¡Buenas!
Mil disculpas por el gran atraso, no va a ser el último. Estoy cursando mucho más que antes, y además estoy media cansada la verdad. Trato de tomarlo con calma, pero bueno. Escribo cada vez que puedo. Es mi pasión personal, no la pienso dejar... solamente necesito paciencia, ya que creo que poner una fecha de actualización es muy arriesgado porque dudo que pueda cumplirla a estas alturas xD
Muchas gracias por seguir el fic, por el apoyo. Ojalá me dejen reviews, les prometo que los contestaré como siempre.
Esta historia además recuerden que es compleja... escribirla requiere cierto esfuerzo mental y, sobre todo, tiempo xD
Disfruten... ¡Besitos!
PD: Cantidad de palabras: 5134. Lo siento si lo sienten corto ;_; No quería alargarlo más.
Capítulo 4: El héroe silencioso.
Sakura despertó tras su primera noche en el hospital. A pesar de que solamente había estado internada un día, le parecía que habían pasado semanas… tantas cosas juntas habían ocurrido, tantos sentimientos encontrados. Recuerdos dolorosos y dulces a la vez, entremezclándose en su cabeza como dos liquidos distintos fusionándose, creando un hibrido que no la dejaba pensar con claridad. El shock inicial había ido calmándose poco a poco, y su cabeza ya estaba trabajando de nuevo con la inteligencia y la claridad que siempre la había acompañado. Ella era fuerte, lo era. Sakura se sentía rota, destruida, pero también recordaba todo lo que había pasado… y lo que podía pasar.
Comenzó a recordar lo que sintió cuando estaba al borde de ese ventanal, dispuesta a morir para ser libre. En esos momentos lo único que pretendía era caer y que su cabeza estallara de una vez contra el suelo, liberándola de todo su pesar y las cadenas. El sufrimiento, los recuerdos horribles que nunca se irían de su mente. Se sintió peor cuando despertó en ese hospital, dándose cuenta que para su propia mala suerte seguía con vida. ¿Cómo era físicamente posible haber sobrevivido a todo eso? Y la desesperación la sucumbió terriblemente, porque todo estaba mal. Ino no estaba más, y ella estaba rota.
Pero entonces apareció Sasuke… esos ojos negros, mirándola. ¿De dónde había salido este ser, que parecía venir en su rescate? El héroe silencioso de su vida… ¿Cómo podía ser posible esto? ¿Cómo podía ser que una persona a la que no veía desde hace años, que se había borrado cruelmente de su vida, fuera la misma que ahora lograra la volvía a su mente? Esos sentimientos afloraban, como si lo hubiesen estado esperando por largo tiempo…
Y Sakura sintió que su corazón volvió a latir. Que el aire volvía llegar a sus pulmones, y que sus ojos veían con más claridad. Una sola palabra la envolvió por completo: Esperanza.
Pero Sasuke habló, y de sus labios sólo salieron palabras crueles. No, no eran crueles… eran frías, carentes de sentimiento. ¿Éste realmente podía ser su héroe silencioso? La decepción y la oscuridad volvieron a invadirla… pero, incluso así, cuando él dejó el cuarto y ella quedó sola… Sakura sintió algo más que soledad y ruptura… sintió un poco de vida. Porque al igual que en el pasado, fuera como fuera… todo se sentía mejor si Sasuke estaba cerca. Como si algo más tuviera sentido, como si el rompecabezas pudiera armarse aunque sea un poco de nuevo, incluso si faltaban algunas piezas. Como si las cosas pudieran volver a ser lo que eran… y ella tuviera que tratar de resistir nada más.
Solamente resistir un poco.
—¿Cómo se encuentra, señorita Sakura? —preguntó repentinamente una mujer bastante joven, ingresando al cuarto.
Su rostro le inspiraba tranquilidad. Sus facciones eran delicadas y agradables, con cabello corto negro y ojos del mismo color. Llevaba puesta una bata que no parecía ser de enfermera.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó Sakura, omitiendo la respuesta obvia al primer interrogante.
La chica se sorprendió y le sonrió al instante.
