Disclaimer:None of this belong to me, thanks to the beautiful Cecilia for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Cecilia1204,solo me adjudico la traducción.
Capítulo 4
Conduciendo su coche camino a lo de Alice, Edward podía sentir su cuerpo vibrar con una extraña excitación. Podía decirse que era el cansancio de una ajetreada primera semana en un nuevo trabajo. O de pasar el día desempacando sus cajas en la casa que su madre había encontrado para él. Podía decirse a sí mismo estas cosas, pero no serían verdad.
Edward sabía que esto era debido a la emoción de que Bella estaría aquí esta noche. La vería en un ambiente diferente. ¿Sería ella distinta?, ¿la misma?
Él sabía que lógicamente no quería involucrarse con una colega, pero esa lógica estaba teniendo un momento difícil haciendo notar su presencia.
Bella Swan estaba haciendo estragos tanto en su lógica como en sus sentimientos.
¿Qué había en ella que lo atraía tanto? Una imagen de Bella vino a su cabeza. ¿Eran sus grandes ojos castaños, tan expresivos, lo que le llamó la atención? O tal vez era su delicada piel pálida. La había tocado, porque había tenido un impulso de saber si era tan suave como parecía que era.
Cuando había estrechado la mano con ella la primera vez que se conocieron, había sido sorprendido por la chispa de electricidad que había fluido entre ellos. Él lo había atribuido a la estática, pero cuando pasaba cada vez que se tocaban accidentalmente, y no tan accidentalmente, no sabía qué pensar.
Edward la había visto trabajar durante la semana y su dedicación y profesionalismo lo habían impresionado enormemente. Bella genuinamente amaba lo que hacía. No era solo un trabajo para ella. Era evidente en la forma que trataba a los pacientes, haciendo más de lo esperado para asegurarse de que ellos obtengan lo que necesitaban.
¿Y qué con Bella? ¿Qué necesitaba ella?
Ella le había ayudado con las consultas del jueves, dándole información valiosa sobre muchos pacientes que no estaba escrita en sus archivos. Historial familiar, antecedentes, cosas por el estilo. Las madres embarazadas la amaban. Más de una había comentado sobre Bella, mientras que las había examinado. Había ayudado a dar a luz a algunos de sus hijos y ellas esperaban que hiciera lo mismo otra vez.
Atrayendo sus pensamientos de vuelta al presente, aparcó su coche y fue a saludar a su hermana. Llamó a la puerta y escuchó su risa tintineante, mientras se dirigía a la puerta principal.
—Edward. Ya era hora. Pensé que llegarías tarde —dijo Alice, mirándolo desde su diminuta altura.
—Hola a ti también, enana —respondió, sabiendo que odiaba ese apodo. Ella siempre había sido sensible acerca de su altura, o falta de esta. A pesar de perderse en el departamento de altura, lo había compensado con su vibrante personalidad.
Alice sonrió y abrazó a su hermano.
—Qué bueno verte. Mamá y papá ya están aquí. Rosalie y Emmett están en camino y Bella debería estar aquí pronto.
Los oídos de Edward se despertaron ante la mención de Bella. No es que él había dejado que Alice supiera. Ella era una casamentera empedernida. Si a Alice apenas le daba la sensación de que se sentía atraído por Bella, no pararía hasta que su hermano estuviera cuidando a sus nietos.
Caminando con ella hacia la casa fue recibido por Jasper, el marido de Alice.
—Hola, Edward —dijo Jasper, estirando el brazo para estrechar su mano.
—Jasper. Estoy contento de ver que Alice no te ha vuelto loco todavía —bromeó Edward, sonriendo a su hermana.
Jasper simplemente se rió y abrazó a su esposa atrayéndola a él, besándola en la sien. Jasper era el complemento ideal para su esposa. Adonde Alice era pequeña y morena, Jasper era alto y rubio. Alice era un fosforito, un paquete incesante de energía, aparentemente demasiada para contener en su cuerpo, mientras que la incesantemente actitud calmada de su esposo parecía tranquilizarla. Edward no había podido asistir a su boda, porque estaba trabajando como voluntario en África y no se sentía justo marcharse cuando había tanta desesperación y pobreza. Alice lo había entendido. Esto quería decir que en realidad no conocía muy bien a Jasper, pero lo que conocía, le gustaba.
Alice había conocido a Jasper, un autor, en Chicago cuando él estaba allí reunido con su editorial. Chicago era su cuidad natal y Alice había ido al hotel Marriot a tomar un par de copas con amigos. Lo había visto en el bar y afirmó que fue amor a primera vista. Jasper no había tenido una oportunidad. Ella tenía la intención de cautivar la atención de él teniendo una determinación inquebrantable que su familia habría reconocido inmediatamente.
Se habían casado después de solamente tres meses y Alice se había mudado a la casa de Jasper en Forks. Vivían en una hermosa casa de madera blanca, con grandes jardines que rodean la casa, al límite del bosque de la península Olímpica. Fue debido a Alice que sus padres habían venido aquí, atraídos por la idea de vivir una vida más tranquila como parte de una pequeña comunidad.
