~ Personajes de S.M.
Disfruten el cap (:
4
- ¿A qué se refiere? – ese nudo amenazaba con instalarse en mi garganta.
- El haberme extralimitado contigo, Isabella.
Mi mente quedó sin ningún pensamiento, ni siquiera aquella voz que me reprochaba hasta la manera de respirar decía algo, todo estaba perturbadoramente silencioso. Mis ojos se habían fijado en él, en el movimiento de sus labios. ¿Me estaba diciendo algo? No podía oírlo. Mi cuerpo tampoco reaccionaba. Solo me sentía tan ajena al mundo externo y a él. Sin embargo, Edward tocó mi mano y como un rayo mis sentidos se vertieron en él.
- ¿Isabella? – dijo.
- ¿Sí?
- ¿Estás bien? – decía todo lentamente, procurando que entendiese.
- Sí. Claro. ¿Por qué no estarlo? – tomaba una pausa exagerada entre cada palabra dada. Él asintió.
Su mano se retiró de la mía y sentí inmediatamente su ausencia. Tomé de nuevo del vino, debía moverme para asegurarme de no perder el control nuevamente. Edward imitó mi actuar tomando de su copa también. Hubo un silencio. ¿Debería decir algo? ¿Qué digo?
- No estoy casado. Ya no más. – continuó con esa voz profunda y lenta para asegurarse de que entendiera.
- ¿Cómo dice? – comenté en el mismo estado de aturdimiento.
- Me he divorciado. Hace cuatro años.
- ¿Fue mi culpa?
- No. – su mueca se presentaba. ¿Qué significaban esas muecas? – No tuviste nada que ver con esa decisión. Ella y yo simplemente no podíamos seguir juntos.
- Ya veo. – un sorbo más de vino llegó a mi estómago. - ¿Ella sabe de mí? – se enderezó en su asiento y su rostro se ensombreció.
- Sabe lo necesario, Isabella.
- ¿A qué se refiere?
- Tiene conocimientos de una mujer que estuvo en mí vida mientras estaba en Forks. Pero no sabe que era una niña.
Bufé para mis adentros. Una niña, ciertamente lo era, pero todavía y desde mi posición, no podía ver lo terrible que todos los demás podían observar. Para mí fue algo… bueno. De pronto mi mente se volvía enérgica, pensaba en muchas cosas por cada segundo transcurrido. Entonces la mujer sabía de mí pero no lo suficiente. ¿Me habría mentido con respecto a su divorcio? ¿De verdad no tenía nada que ver con esa decisión de separarse? Quería, remotamente, quería tener la esperanza de que sí, quería engañarme de haber sido la causa y que eso revelara que Edward sí había sentido algo por mí. Él dijo que no iba a mentirme, debía aprovechar para preguntar todas las cosas que atiborraban mi mente, pero, cuando mi boca se abría, no salía nada y las preguntas deseaban jugar a la escondidilla conmigo.
- Hay otra cosa que no te he dicho.
- ¿Hay más? – era un hombre de sorpresas. Edward suspiró.
- Tengo dos hijos.
Mi mandíbula debió caer al suelo, estaba segura de eso. ¿Dos hijos? ¿Cómo era que no me había imaginado aquello? Sin embargo, todavía esa información estaba pesando en mi cabeza. ¡Dios, este hombre no me ha dado tregua para digerir la información! Tomé ansiosamente del vino, de hecho, me acabé el líquido de un sopetón ya que, durante el primer sorbo no quiso deslizarse por mi garganta, pues me obligué a hacerlo. ¡Dos hijos!
- ¿Deseas más vino? – comentó como si nada.
- Por favor. – tendí mi copa para que la llenara.
- ¿Quieres… - hizo una pausa para evaluar mi reacción. – Quieres que te hable de ellos?
- ¿Quiere hacerlo? – No estaba segura si quería, dejé todo a su decisión. ¡Dos hijos de Edward!
- Irina. Así se llama mi hija mayor. – comenzó a relatar mientras que el vino y yo ahora éramos los mejores amigos. – Irina Cullen. Actualmente tiene trece años. Es una novedad atender a adolescentes propios. – negó con la cabeza y no entendí, estaba absorta con demasiada información para procesar. – Ella es brillante, hermosa y talentosa. Mi otro hijo se llama Demetri. Él tiene seis. Es muy inteligente, se apasiona tanto por lo que hago que prácticamente debo comentarle hasta el mínimo detalle. Es inexplicable todo.