—Me llamo Shizune, ayer las enfermeras si hicieron cargo de ti cuando terminamos contigo. No me reconoces porque te inspeccioné mientras dormías. Me dijeron que todavía no te habías adaptado muy bien aquí… —Shizune se acercó con un poco de cautela, Sakura se dio cuenta de que seguramente todo el hospital estaba enterado ya de sus líos mentales— ¿Está bien si te toco? —le preguntó la mujer. Sakura la miró fijamente en ese momento.
Los ojos de la chica lucían tan amables, que a pesar de que comenzaba a detestar que la miraran con pena ya era un avance que no la miraran con miedo. Asintió y se quedó quieta, y Shizune sonrió ampliamente al recibir su permiso. La mujer le hizo chequeos de rutina, su condición seguía siendo delicada pero estaba estable.
—Entonces… ¿eres médica aquí, no? —Sakura titubeó al hacerle la pregunta. Se sentía raro hablar como una persona normal después de todo lo que vivió, pero algún día iba a tener que hacerlo.
—Solamente soy residente… Pero pronto quedaré fija en el piso.
Sakura sonrió, cabeceó con un gesto extraño y bajó la mirada, notablemente triste. Shizune la miró extrañada.
—¿Ocurre algo? —le preguntó Shizune con preocupación en los ojos.
—Yo también debería ser una residente… —susurró Sakura. Shizune se mostró notablemente sorprendida.
—¿Estudiaste medicina? —le preguntó, confundida. Sakura la miró un poco aturdida.
—Creí que ya sabrían todos mis datos… —le dijo. Shizune sonrió y sacudió la cabeza, negando lo dicho por Sakura efusivamente.
—No, claro que no. He oído que el señor Uchiha quiere mantener todo en la máxima reserva. Tu caso parece ser muy complicado, así que nos han dicho poco y nada. Solamente tenemos que cuidar de ti. No es necesario que sepamos más.
—¿Él hizo eso…?
—Bueno, es parte de su trabajo después de todo…
La realidad volvió a arrollar a Sakura cuando toda luz de fantasía se desvaneció al escuchar aquello. Shizune se dio cuenta enseguida de que algo ocurría.
—Es hora de que siga con mi ronda. Si necesitas algo no dudes en avisármelo enseguida, ¿sí? —ella se despidió, y a punto de salir del cuarto Sakura la detuvo.
—Sasuke… —Sakura hizo una pausa y acomodó su garganta, corrigiéndose a sí misma— el señor Uchiha… ¿él no está aquí?
Shizune la miró un poco sorprendida.
—Oh, bueno, no sé si él…
—¿Pasó algo? —Sakura parecía no tener idea de nada. Shizune la miró directo a los ojos unos segundos y se dio cuenta de que realmente no estaba enterada del alboroto que había causado el día anterior allí mismo, frente a su cuarto.
Sakura había llegado a escuchar algunos ruidos, pero jamás pensó que esos gritos tan frenéticos provenían de la usualmente lineal voz de Sasuke. Esos golpes, esos ruidos fuertes, las enfermeras corriendo de un lado a otro… Sakura creía que se trataba de otros familiares, de gente ajena a ella. ¿Por qué sería Sasuke? No le entraba en la cabeza ese tipo de comportamiento irracional y tan repentino en él, por ella.
—Verás… —quiso comenzar Shizune, pero Sasuke llegó en el momento oportuno y no pudo continuar.
Sakura se sentó contra el respaldar de la cama, mirándolo a la expectativa. Entró al cuarto mucho más tranquilo que el día anterior. Seguía tan serio como siempre. Sus ojos estaban ensombrecidos, como si le hubiera costado dormir. Tenía puesta una bufanda y los guantes, así que era evidente que acababa de llegar y lo primero que hizo fue entrar a su cuarto. Afuera debía hacer mucho frío…
—Vaya, lo dejaron entrar entonces… después de lo que sucedió creí que iban a cambiar de... —Shizune detuvo sus palabras ante la mirada homicida de Sasuke. Sakura miraba totalmente confundida a ambos, y la mujer supo que estaba sobrando en el cuarto. Salió enseguida, haciéndole una reverencia a Sasuke antes de cruzar la puerta con una nerviosa sonrisa.
Inmediatamente del suave portazo Sasuke miró a Sakura fijamente a los ojos, y ella se mantuvo estática en todo momento. Iba a abrir la boca para hablar, pero Sasuke se adelantó.
