
Roku los llevó hasta un espíritu que nunca antes habían visto. Llevaba unas túnicas color rojas, cuerpo de hombre y cabeza de halcón. Sentado en el centro de un pequeño Templo rectangular, desde esa altísima montaña se podía ver la inmensidad del Mundo Espiritual.
-Aclarará sus dudas—dijo Roku a los dos hermanos, desapareciendo.
Sokka quedó impresionado por la vista. A los pies de la montaña parecían inclinarse el resto de los demás espíritus, todos debajo, extendiéndose el mundo de los espíritus hasta lo que crecía como una barrera brillante. Cruzando esa barrera transparente, se podía apreciar muy bien la inmensidad de un mar cristalino y lo que parecían ser continentes.
-Es su mundo—dijo el espíritu, sin abrir los ojos—Y esa muralla de cristal es el muro que separa los dos Mundos.
Katara y Sokka miraron al espíritu respetuosamente y se inclinaron, quedándose sentados afuera del Templo.
-¿Son Katara y Sokka de la Tribu Agua del Sur?
-Si—respondió la chica—El Avatar Roku…
-Los trajo aquí. Lo sé. Yo lo sé todo.
-¿Acaso es un espíritu del conocimiento o algo así?—preguntó Sokka.
-Algo así. Me llamo Gio-Ra, soy el espíritu del tiempo.
-¿Tiempo?—repitieron ambos hermanos, mirándose extrañados.
-Así es.
El espíritu guardo silencio. Entonces, una de sus manos se alzó y apuntaron hacia una nube grisácea que flotaba encima de la montaña. La nube crecía en dirección al Mundo Físico y de ella salían relámpagos que, aunque no afectaban el Mundo Espiritual, seguramente lo harían con el Mundo Terrenal.
-Esa nube ¿Qué es?—inquirió Katara, entrecerrando los ojos para verla mejor.
-¿No adivinan? Miren bien.
Sokka fue el primero en jadear. Las sombras de esa nube creaban formas, eran siluetas que se movían hasta adquirir la fisonomía de ellos mismos. Ellos cuando estaban en el Templo Aire del Sur, en el pasado. Ahí estaba el Monje Gyatso, Aang de niño, la pequeña Kumiko, todos.
-Acaso…. ¿Cambiamos el pasado?
-Ustedes no—dijo el espíritu—Fue esa niñita que se ve reflejada en la nube.
"¿Kumiko?" pensaba Katara "¿Por qué habrá hecho todo esto? ¿Qué le hicimos para que nos tratara así?"
-¿Y cómo lo hizo? ¿Hay manera de revertirlo?—Sokka habló muy desesperado.
-La niña accedió a fuentes muy oscuras de energía para cumplir sus propósitos. Técnicamente, podría yo deshacer todo este enredo, pero hay una promesa que me lo impide.
-¿Cuál?
-Cuando ustedes dos estuvieron en el pasado, tuve una visita del Avatar Aang quien me pidió traerlos de vuelta, le prometí que lo haría pero, que no me haría responsable de los cambios que ocurrieran en el pasado por su llegada.
-En pocas palabras—interrumpió Katara—Si nosotros cambiábamos el pasado tu no harías nada.
-Exacto.
-Pero el pasado no lo cambiamos nosotros, lo cambió Kumiko—dijo Sokka, desesperado por la poca comprensión del espíritu.
-La niña no hubiera hecho de nada de no haber conocido a Katara—señaló el espíritu a la morena—Por eso, es en parte culpa suya y nada puedo hacer.
-¿Y que hay de tu parte del trato que hiciste con Aang?
-La cumplí, están en el presente.
-¡Pero no en el nuestro!
-Ahí ya no puedo interferir.
Los dos tuvieron que usar toda su paciencia para no estallar de ira e impotencia en ese preciso momento.
Entonces, Katara se tumbó en el suelo hasta quedar completamente arrodillada frente al espíritu Gio-Ra, escondiendo su rostro para hablar entrecortadamente por los sollozos.
-La intervención de Kumiko en el pasado ha afectado mi presente de tal forma que ahora estoy condenada a vivir alejada de mi esposo y de mi hija. No podré vivir de ésta forma y le pido, le ruego, le imploró grandioso espíritu del tiempo, Gio-Ra, me ayude al menos en orientarme para poder romper este horrible hechizo y volver todo a la normalidad.
Sokka se inclinó de la misma manera de Katara, sin decir nada. Gio-Ra, que todo lo sabía, estaba enterado de ésa reacción por parte de los humanos. Y ni el saberlo hizo que la compasión menguara. Así, que les habló con menos furia.
-Del cuello de Kumiko cae un dije color negro que alberga todo el poder maligno del hechizo. Si es roto, el hechizo será aniquilado.
En eso, los talismanes que portaban Sokka y Katara comenzaron a brillar con mucha fuerza.
-Esta energía los ampara de bastantes males, úsenla sabiamente y podrán con ella romper la oscura influencia de esa negra nube sobre el mundo.
Apuntó hacia la nube donde aparecían las siluetas, la misma que cubría lentamente tanto al Mundo Espiritual como al Mundo Físico.
-Una cosa más, antes de que se vayan. Quienes tienen ése talismán, fueron inmunes al hechizo de la niña.
Y con esas últimas palabras, Sokka y Katara abrieron los ojos, apareciendo en la Isla Kyoshi. Seguía siendo de día y ahora, más orientados, tenían una noción de lo que debían hacer.
Al menos el capítulo me quedo largo. Como verán en la conversación de Gio-Ra, Kumiko usó una especia de brujería que profundizaré en el siguiente episodio. Exactamente lo que hizo será revelado muy pronto. Me encantaría decirles más, pero arruinaría entonces toda la trama del fic.
Espero que no se hayan olvidado de mí y dejen al menos un comentario :D
chao!
