Capítulo 4 Un caballero inglés.
Era el tercer día de viaje, los rayos del sol de mediodía bañaban el rostro de una rubia con pecas que junto a su acompañante el Sr. George se dirigían a la cabina de mando por invitación del capitán. Candy estaba sonriente, no solo era la primea vez que estaba en un barco, sino que también tendría el privilegio de conocer la cabina de mando y tendría una breve cátedra de como navegar dada nada más y nada menos que por parte del Capitán del barco Edgar Niven.
-¡Capitán Niven! por fin estoy aquí – Candy gritaba mientras iba entrando a la cabina de mando.
-Oh Candy que gusto verte y Sr. Villers, gracias por aceptar mi invitación pensé que ya no vendrían. – decía el Capitán saludado de mano al Sr. George.
-Le traje esta tarta la horneé hoy por la mañana, Simone me ayudó a decorarla – Candy le entregaba al Capitán una deliciosa tarta de chocolate decorado con rebanadas de fresa que formaban la silueta de un pequeño barco.
-Gracias Candy, que hermoso detalle, la compartiré con ellos si no te importa – Señalaba el capitán a sus tres ayudantes que se encontraban ahí.
-Por supuesto que no... ¡¿Oh eso es una brújula?! – Candy se olvidó del Capitán y corrió a ver los controles de mando, botones por aquí, botones por allá, un par de girocompás y algunas palancas, estaba fascinada de semejante tecnología.
-Disculpe capitán, Candy es muy espontanea – Mencionaba George para disculpar a la pecosa.
-No se preocupe yo también tengo una hija de su edad y Candy me la recuerda mucho aunque no es tan sociable como Candy. – Los dos hombres voltearon a ver a Candy quien no dejaba de sonreír y ya traía puesto el sombrero del primer oficial Brian Richardson.
-No definitivamente nadie puede serlo tanto – comentaba George- Por cierto capitán, tengo una reunión en unos minutos, me temo que no puedo quedarme le importaría si dejo a Candy a su cuidado.
-Por supuesto que no, como le dije tengo una hija de su edad. Váyase tranquilo.
-Muchísimas gracias Capitán Niven sé que la dejo en buenas manos. Candy me retiro, nos vemos a la hora de la comida.
-Si George hasta luego – decía Candy sin voltear pues estaba tan absorta tratando de mantener el timón con ayuda de Brian un buen mozo pelirrojo que estaba encantado con la chica- George solo sonrió y se retiró, esa pecosa sí que era especial.
-Veo que te agrado la cabina, pero mira al frente Candy, el mar es todavía mejor – le señalaba el Capitán.
Los ojos de Candy se abrieron para absorber el hermoso paisaje que había delante de ella. Un inmenso mar combinado con los rayos del sol. Había caminado por el barco pero nunca había tenido una vista tan hermosa, sin duda el estar en esa cabina tenía su magia.
(**)-A medida que navegamos lo único que podemos ver es el mar. Imagino que tú lo encuentras bastante aburrido.
-No, porque cada vez es una tonalidad diferente- respondió Candy a lo que el Capitán asintió varias veces.
-Sabes Candy el mar no siempre está en calma. Es como la vida, hay momentos de paz y momentos turbulentos. Pero en cualquier situación el barco debe tratar con todas sus fuerzas de controlar las olas y seguir derecho su trayectoria (**)
Agitado entraba a la cabina de mando un pequeño marinero de apenas 14 años de edad. – Oh mira Candy te presento a Cookie, él es mi mejor marinero aun es joven, pero le tengo mucha confianza.
-Hola Cookie yo soy Candy. – los dos casi quinceañeros se estrechaban las manos.
-Mucho gusto Candy… mi nombre es Cricket Dix pero todos me llaman Cookie, tu por ser tan linda también puedes llamarme Cookie- dijo dándole un guiño.
-Candy y Cookie, eso me recuerda que tenemos una tarta que partir, llegas justo a tiempo Cookie, ¿por eso venias corriendo?- se reía el Capitán.
-Oh no Capitán lamento interrumpir, pero debo decirle algo… en privado.
