Un nuevo día significaba una nueva oportunidad para Milo, quien se había levantado temprano y tenía a Camus de acá para allá alistándose para ir en busca del pequeño discípulo, una hora después del amanecer ya estaban listos esperando el transporte para llegar hasta la cafetería.
Mientras un joven guiaba la hermosa góndola, el galo pensaba en que tal vez había sido una mala idea comentarle a el patriarca y a la joven diosa el hallazgo de la cobra, muy dentro de él, esperaba que para su amigo fuera suficiente verla una vez más, pero tenía muy presente que la personalidad del escorpio algunas veces lo convertía en alguien que desconocía el termino suficiente.
No pasó mucho tiempo para llegaran al lugar, de inmediato tomaron la mesa que estaba cerca de una de las ventanas, y el pequeño cartelito del menú.
Quien les vino a atender esta vez fue la anciana, con una enorme sonrisa la mujer pasó un limpión sobre la superficie de la mesa y esperó paciente la orden de los jóvenes, luego reparó en el joven peliazul del día anterior y amplio su sonrisa.
— ¿Cómo esta joven? ¿Pudo salvar su camisa?—preguntó.
—Si muchas gracias… de hecho quería agradecerle personalmente a la mesera… si no es mucha molestia—contestó observando de reojo al galo que había levantado su ceja mientras se sumergía en uno de sus libros de bolsillo y negaba.
— ¡Claro!—contestó la mujer—dentro de unos minutos vendrá.
—Entonces ¿sería tan amable de traernos un par de cappuccinos y unas tostadas, mientras la esperamos?—dijo devolviendo el menú con una encantadora sonrisa.
La mujer se perdió tras la puerta de la cocina, Camus bajó su lectura y negó con su cabeza una vez más, levantó un dedo y abrió su boca, pero prefirió no decir nada y ahorrarse una discusión que no terminaría en toda la mañana, así que suspiró y volvió de nuevo a donde había quedado.
… … … … …
El santuario comenzaba su día sin ningún contratiempo, el sol apenas raspaba la cabeza de la estatua de la diosa y los aprendices y maestros empezaban a llenar el coliseo de gritos y golpes con los primeros entrenamientos.
Pero en la casa de géminis había un inusual silencio, algo muy raro, ya que el gemelo mayor pasaba esa semana junto a sus dos hijos, Hector y Andro —un par de revoltosos gemelos de no más de cinco años— mientras su hermano Kanon se mantenía en el reino marino limando asperezas por orden de su diosa con Poseidon.
Acostumbrado a la algarabía del tercer templo, Kiki el ahora portador de la armadura de plata de Sculptor, se extrañó al no ser recibido en su paso por el templo por el caballero de géminis ni alguno de los pequeños, con algo de duda se adentró despacio y encontró al Saga volcado sobre la mesa, a su lado, dos platos al parecer de la cena de la noche anterior medio llenos. Trató de hablarle pero para su sorpresa el caballero no respondió, simplemente seguía sumergido en un profundo sueño, ya eso no era normal, así que sin pensarlo dos veces salió del lugar y alarmó a todos los caballeros que se encontraban en el santuario, con horror se dieron cuenta que los niños que esa noche estaban con sus padres—Padua la hija de Virgo, Antonio el hijo de Shura, los gemelos de Saga y las gemelas de Aioros— habían desaparecido, en los templos ahora el sueño gobernaba a sus ocupantes.
Nadie escucho ni vio nada, ni siquiera el patriarca o la joven diosa que caminaba de un lado a otro preocupada tanto por los pequeñines como por los caballeros que dormían y parecían no querer despertar.
—Señorita Atena—dijo Mu colocando una rodilla en suelo junto a Kiki—parece ser una especie de bloqueo de energia, no despertaran en varios días o meses.
—Ya hemos aplicado un poco de cosmos—continuó el menor—pero parecen no responder ante nada.
