Bueno, esta es la actualización para este fin de semana. Que disfruten del capítulo.


Capítulo 4: La llegada de los aliados.

Las gotas de la lluvia golpeaban furiosamente la túnica con la armadura oculta del Filo Negro. La sangre de sus dos recientes víctimas de asesinato se escurría por su rostro. Galen ya estaba limpio desde hace unos minutos, pero Blu, cuyas plumas, alas y todo el resto de su cuerpo estaban inundados de sangre, tardaría mucho más tiempo. Seguramente tendría que reemplazar su túnica, ya que aquellas manchas rojas no tenían intención de borrarse.

"Filo Negro, ¿qué te pasa?" – le preguntó Galen.

"Estoy mirando la luna" – respondió Blu.

"Amh… Blu, no puedes ver la luna, las nubes de la tormenta te lo impiden"

"Yo puedo verla… está ahí" – murmuró, y señaló la nube más cercana.

Galen se dio cuenta de que la misión que tenía Blu de ser el Filo Negro de Alferus comenzaba a volverlo loco. Ya comenzaba a mostrar síntomas de su locura.

"Blu, no es por ofenderte ni nada, pero creo que debes tomarte unas vacaciones para descansar el cuerpo" – comentó Galen – "Y en especial para relajar la mente" – le dio prioridad a esa última frase.

Blu comenzó a reírse.

"No estoy bromeando, debes tomarte un descanso de tus misiones" – insistió Galen – "Exijo que me lo prometas"

"No puedes exigirme nada, Galen, soy tu superior, no te atrevas a contradecirme" – le advirtió Blu.

"No te veo nada bien" – le dijo el otro.

"¿Crees que puedo parar, Galen?" – le preguntó Blu, encarándolo – "No puedo decirle no a mi sed de sangre" – agregó – "Estoy enfermo"

"Tus amigos te apoyarán todo lo que puedan" – dijo Galen.

Blu negó con la cabeza y dijo:

"Mi única amiga es la sed de sangre"


"Mi único amigo es el amor que le tengo a mi reino" – dijo la reina Perla, tomando asiento en su majestuoso trono.

"¿Es lo que cree?" – le preguntó Astor, y Febe, quien estaba a su lado, bajó la cabeza algo ofendido.

"No, no quise ofenderlos, caballeros" – se disculpó ella, poniéndose de pie y tocándoles el hombro a ambos – "Si son mis amigos, es solo que…"

"No se preocupe por el Filo Negro, alteza" – le dijo Astor – "Pronto lo atraparemos, lo juro por mi vida"

"Pensé que si ayer me mostraba en las zonas bajas del reino lo atraeríamos hacia nosotros, pero creo que mi plan falló" – dijo Perla – "Ese asesino no es tan idiota como pensaba"

Astor se sentía altamente ofendido por el Filo Negro, había humillado a su hermano, por lo tanto, también lo había humillado a él. Si había algo que le molestaba a Astor, era que lo humillaran. Además, la reina Perla tenía razón, el Filo Negro no era un idiota, probablemente sea el asesino más habilidoso e inteligente que hayan visto. Tal vez por eso se lo considere como una legendaria pesadilla.

"Me siento mal" – comentó la reina.

"¿Qué le ocurre, mi reina?" – le preguntó Febe, preocupándose.

"Lo que pasa es que… ¿viste lo que le hizo a tu hermano?" – le preguntó a Astor – "¿Y viste lo que le hizo a esos dos ciudadanos? ¡A uno le partió la cabeza por la mitad!"

"Lo sé, mi reina, es un asesino muy prestigioso" – comentó Astor secamente.

"Sólo hay una ave capaz de detener a esa bestia" – dijo la reina.

"¿A quién se refiere?" – le preguntó Febe ansioso.

La reina miró por la ventana y admiró su hermoso y pintoresco reino. Toda Alferus era de Perla, y a ella le gustaba que fuera así, aunque un letal asesino esté aterrorizando a su pueblo, ella lucharía hasta el final para acabar con su racha de crímenes. Febe se le acercó por la izquierda y repitió la pregunta.

"¿A quién se refiere, mi bella reina? ¿Quién es capaz de detener a esa bestia indomable?"

La reina respiró hondo, cerró los ojos, agachó la cabeza y respondió:

"Yo" - dijo - "Y el rey que me acompañe por el resto de mi vida"


Dos días después…

Por fin la tormenta había acabado. El Sol en Alferus estaba bello y radiante. Este era el día perfecto para que Febe ayudara a la reina Perla en su próximo deber: elegir un rey que la ayude a derrotar al Filo Negro y a dirigir a Alferus hacia la gloria eterna. Sí, éste era el día perfecto.


