¡Felices fiestas a todos!, espero que lo hayan pasado muy bien, y que santa y los reyes les hayan traído todo lo que pedían. Por mi parte aquí tienen mi regalo de reyes, aunque un día atrasado :P... es un capitulo de unión entre Carlisle y Edward, ya que hacía falta, a mi parecer.
Les dedico éste capitulo a todas esas maravillosas personas que me han dejado un review, o han puesto mi historia entre sus preferidos. ¡Sois los mejores! Nos leemos abajo.
A mi los reyes no me trajeron lo que yo pedía, porque les pedí a Edward y nada. Aun sigue siendo de la Meyer.
Cap 4 Mi hijo y yo.
Los días pasaron sin que ninguno de los tres se diera cuenta de ello. Y antes de lo que pensaban ya había pasado casi una semana desde que Edward se había ido a vivir con el matrimonio Cullen.
Edward no se podía quejar, Carlisle y Esme eran muy buenos con él, y se esforzaban mucho para hacelo sentir en casa dentro de esa enorme mansión. Se encontraban en la ultima semana de julio, así que por el momento pasaba sus días en compañía de Esme, visto que no había clases a las que asistir. Durante las mañanas le gustaba ayudarla en los diferentes haceres de la casa, Esme le había comentado que últimamente tenia su casa un poco abandonada (Edward había entendido que era debido a que pasaba todos sus días en el hospital junto a él); y ella disfrutaba de la compañía de él, dado que era muy poco lo que de verdad le permitía hacer en la casa.
Las tardes, luego de que Carlisle llegara del hospital, ambos lo llevaban a dar un paseo por la ciudad, o al parque. Le gustaba mucho como habían trascurridos esos días.
Pero sin duda las noches eran otra historia completamente diferente. Era muy poco el tiempo que pasaba desde que lograba dormirse hasta que alguna pesadilla invadiera sus sueños. La mayoría eran memorias de su madre, revivía una y otra vez algún momento en el que ella no estaba teniendo un buen día, y se desquitaba con él. Edward no sabia como se tenia que sentir al respecto, pero no podía evitar pensar que estaba agradecido del hecho de que lo hubieran alejado de ella.
Aun así no eran los recuerdos lo que más aterrorizaba a Edward por las noche. Había tenido un par de veces ( o quizás eran tres) una pesadilla que lo hacia despertarse todo sudado y llorando, tan terrible que no lograba dormir más por el resto de la noche. Era lo que él más temía en éste mundo, que Carlisle y Esme se terminaran dando cuenta que él no valía la pena, y lo dejaran también ellos.
El contexto y las situaciones del sueño podían variar, pero las frases que le dirigían los dos adultos al niño eran siempre las misma.
Por suerte sus padres de acogida no habían notado nada al respecto, sus sueños eran a pesar de todo silenciosos ; y ni Carlisle ni Esme habían dado a entender en ningún momento que sabían lo que ocurría durante las noches. Menos mal- pensaba Edward- lo que menos quería era que se preocuparan más por él.
-Vamos dormilón, arriba- escuchó la voz de Esme que penetraba en sus sueños- hoy va a ser un día especial.- después de eso escuchó como las cortinas de su cuarto se corrían, y sintió el sol que golpeaba su cara. En ese momento Edward abrió los ojos, y después de haberse acostumbrado a la luz, se dio cuenta de que en la habitación con él no se encontraba solo Esme, al lado de ella estaba también Carlisle, el cual parecía estar verdaderamente emocionado. ¿De qué?, Edward no tenia ni idea. Eso si que era extraño- pensó- por lo general cuando Edward se levantaba por las mañanas, ya Carlisle había salido hacia el hospital.
-¿Por qué no estás en el hospital, Carlisle?- le preguntó, mientras se tallaba uno de sus ojitos con la mano.
-Hoy no Edward, hoy es mi día libre. Y tengo preparadas muchas sorpresas para nosotros.
-¿De verdad?- ya estada completamente despierto, ante la perspectiva de saber de qué se trataban esas sorpresas.
-Así es, pero no te las voy a decir hasta que no estés listo para salir.
-Ya escuchaste a Carlisle, Edward- le dijo Esme, tendiéndole la mano para ayudarlo a bajarse de la cama- vamos para que te vistas y desayunes algo antes de salir.
Media hora después, Edward ya tenia el estomago lleno, y estaba vestido como si fuera a jugar algún deporte, con ropa bastante fresca para soportar el fuerte calor de Chicago en verano. Esme le había incluso puesto una gorra de Baseball, la cual Carlisle acomodó, colocándosela al revés en cuanto lo vio bajar por las escaleras.
-Bien, ya está. Ya nos podemos ir- Carlisle le cogió la mano, le depositó un beso en los labios de su mujer, y después empezó a dirigir a Edward hacia el umbral de la puerta principal.
-¡Diviértanse mucho!- les dijo Esme , que aun se encontraba en la base de las escaleras.
