Dedicado a: Angekila.
Shaman King no me pertenece.
Yoh no notaba a Anna. No, claro que no.
No notaba su caminar firme y decidido cuando llegaba a su oficina extremadamente puntual, tampoco el perfecto alaciado que se hacía en sus rubios cabellos que ahora le llegaban a la espalda, ni siquiera el leve pero elegante maquillaje que consistía en rímel y brillo labial que a diario utilizaba, mucho menos los trajes elegantes negros que siempre se colocaba, llevando a diario uno diferente. Es más, tampoco se percataba del delicioso perfume con aroma a manzana que se rociaba o del pequeño colgante en forma de corazón con cadena azul que colgaba de su cuello.
No, Yoh no notaba nada de Anna. Por supuesto que no.
Qué va, ni siquiera se percataba de sus repentinos cambios de humor cuando algo con relación al trabajo salía mal, tampoco notaba las pequeñas sonrisas de satisfacción que salían de sus labios cuando leía una nota o veía una fotografía que estaba excelente, o incluso no sabía que ella tenía una hermosa y delicada caligrafía, acompañado de una perfecta ortografía, y que, para ahorrar tiempo, no colocaba los puntos arriba de las is, sólo cuando necesitaban acento.
Pasó su mano a lo largo de su cara. En verdad era patético. ¿A quién quería engañar, a él mismo? Pues le estaba saliendo muy mal.
Todo el mundo ya sabía que él entraba a la oficina de Anna con o sin su permiso, y después de minutos o inclusive horas, dependiendo del humor de su jefa, salía vivito y coleando de ahí. Aseguraba que si fuera cualquier otro que se atreviera a pisar su oficina no viviría para contar esa hazaña, y aunque no encontraba una respuesta lógica a aquello, su única teoría era porque siempre hacía bien su trabajo.
Bueno, tampoco era como que le gustara ir de aquí para allá para sacar entrevistas a diseñadores de ropa que terminaban pidiéndole una cita, por mencionar una cosa, pero siempre sacaba lo mejor de sí mismo. Y después de los traumas vividos, llegaba el momento en el que terminaba la nota, y aunque medio mundo lo notase, entraba a su oficina y, con el corazón en la boca, le entregaba el trabajo a la editora, la cual, siempre sonreía al leer principio a fin aquel papel. Siempre.
Recargó ambos codos sobre la mesa y colocó su rostro entre sus manos al darse cuenta de algo: era la primera vez en toda su joven vida que daba todo su esfuerzo para complacer a alguien. Ni siquiera a su familia, a su primera novia, o a su maestra del jardín de niños que siempre daba recompensas por los trabajos bien hechos. Y es que sabía que era bonito cuando ella hacía una pequeña y casi invisible sonrisa al ver un trabajo bien hecho; y era aún más bonito el saber que esa sonrisa era por uno de sus trabajos.
―Estoy jodido ―murmuró a la nada en la misma posición. Y es que, de verdad lo estaba: sabía que buscarle tres pies al gato era malo, había llegado a conclusiones que no quería llegar.
―¿Y apenas te das cuenta, hermanito? ―La voz burlona de su gemelo lo sacó de sus pensamientos, tanto que abandonó su postura sólo para verlo caminar hasta él y sentir cómo le acariciaba la cabeza como si de un cachorrito se tratase. Hao caminó hasta el estante cercano y tomó un plato hondo, después se giró a verlo burlón―. ¿Cómo lo descubriste?
―¿Importa? ―espetó Yoh con cierta amargura y dándole otro bocado a su cereal―. Mejor dime, ¿por qué el vanidoso de Hao Asakura se ha despertado tan temprano en sus vacaciones? ―Escuchó la risa sarcástica pero alegre de su gemelo. Rodó los ojos.
―Porque sabía que me extrañabas mucho, así que decidí honrarte por hoy con mi importante presencia ―contestó sacando un cartón de leche del refrigerador y echando un poco en el plato. Yoh contestó un «gracias» bastante malhumorado―. ¿Es por una chica?
Entonces, Yoh por fin se decidió a dirigirle la mirada bastante sorprendido, listo para preguntarle el cómo sabía aquello, pero sólo se encontró con un Hao de espaldas en ropa interior y sirviendo cereal de su caja de cereales. Le lanzó una mirada asesina cuando se sentó frente a él, la cual sólo hizo reír más a su gemelo, burlándose de aquellos labios apretados que parecían más un puchero que otra cosa, y suspiró.