-¿Pasa algo malo Cookie?- el capitán se puso serio.
-Este… no nada. -Vacilaba Cookie.
-Entiendo vayamos a mi oficina. Candy te dejaré un momento no tardo. Mientras puedes preguntarle a Brian todo lo que desees saber.
-Claro aquí estaré- Candy regreso con Brian y este comenzaba a explicarle como se leía el radar – ¿Este puntito somos nosotros entonces? ¿Y por qué hay tantas cosas que parecen relojitos? – Brian soltó a reír realmente le gusto la inocencia de la chica por lo que se encontraba encantado de ser el quien la atendiera
-No Candy unos son girocompás, compas magistral, brújulas...- quiso continuar pero la rubia lo interrumpió lazando la mano.
– ¿Y cómo aprendes a leerlos TODOS? Yo solo sé leer un reloj.
-Con mucha vocación. Y como vas aprendiendo vas subiendo de rango, como en el ejército.
-Wow y tú debes ser muy inteligente entonces por eso eres el primer oficial- le decía la pecosa con una sonrisa burlona que hizo sonrojar al pelirrojo de ojos color miel.
-Supongo que si Candy, ven déjame explicarte para que es cada cosa.
Cookie y el capitán Niven ya se dirigían a la oficina, lo que estaba a punto de conocer el Capitán no sería muy placentero, sería un ejemplo perfecto de lo que acaba de contar a Candy "la vida tiene momentos turbulentos"
Mientras tanto en un camarote de la tercera clase. Un grupo de jóvenes lo habían acondicionado para convertirlo en un pequeño salón de apuestas.
-Lamento mucho haberlos hecho perder su tiempo, pero me temo que nuevamente he ganado –se burlaba un chico de ojos azul mar mientras mostraba sus cartas que hacían una escalera real (1*).
-¡Maldita sea Terry! ¿Que a los niños ricos le enseñan a jugar póker en el colegio? ¿quién te enseño a jugar? – gritaba Julián uno de los jugadores mientras tiraba sus cartas.
-Mi madrina y mi padre, pero sin duda ese idiota es el mejor– señalaba Terry a un chico que fumaba un cigarrillo en el rincón.
-Hey no me llames así. Respeta a tu Maestro- decía el señalado lanzándole un cojín a Terry.
-No puedo creer como se conocen un niño rico y tu Charlie- decía otro jugador.
-Nos conocimos cuando éramos niños, mi Padre tuvo que hacer un negocio de última hora en Nueva Escocia y dado que duraría más de 3 meses no quiso dejarme en Londres y me llevo con él. La Madre de Charlie vendía flores en la esquina de la que sería nuestra casa -Contaba Terry
-Una casita de 10 recamaras, 3 pisos y un jardín señores…fiuuu creo que podía ser un campo de gol – exclamaba Charlie para burlarse un poco de su amigo, sabía que a este le molestaba que hicieran referencia de los lujos que tenía.
-Como sea, mi padre contrato a la madre de Charlie para que fuera mi nana y además así tendría un compañero de juegos que resultó ser todo un as en el arte de las travesuras.
-¡Vamos que te encantaba hacer travesuras!, además no solo hacíamos travesuras también varias veces la hicimos de Robin Hood, molestábamos al panadero, el carnicero y al lechero, robábamos todo lo necesario para hacer un buen desayuno para nuestros amigos los niños huérfanos del puerto. En una ocasión la policía nos llevó a la comisaria, ¿pueden creerlo? un niño de 6 años y otro de 8 años, de no ser por el padre de Terry hubiéramos ido directo al reformatorio.
-Sí, creo que el carnicero exagero, si hubiera sabido quienes éramos jamás hubiera llamado a la policía- confeso Terry.
-Típico de los ricos, si roban es extravagante, no les hacen nada, pero si eres pobre te sentencia a cadena perpetua o a la horca - Dijo una voz que pertenecía a Ray un joven que no se dignó a mirar a Terry.
-Tal vez tengas razón Ray, pero es la vida que nos tocó así que es mejor que dejes de lamentarte y saques el mejor provecho de lo que tienes – menciono Charlie en defensa de su amigo Terry - Como les decía, este caballero inglés y yo en plena infancia hacíamos y deshacíamos.
