Capítulo 3.- Ansiedad

A los pocos minutos que Darien atravesó la puerta, decidí irme, no tenía nada más que hacer, de todas formas ¿qué tenía que hacer una simple humana con un grupo de hermosos vampiros?

Me levanté con dificultad de la cama, aún me dolía el cuerpo por los golpes de la noche anterior. Salí de la habitación pero no sabía por dónde ir, la casa era bastante grande y por lo que pude observar no daba a alguna avenida principal o algo así.

-¿Perdida?- Escuché que me digan. Volteé a ver con la esperanza que fuese Darien, pero no era así, era Kunzite.

-Sí- contesté apenada- La casa es bastante grande, no sé por dónde salir.- empezó a acercarse poco a poco, no entendía por qué o para qué.

-Te acompaño a donde tengas que ir, aún no te has recuperado- Se ofreció generoso tomándome del brazo. Incluso fue sorprendente, momentos atrás evitaba todo contacto conmigo.

-Kunzite ¿Te sientes bien?, es que bueno…- Prefería prevenir que lamentar

-No te preocupes, no voy a respirar, no tengo necesidad de hacerlo, así tu olor ya no será problema por un rato- No quise preguntar más, suficiente había aprendido el día de hoy. Además no quería imaginar cómo me estaría saboreando si estuviese respirando mi olor.

-Gracias, por cierto ¿dónde está Darien?- quería saber de él, tenía que pedirle una disculpa para que así pudiésemos vernos de nuevo.

-No lo sé, supongo que si no fue de caza estará rescatando neófitos o ajusticiándolos.- Su respuesta sonó muy dudosa, daba la impresión de que Darien se mantenía cerca pero al mismo tiempo lejos de su clan.

-Kunzite- empecé a hacerle platica para que se me vaya olvidando el dolor al bajar las escaleras y de paso para ver que descubría.

-¿sí?- contestó sin mirarme, se limitaba a ayudarme a bajar las escaleras.

-¿Qué son los neófitos?- Si no iba a ver a Darien nuevamente mínimo que se me resolviera esta última duda.

-Así se les llama a los recién transformados, su nombre viene por lo incivilizados e ignorantes que son comúnmente.- Era obvio, duda más tonta no podría tener. La verdad ese adjetivo calificaba bien a los vampiros novatos- No todos se portan así, Darien y Nephrite son un buen ejemplo.- Esto último creo que lo dijo por el instante en que mi mente divagó.

El bajar las escaleras se me hizo eterno por el dolor que me causaba, si no fuese por Kunzite creo que la tortura hubiese sido peor; cuando pisé el suelo de la planta baja de la casa casi pude escuchar a los ángeles cantando para mí.

-Bien, ahora ¿dónde te llevo?- me pregunto soltando mi brazo. No sabía si contestar, antes que nada ¿tenían algún carro O algún chofer que les guardara el secreto y les ayudara en situaciones como esta?

-A donde necesites ir te puedo llevar sin problema en el carro de Darien, él me pidió que te regresara sana y salva a tu casa- Bueno, después de todo si había carro pero ese hecho no importaba tanto como el saber que le importaba aunque sea un poquito a Darien…Darien.

-Bueno, al templo Hikawa- Por fin contesté

- Entonces vamos-

Kunzite se puso delante de mí para que lo siguiera hasta la cochera. Me preguntaba ¿por qué un vampiro necesita un carro? No creo que tengan que hacer cosas típicas humanas ¿o sí? Cuando Kunzite abrió la cochera ví un impresionante BMW color plateado, el vampiro se adelantó a abrir la puerta del copiloto; no supe si era porque estaba herida y mis movimientos eran más lentos pero juro que él se movió a una velocidad impresionante para abrir la puerta del coche y luego subirse para arrancarlo. El auto estaba perfectamente polarizado, conforme lo fue sacando de la cochera me di cuenta que no entraba un solo rayo de sol.

Tal como lo pensaba, la casa vampírica estaba muy alejada de la ciudad una parte del trayecto fue de carretera federal o eso parecía. El recorrido no era lento, el vampiro estaba manejando a 120km/h, a esa velocidad calculaba que en 30 o 40 min ya estaría con Rei. El principio del trayecto fue silencioso, ni yo le pregunté ni él a mí, fue lo mejor, no quería hacerme ilusiones.

-Serena- Me llamó sacándome de mi pensamiento. Volteé a mirarlo.

-Dime-

-Quiero agradecerte que hayas hecho que Darien sonriera, ya tenía mucho que no lo hacía, igualmente por la confianza que nos tuviste…- Lo único que sentí en ese momento fue una enorme felicidad, no quería arruinarlo pensando en otras cosas.