Que Alice estaba sumamente feliz era obvio por la felicidad que brillaba en sus ojos cuando miraba a su marido. Jasper también se veía absolutamente abnegado a su bella esposa, lo que complació enormemente a Edward. Él estaba feliz de que su hermana había encontrado su pareja perfecta.
Mientras entraban al salón, Esme avanzó para abrazar a su hijo. Seguía siendo una mujer hermosa, incluso en sus cincuenta años. Era el epítome del encanto y la gracia y amaba a su familia con pasión.
—Hola, mamá —saludó Edward, abrazando fuertemente a su madre.
—Hola, cariño. ¿Ya desempacaste todo?
Esme había sido quien buscó la casa de Edward. Al ser una cuidad pequeña, no había en realidad muchos apartamentos disponibles, pero se las había arreglado para encontrar una preciosa casa pequeña, no muy lejos del hospital. Era pequeña, pero tenía un montón de espacio para una sola persona. Esme ahora estaba pensando en decorarla. Edward le dejaba hacer lo quisiera, él no tenía ganas o tiempo. Su departamento en Nueva York había sido bastante utilitario, así que cualquier cosa sería una mejora. Además, Esme tenía un gusto excelente.
—Casi. Solo faltan algunas cajas.
Asintiendo con la cabeza, regresó con su marido.
—Tengo unas ideas geniales. —declaró.
—Haz lo que quieras, mamá. Confío en tu gusto.
Esme sonreía mientras Edward saludaba a su padre.
—Asegúrate de venir a cenar seguido o tu mamá se preocupará —advirtió Carlisle en broma.
—No te preocupes, mamá. Necesitaré una comida completa todas las noches —bromeó Edward.
—¿Cómo lograste permanecer tanto tiempo en Nueva York? —se lamentó Esme, mirando a su fornido hijo.
—Un montón de comida para llevar.
Esme se limitó a sacudir la cabeza y chasqueó la lengua. El timbre sonó y Alice se apresuró para dejar entrar a su cuñada. Había voces y risas procedentes del pasillo de entrada, una estruendosa voz de hombre era la más fuerte.
Alice caminó de regreso a la sala, seguida de una de las parejas más atractivas que Edward había visto en su vida. El hombre media más de un metro ochenta y dos y era macizo como un defensa, mientras que su esposa era una de las mujeres más bellas que había visto. Ella también era alta y rubia, con un cuerpo que las pasarelas de París hubieran babeado.
Aunque parezca extraño, ella lo dejó helado. A pesar de su aspecto de supermodelo, Edward había sido más afectado por el aspecto de chica sencilla de Bella.
—Edward, me gustaría que conocieras a Rosalie y Emmett. Rosalie es la hermana de Jasper —dijo Alice, haciendo las presentaciones.
—Encantado de conocerlos a ambos —dijo Edward, estrechando cada una de sus manos.
—Encantado de verte —dijo Emmett con voz resonante, una amplia sonrisa en su cara amigable y franca—. Te extrañamos en la boda.
—Sí, estaba en África en ese momento y no podía regresar —explicó Edward.
—¿África? ¿Estabas haciendo trabajo voluntario o algo? —preguntó Rosalie con curiosidad.
—Sí, estaba trabajando en un hospital allí, cuidando de las madres y los bebés.
—¿Y cómo te encuentras trabajando en Forks? —continuó Rosalie.
—Ha sido genial. Todo el mundo ha sido muy acogedor y el personal es estupendo.
Rosalie asintió con la cabeza en señal de aprobación. Era una protectora natural de las cosas que eran importantes para ella y estaba preocupada que un doctor de la gran ciudad pensara que él era demasiado bueno para la pequeña cuidad de Forks.
—¿Así que eres otro médico? —preguntó Emmett. Edward asintió.
—Edward es un gineco-obstetra, Emmett —explicó Rosalie.
—¿Un ginecólogo… qué carajo? —Rió Emmett. Cuando Edward abrió la boca para explicar, Emmett alargó una mano. Sé lo que es, doctor. Sólo lo estaba bromeando.
Rosalie solamente puso los ojos en blanco, obviamente acostumbrada a la conducta de su marido. Se movió para saludar a Esme y Carlisle.
—No le hagas caso, Edward. Su cerebro dejó de crecer cuando tenía doce años.
—Ouch —hizo una mueca Emmett—. Eso no me consuela nada, nena. Pensé que por lo menos a los catorce —dijo con una gran sonrisa en su rostro.
Todo el mundo se rió, y el hielo se rompió por la tontería de Emmett.
La conversación se hizo general por unos momentos más, hasta que el timbre volvió a sonar. Edward sintió su pulso acelerarse en anticipación de ver a Bella. Se sentía ridículo, pero no podía evitarlo.
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Las mariposas en su estómago estaban dando volteretas, mientras Bella conducía hacia la casa de Alice. Amaba a Alice, pero ella deseaba que hubiera estado incluida en la lista para trabajar esta noche. Si el hospital hubiera llamado y pedido que cubriera a otra partera, habría estado de acuerdo en un instante. No había habido ninguna llamada telefónica, así que allí estaba ella, preparándose para ver a Edward fuera del hospital.