-Si claro con tu amigo el pequeño "duquesito"- volvió retar Ray
-¡Mide tus palabras imbécil!- reclamo Terry poniéndose de pie.
-Si soy un imbécil pero tu ¡un maldito aristócrata!, niega que no tienes lo mejor gracias a tu apellido, dudo que sin el puedas ser alguien.
-Idiota, que sabes tú de mí.- dijo Terry esta vez agarrándolo de las solapas.
-¡Hey basta los dos!, aquí se viene a jugar, y tu Ray deja de culpar a los demás de tu miseria.
Terry se sintió incomodo, Ray en parte tenía razón, en el colegio él podía hacer y deshacer, desde faltar a clases, pelear con compañeros, salir por las noches y aun así las monjas solo se limitaban a castigarlo un día a lo mucho una semana en su cuarto. En cambio, si otro estudiante hacia lo mismo o menos que él, podría incluso ser expulsado. Afuera en el mundo entre pobres y ricos era igual. Ser hijo de un Duque le asfixiaba, pero no podía negar que también le abría muchas puertas, le daba privilegios y sobretodo le ahorraba muchos dolores de cabeza.
-¿Que pasa Terry? Te comió la lengua un ratón- dijo Ray
-Me voy – Terry solto a Ray y se retiró sin siquiera mirar al resto del grupo.
-¡Hey! no te puedes ir así, debes darnos la revancha.
-Quédense con todo – exclamó Terry con voz de pocos amigos y saliendo del camarote.
Charlie lo alcanzaba en el pasillo -¡Tranquilo Terry! ten tu dinero, somos pobres, pero tenemos dignidad ya te lo ganaremos en una buena ronda.
-Como quieran Adiós.
-Vamos relájate, para que te alegres un poco, a las 7 de la noche habrá una fiesta, es cumpleaños de la pequeña hija de una de las pasajeras de esta sección. O bien si lo prefieres más tarde… - con un tono de picardía – en nuestro exclusivo y acondicionado "casino" tendremos un show de bailarinas- Terry lo miro dudando – si las chicas del Royal Hills estarán aquí. Pero claro será en la función estelar como a la media noche cobraremos 20 libras ¿te aparto tu lugar?
-Terry esbozo una sonrisa - Tal vez venga no lo sé. Adiós.
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Puerto de Nueva York
Eleonor Baker la actriz más famosa de Broadway cancelaba sus presentaciones de última hora, solo su amigo fiel Robert Hathaway sabia la razón. El resto del mundo creía que había enfermado de una fuerte pulmonía.
Ahora estaba a punto de subir al Lusitania (2*) que alcanzaría a su trasatlántico hermano el Mauretania en Londres. Estaba nerviosa, ansiosa, un cóctel de emociones la embriaga, pero todo valía la pena con tal de ver a Terry y explicarle lo sucedido.
-Buen viaje Eleonor- decía su antiguo compañero de tablas Robert Hathaway - por favor no dudes en ir con mi primo Edward en caso de cualquier problema él es abogado y no les teme a los aristócratas.
-Gracias Robert, pero no te preocupes voy a estar bien. Pelearé por mi hijo pelearé por recuperar su cariño y tenerlo conmigo.
Flashback
Terry había llegado a la mansión de su madre, había hecho un largo viaje desde Londres hasta Nueva York, quiso verla en el teatro, pero prefiero ir directo a su casa y esperarla hasta que volviera de su función. Sería su primera navidad juntos.
Por su parte Eleonor una vez que recibió el mensaje de su ama de llaves avisándole que Terry la esperaba, terminando la función se fue directo a su casa, no quiso dar autógrafos ni recibir a nadie solo le interesaba reencontrarse con su amado Terry.
-Terry mi amor – grito Eleonor quien llegando a casa se lanzaba a abrazar a su hijo.
-Mamá – Terry respondía al abrazo.
-Que has dicho Terry, repítelo, cuanto soñé escucharte llamarme así – Las lágrimas no pudieron contenerse más en los ojos de madre e hijo. Era la segunda vez que podían abrasarse y percibir esa sensación que solo madre e hijo juntos en un abrazo pueden sentir.
