Disclaimer: KHR no me pertenece, ¡es de Amano Akira sensei!

CHICA PROBLEMÁTICA

4

Esa noche Tsuna durmió como lo mejor, a pesar de la siesta que se había dado en el colegio se acostó poco después de cenar y se durmió con una sublime sonrisa en su rostro, pacifica, como el de un ángel de la guardia. Era tan agradable cuando las mariposas en el estomago no se comportaban como avispas – asesinas – atacando sus órganos torácicos, sí no como hadas con alas de seda. En ese punto ya estaba plenamente consciente que le gusta –mucho –Hibari-san.

El día siguiente era sábado, ósea, Tsuna durmió hasta cerca del mediodía. Se levanto, aun con una sonrisa grabada en la cara, se ducho y bajo a llenar su estomago que se quejaba –principalmente se despertó por eso, ella podía dormir doce horas como si nada.

No le sorprendió que Nana no estuviese, su madre solía salir de compras los fines de semana y también pasarla con sus amigas y vecinas haciendo quien sabe qué cosa hacen las amas de casa cuando se reúnen. Dejando la vida social de su madre de lado, comió en silencio el almuerzo que les había dejado hecho y luego subió a ver a su hermano.

Toco un par de veces la puerta de la habitación de Giotto, viendo que nadie le respondía suspiro y luego entro encontrando al rubio dormido en la cama aun con la ropa puesta y aun inmensa cantidad apuntes y libros alrededor.

Si, Giotto podía ser todo lo listo y buen alumno que fuese, pero aun llevaba los genes Sawada y Tsuna no podía ser la única castigada. Siempre que estudiaba se terminaba quedando dormido, y dormía con un tronco. Encontrarlo así era algo más o menos normal, por lo menos ahora no se dormía en el escritorio.

Junto los papeles y libros que estaban en la cama y acomodando un poco lo dejo durmiendo luego de taparlo con otra manta del armario. Su hermano dormiría hasta quizás la noche, eso le dejaba varias horas para andar por ahí sin llamadas cada treinta minutos, además que debía resolver el asunto de Yamamoto; al aparecer el chico no quería que nadie de Namimori se enterase que le estaban ayudando en matemáticas y Tsuna no tenía la confianza suficiente para explicarle incluso después de que Kyoko le ayudase a ella así que ¡le pediría ayuda a Haru!

Haru Miura iba a una respetable escuela y era muy inteligente, tenía un extraño hobby con los disfraces… pero eso no importaba ahora. Por suerte eran vecinas y amigas desde pequeñas así que salió de su casa y emprendió marcha hasta la de los Miura.

A unas calles de la escuela de Namimori, en sentido contrario de donde se encontraría la casa Sawada, empezaban a verse las viejas y tradicionales mansiones japonesas del barrio, pero como estamos hablando de la ciudad de Namimori las personas que vivían ahí eran un poco extrañas, como el chico pelinegro que estaba durmiendo hasta que una hoja con forma de estrella callo muy cerca de la venta y se juró que iba a cortar ese maldito árbol.

Hibari Kyoya bien podía ser el eterno y omnipresente –y sapiente –protector de Namimori, pero también adoraba dormir ¿Por qué otra cosa se la pasaría costado en la azotea o el sofá en su oficina? Así que como era sábado pensaba dormir hasta tarde… muy tarde, pero una maldita hoja lo despertó. El lado negativo de tener los sentidos de un depredador.

Luego de aburrirse con su lectura –demasiado tiempo sin hacer sufrir a nadie – decidió que ya era hora de castigar herbívoros para desentumecerse un poco después de tanto tiempo acostado y quizás más tarde iría a buscar a Tsunayuki, lo que más le gustaba que sea su novia era que podía reclamarla cuando le diera la gana.