¿Cuán malo podría ser? Era el mismo hombre que vio en el trabajo y se las arregló para ocultar cualquier atracción que sentía allí. Sería lo mismo esta noche. Ella sería amable y cordial y con ello asunto arreglado. No había problema.
Pese a decirse a sí misma esto, Bella había tomado un cuidado especial con su aspecto de esta noche. Ella no estaba tratando de impresionar a Edward Cullen, se dijo a si misma, mientras se aplicaba el maquillaje que rara vez usaba. No importaba en lo más mínimo lo que él pensaba de lo que llevaba puesto. Su ceñido vestido tipo sweater de color rojo oscuro y escotado, había sido una de las creaciones de Alice. Es por eso que lo llevaba, para complacer a Alice.
Alice. Sonrió cuando pensó en su loca amiga. Se conocieron cuando entró en la tienda de Alice en Port Angeles para comprar un traje para asistir a un bautizo. Al ser bastante conservadora en la elección de la ropa, los pantalones vaqueros y las camisetas eran el "uniforme" de Bella fuera del trabajo, ella se había dejado convencer de comprar un vaporoso vestido por Alice, que estaba trabajando allí ese día. Era difícil decirle no a Alice la mayoría de las veces. Incluso si el pequeño duendecillo siempre tenía la razón.
De algún modo, habían congeniado y empezaron a reunirse regularmente para tomar café que progresó a noches de chicas, y ahora eran grandes amigas. Conocía a Jasper desde el colegio, pero había sido sólo un conocido en ese entonces ya que él era mayor que ella. A través de Alice, ella también se había convertido en amiga de Rosalie y Emmett, que enseñaba Educación Física en la escuela preparatoria de Forks High y era el entrenador de fútbol. Rosalie había trabajado como mecánica, pero ahora era una ama de casa, desde que su hijo Riley había nacido hace un año y medio. Rosalie había estado en competencias, de todo tipo, con Jacob como mecánico.
Jacob. Bella frunció el ceño mientras pensaba en su amigo. Ella sabía que él estaba luchando para aceptar el destino de su padre, enojado porque Billy no estaba haciendo nada para luchar contra el cáncer. Bella también sabía que eventualmente Jacob encontraría la aceptación, pero tendría un montón de angustia en el camino.
Charlie había sido otra cosa. Tal vez por su profesión, Charlie había tomado la noticia estoicamente, aunque Bella sabía que a su padre le dolía demasiado. Es sólo que Charlie no lo mostraría. Las emociones asustaban a Charlie. Así es como era.
Cuando había ido a ver a su padre, él estaba sentado en el living, mirando la televisión, aparentemente perdido en el juego que se estaba jugando.
—Hola, papá —dijo, Bella, sentándose junto a él.
—Hola, Bella.
—Um... yo...ah... Jacob me contó de Billy. Lo siento, de verdad.
Charlie asintió en reconocimiento de sus palabras.
—Sí. Es una pena.
—¿Estás bien, papá?
Charlie simplemente suspiró y cerró los ojos.
—Sí, estoy bien. Me siento mal por Jacob, sin embargo.
—Lo sé. Él está hecho polvo por la noticia.
—No puede hacer nada —dijo Charlie—. Sólo tiene que aceptarlo. Al igual que el resto de nosotros.
Bella asintió. Ninguno de los dos dijo nada por mucho tiempo, simplemente se sentaron en un amigable silencio, ambos perdidos en sus pensamientos.
Quitándose los tristes recuerdos, Bella condujo hasta lo de Alice y estacionó su auto. Vio un número de coches allí ya, y supuso que era probablemente una de las últimas en llegar. No sabía qué tipo de coche conducía Edward por lo que no sabía si estaba aquí o no.
Respirando profundamente, Bella se bajó del coche, llevaba una botella de vino que había traído para Alice. Llevaba zapatos de tacón por lo que se acercó con cuidado, no estaba acostumbrada a la altura adicional. Zapatos bajos y zapatillas eran su calzado habitual. Desafortunadamente no parecían apropiados para este vestido.
—¡Bella! ¡Vaya, te ves genial! —dijo Alice, una amplia sonrisa en su rostro.
—Gracias. Es uno de los tuyos, sabes.
—Lo sé. Estoy muy contenta de que te vestiste elegante. —Alice tiró de ella hacia dentro, agarrando la botella—. Por lo general no haces tanto esfuerzo —señaló astutamente.
—¿Me estás llamando vaga?
—No. —Alice rió—. Simplemente te vas glamorosa. No estoy acostumbrada a esto.
—Bueno parecía apropiado.
—¿Por qué Edward está aquí? —preguntó ella, mirando la cara de Bella.
Manteniendo su expresión más neutra, Bella respondió.
—Y tus padres y cuñados.
—Ah. Pensé que tal vez querías impresionar a Edward.
