"Tercera carta"
Edward POV
¿Cómo le explicas a un niño que no estuviste ahí para escuchar sus primeras palabras o ver sus primeros pasos, porque para ti era más importante alcanzar una meta que alguien más había elegido para ti, que quedarte a su lado?
Llevaba planteándome esa pregunta desde una semana atrás, cuando el investigador que había contratado me entrego la dirección de Isabella, cómo esperaba, ella seguía en Forks, en la casa de su padre, al menos era el último lugar donde había vivido, así que había planeado todo para ir a buscarlas.
Había cancelado mi reunión con Vulturi de nuevo, pero había dejado a mi abogado a cargo de eso para finiquitar todos los negocios que tuviéramos juntos, mientras Ángela había arreglado mi agenda para no tener ningún asunto importante en esos días, el sábado al amanecer, salí rumbo a Forks en mi auto.
Todo el viaje había sido tenso, me imaginaba las muchas preguntas que Julie podía tener y para las cuales no tendría respuestas, imaginaba a Isabella negándose a dejarme conocerla, quería creer que no era su idea, pues alguien tenía que haber enviado las cartas y suponía que había sido ella, pero todo podía pasar cuando llegara a su casa.
Por la tarde del sábado, llegué a Forks y sin hacer paradas fui directamente a la vieja casa Swan, estacione el auto frente a la entrada, miré por un largo rato el camino que había recorrido muchas veces antes, recordé involuntariamente aquella primera cita que resulto tan mala que me había sorprendido que Bella aceptara salir de nuevo conmigo, habíamos corrido por aquel camino hasta poder cubrirnos de la lluvia, el auto había muerto unas cuadras atrás y ella había dicho que no le importaba caminar, sin embargo cuando estábamos muy lejos del auto para regresar y muy lejos de la casa para librarnos de las gotas, la lluvia acelero y aquello se volvió un diluvio.
Estábamos empapados, desde el cabello hasta los zapatos, habíamos mojado el pasillo dentro de la casa Bella y su padre nos había mirado como si estuviéramos mal de la cabeza, ella solo soltó una carcajada ante la mirada de su padre y le explicó que necesitaba prestarme algo para cambiarme porque toda mi ropa estaba mojada.
Una vez estuvimos arriba, después de que me diera algo de ropa de su padre y que me cambiara en su cuarto mientras ella se cambiaba en el baño, Bella salió con una tierna pijama de color blanco, le sonreí divertido y ella soltó una carcajada.
Al día siguiente ambos terminamos enfermos y estaba completamente seguro de que ella no querría salir conmigo de nuevo, pero ella estaba tan tranquila, hablamos por mensajes durante nuestro tiempo encerrados por la enfermedad y unos días después de volver a clases, volvimos a salir.
Baje la mirada al darme cuenta de lo lejano que se veía aquel recuerdo ahora, pasaron muchas cosas con los años, cosas que nos cambiaron y alejaron, errores en su mayoría míos, cometidos en momentos de estrés, sin pensar.
No podía quedarme ahí a esperar a que alguien saliera y decidieran echarme de su propiedad, así que suspire pesadamente antes de salir del auto y caminar hasta la puerta, subí los pequeños escalones de la entrada y levante la mirada, cuando estaba por tocar, vi un sobre blanco idéntico a los que Julie me había enviado, estaba pegado con cinta a la puerta y decía mi nombre con un crayón rojo.
Lo quité de la puerta y me di la vuelta para abrirlo, parecía ser igual en todo sentido, pero dentro había un papel más pequeño al lado de la carta de Julie y lo que parecían fotos de una cabina, tres seguidas, reconocía a Bella y la pequeña a su lado que sonreía y la abrazaba debía ser nuestra hija, sonreí sin poder evitarlo, se veían felices, Bella había adquirido una belleza más madura, pero aún tenía esa bonita mirada llena de esperanzas, Julie era hermosa en todo sentido, tenía una sonrisa encantadora, los ojos verdes y brillantes, su cabello castaño idéntico al de su madre, y unos bonitos hoyuelas se formaban en su mejillas.
Abrí el papel doblado por la mitad, solo tres palabras Sigue las pistas.
Fruncí levemente el ceño y abrí la carta con las letras esta vez azules de Julie, había dibujado un sol en lo alto de la hoja, sonreí y comencé a leer la carta.