Hayako Gokudera sin dura era una chica extremadamente lista, lástima que las situaciones en la que de verdad necesitaba usar su cerebro su ira rebullía y nublaba la razón, como en ese momento que después de estar caminando por la cuidad comprando cuadernos pentagramados se cruzo con unas lacras que desperdiciaban oxigeno con su intento de seducción, parecía trilladlo, pero al ser el tipo de chica que se considera "preciosa" como una muñeca inglesa con su cabello plateado y sus ojos verde agua, era una situación bastante repetitiva. Lo malo de esta en particular era el número de imbéciles que le estaban respirando en la nuca con sus miradas asquerosas y vulgares.

Lástima que con su temple alterado ni captaba que estaba en una –muy alta –desventaja numérica. Siete contra una chica, sin importar lo explosiva que esta fuese, no es algo que subestimar; lástima que Gokudera también se cargaba un carácter engreído e independiente.

Así que ahí estaba, la chica vestida con sus jeans ajustados, una blusa negra y una par de cadenas colgándole del cinto; y con todo aun así parecía una delicada rosa bebe. Miro hastiada hasta la medula al sujeto que hacía de líder y solo faltaba la mínima insinuación para que terminara estallando como Hiroshima y Nagasaki.

Y no hubo que esperar demasiado.

El imbécil nº 1, él que comandaba toda ese grupito de bestias, acerco su mano ignorando olímpicamente la mirada que juraba matarle de la chica, y acomodo un mechón de pelo plateando detrás de la oreja…

—¡Jodido cabron hijo de tu puta madre! — eso fue lo que escucho Tsuna mientras caminaba por las calles desanimadamente cargando una bolsa con bizcochos.

Se detuvo al instante sintiendo un escalofrió recorrerle el cuerpo por la violenta frase que a pesar de eso sonaba a voz de chica. Pestaño un segundo y a pesar de que su sentido de la auto preservación le decía que siga con su camino, que eso solo había sido una alucinación auditiva, sus pasos fueron hacia atrás y con curiosidad infantil miro hacia la callejuela en la que se dividía la calle principal, a unos metros de ahí pudo ver bien como unos chicos rodeaban algo y no tuvo que ser Verde para darse cuenta lo que pasaba.

Se desespero como primera reacción sintiendo un golpe de adrenalina, miro a todos lados pero al ser la siesta se veía todo deshabitado. Podría ir y correr por ayuda, pero tenía miedo, no pudo moverse aun cuando entiendo que esa era la mejor decisión. Tenía miedo de que le pasara algo a esa chica que… parecía estar dándose con los puños con un par de chicos mientras los otros miraban anonadados.

Algo fue más fuerte, tal vez su determinación que a veces aparecía tan esporádicamente como una estrella fugaz cruzando el cielo y camino –más bien corrió –hasta donde estaba el tumulto y pegándole con su bolsa a uno de los chicos sorprendió al grupo.

—¡Llame a la policía así que fuera! — grito con todas sus fuerzas y si no le veías la cara de pánico realmente podía uno llegar a temer un poco.

La suerte le volvió a sonreírle ya que los chicos se habían sorprendido bastante con la reacción de su hermosa presa y añadiéndole una repentina aparición fue suficiente para que los cobardes corriesen.

Respiro agitada viéndoles huir y luego bajo la vista a la otra chica que descansaba sentada en el suelo.

—¿Estás bien? — pregunto preocupada.

—¡Perfectamente! — le respondió viéndole con enojo y la voz iracunda. Tsuna que estaba por acuclillarse a verla retrocedió asustada.

—¿No necesitas ayuda? — probo una vez más. Tal vez esta en shock… pensó ofreciéndole la mano, no era muy sano que estuviese sentada en la calle.

—¡Vete! — le espeto golpeando su mano para que la apartase.

Decidió, mejor me voy; ya hice mi buena acción de año. Estaba retrocediendo viendo de soslayo a la chica que estaba levantándose sola cuando esta casi cayó al fallarle una pierna. Un poco enojada por la frustración de la situación Tsuna se acerco con el entrecejo fruncido.

—Estas lastimada. — le dijo severamente, o algo así debía haber sonado. La más alta le miro aun enojada. —Déjame que te ayude ¡tu pierna sangra! — dijo viendo alarmada la herida que no había notado.

