Hola a todos!

Gracias a ginalore28 y a Ginevre por los reveiws! y a vosotros que seguramente habéis leído los tres primeros capítulos también gracias!

Este capítulo no me convence ni a mí, ni a mi correctora, pero soy incapaz de volverlo a escribir.

Así que perdonad por el retraso y ya me contareis en un review que tal.

Y por cierto todos lo personajes pertenecen a... (redoble de tambores) ¡JK Rowling!

Capitulo 4: Una de tantas

-¿¡Qué!- dijo Harry, desconcertado.

-Nadie se preocupó de ello.

-¿Entonces donde estaban mis tíos?

-Había un encantamiento anti-muggles, lo retiramos cuando nos fuimos.

Harry se pasó una mano por el pelo, intentando decidir qué hacer.

-¿Cuándo podré volver a casa?

Hermione se tomó su tiempo para responder.

-A ver, eeeeemmm, cuando te encuentres mejor…

-¡Ya estoy mejor!

-Harry… No te lo crees ni tú- Le espetó Ron

-Te propongo un trato… un par de días –dijo Hermione

-¿Qué tal uno solo?

-Harry…Normalmente te tendrías que quedar una semana.

-Creo que…voy a aceptar el trato…- dijo Harry con su encantadora sonrisa

Ted estaba muy nervioso. El ascensor traqueteaba ¿No eran antes mas grandes aquellos ascensores? Estaba seguro que esta vez eran más pequeños. El pelo le había cambiado de color y se mordía las uñas. Su padrino, ¡Su padrino! ¿Cómo podía alguien hacerle daño? Él era la imagen de la seguridad, la máxima autoridad, parecía imposible que nadie le tocara un pelo si él no lo quería.

Las puertas se abrieron y se encamino hacia la habitación que había ocupado Harry durante tres días. Llamó a la puerta.

-Adelante.

Durante esos tres días había ido a visitar a Harry todas las tardes. La diferencia era que hoy, Ginny, al volver a casa, le había dicho que él se encontraba consciente. Cuando oyó la noticia Pego tal salto de alegría que Ginny tuvo que utilizar un Reparo para la lámpara colgante del techo. Al abrir la puerta y encontrar a Harry con los ojos abiertos, incorporado y exhibiendo la mejor de sus sonrisas, le dieron ganas de correr mil kilómetros sin detenerse. Lo había pasado mal aquellos días.

Abrazó a su padrino, siempre era especial hacerlo, cuando lo abrazaba sentía que, aunque no era su padre o su madre, lo quería y no quería que le pasase nada malo. Que siempre habría alguien ahí... Era una buena sensación. Le hacía sentir menos solo, Teddy no estaba solo, claro que tenía a la abuela, pero digamos que con los años había desarrollado algunos rasgos de la más pura familia Black con los años y consideraba más a Harry como su familia (cosa que nunca admitiría delante de su abuela).

-¿Como estas?- preguntó Harry haciendo un gesto para que se sentase en la silla que había al lado de la cama.

-¿Yo? Bien, supongo ¿Y tú?

-Yo estoy muy bien, no te preocupes.

Ted asintió y se sentó donde había indicado su padrino, manteniendo la vista clavada en el suelo.

-Teddy.

El chico levanto la cabeza durante unos instantes y miro a los ojos a Harry para luego volver a clavar la vista en sus zapatos, que por cierto ¿de dónde había salido aquella mancha?

-Creo que tienes algo que decirme ¿me equivoco?-De nuevo, Harry exhibía su habilidad de leerle los pensamientos.

-No, yo…Mira… no te lo debí pedir…si no lo hubiera hecho…todo esto no hubiera…Lo siento ¿vale? -El muchacho aún rechazaba mirar a Harry a los ojos.

-Ted, mírame.- Harry formuló esa orden con toda la amabilidad que pudo. Ted levantó la cabeza lentamente- No te culpes por lo que pasó, porque tenía que pasar, solo que dio la casualidad que fue aquel día…Es más, fue muy egoísta por mi parte pedirte que te quedaras a ver qué pasaba en lugar de haberte mandado huir directamente. Me has salvado la vida dando la alarma, bueno la vida, o al menos la cordura.

Ted sonrió con tristeza, las palabras de su padrino le habían hecho sentirse un poco mejor.

-Así que no creas que es tu responsabilidad, porque bastante tienes con los problemas que sí son por tu culpa.

Se sonrieron mutuamente y Harry le revolvió el pelo cariñosamente.

-Por cierto algo me ha contado James sobre la prima Victoire y... tú.

Ted levantó una ceja.

