EL REENCUENTRO Y LA PROPUESTA

Alrededor de las ocho de la noche Goten llamó solicitando permiso para que Trunks se quedara a dormir en su casa. Bulma no halló mayor objeción, salvo que ahora que sus padres se habían ido a pasear, ella se quedaría sola en la Corporación, pero ante todo estaba la felicidad de su hijo, y pasar la noche en la casa de la familia Son le haría bien. Gokú llegó, saludó y se llevó a Trunks no sin antes prometerle a su madre que llamaría en cuanto llegaran a la montaña Paoz.

Bulma, no queriendo cenar sola en la cocina o en el comedor, preparó una bandeja con café, pan tostado con mermelada y unas fresas con chocolate para subirlas a la terraza, donde cenaría tranquila, escuchando música y viendo las estrellas.

Acomodó todo, se sentó y empezó a degustar su café. La noche era muy tranquila. Afuera no se escuchaba el ruido del tráfico, eso era extraño, pues en la Ciudad del Oeste siempre había un caos. No le dio importancia, puso el reproductor de música y eligió música instrumental.

Se disponía a comer las fresas cuando sintió una presencia a sus espaldas. Convivir con artistas marciales la había ayudado a aprender algunos trucos de defensa, y ahora mismo los aplicó cuando con el codo trató de golpear al intruso en la boca del estómago. Pero a ella le dolió mucho más el impacto que al agredido.

-Me lo merezco, no lo discuto, pero sabes que esos golpes no me duelen, ¿verdad? ¿Estas bien?

-Ve…geta… ¿qué haces aquí? –Replicó sorprendida mientras masajeaba la zona afectada- ¿Por qué no entraste por la puerta?

-Las luces estaban apagadas, deduje que ya todos dormían y no quise incomodar. –Dijo a la vez que tomó el brazo de la peliazul y colocó su mano en el codo de Bulma, liberó una cálida energía y ella sintió que el dolor se desvaneció-. ¿Dónde está Trunks? Es muy extraño que este dormido a esta hora.

-Gra… gracias… -replicó la mujer un tanto sorprendida y, por qué no decirlo, avergonzada-. Trunks no está en casa. Fue a dormir con Goten.

-Aún así está demasiado silencioso aquí. No he escuchado los ruidos de tu madre en ningún momento…

-Tampoco están mis padres. Salieron a no sé donde.

-Entiendo. Veo que tu padre está poniendo mucho empeño en la nave que le encargué… -Bulma se sintió incómoda. Él también. Ese era un tema que preferían no tocar, por ello, él salió por la tangente-. Así que estás sola.

-Sí. Cenaba, pero ahora sólo quedan fresas con chocolate. Puedo compartirlas.

-Bien.

Vegeta, con la altivez y elegancia que lo caracterizaba, tomó asiento frente a Bulma. El platón con fresas en verdad era enorme, pero esto no le sorprendió, pues sabía que ella gustaba de las fresas como de pocas cosas en la vida.

-¿Cómo… cómo has estado? –interrogó ella como quien no quiere mientras tomaba una fresa y la sumergía en el chocolate.

-He permanecido en las montañas. Todo ha estado tranquilo. –respondió imitándola, él probó su fresa y agregó-. ¿Y tú?

-Bien, podría decirse. He avanzado con varios proyectos, afortunadamente ha habido mucho trabajo en la Corporación. Apenas el día de hoy he podido descansar un poco.

-¿Trunks?

-Ocupado con la escuela. Pero bien. Te ha extrañado.

Un incómodo silencio se hizo presente. Las cosas no iban a ser tan sencillas como habían pensado. El Príncipe necesitaba una salida, no podía soportar más la situación. Por ello dejó sobre la mesa el cubierto con el que comía fresas, se puso de pie y habló:

-¿Te molestaría que entrara a ducharme? El agua del río es grata los primeros días, pero llega a fastidiar. Además, me has convertido en un dependiente del shampoo y necesito un baño con urgencia.

-Sabes que no tienes que avisarme. Entra, tus cosas están donde siempre. Te espero aquí.

Por toda respuesta él asintió y procedió según lo planeado. En no más de diez minutos Vegeta salió con unos cazadores en tono verde botella, camisa negra ajustada a cada músculo de su pecho y chamarra del mismo tono. Calzaba zapatos deportivos negros y usaba una colonia que Bulma le había regalado. Entró a la terraza sin hacer el menor ruido, y miró a su esposa, sentada en el barandal de frente a la ciudad observando las luces. Sus pies colgaban del lado opuesto del piso. Parecía concentrada en sus pensamientos, y a Vegeta le gustó verla así. Pero había que admitirlo, su mujer era más peligrosa cuando permanecía en silencio que cuando gritaba de manera histérica.

-¿Necesito recordarte que no sabes volar? –Habló con suavidad, un tono inusual en él, pero terriblemente encantador, para no asustarla-. No deberías arriesgarte.