―¿Por qué supones que es por una chica? ―preguntó después de unos segundos.
―Bueno, yo hago ese mismo patético rostro cuando lo es ―contestó el mayor, aun con cereal en la boca―. Además, somos hermanos: sería el colmo que ni así te conociera bien.
Sonrió. En realidad, sería más creíble que Hao se cortara su largo y precioso cabello antes de que él conociera a la perfección a su hermano menor. No tuvo otra opción más que asentir probando otro bocado a su cereal, dándole la razón, aunque no creyera nada de lo que le acababa de decir.
―¿De qué chica hablamos? ―preguntó, esta vez, mirando directamente los orbes color chocolate de Yoh―. ¿Tamao?, ¿Pirika?, ¿la loca de Jeanne? ―Al verlo negar, una sonrisa iluminó su rostro al pensar en la única chica que Yoh acosaba―. Ah, ya sé. ¿Hablamos de Anna, no?
A pesar de sus esfuerzos al negar frenéticamente con la cabeza, su tremendo sonrojo lo delató. Y de alguna manera detestaba que Hao fuera su hermano: se burlaba de todo lo que él hacía. Después de que por fin pudo controlar sus carcajadas, y de que su estómago le dejara de doler, Hao tomó una postura seria y analista, esperando a que su hermano menor comenzara a hablar.
―¿En serio puedo confiar en ti? ―preguntó Yoh, algo dudoso. El mayor fingió indignación, mas minutos después asintió.
―¿Por qué aseguras estar jodido gracias a ella?
―Por..., por todo: por su indiferencia, por su frialdad, por ser mandona... ―Hao lo miró sin comprender. Suspiró―..., es decir, por un momento habla bien, y al siguiente grita y se enfada; un instante sonríe, y al siguiente fulmina con la mirada. De hecho, hay veces que cuando estoy con ella, la siento tensa y rígida, pero al pasar el tiempo la encuentro en paz consigo misma. Simple y sencillamente me vuelve loco: yo pensaba que después de que se abriera conmigo con respecto a la muerte de su padre las cosas cambiarían pero..., no; es más, está más distante e indiferente conmigo.
―¿Me estás diciendo que gracias a ti nosotros tuvimos dos semanas extras de vacaciones? ―preguntó, sorprendido. Yoh frunció los labios ante su sonrisa―. ¡Oye, gracias, hermano!
―¡Esto es en serio, Hao! ―replicó, recibiendo un «por eso» por parte del susodicho―. Yo intento acercarme a ella para que..., no sé, se sienta en confianza con alguien; para poder ayudarla pero..., cuando lo logro, instantes después me trata como si fuera la peor escoria del mundo.
―Espera, ¿ayudarla, con qué?
―Anna es fría, cruel y ruda, y por eso es la persona más frágil que puedas conocer ―Hao abrió los ojos sorprendido: no había visto las cosas de esa manera―. Se esconde en su coraza de hielo para que el resto no la pueda lastimar. Y yo quiero ayudarla a que deje de lado esa apariencia de indiferencia.
Lo miró analizándolo y bastante desconcertado: Hao creía que su gemelo menor era despistado, drogadicto ―por eso su sonrisa de idiota casi todo el tiempo― y hasta con retraso mental, pero ahora le estaba demostrando todo lo contrario; es decir, él aseguraba sacar la inteligencia, y ni siquiera se había planteado esa posibilidad de que Anna aparentaba indiferencia, pero era porque a él no le interesaba en lo más mínimo. Hizo una pequeña sonrisa: Yoh lo sorprendía día a día.
Hubo un silencio. El primero por esperar un comentario o una sonrisa típica del otro; y el segundo pensando en qué decir ante aquella situación. El silencio duró un poco, hasta que Hao por fin se aclaró la garganta y decidió tomar la palabra.
―Te he de admitir que me has impresionado: por primera vez no sé qué decirte, hermano ―Vació por fin su plato hondo y continuó―. Algo que sí te puedo asegurar es que las personas con esa personalidad no nacen, se hacen, ya sea por la sociedad, por los amigos, por la misma familia, por su pasado, una mezcla de todo u otras cosas. Velo de esta forma: si lo que dices es cierto, ¿qué tal si está tan acostumbrada a sufrir que, cuando llega alguien que la trata bien, le da..., miedo?