Atardecía. El sol rojo iba poniéndose por el horizonte lentamente, las primeras luces empezaban a despuntar entre los marcos de las ventanas. Las calles estaban desiertas, la gente prefería protegerse del frío dentro de sus hogares. Restos de una nevada teñían las aceras de un blanco manchado por los aires de la cercana ciudad de Londres.

La puerta del número cuatro de Privet Drive estaba entreabierta, lo cual no auguraba nada bueno. Ron iba delante sosteniendo la varita en alto. Harry le seguía el corazón encogido en un mal presentimiento. Se adentraron en la que hubiera sido su casa durante diecisiete años. Los muebles estaban cubiertos por una fina capa de polvo. Harry giró la cabeza hacia su antiguo dormitorio, la alacena bajo la escalera. Todo estaba en silencio, tranquilo. Era un silencio tenso, parecía que todos los resortes estuvieran a punto de saltar, algo había cambiado. Harry advirtió que los pasos de Ron habían dejado de oírse. Se acercó hasta donde estaba su amigo. Cuando levantó la cabeza vio algo que no podría olvidar nunca.

Tía Petunia tenía una soga atada al cuello que la mantenía flotando sobre sus brillantes encimeras. Tenía una expresión de terror absoluto. Los días que había pasado así habían ennegrecido sus labios y las cuencas de sus ojos. Su tío Vernon, o lo que quedaba de él, estaba sobre el sillón rodeado por una inmensa mancha de sangre seca. Uno de los cuchillos que solía utilizar Tía Petunia para hacer su famoso asado le atravesaba el pecho. El cadáver estaba en estado de descomposición y desprendía un horrible olor. Olor a muerte.

Durante un segundo todos los músculos de Harry se tensaron. Y luego sintió que las piernas le fallaban, teniéndose que apoyar en la pared. Cuando se rindió a la fuerza de la gravedad hundió la cabeza entre sus manos. Todos los recuerdos acaecidos en esa casa desfilaban por delante de sus ojos. Cada hora, cada minuto, cada segundo, pasados con aquellas personas. Lo habían maltratado, lo habían humillado, habían hecho que perdiera la ilusión por Navidades y Cumpleaños, pero no dejaban de ser los únicos parientes que le quedaban.

-¿Harry?- La voz de Ron se le antojó lejana- ¿Harry?

Harry estaba sumido en un trance, varias ideas se agolpaban en su mente. Su corazón le decía que era culpa suya porque ¿Qué posibilidades había de que alguien hubiera querido asesinar a unos muggles como sus tíos? Maldijo una y otra vez. Algo en él le reconcomía las entrañas, le decía que esto no acababa aquí, y por una vez, sintió miedo.

-Salgamos de aquí- Murmuró Ron poniéndole una mano en el hombro

Harry no reaccionaba.

-Harry, Harry por favor. ¡Harry! - Ron giró la cabeza de su amigo y le obligó a mirarle.-

Vámonos de aquí.

Le tendió la mano para ayudarle a levantarse y le colocó un brazo detrás de los hombros. Caminaron juntos de vuelta al jardín. Cuando llegaron a la puerta había colgada una nota que rezaba:

Harry Potter:

Te devolvemos tu varita, ya no nos hace falta. He aquí nuestra promesa cumplida. Hemos cumplido y no dudaremos en volverlo a hacer. Tú verás si quieres que otras personas corran el mismo destino. Créeme que esto ha sido solo un aperitivo. Seguimos abiertos a llegar a un acuerdo. Hasta la próxima…

PD: Tus tíos han resultado muy entretenidos.

Harry sintió que la furia lo invadía por dentro, quería arrancar es trocito de papel de la puerta, salir en busca de los asesinos que lo habían escrito. Porque sabía que no era una falsa amenaza, que serian muy capaces de cumplirla con creces. Apretó los dientes hasta que se hizo daño. La estrategia de los mortifagos era muy simple; era solo simple chantaje.

Arrancó el pequeño trozo de papel de la puerta y de repente este se convirtió en una varita. Harry la reconoció de inmediato, le pertenecía. Oyó una especie de sonido mecánico que la paralizó los pies, y solo se dio cuenta de lo que pasaba cuando vio la primera llamarada inundando el pasillo.

-¡Agáchate!- solo le dio tiempo a gritar a Harry mientras una explosión los sepultaba bajo una lluvia de trozos de muebles y metralla.

Cuando se dejó de oír el ruido de los muebles y los trozos de pared derrumbándose, Harry se puso en pie rápidamente y ayudó a ron a incorporarse pues él había quedado más hundido entre los restos de la casa que él. Salieron corriendo de la casa, huyendo del humo que les impedía respirar. Cuando salieron el número cuatro de Privet Drive estaba completamente en llamas.