-Sabes que no le temo a las alturas, al contrario. Estar aquí me hace sentir libre.

-¿Eso es lo que deseas? –Interrogó él con cautela.

-Deseo despejar mi alma de dudas, de temores. Quiero saber que lo que hago es lo correcto y punto.

Él se recargó en el barandal, junto a ella y comentó:

-Yo también quisiera una señal. No puedo ver el camino por el que debo seguir. Y me exaspera.

Ella lo volteó a ver y él también la miró a los ojos.

-Perdóname por lo que te dije, Vegeta. Hablé sin conocer to…

Él la silenció colocando su dedo índice sobre sus labios. Era su turno de hablar.

-Sé que es casi imposible pedirte que guardes silencio, pero en este momento sólo escucha lo que tengo que decirte. No quiero irme. No quiero salir de tu vida, ni de la de Trunks. He tenido suficiente tiempo para pensar y sé que no hay nada más para mí que ustedes. Todos en este planeta y aparentemente en el universo tienen amigos, padres y hermanos. Yo lo perdí todo a temprana edad sin nunca haber sentido que lo tenía. No tengo amigos, pero te tengo a ti.

"Tú lo has significado todo en mi vida. No sé cómo, ni por qué, pero te hiciste mi amiga, pues cuando la amenaza de los androides comenzaba a acecharnos, cuidaste de mí sin tener ninguna obligación y sin obtener siquiera mi gratitud. No lo negaré, me gustaste desde el inicio, pero no más que eso. Luego, con tus fastidiosas atenciones te fuiste colando en mi vida. Hasta llegaste a aparecerte en mis sueños y en imágenes en mi cabeza. Luché contra eso y contra mí mismo, pero fue una batalla perdida. Concluí que únicamente quería los favores de tu cuerpo, y una vez que los tuviera, todo volvería a ser como antes. Pero no fue así. Entre más me dabas más quería recibir y yo quería entregarte todo.

"Tuve miedo de mis propios sentimientos, tuve miedo al saber que podía sentir como los demás. Luego, el embarazo. Fue mera curiosidad lo que me mantuvo en la Tierra, contigo, en esos meses. Los cambios de tu cuerpo me asombraban, y secretamente, me maravillaban. Trunks nació, y entonces me aterré. Por eso tomé la nave espacial y huí en busca de mi antigua personalidad. La furia al saber que Kakarotto me superaba y pensar en esos androides y que yo, sin transformarme en súper saiyajin, no era capaz de protegerte a ti y al niño consiguieron desatar mi poder. Claro que esa historia sólo debía conocerla yo.

"¿Recuerdas cuando Maki Hero hizo que la nave en la que viajabas se desbalanceara y cayeras con el niño? Para empezar no entendía qué demonios hacías en ese lugar si te había dado la orden de no salir. Ah, pero claro, Bulma jamás obedece órdenes. Pues en ese momento yo ya había deducido que aquel muchacho del futuro era nuestro hijo. Sabía también que él los protegería mientras yo me encargaba de eliminar a la chatarra. Ese chiquillo insolente me encaró preguntándome si ustedes no me importaban, le respondí lo de siempre. 'No, ellos no significan nada para mí'. Sé que lo decepcioné y quizá a ti también, aunque no dijiste una sola palabra. Pero si Maki Hero se daba cuenta de la importancia que ustedes tenían para mí, los hubiera atacado.

"Aunque te diré que también lo hice para vengarme de ti –ante esto Bulma lo miró con los ojos bien abiertos. En un segundo pensó en algún daño que pudiera haberle provocado a Vegeta, pero sencillamente no halló ninguno-. Siempre… siempre tuve celos de Kakarotto. No sólo porque era un mejor guerrero que yo, sino porque ha sido mejor en todo. Me enervaba la fe que tenías en su persona y que nunca mostraste en mí. –Bulma comenzó a comprender. Y le asombró la sinceridad que había en el tono de voz de él-. Todos pensaban que si Kakarotto moría las cosas estarían perdidas. Por algo Trunks del futuro había llegado. Esa máquina del tiempo nadie sino tú pudiste haberla creado. Si la otra Bulma lo hizo no fue para que ese hijo mío me conociera o protegiera, sino para salvar exclusivamente la vida de ese imbécil, por eso Trunks llegó con la medicina para su enfermedad. ¿Sabes cómo se siente eso? Verte junto a él era algo insoportable.

"Cuando llegaste al Templo Sagrado para entregarme aquellos trajes, justo en el instante en que Trunks y yo terminamos con nuestro entrenamiento de un año y conversaste tan tranquilamente con Kakarotto, ignorándome por completo, me enfurecí. Tenía que demostrarte que yo era capaz de aniquilar a esas malditas chatarras y a Cell. Pero mis cálculos no fueron correctos. Y terminé poniendo en riesgo la vida de todos. Luego, cuando ese estúpido torneo terminó, Kakarotto murió y Gohan venció a Cell, prometí que nunca más volvería a pelear. Había sido degradado en el combate convirtiéndome en un estorbo en lugar del orgulloso guerrero que siempre fui. Tú pudiste haberte aprovechado de mi debilidad. De haberme pedido que no combatiera más lo hubiera hecho.

