¡Hola, hola! Después de unas (merecidas) vacaciones, ¡vuelvo! Unnnnna vez más gracias por todas las reviews y comentarios, ¡me hacen muuuuy felisss!
-ABOUT-
Os traigo a nuestro 'trío' espectral favorito ThreshxKalistaxHecarim. Una historia algo mmmm... diferente. ¡Espero que os guste! ¡Siempre espero vuestros comentarios y sugerencias!
Thresh caminaba lentamente por la orilla del lago de negro cuando divisó una monstruosa figura parada frente la extensión acuosa con la vista perdida en las leves olas que se formaban en la superficie a voluntad ya que el viento rara vez soplaba en las Islas de la Sombra. Hecarim, echado sobre lo que supuestamente eran sus cuartos traseros, parecía sumido en una especie de estúpido trance del que le rescató el carcelero cuando se le acercó.
-Hola, poney.
-Que.
Thesh puedo ver algo inusual en su colega. Una lanza translúcida le atravesaba el pecho y se desvanecía por momentos. Kalista. La mujer nunca dejaba pasar la oportunidad de atormentar a Hecarim y esta vez había acertado al coloso con una de sus jabalinas espectrales. Jabalinas que provocaban un intenso dolor continuo y ardiente a aquel que merecía el título de 'traidor', incluso aunque este perteneciese ya al más allá. Kalista era implacable y guardaba sus más afiladas agujas para Hecarim. Thresh sabía que su amigo tenía un alto rango en la lista de traidores de la soldado pero desconocía el motivo y eso le provocaba curiosidad.
-¿Te ha vuelto a ensartar eh?
-Huh.- Hecarim minimizaba sus movimientos para apaciguar el dolor de la lanza.
-Esta obsesa contigo. Igual se ha vuelto loca. Podría llevarme su alma al plano de mi linterna si resulta que su espíritu se ha debilitado.
-La odio.
-No se lo que pasó entre vosotros en vida pero debiste de hacerlo realmente mal. ¿Tan horrible amante eras Hecarim?- Thresh rió ásperamente de su propia broma.
Hecarim se levantó embravecido y agitó sus cascos, aguantando el dolor.
-Woah.
-Para Thresh, no tiene gracia. Ojalá pudiera vengarme de ella. Quiero devolverle lo de hoy. Quiero devolverle lo de aquella vez que arrancó 27 lanzas de mi cuerpo y todo Valoran se enteró de mi dolor. Quiero ver suplicar ese rostro orgulloso que tenía, que sigue teniendo.
Ahí estaba la oportunidad que el carcelero había estado esperando por tanto tiempo. Sabía que Hecarim quería hacerle algo a Kalista pero también sabía que en vida tuvo que haber sentido algo por ella y que ese 'algo' no tenía porqué ser malo. Tentaría a su amigo para llevar a cabo su plan. Al fin y al cabo, él también quería tratos con la guerrera.
Thresh extrajo dos frascos de debajo de su ajada mortaja. En uno brillaba una esencia rosácea y burbujeante y, en el otro, un polvo dorado se arremolinaba lentamente. Los puso delante de Hecarim.
-Qué es eso.
-El rosado es esencia 'charm' que obligue a un kyubi de Ionia a darme después de atraparlo con mi cadena. Puede doblegar la voluntad del guerrero más bravo y hacerlo sucumbir. El segundo y dorado es líquido de mortal. Hará volver a Kalista a su estado mortal por un par de días. Sentirá lo mismo que cuando estaba viva, dolor, placer, agonia… Atraparemos a Kalista con el charm cuando la cite mañana en mi morada y la haremos mortal y cada uno tendrá medio día para tratar con ella.
-¿Que ganas tu de esto?- Hecarim sabía que su amigo no haría eso si no fuera por algún motivo particular.
-Intentaré encerrarla para mi…Aquí.- rió Thresh golpeando su linterna.- después de que tu la hayas debilitado… de alguna forma.
Hecarim sonrió sombrío.
-Perfecto. Cuando amanezca mañana, estaré en tu casa.
A la mañana siguiente, Thresh abría la puerta de su lóbrego castillo a Kalista. La luchadora era alta y resplandecía con un inusual tono plateado.
-Por qué me has citado, espectro.- dijo Kalista con su voz acompañada de ecos.