—Hablé con él —le dijo finalmente. Los ojos de Sakura se hicieron enormes y exclamó de la sorpresa.
—¿Sai…?
—El mismo.
Sakura comenzó a temblar un poco, y Sasuke seguía mirándola al pie de la cama.
—¿Cuándo llegará? —le preguntó ella, apresuradamente, con la voz levemente fracturada— ¿Qué le contaste? ¿Cuánto sabe ya? ¿Cómo…?
—¿Cuánto más sabes?
Sasuke calló de repente, mirándolo confundida ante la pregunta con la que interrumpió las suyas.
—¿Qué…? —le preguntó, un poco aturdida.
Sasuke aspiró una pequeña bocanada de aire y comenzó a hablar, totalmente destenso. Parecía el ser más relajado del planeta.
—¿Qué puedes decirme de lo que te ocurrió?
Sakura rió sarcásticamente. No podía creerlo.
—¿Quieres que te hable de eso ahora, cuando Sai…?
—No me importa —la paró Sasuke. Su mirada era tan oscura que Sakura disolvió su sonrisa enseguida. Esta vez él iba en serio. Su corazón comenzó a partirse lentamente en miles de pedazos—. Tengo que enfocarme en resolver tu caso ahora mismo. No soy tu amigo, sólo soy el que fue asignado a esto.
Las lágrimas de impotencia luchaban por salir. Sasuke le corría los ojos sutilmente, evitando mirarla cuando pronunciaba fuertemente una palabra. Pero, incluso así, esas palabras no dejaban de significar lo que él quería que significaran. Era doloroso que las pronunciara, que la sombra oscura de sus ojos no pudiera esclarecerse un poco, doblegarse ante la tristeza de Sakura.
—Tú… —gimoteó Sakura, en una mezcla de impotencia, enojo y tristeza.
—Señorita Haruno —Sakura abrió la boca cuando él dijo su nombre de esa manera. ¿Acaso era unas puta broma?—, el tiempo es valioso en situaciones como estas. No podemos perder más tiempo hablando del pasado. Olvídate de todo, nada de lo que pasó entre nosotros importa ahora. Cada segundo que pasa sin que hables es más peligroso. Mi deber es impedir que algo malo vuelva a sucederte, y encargarme de encerrar a todos los que cometieron el delito.
El corazón de Sakura latía a mil por hora. La furia y una increíble angustia le fluían por las venas.
—¡¿Un delito?! ¡¿Así me llamas ahora?! —le gritó, sacada de quicio.
Sasuke no parecía inmutarse. Ella se sentó más erguida a pesar del dolor, y Sasuke inconscientemente adelantó un paso a la cama, temiendo que su imprudencia le provocara más lesiones de las que ya tenía.
—¡¿Tú crees que esto es divertido para mí?! ¡¿Crees que tus protocolos de comportamiento ante la victima me importan… una reverenda mierda?!
Sasuke tragó saliva, mirándola un poco dudoso. ¿Qué mierda estaba haciendo…? Se lo preguntó internamente.
—¿Hola? —preguntó repentinamente alguien, ingresando al cuarto sin previo aviso.
Las respiraciones de todos los presentes se detuvieron en ese instante. Sakura exhaló aire cuando vio su rostro asomarse al cuarto.
—¿Sai…? —susurró, mirándolo.
Él se quedó de pie, mirándola al lado de la puerta. Los dos se miraban incansablemente, sin parpadear, sin mover ni un poco nada en su rostro.
—Sai —gimió ella, extendiéndole la mano a la distancia.
Él se acercó temblando un poco, y cuando se la tocó estallaron. El dolor pudo más que la contención del momento. Las lágrimas de Sai afloraron como no lo habían hecho la noche anterior, y la abrazó. Ella devolvió el abrazo, mojándole el hombro de lágrimas. Ella jadeaba incontrolablemente. Sasuke nunca la había visto llorar así.
—¡Lo siento tanto, Sai…! ¡Ino…! —trataba de articular inútilmente Sakura.
—Lo sé —susurró Sai, apretándola contra el cuerpo—. Lo sé.
Sasuke simplemente estaba ahí, mirándolo todo. No sabía que hacer o decir. Pensó que lo más apropiado sería irse, pero no podía. Algo le impedía irse. De pronto el cuerpo le pesaba de una manera abominable. La forma en que Sakura se aferraba a Sai con todas sus fuerzas era angustiante.