—¡Alice! Para. ¿Que estás tratando de hacer? ¿Avergonzarme? —preguntó Bella—. Porque si es así, me voy ahora.
—Lo siento. Es sólo que creo que serían una buena pareja —respondió Alice.
—Apenas lo conozco, así que déjalo en paz, ¿sí? —advirtió Bella. Dios, si Alice tuviera una idea de cuan atraída estaba por su hermano, ella sería insoportable.
Armándose de valor, Bella siguió a Alice hasta el living donde los otros estaban esperando, decidida a no mostrar cualquier tipo de reacción a la presencia de Edward, sabiendo que Alice estaría viendo como un halcón.
Ella sabía que iba a ser más difícil de lo que se imaginaba al instante que sus ojos se fijaron en él. A pesar de los otros en la habitación, sus ojos parecían buscarlo automáticamente. Le tomó toda su fuerza de voluntad no delatarse cuando los ojos de ambos se encontraron.
Incluso a través de la sala sus ojos parecían quemar los suyos, haciendo que las piernas se le aflojaran. Cuán trillado, pensó. Sin embargo, era cierto. Sus piernas se sentían como gelatina mientras se dirigía hacia ella, su pulso acelerado.
Era tan condenadamente atractivo, que quería agarrarlo y besarlo sin sentido. Llevaba unos vaqueros con una camisa de algodón con el cuello abierto, rematado con un blazer informal. Parecía que había salido de las páginas de la revista GQ, el castaño dorado de su cabello ondulado desordenadamente.
Ella vio como sus ojos viajaban sobre ella, contemplando su aspecto. Sus ojos se posaron sobre su media pierna vestida, en exhibición en este vestido, que sólo llegaba por encima de sus rodillas antes de subir, observando la figura femenina debajo. Bella creía haber imaginado que sus ojos se demoraron brevemente sobre sus pechos, evidentemente delineados con un tentador indicio de su escote.
Cuando sus ojos finalmente se trasladaron a su rostro, él sonrió. Cautivada por esa sonrisa, le tomó a Bella unos segundos darse cuenta de que alguien estaba hablando con ella. Arrastrando los ojos de él, Bella se volvió para ver quién le había hablado.
—¿Cómo estás, querida? —preguntó Esme, con una sonrisa amable en su rostro.
—Estoy genial. Me alegro de verte —dijo, Bella, devolviéndole el abrazo a Esme. Detrás de ella estaba Carlisle.
—Hola, Bella. Estás preciosa esta noche —dijo Carlisle, tomándola de la mano y dándole un paternal beso en la mejilla.
—Gracias, Carlisle. Es uno de los diseños de Alice.
—Se ve muy bien en ti —dijo Rosalie avanzando hacia delante para saludar a Bella—. Tienes la tez para usar ese color. Me encanta.
Dándole un beso en la mejilla, Bella se rió.
—Viniendo de ti, lo tomaré eso como un gran cumplido. —Rosalie se vería bien con una bolsa.
—Bella, Bella, Bella. ¡Te ves caliente! —dijo Emmett, dándole un abrazo de oso—. ¿Por qué todavía no tienes a un afortunado que no te quite las manos de encima?
Bella se sonrojó por sus palabras, esperando que Edward no pensara que Emmett se estaba insinuando.
—Bueno, obviamente, todos los buenos ya tienen novia —bromeó, tratando de distraerlos de cualquier pensamiento casamentero.
—Eso es totalmente cierto —acordó Jasper, ganándose un golpe en el brazo de su esposa—. Hola, Bella.
Saludó a Jasper entonces se dio vuelta a la única persona que no había saludado todavía.
—Hola, Edward.
Bella tendió la mano sólo para que Edward la tomara en las suyas y se la llevara a los labios. Bella prácticamente dejó de respirar al sentir sus suaves labios sobre su piel, sus mejillas ardían. No se dio cuenta de que Alice apenas disimulaba su alegría mientras los observaba a los dos.
Soltando su mano, Edward sonrió de aquella forma torcida, lo cual no ayudó nada a su tortuosa respiración. Su mano se sentía como si estuviera en llamas y tuvo que parar de frotársela con la otra para ver si podía sentir la huella de sus labios.
—Hola, Bella. Papá tiene razón. Estás preciosa esta noche.
Bella, nerviosa se retiró el pelo del hombro y vio sus ojos verdes oscurecerse mientras él la miraba. Nunca la había visto con el cabello fuera de su moño.
—Ah… gracias —tartamudeó—. Tú no me habías visto sin uniforme.
Sus labios se curvaron en una media sonrisa.
—No, tampoco es eso —murmuró crípticamente, volviéndose a hablar con su padre.
Liberándose de la fuerza invisible de la atracción que sintió, Bella también se volvió para charlar con Rosalie y Esme. Molesta con ella misma, sin embargo, estaba muy consciente de la presencia de Edward. Moviéndose por la habitación, charlaba con todo el mundo, tratando de no hacer que se vea como si estuviera evitando a Edward. Inevitablemente, se encontró prácticamente sola con él, todos los demás estaban en sus propias conversaciones.
