Disclaimer: Absolutamente nada de esto me pertenece
Capítulo 3: Enamorada
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Katie miró con una sonrisita como varios alumnos se despedían de sus padres y suspiró.
–Katie.
Ella se volvió para ver como su mejor amiga entraba al compartimiento con su baúl y su gata.
–Leanne, Cess –saludó y extendió los brazos para cargar al que se había convertido en su animal favorito, que no dudó en acomodarse en su regazo.
–Yo igual te extrañé –susurró, acariciándola detrás de las orejas.
–¿Y yo qué? –preguntó Leanne, con las manos en la cintura y una expresión de enfado.
–A ti te vi la semana pasada –replicó Katie, esbozando una sonrisa–. Pero a ella no.
–¿Y tu padre? No lo vi.
–No pudo venir, ya sabes, mucho trabajo en San Mungo.
-Oh, entonces… ¿te trajo tu madre?
–Por desgracia –asintió ella, con una mueca.
–Te quiere, Katie.
–Lo sé –suspiró–. Es solo que… detesto que quiera manejar mi vida.
– ¿Qué te dijo en el camino?
– Lo de siempre: "¿Por qué no puedes ser como Lucy?", "ella no se anda con tonterías como el quidditch", "deberías de pensar en algo mejor que ser calzadora en las Harpies esas".
Leanne la interrumpió con una risa.
– ¿Calzadora? ¿De zapatos? –rompió a reír de forma más escandalosa– Está mal de la cabeza si cree que va a cambiar lo anhelos y sueños de su hija.
–Sí –Katie miró de nuevo por la ventana cuando el tren se puso en marcha.
–A ti te pasa algo más, Bell –comentó Leanne, segundos después, escudriñando su rostro.
–Me sorprende –masculló, acariciando delicadamente a Cess–, que sepas todo sobre mí y yo no te preste demasiada atención. No se me hace justo.
–Lo que pasa es que tú no eres muy… ah… observadora, Katie.
–Me ofendería si fuese mentira, pero se me hace demasiado egoísta.
–Si yo lo considerara así, no seguiría siendo tu mejor amiga –declaró.
Katie rió.
–Es bueno saber que le importo a una chica.
–Le importas a tu…
–Ya, ya –la interrumpió–. Odio hablar de eso.
– ¿En quién pensabas?
–Oliver.
– ¿Por qué no me sorprende? –Leanne frunció el ceño y pareció concentrarse en una pregunta particularmente difícil– ¿Será acaso porque mencionabas su nombre, mínimo una vez, en cada carta que me mandabas?
Ella se sonrojó.
–Cuando lo escuchas de esa forma, suena patético.
–Divertido –la corrigió su amiga, con una sonrisa–. Te diste cuenta de que es raro.
–Siempre lo he sabido –replicó Katie–. Me di cuenta de que tenías razón.
–Dilo de una vez, por favor.
–Te impresionarás.
–Después de tu declaración del "mi mamá odia el naranja porque le recuerda a los gatos", no me sorprenderá nada.
–Creo que estoy enamorada de Oliver –murmuró, roja de vergüenza.
Leanne abrió los ojos al máximo y esbozó una sonrisa enorme.
– ¡¿En serio?! –preguntó, con voz chillona.
Katie asintió y su amiga empezó a dar brinquitos de emoción.
– ¡Oh, por fin! ¡Gracias, Merlín! –paró por unos segundos, para mirarla fijamente– ¿Eso significa que vas a tratar de conquistarlo?
–Eso creo –tartamudeó–. Pero dudo que lo note. Sería mejor ir y decírselo, pero tampoco me…
–Tonterías –dijo Leanne, restándole importancia con un gesto de la mano–. Oliver no puede ser tan despistado. Uno siempre se da cuenta de cuando alguien está enamorado de su persona –declaró, impregnándole a sus palabras una seguridad de la que Katie seguía teniendo enormes dudas.
–Oliver no es normal.
–Bueno, pero contigo será una excepción.
Katie frunció el ceño, pero se limitó a seguir acariciando a Cess, deseando con todo su ser que los meses siguientes no fueran tan humillantes, porque incluirían planes y pláticas de Leanne sobre como enamorar al capitán.
– ¡Lo mataré! ¡Juro que lo haré! –Katie arrastró los pies mientras seguía escuchando los quejidos de Angelina, por su parte estaba agotada y llena de moretones.
–Sólo quiere ganar la Copa –murmuró con los ojos cerrados, guiándose gracias al brazo de Alicia.
–Eso no justifica que nos haga entrenar bajo estas condiciones climatológicas –protestó Angie, enfurecida–. Lo suyo ya no es sano.
–Opino que ese chico necesita una novia, una de verdad, no alguien que no lo conoce bien pues sólo quieren besuquearse o salir a Hogsmeade por una temporada, ya que lo dejan porque descubren que no pueden competir contra su escoba –terció Alicia, con un aire entre divertido y cansado–. Así podría pensar en otra cosa que no sea quidditch.