—Dime qué sucedió —le rogó él, y ella lo apretó contra sí aún más.
Ella no había deseado nada más que abrazar así a alguien desde el momento en que despertó, a pesar de todo.
Cuando finalmente logró calmarse un poco se separó de su amigo y apoyó la espalda contra el respaldar de la cama, tratando de relajarse. Comenzó a respirar un poco más tranquila, tal y como si acabara de sacarse de los hombros una gran carga. Sai la miraba sentado a su lado, y ella finalmente suspiró para hablar. Pero antes de eso le dirigió una leve mirada a Sasuke, y luego volvió a mirar al chico que estaba frente suyo.
—Sai… —le dijo— Cuando fuimos a Argentina con Ino en esa misión… nosotras… —Sakura parecía estar haciendo un terrible esfuerzo mental por reconstruir recuerdos en su cabeza, por decir las palabras correctas— Todo iba bien por un tiempo, y luego… nosotras, ellos… —entonces Sakura se detuvo.
Sasuke frunció el ceño, mirándola expectante. Sai hizo lo mismo. Sin embargo, a Sakura le ocurría algo que no tenía que ver con ellos. Ella se tomó el pecho con la mano, aferrando contra sus uñas la tela del camisón. Cerró los ojos y comenzó a jadear, y Sai se acercó a ella asustado.
—¿Qué pasa? —le preguntó. Sasuke no entendía nada.
Ella empezó a respirar cada vez más y más agitada. Su cara se enrojeció y algunas venas se marcaron en su frente de la fuerza que estaba haciendo al tensar todo su rostro: Estaba sufriendo.
Sasuke no esperó más. Salió del cuarto casi corriendo, mirando a todos lados en el pasillo a alguien que estuviera cerca. No parecía haber nadie.
—¡Un doctor! —gritó, a la nada— ¡Un puto doctor! —volvió a exclamar, y unas enfermeras vinieron corriendo a lo lejos. Shizune venía detrás.
—¡¿Qué ocurrió?! —preguntó la mujer preocupada, y él abrió la puerta sin contestar.
De pronto el cuarto se llenó de gente, de nervios. Sakura estaba sobre la cama, tratando de respirar, jadeando y gimiendo del dolor. Sai estaba a su lado, sosteniéndole la mano con la misma confusión que tenía Sasuke. Shizune llegó y le inyectó algo desconocido para Sasuke, y luego comenzó a examinarla con las enfermeras.
—¡Sáquenlos de aquí! —ordenó seriamente la residente. Una par de enfermeras les indicaron el camino a la salida con la amabilidad y tranquilidad que el momento requería, e inmediatamente volvieron con Sakura.
En un abrir y cerrar de ojos Sasuke se encontró afuera de la habitación, mirando una puerta cerrada que ocultaba el padecimiento de una chica destruida. Pero entonces miró a Sai, estático frente a la puerta, incrédulo de lo que acababa de ver. Tenía esa mirada especial que indicaba que todo su mundo acababa de caerse a un vacío sin fondo, como si todo lo que había vivido hasta ese momento no hubiera sido más que una fantasía que acababa de disolverse… una burbuja que acababa de pincharse, dejando a su alrededor sólo mugre.
Sasuke conocía muy bien ese sentimiento.
—Vamos por un café —dijo secamente Sasuke, y Sai lo miró.
El Uchiha se dio la vuelta para dirigirse al pasillo que llevaba a las escaleras, y entonces el muchacho de ojos tristes habló.
—¿Cómo puedes actuar de esta manera con ella en ese estado?
Quizás sin darse cuenta Sasuke cerró su puño fuertemente, sin mover ningún otro músculo.
—Tengo esta investigación a mi cargo. Nada más que eso.
—Tú la conocías —respondió Sai inmediatamente, endureciendo un poco la voz—, yo lo recuerdo todo.
Un pequeño silencio imperó en el lugar, y luego Sasuke volvió a hablar.
—No hay nada que podamos hacer aquí. ¿Vienes? —le preguntó, caminando tranquilamente a las escaleras, dejándolo ahí. Sai solamente lo miró alejarse, suspiró y luego fue tras él.