—¿Por qué? — contesto sin alterarse la otra chica que seguía apoyada en la pared.

—Porque… porque me preocupa. — contesto sinceramente, viéndole con sus grandes ojos brillosos por las recientes emociones.

Gokudera pestaño una par de veces, solía ser buena juzgando a la gente; podía apostar de que esa chica era demasiado amable para su bien. Solo suspiro, tampoco podía decir que le desagradasen las personas como ella, su aura de pureza le recordaba a su madre de cierta forma.

—De acuerdo, solo si luego me permites pagártelo. — Tsuna sonrió y se acerco a la peliplata para dejarle que se apoye en ella.

—¿Quieres ir al hospital? — empezaron a caminar lentamente, después de todo Tsuna era menuda y la otra más alta.

—No, mi casa no está lejos y no es nada grave.

—Eto, mi nombre es Sawada Tsunayuki ¿puedo saber tu nombre? — pregunto a media voz, realmente no le quería hacer enfadar, ya había visto lo violenta que podía ser.

—Gokudera Hayako.

Ambas chicas siguieron el camino que apuntaba la mayor, como dijo su caza no quedaba lejos, lástima que no comento nada de que vivía en un edificio, en el decimo piso y que el ascensor estaba descompuesto. La castaña trago duro y soltó un doloroso "hieee" cuando se lo informo.

—No te preocupes, esperare aquí hasta que pueda subir. — dijo Gokudera y Tsuna cambio su expresión de dolor psicológico a una de preocupación. Ahora la chica sonaba desanimada, melancólica.

—No es nada Gokudera-san, realmente he subió las escaleras del templo arrastrando a mi hermano una vez…— le sonrió cariñosamente y tiro de la manga de la chica para incitarle a subir.

Hayako solo sonrió sinceramente como no lo hacía hacia mucho y subieron a paso lento pero seguro, descansando de vez en cuando entre los pisos hasta llegar a la puerta del departamento de la peliplata. Gokudera le invito a pasar alegando que seguramente estaría muy cansada luego de todo eso.

—No hay nadie así que siéntete cómoda. — le dijo mientras se echaba en el sofá. Por ahora no tenía ganas de curar su herida, solo quería recobrar el aliento. — lamento no poder servirte, toma lo que gustes Sawada.

—Ne~ no hace falta tanta formalidad, toma Gokudera-san. — le dijo dándole un vaso con agua que se había tomado la confianza de buscar.

—Gracias.

—Eto.. ¿el botiquín de primero auxilios? — pregunto buscando con la vista.

—No hace falta, solo es un corte. — se excuso la peliplata, realmente no estaba acostumbrada que le consintieran, era un poco incomodo.

—Pero ya que estoy aquí... — le sonrió Tsuna y la otra no pudo más que decirle donde estaba.

Una vez lo tuvo en sus manos se arrodillo a un lado de la pierna herida y pidiendo permiso subió ese lado del pantalón hasta sobre la herida, aplico el desinfectante y luego lo vendo. Como pensaba era una herida dolorosa por la zona. La mayor se aguanto los quejidos del ardor y una vez termino todo vio lo bien que había quedado el vendaje.

—Tienes práctica con eso. — aseguro.

—Bueno, es que me suelo caer seguido. — dijo riendo nervosamente y pasándose los dedos por el cabello…

Suelto… ¡suelto! ¡Dios! Espero no encontrarme con Hibari-san hoy… pensó poniendo cara de pánico y hizo que Hayako la viera raro.

—¿Estás bien?

—S-si. — se rio un poco mas mientras enterraba ese pensamiento que le asusto. Le había prometido al moreno hacerse las coletas todos los días, pero su nefasta memoria no ayudaba con esas cosas ¡a veces no podía ni recordar que materias tenia algunos días!

Se quedo mirando un punto muerto hasta que la chica descendió del sofá para sentase en el suelo a un lado de ella.

