Me van a querer matar jabdkjas

"So, no sé cuando tenga el siguiente"

Y eso fue un año atrás.

Sí, soy un mal ser humano, lo sé, no puedo hacer mucho al respecto.

También debo agregar que tengo una pésima percepción del tiempo y juraría que había actualizado hace algunos meses, y luego vi la fecha y "oh, espera, estamos en junio y... ¿ahí dice 2013? ¿Y en qué año estamos?" Fue algo como eso.

No los entretengo más mis queridos retoños, lean y disfruten.

PD: Gracias por los 40 reviews :D


Acción.

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What am I supposed to do, oh oh?

When she's so damn cold like -20°

That girl, that girl, she's such a bitch

But I tell myself I could handle it.

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|—¿Aceptas?

Pucca estiró su mano hacia Tobe, tratando de cerrar el trato de la manera más formal posible. Puede que estuviese herida por Garu, pero Tobe seguía provocándole desconfianza. ¿Cómo no? Llevaba tres años viendo de lo que era capaz.

—Por supuesto —Tobe estiró la mano hasta tocar la de Pucca sus dedos recorrieron lentamente la palma de su mano, la tomaron firmemente y la atrajo un poco hacia él.

Una mueca de confusión cruzó el rostro de la muchacha.

Tobe se inclinó con una parsimonia casi incómoda, apoyó la rodilla con lentitud en el suelo y alzó el rostro, con una sonrisa que escondía más secretos de los que Pucca estaba dispuesta a descubrir, besó el dorso de su mano con una satisfacción escalofriante. Pucca se controló lo mejor posible para no temblar de extrañeza a un contacto tan ajeno como ese.

—Será un placer ser tu novio, pequeña. Nos veremos pronto.

Luego Tobe la soltó, se levantó y con un pequeño gesto desapareció del callejón junto a sus secuaces en cosa de segundos. Dejando a Pucca sola en plena calle cerrada.

¿Que rayos había sido eso?

Pucca miró su mano recién besada, no estaba segura si debía sentir nerviosismo o repulsión.

Pero ahora se suponía que recibiría besos de Tobe no sólo en los dorsos de sus manos ¿Verdad? Era la primera vez que besaría a alguien que no fuese Garu.

Suspiró.

Era hora de acostumbrarse a la idea.

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Cuando Pucca abrió los ojos a la mañana siguiente ya había tenido toda la preparación mental que podría necesitar, se desperezó entre las sábanas y se estiró.

Bajó las escaleras de dos en dos hasta llegar a la cocina de sus tíos, al hablar estos no se sorprendieron tanto de escuchar su voz. Agilmente un plato de fideos recorrió la cocina de un extremo al otro hasta llegar a la hambrienta sobrina que esperaba paciente en la puerta. Un mensajito de "Buenos días, Pucca", estaba pegado a un costado. Pucca sonrió.

—Gracias tíos —se retiró a comer a su pieza, no sin antes saludar a Dada con la mano que trapeaba el piso antes de que abrieran para los clientes, el quinceañero le devolvió el saludo con un gesto de la mano y una sonrisa.

Cerró la puerta de su pieza detrás suyo mientras afirmaba la bandeja con fideos y un vaso de agua con una mano con completa facilidad. No sería una mala ayudante del restaurant si le dedicara tiempo como lo hacía Dada, claro estaba.

Luego de desayunar se duchó, agradeció la grata sensación del agua tibia a temperatura exacta recorriendo su cuerpo, que aún no era el todo de mujer (se estaba desarrollando de a poco, después de todo), se lavó el cabello, se hizo un poco de masaje y cuando ya estaba satisfecha con su tiempo bajo la regadera, cortó el agua, cogió la toalla más grande para el cuerpo y la mediana para todo su cabello.

Se hizo un nudo en ambas toallas y salió de su baño.

No había quedado en ningún lugar con Tobe, sin embargo éste sí había accedido a su plan, por lo que podría tener alguna entrada sorpresa, y Pucca tenía que estar preparada para ello, tenía que actuar natural, sobretodo si Garu estaba por ahí. Tenía que actuar natural, convencida y locamente enamorada.

Puede que piensen que sería extraño para Garu que Pucca dejara de hacerle caso de un día para otro y ya tuviese novio nada más al día siguiente, y cualquiera sospecharía en esa situación. Pero este no era el caso. Lo cierto era que, si bien Pucca llevaba dos días con la decisión de dejar finalmente a Garu "libre", hace casi un mes (o tal vez un poco más), que habían cesado las persecuciones, los besos forzados, los abrazos y demaces, pero no había sido tan obvio hasta ahora, por lo que Garu lo vería como algo progresivo, y no un cambio de golpe.

Se secó el cabello, y se colocó su teñida más típica, las mallas negras y el vestido rojo.