Ninguno habló en el camino a la cafetería. Cuando llegaron Sasuke simplemente buscó un lugar con dos sillas, y un momento después Sai se sentó a su lado. Sasuke le hizo una señal a la chica que atendía tras el mostrador, con el dedo. Ella ya lo conocía y sabía lo que quería: Cafeína. Pero esta vez Sasuke le señaló dos dedos, y ella asintió cuando vio a Sai con él.
A esas horas de la mañana no había casi nadie ahí. Sasuke se sentó apoyando el codo contra la mesa, agarrándose cabeza con la mano. Sai estaba procesando demasiado en esos momentos y él no podía abordarlo desmedidamente. Era mejor tomarse su tiempo, que decidiera hablar cuando pudiera darle los detalles que necesitaba…
—Comenzamos a salir después de la escuela —comentó Sai de repente, rompiendo el silencio. Sasuke se sentó erguido, mirándolo curioso.
Sai sonrió nostálgicamente mirando al suelo.
—Con Ino… nosotros siempre nos tratamos diferente en la escuela, pero cuando nos graduamos comenzamos una relación de verdad —la sonrisa en los labios del muchacho se disolvió, abriendo paso a una expresión mucho más vacía—, hablamos de casarnos cuando termináramos la universidad… pero primero había algo que quería hacer.
—¿Qué? —preguntó Sasuke ante el silencio posterior de Sai. Éste levantó la mirada, sosteniéndola en Sasuke.
—Hace cinco meses las dos terminaron la carrera, al mismo tiempo. Pero Sakura estaba obsesionada con esta idea de ayudar a la gente en otros lugares del mundo, quería hacer algo con sus habilidades antes de convertirse en una adulta más con responsabilidades en Japón. Por eso, desde el primer año, ella e Ino hicieron la misma promesa de hacer este viaje a algún lugar muy alejado cuando se recibieran, a dejar una huella aunque fuera diminuta —Sai hizo otra pausa y sonrió extrañamente divertido—. Lo recuerdo y no sé si Ino realmente quería ir. Creo que solamente quería acompañar a Sakura… —pero, luego de decir esto, cerró los labios y el puño con una fuerza de impotencia que Sasuke comprendió al instante.
—¿Por qué Argentina? —preguntó el detective tratando de que Sai no perdiera la compostura.
—Porque está del otro lado del mundo, a Sakura le atraía la idea de ir a un lugar tan lejano aunque ni siquiera supiera el idioma. Unos meses antes de dar el último examen ella comenzó a investigar posibles lugares donde se requiriera ayuda, y le llamó la atención que había campañas para personas de bajos recursos en las zonas más pobres del país Argentina. Era particularmente en el norte donde estaban pidiendo médicos de cualquier tipo… Además es un país donde no se dificulta la entrada, ni tampoco requiere mucho papeleo… era ideal para ambas… —Sai bajó la mirada pensando en lo mal que salió todo, en lo retorcido que algo tan altruista se había convertido.
Sasuke ahora comprendía todo. Ellas habían viajado para ayudar, para misionar. ¿Entonces qué había ocurrido ahí?
—¿Eso es todo? —le preguntó Sasuke— ¿No fueron con nadie más, no conocían a nadie, no hubo más razones?
Sai lo miró fijo y serio.
—¿Qué creías? —le preguntó secamente, con cierto dolor.
Sasuke se quedó callado.
—¿Creíste que fueron por otra razón? ¿Que tenían enemigos? ¿Que conocían a alguien?
Sasuke solamente lo miraba, y Sai corrió la mirada, refregándose los ojos con una mano, suspirando un poco indignado.
—Ellas solamente armaron una maleta cada una, llevando lo necesario, y tomaron el primer vuelo al mes de recibirse. No planeaban hacer un viaje por placer, no planeaban divertirse. Solamente querían ayudar, hacer algo diferente, y luego hacer la residencia cuando volvieran a Japón. La misión duraría un año. No tengo la más remota idea de qué ocurrió ahí.
—¿Cuál fue tu último contacto con ellas? —cuestionó repentinamente Sasuke.
Sai frunció el ceño haciendo memoria, respiró unos segundos y luego contestó.