—Si me lo permite… esto parece ser obra de un dios malvado y egoísta, y el único con esas características que en tiempos de paz se atreva a comenzar una guerra sin sentido es…
—Ares—susurró la pelilila—le avisaré a Camus y Milo para que tengan cuidado, gracias Mu, cuídenlos mientras despiertan no podemos correr ningún riesgo—colocó su mirada en el horizonte y suspiró mientras los dos lemurianos se retiraban.
—¿Qué podría querer Ares con los pequeños mi señora?— la pregunta de su patriarca la regreso a la dura realidad.
—No lo sé Shion pero debemos averiguarlo…
—Mandaré por Ángelo y Afrodita… iremos en su búsqueda princesa… que los caballeros de oro restantes se queden junto a las amazonas y los otros caballeros de plata y bronce, no podemos bajar la guardia en el santuario.
Haciendo una reverencia el joven patriarca se retiró hacia las doce casas, la búsqueda de los niños no podía esperar más.
… … … … …
Una perdida isla del pacifico…
En una casa abandonada, oculta entre un espeso bosque,seis niños dormían en unas improvisadas camas, mientras, balanceándose en una silla y vigilando su sueño, Anteros bostezaba con pereza, de repente una ráfaga de viento le hizo detener el movimiento y voltear hacia la puerta, al abrirse una silueta femenina se abrió paso hacia la habitación.
— ¡Harmonía…!—exclamo con su ceño fruncido—que bueno que te decidas a ayudar a nuestro padre—pero la joven caminaba sin prestar atención a las palabras del pelinegro.
—No te emociones Anteros—solo pasaba a ver si los niños vivían… tampoco es que me importen mucho, pero… son criaturas inocentes y tu… eres un descuidado—replicó mientras tocaba la frente de una pelirroja.
En realidad necesitaba que los niños estuviesen bien, de eso dependía el trato que estaba dispuesta a ofrecer a la deidad de la sabiduría a cambio de la libertad de su amado, un trato que la joven diosa no pudiera rechazar.
Recogió el hermoso peplo que la vestía y se sentó junto a su hermano.
— ¿Qué tramas hermanita?—preguntó el alado mientras se acercaba a la joven y tomaba un rizo rubio para jugar con sus dedos.
—Ya te dije que nada Anteros—replicó mientras se levantaba para desaparecer por la puerta tras un remolino de viento, si su hermano comenzaba a sospechar algo estaría perdida—solo sentía curiosidad sobre el aspecto de los mocosos.
El pelinegro se acomodó de nuevo en la silla, levantó sus hombros restándole importancia a la improvisada visita y continuó con su enfermizo balanceo.
… … … … …
Tras unos árboles Eros se mantenía oculto en espera de su hermana, lleno de curiosidad la había perseguido hasta la isla y ahora la esperaba para interrogarla, la vio aparecer de repente y sentarse en una roca mientras apretaba sus sienes, se acercó con delicadeza y acaricio sus brillantes rizos.
—Harmonía…
— ¡Eros!… ¿Qué haces aquí?—musito sorprendida mientras le sujetaba su mano y la presionaba contra su cara—esos pobres niños están dormidos y a cargo del descuidado de Anteros—se levantó de la roca y caminó en dirección a un pequeño río sentándose para acariciar con delicadez su superficie.
— ¿Qué aremos?—preguntó tomando asiento a su lado dejando que el la suave brisa agitara las delicadas plumas de sus alas
— ¿Aremos?
—Estoy contigo hermanita
… … … … …
Cansado de la espera y recordando que él tenía un compromiso más importante que quedarse a ver como la nueva Shaina les hablaba como si no los conociera de toda la vida, Camus se levantó y se puso en camino al kínder del día anterior, necesitaba encontrar al niño y no podía perder más tiempo.
Tomó un taxi hasta el lugar y se adentró en las oficinas, esperó con paciencia hasta que la figura de Marcie se hizo presente, con una enorme sonrisa la joven lo saludó y con un ademán de sus manos le invitó a pasar a su clase.
— ¿Pensé que traería a su hijo hoy señor Camus?—preguntó mientras tomaba asiento en su escritorio.