Antes de que la guerrera pudiese reaccionar, Thresh dejó salir la esencia de 'charm' sobre Kalista. La mujer permaneció quieta en la entrada.
-Pasa querida.- dijo el carcelero, riendo.
-Si.- habló sin voluntad Kalista.
-¿Ha funcionado Thresh?- dijo Hecarim saliendo de su escondite.
Kalista no reaccionó con la presencia de Hecarim como normalmente lo habría hecho. Le miró y sonrió extrañamente.
-Eh, hola Hecarim.- Se sonrojó Kalista.
Los dos espectros estaban alucinados por el comportamiento de la lancera. Parecía incluso dócil. Thresh tendió el brebaje mortal a Kalista y la instó a beberlo.
-No.- dijo la mujer embelesada.- creo que será más divertido si lo bebemos todos.
-¿De que hablas loca?-le chilló el coloso
-Va, Hecarim.- hablaba melosamente Kalista.- Hace mucho que no veo tu forma mortal…
-¿Como sabes que esto te volverá mortal, nena?
-Se algunas cosas.
Antes de que pudiera darse cuenta, Kalista tomó elixir mortal del tarro y besó en la boca a Hecarim, introduciendo el líquido en este con la lengua y obligándole a beber. En su mano derecha convocó una lanza espectral y se acercó seguidamente de un salto a Thresh, atrayéndolo hacia ella con la lanza por la espalda e hizo lo propio, sorprendiendolo también.
La esencia de los tres espectros brilló por un momento. Allí donde se hallaba un centauro metálico y deforme, surgió un hombre de unos trentaipocos, alto, apuesto y fuerte. Moreno de piel y con los ojos de color miel, amarillentos y algo almendrados. Kalista volvió a su forma anterior, mostrando un cuerpo fino y contorneado de una chica veinteañera, moreno al igual que el de Hecarim, con un pelo largo y negro recogido en una alta coleta de batalla. Sus ojos rasgados y igualmente amarillentos denotaban que era de la misma raza que el guerrero. Contrariamente, Thresh volvió a su forma desaliñada, alto, delgado y pálido, con el pelo negro oscuro y los ojos de un verde fluorescente.
Moviéndose ágilmente en su cuerpo mortal, Kalista se posicionó de nuevo en frente de Hecarim, pasando una de sus largas piernas entre las de él, pegando su cuerpo al del guerrero y pasando sus morenas manos por su armadura, desatándola. El hombre estaba extasiado de volver a ver a su antigua compañera y la miraba con sus grandes manos puestas en la cintura de ella.
Thresh observaba. Sus dos compañeros de estancia se manoseaban y besaban activamente. Aquello era inesperado pero a la vez la escena era hipnótica y no podía dejar de mirar. Los dos eran altos y musculados, de un pueblo ancestral ya extinguido. Hecarim se comía con los ojos a Kalista. "Y quién no la miraría, joder" pensó Thresh admirando el cuerpo de la guerrera. Derrenpente, cuando Hecarim se hallaba ya únicamente en sus pantalones de cuero de guerra, la lancera miró al carcelero fijamente. "Perfecto, os habéis dado cuenta de que sigo aquí, parejita" rió Thresh para sus adentros.
Kalista se movió hacia el hombre y pasó una mano por su pelo. Thresh sintió un escalofrío. La mano de la guerrera era caliente y se colaba entre su ajada camiseta y rozaba su torso frío, haciéndole temblar. Sin previo aviso, la ahora veinteañera atrajo el rostro del carcelero hacia sí y volvió a besarle en la boca, introduciendo su lengua tímidamente. Con la mano derecha empezó a acariciar circularmente la erección de Thresh, haciéndola más evidente. Se dejó llevar por el leve placer que le hacía sentir y la correspondió entrelazando su lengua con la de ella.
En un arrebato de lujuria y cansado de que Hecarim lo observara con esa mirada hostil, Thresh cargó a la lancera en su hombro y se dirijo hacia la escalinata, dispuesto a llevarla a su dormitorio.
-¿¡Dónde te la llevas!?- chilló Hecarim.
Thresh soltó una carcajada ronca y Kalista comenzó a reír sonoramente cuando su casco cayó rodando y Hecarim comenzó a perseguirlos. Cayeron en la cama seguidos del guerrero moreno y Kalista quitó la camiseta al carcelero y se levantó, dejando a los dos hombres con ganas de seguir acariciándola.