-Mama quería verte moría de ganas de verte, quiero quedarme contigo, ya no soporto más, el Duque solo me tiene en ese internado, ni siquiera se acuerda que existo. Se niega a dejarme estar contigo.
-Oh mi amor perdóname, pero no puedes quedarte conmigo, aún no se sabe que eres mi hijo, eso podría dar pie a … no me mires así hijo- Terry deshizo el abrazo no podía creer lo que le decía su madre – Espera Terry debes comprender que todos saben que eres hijo del Duque de Grandchester y si se llegase a saberse que también eres mi hijo tu apellido…
-¡Al diablo el maldito apellido! - Grito Terry con los puños cerrados, como era posible que su madre le preocupara el apellido del Duque - ¿acaso por eso me abandonaste?
-Terry no comprendes, me estas juzgando déjame explicarte- suplicaba la actriz al ver como Terry tomaba su abrigo para marcharse.
-No te preocupes ELEONOR comprendo que eres igual al Duque, solo dime una cosa ¿para que me dejaste esa nota, para qué demonios me hiciste creer que podría estar contigo? – Terry estaba llorando - mi padre tenía razón ¡eres una mentirosa!
Terry salió corriendo de casa de su Madre, no quería seguir ahí, no quiera estar en la misma casa que ella, ni en la misma ciudad solo quería correr y tomar el primer barco de regreso a Londres.
-¡Terry no es lo que tú crees espera Terry por favor déjame explicarte!- gritaba la actriz desde la puerta tratando de que su hijo la escuchara.
Rose el ama de llaves que había escuchado todo se acercó a la Eleonor para ayudarla, la actriz estaba tan desilusionada - ¿por qué Terry ha sacado el carácter de su padre? ¿por qué es tan fácil para él juzgarme sin antes escucharme? Rose no me escucho… no me dejo explicarle, igual que Richard, no quiso escucharme.
Fin de Flashback
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Eleonor Baker abordaba el Lusitania rumbo a Londres, lo había decidido lucharía con uñas y dientes para recuperar a su hijo, esta vez ya no habría ningún Duque que se lo impidiera, el único que ahora estaba era el Duque Richard Grandchester su antiguo amor, pero estaba dispuesta a olvidar ese gran amor si este interponía.
Terry ya había encontrado una parte del barco que le encanto por ser el lugar menos concurrido, la segunda chimenea del barco (3*) que estaba justo a un costado de tragaluz del salón de lectura, por eso era de las partes más altas del barco y alejada del resto de los pasajeros. Decidió fumar un cigarrillo, se recostó en el piso y observaba el cielo mientras se dejaba arrullar por el vaivén del barco, por un instante cerro sus ojos y a su mente vino una linda pecosa que lo hizo comenzar a repasar los momentos de la noche anterior. Cuando de repente escucho una vocecita que le era familiar ¡¿Acaso le gustaba tanto que ya hasta la escuchaba como si estuviera presente?!
-¡Pero qué alta esta! tal como dijo Brian de cerca es imponente. Me pregunto de qué lado está la escalera para llegar hasta arriba.
Si, era Candy, dado que el capitán ya no volvió de su reunión con Cookie, decidió dar un paseo y conocer las famosas chimeneas del barco, eran la parte más alta después del puente de observación, y como tenía planeado "saber cómo se llegaba hasta arriba" obviamente escogió la segunda ya que la primera estaba a un costado del puesto de mando y no deseaba que la atraparan con las manos en la masa o mejor dicho escalando. Y ahí estaba tratando de encontrar la escalera para subir
Con una risa traviesa decía – Es algo arriesgado, porque un árbol no se mueve en el mar tal vez… si solo tal vez, ¡aquí está!
La pecosa comenzó a trepar las escaleras, pero con lo que no contaba es que un mocoso engreído la miraba incrédulo, sorprendido y fascinado de saber que no solo era diferente sino UNICA. Aquella chica que le robaba el sueño resulto ser que también era intrépida, pues estaba subiendo las escaleras de la chimenea del barco más rápido de aquellos tiempos. Así que se puso cómodo y se dispuso a disfrutar la escena.