Le veía tan entusiasmado hablando sobre sus hijos; los ojos se les pusieron más brillantes, llenos de vida, sus expresiones, que hasta ahora habían sido serias y cuidadosas, se tornaron mucho más relajadas, haciendo ver una jovialidad en Edward que hasta ese momento no le había visto jamás. Por otro lado, me llamaba la atención las edades de sus hijos ¿La mayor tenía trece? Eso quería decir que ella tenía cuatro cuando yo había conocido a Edward.
- Sin embargo. – dijo con una entonación triste. – Después del divorcio, solo me queda verlos los fines de semana.
- Debe ser muy duro.
- Lo sería menos si ellos no vivieran en Inglaterra.
- ¿Todos ustedes son ingleses?
- Sí. De Londres siendo específico. – se extrañó. – pensé que lo sabías.
- ¿Qué pasa con su acento?
- Comienzo a perder el acento después de un tiempo. – se encogió de hombros.
- ¿Qué hacía en Forks? – mi pregunta salió espontánea.
- Paso la mayor parte de mi vida dando congresos. Tenía uno allá pero mi mayor colega el Sr. Marcus, me había pedido que lo supliese hasta su mejora. Lo respeto demasiado, así que acepté.
- ¡Vaya! – no podía creerme tantas cosas que no sabía de él. - ¿Y ahora dónde se encuentra su residencia?
- Por los momentos aquí.
No podía creerme que ya me había terminado la copa de vino. Mis sentidos no estaban trabajando del todo bien. No era la copa, por lo menos no en su totalidad, era todo lo que Edward me había dicho en tan poco tiempo que me sentía aturdida. Divorcio, hijos, Residencias. Necesitaba un descanso. Mi tercera copa se estaba sirviendo y el cobrizo seguía con una postura firme y una expresión evaluativa.
- Cuéntame más de ti Isabella.
- No sabría que decirle. – bienvenido sea el vino. A estas alturas, debía tener un problema con el alcohol.
- Graduada, trabajadora, amiga del joven Black. – resumió. - ¿Estás casada? ¿Tienes hijos?
- No señor. – respondí rápido.
- ¿Te gusta alguien? – ya creía que mejor empezaba a beber de la botella.
- No señor.
- Bien. – no estaba del todo segura si eran los efectos del vino, pero ¿sonrió?
- ¿Tienes hambre? – volvió a preguntar.
- No me mal interprete, pero creo que será mejor que me vaya.
- ¿Por qué? – frunció el ceño de una manera preocupante.
- Me están esperando. No quiero ser grosera Sr. Cullen. Ha sido un… gusto saber de usted.
Pero necesitaba un receso de él y estaba segura que, estando ahí sentada con un vino en las manos, no era la mejor opción. Me puse de pie sin darle oportunidad a que refutara. Estás quedando como una mal educada Isabella. Pero tienes razón, vámonos. Mi testaruda mente y yo nos pusimos de acuerdo. Debíamos irnos.
- ¿Podría por lo menos insistir en llevarte? – sugirió.
- No hace falta. Muchas gracias por la conversación y el vino – Edward asintió. – Hasta pronto.
- Hasta pronto.
Tendí mi mano y él hizo lo mismo para estrecharla. Salí caminando controladamente, porque quería salir corriendo y de ser posible transportarme a mi departamento inmediatamente. Pedí un taxi y las imágenes en mi cabeza comenzaron a tomar vida propia, logrando que sintiera hasta el más mínimo detalle. Hijos. Seguía refunfuñando el no prever aquello. Mi móvil sonó de nuevo. ¿Sería Edward? No. No era él.
- ¿Alice?
- Te esperamos en el Club de siempre Swan.
- ¿No íbamos a cenar?
- Cambio de planes. ¡No llegues tarde!