Edward notó que Esme no se movía de su lugar, y le sorprendió ver que solo él y Carlisle estaban por salir de la casa- ¿Tú no vienes, Esme?- le preguntó
-No cariño, soy muy mala para lo que van a hacer ustedes hoy. Además voy a aprovechar que hoy voy a estar sola en casa para limpiar un poco.
Esa era la excusa que ambos habían acordado darle a Edward sobe el por qué ella no iría , pero la verdad es que Carlisle había tomado ese día libre con el único propósito de pasar el día fuera con Edward; y Esme se encontró en seguida de acuerdo. Sus dos hombre necesitaban unirse como padre e hijo, sin que ella estuviera presente.
-Bueno, nos vemos más tarde- dijo Edward, aceptando sus palabras.
- Hasta luego mi amor, contaré cada segundo de los que me separan de ti- Le dijo Carlisle, y con eso él y Edward dejaron la casa, y se subieron en su Mercedes negro.
Edward no se lo podía creer cuando vio a donde lo había llevado Carlisle.
-Ya está, hemos llegado- anunció el rubio doctor.
- ¿De verdad que vamos a entrar allí dentro?
-Así es. - lo cogió de la mano, y lo condujo hacia la entrada que llevaba hacia el campo de baseball en forma de diamante, utilizado para los partidos de las pequeñas ligas infantiles.- Me acordé que el otro día me dijiste que nunca habías jugado al baseball, y por eso te traje, para que juegues por primera vez conmigo.
-¿En serio?- A cada segundo que pasaba, sus ojos se iluminaban un poco más.
-En serio, he alquilado el campo, y durante las dos próximas horas será todo nuestro, y de nadie más. Anda, vamos a jugar.
Después de unos cuatro o cinco intentos fallidos, Edward entendió perfectamente la mecánica del juego; cualquiera que no lo supiera, de seguro que no se lo creería que ésta era la primera vez que jugaba, de lo bien que lo hacia.
Carlisle, a pesar de lo competitivo que lo acusaba de ser Esme, no se resistió a la idea de dejar que Edward ganara todas la veces. Lo herido que podía llegar a sentirse su orgullo, bien valía la felicidad que llenaba su corazón cuando veía la radiante sonrisa de Edward, cada vez que él se daba cuenta que había ganado.
Para cuando habían pasado las dos horas en las que estuvieron jugando, ambos estaban completamente sedientos, hambrientos y sudados.
Después de eso fueron al zoo, y a Carlisle le encantó ver lo curioso que era Edward, preguntaba sobre todo y quería saber de todo. El niño tenia una mente analítica como la suya. Y ya su imaginación divagaba, recreando conversaciones que aun tenían que tener lugar; Como con el pasar de años la relación entre ellos dos se fortificaría, y llegarían a hablar de todo, una vez que Edward tuviera la madurez suficiente para entender los temas. Discutirían de política, de ciencia, de filosofía, música y quizás incluso arte.
Si- pensaba Carlisle- serán momentos muy entretenidos y que atesorará con celo.
A la hora de la comida, se dedicaron a comer todas esas cosas que Esme no aprobaría. Por mucho que su mujer al final podría ceder diciendo la frase "Bueno, una vez al año no hace daño", de ninguna manera iba a aprobar la cantidad de comida "chatarra" que Carlisle le estaba dejando comer a Edward. Hot dogs, refrescos enormes, algodones de azúcar, palomitas de maíz, y muchas más cosas de las cuales no lograba siquiera recordar todos lo nombres.
Rió al caer en la cuenta de que muy probablemente ésta misma historia iba a ser una constante en la vida de Edward en los próximos años. Esme trataría de cuidarlo, cocinándole comida sana, y cuidando la cantidad de azúcar que podría comer. Mientras que él a escondidas lo llevaría a los parques para que se atiborrara de todo lo que quisiera. Una situación bastante paradójica, considerando que era él mismo el doctor, y que por lo tanto tendría que ser él quien se preocupara de cuidar todo lo relacionado con la salud.
-Oye Carlisle- le masculló Edward, mientras comía un bocado de su tercer hog dog.
-Dime campeón- le dijo Carlisle, revolviéndole el ya despeinado cabello.
-Solo quería decirte que me estoy divirtiendo mucho hoy, y que me alegro que hayas conseguido tener el día libre.
-Bueno, como sabrás Edward yo soy mi proprio jefe, porque soy el director del hospital. Así que de ahora en adelante me voy a asegurar de tener más días libres, visto que ésta es una experiencia que vamos a repetir. Porque yo también lo estoy pasando muy bien.
-¿Lo dices en serio, vamos a volver a jugar al baseball?
-Claro que si, es más yo creo que deberíamos practicar juntos al menos una vez a la semana. Tienes mucho potencial, y si sigues así seguro que en un par de años podrías formar parte de la liga infantil.
-Vaya- Edward sintió que sus mejillas ardían, y sabía que nada tenia que ver con el calor que hacía- gracias.
-¿Y de qué?- le dijo Carlisle con una sonrisa.
