La era del mito en el país del fuego
Capítulo 4
El origen del poder
—Caballeros, tenemos un problema —La voz de Shaka retumbó en la cabeza de todos los dorados. No era normal escucharlo con un tono preocupado al normalmente sereno guardián de virgo.
Saga expandió su cosmos intentando localizar alguna amenaza y de inmediato entendió lo que Shaka decía. Levantó su vista observando el cielo sin estrellas y un feo presentimiento se instaló en él.
—Reunión en la casa de Uchiha, de inmediato —ordenó.
Él no era el líder, nadie era realmente superior entre los caballeros dorados. Todos eran iguales y sobre ellos solo se encontraba el patriarca y luego la mismísima diosa Athena.
Pero Saga había sido patriarca por tanto tiempo que, aunque había sido un puesto usurpado, nadie negaba su capacidad de reacción y liderazgo. Nadie excepto Kanon, por supuesto.
Así todos los caballeros se apresuraron en llegar a la casa de los Uchiha desde los diferentes puntos de la feria. Aioria arrastró con él a Naruto y Sakura, mientras Kakashi e Itachi acompañaban a Saga.
Cuando Sasuke entró a su casa vio a todos los caballeros y a su equipo reunidos en la sala. Enarcó una ceja y contempló la posibilidad de ir directamente a su habitación o simplemente darse la vuelta y salir.
—Qué bueno que llegas —dijo Itachi —. Ha ocurrido un problema.
Viendo las caras desconcertadas de sus amigos, Sasuke supo que ellos no eran parte de lo que sea que había sucedido.
—Querrás decir que ellos tienen un problema.
Itachi bufó y le lanzó una mirada de advertencia. El menor de los Uchiha no tuvo otra opción que obedecer y se acercó a la sala, manteniéndose en el extremo más cercano a la puerta.
En el centro dos estatuas habían reemplazado la mesa baja de madera. Una de ellas brillaba tenia parte de oro y otro material que no reconoció y hacia una figura de un dragón.
La otra era completamente de oro con una extraña forma del tronco de un humano. Pero con dos rostros, uno a cada lado, y cuatro brazos que salían del sus costados.
Sasuke notó la cara de curiosidad de Naruto y no tuvo duda que rompería esas estatuas en poco tiempo.
— ¿Que está sucediendo? — preguntó Sakura. Al ver la mirada que todos intercambiaron, arrugó el entrecejo. Tenía una teoría de lo más extraña que incluía comunicación telepática entre ellos, pero era imposible. Nadie podía hacer eso.
—Nuestras armaduras —respondió Shaka —no podemos sentirlas.
Los ninjas de la hoja enarcaron una ceja casi al mismo tiempo.
—Con "sentirlas" se refieran a… — preguntó Kakashi, alzando la voz por todos.
Mascara de muerte soltó un suspiro exasperado y se inclinó levemente hacia el frente.
—Sentir su poder, por supuesto. No responde nuestro llamado y no podemos vestirlas.
— ¡¿Con que es eso?! —exclamó Naruto, chocando su puño en la mano y ganando la atención de todos —. Que fácil.
Rio, levantándose de su asiento y preguntándose porque todos eran tan tontos que no sabían la respuesta obvia del problema. Se dirigió al centro, donde las armaduras, con paso firme y se inclinó hasta que su rostro quedo a la altura de ellas.
Sakura entrecerró sus ojos, temiendo que hiciera algo estúpido.
— ¡Señor dos caras! — Gritó al espacio vacío del casco de la armadura de Géminis — ¡Me permite utilizarlo como ropa, se verá genial en mí, ttebayo!
Apenas termino de hablar, el puño de Sakura lo mando directo al piso.
— ¡Serás imbécil! ¡Lógicamente no se refieren a eso!
Naruto lloró y se quejó, mientras se alejaba de su compañera. La mirada de Saga lo fulminaba también, así que se alejó del peliazul también.
—Por supuesto que no — respondió con su voz grave, sus ojos verdes se ensordecieron —. El cosmos es nuestra fuente de poder y nuestro vínculo con nuestra armadura. Al encenderlo, entra en resonancia y la armadura acude a para envestir al guerrero que debe portarla. Cada una es diferente y única.
—Pero yo aún puedo sentir la mía — dijo de pronto Kanon esbozando una maliciosa sonrisa.
Encendió su cosmos, un aura dorada envolvió su cuerpo e incluso Itachi el más cercano a él sintió la calidez que emanaba, y el dragón de metal exploto. Naruto que estaba muy cerca se dejó caer al suelo asustado y Sakura le envió una mirada reprobatoria antes de darse cuenta que cada pieza del dragón se ensamblaba en el cuerpo del peliazul.
Kanon rio ante la mirado bobalicona de los ninjas.
—Sorprendente ¿no?
Naruto asintió fervientemente. Saga resoplo con fastidio y Milo se puso de pie indignado.
— ¿Cómo es posible que las escamas respondan normalmente y las armaduras doradas no?
Por sus ojos furiosos parecía que se lo tomaba como algo personal. Kanon se encogió de hombros.
—Solo a Géminis he dejado de sentir desde hace unos minutos.
Itachi entrecerró sus ojos viendo de Kanon a la otra armadura alternativamente.
—Puedo deducir que esta armadura — índico a Kanon — y las otras, tienen bastantes diferencias.