Sujetando la copa de vino espumoso que Alice le había dado, Bella miró a Edward y dijo lo primero que pensó.
—Es lindo de Alice hacerte una cena de bienvenida.
Edward rió.
—Alice no necesita una excusa, pero me alegro de que me diera una de todos modos.
Bella asintió y tomó un sorbo de su bebida nerviosa. Actúa normalmente. Haz de cuenta que estás en el trabajo.
—¿Cuánto tiempo hace que conoces a mi hermana? ¿Y es ese vestido realmente uno de los suyos? —preguntó, sus ojos fijos en ella.
Parada tan cerca de él, vio cuando sus ojos se detuvieron en sus pechos por un momento y sintió inmediatamente endurecerse los pezones en respuesta. Avergonzada, estaba eternamente agradecida que el material era lo suficientemente pesado para disimular la reacción de su cuerpo a su mirada. Di algo antes de que los demás se den cuenta de su reacción a Edward.
—Um… sí, es uno de los suyos. Alice es muy talentosa.
Edward asintió.
—Sí, siempre le encantó la ropa. Siempre la vi como una diseñadora top en Nueva York o alguna capital de la moda, pero, obviamente, el amor ha cambiado sus planes.
—¿Eso es algo malo? —preguntó Bella, frunciendo el ceño—. Ella está muy feliz y Jasper la adora.
—No, no me malinterpretes. Estoy muy feliz por ella y esto es lo que ella desea. Sólo espero que no desperdicie su talento.
—Yo no llamaría a dirigir su propia boutique como "desperdiciar" su talento. Ella tiene absolutamente un buen negocio en marcha en internet. Alice no es la clase de persona que no hace algo que no quiere, por lo que, obviamente, ella es feliz con su vida.
Miró a su hermana, que estaba acurrucada al lado de su marido, su brazo de manera protectora a su alrededor.
—Sí, ella se ve feliz. Entonces, ¿cómo se conocieron?
—Ropa —sonrió—. Entré en su tienda y simplemente congeniamos. Ella solo sabe lo que favorece a las personas. Me dio este por mi cumpleaños. Sigue intentando que me vista mejor. Soy más una chica de jeans y zapatillas.
—Bueno, tengo que aplaudir su gusto esta noche. Aunque soy un aficionado a los pantalones vaqueros en una chica. —Sonrió esa sonrisa sexy suya.
¿Está coqueteando conmigo? Por suerte, Bella fue salvada de tener que responder por Alice que pidió a todos que se dirijan al comedor.
Su alivio fue breve cuando se encontró sentada en frente de Edward. Cada vez que mirara hacia arriba estaría mirándolo directamente a él. Ya estaba tensa y esto no ayudaba. Intentar fingir que ella no se sentía atraída por Edward Cullen la estaba torturando.
o-o-o-o-o-o
Edward estaba eternamente agradecido de que llevaba pantalones vaqueros. El material pesado, así como su chaqueta escondían con éxito las pruebas de lo que Bella le estaba haciendo a su cuerpo.
En el instante en que la vio entrar, la cabeza perdió el control total sobre su cuerpo, muy a su pesar. Se sentía como un adolescente caliente enfrentado al objeto que deseaba. Y con el mismo control.
No creía que había visto nunca nada tan sexy y atractivo como Bella. Después de haberla visto solamente con el uniforme del hospital que ocultaba la mayor parte de su figura, ella era una revelación. Una sirena. Estaba teniendo problemas para apartar la mirada de ella.
¿Quién habría pensado que tendría la figura de reloj de arena más deseable? Casi parecía un crimen ocultarlo. Su pequeña cintura, caderas y deliciosas piernas largas, estaban hermosamente realzadas por la forma ceñida del vestido. Y esos pechos. Edward sentía que se ponía duro cada vez que sus ojos se desviaban a sus magníficos pechos. Sus manos picaban por llenarse con su suavidad, para apretarlos y acariciarlos. Gimiendo interiormente, Edward se obligó a pensar en otra cosa que lo avergonzara menos. Le dolía muchísimo, presionándose dolorosamente contra la tela del pantalón.
Bella se apartó el pelo y Edward casi gimió en voz alta. Ella siempre lo llevaba recogido en un moño en el trabajo por lo que nunca lo había visto suelto. Suave y ondulado, cayendo como una cortina caoba por su espalda, Edward tenía visiones de que se arrastraba sobre su piel, su suavidad le hacía cosquillas mientras descendía sobre él.
Nunca estuvo tan contento cuando Alice les había pedido ir al comedor. No creía que sus padres estarían muy contentos con él si recogía a Bella y se la llevaba para poder tener sexo con ella. Aunque a Alice probablemente no le importaría.
¿Le importaría a Bella? Ella parecía nerviosa a su alrededor pero él no sabía por qué. ¿Estaba atraída por él o se dio cuenta del efecto que tenía sobre él y estaba incómoda? Dios, espero que ella no se diera cuenta del bulto en mis pantalones vaqueros.