Se miró largo rato al espejo, analizando sus facciones, sus lunares, su tono de piel, el color y la profundidad de sus ojos, ¿Por qué no le gustaba a Garu? La chica del reflejo no se veía desagradable, entonces, ¿qué tenía ella? ¿Por qué no se podía? ¿Por qué no la quería?

Suspiró y dejó el espejo, negándose a torturarse a sí misma ni un minuto más.

Era hora de actuar.

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Cuando Pucca salió a la calle se le notaba la decisión en los ojos, pero el resto de su rostro disimulaba sus nervios a la perfección, sonreía alegre, casi ansiosa (ya que se suponía que se toparía con su nuevo novio en cualquier momento, tenía que estar preparada), las mejillas le brillaban saludablemente miraba todo a su alrededor como si fuese la primera vez.

No tuvo que esperar demasiado para toparse a Garu y a Abyo en la aldea, y esta vez no tenía a Ching o a Dada para contestar por ella. Debía ser fuerte y no ceder ante su viejo amor.

—¡Pucca! —Abyo cruzó por última vez miradas con Garu antes de sonreírle a la chica, como si antes de topársela hubiesen estado hablando (de alguna manera extraña, considerando el voto de silencio de Garu), de Pucca.

—Chicos —sonrió sin demasiados ánimos, evitando la mirada del pelinegro y únicamente mirando a su amigo. Garu hizo una mueca incómoda al escucharla hablar.

—Pucca —una tercera voz se unió a la conversación y un brazo cruzó la espalda de la chica, afirmándola de la cintura. Garu desenfundó su katana. Se mordió la lengua para no romper el voto de silencio. Subió la punta de la espada a la altura del cuello de su archienemigo.

—Tobe —habló Abyo, se tronó los nudillos—. ¿Qué haces tú aquí?

—¿Que hago yo aquí? —lo miró con una inocencia sobreactuada, no llevaba nada tapándole el rostro, estaba completamente al descubierto—. Pues vengo por mi chica, íbamos a salir a una cita y me atrasé. Qué bien que la mantuvieron entretenida por mi.

—¿Tú chica?

Antes de que alguno pudiese agregar algo más, Tobe le pegó una última mirada a Garu y con una malicia muy poco disimulada se inclinó, lento y tortuoso, sobre el rostro de la chica.

Para Pucca todo pasó lento, demasiado lento, el rostro de Tobe se fue acercando, sintió su respiración sobre sus propios labios entreabiertos por la sorpresa, lo vio cerrando los ojos en cámara lenta, vio como esbozaba una pequeña sonrisa antes de que sus bocas se juntaran, y por último sintió sus labios, curiosamente suaves y agradablemente húmedos antes de recordar que no debería ser un beso sorpresa y que debía cerrar los ojos si es que eran novios.

Tobe afirmó a Pucca por la cintura con ambas manos mientras prolongaba el beso unos pocos segundos más, notaba la incomodidad de la chica al tenerla cerca, y para curiosidad propia, no quería hacerla sentir mal.

Se separó y observó al par de muchachos que miraban boquiabiertos toda la escena; incrédulos. Tobe se sentía satisfecho con su reacción. Su mano descendió desde la cintura de la chica hasta su mano, entrelazó los dedos y luego de un instante de duda, Pucca imitó el gesto.

Los movimientos de Garu fueron desde lento a muy muy lento, tenía la mandíbula ligeramente desencajada mientras su mirada viajaba del beso que acababa de ver, las manos entrelazadas, la sonrisa triunfal de Tobe, su mayor archienemigo en todo el mundo y la mirada extrañamente cómplice de Pucca, su eterna enamorada... Ya no tan eterna.

Sentía su cerebro ad portas de hacer corto circuito. ¿Por qué le estaba pasando esto? ¿Por qué Pucca estaba con él? Lo habría aceptado con cualquier persona, ósea, no, no lo habría aceptado, pero lo habría digerido de una mejor manera que con él. Con Tobe. Eso era traición. Eso no se podía. Pero tampoco podía culpar a Pucca. ¿Acaso él tenía algún poder sobre ella? Estaba claro y esto comprobaba sus sospechas, todo lo que él significaba para Pucca, todo lo que ella sentía por Garu, se estaba esfumando progresivamente, y a una velocidad demasiado rápida.

Al parecer el tiempo le había pasado la cuenta. Y no le estaba saliendo barato.

Lo último que Pucca vio antes de irse fue la mirada atónita de Garu.

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Cuando Tobe y Pucca se perdieron en la multitud, el chico soltó lentamente la mano de su acompañante, cuidando de que esta no se sintiera incómoda.