—De por sí hablábamos muy poco. No llevaron móvil ni nada por el estilo, así que nos comunicábamos cuando podían. Estuvieron cuatro meses allí… la última vez que hablé con Ino fue hace tres semanas, o quizás más. Ella no dijo nada en ese momento, sólo que habían conocido mucha gente y que todo iba bien. Luego no llamó más. Pero no me parecía raro porque había veces que estábamos más que eso sin saber del otro… cuando tú llamaste anoche… —Sai tragó saliva, tratando de fingir serenidad— creí que eras ella, por la diferencia horaria… muchas veces llamaba a esas horas. Pero entonces… cuando me di cuenta que eras tú, supe que algo… que algo, definitivamente… —Sai ya se había perdido. Demasiado había aguantado hablando casi sin inmutarse. Era fuerte, Sasuke lo recordaba como un chico que rara vez se le veía expresarse o sufrir por lo que fuera.
En ese momento llegó el café, y Sasuke se lo arrimó con la mano.
—Bébelo y trata de calmarte —le dijo, de la forma más amable que pudo. Sai lo miró un segundo, pero no le hizo caso.
—¿Por qué estás aquí, Sasuke?
La cara del Uchiha se tensó, viéndolo confundido ante la pregunta.
—Casualidad. Ella cayó bajo mi jurisdicción y estoy a cargo.
—¿De verdad? —la mirada inquisitiva de Sai era arrolladora.
—¿A qué quieres llegar?
—Yo los recuerdo —respondió el chico inmediatamente, repitiendo lo mismo que dijo en el piso de Sakura.
—El pasado no tiene importancia.
—No me interesa —volvió a responder Sai, sorprendiendo bastante a Sasuke, quien lo miró en silencio. La mirada de Sai era fuerte—. Sé que eres el mejor, lo sé muy bien. Quiero que los encuentres, a quienes sean que les hayan hecho esto a ellas —hizo una pausa, mirando un minuto al suelo. Luego exhaló aire y volvió a mirarlo—. El cuerpo de Ino que Sakura asegura haber visto sin vida… encuéntralo… encuéntrala. Tráemela.
Sasuke solamente lo miraba callado, pero por sus ojos Sai supo que le estaba prestando mucha atención.
De pronto alguien interrumpió el ambiente, Sasuke se puso de pie cuando la vio ingresar a la cafetería: Shizune.
—Logramos calmarla, está bien —los tranquilizó, mirándolos a ambos. Sai también se puso de pie.
—¿Qué le ocurrió? —preguntó, preocupado.
—Un pico de presión es usual en casos como éste… —respondió ella— Pero, siendo honesta… —entonces miró a Sasuke con los ojos un poco caídos— creo que lo de ella es más emocional que otra cosa. Demasiado estrés psíquico. Señor Uchiha, con todo respeto… creo que usted generó esto en ella.
Sasuke abrió los ojos atónito.
—¿De qué hablas?
—Sé que usted la conoce, estoy al tanto de los líos que provocó ayer en el piso —Shizune respondió firme, casi con reproche—. Por el bien de la paciente creo que sería mejor que usted no ingrese por hoy a su cuarto hasta que esté totalmente estable. No quiero arriesgarme a que tenga otro colapso.
Sasuke quedó estupefacto ante sus palabras. Es decir, era el investigador de la causa, el más importante. Además cuando ella estaba eufórica él consiguió calmarla… ¿y ahora le impedían la entrada?
—¿Qué hay de mí? —preguntó Sai, mirándola con esperanza.
Shizune le sonrió con amabilidad.
—Ella ya está preguntando por usted… creo que será bueno que esté con ella alguien que le trae paz.
Sai suspiró del alivio. Luego miró a Sasuke, que estaba callado desde que Shizune comenzó a hablar. Sus ojos estaban fijos en el suelo, su frente estaba arrugada. Quizás no quisiera decirlo en voz alta, pero aquellas expresiones hablaban por sí mismas.
—Trataré de que me cuente todo lo que ocurrió y te lo diré —le informó. Sasuke lo miró.
El Uchiha tragó saliva y asintió con una mueca seria. Luego miró a Shizune, suspiró, cerró los ojos y se dio la vuelta. No había nada más que pudiera hacer ahí.