-No sé que decida Darien, supe que tuvo un ligero roce contigo- ¡Oops! Después de todo no eran tan distanciados.- quería lo supieras por si no nos vemos nuevamente- Eso dolió- Darien toma muy enserio el cuidado del secreto, por eso a veces es algo huraño pero tú en cambio eres muy digna de confianza sé que lo mantendrás.

-Por supuesto- Amaba que confiaran en mí.

-¡Llegamos!- Exclamó, no sabía si el carro tenía GPS o algo pero dio con la dirección exacta sin pedirme indicaciones. Me había equivocado, el viaje duro menos de 30 min.

-Gracias- Agradecí con una sonrisa.

- Estaba en deuda contigo- contestó simpático- Ahora baja o acabaras siendo mi almuerzo- bufó. Le dediqué una última sonrisa y me bajé, al hacerlo ví que Rei me esperaba.

Después de bajar, Kunzite arrancó de nuevo el carro y se fue rápidamente, yo por el contrario corrí hacia Rei que me esperaba con un fuerte abrazo y que gracias a Dios no se percató del coche en el que llegué.

-Amiga estaba preocupada- Me dijo al oído abrazándome con todas sus fuerzas y causándome dolor en el costado.

-Disculpa- contesté disimulando el dolor.

Rei rompió el abrazo y me empezó a observar de pies a cabeza asegurándose que no hubiese nada malo en mí.

-¡qué bueno que no llegó a mayores lo que te pasó!- Exclamó alivianada mente- Entremos para que te des un baño y te cambies de ropa.- empezó a guiarme al interior del templo.

Primero entramos a su alcoba, la cual, me causaba dolor de cabeza porque era todo en blanco, desde las paredes hasta los muebles. Rei sacó una blusa azul y unos jeans de su armario. Después de todas las emociones por las que pasé anoche un baño no me iba a caer nada mal.

Salimos de la alcoba y mi amiga me guió hacia el baño, igualmente todo blanco. Por fin tuve un momento a solas, dejé que mi cuerpo se relajara con el agua tibia, podía sentir como se relajaba cada uno de mis músculos e iba desapareciendo el dolor de mis costados poco a poco. Llegó un momento en el que ya no fue suficiente y decidí sumergirme en el agua, me quedé así unos segundos. Después de bañarme fui al cuarto de Rei quien me esperaba con una secadora de cabello y peines.

-¡Listo!- exclamó entusiasmada por haberme alisado el cabello y haberme peinado como lo hago típicamente con mis odangos.

-Rei, ¿qué haría sin ti?

-Nada, obviamente, Serena tonta- Se burlaba de mi gratitud.

-Eres una engreída- contesté un poco ofendida

-Debes admitirlo, sin mí tu vida sería un caos, además jamás encontrarás una amiga como yo.- odiaba admitirlo pero era cierto, Rei en verdad se acercaba a la perfección de lo que debe ser una amiga.

Seguí un par de horas más en su casa y luego su abuelo y ella me llevaron a la mía, fue lo mejor, porque esa necesidad absurda de volver a ver a Darien me tentaba a volver a ese callejón para que fuera rescatada por él nuevamente.

Llegando a casa me encontré con mi mamá que me recibió con un buen bofetón que me volvió a la realidad, para complementar me dio una buena regañida y me prohibió convivir con Rei fuera de las horas de clase. No pude llorar, además eso no iba a solucionar nada, de todas formas nada más podía hacerme sentir peor de lo que ya me sentía.

¿Quién lo diría? Tengo 18 años, sin novio, sin experimentar la sensación de un beso o la calidez de otros brazos que no sean los de mis amigos o mis padres, tampoco había vivido algún tipo de experiencia excitante que le diera sentido a mi vida. Bueno, tal vez exagero, ser atacada por vampiros y luego ser cuidada por su hermoso líder era lo más cercano a lo que deseaba de una experiencia que le diera sentido a mi vida. Deseaba ver de nuevo a Darien, no me importaba si no le parecía atractiva, total, soy una simple humana y además imagino que ha de tener alguna hermosa vampiresa de novia, total un ser divino para otro ser divino, sólo quería que me dijera que hice mal para que me dejara como dejó y ofrecerle una disculpa por ello.

-¡Demonios! – Grité contra la almohada para que nadie me escuchara. Odiaba ponerme tan sentimental, lo peor estaba en que no entendía que tenía que me hacía sentir la necesidad de querer estar con él. Empecé a golpear mi almohada por la ira una y otra vez.

