Hola, se me está haciendo costumbre escribir a las 2 de la mañana. Tratando de seguir un consejo me estoy yendo despacio, aunque no tanto. Espero les guste y poco a poco comenzará la acción.
Gracias y saludos.
Capítulo 3
A medida que Becky repetía su nombre en los diversos momentos a partir de su salida de Suiza, más comenzaba a dudar de su identidad. Parecía que decir "Becky Stark" era una especie de broma que hasta a ella comenzaba a provocarle risa...y desesperación.
Subieron por el elevador aproximadamente 45 pisos más. Cuando el elevador abrió sus puertas y se adentraron en ese piso, Becky miró a su alrededor con asombro. Finos muebles, alta tecnología, una maravillosa vista de la ciudad de Nueva York y... ¿robots? En un extremo del salón, había dos manos mecánicas que estaban lavando platos. A Becky se le hizo un nudo de neuronas tratando de asimilar la escena.
Los agentes la llevaban de ambos brazos hacia el centro del salón, había un hombre afroamericano viendo por el enorme ventanal hacia la jungla de concreto. Era alto, vestido de color negro y usaba una gabardina de cuero, era calvo y usaba un parche en el ojo izquierdo.
-¿Director? – lo llamó uno de los agentes, aquél hombre se dio media vuelta mirando inicialmente con calma, pero segundos después de ver a Becky su único ojo bueno se abrió más por la sorpresa.
-¿Por qué me mira de esa forma? – preguntó Becky, sintiendo su alarma interna desbocarse, hasta ese momento nada había salido bien.
-Me recuerdas mucho a alguien. ¿Quién eres? – contestó Fury con voz apacible y curiosa. Becky no respondió, parecía que su nombre atraía problemas.
El director Fury miró las esposas que sujetaban sus manos y comenzó a caminar despacio hacia ella, sin movimientos abruptos. Cuando llegó hasta ella, miró al agente que estaba a su lado y le pidió las llaves. El agente obedeció y Fury las retiró de las muñecas de Becky, volviendo a pedir su nombre.
-Dime tu nombre...
-Rebecca Stark - contestó en un susurro.
-¿Y quién es tu padre? – el interrogatorio apenas comenzaba.
-Mis padres eran Howard y María Stark, murieron cuando yo tenía 5 años.
-¿Y sabes lo que eso significa? – Becky no comprendió esa pregunta y cuando se disponía a pedir una aclaración fue interrumpida por el ruido en la terraza.
Tony Stark llegó a la habitación por la terraza, a medida que avanzaba hacia adentro del edificio unos mecanismos salían del suelo para retirar su traje de Iron Man. Vestía un pantalón de vestir gris con zapatos y camiseta color negro. Al centro de su pecho resplandecía un círculo color celeste. Su expresión era seria y miraba a Becky con indiferencia, aunque para ella su hermano parecía menos amenazante sin la armadura.
-¿Estabas enterado de este circo? – le preguntó Tony a Fury señalando con su brazo a Becky, su voz estaba un poco alterada.
-Tu padre jamás me habló de que tuviera una hija, pero si esto es verdad, eso explicaría sus muchos viajes a Europa – contestó el director caminando hacia Tony - ¿Dónde naciste? – preguntó a Becky.
-En Suiza – Becky casi no podía dejar de ver a Tony, era tan parecido a su padre que parecía un sueño.
-¿En serio? Fury esperemos a que cometa alguna atrocidad, luego corre a Suiza y tiene inmunidad. ¿Te das cuenta de lo poco creíble que es esto? – discutía Tony tratando de convencerlo que era una farsa.
-Ya sabes que S.H.I.E.L.D. no funciona de esa forma...
-¿Estoy arrestada? – preguntó Becky buscando entender la situación en la que se encontraba.
-No – contestó Fury de nuevo con su voz tranquila.
-¿Entonces qué es S.H.I.E.L.D.?
-¿Lo ves? Ni siquiera sabe en lo que se está metiendo ni con quién está habland0... – volvió a responder Tony, a Becky cada vez le desesperaba más su tono de burla, pero fue interrumpido por el altavoz del radio de Fury.
-¿Director? – se escuchó una voz femenina.
-¿Romanoff? – contestó Fury desactivando el altavoz para evitar que el resto pudiera escuchar - ¿Estás segura?... ¿Dónde?... ¿Hace cuánto?...Los veremos ahí en 6 minutos – dijo el director finalmente viendo su reloj de pulso.
-¿Otra fiesta? – preguntó Tony encaminándose hacia una plataforma que le ponía su armadura.
-¡Bien, señores hay que movernos cinco cuadras al norte! ¡Stark, amenaza de bomba con rehenes de S.H.I.E.L.D.! - comenzó a gritar Fury, mientras Becky miraba atónita cómo el mar de agentes se movía sincronizadamente por todo el lugar.
Becky se sintió abrumada y permaneció inmóvil en el centro de la sala, finalmente miró a su hermano portando el traje rojo y dorado. Recordó las palabras de la Sra. Müller, Tony es un genio de la ingeniería, ya verás por qué. Sus pensamientos fueron cortados por la voz firme de Nick Fury.
-Espera aquí, por favor – le gritó encaminándose a su helicóptero.
-¡Y no toques nada! – secundó su hermano.
Dos minutos después, Becky quedó completamente sola en medio de la habitación. ¿Con qué clase de personas se había topado? ¿Acaso no había policía en Nueva York para atender un secuestro? ¿A eso se dedicaba Tony? Para distraerse, comenzó a caminar por la enorme habitación, en ella vio los muebles más caros que pudo imaginar y un montón de pantallas y dispositivos que no conocía. Apenas y podía usar su iPod, por lo que todo eso era prácticamente de otro mundo.