-Pero pelear es tu vida, siempre lo he sabido. Haberte pedido eso era como dictarte una sentencia de muerte. Hubieras perdido tu alma.

-Lo que hiciste fue alentarme. Me dijiste que jamás me había dejado vencer…Que por mis venas corría la sangre de los Guerreros de Elite Saiyajines. Que eso era lo que te fascinaba de mí… Así que si dejaba vencerme no podría ser un digno padre para Trunks, pues tú no querías que tuviera como ejemplo a un fracasado incapaz de levantarse después de haber caído.

-No puedo creer que lo recuerdes. –comentó Bulma en un susurro.

-Y como eso hay muchas más cosas que puedo recordar. Tengo bien presente aquella vez, hace casi diez años, en la que bebiste de más y conversamos como dos personas civilizadas por primera vez. "No creas que eres la única persona que ha sufrido en este mundo, me dijiste, muchos hemos pasado por cosas terribles, pero el punto no está en quejarte de lo que pasó, sino lo que haces con ello…"

-Si supieras el potencial que veo en ti... –completó Bulma recordando a la perfección aquella conversación-. …Eres un líder innato, puedes hacer maravillas con eso, pero parece que tú no quieres darte cuenta de ello.

-Pero mi favorita fue cuando te escuché decir: "¿Por qué las personas insisten en creer que soy tan débil como lo indica mi apariencia?"

Bulma sonrió. Dios, ese en verdad era el mejor recuerdo de su vida. Recordaba al dedillo aquella conversación, pues en ese instante había comenzado su nueva vida con Vegeta.

-Tú respondiste: "Sé que no eres ninguna débil. A mí no me gustan los débiles". Ni siquiera podía creer que tú hubieras dicho eso. Te gustaba y eso era más de lo que imaginaba.

-A mí también me sorprendió lo que dije. Sin embargo tú, aunque siempre has hablado más de la cuenta, cuidas lo que dices. El alcohol que bebiste debió soltarte la lengua.

-Lo hizo, pero creo que de todas maneras te hubiera dicho eso en algún momento. Además, después de esa conversación comenzaste con insinuaciones y a veces con proposiciones bastante directas, no sabía si bromeabas o ibas en serio. Aún no sé cómo, pero lograste convencerme. Lograste que mis esperanzas en ti se incrementaran al saber que te tomabas la molestia de seducirme. Sé que no necesito decírtelo, pero aceptémoslo, eres mucho más fuerte que yo. –Vegeta dejó escapar una sonrisa-. De haber querido tomarme a la fuerza lo hubieras hecho sin más y luego pudiste desaparecerme, y en cambio me conquistaste. Eso fue suficiente para que confiara aún más.

-¿Aun piensas eso de mí?

-¿Bromeas? He confirmado lo que te dije. Sobrepasaste mis expectativas. Pienso que es una pena que mi yo del futuro no conociera al Vegeta que está ante mis ojos.

-A pesar de eso quieres que me vaya.

-¡No! Yo pensé que tú querías irte y que te quedabas por compasión, por lástima, por obligación…

-No estoy acostumbrado a hacer nada de eso. Elegí quedarme. Elijo quedarme si tú quieres que así sea.

-Eso quiero. Olvida lo que te dije…

-No puedo hacerlo. Bulma, no quiero volver. Quiero que empecemos desde cero.

-No comprendo la diferencia…

-Trunks del futuro le dijo a Kakarotto que su madre y su padre jamás se casaron.

-¿Tú cómo sabes eso?

-El mismo Kakarotto me lo dijo. El idiota creyó que yo necesitaba compañía y estuvo fastidiándome estos días. Me ha contado varias cosas, eso entre todo. Dijo que ese chiquillo no conoció a su padre. No quiero que Trunks me olvide, tampoco quiero que tú lo hagas.

-No podría y lo sabes. Por más que deseara hacerlo, eres parte de mí. Pero sigo sin comprender a qué viene Trunks del futuro en esto.

-A veces tu entendimiento es tan lento, mujer –Bulma frunció el entrecejo-. ¿Quieres que nos casemos?

Bulma sintió que su vida pasaba ante sus ojos. Todo ocurrió muy rápido, o en el caso de ella, a cámara lenta, porque su cerebro estaba trabajando de forma tan torpe que por un momento comprendió a Gokú.

En el momento en el que escuchó esas palabras se puso de pie rápidamente, pero claro, olvidó que estaba sentada sobre el barandal, así que como consecuencia, cayó varios metros liberando un potente grito. Obviamente no tocó el piso, Vegeta poseía reflejos de oro, de lo contrario, en el mejor de los casos, hubiera terminado con varios huesos rotos.

Cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, abrazó a Vegeta con tanta fuerza como le fue posible. Tuvo miedo. De morir y de haber escuchado mal. Sí, seguramente había escuchado mal, Vegeta nunca diría eso.

-¿Estas loca? Te prohíbo que vuelvas a sentarte allí. Un día no estaré cerca para atraparte. –dijo en su acostumbrado tono severo el saiyajin mientras estrechaba con vehemencia, pero evitando hacerle daño, a la mujer que estaba entre sus brazos.

-Yo… -ella lo miró con los ojos muy abiertos. ¿Cómo podía pedirle que repitiera lo que había dicho antes de caer?- Yo…

-Sí, ya sabía yo que tantos años cerca de Kakarotto te habían afectado de alguna forma. Vamos adentro.

Él alzó el vuelo y entraron a la habitación. Ella seguía muda, sus neuronas todavía no acababan de procesar lo sucedido. No se soltó de Vegeta en ningún momento. Eso a él no le molestó, pero comenzaba a impacientarse, pues necesitaba una respuesta.

-Veo que las experiencias de muerte te dejan muda. De haberlo sabido hace algunos años lo habría puesto en práctica. Por Kami mujer, di algo.

-No, sólo… uy –suspiró- sentí que esta vez estuve cerca… Bueno, de qué me sorprendo, ya morí. Sé que iré al Paraíso.

-¿Cómo? ¿Te admitieron allí? Por lo visto Enma Daiosama comete muchos errores.

-¡Oye! Soy muy buena persona. Además, no podrían dejar que una mujer tan hermosa e inteligente como yo fuera al infierno. ¿Te imaginas el revuelo que causaría allá?

Vegeta sonrió. Sí, era tan hermosa que por culpa de Kakarotto hasta un Dios Supremo quería conocerla. Y su inteligencia había librado a todos más de una vez de perder la batalla. Que pena, cuando él muriera no estarían juntos. No importaba cuanto bien pudiera hacer, sabía a la perfección que él jamás entraría al paraíso…

-Ahora tú te quedaste… disperso, por decirlo de modo gentil.

-Quiero una respuesta.

-Hazme una pregunta. Después de casi morir no sé si lo que me dijiste lo imaginé o…

-¿Quieres que nos casemos? –interrumpió-. Realmente requiero una respuesta. Aceptémoslo Bulma, lo que tuvimos fue bueno mientras duró, pero necesitamos algo más. No podemos seguir como hasta ahora.

-Sí, entiendo, ¿pero no lo haces por…?

-¡Cuantas veces te lo debo repetir! –alzó la voz exasperado. Su paciencia era limitada. Muy limitada-. Si quisiera irme, lo haría en este momento sin ningún cargo de conciencia.

-Sí, sí, lo siento, es sólo… -se apartó de él, pues lo veía bastante encrespado y comenzó a caminar en círculos por la habitación-. Comprende que esto es mucho para mí. Fantaseaba con esto al principio, pero nunca creí que sucedería, así que terminé olvidándolo.

-¿Quieres o no? Sólo responde eso. Ten en cuenta que si no lo quisiera, no te lo pediría.

Ella lo miró. Él vio tanta incertidumbre, pero lo más importante, vio amor. Estaba sorprendida, pero feliz. Con eso bastaba para sospechar su respuesta. La tomó por la cintura, sin demasiada delicadeza, y escuchó cuando ella dijo:

-¿Estas completamente seguro de lo que me estas pidiendo? No es necesario que lo hagas. Yo no te estoy exigiendo nada. Un papel, una ceremonia o una fiesta no son garantía de nada, y lo sé. Pero cuando lo haces hay cierto compromiso…

-Bulma, sé en qué consiste una unión de ese tipo, también sé lo que significa para los tuyos y para los míos. Y es momento de que lo hagamos. Hasta ahora nuestra relación la vivíamos día a día, pero ya no funciona eso para mí. Necesito tener la certidumbre de que estarás a mi lado por más que una noche.

-Pero lo estaré, no tienes por qué dudarlo

-Mira, mujer. No sé cómo demonios piensas o qué rayos quieres. Pero sé lo que quiero yo. Ahora te exijo que me respondas.

-¿Cuándo sería?

-En el momento que quieras. Pero te pido una condición.

-Te escucho.

-Haremos el ritual terrícola y el de mi raza. No hay gran variación entre uno y otro, pero quiero llevarlo a cabo…

-¿Se puede a pesar de que yo no soy saiyajin?

-Nunca se había hecho, pero tomando en cuenta que los saiyajines de sangra pura sobrevivientes únicamente somos Kakarotto y yo, podemos hacer una excepción.