—Ha … Milo… si es que, la verdad es que su madre y yo nos estamos divorciando—comento mientras jalaba una silla para colocarse cerca de la joven—y se llevó a mi pequeño con ella toda la semana.
—"Disponible"—pensó la pelinegro para sí misma—oh que pena señor Camus… siento que esté pasando por un momento tan difícil—dijo la joven maestra colocando su mano sobre la de él.
—Oh no por favor no se sienta mal por mí… de hecho no me causa ningún efecto negativo—dijo mientras levantaba una ceja y sonreía— y por favor no me llame señor Camus, no tengo ni treinta años.
—Ya veo… Camus—dijo la joven un poco sonrojada— por cierto, ayer me dijo que era nuevo en el país ¿verdad?—preguntó clavando sus negros ojos.
—Así es… tenemos apenas unos días de estar acá—respondió con su serio semblante.
— ¿Le gustaría conocer un poco de Venecia?
Camus frunció el ceño, gesto que para la chica le indicó que había sido un poco directa y atrevida.
—Me encantaría—dijo, luego de pensarlo por un momento, de todas formas la farsa del niño no podría usarla para siempre, así que necesitaba una excusa para poder visitar el lugar hasta que el pequeño se manifestara nuevamente y esa excusa se le estaba presentando frente a sus ojos en este momento.
La chica sonrió triunfante y se levantó de su escritorio para tomar un papel en blanco y apuntar su número de teléfono.
— ¿A las ocho está bien?—preguntó mientras se lo entregaba al galo.
—Claro… supongo que te llamaré entonces—dijo metiendo el papel en su bolsillo.
— ¿Y en que trabajas?—preguntó la joven al ver que el francés se ponía de pie.
—Soy maestro de ciencias —contestó sin titubear.
—Excelente… entonces… ¿porque no me ayudas por hoy con este sistema solar?—preguntó mientras le mostraba unas esferas de poli estireno partidas a la mitad y un cartel—los niños son buenos pintores—guiñó uno de sus ojos y le entregó lo papeles al peli turquesa, quien suspiró resignado—Alessa, Marco y tu Albert ayúdenle al señor Camus a terminar el cartel de ciencias, tal vez pueda seguirnos acompañándonos en las futuras clases.
— ¡Será un placer! —exclamo sentándose en una de las pequeñas mesas al lado de los pequeño nombrados.
Marcie sonrió satisfecha, ser la hija de la dueña de esa pequeña institución era un enorme privilegio, claro que su madre la mataría si se diera cuenta que estaba usando su clase para ligarse a un apuesto extranjero.
… … … … …
Unos muñecos tipo amuleto de la bruja de Blair, adornaban la mesa producto de media hora de espera, hasta que por fin tras las puertas de la cafetería la peliverde se dignó a aparecer, ataviada en su delantal y amarrándose su cabello en una coleta, tomó una de las libretas y comenzó por atender a las mesas que aún faltaban por servir, un buenos días acompañados por una tierna sonrisa eran la carta de presentación de la joven, una vez pasada las ordenes su tía la llamó para pedirle—casi rogarle— atender al joven peliazul que la había estado esperando, retorció sus ojos, talló su cabello y acomodó su delantal.
—Hola…—saludó con una ceja levantada al griego que la esperaba.
—Hola…—contestó con una sonrisa el peliazul, mientras abarrotaba su bolsillo de los curiosos muñequitos hechos con palillos de diente.
—Mi tía dice que me estaba esperando para darme las gracias—dijo recostando sus codos en le mesa—no es necesario… ¡es parte del negocio ser cortes con las personas!—exclamo recogiendo la taza ya desocupada.
Milo frunció el ceño y rápidamente sujetó su mano—perdona… ¿Shaina cierto?—la peliverde se quedó inmutada por un momento, a tal punto que no sabía que contestar, retiró su mano de la del peliazul y limpió su pecho—disculpa… pero soy nuevo acá y me gustaría…
—Yo trabajo todo el dia —interrumpió ligeramente sonrojada—y al frente venden mapas de la ciudad…
—Tomate la tarde—grito detrás su tia.
