– ¡Guardias! ¡Protejan el Castillo!- ordenó el Rey Jimmo mientras llevaba a la gente hacia un lugar seguro.

Además, esta no era la primera vez que los atacaban por sorpresa.

Thaddeus había salido del castillo, su padre había venido por él y lo sabía. El Rey Harlan Blakk sabía que su hijo estaba en el Castillo Shane, pero no sabía para que. Pero lo que si estaba seguro, era que el rey de GhoulTerra quería su hijo de vuelta.

Los soldados de GhoulTerra trataron de buscar a Thaddeus pero no los encontraron. –Búsquenlo por todas partes. ¡Tiene que estar aquí!- grito uno de los solados.

Los soldados de BajoTerra se apresuraron a hacer retroceder a GhoulTerra, pero ellos insistían en que Thaddeus estaba ahí.

Empezaron a discutir y a pelear.


Jimmo suspiro aliviado de que su gente estaba seguro, los guio por una puerta secreta por detrás de una estatua. Los tenía protegidos en lo desconocido del castillo.

– ¿Están todos bien?- pregunto la madre de Will.

– ¡Si señora!- respondieron la gente.

De pronto se oyó un grito desde el fondo. – ¡¿DÓNDE ESTA WILL!?- Esa era la voz de Amelia.

– ¡Will!- gritaron Jimmo y la madre del joven príncipe y único primogénito de BajoTerra.


Con Will…

Quizás a él no lo habían entrenado muy bien como digamos para pelear así, pero estaba aprendiendo.

En ese momento estaba acorralado contra la pared sin ningún arma. – ¿Dónde está el hijo de Harlan Blakk?- demando uno de los soldados enemigos.

–A mi no me importa ese cretino, señor. ¡Ahora lárguese de mi vista!- exclamo Will.

–Usted no es mi príncipe, William.- dijo el soldado mientras le ponía la punta de la espada en su garganta.

Will frunció el seño pero no dijo nada. –Si me mata… usted estará muerto… eso es una promesa.

–Como si yo fuera a matarlo príncipe. Ese no es mi deber. Ahora. ¿¡Dónde está Thaddeus Blakk!?- pregunto el soldado de nuevo echándole más presión a la garganta de Will.

–Y-ya le d-dije que yo no sé nada…- dijo el pelinegro-azulado.

–Solo mentiras dice…

–Los Shane no mienten…- dijo el General Sting mientras se acercaba por detrás del soldado enemigo. Él después pateo el soldado a un lado con todas sus fuerzas, alejándolo de Will. –Ve con tu tío, Príncipe William. Ya sabe por dónde.- dijo el General entre dientes.

– ¡Pero puedo ayudar!- insistió Will con autoridad en su voz.

– ¡No! No puede aun. Está aprendiendo hace poco, no ha tenido experiencia. Ahora, ¡váyase a u lugar SEGURO!- grito el general desesperado mientras más soldados aliados venían.

Will no tuvo más opción que irse del lugar, no sin antes ser apuntado con una flecha en el hombro.

– ¡Arg!- saco la flecha de su hombro y salió corriendo, este no era su día…

Will pronto llego a donde estaba el resto de la gente, pero estaba sosteniendo su hombro. Su madre y Amelia se le acercaron rápidamente.

– ¿Qué te paso?- preguntaron amabas al unisonó.

–N-nada… solo me quede atrás…- respondió el ojiazul mientras trataba de esconder su hombro.

–Hijo, quítate la mano.- ordeno su madre. Will hizo lo pedido y su madre jadeo. –Malditos soldados enemigos…- dijo entre dientes mientras remojaba un pañuelo y le quitaba de sangre.

– ¿Seguro que estarás bien, Will?- pregunto Amelia preocupada por él.

Will asintió con la cabeza y le regalo una sonrisa.

– ¡Will!- grito Jimmo mientras corría hacia su sobrino. – ¿Pero en qué diablos estaba pasando en tu cabeza? ¡Te dije que cuando esto pasara corrieras!

–Jamás me dijiste nada, tío. Pero si es así a la próxima, entonces así será.- dijo Will con calma mientras su madre le vendaba el hombro.

–Pero aun así, debiste usar tu lógica Will.