Y colgó. El Club de siempre era un particular lugar, escondido en las calles de NY, llamado La Tua Cantante. Ahí se podía comer, bailar, beber e incluso hacer cosas que nadie estaría dispuesto a hacer en su sano juicio, pero con el alcohol rondando por las venas, el juicio era lo que faltaba. Todavía no entendía cómo era que Alice conocía ese lugar, un día simplemente nos llevó ahí y desde el primer año de Universidad, se convirtió en el "Club de siempre." Le pedí al hombre que conducía desviar la ruta y en un abrir y cerrar de ojos entré al Club.
Era de suponer que me encontraría a todos. Jake no se había molestado conmigo, me había saludado de la manera más normal de siempre. Alice dio la introducción de nuestro encuentro, los felicitamos y, por primera vez, no habló mucho, estaba muy ocupada con Jasper. Me pregunté ¿qué se suponía que hacía yo ahí? Ahora con parejas a mí alrededor y con un pesado vacío que sentía en el estómago por Edward, no estaba segura ni tampoco pensaba bien. Riley me invitó a bailar y acepté inmediatamente.
- ¿Has estado bien? – comentaba.
- Sí. – mentí. – Gracias por ser tan atento conmigo.
- Me importas Bella. Siempre me has importado.
No podía soportar aquello, me abalancé sobre los labios de Riley y enredé mis dedos en sus cabellos, esas palabras habían sido mucho más de lo que soportar por ese día. Mi mente me refutaba, yo solo pedía que se callase. Esta vez no habría tanto alcohol en mi organismo que me sirviera de excusa, quería estar en sus labios, lo necesitaba. Sus manos se aprisionaron en mi cintura, acercándome más a él y así lo deseaba. Su lengua pedía permiso para entrar en mi boca y accedí rápidamente. Estaba muy dedicada y decidida a besarlo. Comencé a sentir caricias en mi espalda y una mano que empezaba a descender sin escrúpulo hacia mi trasero, mi sorpresa fue relajarme ante su caricia e incluso emitir un gemido ante aquel contacto.
- Bella. – susurró. – No sabes cuánto te deseo.
Aquellos besos abandonaron mis labios e hicieron un camino hacia mi cuello. A pesar de estar entre personas que bailaban y de no considerarme una exhibicionista, me encantaba aquello. Seguí sintiendo los labios, lengua y dientes de Riley en mi cuello y en mi oreja, seguí emitiendo cuanto suspiros y gemidos deseaban escapar de mi garganta mientras disfrutaba ese momento. Sus manos apretaban mis nalgas y me restregaba en él y yo sólo pude responder arqueando más mi cuello para darle el acceso que pedía. Sin embargo, las imágenes de Edward en esa tarde se instalaron en mi mente. ¡Jódete Edward! Y busqué desesperada tocar el pecho de Riley.
- ¿Quieres irte de aquí? – sugirió.
- Vayámonos.
No hubo tiempo de llegar a mi departamento o a su piso, así que pagó un motel que quedaba bastante cerca del Club, estratégicamente instalado, diría. En cuanto obtuvimos nuestra habitación, el trayecto fue dificultoso, nos besábamos intensamente mientras caminábamos por el pasillo, me tropecé sobre mis propios pies y Riley me tomó en brazos para llevarme hasta nuestra habitación. En cuanto la puerta se cerró tras él, no paré de besarle con todo lo que podía otorgarle.
- Bella. – seguía susurrando mi nombre.
Comencé a besar su cuello mientras sentía como él caminaba hasta la cama, me dejó en ella con mucho cuidado y se posicionó encima de mí, metiendo sus manos entre el inicio del vestido y mi muslo. Sus caricias era todo lo que deseaba sentir, sus besos seguían recorriendo mi cuello, cerré mis ojos y observé la imagen de Edward acariciando sus labios con sus dedos mientras tenía una expresión dura en el rostro. ¿Estaría molesto conmigo? Abrí mis ojos y tomé a Riley por los hombros para quedar yo encima de él, mis caderas se movían mientras observaba las expresiones que el rubio hacia. Él se incorporó y deslizó la cremallera del vestido en mi espalda, solo lo suficiente para poder deslizarlo por mis brazos y quedar en ropa interior frente a él.
El rubio volvió a cambiar el ángulo, dejándome acostada nuevamente en la cama, sus besos pasaron inadvertidos por mi torso hasta que lo observé en mis gemelos, me quitó cada tacón con mucho cuidado y volvió para besar mis labios. Deseaba tanto poder sentir aquello pero en el momento en que había tocado la cama mis sentidos y mi deseo habían desaparecido.