Para Edward todo lo vivido en ese día, era algo completamente nuevo. Nunca había estado tanto tiempo a solas con Carlisle, fuera del hospital y sin la presencia de Esme. Él nunca había tenido un padre; el suyo murió antes de que tuviera siquiera la oportunidad de recordarlo. Y a diferencia de lo que le ocurría con Esme y su madre, no había nadie con quien pudiera comparar a Carlisle.
Si ante la idea de haber encontrado en Esme a una madre, Edward se retenía el niño más afortunado del mundo. Pensar que ahora había conseguido también un padre, era casi increíble.
Por eso le aterraba pensar en la posibilidad de que sus pesadillas se hicieran realidad, Edward a pesar de ser tan pequeño era muy maduro para su edad (la vida lo había obligado a serlo), y sabia y comprendía que no lograría soportar el dolor si al final, tanto Carlisle como Esme lo abandonarían también, no después de que los había dejado entrar en su corazón, y que había llegado a tenerles muchísimo cariño.
Pero se decía siempre que eso no iba a ocurrir, ellos también parecían quererlo mucho, y se preocupaban por él . Así que no había nada que temer, ¿cierto?
Cuando atravesaron la entrada de la mansión Cullen, esa tarde, Esme no pudo evitar reírse al darse cuenta de los sucios, despeinados y bronceados que estaban. Pero más que nada estaban felices. Carlisle llevaba a Edward a caballito en sus espaldas, y se venían riendo de algún chiste privado.
-¡Hola Esme!- exclamó Edward en cuanto la vio.
-Hola, ¿cómo les fue?
-¡Muy bien!, nos divertimos mucho...
-Que bueno, ¿Y qué hicieron?
-No te lo podemos decir, es un secreto- le dijo el niño enigmático.
-Si, ya oíste al señor, es un secreto- le dijo Carlisle, mientas se acercaba para depositarle un beso en los labios.
-Oh- fue toda la respuesta que le dio Esme, intentando parecer desilusiona. Ella sabia que ya se lo contaría Carlisle más tarde.
-Yo no soy un señor- dijo Edward riendo.
-Vale nada de señor.
-¿Saben que me haría infinitamente muy feliz?- preguntó Esme.
-¿Qué cosa?- respondieron Edward y Carlisle a la vez.
-Que se vayan a duchar. No es por ofender, pero apestan, y no hace mucho terminé de limpiar la casa.
-Muy bien- le dijo Carlisle, imitando el saludo militar, mientras Edward se reía una vez más- ya escuchaste a la dama Edward, vamos hay que hacer siempre como dice ella.- y con eso, empezó a subir las escaleras, llevando consigo a Edward.
-¡Fue maravilloso Esme!- le dijo esa noche Carlisle, mientras ambos estaban por ir a dormir. Él ya se encontraba recostado en la cama, mientras veía a Esme, que estaba sentada en su tocado, cepillándose el cabello.
-Me alegro mucho por ti, mi amor- Esme dejó el cepillo, y se levantó para dirigirse hacia la cama. Se recostó sobre el pecho de Carlisle, mientras él le pasaba un brazo por la espalda, para acurrucarla más a sí. Quería tanto a su mujer, que llevaba hasta a dolerle el corazón cuando no la tenia como ahora. - Pero sígueme contando- pidió ella después de unos minutos de silencio. Él hizo como ella le pedía.
-Ha sido una experiencia completamente nueva. Siempre lo había pasado muy bien, cuando llevaba a Jasper y a Rosalie al parque o al zoo. Pero en el fondo, en ningún momento podía olvidar que yo no era más que su tío, y ellos tienes un padre esperándolos en casa. En cambio con Edward, lo sentí mio; ésta tarde Edward era mi hijo y de nadie más. Eramos mi hijo y yo.
-Oh Carlisle. Me estás haciendo llorar. Nunca pensé que podía llegar a ser más feliz de lo que lo eramos unos meses atrás. Pero me encanta la idea de que estoy formando una familia contigo.
-Es cierto, poco a poco nos estamos convirtiendo en una familia. No le hemos dado la vida a Edward al nacer, pero se la estamos dando ahora, le estamos ofreciendo la vida que él se merece, y se le había negado. Y tú mi querida Esme, eres una mamá fantástica.
-Te amo tanto Carlisle- le dijo ella, llorando. Todas la mañana se levantaba pensando que no podía querer más a su marido, y todas las noches él le demostraba exactamente lo contrario.- tanto que no tienes ni idea.
Carlisle la recostó en la cama, mientras él se apoyaba sobre un codo, acercándose cada vez más a su cara con una sonrisa pícara en los labios.
-Si, me hago una vaga idea- le dijo en el momento en el que sus labios encontraron el lóbulo de la oreja de ella.
Continuará...
Bueno, sé que no es lo mejor que he escrito, pero estoy bloqueada. Y deseaba mucho traerles un nuevo capitulo, ahora que ya pasaron las fiestas, como les había prometido.
Un pequeño spoiler para los capitulos que vienen, los temores de Edward no son un caso, y van a tener una gran importancia en uno de los próximos capitulos.
Y no los fastidio más, y hacedme saber lo que piensan...
Besos, Ros.