Sentarse enfrente de ella era simplemente una tortura, si no peor, que antes, excepto que ahora tenía la mesa para ocultar su respuesta.
Cada vez que ella se movía, o se inclinaba hacia delante él era capaz de ver más escote y creyó incluso haber observado encaje negro. A este punto, su erección era extremadamente dolorosa y estaba considerando ir al baño de Alice y aliviarse a sí mismo, sólo para poder pasar la noche.
¿Qué demonios esta haciéndome esta chica? No tengo diecisiete, tengo treinta, así que no debería estar reaccionando de esta manera. A propósito pensaba en los contenidos de sus textos médicos, había conseguido mantenerse bajo control hasta que Bella se movía o reía o giraba su pelo y estaba de vuelta donde empezó.
A pesar de todo esto, él se las arregló de alguna manera para participar en la conversación que pasaba a su alrededor. Se dio cuenta de que Bella no le preguntaba nada directamente y parecía estar evitando mirarlo.
Maldita sea, probablemente se ha dado cuenta de mi reacción a ella y no quiere ninguna parte de esta. La idea era deprimente. Tranquilamente, escuchaba a medias la conversación hasta que el tema se volvió hacia Bella. Su interés se despertó al instante.
—Así que Bella, ¿ningún novio todavía? —preguntó Emmett, sin tacto alguno.
Edward vio a Bella ruborizarse y quedó fascinado. No sabía de cualquier otra mujer de su edad que se sonrojara, y gimió en silencio mientras se ponía duro otra vez.
—No, Emmett, todavía estoy felizmente soltera —dijo Bella, sacudiendo la cabeza. De repente levantó la vista y sus ojos se encontraron. Edward sintió que su pulso se aceleraba mientras que el pensamiento de ella sin un hombre en su vida lo ponía absurdamente contento.
—Pues los chicos de por aquí han de ser ciegos, locos u homosexuales si nadie saltó sobre ti todavía —dijo Emmett, todos, incluyendo a Bella, rieron.
—Gracias, Emmett, pero soy muy feliz como estoy —declaró Bella, con el ceño fruncido.
Edward estuvo de acuerdo con Emmett. Que alguien como ella estuviera sola era casi un crimen. Pero la idea lo hizo feliz.
—Entonces, Edward, ¿ninguna futura señora Cullen está esperando entre batidores? —preguntó Rosalie esta vez.
¿Qué es lo que pasa con estos dos?, pensó Edward. ¿Interrogan a cualquier persona que sea mayor de dieciocho y aún solteros?
Sacudió la cabeza.
—No. Nada sucede.
—Así que los dos están solteros. Mmm —reflexionó Rosalie, dejando que la implicación de su comentario se asentara en todos ellos. Para desconcierto de Edward, todos los ojos parecían estar fijos en Bella y él mismo. Rápidamente echó un vistazo a Bella y la vio con el ceño fruncido en su plato, obviamente, odiando esta conversación.
Queriendo cambiar la conversación, dijo lo primero que se le vino a la mente.
—Entonces, ¿Emmett y tú tienen hijos?
Afortunadamente fue la cosa perfecta para preguntarle a Rosalie mientras ella se introducía en un debate acerca de su pequeño hijo, toda atención fue desviada de él mismo y Bella. Se dio cuenta de que Bella no participaba en la conversación y la miró, el alivio por no ser más el centro de atención, era casi palpable.
Cuando sus miradas se encontraron, Edward no pudo evitar sonreírle con complicidad, sabiendo lo que estaba pensando. Parecía que ella pensaba lo mismo porque le devolvió la sonrisa, la primera sonrisa verdadera que le había dado en toda la noche.
Edward sintió que le faltó la respiración cuando vio esa sonrisa. Era hermosa y se sintió indeciso de su decisión de no involucrarse con una colega. No podía recordar haber deseado tanto antes a una mujer. Tal vez nunca lo hizo.
De repente pensó en Tanya. Tanya. La razón por la que estaba ansioso por alejarse de Nueva York, a pesar de disfrutar su trabajo allí.
Tanya había sido enfermera en el hospital donde trabajaba. Una noche, cuando se dirigía a su coche, la vio apoyada en su auto, llorando sobre sus manos. No sabía su nombre pero se sintió obligado a comprobar si estaba bien. Ella dijo que recién se había enterado que su abuela había muerto y estaba deshecha. Era un desastre y los instintos caballerescos de Edward se pusieron rápidamente en acción. Sugirió llevarla a tomar un café para ayudarla a calmarse. En el corto trayecto, se presentó y descubrió que se llamaba Tanya.
Tanya era bastante atractiva, pero ella no le provocó nada. Edward siempre había tenido preferencia por las morenas. Mientras tomaban sus cafés, Tanya hablaba y Edward dejó que sacara todo de su sistema. Después de eso, la llevó de vuelta al hospital, contento de que ella parecía más alegre que antes.