—Esa es una escama de los generales marinos —replico Saga, tomando de nuevo el mando de vocero oficial —. Son las armaduras de la orden de Poseidón, el dios de los mares, a la cual Kanon ya no pertenece.
—Estás bastante hablador hoy, hermano mío —respondió mordazmente el gemelo.
— ¿Qué otras diferencias existen? —preguntó Sakura directamente a Aioros que estaba sentado a su derecha.
—Las nuestras son las más fuertes de la orden de Athena, representan las doce constelaciones principales y es ahí donde residen el poder de ellas…
La voz del Aioria se fue apagando poco a poco a mediada que hablaba, su mente comenzaba a trabajar rápidamente llegando a un posible origen. No fue el único, los caballeros que asistieron al festival también captaron el problema.
—La lluvia de estrellas —dijo Sakura. Por un segundo se miraron a los ojos con el caballero, verde contra verde, y luego el asintió.
—No entiendo — la voz de Naruto rompió el silencio — ¿Que tienen que ver las estrellas y que las armaduras se vuelvan sordas?
—Ya no hay estrellas en el cielo, Naruto —respondió Sasuke pero al ver que el chico seguía con expresión tonta, se tapó con una mano el rostro. No desperdiciaría sus palabras.
—De las estrellas viene su poder, — explicó Kakashi —sin estrellas es como si estuvieran…
—… muertas —completó sombríamente Máscara.
El silencio que siguió a esas lúgubres palabras se comenzó a tornar incómodo. Los caballeros comenzaban a percatarse de los problemas que se podrían ocasionar de seguir en ese mundo, incluso podían perder su cosmos. Pero la pregunta del millón era ¿Qué había pasado con las estrellas?
Los días siguientes habían intentado de todo. Las bañaron con su sangre y cosmos, intentaron colocárselas manualmente solo para terminar con pilas de oro sin formar. Las llevaron al campo de entrenamiento para que la luz del sol las bañara, luego probaron con luz lunar.
A Kanon le gustaba hacer resonar su armadura de dragón de tanto en tanto, especialmente cuando su hermano se encontraba cerca y por eso cada día el humor de Saga empeoraba y sus conversaciones se reducían a monosílabos, tanto que Itachi temió que sería peor influencia para Sasuke.
—Debe haber algo que podamos hacer - dijo Sakura cuando todos estaban al cobijo de los árboles en los campos de entrenamiento.
La moral de todos estaba completamente baja, excepto por Sasuke que comenzaba a encontrar entretenido el dolor ajeno, así que los caballeros solamente se encogieron de hombro.
— ¡Así es! —Gritó Naruto —Haremos que sus armaduras brillen de nuevo su que tenga que convencer a su diosa
De repente, Shaka abrió los ojos. El resto de caballeros se congelo en el lugar esperando recibir el tesoro del cielo.
—Eso es -dijo - debemos encontrar a la señorita Athena. La sangre de una diosa puede devolverles la vida.
—El problema ricitos de oro, es que no sabemos dónde demonios estamos —gruño mascara —, y fue ella quien nos lanzó aquí.
—Además que nadie la conoce —apuntó Aioria.
— ¿La sangre de otro dios podría funcionar de igual manera?
La pregunta de Itachi descolocó por un momento a todos los guerreros. Nunca lo habían pensado, no habían muchos dioses dispuestos a ayudar, por lo general disfrutaban matándolos para conquistar la tierra.
— ¿Y dónde planeas conseguir un dios, hermano? —Itachi ignoró la pregunta sarcástica de Sasuke y siguió hablando con los guerreros.
—Conozco un devoto a un dios, con características similares a la vuestra. Exige sacrificios a cambio de un brindarles poder y los vuelve casi inmortales.
— ¿Estás hablando de…?
Itachi volteo la cabeza hacia a Sasuke y asintió secamente.
—Debemos encontrar a Hidan.
—.—
Los ojos azules de Aioros observaban aburridos el mar que se extendía después de los límites del santuario. Era un día caluroso en Grecia y deseaba poder zambullirse en esas aguas, sim embargo el único lugar que quedaba dentro del santuario, era cabo Sunion y no deseaba ir a ese lugar.
Su mente divagaba en múltiples temas. De tener una vida tranquila luego de volver del inframundo, ahora parecía que los problemas le llovían. Primero la desaparición de su hermano, ahora su armadura.
Escuchó pasos en la escalinata zodiacal y se levantó de la piedra donde había estado sentado.
—Mu — saludó al santo de la primera casa, donde había estado esperando.
—Aioros —el pelilila sonrió, sus ojos verdes lo contemplaron lleno de tristeza. Al castaño le habían arrebatado la vida hace muchos años y cuando por fin estaba devuelta le arrebataban a su hermano menor. La vida no era justa para el santo de Sagitario — No hemos encontrado ninguna pista. ¿Ha dicho algo la señorita Saori?
El castaño negó.
—Pero tenemos otro problema. Las armaduras han dejado de responder. Primero las doradas y ahora algunas de plata. De seguir así, estaremos vulnerables a cualquier ataque.
Mu frunció el cejo contrariado
—Trae esas armaduras ante mí. Veré que puedo hacer.
Aioros asintió y corrió escaleras abajo hacia el coliseo.