–Jej…. ¿Pero que más se puede hacer ahora, tío?- dijo el ojiazul con confianza. Se volteo a su gente. –Lamento esta interrupción. Al parecer Thaddeus ha escapado y solo nos creó problemas.- empezó a decir el joven príncipe. –Pero descuiden, los guardias están encargados de sacar al enemigo de nuestro castillo. Síganme.- dijo al empezar a caminar por un pasillo.

Toda la gente lo siguió y llegaron a un cuarto grandísimo con luces. –El lugar más seguro de nuestro castillo. Oí que vienen más soldados.- dijo la madre de Will.

Se quedaron en silencio mientras comían un poco de la comida que habían traído de la cena. Nadie hacia ninguna ruido y Will se quedaba en guardia para ver si alguien venia, pero solo vio al general Sting corriendo hacia ellos con una gran sonrisa en su rostro.

–Los soldados enemigos han retirado y están rumbo a GhoulTerra, ganamos señores y señoras.- dijo con orgullo.

La gente aplaudió y grito en felicidad.


Ya era tarde y todos se retiraron a ir a sus respectivos hogares.

Las familias reales que vinieron se despidieron de la familia real Shane mientras que ellos se disculparon por lo sucedido, al final nadie se enojo con nadie. Pero el problema con Thaddeus tenía que ser resuelto.

–Adiós Amelia, cuídate mucho.- dijo Will mientras le besaba la mano.

Amelia sonrió y lo abrazo suavemente. –Lo hare… tu también cuídate. Adiós.- dijo ella mientras le besaba la mejilla al ojiazul y se fuera con su padre de la mano.

Will sonrió y un sonrojo creció en sus mejillas, jamás pensó que su amiga de la infancia seria su amor en ese momento.

– ¿Crees que yo seré la futura suegra de Amelia?- pregunto la madre de Will mientras se acercaba a su hijo.

– ¡Madre!- exclamo Will sonrojado.

Ella solo se rió. –Jeje… solo estoy jugando. Ahora vete a dormir hijo…- dijo ella mientras lo empujaba hacia adentro.

Will rodó los ojos pero le hizo caso a su madre. Mientras caminaba, oyó un rugido pasando por el cielo.

¿Acaso era uno? Él desde hace mucho tiempo que no había visto uno de esos animales místicos. Aquellos animales solo venían de vez en cuando y eran muy difíciles de atrapar.

–Dragones…- murmullo el ojiazul mientras corría a lo más alto del castillo. Abrió la puerta de una patada (literalmente) y se subió aun más; al techo de la torre.

Y ahí estaba, aquel animal de cuatro patas, dos alas y cola larga y fuerte. Cabeza de lagartija y cocodrilo combinados, ojos dulces y feroces al mismo tiempo, cuernos de puro hueso pero fuertes como el hierro, dientes afilados y listos para atacar. Pecho grande en donde estaban sus gigantes pulmones. Garras curvadas, perfectas para cazar.

El dragón miró al joven Shane con los ojos entrecerrados y gruñó.

–Shh… cálmate, no te hare daño…- dijo Will mientras se quedaba quieto, no tenía ningún arma a mano. Se quedo totalmente quieto para no intimidar el dragón escupe fuego.

El dragón solo se le acerco a Will y le acaricio el pelo, acto seguido emprendió vuelo lanzando un rugido para después desaparecer.

–Nos volveremos a ver… creo…- murmullo el Shane mientras corría rápidamente a su habitación. No quería que nadie supiera que estuviera ahí.

Afortunadamente, cada quien estaba en su habitación, los guardias estaban comiendo su cena, aunque algunos aun cuidaban el interior del castillo.

El pelinegro-azulado llego a su habitación y empezó a escribir lo que había pasado en ese día, cada detalle.


Con Thaddeus Blakk…

El ojiverde-claro había escapado y había estudiado el interior del castillo Shane, solo tenía que recordar aquellos pasillos y ventanas, y cálculos para usarlos en el futuro.

Estaba de regreso en la casa abandonada en donde vivía, Morris lo estaba esperando.

–Si sabes que tu padre envió los guardias a traerte, ¿verdad?