—Tía…—exclamo girando sus ojos con fastidio.
Milo sonrió y espero la respuesta de la joven.
—Bien… a las tres estoy libre—contestó la joven acercándose al peli azul—pero no te pases de listo—sonrió.
Milo colocó un billete en la mesa y con la más ensanchada sonrisa salió del local.
… … … … …
— ¿Puedo saber por qué hiciste eso?—preguntó molesta la peliverde mientras entraba a la cocina y se recostaba en la pared cruzando sus brazos.
—Mereces una oportunidad de ser feliz y además es un buen mozo…—contestó mientras lavaba unos platos y tomaba la taza de sus manos— vamos hermosa no quiero verte envejecer sin un hombre que te ame… puede ser tu príncipe azul—dijo la mujer codeando a Shaina mientras se secaba las manos
—Es un extraño…
—Tu tío fue un extraño… y algo en el me cautivo desde el primer momento en que lo vi—suspiró con anhelo—vamos tengo un excelente ojo para eso—sonrió—me darás las gracias luego.
Shaina negó ahora con sus manos en la cintura.
… … … … …
Lleno de emoción y sin saber qué hacer, el peliazul tomó uno de los mapas gratis del kiosco de información como le había sugerido Shaina, volteó a su reloj y apenas marcaban quince para las diez ¿Qué haría en todo ese tiempo?, Camus estaba acupado con su encargo de buscar al chico, y ahora que lo pensaba ni siquiera le había contado nada, bueno nada importante, o tal vez si pero él tenía su cabeza en cierta peliverde, aburrido se decidió por hacer un mini tour, caminó por las angostas calles del tranquilo lugar hasta llegar a lo que parecía un parque. El lugar estaba lleno de árboles y claro no podía faltar un pequeño lago en medio, lleno de uno hermosos gansos y patitos, Milo compró un par de bolsitas de pan y comenzó a arrojar migajas en el agua.
—Milo…—escuchó la suave voz de su diosa en la cabeza.
—Princesa… ¿Qué sucede?—preguntó al escuchar el dejo de angustia en su timbre.
— ¿Cómo va todo? —respondió con una pregunta.
— De maravilla mi señora…—sonrió— ¿pero qué pasa? La escucho ¿triste?
—Los niños que estaban en el santuario han sido secuestrados…
Milo abrió sus ojos y dejó caer el paquete de pan de sus manos, se aferró a la baranda que lo separaba del lago y apretó con fuerza sus puños.
— ¿Pero quién se atrevió a hacer algo así?
—Creemos que fue Ares… por eso queremos que tú y Camus encuentren al pequeño y se queden ahí por unos días más… no queremos poner en riesgo al niño.
—Está bien… le comunicaré a Camus a la brevedad… manténganos informados princesa
—Por favor… cuídense.
La comunicación se perdió y el joven escorpio corrió en busca de su amigo.
... … … … …
¿Por dónde empezar a buscar? ¿Con quién debían hablar?, esas y muchas otras preguntas revoloteaban en la cabeza del rejuvenecido patriarca, el primer lugar que visitó junto a Piscis y Cáncer fue el inframundo, siendo recibidos por el juez de Caina y llevados antes Hades, quien les ofreció la ayuda de alguno de sus guerreros para buscar a los pequeños, si Ares era en verdad el causante de esos secuestros, quien mejor que sus espectros para averiguarlo—se enorgullecía el dios—así que con rapidez el delgado Myu se coló entre las tinieblas hasta llegar al lugar de descanso del malvado dios de la guerra.
Con sutileza se aproximó hasta su habitación, donde el pelirrojo dios se mantenía sumido en un sueño profundo, recorrió el lugar como un fantasma en busca de alguna pista que lo vinculara, pero nada, un suave suspiro y su cuerpo se transformó nuevamente en una adorable mariposa.