—¿Cómo te retribuyo? — dijo seriamente viéndole directamente a los ojos.

Que bonitos ojos. Pensó la castaña embobada de repente por ese color verde.

—¿Eh? — como dije, se había embobado.

—¿Cómo te pago el favor? — ahí Tsuna pestaño saliendo de su trance.

—N-no hace falta…yo— per Gokudera le corto sin más.

—¡Lo prometiste! Además yo siempre pago mis favores. Dime lo que sea que necesites.

—Yo estoy bien, soy feliz con que Gokudera-san este bien. — dijo

—Por favor, cualquier cosa que necesites. — insistió y Tsuna pensó que lo mejor sería pedirle algo sencillo para dejarla tranquila…¿pero si se ofende? Tal vez deba ser honesta.

—Esto, hay algo que necesito pero si no puedes ayudarme está bien ¡no tienes que preocuparte! — dijo nerviosamente jugando con sus manos. La peliplata espero que continuase. — Yo…y un amigo necesitamos tutorías de matemáticas.

Gokudera que estaba conteniendo el aliento suspiro tranquila ¡eso era pan comido!

—Por supuesto que puedo ayudarte con eso. — dijo confiadamente.

—¿Enserio? — Tsuna le miro con felicidad y alivio.

—Claro, soy muy buena en matemáticas.

—¿Enserio?

—¿Qué? ¿No lo parezco?

Mejor no contestar eso…

—¿No será una molestia?

—Por supuesto que no Tsunayuki-sama.

La felicidad de Tsuna se estrello contra una pared de concreto cuando escucho eso. De que se había perdido o que había dicho mal para que le llamara así.

—¿sama? — pregunto, capas era otra alucinación auditiva. Enserio tenía la esperanza de que algunas cosas fuese alucinaciones, lástima que nunca lo eran.

—Usted es Tsunayuki-sama porque me salvo la vida.

—¿¡Que! — salto, aun sentada, Tsuna. — No hice algo ¡tan! grande.

—Claro que sí. Le serviré toda mi vida como agradecimiento.

De donde venia ese cambio de actitud, Tsuna simplemente estaba en shock, hace un minuto ni siquiera sabía si le caía medianamente bien a esa chica y ahora le soltaba algo como eso. Su cara que se había petrificado en una sonrisa nerviosa que temblaba se ablando cuando soltó un suspiro. Se veía que era una chica rara y algo extrema, no entendida como se le ocurrió pelear con esa banda y ahora esto. Bueno, ella le caía bien así que sería su amiga. Prefería verlo de esa forma.

—Entonces seamos amigas. — dijo renovadamente animada y Hayako también sonrió, otra vez sinceramente.

Como supuso no se había equivocado, esa chica era pura y gentil.

—Entonces preparare té para Tsunayuki-sama. — se levanto descubriendo que casi ni sentía su herida, esa chica era asombrosa con las vendas. Debería ser enfermera ¡se vería tan linda!

—Ne, Gokudera-san ¿es necesario llamarme "Tsunayuki-sama"? — empezó a seguir a la chica a la cocina.

—Por supuesto. — contesto con los ojos ardiendo obstinadamente y Tsuna sintió una gota correrle desde la sien. Bueno si ella era feliz llamándole así, que lo haga. De cualquier forma Tsuna estaba feliz de haber encontrado a una tutora.

Ambas chicas se sentaron en la mesa occidental de la cocina, Gokudera se había encargado de preparar el té y Tsuna ofreció sus –magullados –bizcochos para acompañar. En síntesis tuvieron una animada tarde de té y platicas de chicas, la castaña no podía estar más feliz. Ya podía respirar tranquila sobre el asunto de Yamamoto, el avisaría al chico lo antes posible; y había hecho una nueva amiga que iba a la misma escuela que Haru según había hablado.