―Espera, ¿qué has dicho? ―Le interrumpió Yoh mirándolo con interrogación. Hao se encogió de hombros―. ¿Miedo? ¿En serio? ¿Anna tiene miedo..., de mí, de saber que quiero ayudarla? ¿Echaste algo a tu cereal o algo así?
―Bueno, «miedo» es una palabra fea pero, por lo que me dices, Anna sólo busca esconderse del mundo bajo esa coraza de amargura para que no la vuelvan a lastimar, ¿entiendes? ―dijo, moviendo algo alteradamente las manos frente a su rostro―. Te acercas a ella, eres el más caballero de todos los caballeros del mundo, pero se aleja al saber que intentas ayudarla, como lo dices tú, porque no quiere volver a sufrir. Si mis conclusiones son ciertas, Anna no quiere confiar en alguien porque siente esa angustia de que la vuelvan a lastimar.
Se levantó de la silla y dejó su plato en el fregadero. Después miró cómo Yoh se giraba sobre su asiento, con un porte pensador.
―Y, ¿qué me recomiendas hacer?
―¿Quieres «ayudarla» cueste lo que cueste? ―Yoh asintió―. No sabemos qué es lo que sufrió, pero creo que lo único que puedes hacer por ahora es ser paciente. Demuéstrale que puede confiar en ti, hazla sentir viva, has que deje de huir. Pero tampoco la presiones: ese es el peor error que puedas hacer. Deja que el tiempo la haga olvidar aquel recuerdo doloroso. Será difícil, y es posible que sufras consecuencias físicas y mentales, pero si crees que vale la pena, has hasta lo imposible por convertirte en su única excepción.
Sin otra cosa, volvió a acariciar la cabeza de su gemelo y caminó hasta la puerta de la cocina. Yoh lo siguió con la mirada, hasta que Hao se detuvo en el marco de la puerta y, con una sonrisa pícara, se dirigió a él, cosa que lo alarmó.
―Por cierto, ¿desde cuándo te gusta Anna? ―El menor abrió los párpados sorprendido.
―¡No me gusta, só–sólo quiero ayudarla! ―contestó negando con loca frenesí, mas como hace unos momentos, su sonrojo lo delató. Hao no dijo nada, sólo asintió y con una sonrisa amable, salió de la cocina, dejándolo solo con un rubor tremendo en el rostro, pero con una mirada pensativa. Ser paciente y convertirme en su única excepción, suspiró, todo por intentar..., ayudarla.
Anna miró por el marco de su ventana al percatarse de que la nieve comenzaba a caer. A pesar de que las nevadas eran ocasionales, y que la temperatura no estaba tan baja como otros años solían ser, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza de repente. Apretó con fuerza su taza de chocolate caliente y, al darle su primer sorbo, observó a lo lejos a un par de pequeños niños quienes jugaban sonrientes entre la espesa capa blanca.
Entonces no pudo evitar sonreír levemente al recordarse a sí misma jugar entre la nieve junto a su madre, y su padre observándolas con una preciosa sonrisa desde la entrada.
Y es que, una de los amores que nadie más sabía aparte de su amiga Tamao, era el profundo amor hacia la nieve: cuánto amaba sentirla entre sus dedos a la hora de hacer muñecos regordetes con nariz de zanahoria, o sentirla sobre su rostro cuando, al mirar el cielo, ésta caía haciéndola estremecer y sonreír, o incluso sentirla debajo suyo al momento de tirarse contra esa gruesa capa de hielo y hacer ángeles de nieve agitando los brazos y las piernas.
Rió bajito al recordar cuando hacía pelotitas y las lanzaba hacia su padre, creando así una guerra contra él, haciendo equipo con su mamá. Recordaba su rostro cuando él fingía ser derrotado y, cuando la pequeña infante se acercaba, la asustaba y le hacía cosquillas por un largo rato.