-Bien, pero yo también quiero pedirte una condición. Después de hacer esto, prométeme que jamás estarás conmigo por un deber impuesto. Sé lo orgulloso que estas de ser el Príncipe de los Saiyajines, y yo también lo estoy de que lo seas. Pero sé también que con tal de honrar a tu sangre te sacrificarías. Y si en algún momento tú ya no deseas estar conmigo, házmelo saber. No me engaño creyendo en la eternidad. El amor acaba, en algunos dura meses, en otros años, pero siempre termina. Si tú me dices que ya no quieres estar a mi lado, en ese instante te devolveré tu libertad.

-Deberías tener un poco más de fe, mujer. No te recomiendo que creas que te libraras pronto de mí, porque eso no va a ocurrir. Entiende Bulma, con esto quiero que te sientas segura. Sólo tú has conseguido que tenga deseos de ser un mejor hombre. Y en cambio, todos estos años he sido incapaz de ofrecerte una vida estable. Bien, quiero que la tengas. Quiero dártela y saber que al fin estoy en casa.

Bulma no pudo evitar que las lágrimas se agruparan en sus ojos. No imaginó esa respuesta. Era lo más bello que alguien le había dicho. Era el mejor cumplido que había recibido. Nunca creyó que Vegeta fuera capaz de decir cosas tan bellas. Lo abrazó y sus labios golpearon los de él con fuerza. No había otra manera de agradecerle.

-Tu gusto… es salado… -murmuró él entre besos. Las lágrimas seguían corriendo, pero él no hacía mucho por detenerlas, pues sabía cual era el motivo-. ¿Te quieres casar conmigo, entonces?

-¡Sí, sí, sí, sabes que sí! –respondió ella sin dejar de besarlo.

-¿Cuándo? –murmuró él con una voz que comenzaba a volverse ronca.

-Mañana mismo. –respondió ella. Los besos de él en su cuello estaban enloqueciéndola.

-¿No es demasiado pronto? ¿Qué hay con tus padres?

-No tengo ni idea de cuando vendrán, pero no quiero esperar. –Ya no lloraba. Cómo hacerlo si él estaba arrancándole gemidos, pues su manos comenzaban a desplazarse por su cuerpo en total libertad.

-¿Quienes vendrán? –dijo él tratando de desabotonar la blusa de su mujer, podría arrancarla de un tirón, como a veces lo hacía, pero en ese momento, eso le quitaría la diversión al juego.

-Sólo Trunks. –suspiró. Esta vez él se quedaba sin la chamarra. Se veía tremendamente sexy con esa camisa que delineaba cada músculo de sus pectorales y brazos.

-¿Y tus amigos? –ahora él lidiaba con el cierre de la pequeña falda. Pero eso no era nada contra la persistencia de un saiyajin.

-Si ellos están o no presentes, no habrá diferencia. –respondió con tranquilidad mientras cerraba los ojos y echaba su cabeza hacia atrás, dándole un mejor acceso a su marido.

Él la tomó del mentón y esperó que ella lo mirara. Vegeta siempre creyó que en un evento de semejante importancia ella invitaría a media ciudad. Si se estaba limitando por él necesitaba hacérselo saber.

-Sí habrá diferencia… -dijo mientras la alejaba de su cuerpo buscando su aguamarina mirada.

-El compromiso es entre nosotros. No con ellos. –dijo ella con total seguridad. Él se sorprendió. Sus amigos siempre habían sido significativos en su vida, ¿y ahora no los invitaba en un momento tan importante?

-¿Ni siquiera Kakarotto? –insistió.

-Él no es demasiado amigo de las celebraciones. Sólo quiero que mi familia este presente. Entiéndelo, esto es exclusivamente entre nosotros. No tengo intención de gritar a los cuatro vientos que serás mi esposo. Me basta con que tú y Trunks lo sepan.

-Pues yo espero que ese Supremo Kaio Sama esté observando. A ver si así deja de molestar.

-Me atemoriza pensar que hay un Dios tan pervertido como el maestro Roshi.

-No tienes por qué temer, le dejé bien claro que eres mi esposa, y no creo que quiera tentar su suerte, por muy Dios que sea.

-Cuando vea a Gokú le haré pagar por su gran bocota. Y tú, ¿algún día dejarás de ser tan posesivo?

-Nunca, aunque merecido me lo tengo. Pude haber elegido una humana menos bella y más dócil, pero no hubiera sido tan… entretenido como hasta ahora.

-No hubieras podido fijarte en nadie más, y yo te lo advertí desde que te ofrecí vivir en mi casa junto con los Namekusejín, "no te enamores de mí… aunque me encuentres muy atractiva".

-Y vaya que lo eres… Mi mujer… Te… Te amo, Bulma.

Otra vez sentía que iba a llorar. De haber sido cardiaca hubiera muerto, tantas sorpresas en un solo día eran inconcebibles.