–Pero la chica debe de ser especial –farfulló Angelina–. Debe de ser alguien que se arriesgue a que se obsesionen con ella. Alguien que sienta pasión por el quidditch. Alguien que esté enamorada de él.
Katie hizo un esfuerzo sobrehumano para no alterar nada que pudiera delatar su anhelo de decir que encajaba perfectamente con la descripción de la "chica ideal para el tirano de Wood".
–Alguien como Katie Bell –completó Alicia, mirándola con una sonrisa pícara.
Ella se sonrojó de forma graciosa y se atragantó con las palabras.
Angelina también la observaba con diversión.
–A ti te encanta Wood.
– ¿Tanto se nota? –masculló Katie, después de unos segundos llenos de un silencio incómodo.
–Algo –confesó Alicia, reanudando la marcha.
–Pero Wood no lo ha notado –comentó Angie, con una mueca.
–Ni Harry, pero él está en su mundo. Los gemelos lo sospechan.
–Oh, no, ellos no –Katie cerró los ojos, imaginando las bromas e indirectas que formarían parte de su vida si los gemelos Weasley conocieran sus sentimientos.
–Tienes que disimular más, todos se quejan o llegan a amenazarlo por sus entrenamientos, excepto tú o Harry.
–Pero el pequeño Potter le dirige una mirada fastidiada cada vez que se le acerca y divisa esa chispa maníaca que dice "entrenamiento hasta que todo tu cuerpo se queje". Pero tú… tú te limitas a dedicarle una mirada embelesada y una sonrisa boba –dijo Angelina, mientras llegaban al lugar donde se encontraba la entrada a la Sala Común de Gryffindor.
–Lo siento, chicas –murmuró ella, minutos después, estando ya acomodadas cerca del fuego.
– ¿Por qué?
–Por no contarles respecto a Wood.
Alicia rió.
–No hay problema, pequeña Bell. Sabíamos que nos lo dirías, pero estabas tardando demasiado y ya sabes que Angie no es alguien que presuma tener una paciencia envidiable.
Katie esbozó una sonrisa.
–Es raro que no me lo haya gritado.
–Estuve a punto de hacerlo, créeme, pero Spinnet me obligó a no hacerlo, la semana pasada en medio del entrenamiento iba a vociferar: "dile que te encanta y dale un beso digno de recordar.
–Me alegro de que no lo hicieras, hubiera sido demasiado vergonzoso.
–Pero esa, a mi parecer, es la única forma de que Wood sepa lo que sientes, con indirectas o coqueteos terminarás siendo su novia cuando tengan noventa años.
Alicia sacudió la cabeza.
–Estoy con ella, pero no creo que Wood tenga cabeza en estos momentos para algo que no sean sus estupendas estrategias. Propongo que seas sutil y des el golpe final para fin de curso.
–Bésalo y deja que pase lo que tenga que pasar.
– ¿Hablan de Wood? –preguntó Leanne a sus espaldas, haciendo que las tres se volvieran y descubrieran su sonrisa maravillada. Asintieron y dio un pequeño brinco de felicidad– Oh, por fin tengo a alguien que pueda compartir el traumante caso del tirano conmigo. Yo opino que actúe ahora.
Angelina sonrió y le estrechó la mano.
–Concordamos en algo, si Wood se hace novio de Katie, podría dejar de pensar en quidditch.
Leanne soltó una risita irritante y le lanzó a Katie una mirada sorprendida.
–Yo no creo eso. Tenía entendido que Katie le había sugerido que mejorara sus técnicas para que, en este año, pudieran ganar la Copa.
Angelina la miró al escuchar las palabras y sus ojos reflejaron un ligero enfado.
– ¿Es cierto?
Katie se encogió de hombros, pero asintió, con un ligero nudo en el estómago.
–Eso creo –balbuceó.
En ese momento la puerta del retrato se abrió y Wood entro segundos después, esbozando una sonrisa llena de alegría maníaca.
–Capitán –gritó Angelina, Oliver las miró, curioso, Katie cruzó los dedos, deseando con todo su ser que no pasara nada que la hiciera sonrojar por los próximos meses.
"O años".
– ¿Sí? –preguntó, acercándose.
–La próxima vez, cuando Bell –la señaló– te sugiera perfeccionar técnicas de quidditch durante tus vacaciones de verano, no le hagas caso. O me temo que te tendré que hacer un obliviate.
Oliver se limitó a reír y Katie no pudo evitar mirarle de una forma soñadora, adoraba esa sonrisa, que lo hacía ver más dulce, tierno, perfecto y adorable.
Suspiró.
Estaba inexplicable e irrevocablemente enamorada de su Capitán de quidditch y haría todo lo posible en ese curso para que él la notara.
Y, por las miradas que le dirigieron las chicas, supo que la ayudarían en su campaña de enamorar al capitán.
De nuevo yo (risas malvadas)
Solo venía a saludar y recordar que se aceptan comentarios de todo tipo, desde un "déjalo, que me dará algo si sigues escribiendo" o un "no está tan mal"
Un beso
Arya Bromsson