-¡Basta Serena! – Gritó mi mamá

Dejé de hacerlo sin reprochar, salí al balcón de mi alcoba y me puse a contemplar la luna para calmarme. Me estaba perdiendo en mis pensamientos cuando sonó el teléfono.

-¿Diga?- Me apresuré a contestar

-¿Se encuentra Serena? Habla Seiya- No podía creerlo, ¿acaso se iba a realizar por lo menos uno de mis sueños?

-Ella habla-Contesté tratando de disimular la emoción

-¡Que gusto!- exclamó-Oye…llamo porque Rei me contó en que fui a visitarla que te asaltaron anoche y la verdad eso me preocupó- ¡Wow! Enserio sonaba preocupado y yo me emocioné más, el chico que me gusta estaba llamando preocupado por mí ¡Dios! Ahora mi cariño por Rei se incrementaba.

-Sí, es cierto pero gracias a Dios no pasó a mayores, Rei ya me vio- le expliqué – Mira, que sea nuestro secreto por favor, mis padres no lo saben, ellos creen que estuve con Rei el tiempo que estuve en la clínica-.

-¿Qué te parece si salimos este fin de semana para que olvides todo?- Me preguntó algo inseguro

-La verdad me encantaría pero me castigaron- Al terminar de decir esto Seiya soltó una escandalosa risa.

-¡Basta!- Grité enojada

-Disculpa Serena, es que sonó en verdad gracioso, ya estás grandecita para eso ¿no?- En realidad tenía toda la razón

-Pues sí tienes razón pero ¿qué puedo hacer?...aunque… No me prohibieron recibir visitas ¿te gustaría acompañarme el sábado en mi castigo?

-Sí, claro- Contestó sin dudarlo, como si esperara que le hiciera aquella pregunta- Prepara un buen almuerzo, eso de acompañar durante castigos en fin de semana me da mucha hambre- bufó.

-entonces ya quedamos, te veo el sábado.- Comenté coqueta

-Claro, por cierto ¿quieres que lleve unas películas?- ofreció generoso

-Nada mal, me agrada la idea.-

-Entonces hasta el sábado, nos vemos- se despidió

-Adiós y gracias- Después de esto ambos colgamos.

El saber que Seiya vendría a mi casa me entusiasmaba demasiado pero ello no evitó que siguiera pensando en él. Por último me acosté a dormir para olvidarlo un rato. Fue peor, en mis sueños estaba él en todo su esplendor.

Desperté varias veces durante la noche para que saliera de mis sueños, así me la pasé hasta que amaneció. El día escolar se me hizo una tortura. El resto de la semana no fue tan malo aunque si estuve bastante distraída, él seguía en mis pensamientos, incluso los miembros que me presentó de su clan… Darien… Ese nombre taladraba mi cabeza una y otra vez.

El viernes estuvo nublado todo el día, era como si el cielo sintiera mi tristeza. Ya en la tarde en mi alcoba empecé a contemplar el cielo después de terminar mis deberes, empezó a llover, casi podía jurar que el cielo lloraba por mí, sentía que esa lluvia eran las lágrimas que no había llorado y que no podía llorar. Nunca había visto belleza alguna en la lluvia, esta vez fue diferente.

Llegó el sábado por fin, Seiya llegó al medio día a mi casa, venía vestido con una bermuda de mezclilla, una camisa negra que entallaba su perfecto cuerpo, una mochila y lentes oscuros, los cuales se quitó luego para saludarme.

-¿Qué hacemos primero?- me preguntó mientras abría su mochila- ¿Jugamos videojuegos? – Seiya me gustaba bastante sobretodo porque teníamos gustos parecidos- ¿Vemos las películas? Ó ¿preparamos el almuerzo?- continuó dando opciones.

-¿Qué tal hacemos el almuerzo para poder jugar videojuegos mientras comemos?- sugerí haciéndolo pasar.

-Tu idea me gusta- Me dijo guiñándome un ojo. Ya en la cocina sacamos todo para hacer tallarines, teriyaki y unas malteadas de chocolate.

Pensé que dejaríamos un desastre y que mamá prolongaría mi castigo pero fue lo contrario, Seiya fue un gran apoyo, tenía una muy buena técnica para cocinar al igual que Lita, incluso me sentí apenada de no ser tan buena como él. Terminando de cocinar nos dirigimos a la sala para que ni mis papás ni mi hermano buscaran pretexto para prolongar mi castigo. Instalamos todo para los videos y empezamos.

-¡Ja! Novata- se burló de mí

-¡Toma! ¡Por burlarte!- Respondí competitiva. Como pude tomé un bocado de los tallarines.- Esto está bueno, felicitaciones- Enserio había cocinado exquisitos los tallarines, esa salsa que le puso le dio un toque especial.