-¿Estás bien?

-Sí.

-Vale, voy a pedir ayuda.

-¡Ron!- dijo Hermione abrazándole. Se miraron cariñosamente, Hermione le limpió de la cara un poco de ceniza que le había quedado. Se acercaron lentamente hasta fundirse en un apasionado beso. Se acordó de cuando se conocieron, aquella niña que solo acertaba a decir que su futuro marido tenía la nariz sucia. Intercambiaron ese recuerdo con la mirada, los dos estaban pensando lo mismo. Ella giró la cabeza hacia Harry y le sonrió intentando animarle.

- ¿Y Ginny?-preguntó él

-Está viniendo. ¿Estás bien Harry? Estas muy pálido.

-Estoy bien, perfectamente.

En ese momento Ginny se apareció y corrió a abrazar a Harry. Él la quiso abrazar con todas sus fuerzas pero parecía que podía romperla, era tan frágil, tan bella, ¡tan real! Le hubiera gustado no separase nunca de ella, borrar todo lo demás. Si hubiera podido olvidar lo que acababa de vivir…

Los niños estaban dormidos cuando llegaron. La abuela Molly estaba sentada en el sillón con las cabezas de James y Albus apoyadas en sus hombros y con Lily encima. Dormía profundamente. Harry separó con cuidado los brazos de Lily del cuello de su abuela y la cogió en brazos para llevarla a su habitación. Ginny observó a su marido, había algo en él que no le gustaba, no le había todavía mirado a los ojos y apenas le había le había dirigido la palabra. Eran las seis de la madrugada.

Cuando volvió a bajar Harry levanto lentamente a sus hijos y los llevó hasta su habitación. Les abrió las camas y los metió dentro procurando no hacer movimientos bruscos.

Ginny zarandeó suavemente a su madre

-Mamá, ya esta, hemos vuelto.

Molly se levantó dificultosamente

-¿Quieres quedarte a dormir?

-No, no, me voy a casa así estaré cuando llegue Arthur.

-¿Y Harry?- Preguntó la madre

-Arriba acostando a los niños.

-Vale, bueno, ya hablaremos mañana sobre lo que ha pasado. ¿Tienes polvos flu?

-Si- dijo Ginny tendiéndole una bolsita

Madre e hija se abrazaron. Después la mayor se encaminó hacia la chimenea y dijo:

-La madriguera.

Ginny subió lentamente las escaleras, encontró a Harry en la habitación que compartían, enfundándose la camiseta que usaba como pijama.

-¿Harry estás bien?

-Si

Silencio.

-Harry, no lo estás, dime que te ocurre, por favor

-Nada.

Ginny suspiró.

-Mírame, sé sincero conmigo, te quiero, quiero ayudarte. Tienes que confiar en mí.

Ambos se quedaron callados durante unos instantes, se hicieron eternos.

-Es culpa mía

-¿El qué?

-Que hayan matado a los Dursley.

-No, no lo es. Tú no querías que ocurriese.

Eso hizo que Harry explotara.

-¿¡Y cuál ha sido el delito de esas personas, Ginny! ¿¡Quién podría haberles deseado tal muerte! ¡El simple hecho de ser mis tíos les ha valido esto! ¿¡Que yo no quería que ocurriese! ¡Pues no! ¡Pero si mis tíos no hubieran sido mis tíos nada de esto hubiera pasado!- La ira que Harry había estado comprimiendo salió de él como una bomba.

Se produjo otro silencio.

-¿Y sabes qué? Esto no acaba aquí, más bien, acaba de empezar, señala un camino en nuestras vidas y, de verdad, no es bonito. – El tono de Harry era mucho más pausado, como si hubiera pasado horas pensando aquellas palabras- Y, Ginny…-Harry temblaba de pies a cabeza- tengo miedo.

Ginny abrazo a su marido, hasta que, poco a poco, dejó de temblar.

A la mañana siguiente…

Harry había pasado la noche en vela. A las ocho de la mañana, había decidido levantarse.

Hola,

Os envío esta breve carta porque, a la luz de los recientes acontecimientos, tengo una advertencia que haceros. Todos sabéis lo que ha ocurrido estos días (gracias una encantadora reportera del Profeta), No quiero que ninguno de vosotros tenga que pasar por lo mismo. Estad alertas, parece que los mortifagos quieren una cosa que solo yo sé donde está y que, por el momento, no me parece necesario que sepáis lo que es. Así que protegeros, las casas los niños, todo. Habrá una reorganización de la O. F. pronto.