-Yo también te amo, y lo sabes, aunque tampoco suelo decirlo. Pero debes dejar de ser tan celoso… Por fortuna no tienes una hija, de lo contrario lanzarías por barrancos a todos sus pretendientes…

-No lo dudo, pues sería tan endemoniadamente bella como su madre, pero confiaría en su buen juicio. Aunque no te conocí de adolescente…

-Si es como yo, entonces tendrás que lanzar a sus pretendientes. Siempre he tendido a perder la cabeza por los chicos malos.

-Y por los imbéciles… -Bulma sonrió, aparentemente Vegeta jamás simpatizaría si quiera un poco con Yamcha

-Incluso él tuvo un pasado oscuro. Cuando Gokú y yo lo conocimos en el desierto, él era un ladrón. Se unió a nosotros sólo para robar las esferas del Dragón. Luego vivió en mi casa y se reformó. Lo demás, ya lo sabes.

-Así que mi mujer siempre ha sentido preferencia por los villanos… ¿Piccoro está incluido en tu lista?

-¡Oye! No generalices. A pesar de todo, tengo excelentes gustos. Siempre me han gustado los hombres fuertes, de carácter, atractivos. Sólo mírame, terminé enamorada de ti sin haberlo planificado.

-Bueno, no te culpo, soy irresistible.

Y procedió a comprobar sus argumentos besándola como a ella le gustaba. La cama, a gusto de Vegeta, lucía tan abandonada. La guió hasta allá y la recostó colocándose él arriba. Estaban en la orilla, pero eso no lo limitaba, al contrario, estos preámbulos siempre le excitaban.

Bulma no dejaba de gemir y la respiración se le dificultaba. Tras esos años que había vivido al lado del saiyajin, hubiera sido normal que cayeran en la monotonía, pero ella comenzaba a sospechar que la raza de su hombre poseía una especie de Kamasutra, porque él jamás repetía sus caricias.

Él parecía estar como en una batalla, perfectamente concentrado en la técnica a emplear, pero en ningún momento descuidaba a su pareja. Estaba al pendiente de sus sonidos, sus gestos, sus movimientos. A veces ella tomaba el mando en estas cuestiones, y eso a él le encantaba. Su mujer dominante era una experta en las artes amatorias, habían aprendido juntos, eso a él no le cabía la menor duda.

Cuando iniciaron con sus encuentros, si bien éstos fueron bastante buenos, en comparación con los de ahora parecían aburridos. Ella, en aquellos tiempos, no sabía todo lo que había aprendido hasta entonces, y además, luego de conocerse, ambos sabían lo que le gustaba al otro. Las inhibiciones también se habían dejado de lado. Antaño, desnudarse era toda una odisea, ella siempre estuvo orgullosa de su cuerpo, pero mostrarse tal cual ante un hombre eran palabras mayores. Además, las cosas con Yamcha en ese ámbito nunca fueron cosa del otro mundo. Vegeta sí que lograba hacerla tocar las estrellas una y otra vez.

Sin saber cómo, él la había llevado hasta al centro de la cama, donde se acomodó entre sus piernas continuando aún con los jugueteos. La ropa interior seguía en su sitio. Pero la espera era insoportable. Sus partes íntimas vibraban de anticipación. Latían ante la inminente unión…

-¿Estas lista? –susurró él provocándole estremecimientos a su mujer.

-Como siempre.

Pero en teléfono comenzó a sonar interrumpiendo el momento.

-Vegeta, debe ser Trunks.

-Si ya sabes que es él, entonces continuemos. –la voz de Vegeta sonaba terriblemente sensual así. Ronca, susurrante… Bulma no necesitaba más para sentir un orgasmo.

-No, no -dijo con dificultad tratando de calmar su respiración-. Se preocuparía, él cree que estoy sola en casa.

-Bien, yo atenderé.

De mala gana se levantó y tomó el teléfono que se hallaba en la terraza, donde Bulma lo había dejado para que no tuviera que moverse de su silla cuando Trunks llamara.

Él abrió la puerta corrediza únicamente en calzoncillos. Los zapatos, el pantalón y la camisa habían salido volando en determinado momento de su encuentro con Bulma. Ella sin embargo, tendida sobre la cama, no perdió detalle del movimiento de su esposo. Verlo en ropa interior era un verdadero regalo de los dioses. Los músculos de sus piernas y sus glúteos en toda su magnificencia era un deleite para la vista.

Vegeta presionó un botón, y sin mayor delicadeza dijo:

-Habla.

-¿Papá? ¿Eres tú? ¿Cuándo volviste? ¿Hablaste con mamá? –Gokú volteó y prestó mayor atención en la conversación de su huésped cuando escuchó el saludo. Así que finalmente el orgulloso de Vegeta había cedido. Ahora todo dependía de Bulma.

-Así es, Trunks. Ahora mismo tu madre y yo hablábamos. ¿Ya estas en casa de Kakarotto?