La lancera obsequió a los ex-espectros con una vista privilegiada de sus firmes senos cuando se desató la placa pectoral de su armadura. Poco a poco, se fue quitando las protecciones de los brazos y piernas hasta quedarse en su falda de batalla. Haciéndose de rogar, bajo la prenda lentamente y se mostró completa. Sin poderlo aguantar más, Thresh convocó sus cadenas espectrales y la atrajo hacia la cama, haciéndola arrodillarse en el borde.
Hecarim en un despliegue de hombría, sacó su miembro erecto y agarró a la mujer de su coleta, obligándola a metérselo en la boca y comenzar a lamer lentamente. El tamaño del guerrero era demasiado para Kalista pero aún así succionaba y lamía expertamente, arrancando suspiros del interior de hombre.
Thresh elevó las caderas de la chica e introdujo el índice en su interior para comprobar que estaba preparada también para él. Sin miramientos, se despojó de su pantalón y la penetró de un golpe, haciéndola gemir, para luego volver a salir y posteriormente entrar, comenzando a moverse a buen ritmo, llegando hasta el fondo con cada embestida atrayendo a Kalista hacía sí por sus caderas. El carcelero notaba que a la lancera le quedaba poco para llegar y ella gemía ahogadamente por la presencia del miembro de Hecarim en su boca, quien lo apartó segundos antes de que Kalista se corriese por primera vez aquella noche para escucharla jadear y pedir más.
Hecarim cogió una de las cadenas que Thresh había hecho servir anteriormente con una mano y a la extasiada lancera con la otra. Acercó los brazos de la chica a uno de los postes de la cama y la encadenó, haciendo que le diera la espalda.
-Hecarim, no te pases con la dama.- rió Thresh con la visión de la ninfa desnuda, inmovilizada, excitándose.
El guerrero acarició la espalda de Kalista lentamente y la besó en la mejilla. Admiro su cuerpo arqueado y su cara sonriente mientras le deshacía lentamente la coleta y su pelo caía en cascada por la espalda. Thresh observaba la escena expectante y envidioso de cómo su colega se hacía con la chica, poco a poco, dejándole solo mirar. Un suspiro ronco escapó de la boca del carcelero cuando su amigo por fin penetró de una embestida rápida a su compañera.
Las cadenas tintineaban con el violento vaivén mientras Thresh se acariciaba a sí mismo con la escena.
Hecarim se vio a sí mismo tomando a Kalista una vez más después de tanto tiempo, haciéndola suya. La chica giraba de vez en cuando la cara y confrontaba su mirada con los ojos posesivos y anhelantes del guerrero, retándole a aumentar la intensidad, la profundidad, el ritmo. Y así lo hacía, llegando entre gemidos los dos simultáneamente a un intenso orgasmo sincronizado, como siempre había sido.
El hombre salió de ella y la beso en la boca intensamente mientras la desataba y caía en la cama exhausto.
El carcelero aún solitario, sentado en un borde, estaba también apunto de llegar. Hecarim parecía dormir, echado en la otra parte de la cama.
Kalista, acercándose, interrumpió su soliloquio para montarse a horcajadas encima suyo y comenzar a mover sus caderas a buen ritmo. Mientras se besaban, acabó primero ella entre gemido exhaustos y luego él, agarrándola de los muslos para tenerla hasta el final.
-¿Querías hacer un trato conmigo, carcelero?¿Estás seguro pues?- susurró Kalista en su oído.
-S-si…- dijo Thresh sin pensar.
Kalista se incorporó, volviendo poco a poco a su forma espectral. Un halo la invadía mientras en su mano, una lanza negra se convocaba.
-El pacto ha sido sellado.- dijo la lancera con voz de ultratumba.
Thresh se vio sometido, en su forma no-muerta ya, a la espectro, quién reía frenéticamente. Todo pasaba rápido y no entendía a qué se debía el cambio en Kalista hasta que alcanzó a ver un colgante enredado en la muñeca de la mujer. El velo de la Banshee.
Kalista nunca estuvo bajo el hechizo del kyubi, los había engañado.
-Me gustan tus artes, carcelero, nos divertiremos hoy, una vez más.- dijo la lancera mientras se volvía riendo hacia un semi-inerte coloso metálico que se incorporaba lentamente.- ¡SANGRA TRAIDOR!