Se acercó a una de las pantallas y cuando estuvo a punto de tocar el teclado frente a ella una voz humanoide la interrumpió.
-Señorita, no está autorizada para utilizar esa computadora – se escuchó por toda la sala, era la misma voz con la que su hermano Tony había hablado pisos más abajo.
-Mmmh, sólo quiero saber la hora...
-Me temo que esa computadora no puede mostrarle la hora – la voz era amable, Becky se sintió curiosa.
-¿Hace Dios sabe qué tanta cosa pero no da la hora? – preguntó incrédula por la respuesta.
-Son las 11:35 am, señorita...
-¿Qué eres?
-Soy Jarvis, el asistente del Señor Stark.
-¿Conociste a mi padre? – Becky se sentó en una enorme silla de piel negra mientras conversaba.
-Desafortunadamente, fui creado años después de su muerte – siguió contestando Jarvis con la misma apacible voz.
-Yo tenía 5 años cuando ellos murieron, recuerdo muy bien aquél día a pesar de los años con amnesia. Me caí de las escaleras y me golpeé la cabeza – explicó Becky sobre su accidente, se sentía estúpida al no saber a dónde voltear mientras conversaba con Jarvis.
-Sí, le di un vistazo a los reportes clínicos sobre usted...
-Sí que eres rápido – dijo Becky sorprendida de las habilidades tanto de Jarvis como de Tony para crearlo.
-Señorita, ¿podría preguntarle cómo...? – la voz de Jarvis se fue apagando como si se hubiera quedado sin batería.
-¿Jarvis? – le llamó Becky sin obtener respuesta, comenzó a voltear a todos los lados de la habitación buscando una respuesta.
A medida que avanzaba su mirada, le llamó la atención una de las pantallas que tenía un texto color rojo que parpadeaba. Intrigada, se levantó y avanzó para poder leer mejor el aviso; sintió que sus manos se ponían frías al leer: "Brecha de seguridad". Se sentó frente a la pantalla y presionó la tecla ENTER, desplegando las diferentes cámaras de seguridad. En una de ellas vio a un hombre en el elevador, maximizó la pantalla para verlo mejor. Era un hombre aproximadamente de 25 años, fornido y de tez morena, llevaba una pistola en su mano derecha.
Escuchó la puerta del elevador abrirse al mismo tiempo que lo veía en la pantalla, por lo que de inmediato se posicionó debajo del escritorio para esconderse. A lo lejos, vio en una mesa parte de la armadura de Iron Man; se trataba de lo que cubría la mano izquierda hasta el antebrazo. Al contrario de lo que había visto, ésta parte era de un completo color plateado y permanecía conectada a dos cables. La voz de aquél hombre la distrajo.
-Sé que estás aquí, puedo sentir tu calor – ella no se movió, asustada por lo que acababa de escuchar, pero en un impulso se movió hasta la mesa para tomar esa parte de la armadura y se la puso en su brazo.
Sintió que el metal se ajustaba a su delgado antebrazo, pero también sentía pequeñas descargas eléctricas mientras se cerraba. Cuando volteó hacia arriba, vio que aquél hombre la miraba por encima del escritorio y apuntándole con el arma. En un acto reflejo, Becky levantó el brazo y la armadura disparó, enviando a aquél hombre por los aires hacia el otro lado de la habitación. Becky corrió hacia el elevador, y el hombre se levantó y comenzó a dispararle, pero ella alcanzó a esquivarlos. Becky volvió a apuntar y disparó, la armadura comenzó a calentarse por dentro. Se escondió detrás de una columna y lo escuchó hablar de nuevo.
-El nombre te sienta bien...Stark... – el tono de aquel hombre era de burla, Becky salió de su escondite apuntándole con su mano.
-¿Quién eres? – le preguntó ella sintiendo las primeras quemaduras en su brazo izquierdo, tenía miedo pero sabía que no tenía hacia dónde correr.
-Soy amigo de un amigo de tu padre...y este es un regalo de él para ti... – continuó diciendo, de pronto la piel del hombre comenzó a resplandecer de un ardiente color naranja, parecía que su cuerpo estaba relleno de lava.
Por la cara del sujeto, parecía que eso le dolía pero continuó brillando cada vez más hasta parecer que su explosión era inminente. Becky se cubrió la cara con la armadura para cubrirse del resplandor y de la temperatura que de pronto se incrementó. Cuando vio que estaba a punto de estallar se agachó y cerró los ojos.
En cuestión de segundos, la sala se llenó de ruido. Escuchaba gente gritar y que alguien la cubría para evitar que la alcanzara la explosión, Becky perdió el equilibrio y cayó sentada al piso, su mano derecha se aferró al brazo de quien la cubría para buscar equilibrio. Escuchó disparos y la temperatura provocada por ese sujeto comenzó a bajar.
-Oye, ¿estás bien? – preguntó una voz cerca de ella. Becky abrió los ojos para saber lo que había pasado.
El sujeto a punto de estallar ahora estaba en el suelo con varios disparos en el cuerpo que inyectaron un líquido azul, lo que lo hizo evitar la explosión. Casi sobre Becky, un hombre de casi 2 metros de estatura, cabello rubio y ojos azules que vestía un traje que le recordó a la bandera americana, movía su mirada entre ella y el resto de los agentes para verificar que todo estuviera bien.
-Sí... – comenzó a decir Becky, pero las quemaduras le escocieron el brazo.
Mirar esos profundos ojos azules le robó el habla, pero el dolor de su brazo la traía de vuelta a la realidad. Recordó todos los murales que había visto al llegar a esa ciudad, ese hombre le era familiar. No conocía su nombre, pero sabía quién era: el Capitán América.