Tsuna le pregunto por qué no la había visto antes y Gokudera le respondió que hace poco estaba en Namimori, menos de seis meses. Cuando le pregunto si le gustaba la chica solo chaqueo la lengua y prendió un cigarrillo y simplemente dijo "Los hombres son todos unos imbéciles", Tsuna eligió solo reírse y apartarse del humo, no quería un interrogatorio por parte de su hermano y su híper-olfato.

Ya eran pasadas las cuatro cuando Tsuna decidió volver a casa, Gokudera seguramente también tenía muchas cosas que hacer. La chica peli plateada insistió en acompañarle, pero por su herida Tsuna le convenció en quedarse, se despidieron y la menor bajó por las escaleras sin apurarse –o podría caerse y rodar hasta el último escalón.

Iba tarareando cuando le dio un saltito hasta el piso salteándose un escalón, hubiera seguido su camino pero el ruido de un motor encendiéndose le hizo girar. Su boca se abrió dos centímetros y su corazón acelero como una Ferrari.

Ella ya sabía que le gustaba Hibari, pero era lo suficientemente lenta para ignorar el hecho que el chico estaba para morirse de bueno. Cuando lo vio con ropa casual, unos pantalones de jeans y camiseta negra, sus ojos se deleitaron con cada –ajustado –detalle. Se dio cuenta que estaba parada como tonta sin hacer nada, seguramente mirándole sin disimular su… felicidad, así que carraspeo para revivir sus cuerdas vocales y le saludo.

—Ohayo Hibari-san— dijo con buen humor y la sonrisita de chico le hizo sonrojar, parecía que él también tenía un buen día.

—Sube— dijo y ahí Tsuna se dio cuenta de la terrible maquina, normalmente llamada motocicleta, en la que estaba el moreno.

También se dio cuenta de su "casual" encuentro –¿Hibari alguna vez hacia algo por casualidad? –y una vocecita maliciosa que sonaba como ella cuando extorsionaba a su hermano le dijo: Esto es una cita. El tono de rojo aumento sobre sus mejillas y se limito a asentir, camino cuidadosamente hasta el chico, a un lado de la motocicleta de negro lustroso y se quedo mirando el asiento preguntándose cómo diablos subiría con sus piernas cortas ¡gracias a dios no se había puesto falda!

Hibari le miro entretenido un momento, luego le señalo una saliente en la que debía apoyar un pie y haciendo torpes malabares logro subir quedando frente a la espalda de Hibari. Su lado lelo le dijo que debía ponerse un casco –esa voz sonaba a Giotto –pero la ignoro cuando escucho al moreno decirle que se sujetase. Primero apoyo sus manos lánguidamente sobre los hombros, pero cuando sintió el primer tirón de impulso casi estrangulo al chico por el cuello. No habían hecho un metro todavía.

Las manos más grandes desenredaron los brazos de su cuello y las pusieron en su cintura. Podía jurar que sentía el calor de las mejillas de su novia. Tan linda, pensó con una sonrisita medio perversa, medio feliz. Luego saco pie y acelero por la calle esquivando autos con maestría. Era Hibari Kyoya después de todo.

Tsuna trago gordo cuando comenzaron a andar rápidamente, primero se apretó contra el cuerpo del mayor y con los ojos cerrados solo sentía el viento despeinándole, aunque se sentía muy bien. A lo poco abrió un ojos y luego ambos viendo el paisaje de la salida de Namimori. Se pregunto a donde iría y su lado bochornosamente enamorado le dijo que le importaba un comino mientras siguiera sintiendo el perfume del prefecto, ese era el mejor sábado de toda su vida. Cuando estuvieron en una carretera doblando la velocidad permitida decidió que si importaba un poco donde iban.

—¿Dónde estamos yendo Hibari-san? — le pregunto hablándole cerca de oído.

—No muy lejos. — fue toda la respuesta y a Tsuna le pareció suficiente, ahora estaba muy entretenida mirando le paisaje rural.