- Eres todo lo que quiero, Bella.
Mi mente hizo un click, reprodujo la conversación con Edward y me repetía, como a un disco rayado, las palabras que me habían dolido. Edward se arrepentía de haber estado conmigo. Me habría mentido de muchas formas y no habría sido más que un juego para él. Las imágenes se mezclaban con todas aquellas atenciones que él me brindaba en el pasado y no podía creer que fuese el mismo hombre. Mi nudo terminó por liberarse y mis lágrimas comenzaron a desbordarse de mis ojos.
- ¿Bella? - dijo Riley preocupado. - ¿Estás bien?
- No puedo hacer esto. Lo siento Riley, lo siento mucho pero no puedo. – sentí su cuerpo abandonar al mío.
- Está bien, amor, no llores. No llores. Lo siento. – buscó abrazarme y dejé que me consolara.
- Lo siento, lo siento.
Seguía repitiendo interminablemente. Lo siento Riley, por siempre cometer el mismo error contigo y no poder detenerme. Lo lamentaba tanto que no me bastaban las palabras para continuar disculpándome. Lo siento Edward, por haber sido un error y la causa más probable de tu divorcio. Y lo sentía por mí misma, por no querer darme cuenta de nada y seguir siendo la niña mimada de siempre. Todo mi mundo se había volcado con tan solo haber escuchado pocas cosas que Edward me había dicho esa tarde.
Sentir como Riley era tan condescendiente conmigo lograba que me sintiera peor, pero él continuó consolándome y ahora simplemente descansaba en su pecho con pequeños sollozos. El rubio acariciaba mi espalda desnuda y me repetía que todo estaba bien.
- No tienes por qué seguir disculpándote Bella. No soy tonto. Sé que te cuesta mucho estar conmigo. – decía pesadamente. – Pero también me doy cuenta de que has sido lastimada en el pasado y yo solo quiero remendar esas heridas.
- Lo siento. – repetí. No estaba segura del porqué lo dije.
- Te quiero mucho más de lo que puedas imaginarte Bells. Así que te esperaré el tiempo que lo desees.
Enterré mi rostro en su pecho, tratando quizás de desaparecer del mundo. No podía seguir haciéndole daño a Riley. Toda esa situación debía cambiar. En cuanto Riley se quedó dormido, bajé de su pecho sintiéndome mejor. Me acosté a su lado todavía pensando en Edward y asumiendo mis nuevos pasos, sería completamente diferente mi actuar, o eso era lo que deseaba; solo quería no verlo por un buen tiempo aunque una parte de mi deseaba estar con él y que todo fuese mentira. Mi móvil sonó y salté de la cama para apagarlo, no deseaba despertar a Riley. Observé un número privado en la pantalla. ¿Sería él?
- ¿Diga? – dije en un susurro, con la voz ronca de tanto llorar.
- ¿Isabella? – mis sospechas quedaron extintas. Era él. – Yo… Lamento llamarte a estas horas. Pero… Quería asegurarme de que estás bien.- Su voz sonaba intranquila.
- Estoy bien.
- Lo lamento.
¿A qué se refería? Mi corazón comenzó a latir fuertemente y sentí una mezcla extraña de sentimientos ¿Lamentaba todo lo que discutimos hoy? ¿Lamentaba el haberme reencontrado con él? ¿Qué lamentaba? Me puse de pie y caminé hasta el cuarto de baño, cerré con cuidado la puerta, asegurándome antes de que Riley siguiera dormido y me apoyé de esta.
- No estoy segura de entender.
- ¿Por qué tu voz suena entrecortada? – me erguí. ¿podría ser que este hombre me conociera mucho más que yo a él? Que pregunta tan absurda. - ¿Has… Estado llorando?
- No.
- No mientas. – Su voz profunda y amenazante. Recordaba eso.
- Sí. – quería tentar mi suerte.
- ¿Es mi culpa?
- ¿Qué quiere? - En ese momento Riley tocó la puerta.
- Bella. ¿Estás bien? – preguntó.
- Sí. Dame un momento. Ya salgo.
- ¿Con quién hablas?
