4. La chica del puente
Nozomi esperaba paciente, sentada cerca del puente, en un café a escasos metros de él. No despegaba su mirada del mismo, y ya había comprado tres cafés, aguardando que la chica del violín llegara a tocar. Había faltado a clases, aduciendo que no podía caminar por su rodilla. Le había pedido a Honoka, Rin y Hanayo que le informaran a su profesor guía, o mejor dicho, que mintieran por ella.
Lanzó un suspiro y se mordió el labio. Ya casi era la hora, pero no miraba a la chica en ninguna dirección. Se bebió el último poco de café que quedaba en su tasa y se levantó a pedir otra. No pensaba moverse hasta que la viera.
Cuando volvió a salir de la tienda, con su tasa de café en las manos, la escuchó. La misma melodía hermosa, la misma melodía mágica de los días anteriores. Nozomi sonrió ampliamente al ver a la chica. Como los dos días atrás, ella tocaba, de una manera magistral con sus ojos cerrados.
Nozomi dejó su café sobre la mesa sin beber un sorbo y avanzó hacia el grupo de personas que se estaban aglomerando frente a ella.
La melodía flotaba por el aire, bailaba entre las personas, llenando de alegría el puente. Nozomi sonrió al ver como los niños sonreían y bailaban, como los adultos disfrutaban y como la chica lucía hermosa y llena de vida a pesar de la pobre ropa que llevaba. Nozomi volvió a cerrar los ojos para dejarse envolver por la hermosa música que brotaba de ese violín.
De pronto, la música se detuvo. Nozomi abrió los ojos, esperando ver a la chica guardando su violín para escapar de la policía, pero lo que vio la asustó de sobremanera.
–Señorita, ¿está bien?
La chica estaba sentada en el suelo, apenas sosteniéndose con sus brazos. El violín estaba frente a ella. Varias personas se habían acercado a ella para ayudarla. Nozomi se mordió el labio y se apresuró a acercarse.
–Oye… –le dijo, tomándola de las manos. La chica la miró con cierto temor–. ¿Estás bien?
La chica no respondió. Un hombre, con mucho cuidado, la ayudó a levantarse. Nozomi levantó el violín y el arco del suelo. La chica la miraba fijamente.
–Toma. Espero que no se haya dañado.
Nozomi le acercó el instrumento, pero cuando ella ya casi lo recogía, escucharon unas voces fuertes tras ellas.
–Señorita, quédese quieta ahí y no tendrá más problemas.
Los mismos dos oficiales de policía que Nozomi había visto el día anterior se acercaban al grupo de personas. Algunos de los hombres que estaban ahí se les interpusieron.
–Que sucede señor oficial, ¿acaso la chica hizo algo malo?
–Está prohibido pedir dinero en las calles y obstruir el paso de las personas por el puente.
Nozomi vio la cara de la chica. Ella miraba hacia los policías con mucho temor en su rostro, pero a diferencia de los días anteriores, aún no había huido. ¿Por qué?
Los hombres y los oficiales comenzaron a discutir más acaloradamente. Uno de los policías comenzó entonces a pedir refuerzos. Nozomi volvió a mirar a la chica, y la notó más pálida, asustada y débil. Se mordió el labio y asintió para sí.
En un rápido movimiento, Nozomi cogió el estuche del suelo y lo cerró. Tomó la mano de la chica sorprendiéndola, y justo cuando las luces de una patrulla comenzaron a iluminar la otra salida del puente, Nozomi comenzó a correr, llevándose a rastras con ella a la chica.
– ¡Alto ahí! –gritaron los oficiales, pero los hombres no los dejaron pasar.
Otra patrulla se detuvo frente a ellas. Nozomi frenó de golpe y sintió como comenzaba a doler su rodilla. Sin darle importancia, comenzó a buscar una ruta para escapar. La encontró entre unas cajas apiladas cerca de una tienda, que daban a un callejón.
Luego de correr unos diez minutos, aún con la chica tomada de su mano, llegaron a otro callejón, lejos el puente. Nozomi soltó la mano de la joven que cayó inmediatamente al suelo, respirando con mucha dificultad. Aún llevaba su violín y arco en su mano. Nozomi dejó el estuche en el suelo y se sentó de golpe, golpeando su trasero, pero ya las piernas no la sostenían.
–Creo que… –tomó aire profundamente–… creo que los dejamos atrás.
La chica también trataba de recuperar el aliento, pero aún así la miraba fijamente. No sonreía pero tampoco parecía molesta. Solo la miraba con la boca abierta, inhalando aire. Nozomi respiró una vez más profundamente y sonrió.
– ¿Estás bien?