Saludos,

Harry Potter

Dobló las copias de las cartas sin saber si de verdad estaba haciendo lo correcto o si no serviría para nada. Solo esperaba que nadie tuviera que ver a sus padres como él vio a sus tíos. De repente se dio cuenta de algo. Dudley. ¿Cómo podría haberse olvidado de él? Le debía una explicación. Pese a todo cuando pensaba en el le tenía un cierto cariño, todavía recordaba las últimas palabras que se habían dicho, dieciséis años atrás.

Se levanto del escritorio donde había estado arreglando el asunto de las cartas y fue a corriendo a cambiarse para visitar a su primo.

Cerró la puerta principal de su casa con cuidado. Se apareció en el callejón Diagon y cruzó por el caldero chorreante hasta el Londres muggle. Se encaminó hacia la oficina de correos más cercana y pidió una guía. Encontró a su primo en el 43 Abbey Road, Paddington, Londres.

Llamó a la puerta un par de veces, pese a que era muy pronto, tuvo la sensación de de que Dudley no estaría dormido. La puerta se abrió segundos después mostrando a un Dudley muy diferente a como lo recordaba. Suponía que la dieta de tía Petunia había hecho efecto, se había dejado más largo el pelo rubio que en su adolescencia. Pero tenía mal aspecto, unas grandes ojeras bordeaban sus ojos.

-¿Harry?

-Sí, Dudley, soy yo.

Dudley se quedó con los ojos abiertos en una mueca de desconcierto. De repente cayó en la puerta de que estaba siendo maleducado.

-¿Quieres pasar?

-Siento venir tan pronto.-se disculpó Harry

-Tranquilo, no he dormido esta noche, pero antes de que me digas lo que me hayas venido a decir, quiero decirte yo algo. Hace tiempo que quería hablar contigo. –Harry consideró interrumpirle pero decidió dejarle hablar, no iba a venir de diez minutos.- Primero: Quiero disculparme por cómo te tratamos mis padres y yo cuando éramos pequeños, ahora me estoy dando cuenta. Segundo: Mi pequeña Sumire es maga, nació en 2002 y ahora va a Hogwarts, mi mujer casi se desmaya cuando se enteró de que la magia existe. Pero eso no es lo importante, sino que estoy revisando los libros que trae del colegio y me ha contado historias que todo al mundo conoce en el colegio. Eres una leyenda. Todo el mundo conoce tus aventuras como si las hubiera vivido el mismo, todos saben todo lo que hiciste para matar a ese Tom nosequé – ahora nadie lo conocía como Voldemort- quiero que sepas que te admiro por eso y que no puedo estar más arrepentido por mi comportamiento. Hala ya está, ya lo he dicho

Harry permanecía en silencio, algo chocado por lo que acababa de escuchar.

-Bueno, supongo que, gracias. Y enhorabuena por lo de tu hija. Yo he venido por motivos bastante menos alegres. Supongo que has recibido una llamada de la policía esta noche ¿no?

-¿Cómo lo…?

-Han sido magos. Dejaron una nota. Lo siento mucho, no quería que pasara, es culpa mía. Lo lamento de veras. Vengo para contarte el porqué, creo que te lo mereces. Verás los mortifagos quieren algo de mí que les permitirá resucitar a Tom Riddle, el otro día me…

-Recibimos el Profeta.- aclaró Dudley para que no tuviera que contarle algo que no parecía muy predispuesto a recordar.

-Vale, pues como vieron que de ese modo no cedía han decidido jugar a otro juego, chantaje. Tus padres han sido la primera pieza, ahora temo por mis seres queridos, así que voy a hacer algunos hechizos para proteger tu casa.

-De…de acuerdo.

Harry se levanto y se fijó en las fotos que estaban colgadas de la pared

-¿Son tu mujer y tu hija?- preguntó Harry señalando a una mujer y a una niña de ascendencia oriental.

-Sí, son fantásticas, las quiero de todo mi corazón.

Harry apretó los puños. ¿Por qué los mortifagos tenían derecho a hacerle daño a nadie? Definitivamente aquello no era justo.

Aquí el cuarto capítulo! Creo que esta vez he tardado más que la anterior verdad? Es que he estado muy liada con el colegio y todo eso pero bueno este capítulo tiene más o menos mil palabras más que el anterior

Hablando del capítulo anterior: ¿No os gustó? Apenas habéis dejado reveiws. Si no os gustan los capítulos decírmelo así los mejoro, es que hay bastante diferencia en cuanto al número de reveiws de un capitulo al otro.

Gracias por haber leído este capítulo y por favor dejarme un review.