- Con Jake. – mentí.
- Dile que no siga molestando.
Cerré mis ojos, deseaba que Edward no haya escuchado todo aquello. Volví a colocar el auricular en mi oído y todo estaba silencioso. Seguía en la línea pero ni su respiración se oía.
- Puedo apreciar que estás ocupada. Lamento la interrupción. – Su voz se volvió más seria.
- No ha sido molestia. Pero dígame ¿por qué me llamaba?
- Para asegurarme de que estás bien. Y creo, de hecho, que lo estás. Buenas noches Isabella.
Y colgó. Quedé paralizada en donde me encontraba. ¿Qué demonios había ocurrido? ¿Edward sí había escuchado a Riley? Entonces ¿por qué me trató de esa manera si él se arrepentía de haber estado conmigo? Salí del baño y observé a Riley acostado nuevamente en la cama, me acerqué hasta él y este me abrazó, no íbamos a intentar nada más. Traté de dormir, pero no pude con tantas cosas en mi cabeza y ahora… esa llamada tan anhelada e inesperada de Edward. No sabría que más pensar.
Cuando abrí los ojos Riley seguía a mi lado, profundamente dormido. Me dirigí directo al baño para atender todas mis necesidades, luego solo fue vestirme. Curiosamente mi pudor frente a la imagen dormida de Riley volvía. Tomé mi móvil y revisé las llamadas que había recibido, debía asegurarme de no haber mal interpretado nada, pero el número privado seguía registrado. ¿Qué habría pasado con Edward en la noche? El teléfono sonó, distrayendo todos mis pensamientos, era de la recepción para avisarnos que ya debíamos abandonar la habitación, por lo que desperté a Riley quien me dedicó una sonrisa.
Tomamos el mismo taxi para retornar a nuestros departamentos. La despedida fue incómoda, pues Riley pretendía besarme en los labios y yo solo pude abrazarlo y darle gracias por haber sido tan amable conmigo. Durante el resto del día fui adelantando todo el trabajo que tenía, ya que necesitaba con toda urgencia no seguir pensando en nada que tuviese que ver con Edward Cullen. Me encontraba en mis notas cuando la puerta sonó. Abrí y solo Alice podía estar con una hermosa sonrisa marcada en su rostro.
- ¡Traje la cena! – dijo alegre, alzando la bolsa para que la pudiera ver.
- Adelante Alice. – dije sonriendo. - ¿Sabes? No me molestaría que de vez en cuando me avisaras que vienes.
- La vida está llena de sorpresas. Así que yo me le adelanto y doy sorpresas. – sonreí.
Tomé la comida para colocarla en platos y servía gaseosa, mientras Alice inspeccionaba mi desordenado apartamento. Le veía hacer muecas y ladear la cabeza, sabía a la perfección lo que estaba pensando.
- ¿No has considerado remodelar este lugar? – preguntó. Ahí estaba lo que esa pequeña cabeza suya maquinaba frecuentemente.
- Creo que así está bien.
- En serio, Bella. Podríamos comenzar por pintar la sala. De un color impactante, hermoso. ¿Te gusta el violeta?
- No.
- Bueno, tenemos que revisar. Luego, simplemente redecorar todo este lado. – decía haciendo gestos con sus manos mientras señalaba el lugar donde estaba el sofá. – Colocaríamos un tapete y luego el sofá de este lado. – y seguía señalando.
- ¿Podrías ayudarme a decorar la mesa con los platos y los cubiertos?
Ella bufó y no pude más que reírme de ella. Me ayudó a colocar la mesa y nos sentamos a comer tallarines chinos. Alice comenzaba a comentarme sobre el viaje que harían, también me explicó que Jasper estaba ocupado y ella se encontraba aburrida, así que decidió invadir mi piso mientras Jasper se desocupaba. ¡Qué amigos!
- Cuéntame sobre Riley. ¿Van en serio?
- No tengo nada con Riley. – frunció el ceño sin comprender mis palabras.
- ¿De verdad?
- De verdad. – asintió un par de veces y continuó comiendo.
Seguí comiendo, recordando a Edward. Ese hombre se rehusaba a dejar mi mente. Dejé escapar un suspiro y sorbí de la gaseosa. Alice me veía de forma extraña.