Como había dicho Hibari, no tardaron en llegar. En un momento se desviaron de la carretera a un camino hecho de tierra adentrándose luego a un bosque. Tsuna lo miraba todo con más detalle al ir lento, los arboles, algunos animales pequeños andando y escondiéndose a su paso y la luz del sol que se colaban entre las ramas, todo era tan bonito como en esos cuentos occidentales de bosques mágicos. Si, su mente sí que seguía siendo infantil.

Se detuvieron cuando se adentraron en una zona de cerezos, había incontables de ellos y todo era de un rosado blanquecino que dejo atónita a Tsuna por la belleza. Tanto que ni siquiera se dio cuenta de que la moto se detuvo. El moreno fue el primero en bajar y eso despertó a Tsuna de su ensoñación. La pobre casi cae intentado seguirle así que pasando sus manos por debajo de los brazos la alzo y coloco en el suelo. Una abochornada Tsuna decidió ignorar que había sido alzada como una niña.

—Ven. — le dijo Hibari y la castaña le siguió pagadamente.

Una rama se cruzo en su camino y para evitar terminar en el suelo se prendió del brazo del prefecto, que luego de dedicarle una mirada que se leía algo así como "Qué raro…" le tomo de la mano. A Tsuna poco le importaba ahora su torpeza o lo despeinado que pudo a ver quedado su cabello después del trayecto, ahora estaba imposiblemente feliz, adormecida por la presencia de Hibari. En un impulso se acerco mas al chico y pego su frente al brazo que sostenía su mano, le encantaba su calor y ella en realidad le gustaba ser cariñosa. Hibari sonrió viéndola desde arriba, las cosas estaban yendo como él quería.

Eran casi las seis cuando Giotto comenzó a removerse en la cama, tuvo incontables horas de un sueño magnifico que lo dejo como nuevo y mientras se estaba tomando su tiempo para volver a la conciencia y reincorporarse el mundo de los vivos, un ruido de algo cayendo le alerto y tuvo que sentarse rápidamente, lo primero que pensó fue que su hermanita había tratado fatídicamente de cocinar de nuevo y que algo le había caído en la cabeza. Se incorporo y bajo rápidamente las escaleras pero cuando vio que no se trataba de Tsuna si no de su desaparecido padre se detuvo y empezó a descender lentamente.

—¿Qué haces viejo? — fue el saludo mientras bostezaba, de pronto no estaba tan despierto.

—¿Es lo primero que dices a tu padre? — se quejo el mayor, el ruido que había sentido Giotto había sido el de la valija cayendo en el parque del suelo.

El universitario rodo los ojos y paso a un lado del adulto rumbo a la cocina, necesitaba alimente en su organismo si quería que fuese "el encantador Giotto", rebuscando entre lo que dejo su madre escucho como su padre entraba y se sentaba pesadamente en una silla.

—¿Y tu madre?

—Quién sabe, seguramente debe estar con una de sus amigas.

—Oh que familia tan desamorada tengo. Llego y nadie me saluda ni siquiera. — dijo dramáticamente y los ojos azules le miraron desinteresados mientras bebía un vaso de jugo.

—No sabíamos que vendrías.

—¿Dónde está Tsu-chan? — el adulto de pronto se alegro y miro a todos lados en busca de su pequeña bebe, Giotto volvió a rodar los ojos; sentía un poco de lastima por su hermana y la mala suerte que se cargaba desde nacimiento. Se encontraba novio y aparecía su padre, eso solo a ella le podía pasar.

—Debe estar durmiendo. — supuso.

—Bien, escucha Giotto, esto no es solo una visita. — de alguna forma el rubio menor se lo suponía. — ¿Recuerdas hace diez años cuando me lesione en uno de los pozos petrolíferos, antes del ascenso? — luego de un momento asintió. — Bueno, por esa época también tuvimos unos problemas con la hipoteca ¿te acuerdas?

—¿No fue dos años después?

—No, fue en esa época. Como sea, Timoteo Vongola personalmente nos ayudo en esos tiempos.

—Vongola… ¿el magnate petrolífero? — dijo medio incrédulo.