-Sí, le prometí a mamá que le llamaría en cuanto llegara, pero la mamá de Goten y Gohan nos pidió que fuéramos de compras y entonces fuimos todos. ¿Sabías que el señor Gokú conduce? ¿Por qué nunca te he visto hacerlo?

-Basta de tanta charla. –dijo Vegeta un tanto irritado, ahora hasta su propio vástago lo comparaba con el imbécil de Kakarotto-. Estas bien y eso es lo que necesitábamos saber.

-¡Papá, si tú ya estas en casa lo mejor sería que yo también fuera para allá! Si le digo al señor Gokú y usa la teletransportación entonces podré estar ahí en un segundo.

-No te adelantes Trunks. Si ya habías acordado quedarte en la montaña Paoz eso harás. Además, tu madre y yo tenemos cosas que arreglar y que dejamos pendientes. Mañana pasaremos por ti y nos acompañaras a un lugar importante.

-¿Entonces te quedarás en la casa para siempre?

La voz del príncipe saiyajin se suavizó al responderle:

-Eso lo hablaremos mañana. Pórtate bien…

-Lo haré papá. Hasta mañana.

Hubo un breve silencio que el Príncipe Saiyajin cortó.

-Trunks, espera.

-Sí, dime.

-Te quiero, hijo. –espetó casi en un susurro. Eso sorprendió al pequeño de violáceos cabellos, quien se sonrojó como la vez que él lo abrazó cuando peleaban contra Majin Boo.

-Ah, yo… papá, yo también te quiero.

La comunicación se cortó en ese momento y Vegeta permaneció observando el teléfono. Se sintió libre cuando dijo esas palabras. Y pensar que quizá su propio padre se estaría revolcando en su tumba, en el caso que hubiera tenido una. Él lo había motivado a superarse siempre, inculcándole desde muy temprana edad su origen Real, pero jamás había escuchado palabras como las que le dijo a Trunks. No era de extrañarse, esas cosas no eran para guerreros, pero hacerlo le sentó bien.

-¿Le salieron ojos y boca al teléfono o por qué lo observas con tanto detenimiento?

El giró para mirarla. Al igual que él, Bulma estaba en ropa interior, con las manos en las caderas, Vegeta siempre conseguía que el corazón le latiera más aprisa cuando la miraba así.

-Sólo pienso en ciertos ojos y cierta boca, particularmente en los labios, y no son los de este aparato.

Ella sonrió. Con él su ego y autoestima nunca sufrirían. Se acercó a él caminando con sensualidad. A su saiyajin prácticamente le brillaban los ojos. Sólo atinó poner el teléfono sobre la mesa sin apartar su mirada de ella.

-Ahora sé que Trunks está bien y ya no habrán más interrupciones, ¿tú crees que podamos continuar con lo que hacíamos?

-No lo dudes, mujer. –Él terminó por cubrir el espacio que los separaba y estrechó el cuerpo de ella contra el suyo. La última vez que habían estado juntos fue la noche previa a aquel fatídico torneo de artes marciales. Ahora le parecía que toda una vida transcurrió desde entonces. Esas semanas sin ella lo habían torturado. Era extraño pero no podía pasar más de un par de días lejos. Era como una adicción. Y no podía culparse, las cosas que ella capaz de hacer nadie más podría. No era como si la hubiera comparado, pero no tenía necesidad de hacerlo. Además, ninguna otra mujer era digna de pasar por su cama. Sólo su Princesa terrícola tenía cabida en su mente, y por qué no decirlo, también en su corazón…

Continuará…

Muchas gracias por haber leído hasta este momento. El final ya está muy cerca. ¿Saben? El lemon me está dando un poco de trabajo, pero ya esta prácticamente terminado. Sin embargo, a veces los detalles son los que más entretienen. De cualquier forma, espero que el capítulo les haya gustado. Tiene lo que muchas esperábamos… ¡a VEGETA! Jejeje.

Bien, sin más me dispongo a responder sus reviews, y espero que sigamos en contacto como hasta ahora.

ELENA: De verdad que tu review me dio vueltas y vueltas en la cabeza… Es cierto, ya que Gokú no tiene rivales más poderosos es normal que busque uno con ahínco… A pesar de eso, no sé. Creo que mejor te dejaré un mensaje privado para echarnos un bien debate sobre el tema, ¡Jijiji! Y estoy totalmente de acuerdo en que Yamcha no podía quedarse con Bulma. Sus confrontaciones no llevaban a nada. Ella siempre se salía con la suya. Aunque aun no acabo de explicarme cómo Milk y Gokú sí pudieron estar juntos siendo el saiyajin en exceso sumiso y la mujer en exceso mandona… no quiero ponerme a psicoanalizar, pero pienso que es culpa del complejo de Edipo de Gokú, jejeje… ¡Yo y mis mal viajes! Bueno, muchas gracias por tu review, espero que este capítulo te agrade, pues el Principito ha regresado… y espérate al lemon que viene, jejeje… ¡Hasta la próxima!