Ese fue el final de todo. O eso era lo que había pensado. Desafortunadamente, Tanya había confundido su amabilidad con algo completamente diferente. Ella comenzó a frecuentar la unidad de maternidad, preguntando por él, llamándolo todo el tiempo, incluso lo esperaba en su coche. Se había convencido a sí misma que estaba enamorada de ella. Cuando ella le declaró su amor, Edward se había horrorizado. Había intentado dejarla amablemente, explicándole que él no sentía lo mismo, que sólo quería ser su amigo. Eso no funcionó, y su comportamiento empeoró.
Harto de ella, Edward había recurrido a decirle la cruel verdad, que sólo había sido gentil con ella esa noche y que no sentía nada más por ella que compasión. Observando como se iba, dio un respiro de alivio de que por fin había entendido el mensaje. Él creyó que había acabado todo hasta que a los pocos días su jefe lo llamó a su oficina.
Para asombro y consternación de Edward, Tanya había puesto una queja de que había estado acosándolo sexualmente y que había tratado de violarla cuando se negó a sus avances.
—Seguramente no cree eso, ¿verdad? —había gritado, aturdido ante la acusación contra él.
—No, pero una queja ha sido hecha y tiene que ser investigada —había respondido su jefe.
Las siguientes semanas fueron terribles, ya que los rumores e insinuaciones se extendieron como un reguero de pólvora. Su personal fue firme en que Edward nunca haría las cosas de las que había sido acusado y dio pruebas de las muchas veces que Tanya había ido a la maternidad buscándolo. Lo conocían y firmemente lo defendieron de cualquiera que sugiriera que las mentiras eran verdaderas. Edward estaría siempre agradecido por su apoyo.
Mientras las investigaciones continuaban, la rabia de Edward hacia Tanya crecía y cuando la vio sola en el estacionamiento, no pudo evitar confrontarla.
—¿Por qué demonios dijiste esas mentiras sobre mí? —le exigió.
Tanya simplemente se había reído en su cara.
—No me quisiste, así que vas a tener que pagar —se burló ella.
Su temperamento explotó al saber que ella podría ser tan vengativa.
—¡Perra! Todo lo que hice fue tratar de ayudarte a sentirte mejor. Yo nunca, jamás te di ninguna indicación de que yo quería cualquier tipo de relación. Ni siquiera te conozco. Estaba todo en tu cabeza. Una vez que sea absuelto, será mejor que tengas cuidado porque voy a demandarte por difamación.
El rostro de Tanya se puso pálido ante la amenaza. Edward tenía el dinero y el estatus para llevar a cabo su amenaza.
Al día siguiente, Edward fue informado por su jefe que Tanya había retirado su queja y que Edward fue absuelto de todo acto ilícito. Se había tranquilizado y enojado. Enojado por que tuvo que defenderse contra tales mentiras escandalosas.
Fue durante este período difícil que Carlisle le había dicho acerca del puesto vacante en el Hospital de Forks. Harto de Nueva York, Edward le dijo que estaba interesado, pero que no podía hacer nada, mientras que las investigaciones se llevaban a cabo.
Tan pronto como su nombre estuvo limpio presentó su renuncia con el fin de adelantar la mudanza a Forks. No queriendo perder a uno de sus mejores médicos, su jefe se había negado a aceptarla con el argumento de que él todavía tenía un año más de contrato. Edward sin rodeos le había dicho que sería mejor que aclarara esto con la junta o él se iría de todos modos y si trataban de demandarlo por incumplimiento de contrato, él pondría una contrademanda por difamación.
La amenaza funcionó y había sido liberado del último año de su contrato.
Si no hubiera sido precavido de los romances entre colegas antes, él positivamente tendría aversión a ellos ahora. El escrutinio, los susurros y los chismes habían sido espantosos. De ninguna manera iba a involucrarse con una colega.
Ahora estaba aquí sentado, frente a la mayor tentación que había tenido. Su decisión estuvo tambaleando por un segundo y si Bella hubiera sugerido que ella quería que él le hiciera el amor, probablemente habría saltado y tomado sobre la mesa ahora mismo.
Su mente errante fue traída de vuelta al presente cuando Alice pidió su atención. Arrastrando los ojos de Bella, Edward volvió a mirar a su hermana.
—Jasper y yo queremos darles a todos una maravillosa noticia —Alice caminó hacia el otro extremo de la mesa donde estaba sentado su marido. Él le sonrió y tiró de ella hacia abajo sentándola sobre su regazo. Besándolo rápida pero tiernamente, Alice se dio vuelta hacia los rostros expectantes de sus invitados.
—¡Vamos a tener un bebé! —gritó Alice, saltando del regazo de Jasper.
El caos estalló cuando todas las mujeres parecieron comenzar a chillar de deleite al mismo tiempo. La diminuta figura de Alice se vio envuelta por tres juegos de brazos, ya que todas la abrazaron antes de abrazar también a Jasper.
—Cariño, me alegro muchísimo por ti y Jasper. Oh, Dios mío, Carlisle. ¡Vamos a ser abuelos! —exclamó Esme, su voz sin aliento por la emoción.