-Ya ves, soy un chico con talento- Respondió sin quitar la vista de la pantalla- ¡No! ¡Eso fue trampa!- Se estaba tomando el juego muy enserio.

-¡Yo no hago trampa! No es mi culpa que no sepas jugar-

Pasé muy bien la tarde con Seiya, incluso mejor de lo que imaginaba. Eran las cinco de la tarde cuando me anunció que debía irse.

-Debo irme, me divertí contigo, tal vez vuelva mañana- Me dijo revolviendo un poco mi cabello.

-Está bien- Contesté sonriéndole.

Nos quedamos viendo un rato, fui acercándome poco a poco, lo abracé al principio de agradecimiento y como despedida, luego por impulso me puse de puntillas y empecé a buscar sus labios, estaba a punto de besarlo cuando él se separó de mí y volteó su cara.

-Serena, también me gustas pero no de la forma que a ti te gustaría- me dijo sin mirarme, se quedó así un momento y luego volvió a dirigirme la mirada- Eres muy guapa pero sólo te veo como una amiga- Me dijo viéndome directamente a los ojos.

Me quedé sin palabras… Sin él, sin Darien ¿qué podía ser peor? Seiya no dijo nada más y se marchó. Entré a mi casa y me dirigí a mi alcoba, me puse a llorar gran parte de la noche ahogando mis sollozos en la almohada. Cuando me calmé y me dispuse a dormir me encontré una vez más a Darien en mis sueños, esta vez fue diferente, más que un sueño era una horrenda pesadilla; él estaba en mis sueños, cierto, pero el ambiente era un campo de batalla con miles de cadáveres alrededor y él agonizante. Me acerqué para ayudarlo, lo primero que percibí fueron unos penetrantes ojos zafiro que poco a poco fueron quedando vidriosos porque su dueño había muerto en mis brazos.

-¡Daaarieenn!- Grité horrorizada y luego me desperté por el dolor que ese grito me causó en los costados, aproveché eso para no dejarme llevar por mi sueño. Traté de calmarme pero fue difícil, decidí prender mi Ipod y escuchar música para relajarme, pasé el resto de la noche escuchando música mientras contemplaba la luna; llegó la mañana, contemplé un rato el amanecer y al fin me dispuse a dormir nuevamente. Me levanté alrededor de las tres de la tarde, no me preocupé por la hora, total, no tenía planes y además no había mucho para hacer en mi casa, sólo ver la televisión, comer y volver a dormir. Casi no pensé en Seiya y Darien, cada que lo hacía me sentía peor.

Eran las cinco de la tarde del domingo cuando el timbre sonó.

-¡Yo abro!- Exclamé

-¿Puedo pasar o nos quedamos aquí?- Era Seiya vestido con un estilo parecido al del día anterior.

- Mejor aquí- sugerí. No quería que nadie de mi familia escuchara mis conflictos emocionales.

-Yo…- dijimos a la vez

-Empieza- Le sugerí. Al principio él no podía articular lo que quería decir.

-Respecto a lo de ayer…- empezó a decir- quiero que sepas que nada va a cambiar nuestra relación pero…- Se quedó pensando un momento- Quiero dejar en claro que entre nosotros sólo puede haber una amistad, te quiero pero sólo como se le puede querer a una hermana o a una amiga- Pensé que me iba a sentir herida pero sucedió lo contrario me sentí mejor de lo que esperaba.

Me abalancé sobre él y le di un fuerte abrazo, esta vez disfruté de su calidez, no como la vez anterior, era de las pocas veces que me detenía a disfrutar el sentir su calor y su peso, después de todo no había nada de malo en que nunca pasáramos de ser amigos - Gracias- le susurré.

-No hay de qué, sabes que te aprecio- Me dijo correspondiendo mi abrazo.

-¿Vamos a cenar algo rico ó nos quedamos viendo alguna serie?- preguntó sin romper el abrazo

-Recuerda que estoy castigada- Le dije rompiendo el abrazo y mirándolo con algo de enojo.

-Cierto.- contestó dándose un ligero golpe en la frente- Tengo una idea mejor, ¿qué tal una revancha del juego de ayer?

-Eso me agrada- contesté alegre.

Pasamos lo que quedó de la tarde jugando video juegos, volví a ganarle. No fue un domingo malo, gracias a Seiya mi ansiedad por la necesidad del vampiro cesó. Esa noche pude dormir pacíficamente sin ninguna otra pesadilla.

¿Qué tal? ¿De locura, cierto? En fin espero este cap haya sido de su agrado. Un saludo y todo mi cariño a mis nuevas amigas de Fanfiction y espero sigamos así. Se les quiere chicas!!!