Blu y Galen caminaban por las calles de las zonas bajas de Alferus. Se dirigían al sur, hacia su lugar de encuentro con los demás asesinos del clan.

"Es una bella mañana" – comentó Galen – "¿Cómo te sientes, Blu?"

"Ansioso para recibir nuestra nueva tarea" – respondió – "Ya no puedo esperar más"

Galen notó cierta emoción en el Filo Negro, definitivamente la idea de tomar vacaciones no estaban presentes en él.

"Quería preguntarte si has pensado lo de las vacaciones" – arriesgó Galen, a la espera de recibir una respuesta favorable.

"Ni un poco" – respondió Blu tranquilamente – "Tranquilo, Galen, estaré bien"

Antes de que Galen pudiera decir algo en respuesta, se escucharon unos fuertes ruidos. Provenían de unas especies de trompetas desde la zona alta de la ciudad.

"Veamos de qué se trata este desorden" – dijo Blu, y ambos treparon con habilidad hacia el techo de una precaria pero alta casa. Allí vieron que las murallas de Alferus estaban repletas de soldados, tanto los muros norte y sur, así como los muros este y oeste se encontraban repletos de guardias. Algo estaba ocurriendo.

"¿Estarán invadiendo el reino?" – preguntó Blu – "Tenemos que ir a averiguarlo"

"¡En marcha!" – exclamó Galen, y ambos comenzaron a saltar de techo en techo con mucha velocidad. En menos de treinta minutos llegaron a la zona alta de Alferus. Las trompetas se escuchaban ahora con mucha más claridad. En realidad no eran sonidos de alerta, eran sonidos de bienvenida. No estaban atacando el reino, lo estaban visitando.

Blu asomó su cabeza al borde del techo y miró hacia abajo. Habían decenas de guardias en todas las calles formados en filas en las veredas. Los ciudadanos estaban dentro de sus casas, gritando con alegría y arrojando flores rosadas hacia abajo.

"La puerta se está abriendo" – dijo Galen señalando la puerta del muro norte, que se estaba abriendo lentamente.

Todos los guardias se pusieron firmes con las lanzas hacia arriba y los escudos cubriéndolos.

"Blu, tenemos que irnos, nos encontrarán" – dijo Galen, pero Blu lo detuvo.

"Nunca vimos algo así, Galen, hay que quedarnos para ver qué está ocurriendo"

Los ciudadanos seguían gritando y arrojando flores. Algo estaba por pasar, algo grande.

"¡Damas y caballeros!" – gritó una voz masculina que se le hizo familiar a Blu.

"Es Astor" – murmuró, y miró hacia el lugar desde el que provenía la voz. El capitán estaba en el otro extremo de la calle.

"¡Démosle una calurosa bienvenida a los reyes de nuestros reinos aliados!" – bramó, y entonces, las puertas finalmente terminaron de abrirse, revelando un montón de carrozas majestuosamente preparadas. (A/N Agron: imaginen que esas carrozas majestuosas son como los carros alegóricos del carnaval).

Entró entonces el primer carro majestuoso a la ciudad, que traía consigo al rey de Míresis, el reino que se encontraba al otro lado del gigantesco pantano que se encontraba en el centro del mundo de Ugalia. (A/N Agron: todavía no lo había mencionado, disculpen, pero el mundo en el que se sitúa esta historia se llama Ugalia).

En el centro de Ugalia se encontraba un inmenso pantano, que se lo consideraba como límite entre muchos de los reinos aliados.

El reino de Míresis se ubicaba en las heladas montañas de Jémesis. Sus ciudadanos eran aves totalmente blancas de por naturaleza. Muchos creían que era por la permanente nevada que caía sobre el reino.

Alrededor de la majestuosa carroza del rey de Míresis se encontraban los soldados de ese reino, que venían equipados con sus armaduras blancas como la nieve. Cada soldado venía armado con una larga lanza que debía sostenerse a dos manos y un estandarte que se apoyaba sobre su espalda. Los rostros de los guardias del rey de Míresis también eran totalmente blancos, sólo podían verse con algo de dificultad los iris de sus ojos, que, para hacerlo aún más irónico, también eran blancos.