Suspiró. Y es que nadie tenía ni idea de cuánto extrañaba esos momentos, nadie. Porque poco después llegó la traición de su padre, la indignación, el rencor y el dolor de su esposa, el abandono de su madre, y luego llegó ella, la bruja malvada de la vida real, quien se aprovechó de ser su salvadora y de su dolor para seducirlo, y éste, intentando olvidar a la mujer con quien había engendrado una hija, cayó rendido a sus pies.
Después ya no hubo guerras ni muñecos ni sonrisas, y sólo creció el rencor y el desprecio por ambas figuras paternas. Porque sí, aunque se casaron a sus espaldas, Katsura era su madrastra; su nueva figura materna, y odiaba la sola idea al pensarla.
El grito ensordecedor y agudo de su nombre proveniente de su invitada no deseada la sobresaltó un poco, pero no dejó de observar con detenimiento la nieve por la ventana ni dejó de beber su delicioso chocolate caliente. Escuchó el abrir estrepitoso de la puerta junto a un bufido molesto de su madrastra fea. Sonrió ante ese pensamiento. La escuchó dar fuertes pisadas por el suelo hasta que éstas se detuvieron a su lado y un quejido para llamar su atención apareció, mas en ningún momento despegó la vista de la ventana.
―Anna, te estoy hablando, ingrata ―suspiró cansada al darse cuenta que sería inútil: ella no despegaba la vista de esa ventana―. Whatever ―Sacó un espejo de bolsillo y al verse, acomodó sus pelirrojos cabellos detrás de la oreja. Sabía que Anna no la miraba, pero sí la estaba escuchando, así que decidió continuar―. Saldré con unos amigos esta noche, así que creo que llegaré tarde..., o ni siquiera llegue esta noche, así que no me esperes, ¿okay...?
Calló al darse cuenta de algo peculiar: un camino cristalino recorría el pómulo izquierdo de Anna, llegando hasta la barbilla y desapareciendo desde ahí. Formó una sonrisa burlona y la rubia se percató de ella, mirándole con cierta molestia.
―No es posible, Anna, ¿estás llorando? ―preguntó seguido de una estrepitosa risa, burlona y molesta para los oídos de cualquiera, al darse cuenta de que la rubia tocaba con sorpresa su rostro, donde al sentir el líquido en su mejilla izquierda, la quitó delicadamente aún con ese rostro de sorpresa. ¿Cuándo lo había hecho que ni siquiera se dio cuenta de ella?―. No puede ser, ¿acaso no recuerdas lo que hablamos cuando tenías, no sé, doce años?
Arrugó la frente: por supuesto que recordaba aquello. Tenía en realidad quince, y sólo le dijo que lo sentimientos eran pésimos invasores en las personas para evitar que cumplas tus objetivos; le dijo que ni el amor ni el cariño ni la amistad no existían porque todos, tarde o temprano, terminan traicionándote; le dijo que no confiara en nadie, ya que si saben tus secretos, los usarían en su contra; le dijo que llorar era sólo para demostrar que eras débil y que no sabías controlarte, y si las personas te veían llorar, se aprovecharán de ti.
Asintió al volver la vista a la nieve, frutada al saber que a esa edad no podía contradecir aquello. Y ni siquiera a lo largo de su joven vida pudo, porque siempre le demostraron que todo lo que un día le dijo Katsura..., era verdad. Jamás pudo demostrar lo contrario, aunque quiso hacerlo, simple y sencillamente no pudo.
El amor que su padre le juró a su esposa, no supo si se acabó, pero bien que fue a engañarla con otra mujer diez años menor; el cariño que su madre le dijo alguna vez tener, se esfumó cuando se fue de la casa, dejándola sola y a su suerte. ¿Amigas y confianza? Sólo Tamao se la demostró, de ahí en fuera, el resto del mundo la ignoró y la trató mal. ¿Llorar frente a alguien? Sólo una vez, hace un par de semanas, en su despacho...
―No sé por qué lo haces pero no olvides lo que una vez te dije: si quieres triunfar, no dejes que nada ni nadie se interponga en tu vida. Recuérdalo: primero tú, después tú, y hasta el último tú ―El sonido de un claxon la calló, gracias al cielo―. Llegaron por mí así que me voy. No me esperes, niña.