La chica asintió y despacio comenzó a sentarse en el suelo. Con cuidado colocó el violín a su lado y se tocó las costillas. Le dolían debido al esfuerzo y a lo débil que se encontraba. Nozomi suspiró fuertemente y se acomodó mejor en el suelo.
–Nunca había corrido tanto en mi vida –dijo y se acarició el estómago–. Y este cuerpo tan desarrollado que tengo no ayuda para correr.
Se rió con una carcajada y miró a la chica, pero ella no sonreía. Seguía con una expresión temerosa en su rostro. Nozomi se mordió el labio y se acercó a ella. Ella retrocedió levemente.
–No, no te asustes, no te voy a hacer nada.
La chica la miró fijamente unos segundos y asintió despacio, aún así, se mantuvo alejada. Nozomi se rascó la cabeza con una expresión de confusión y suspiró.
–Este… bueno…
Nozomi no sabía que decir. Había estado pensando en que podía hablar con ella si tenía la oportunidad, pero ahora que estaba frente a ella, no sabía de qué hablar. "Bueno, creo que debería comenzar presentándome" pensó y sonrió.
–Eh… bueno, mi nombre es Nozomi. Un placer conocerte.
Nozomi hizo una reverencia y miró a la chica. Ella seguía con esa expresión temerosa en su rostro, y no dijo una palabra. Nozomi volvió a morder su labio.
–Bueno, quiero decirte que tocas muy bien ese violín.
Nozomi tomó el violín del suelo, pero en un segundo, sintió como la chica la empujaba y le quitaba el violín de las manos y lo abrazaba contra su pecho. Nozomi la miró sorprendida.
–Perdón… no quise tocarlo.
Hizo a ponerse de pie y trastabillo de su pierna izquierda, volviendo a caer sentada. La joven se tapó la boca con una mano mientras la otra señalaba la pierna de Nozomi.
– ¡Auch! –dijo la joven peli morada, mirando su pierna. La venda estaba completamente roja, y ya pequeñas gotas de sangre bajaban lentamente–. Demonios, creo que me abrí nuevamente la herida.
Nozomi sacó un pañuelo de su abrigo y comenzó a secarse la pierna. El vendaje ya era inservible, por lo que se lo quitó para limpiar mejor la herida. Le dolía, pero se mordía el labio para no gritar.
Escuchó un sonido y dos manos con unos guantes negros, rotos en casi todos los dedos, comenzaron a atar un trozo de tela color gris alrededor de su rodilla. Nozomi levantó la mirada y se encontró a la chica realizando dicha tarea.
–Eh… gracias.
La joven sonrió y lanzó un suspiro. Nozomi miró el trozo de tela, había detenido la hemorragia.
– ¿De dónde sacaste esto? –y se señaló el vendaje. La chica se mordió el labio y le mostró el viejo y raído abrigo. En la parte baja del abrigo faltaba un trozo de tela. Nozomi abrió la boca sorprendida y la miró.
Ella sonrojó levemente y se volvió a alejar. Tomó el violín y se lo acercó a Nozomi, dándole la vuelta. Nozomi dudo unos segundos si tomarlo, pero al ver que ella insistía con la mirada, despacio lo tomó. Notó que sobre la parte baja del instrumento, había unas letras escritas. Parecía la letra de una niña de cuatro o cinco años.
–U… Umi –dijo en un susurro–. Umi. ¿Es ese tu nombre? –y miró a la chica.
Ella sonrió y asintió levemente con algo de sonrojo. Nozomi sonrió ampliamente y volvió a hacer una reverencia.
–Mucho gusto Umi. Nozomi Tojou.
–Eh… eh… –la chica trataba de decir algo, pero solo salían leves sonidos de su boca. Nozomi sonrió y le negó despacio.
–No necesitas decir nada, si te sientes mejor así.
La chica se mordió el labio y dibujó una leve sonrisa. Se sonrojó al ver los ojos turquesa de Nozomi mirándola fijamente. De pronto, un sonido fuerte quebró el silencioso ambiente. La chica, con mucho sonrojo, se agarró el estomago y desvió la mirada de Nozomi.
–Ara… ¿tienes hambre?
Ella no respondió. Se metió la mano en el bolsillo y sacó una bolsa de papel, de la cuál extrajo la mitad de un pastel de carne. Nozomi se mordió el labio. La chica, con mucho cuidado lo intentó partir a la mitad. Tomó el trozo más grande y se lo ofreció a Nozomi.
–Eh… no, gracias, es tuyo.
La chica suspiró y bajó la mirada con tristeza y decepción. Nozomi se mordió el labio y lentamente tomó el trozo de pastel que aún ella le ofrecía. Despacio, ambas comenzaron a comer en silencio.
–Gracias… estaba muy rico.