XIMEB: Tenias razón, nuestro Príncipe regresaría con bombo y platillos como se merece alguien de su status. Los recuerdos de Yamcha me causaron un poco de problemas, pues como dije al principio, yo estaba toda embobada con el jovenzuelo cuando apareció en Dragon Ball, pero luego… no sé, fue perdiendo chispa. Aun así, no creo que él sea el villano-engaña mujeres que pintamos en muchas ocasiones. De haber sido así, pienso que Bulma lo hubiera mandado al demonio con ese temperamento que la caracteriza. Y también creo firmemente que para hombres como Yamcha, perder a una mujer con quien pudieron tenerlo todo, es algo que los marca para lo que les quede de vida. Por eso me gusta imaginarlo como el eterno pretendiente de ella. Sí, su amigo más fiel quizá, pero no por eso la dejó de ver como mujer. En fin. Lo que en realidad me gusta es que me escribas dejándome tu opinión. Please, el capítulo que viene será lemon, y con honestidad no me especializo en el género, así que tu opinión me será de muchísima ayuda para mejorar. ¡Cuídate mucho y nos leemos pronto!

LADY PADME NABERRIE (VEJIBRA): ¿Sabes? Yo crecí de un modo muy similar al tuyo. Te contaré por qué. En mi secundaria Dragon Ball era el tema del día. Claro, eso era entre mi mejor amiga, yo y el grupo de niños con quienes nos juntábamos, pues éramos las únicas niñas en el salón a quienes nos gustaba una "caricatura para hombres" como muchas mocosas decían. Pero por fortuna, yo siempre tuve amigos con quienes compartir mis locuras. Recuerdo que, como yo era ciega fanática de Bulma-Yamcha, un día, mi mejor amigo llegó diciéndome que Bulma en realidad se quedaría con Vegeta. Él lo supo con mucha anterioridad porque compraba revistas españolas en las que contaba la historia por adelantado. Hasta lloré cuando lo supe. ¡Eso no podía ser cierto! Pero poco a poco Vegeta conquistó mi corazón. Sobretodo cuando vi a Trunks, pues era un jovenzuelo realmente lindo. Gokú me encanta, pero no estoy del todo segura si ve a Milk como mujer, como madre, como esposa o como qué. Bueno, ya me extendí con mis "choco-aventuras". Espero contar con tus comentarios en lo venidero, pues será creo yo, la parte más candente del fic. Seguimos en contacto, hasta pronto.

METITUS: ¿Sabes? Creo que Vegeta y Bulma tuvieron suerte ante el hecho de que su hijo sacara "lo mejorcito" de ellos. O sea, la criatura es traviesa, sí, como cualquier chiquillo, pero de haber heredado la audacia y terquedad de su madre, con las ideas "macabronas" de su padre, seguramente hubiese podido levantar otra Red Ribbon. Pero no, el niño es una monada. Y claro, tiene que proteger a su madre. En este capítulo traté de explicar un poquito más cómo iniciaron las cosas entre Bulma y Vegeta. Pero sobre todo, lo que vendrá en el futuro. Por favor, espero con especial interés tu crítica en este y el siguiente capitulo, pues son a mi parecer los que atan cabos. En cuanto corrija ortografía y cheque bien la redacción del siguiente capítulo, lo subiré. Muchas gracias por tomarte un tiempo para mi fic, tal y como lo has venido haciendo en estos capítulos. Espero que eso pueda seguir hasta el final, lo cual sucederá muy pronto. Bien, ¡cuídate y nos estamos viendo!

ANGELUZ YUMI: Estoy totalmente de acuerdo contigo. Vegeta y Bulma hubieran terminado juntos de un modo u otro. Pero qué bueno que fue antes de que Bulma y Yamcha formalizaran una relación. Y en verdad sospecho que Bulma era la que "se ponía sus moños" (como decimos acá en México para referirnos a que era reacia) para casarse con Yamcha. El muchacho era guapo, con estilo, con profesión y con dinero, y sobretodo habían sido novios durante años, se conocían a la perfección y aun así ella no se comprometía. Los papás de Bulma me simpatizan, pero hasta he llegado a creer que ellos pudieran ser un factor para que ella se negara al matrimonio. Bien, como en los otros reviews, creo que me extiendo demasiado, pero a todas las fanáticas de Vegeta (eso me incluye por supuesto), esta vez las complací con la presencia de semejante espécimen saiyajin… Y EN PAÑOS MENORES. Jejeje. En el capítulo que viene, ¡estará como Dios lo trajo al mundo! Bueno, ya no alimentaré tu imaginación, porque si eres menor de edad, me arrestarán por ello. Y si eres mayor… ¡pues lee el siguiente capítulo! Pórtate bien y nos leemos muy pronto con el siguiente episodio, y por favor, no te olvides de dejarme un pequeño comentario respecto al lemon. ¡¡BESOS!!