Tomó su bolso, acomodó otra vez su cabellera, y con movimientos exagerados de cadera, salió de su sala, dejándola completamente sola. Así, pudo por fin lanzar un suspiro de alivio ya que la migraña en cualquier momento volvería a aparecer, afortunadamente Katsura se había esfumado de ahí. Dobló sus rodillas frente a su rostro y recargó la mejilla derecha en éstas, sin despegar la vista de los pequeños que seguían jugando. Era increíble ver la felicidad de ellos, y cuánto extrañaba la suya.
Porque extrañaba esos abrazos que recibía de su madre, e incluso algunas veces de su padre, ya que la hacían sentir segura y protegida. Podía jurar que era lo que necesitaba en esos momentos, porque la ayudaban a desahogarse, la ayudaban a sentirse fuerte, la ayudaban a sentirse querida, pero un día se acabaron, haciéndola comprender que el mundo, cuando menos te lo esperas, te dará la espalda y te abandonará, por eso tenía que ir sola.
Entonces recordó el momento en el que el castaño menor la consoló y la obligó a desahogarse, cuando se enteró de la muerte de su padre. Le brindó el apoyo que ella necesitaba en esos momentos, le obsequió un cálido abrazo, no supo por qué, pero se lo obsequió, y ella se sintió protegida por primera vez en mucho tiempo, antes de que le dijera las palabras que la ayudaron a desahogarse:
―Porque era tu padre, y a pesar de sus errores, yo sé que él te quería. Y muy en el fondo, tú también lo amabas.
Miró el cielo: nublado, qué esperaba. Terminó de un trago su chocolate y se decidió a hacer algo que estaba en contra de sus principios.
―Padre, dondequiera que estés, yo también..., te quiero. Y a pesar de todo..., te extrañaré.
No abandonó su posición, sólo abrazó con más fuerza sus piernas, sintiendo arder su cara al descubrirse hacer esa..., tontería a su parecer. Pero se sentía libre, se sentía en paz consigo misma. Aun con el leve sonrojo en sus mejillas, y sin dejar de ver la espesa blancura de los alrededores, la imagen del castaño brindándole su cálida sonrisa apareció, haciéndola sentir protegida otra vez. Sabía que tenía que alejarse, el sentimentalismo se estaba apoderando de ella, y no lo podía permitir.
Afortunadamente, nadie podía leerle la mente, nadie sabría que el resto de la tarde siguió pensando en esa sonrisa y en ese abrazo; en esa persona que odiaba tenerlo cerca, pero la habían hecho sentirse tan..., viva, otra vez.
Nadie sabría que estaba pensando en su reportero: Yoh Asakura.
Ja, finales tan flojos que me avergüenzan, pero me gustó tal cual como quedó, espero que a ustedes también.
¡Mis criaturitas del Señor! ¡Cuánto los he extrañado! ¿Han estado bien? Yo espero que sí. Yeah!, ¡ya empezamos con la confusión de Anna! El apoyo de Hao ya está, así que ya comenzaré con el lío, e.e.
Un abrazo especial para Geki, Edy Asakura, M-Awesome, Xiao-senlin, Mary (gracias por tu review, nena. Qué bueno que te gustó), Mina (Ja, tomé en cuenta eso de que fue corto. Gracias por el comentario) y Nickiitako (Lol, había pensado en eso, pero creí que sería precipitado. Te prometo que pronto vendrá ese beso, C: ) por sus valiosos reviews que me inspiran a continuar el fic. Y para todas aquellas personitas que se toman el tiempo en leer, yo sé que están por ahí, yo lo sé, ;-; (?). Perdón si leen errores (culpen a las tareas de vacaciones..., que no hice desde hace un mes, pero, bue, todavía tengo una semana. [Challenge accepted]).
Dudas, sugerencias, quejas, amenazas de muerte, tomatazos o felicitaciones, pueden dejarlas en la caja de comentarios. Serán respondidos, lo prometo.
*●Sé que es tarde, pero ojalá que hayan pasado una hermosa Navidad y un buen inicio de Año Nuevo●*
*●Que este año esté lleno de cosas buenas e inolvidables. Mis más sinceros deseos de felicidad y prosperidad para este año 2015●*
*●Muchas gracias a todos●*
Whatever, los amo. Buen día, buena tarde o buena noche. Cuídense mucho. Nos leemos. Bye. Y échense una bien fría a mi nombre (yo lo haré, ewe).