Carlisle abrazó a su hija, a continuación, en una muestra de su felicidad, abrazó a su yerno. Todos se rieron de la mirada de sorpresa de Jasper ante esta espontánea muestra de afecto.
Edward estrechó la mano de Jasper antes de abrazarlo brevemente.
—Felicitaciones, Jasper. Estoy seguro de que vas a ser un gran padre.
—Gracias, Edward. Todavía estoy tratando de entender el hecho de que estamos esperando —admitió Jasper con una mirada de temor en su rostro.
Todos se rieron de Jasper por utilizar la frase "estamos esperando"
Edward abrazó con fuerza a Alice.
—Estoy muy, muy feliz por ti, hermanita. No puedo esperar para verte con un gran vientre.
Alice rió.
—¿Puedes imaginarte? —Voy a verme como un pingüino.
Miró a su alrededor y gritó—: Bella.
Edward dio un paso atrás mientras Bella se adelantó a abrazar a Alice. Sus ojos se movieron involuntariamente hacia su trasero, enseñando sus mejores atributos con su vestido. Tuvo que detener sus manos de acariciar esos tentadores montículos.
No se dio cuenta que Alice había elegido ese momento para mirar hacia arriba y vio dónde estaba su mirada apuntada. O la sonrisa diabólica que cruzó brevemente su rostro.
—Edward y tú van a asistir el parto de mi bebé, ¿no, Bella? —insistió Alice.
—Supongo que no tenemos elección. Probablemente te niegues a entrar en trabajo de parto si no lo hago —se rió Bella.
—Tenlo por seguro. Quiero lo mejor y Edward y tú son los mejores.
Bella se limitó a sacudir la cabeza.
—¿Has pedido una cita para tu primer chequeo?
Alice sacudió la cabeza.
—Mi embarazo sólo se confirmó ayer.
—Me aseguraré de que estés registrada para una ecografía —dijo Edward—. Queremos saber de cuántas semanas estás.
—Pienso que dos meses. No he tenido el periodo en ese tiempo y por lo general nunca me falta uno.
—Bueno, la ecografía nos dirá con certeza —dijo Bella—. Voy a disfrutar verte aumentar de tamaño —se rieron los dos y se les unió Rosalie.
Después de eso la charla estuvo dominada por bebés, hasta que Rosalie anunció que Emmett y ella tenían que irse para que la niñera se vaya a la casa.
Cuando Bella también informó que se iba, Alice le pidió a Edward si podría acompañar a Bella hasta la puerta ya que ella necesitaba hablar con Carlisle.
Edward miró a su hermana con sospecha. Él sabía lo que la picaruela estaba haciendo, sin embargo, una parte de él quería más que nada estar a solas con Bella, aunque sea por unos momentos.
—Oh, no importa, Al. No hace falta que me acompañe hasta la puerta —insistió Bella.
Antes de que pudiera pensar en ello, Edward habló inesperadamente.
—No, no hay problema. Yo insisto. —Él la observó mientras ella daba las buenas noches a todos, impaciente por estar a solas. Y, ¿qué piensas que vas a hacer? ¿Ni siquiera sabes si ella se siente atraída por ti?
Con su corazón latiendo aceleradamente, acompañó afuera a Bella, cerrando la puerta detrás de él. Caminaron en silencio hasta su coche, en un ambiente denso. Cuando llegó a su coche, Bella se detuvo y se dio la vuelta. Oyó un pequeño jadeo; obviamente no se había dado cuenta de lo cerca que estaba detrás de ella. Había sólo unas pocas pulgadas de distancia entre ellos y con su coche detrás de ella, Bella no fue capaz de dar un paso atrás.
Edward miró su rostro, y vio que sus ojos se oscurecieron con una emoción que no podía descifrar. ¿Estaba tan afectada como él por su cercanía? Sintió, más que ver que su pecho subía y bajaba rápidamente, como si ella estuviera teniendo problemas para respirar.
Con su pulso acelerado, estaba por dar un paso atrás cuando sus labios se abrieron y la observó lamerse el labio inferior. Solo el estricto control lo detuvo de inclinarse hacia delante y poseer su boca. Él estaba tan tenso que no le faltaba mucho para romperse.
Empleando todo su autocontrol, se inclinó hacia delante y le dio un beso en la mejilla. La sensación de su piel satinada debajo de sus labios fue casi su perdición. Cerró los ojos mientras su delicada fragancia lo envolvió como unos amorosos brazos. Demorándose apenas un instante, Edward retrocedió y vio la expresión de asombro en su rostro. Con una emoción de triunfo, vio como su mano se estiró y tocó, donde habían estado sus labios.
Sin decir una palabra, se aproximó a ella agarrando el picaporte, cuidando de no tocarla, y la abrió.
—Buenas noches, Bella —dijo, su voz ligeramente ronca por el deseo.
—Buenas noches, Edward —respondió en un susurro.
Edward se paró en la entrada de la casa de Alice y observó como Bella se alejaba hasta que su coche desapareció de vista, pensando en su reacción a su aparentemente inocente beso.
¿Qué significaba esto?