Nuevamente el sonido del estomago de la chica resonó en el callejón. Ella suspiró abatida y sonrojada. Nozomi sonrió. Se puso de pie y le ofreció la mano a la chica.
–Ven –y amplió su sonrisa–. Te invito a comer.
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La música se detuvo de manera abrupta. La pequeña chica que estaba tocando la batería se puso de pie con molestia.
– ¿Qué demonios te pasa Maki-chan? Es la cuarta vez que te equivocas en la misma parte.
–Lo siento, señorita perfecta, pero me cuesta seguir este arreglo –le contestó la pelirroja sin mirarla.
–Eso sí es una sorpresa, qué a la perfecta Nishikino Maki, ganadora de numerosos premios de piano, no pueda tocar un simple arreglo.
–Tu cállate Tsubasa.
–A ver, deténganse las dos.
Kotori las miró fijamente con una expresión cansada y molesta. Nico se volvió a sentar a la batería y cruzó los brazos. Kotori suspiró.
– ¿Maki-chan, estás bien?
–Sí, ¿por qué lo preguntas Kotori-chan?
–Porque no es normal verte desconcentrada.
–Eh… –Maki desvió la mirada y se cruzó de brazos. Comenzó a jugar con un mechón de cabello–. Estoy bien, Kotori-chan.
–Déjala Kotori. La tsundere nunca va a aceptar que le pasa algo –expresó Nico mientras acomodaba uno de los platillos.
–Tú cállate enana. Nadie te ha pedido tu opinión.
–A mi no me dices enana, cabeza de tomate.
–Y aquí vamos de nuevo –dijo Tsubasa sonriendo ampliamente. Kotori suspiró y volvió a hablar en voz alta y fuerte.
–Ya cállense las tres.
–Kotori-chan…
Kotori suspiró. Se quitó el bajo, colocándolo al lado de teclado de Maki y se bajó del escenario. Tsubasa miró a las otras dos y arqueó una ceja.
–Vaya… hoy lograron un nuevo mérito las dos. Lograr hacer enojar a la pajarita.
–Yo no… demonios.
Maki suspiró con mucha molestia y también se bajó del escenario. Tsubasa miró a Nico que puso una expresión de indiferencia y continuó arreglando los platillos de la batería.
Kotori suspiró profundamente. Había salido del auditorio en donde estaban ensayando su pieza musical, la que en dos días usarían en el festival. Se había recostado a la pared, cercana a la puerta y cerró los ojos. Estaba cansada. Cansada de las constantes discusiones y peleas entre ellas.
A pesar de que conocía a las chicas desde hacía muchos años, nunca se había sentido parte de ese grupo. Si se había mantenido con ellas, e incluso había decidido ir a UTX, había sido por la petición de Eli.
–Kotori, ¿qué haces aquí?
Kotori abrió los ojos y sonrió levemente. La persona en la que pensaba se encontraba frente a ella y la miraba con gesto preocupado.
–Hola Eli-chan. Llegas tarde.
–Lo siento Kotori, pero tuve que ir a dejar a Alisa al colegio.
–Otra vez tu madre… –pero no terminó la pregunta al ver que ella asentía con algo de pesar. Se mordió el labio.
–No te preocupes preciosa –le dijo la rubia y le acarició la mejilla. Kotori sonrojó, pero sonrió ampliamente y se acercó a ella.
Despacio besó los labios de la chica rubia, un beso fugaz, pero muy dulce. Eli sonrió y le besó la nariz.
– ¿Quieres un dulce? –dijo y levantó una caja llena de dulces. Kotori abrió los ojos sorprendida por tantos empaques de colores.
– ¿Dónde los conseguiste? –le preguntó tomando uno de los dulces de chocolate. Eli le guiñó un ojo y cerró la caja.
–Es un secreto –y la volvió a besar despacio. Kotori rio y se separó de ella.
–Alguien puede venir Eli-chan.
–Tú comenzaste, me besaste primero.
Las dos se rieron y se separaron. Kotori se introdujo el chocolate en la boca mientras Eli la miraba sonriendo. La rubia acomodó el estuche que llevaba en su espalda y suspiró.
–Si estás aquí, significa que hay problemas con las otras tres. ¿Otra discusión? –Kotori asintió. Eli lanzó un suspiro y entró al auditorio.
–A ver, ¿por qué no estamos ensayando? –preguntó en tono alto.
–Pues porque tu pajarita y la cabeza de tomate nos abandonaron en mitad de la práctica.
–Deja de decirle así a Kotori y a Maki, Nico. Ellas tienen su nombre.
–Te lo advertí Nico –susurró Tsubasa, levantándose de la silla en donde estaba sentada. Nico suspiró y cruzó los brazos con molestia.