– ¡Lo sé Morris! No soy una inútil, sabia que mi padre iba a hacer eso… ese inútil hijo de su madre… - empezó a murmullar Thaddeus, – sabía que iba a venir por mí, por eso fui a la danza real de BajoTerra. Además, encontré a alguien…

–No me diga… fue su amiga Amelia. ¿Verdad?

–Correcto Morris. La vi con William, William Shane. – dijo este con una sonrisa en su rostro.

– ¿Y porque estas tan feliz entonces?

–Por qué sabía que ella iba a terminar el él. Amelia cuida y ama a aquellos que tiene de cerca, su corazón se destroza si le quitas a un amado de su familia.

–No entiendo.

–Un día se casaran, lo sé. Lo presiento, se casaran y tendrán hijos…

–No me diga lo que pienso que va a hacer…- dijo Morris entendiendo a donde iba su jefe.

–Bien, ya que no quieres saber más.- dijo Thaddeus mientras le entregaba un plano dibujado del castillo Shane. –Este es el castillo del Rey Jimmo, futuro castillo de Will. Aquí es donde guardan sus tesoros… incluyendo los cristales más preciosos y mágicos de nuestras tierras.- agrego.

–Entonces deseas saquear su tesorería.

–Exactamente.

–Bien, entonces tenemos que reunir más de nuestros hombres y atacar por sorpresa.

–Teóricamente estas en lo correcto…-

Y así, el joven Blakk empezó sus planes para hacerse más rico que su padre cuando el muriera o descendiera de su trono. Los días pasaron y sus pandillo logro saquear a los Shane.

Thaddeus estaba satisfecho, pero ahora, estaba siendo perseguido, pero aun así, seguía pasando las semanas como si nada hubiera pasado. Siempre estaba sonriendo satisfecho, cada vez que pasaba por el castillo de su padre siempre murmullaba las misma desagradables palabras, solo deseándole la muerte a su mismo padre.


Con Harlan Blakk…

El Rey había caído en una enfermedad mortal, pero aun así, seguía luchando y luchando por conservar su vida y cuidar de sus súbditos. Como había dicho Jimmo Shane, Harlan si era buen rey con su pueblo.

–Mi rey… no he visto una enfermedad cual como el que tiene usted en este momento. Si solo pudiera contactar con uno de los Sanadores mágicos juro que haría lo posible para recuperarlo a su completa recuperación.

–Gracias Marcus, pero ambos sabemos que no hay mas escapatoria a esta maldición… - dijo ya el viejo rey entre dientes.

–Juro con toda mi alma que encontrare a la persona que lo maldijo mi señor.- dijo el médico de ese entonces.

–Gracias, le agradezco la ayuda que me ha dado en estos días, señor. Pero si muero hoy, mañana, pasado… dígale al general que busque a mi hijo para que tenga este castillo, se que aun está ahí, pero aun que sea un criminal… es el único heredero al trono… mi segunda hija a muerte desde hace años y la reina ha estado muerte desde hace décadas… mi familia esta maldita… lo presiento.

–Señor, mil perdones por lo que usted piensa, mejor duerma y se sienta mejor. Solo tómese esto y ya.- dijo el médico mientras le entregaba un vaso con un antídoto.

El rey Harlan Blakk agradeció su ayuda y el médico se retiro. Él se tomo el antídoto y cayo de una vez dormido, botando el vaso de sus manos y regando lo restante al piso.


–Señor, ya lo hice.- dijo un tipo regordete con bigote y cabello de color café rojizo.

–Bien hecho… "Marcus"- dijo Thaddeus Blakk mientras sonreía de lado malvadamente.

El tipo sonrió maniáticamente y dijo algunas palabras extrañas y su apariencia cambio. Ahora era un joven de 16 años con ojos de color gris, pelo café y piel clara. Su verdadero nombre, Jordán.

–Toma tu paga, Jordán. Agradezco todo realmente.- dijo el joven Blakk mientras le daba el dineral a su nuevo cómplice.

El supuesto antídoto no era un antídoto, si no era un veneno aun más mortal que la enfermedad en sí.

Ahora, Harlan Blakk estaría muerto de por seguro. Y en ese lapso de tiempo, habían pasado tres años.