—Sip. Es un hombre de lo más amable mi jefe. — el adulto sonrió. — Pero bueno, luego de eso le debo un gran favor. — los ojos azules se achicaron sabiendo que el quid de la cuestión estaba cerca.

—¿Qué te pidió?

—Tiene un hijo tres años mayor que Tsu-chan y me pregunto si quería…— el manotazo en la mesa por parte de su primogénito le hizo callar.

—Si dices "me pido la mano de mi hija" voy a cortarte las bolas. — dijo con una voz que le revolvió el estomago al mayor.

—¡Por supuesto que yo tampoco quiero! El mocoso es un salvaje. — alzo también la vos Iemitsu. — Ellos vendrán en unos días y amablemente nos negaremos, Tsunayuki también ¿ella se negara cierto? — le pregunto apremiado, a veces su cielito le hacia la contra.

—Si, por cierto hay una sorpresita volándole sobre la cabeza de Tsu-chan. — los ojos pardos de Iemitsu se hicieron amenazantes rendijas.

—Otro más. Cuida bien a Tsuna Giotto.

—Por supuesto. — dijo seriamente.

En algún momento habían terminado así: Tsuna sentada, recostando su espalda contra el ancho tronco de un frondoso cerezo en flor y con Hibari apoyando la cabeza sobre sus piernas, usándolas como almohada. La chica los primero cinco minutos había estado muriéndose de ganas de tocarle el cabello, pero preocupada de incordiarle se había abstenido. Solo los primero cinco minutos, luego cuando pensó que estaba durmiendo con sus dedos los lacios cabellos azabache, primero casi sin sentirlos pero cuando descubrió su suavidad no pudo contenerse a peinarlos con sus dedos. El mayor solo se había removido acomodase y Tsuna siguió con sus atenciones ensimismada.

El silencio solo era acompañado por el ruido de algunos autos que pasaban a lo lejos y los pajaritos que volaban por ahí, un canario muy simpático en particular, que parecía hasta haber saludado al moreno y se quedo mucho tiempo sobre su hombro. Lamentablemente cuando la chica lo quiso tocar había salido volando, Hibari al ver la expresión dolida de la chica le dio unas palmaditas en la cabeza y una parte de Tsuna se retorció de ternura por el moreno, esa que siempre se quedaba embobada viéndole.

Como en ese momento, aprovechando que los ojos plateados no le vigilaban podía repasar todo los rasgos de su novio sin preocuparse o ponerse nerviosa, era tan placentero solo verlo. En ese transe había dejado de acariciar los cabellos y lentamente, cuidando cada movimiento para que fuera lo más suave posible se doblo y sus labios rosados se posaron como una pluma sobre los finos de Hibari. Se alejo unos centímetros y cuando vio los ojos grises fijo en ella solo se sonrojo y se aguanto el impulso de volver a sentarse rápidamente.

Ambos se miraron, la mente de Tsuna no podía conectar más de dos ideas coherentemente, estaba hipnotizada con esos ojos de un plateado tan puro y brilloso. En un momento sintió que el peso de la cabeza de Hibari desaparecía y ahora fue él quien alcanzo los labios de la chica en un beso más consistente y Tsuna tuvo que cerrar los ojos para no derretirse de vergüenza.

Lentamente, sin separarse un centímetro, el moreno comenzó a incorporarse. Los dedos que había sujetado suavemente el mentó de la chica pasaron al cuello para sostenerlo y acomodarle según su comodidad. El roce de los labios suaves se le antojo exasperante e insuficiente y encerrándola entre sus brazos y aquel cerezo la sensación de tenerla para él solo le hizo intensificar su beso. Fácilmente pudo entrar en la cavidad de Tsuna, dulce y suave, se hizo adictiva mientras la recorría y sus manos pasaron de cuello y la quijada a deslizarse por los brazos y luego pasando a la cabera, quería estar más cerca pero la posición era demasiado incomoda.

—Hi-bari-san. — jadeo en busca de aire Tsuna y el moreno se alejo, mirando atentamente la expresión abochornada y los ojos ámbar esquivos.