Salió del hospital y sintió una brisa escalofriante recorrerle la nuca, pero no le importó mucho. Vio su auto estacionado un poco más adelante, pero tampoco le interesó. Por primera vez en años caminó a la deriva, sin pensar en nada más. Atravesó un parque cercano al hospital y llegó a un lago frío y solitario. No había mucha gente en la calle, el silencio y el sonido sutil del agua eran lo único que lo acompañaba esa mañana. El cielo estaba nublado, todo estaba más oscuro y tétrico de lo normal. Se asomó hasta un barandal de metal, apoyando los codos ahí mientras observaba el pequeño lago que tenía en frente.
Por alguna extraña razón comenzó a recordar los rostros de Naruto y Sakura. Los recordó en su adolescencia, cuando todos eran tan inocentes y divertidos. Recordó el día que fueron a la playa de campamento, a mitad del último año de secundaria. Todo el curso había ido, y habían hecho tantas cosas. Recordó a Naruto robando ramen de la cocina del campamento y a los profesores enfadados con él. Recordó a Hinata atrás de Naruto en cada momento, a Ino jugando en el agua con Sai, a todos los demás sonriendo… y a Sakura, a Sakura mirándolo con una camiseta blanca, un abrigo que él le había prestado por el frío y unos shorts azules, mientras esperaban a que amaneciera una de esas madrugadas, y poder ver el sol nacer desde el infinito del océano.
Ellos siempre habían sido amigos, desde pequeños. Un grupo disfuncional e imperfecto, pero que de alguna manera se complementaba tan bien que no podían hacer nada separados. Naruto, ella y Sasuke, siempre habían sido inseparables. Sakura se juntaba más con ellos que con la propia Ino, e incluso varias veces había ido a dormir a la casa de Sasuke con Naruto. Jugaban cartas hasta el amanecer o miraban películas. Sakura se divertía observando las peleas entre Naruto y Sasuke, las infinitas rivalidades que tenían desde niños. Siempre estaba del lado de Sasuke y regañaba a Naruto por todo, pero eso también era parte de la diversión. El rubio buscaba incansablemente a Sakura, pero ella sólo tenía ojos para el Uchiha. Y los últimos dos o tres años Naruto comenzó a rendirse poco a poco y a darles otro espacio, en especial cuando Hinata, una chica que poco a poco robó su corazón, se hizo más cercana a él y le aconsejó que dejara más tiempo a solas a Sakura y Sasuke.
En ese entonces todo iba tan bien. Nadie tenía problemas, todo era perfecto… y podría haber seguido siéndolo, si uno de los últimos días del campamento no hubieran tenido que volver ante una llamada escalofriante de la policía: La familia Uchiha fue asesinada.
Aquella vez el mundo se había derrumbado para Sasuke. Nada más fue lo mismo para él. Todo cambió, ni siquiera Sakura significaba lo mismo. Todo se dio vuelta de repente. Su alma se sintió caer en un pozo sin fondo, oscuro y tenebroso del cual nunca volvería a emerger. Y la noche de la graduación… todo terminó.
Sasuke se tomó la cabeza con las manos, tratando de olvidar lo escabroso de todo.
—¿Qué hubiera pasado si te decía que sí esa vez, Sakura? ¿Estaríamos hoy aquí? —se preguntó, mirando al horizonte nuevamente.
No tenía sentido seguir pensando cosas que nunca sabría. Volvió a pararse erguido para volver al hospital, a la cafetería donde estuvo con Sai. Sería lo mejor esperarlo ahí, lo que fuera que pudiera hablar con Sakura… quería escuchar todo.
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Las horas pasaban y nadie se asomaba. Llevaba ya unas ocho tazas de café, y cuando pidió la novena la chica le trajo té diciéndole que si seguía así podría hacerle realmente mal. Ella sonrió nerviosa ante el brillo asesino natural de los ojos de Sasuke, creyendo que estaba enojado con ella. Pero realmente solamente eran las ojeras que le daban un aspecto más sombrío, la falta de descanso mental y físico, el estrés. Todo eso provocaba una mirada seca y más fría de la que quería mostrar. De hecho ni siquiera la había escuchado, casi ni le prestó atención. Su cabeza sólo pensaba en Sakura y en Sai, en lo que ella le dijera a él.