-Esto sí que será un espectáculo - pensó Terry mientras se le formaba una sonrisa.
¡Y vaya que estaba viendo un espectáculo!, Candy había trepado arboles toda su vida y lo hacía con una agilidad envidiable así que una escalera era pan comido. Lo único malo es que siendo señorita llevaba un hermoso vestido vaporoso de corte A, perfecto para una linda comida al aire libre pero no para escalar, pues con el aire de la tarde la falda se extendía haciendo que se revelara algo más allá de la rodilla.
Acto que Terry, aunque hubiera deseado seguir disfrutando, su status de caballero le impedía seguir aprovechándose de semejante vista, además quien sabe si alguien más la estaba viendo y eso él no lo permitiría, porque si, ya lo había decidido esa rubia seria su pecosa y de nadie más. Así que como todo un caballero decidió poner sobre aviso a su pecosa. Se levantó de su cómodo lugar y se acercó para gritarle con su peculiar sarcasmo.
-¡No sabía señorita pecas que además de patear y pisotear también le gusta sentirse como toda una MONA PECAS!
- ¡¿Terry que haces ahí?! – Candy sorprendida miraba hacia abajo y rápido comenzó a descender.
-Disfrutando de una muuuy agradable vista mientras fumaba un cigarrillo – respondió fingiendo que miraba el océano.
-¡Pero que dices!- Candy entre que trataba de cubrirse y bajar lo antes posible no pudo mantener el equilibrio y resbaló. Para su suerte Terry alcanzo a atraparla quedando en sus brazos.
- ¿Estas bien pecosa? – dijo su héroe mientras le guiñaba el ojo.
-Ya te dije que no me llames pecosa – decía Candy indignada mientras se soltaba del agarre de Terry.
-¿Y por qué no? tú me llamas mocoso engreído.
- ¡Porque lo eres!
-Terry soltó una carcajada - ¿y acaso tú no eres una pecosa?
-Bueno si, pero tú lo dices para burlarte- respondió Candy con un puchero.
-Te equivocas - Terry se acercó más a Candy y mirándola fijamente con esos ojos azules que a ella tanto le gustaban le confesó con voz ronca – te lo digo porque me gustan las pecas.
El corazón de Candy se derritió, su cara se puso roja como tomate y comenzó a cuestionarse así misma - ¿escuche bien? le gustan las pecas ¿acaso le gustan las mías? ¿Qué se supone que debo contestar? Gracias que amable yo tengo varias ¿te gustan? ¡nooo! eso sería atrevido, tan atrevido como haber sido descuidada al tratar de escalar con un vestido y que seguramente él vio más allá de … ¡ay no qué vergüenza! – Ahora Candy no solo estaba roja como tomate estaba tan roja como mil tomates juntos.
-¿Y … deje ver demasiado? -pregunto Candy con ojos de cachorro regañado, realmente estaba avergonzada.
-"Tranquila te vi, pero no te mire" (4*), además soy un caballero y los caballeros no tenemos memoria así que puedes estar tranquila jamás hare alarde de lo que vi - respondió el caballero alzando su mano derecha en señal de juramento.
-Entonces si viste mucho- dijo con otro puchero y bajando la vista.
-¿De qué me hablas pecosa? – Terry le regalaba un guiño y una sutil sonrisa. A lo que Candy solo respondió con un "Gracias". La pecosa se daba cuenta que Terry se estaba comportando como un caballero nada que ver con el mocoso engreído de la noche anterior.
-Y dime, ¿por qué querías subir esa chimenea?
-Cuando vivía en el Hogar de Pony jugaba con mis compañeros para saber quién era el más rápido en trepar el gran árbol y siempre me han gustado las alturas-contaba Candy emocionada.
- ¿Qué es el Hogar de Pony?
-Veras mis padres me abandonaron cuando era apenas un bebé, pero les agradezco que me dejaran en el orfanato más lindo del mundo ¡EL HOGAR DE PONY! Porque ahí me cuidaron y educaron la señorita Pony y la hermana María que para mí son como mis dos madres.