—Es hora de volver. — dijo y se incorporo tendiéndole la mano, algo decepcionada de tener que volver Tsuna la acepto y se incorporo.

Giotto y Iemitsu tuvieron una seria charla de estrategia, su cielito todavía era muy "pequeña" para incursionar en la nefasta, dolorosa y dramática vida de amores adolescente – que la chica tuviera 15 años era un detalle intrascendental. Su intercambio de información consistía en conocer a los perros sarnosos que querían a su bebe. Giotto le hablo del cuervo bastardo que era Hibari Kyoya, un chico que apostaba terminaría convirtiéndose en yakusa y ya controlaba todo Namimori hasta la frontera con Kokuyo. Iemitsu le hablo del demente/sociópata emplumado, Xanxus Vongola, su carácter más explosivo que la dinamita, su humor de mierda y tuvieron el terrible presentimiento de que su niña siempre atraería a ese tipo de psicópatas pretendientes.

En realidad Xanxus no era un pretendiente, pero ese era otro detalle intrascendental.

La estrategia era simple, cuidar a Tsuna y amenazar de muerte a los chicos, de ser posible evitar los derramamientos de sangre.

Mientras hablaban animadamente de una forma un poco morbosa de lo que podrían hacerle a esos desubicados que se metían con su linda nena –todas las familias se cargan alguna locura después de todo –la puerta principal se abrió y ambos quedaron boquiabiertos cuando fue Tsuna la que entró. Ninguno dijo nada y la chica se quito calmadamente sus zapatos, miro a su padre y le sonrió.

—Bienvenido papá ¿Mamá todavía no llega? Estaré en mi habitación. — dijo como si fuese toda una señorita y subió las escalera.

Ambos rubios se miraron atónitos un momento, para empezar pensaron que el objeto de sus cuidados obsesivos estaba ya en su habitación, en segundo lugar desde que la chica tenía seis años le ignoraba dos días hasta que cedía en sus payasadas de padre buscando perdón. Por su lado la enamorada ni siquiera quiso despotricar contra su progenitor, estaba en las nubes, en unas hermosas nubes. Solo se encerró en su cuarto y se tiro en la cama con aire ausente, aun sus labios cosquilleaban y empezó a jugar con su cabello mientras repasaba cada pequeño detalle de su cita.

¡Hibari-san! Pensó abrazando fuertemente la almohada.

Cuando Dino paso por enfrente de la habitación de Hibari se detuvo un momento, curvo sus cejas y con el máximo cuidado de evitar cualquier ruido apoyo una de sus orejas sobre la puerta, cuando escucho la voz del moreno cantando se tenso y salió corriendo. Una vez estuvo fuera de la casa, a dos cuadras comenzó a reir y termino retorciéndose en el piso.

Sawada Giotto la iba tener difícil en separar a su hermanita de Kyoya, sea como sea, sería algo digno de ver.


¡Oyy! (hola en portugués)

Bueno, al fin término este capítulo que me llevo siglos ¡lo siento muchísimo! Pero la trama se me resistía a ser definida. Al final termino apareciendo Xanxus en vez Mukuro, pero no se preocupen, nuestra piña aparecerá para hacer de las suyas ¡después de todo a Tsuna le siguen los raros!

Hablando de chicos "raros" y lindos… ¡los brasileros están tannnnnn buenos! Y el helado es el mejor, solo me faltaría tener interne y seria mi paraíso.

Brigada por todos sus hermosos review, siempre me hacen muy feliz y me impulsan constantemente.

Espero le haya gustado este capítulo donde aparece Hayako. Voy a ser sincera, hacer a Gokudera mujer fue algo de último momento… y esto me huele a 8059 ¿ó hago shoujo ai? Me tienta, me tienta…

¿Alguien noto que hasta ahora Hibari no tuvo ni un ataque de celos con Yamamoto o Reborn? Tengo que castigarlo por ser tan frio.

¡si están aburridos pásense a mi otro fic!