—¿Qué tal salió? —preguntó luego de unos minutos en silencio—. ¿Lo habré convencido? Creo que a lo largo de su vida, nunca me había odiado tanto como en esos instantes. Se le notaba en la cara.

Eso era cierto. Garu nunca la había mirado de esa manera. Nunca lo había visto tan dolido, tan demacrado. Era como que la expresión se le caía, se desbarataba completo con esa simple acción.

Por un momento sintió pena, pena por el chico, por la situación, por sus decisiones.

Y entonces su despecho y dolor volvieron a llenarle el pecho. Volvieron a retumbar en su interior como rocas en una vieja caverna. En una caverna solitaria. Así estaba Pucca por dentro. Sola.

Cuando Tobe vio que Pucca se había perdido en sus propios pensamientos manteniendo la mirada más atrás que el chico le dio un pequeño apretón en el hombro.

—Hey, chica, despierta.

—¿Uh? Eh, perdona.

—Bueno, eh, ¿nos vamos, entonces?

—Supongo. Bueno, eh, gracias por aceptar, el plan, supongo.

—No me refiero a ese irse —Tobe hizo una pausa para luego continuar—. Te dije que hoy tendríamos una cita. Y no iba de coña —le tomó la mano de nuevo, esta vez de una manera más amistosa que romántica—. Anda, vamos, reservé una mesa en un restaurante.

Pucca estaba realmente sorprendida. Sintió como las mejillas se le teñían tenuemente de carmín. Nunca la habían invitado a una cita en su vida, y esta sorpresa se sentía de alguna manera agradable. Le daba una sensación cálida en el estómago.

Avanzaron entonces, de la mano por las amplias calles de Sooga.

Por supuesto que el restaurante era el de sus tíos. Como no adivinarlo. Oh, Tobe, que poca imaginación tienes.

Dentro del restaurante estaba, en una mesa bastante apartada, Ching, con un plato humeante de fideos que al parecer le había regalado Dada ya que al parecer el chico se tomaba muy en serio eso de ser su novio falso (¿Sería una manía de todos los hombres considerando como se estaba comportando Tobe? Lo hubiese sabido antes y le pedía a Garu que fuese su novio falso). En la mesa de su mejor amiga había una rosa roja a un costado y por lo que podía distinguir Pucca desde su lugar tenía una tarjetita colgando del envoltorio. ¿Cómo se estaría sintiendo Ching con todo eso de ser novia de Dada?

Por otro lado, Pucca se sentía muy sorprendida con todo esto. No esperaba para nada el comportamiento que Tobe estaba teniendo con ella, no parecía tan falso como ella lo hubiese esperado, más bien estaba haciendo dudar a Pucca de la veracidad de todo esto. ¿Qué tan falso era para Tobe este noviazgo? Se supone que sólo aparecerían juntos de estar Garu cerca, pero claramente el chico no estaba por ahí, y Tobe lo tenía más que claro.

—¿Qué van a pedir? —Dada miró disimuladamente a Pucca con cara de "¿este-era-tu-gran-plan?", mientras anotaba los fideos que Tobe le pedía, luego se giró hacía Pucca—. ¿Quieres que te traiga lo de siempre? —Pucca asintió, sintiendo que en la corta frase de Dada había alguna especie de código secreto que no lograba captar.

Dada se retiró para ir por los pedidos, dejándolos a solas.

—¿Y bien? —rompió Pucca el silencio. Dejando sus nervios de lado.

—¿Y bien qué?

—¿Por qué estamos aquí? —no quiso sonar descortés, aunque claramente fue así como sonó. La estaban invitando a comer y ella preguntaba las cosas de esa manera. Sin embargo, a Pucca la traía sin cuidado.

Una sonrisa se deslizó por los labios de Tobe. Su cuerpo se estremeció al darse cuenta que hace pocos minutos atrás esos labios habían estado pegados a los suyos.

—Estamos aquí porque quiero conocerte, pequeña —otra vez ese apodo. Pequeña—. Quiero conocerte más. Quiero conocerte como aliada, como mujer. Quiero conocerte como la Pucca independiente, no aquella que vive y respira para Garu. Quiero a esa Pucca que tiene ideales propios. Sentimientos —una pausa, un suspiro—. Me interesas.

Y el corazón se le paralizó.


Eh, debo agregar que el capítulo me quedó más largo que los anteriores, por si les sirve de compensación(?

Debo aclarar que no, no tardo un año en escribir un capítulo de 2100 palabras, no, tardé dos días y la verdad lo hice todo hoy hace un rato. Trataré (recalcó, TRATARÉ), de escribir otro pronto en vista de que no me toma mucho tiempo y me eximí de todas mis parciales jaja xD al menos demorar valió la pena.

Les adelantaré del próximo capítulo que habrá confusión y enfrentamientos.

¿Reviews?

Blue—.