-Ya veo, entonces estuviste ahí hasta que te adoptaron los Andley.
-En realidad primero estuve con los Leagan como compañera de juegos de su hija. Sufrí con las crueldades de Eliza y Neil. Pero también conocí a mis tres paladines Archie y Stear que ahora son mis primos y por supuesto… a Anthony – la sonrisa de Candy se borró por completo al mencionar el nombre de Anthony. Detalle que no pasó desapercibido para Terry. Quien al ver que la rubia se había perdido en sus pensamientos decidió hacerle volver la sonrisa.
-Candy, ¿te gustaría ir a una fiesta esta noche?
-¡¿Fiesta?! suena divertido. No sabía que se daría una hoy, de la única que sabía es la de año nuevo.
-Es que no será en el salón de esta clase sino en el de Tercera Clase.
-Tercera clase… mmm no puedo ir, le prometí a George que no iría sola a esa parte del barco- dijo decepcionada.
-Perfecto, iras conmigo -Candy lo miro desconcertada- Tú lo dijiste pecosa, le prometiste no ir sola, pero no mencionaste nada de ir acompañada. Y claro le pediré autorización a George. Qué no tengo idea quién diablos es George pero ya lo sabré cuando me lo presentes- confesó Terry
-Tonto -rio Candy por el ultimo comentario de Terry – George es la mano derecha del Tío Abuelo William la persona que me adopto, él me cuida mientras llegamos a Londres.
-Con mayor razón debo solicitar su permiso. ¿Qué dices? Prometo ser mejor que tus paladines, seré tu Caballero Inglés- profesaba Terry haciendo una reverencia cual caballero de la mesa redonda.
-En ese caso ¡Acepto! - contesto Candy con una sonrisa de oreja a oreja- podemos pedirle permiso a la hora de la comida.
-Bien que te parece si en lo que da la hora de la comida me sigues contando tus aventuras. Ven siéntate- Candy solo asintió y se sentó junto a Terry que tenia una sonrisa que no podía disimular pues la pecosa aceptó su invitación.
Candy y Terry se quedaron un rato más conversando, Terry estaba escuchando la historia de su pecosa. A Candy le agradaba saber que él no perdía detalle, y que no le importaba que fuera adoptaba, sin duda el chico ya le gustaba más. Y su corazón estaba feliz porque estaba conociendo mas a su caballero inglés, pero sobretodo porque al anochecer tendrían su primera cita.
Continuará
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(**) Extracto de la carta de Candy al Capitán Edgar Niven de la novela CCFS.
(1*) Es la jugada más alta del pokar. 10, J, Q, K y A del mismo palo.
(2*) El Lusitania fue el trasatlántico hermano del Mauretania y uno de los más veloces de principios de siglo.
(3*) El Mauretania al igual que el Titanic contaba con 4 chimeneas.
(4*) "Tranquila te vi, pero no te mire" frase icónica de nuestro rebelde Terry Grandchester.
Hola estimad s lectores, como ven ya aparecieron más personajes abordo, el Capitán Niven, Cookie y Charlie. Pronto aparecerá uno muy importante.
Respondiendo a sus preguntas: ¿voy a ahogar a todos? depende si el Mauretania tiene botes salvavidas suficientes, esperemos que el Capitán Niven se haya prevenido.
¿Eleonor traiciono al Duque? En este capítulo les di una pista de quien pudo ser el culpable de su separación con Richard. Aunque con lo inteligente que son ustedes seguro ya lo saben.
Les adelanto que el próximo capítulo hará llorar a la pecosa y tal vez a ustedes así que no olviden sus pañuelos.
Gracias por sus reviews realmente los aprecio: Maddie Grandchester Andley, Igbr27, Nally Graham, skarllet northman, Dajimar, Wendy Alfaro, Gladys, Eli, Lila Venezuela, Fabiol R, Phambe, dianley, Elisa Lucia V 2016, Silvia C, Angye, Luz Rico, todos los guest. Y todos los que me han puesto en sus Favs y Follows. Un abrazo :)