Volvió al infierno trayendo malas noticias, no había seña alguna de los pequeños por ningún lugar, ni rastros de haber sido llevados con anterioridad hasta Ares, luego de dar las gracias al cooperativo dios, los tres dorados regresaron al santuario para informar a la diosa, pero una vez saliendo hasta el salón patriarcal por el portal que Mascara Mortal había abierto sintieron un sutil cosmos, que lejos de ser hostil era enormemente poderoso.
Frente a ellos una hermosa joven de cabellos rubios y ojos azulados ataviada en un peplo blanco sostenido en uno de sus hombros por una hoja de oro, caminaba hacia el interior del salón seguida por un joven alado de prominentes músculos y un rostro casi angelical, se detuvo un momento al ver el rostro extrañado de los caballeros.
—Me urge hablar con Atena—dijo con su rostro altivo.
— ¿Quién es usted señorita?—preguntó el patriarca sin bajar la guardia y alzando levemente su cosmos.
—Harmonía … hija de Ares y Afrodita—contestó levantando una ceja—no me intimidas santo de Atena… he escuchado historias sorprendentes de ustedes—dijo acercándose al lemuriano— ¿Dónde está tu diosa?
—La señorita Atena no puede…
—Acá estoy Harmonia…—interrumpió la diosa envuelta en un hermoso vestido blanco—está bien Shion… déjennos solas.
Con algo de duda los tres caballeros hicieron una inclinación de sus cabezas y se perdieron hacia los templos.
—Encantadores ¿no lo crees hermano?—preguntó la rubia a su alado acompañante
— ¿Qué puedo hacer por ustedes? Sepan que en este momento estamos demasiado ocupados buscando unos pequeños… y si no vienen por ese motivo me temo que…
—Se donde están esos niños…—interrumpió mordiendo su labio.
—Habla…—espetó la diosa con su ceño fruncido.
—Antes quiero proponerte un trato…
— ¿Qué tipo de trato?
—Uno donde tú y yo saldremos ganando…—dijo mientras observaba a su hermano y sonreía.
… … … … …
Ya el mural estaba listo, solo un poco de colores mas y el sistema solar estaría listo para exhibirse, con sus pequeñas manos los niños alcanzaban las pinturas al exigente galo que delineaba con delicadeza cada contorno de los panetas. Al alzar sus ojos una vez más se topó con los profundos azules de una de las niñas, alzó una ceja y le brindó una sonrisa retorcida.
— ¿Me prestas el amarillo pequeña?— ella asintió suavemente mientras le tendía el tarrito y luego tiraba una tímida risita— ¿sucede algo? ¿Tengo pintura en mi cara cierto?—la pequeña negó rápidamente alborotando sus azulados rizos.
—Es que tiene los ojos como felpy…—dijo la pequeña encogiendo sus hombros.
— Y ¿Quién es felpy?—preguntó el francés acercándose más a la niña— ¿Debe tener unos ojos azules entonces?
La pequeña entreabría su boquita al observar más de cerca al joven francés, negó de nuevo y salió corriendo hacia su mochila, sacó una animalito de felpa que entregó al peliturquesa— él es felpy —chilló—… mire tiene sus ojos—dijo la niña mostrando de cerca el animal.
Camus sonrió, tomo el peluche y lo giró, sus ojos se abrieron con asombro al ver la forma que tenían los del peluche, los coloco a contra luz y pudo observar varias estrellas dentro, inmediatamente volteó hacia la niña que lo observaba con una enorme sonrisa.
— Alessa ¿verdad?—preguntó mientras se acercaba y la tomaba por sus hombros— dime, exactamente ¿Qué vez en mis ojos?
—¡Estrellas!... ¡muchas estrellas!—chilló contenta.
Camus sintió que el corazón se le desbocaba de felicidad, frente a él, al fin tenia al fin a su aprendiz.
continuaraaa
Gracias por leer, de verdad me interesa lo que piensan y lo que les gusta de esta historia y que mejor que a través de un hermoso review...
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