- ¿Qué ocurre Bella? – dijo preocupada. – En estos últimos días has estado muy extraña. Pensé que sería por Riley, pero ya me has dicho que no es por él.
- Yo… - debía decirle. Necesitaba desahogarme. – Me he encontrado con alguien.
- ¿Un ex novio? – le miré extrañada. – Por la expresión que acabas de hacer, quizás ese sea el problema. – dijo para aclararme.
- No le diría ex novio. Pero sí tuve algo con él. – negué con la cabeza. – digamos que tuve muchos años sin verlo y de repente aparece sin querer y me pide que nos reunamos para comentarme que estuvo casado y tiene dos hijos.
- Yo diría que no ha perdido el tiempo. – mordí mis labios por frustración. Ella no estaba entendiendo.
- Digamos que esa persona es mucho mayor que yo. – dije vencida.
- ¿De cuánto estamos hablando exactamente?
- De unos… trece años. – su cara se congeló en una expresión de asombro. – Alice… No sé qué hacer. Estuve con ese hombre y me había mentido sobre su esposa. Él desaparece y después de tanto tiempo, resulta que mis jefes quieren publicar un libro y adivina quién es el autor. – parpadeó un par de veces. – me pide que almorcemos y me suelta que está divorciado y que además, durante todo este tiempo, tenía dos hijos. Y… me dice que se lamentaba haberse extralimitado conmigo. ¿Qué diablos quiere decir eso?
- Bells… no estoy segura de qué decirte.
- Lo sé. Es solo que… necesitaba aclarar mi mente. Pero no puedo. Anoche me llamó, no estoy segura del por qué, pero escuchó la voz de Riley y me colgó.
- ¿Estará… celoso? – sus palabras llamaron mi atención.
- No. No lo creo. – negué más de lo necesario y me obligué a desechar esa opción. – En fin. Tendré que verlo un par de veces más. Y no estoy segura de qué hacer, cómo actuar.
- Pues tratar de fingir que no ha pasado nada es una opción. – se encogió de hombros. – Es una relación laboral. No tiene porqué ser algo que necesite intimidad.
- Lo sé. – sonreí.
Y procuré dejar el tema. Sabía a la perfección que Alice no diría nada y que ese aspecto de mi vida pasada no se lo había imaginado. Tendría tiempo para pensar en algo antes del día siguiente y ver a Edward en el despacho de Lauren. Por otro lado, me costó mucho más hacerle entender a Alice que no deseaba redecorar mi apartamento y que el color violeta no encajaba en mis paredes.
Al día siguiente en el trabajo todo transcurría como debía ser: normalmente aburrido. Así que no fue tan difícil poder concentrarme en los gritos de Victoria sobre los informes que no estaban listos o sobre la cantidad de manuscritos que seguían llegando y que ella no leía. Lauren apareció dando los buenos días y se encerró en su oficina ignorando completamente a Victoria. Me enfoqué en terminar mis primeros informes sobre los manuscrito en los cuales seguía trabajando; una historia sobre vampiros y hombres lobos me habían llamado poderosamente la atención, así que la deje en el tope número uno para darle todas las buenas referencias que podía.
Durante la hora del almuerzo, Riley me había invitado a comer en un restaurant que quedaba cerca de mi trabajo. Decía que quería hablar sobre algo e insistía en verme. Con todas las atenciones que él había tenido conmigo me sentía responsable por escucharlo. Así que acepté. Él llegó algo tarde y yo ya había pedido mi almuerzo, con todos esos trabajos encima de mi escritorio, debía procurar llegar a tiempo si es que deseaba no llevarlos a casa.
- Lo siento amor. – dijo sentándose.
- No te preocupes. He pedido ya mi comida. Espero que no te moleste.
- En absoluto. ¿Qué has pedido? – preguntó mientras buscaba al camarero.
- Solo una ensalada.
- ¿Estás en dienta?
- No.
- Está bien.
En cuanto el camarero llegó, Riley pidió su comida, era algo con carne, lo leí en la carta pero no estaba segura de qué más. En cuanto mi comida llegó, no perdí tiempo y comencé a comer, dando oportunidad a Riley de comenzar a hablar sobre lo que quería decirme, pero se distraía haciendo comentarios sobre el menú del día o volviéndose a disculpar por llegar tarde. Tanto fue el tiempo transcurrido que su plato había llegado y comenzó a comer.