– ¿Dónde está Maki? –preguntó Kotori mirando en todas las direcciones.
–La tsun… –comenzó a decir Tsubasa pero cambió la frase al ver la cara de Eli–…Maki cogió sus cosas y se fue.
– ¿Se fue? –preguntaron las dos. Tsubasa asintió.
–Dijo que se iba para su casa.
Eli y Kotori se miraron preocupadas mientras Nico lanzaba un enorme suspiro de molestia.
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Nozomi salió de la cafetería levantando los brazos con mucha satisfacción. Suspiró y soltó un soplido de felicidad.
–Estaba delicioso, muy delicioso, ¿verdad?
Nozomi se giró para mirar a la chica que salía tras ella. Caminaba sonrojada, con la cabeza baja, abrazando su estuche. Traía aun un trozo de pastel de fresa en su mano y lo comía despacio. Nozomi sonrió y miró su móvil. Ya casi eran las tres de la tarde. Escuchó el sonido de los seguros del estuche al ser abierto y se giró. La chica estaba agachada, sacando algo del estuche.
Nozomi se sonrojó al ver que la chica tomaba el poco dinero que quedaba en su estuche y se lo acercaba a ella. Se mordió el labio.
–No… no necesitas pagarme nada.
–Pe… pe… –intentó decir la chica. Nozomi negó.
–Yo te invité. No necesitas hacer esto.
Nozomi le tomó las manos a la chica y las cerró alrededor del dinero. Ella la miró con mucho sonrojo.
–Gra... gra…
–Bien –dijo Nozomi sonrojada, soltándola y mirando nuevamente hacia la calle, dándole la espalda a la chica–. Ahora, adonde deberíamos ir para que este día sea…
–Señorita.
Una voz gruesa y fuerte le llamó la atención. Dos hombres, vestidos de negro la miraban fijamente ubicados a cada lado de ella. Nozomi se mordió el labio.
–Este…
– ¿Dónde está la joven que estaba con usted? –preguntó el más alto de los hombres.
– ¿Eh? Ella…
Nozomi miró hacia atrás pero no había nadie detrás de ella. Los hombres la seguían mirando fijamente y su expresión se estaba poniendo molesta.
–Este… ¿cuál joven? Yo… estaba… eh…
–Señorita, va a tener que acompañarnos a la estación de la policía.
– ¿Por qué? Yo no he hecho nada malo –dijo asustada. El hombre más bajo hizo a tomarle el brazo pero una voz los detuvo.
–Tojou-san, ¿qué sucede?
Nozomi miró a la joven frente a ella. Era la chica pelirroja de la academia UTX. Los hombres la miraron fijamente. Maki los miró y enarcó una ceja. Se acercó a Nozomi que estaba algo asustada.
– ¿Qué se les ofrece con mi amiga? ¿Ha hecho algo malo?
–Nada señorita, solo queríamos hacerle unas preguntas a la joven.
– ¿Y ustedes son? –volvió a preguntar Maki con la mirada fija en ellos. El hombre más alto sacó una identificación de su chaqueta.
–Somos del departamento de investigación de homicidios de la policía de Tokyo.
–Mmm… –dijo Maki y tomó la mano de Nozomi que la miró algo sorprendida–. ¿Y la orden judicial que necesitan para hacerle las preguntas a mi amiga? Porque ella es menor de edad.
Los hombres se miraron y el más bajo de los dos hizo una reverencia que el otro imitó. Nozomi miró a Maki que no despegaba la mirada de ellos.
–Tiene razón señorita. Dejamos la orden en la oficina. Vamos a ir por ella.
Los hombres hicieron una nueva reverencia y se marcharon con paso acelerado. Nozomi miró a Maki que soltó un enorme suspiro.
–Eh… gracias.
–No me agradezcas, y ten más cuidado.
Nozomi asintió y comenzó a buscar con la mirada en todas las direcciones. Maki lo notó y se mordió el labio.
– ¿Qué sucede? –le preguntó en tono molesto. Nozomi suspiró.
–La joven que estaba conmigo… desapareció.
– ¿Desapareció? –preguntó Maki enarcando una ceja mientras tomaba su mechón de cabello. Nozomi asintió.
–Creo que iré a buscarla.
–Yo que tú, regresaría a tu casa.
– ¿Eh?
–Eres lenta, ¿verdad? Esos hombres no eran policías.
– ¿No? ¿Entonces? –preguntó Nozomi sin entender. Maki suspiró y le tomó la mano.
–Ven. Te llevaré a tu casa y te explicaré todo.
Hola a todos. Aquí un nuevo capitulo de esta historia. Espero que les guste mucho y comenten. ¿Qué creen que pase?