Tomó la mitad del té en menos de un minuto, y finalmente Sai apareció. Sasuke levantó la cabeza, esperándolo impaciente. Los ojos de Sai lucían más sombríos que los de él…
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Shizune volvió a ingresar al cuarto de Sakura. La Haruno lucía cansada, triste… pero su piel tenía un color más normal. A Shizune le alegró ver que su cuerpo se recuperaba favorablemente.
Le revisó el pulso, la presión. Le hizo un chequeo general.
—¿Te sientes mejor? —le preguntó.
—Sí… si —contestó Sakura—. Gracias por pedirle a Sasuke que no ingrese al cuarto. Realmente no quería que él estuviera cuando hablara con Sai. Prefería contarle todo a él y que luego él le dijera lo que sabe… —la chica lucía tan triste que ni siquiera sentía la fuerza de mirar a Shizune a la cara.
—Hey, no te preocupes… —le dijo— Los ojos de ese chico pueden ser intimidantes, pero lo entendió. Aunque realmente debí pedirle a Sai que no ingrese también… ¿verdad?
Shizune pilló a Sakura. Ella le había dado a entender que la presencia de Sasuke la había puesto nerviosa y que fue ahí cuando le subió la presión increíblemente, pero realmente lo que había ocurrido era que la carga emocional de tener que lidiar con el hombre que más amaba a Ino fue lo que la desestabilizó momentáneamente. De hecho si pudo volver a hablar con Sai y contarle todo fue en parte gracias a los medicamentos que la estaban calmando.
Todo era demasiado para ella. Su cuerpo era humano después de todo.
—Gracias… por mentir —dijo Sakura.
Ella no quería ver a Sasuke porque su frialdad le golpeaba la nuca con el peso de una tonelada. Sus ojos, clavados en ella como si fuera una cosa más, esa mente tan perturbada que nunca sabía qué demonios pensaba realmente. Como un libro indescifrable, escrito en otro idioma, con el que no quería lidiar por el momento.
Pero los ojos de Sasuke nunca la rompieron. De hecho, y aunque sonara extraño, a pesar de su frialdad eran solamente esos ojos oscuros los que la mantenían medianamente tranquila sin sedantes. Él generaba un extraño efecto en su mente… o quizás en su corazón.
Los ojos de Sakura tan apagados eran dolorosos para Shizune, que fingía seguir haciendo chequeos cuando pudo irse diez minutos atrás.
—Pero ayer se armó un gran alboroto en este piso, ¿sabías? —preguntó la mujer, acomodándole el suero.
Sakura la miró un poco atónita.
—¿Esos gritos y golpes que se oyeron… cuando salió de mi cuarto, unos minutos después?
—Oh, no lo sé —volvió a sonreír Shizune con una amabilidad extrema—. Sólo sé que querían enviar a una chica a psiquiatría y el señor Uchiha se volvió medio loco —le dijo, paralizándola—. Es mejor que me vaya a hacer mi ronda diaria. Cualquier cosa no dudes en pedirla, Sakura —finalizó con una encantadora comisura en los labios, dejando la habitación velozmente.
Acababa de tirarle una bomba que no estaba autorizada a lanzar, pero no le importó. Shizune no iba a arrepentirse de ello jamás.
Sakura se quedó ahí, en su cama, mirando a la nada. Conectaba cables en su cabeza y podía recordarlo muy bien…
—Bien mientras tú decides hablar yo tendré que ir a sacarte ese psiquiatra de encima.
¿Cómo era que no se había dado cuenta de que él era el que gritaba afuera del pasillo? Aquella tonalidad estaba desfigurada, tan extraña en el indiferente y usual tono de Sasuke. Ella simplemente creyó que se trataba de otros familiares, de otras personas… pero no. Era Sasuke.
Ese héroe silencioso…
—¿Te pusiste así por mí? —susurró a la nada, en medio de la soledad.
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Sai se sentó frente a Sasuke. El té a medio acabar que tenía en frente lo agarró y se lo tragó intempestivamente, sorprendiendo totalmente al Uchiha.
—¿Qué dijo? —le preguntó, ya con una curiosidad incontrolable.
Sai estaba nervioso. Lo miró, respiró, aguardó diez segundos antes de calmarse. Sus ojos, tan fijos en los de él…
—Esto es más jodido de lo que imaginaba —comenzó Sai con la voz endurecida—. Demasiado.