- ¿Tenías algo para decirme? – insistí siendo grosera, pero la hora de mi almuerzo estaba por terminar.
- Sí. Verás, recientemente han contratado a un profesor de lenguaje en la universidad donde estoy trabajando y por ello me han reducido mi salario. Dicen esos idiotas que con ayuda extra no es necesario pagarme de más. – sorbió un poco de su gaseosa y continuó. – sé que no hay muchas oportunidades de empleo y sabes que necesito dinero extra. Si en tu trabajo hay una bacante. ¿Me avisarías?
- Por supuesto. Le preguntaré a Emily y daré buenas referencias sobre ti.
- Gracias amor. – dijo tomando mi mano. Sonreí ante el gesto.
Por cortesía continué con Riley mientras terminaba de comer, aún cuando mi hora del almuerzo había expirado. Nos despedimos y esta vez sólo me abrazó dando un beso en mi mejilla, no había sido tan incómodo como el día anterior, y mentalmente daba las gracias a todos los poderes supremos que me sabía, de que Riley no me besara. Salí corriendo hasta la editorial y Emily me saludó de nuevo. Le pregunté sobre las vacantes y curiosamente había una disponible, ya que estaban entrando muchos manuscrito necesitaban una mano temporal, con referencias en literatura, para poder encargarse de los manuscritos más cortos. Postulé, como era de esperarse, a Riley y ella quedó en entrevistarlo de primero. Claro, no era para nadie un secreto, que la editorial estaba teniendo problemas con el personal y era por ello que nos encargábamos de muchas cosas.
Continué con mis informes hasta que Lauren me llamó. Deseaba que preparara de nuevo la sala de juntas y dijo que no sería necesario que estuviese ahí durante la reunión, ya que sería pura formalidad. Me dispuse nuevamente a ordenar todo, abrir las persianas, colocar los vasos con agua, los papeles que Lauren me había dado y listo.
- Por aquí señores. – dijo Lauren.
Me quedé parada para saludar a los recién llegado. Sam Uley, el abogado de Edward aparecía con un traje negro pulcramente puesto en su cuerpo y, como era de esperarse, el mismo Edward entraba a la sala con una expresión bastante seria. No pude ver más que su expresión porque Lauren me pedía con la mirada que no me quedase más tiempo del necesario.
- Buenas tardes, señores. – saludé y me despedí al mismo tiempo.
- Buenas tardes. – Sam me devolvió el saludo.
Retorné a mi puesto de trabajo en un instante, analizando la expresión de Edward y el inexistente saludo. ¿O habría sido mi imaginación? Llamé a Riley para que supiera sobre la vacante temporal y no paró de agradecerme la ayuda. El resto siguió con mi trabajo pero en un segundo las puertas que daban a la sala de juntas se abrieron y de ahí salieron los tres hombres. Emily y yo nos colocamos de pie para despedirnos, pero sólo fue Sam quien se despidió, Edward siguió su camino y ni siquiera miró a nuestra dirección, simplemente parecía que no existíamos frente a su campo de visión aún cuando mi escritorio y el de Emily quedaban en el pasillo de entrada a las oficinas de Lauren y Victoria.
Edward, sin duda, estaba raro y no podía imaginarme el por qué. ¿Estaba molesto conmigo por alguna razón? Las primeras ocasiones que nos vimos me había saludado con un beso en mi mano y ahora… no existía para él. Una incomodidad llegó hasta mi pecho; era una sensación extraña y que deseaba instalarse ahí hasta nuevo aviso. Continué mi trabajo sin saber todavía la reacción de Edward o mi propia reacción ante su falta de tacto.
¡Hey!
Bueno... ¿Conclusiones? ¿Qué les ha parecido? ¿Qué tal vamos? Espero ansiosa sus comentarios y gracias por tomarse el tiempo para leerme. ¡Lo aprecio muchísimo!
P.D: Tatty ¡Que sugerencia más práctica, gracias! xD lamento si me he tardado. Y espero que te haya agradado el cap ya que estoy segura que no se esperaban algunas cosas xDD Dime que tal.
¿Nos leemos? (º-º) ?