Hace muchos años atrás, el reino de Míresis fue invadido por el reino de Erasus. Este último reino pensaba que liquidarían a Míresis en tan solo dos años, pero no se imaginaron que el ejército de Míresis se camuflaría tan efectivamente con la permanente nevada de las montañas de Jémesis. Los ataques sorpresa que sufrió el ejército de Erasus por parte del ejército de Míresis fueron fatales, lo que provocó que en tan sólo un año Erasus firmara la rendición ante el rey enemigo. Por esa razón las defensas del reino de Míresis eran prácticamente las más temidas. Sin duda, si la reina de Alferus se casara con el rey de Míresis formarían una formidable fuerza de defensa y ataque. El rey de Míresis era una de las perfectas opciones.

Pero él no estaba solo, ya que detrás de él estaba la carroza del rey de Erasus, el mortal enemigo del rey de Míresis. Perla temía de que los reyes de Míresis y Erasus querrían casarse con ella solamente para unir fuerzas y destruir a su contrincante de una vez por todas, además de querer tener bellos descendientes con ella.

Detrás del carro de Erasus, se encontraba el carro del rey de Jársalen, que se encontraba al este del reino de Míresis.

Por detrás del anterior, se encontraba el rey de Lufenia, el reino más cercano a Alferus. Simplemente se encontraba a unos kilómetros al oeste.

Y por detrás del rey de Lufenia, venían muchos más…

"Veo que la reina está buscando un esposo" – dijo Galen, y entonces alguien lo agarró de la espalda.

Blu vio eso, e inmediatamente desenvainó el último puñal que tenía y encaró al atacante, que en realidad no era un atacante, era un amigo.

"¡Amir! ¡Por mis letales cuchillas, por poco te mato!" – exclamó Blu, y los tres compartieron un amistoso abrazo – "¿Qué haces aquí?"

Amir era un pájaro de una especie que se consideraba desconocida. Era de un color marrón y era casi tan grande como Astor.

"Me enteré de que la reina zorrita está buscando que la inseminen" – contestó Amir, y se rieron – "¡Acaba de ascender al trono y ya está pensando en tener hijos!"

"No creo que sea por eso, Amir" – dijo Blu – "Más bien quiere casarse para recibir ayuda"

"¿Ayuda para qué?" – preguntó Galen.

Blu suspiró, tenía que ser sincero.

"Ayuda para acabarnos"

"Pues ahí abajo tiene a muchos candidatos, veamos si alguno de ellos tiene las suficientes pelotas como para meterse con nosotros, seguramente sólo son unos cobardes que se orinan en sus majestuosas patas cuando ven peligro a su alrededor" – dijo Amir, y los tres rieron.

"¿Alguien más vino contigo?" – le preguntó Blu, y Amir sonrió.

"¡Hola!" – gritó alguien que abrazó a Galen por atrás.

"¡Maia!" – exclamó Blu – "¿Tú también estás aquí?"

Maia era una bella guacamaya verde y amarilla, al igual que Galen.

"No vine sola" – contestó la chica, soltando a Galen para que pueda respirar.

"¿Quién más vino?" – le preguntó Galen, devolviéndole el abrazo y soltándola para que pueda respirar.

Ella rió y respondió.

"Mucha de nuestra gente está aquí" – dijo – "Mira a tu alrededor"

Blu y Galen miraron hacia todos lados y no tardaron mucho tiempo en localizar a varios de sus compañeros. Los asesinos estaban por todas partes, tanto arriba de techos como abajo, escondidos en los callejones detrás de los guardias.

"Todos nuestros compañeros están aquí" – dijo Blu.

"No son compañeros, Blu" – dijo Maia con cariño – "Son nuestros hermanos de causa"

"No podría más de acuerdo contigo" – dijo Galen, apoyándola.

Blu le dio la razón a Maia. Era verdad, no eran sus compañeros, eran su familia.

Las carrozas de los reyes aliados siguieron su camino por la calle mientras saludaban a los ciudadanos de Alferus, quienes los aclamaban gritando los nombres de sus reinos.

Blu, Galen, Amir y Maia tenían miedo, pues pronto se forjaría la alianza entre los reinos que los aniquilarían a ellos y al resto de su clan.


Wep…

¿Está bueno? ¡A mi parecer está mortalmente bueno!

Dale click a Review si crees que esta historia tiene futuro en FF y si crees que el Filo Negro podrá salir adelante y recuperarse de su sed de sangre.

¡Hasta la próxima, lectores!