Papá:
Mamá y yo fuimos a un día de campo, hizo pastelitos de vainilla solo para nosotras y me llevo a un lugar en el bosque, dice que es su lugar favorito en todo Forks, porque le recuerda días felices.
¿Sabes cuáles son esos días?
Se lo pregunté, pero no ha querido contarme, aunque sí me dijo que cuando estaba creciendo en su vientre era uno de los días felices. Le pregunte todo sobre cuando estaba en su vientre, ella no quiso decirme cómo llegué ahí, dice que fue una cigüeña la que me dejo ahí, pero ¿cómo un pájaro haría eso?
Pero dijo que cuando era muy chiquita y comenzaba a dar volteretas en su vientre, ella ponía música de un disco que alguien le había obsequiado, entonces yo dejaba de darle pataditas y me quedaba profundamente dormida.
Me regalo el disco cuando llegamos a casa, ahora lo escucho todas las noches antes de dormir, nadie canta, son solo sonidos bonitos, quiero aprender a hacer eso, mami dijo que son los sonidos de un piano, prometió que encontraría un maestro para que me enseñara a tocar. ¿Tú sabes tocar el piano?
¿Si aprendo a tocarlo vendrás para escuchar mis canciones? Si vienes, te escribiré una canción, algo que te ayude a dormir cuando te sientas triste o cuando estés muy emocionado, es cuando yo escucho mi disco.
Te quiero mucho.
Julie.
Sus tiernas palabras volvían a su habitual alegría, su curiosidad e interés por mil cosas a la vez, pero sin duda cuando leía sus palabras finales, sentía una profunda nostalgia, quería responderle que yo también la quería demasiado, pero era difícil cuando no tenías idea de cómo llegar a ella.
Cuando estaba por regresar al auto, baje por los escalones chocando con una pequeña caja de cartón, no la había notado al entrar, quizás porque estaba algo escondida entre los arbustos, me agache hasta tomarla, no tenía ninguna dirección, ni parecía venir del correo, algo me hizo llevarla conmigo, como si estuviera ahí para mí, aunque eso no tuviera sentido.
Una vez en el auto, abrí la caja y me topé con una caja más pequeña que tenía un disco dentro, con el nombre de Julie en él, puse la caja de cartón en la parte trasera del auto y saque el disco de la caja para ponerlo en el reproductor del disco, al principio hubo un gran silenció, luego comenzaron a tocar algunas notas de piano, parecía que la persona que tocaba estaba extremadamente concentrada en no fallar y tardaba algunas veces en tocar la siguiente nota, pero a mitad de lo que parecía una canción de práctica, una nota salió mal y se escuchó un fuerte golpe, iba a regresar la pista para escucharlo de nuevo, cuando una vocecita sonó de fondo.
―Mami, mis manos son muy pequeñas para el piano, mira, mis deditos no llegan a las teclas. ―una risa acompaño las quejas de la pequeña y algunos sonidos de cosas moviéndose.
―Solo fallaste una nota, cariño. Y tus manos ya crecerán, cuando menos lo esperes tocaras las piezas completas sin problemas. ―se escuchó un suspiro y otra risa antes de volver a escuchar a la pequeña.
― ¿Puedes tocar para mí? ―susurró la pequeña, unos segundos después la misma melodía que la pequeña había intentado tocar, se escuchó, ahora de una manera perfecta y limpia. Entonces el audio se cortó.
La mujer que acompañaba a Julie debía ser Bella, pero ella no sabía tocar el piano, al menos no lo sabía la última vez que nos vimos. La imagen de ambas sentadas frente a mi viejo piano negro me hizo sonreír y la nostalgia creció aún más en mi interior.
El papel que había estado en la carta estaba sobre el asiento del copiloto, lo tome y recite las palabras Sigue las pistas.
Era obvio que tenía que ir a algún lugar, la carta de Julie hablaba de un sitio en el bosque que Bella amaba, no tarde mucho en recordar aquel lugar, era donde solíamos pasar tardes enteras cuando era primavera, fue el lugar donde nos besamos por primera vez. El prado.
Hola, perdón por desaparecer toda la semana, pero aquí esta el capítulo :)
Espero les guste y dejen sus RR :3
Gracias por leer :)
